
Serie de Trabajos Varios 133
La necrópolis ibérica de Casa del Monte (Valdeganga, Albacete)
Consuelo Mata Parreño
Lucía Soria Combadiera
2025
Museu de Prehistòria de València , ISBN 979-13-7026-003-3 , 256 p.
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SERVICIO DE INVESTIGACIÓN PREHISTÓRICA
DEL MUSEO DE PREHISTORIA DE VALENCIA
S E R I E D E T R A B A J O S VA R I O S
Núm. 133
La necrópolis ibérica de Casa del Monte
(Valdeganga, Albacete)
Consuelo Mata Parreño
Lucía Soria Combadiera
Con contribuciones de
Ernestina Badal García, Marta Blasco Martín,
Francisco Cebrián Abellán, Gianni Gallello, Francisco Gómez Bellard (†),
Joaquín Jiménez Puerto, Inmaculada López Flores, Diego Lucendo Díaz,
Blanca Pérez Aguilar y Tomás Torres González
DIPUTACIÓN DE VALENCIA
2025
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DIPUTACIÓN DE VALENCIA
SERVICIO DE INVESTIGACIÓN PREHISTÓRICA
DEL MUSEO DE PREHISTORIA DE VALENCIA
S E R I E D E T R A B A J O S VA R I O S
Núm. 133
La Serie de Trabajos Varios del SIP se intercambia con publicaciones dedicadas a la Prehistoria, Arqueología en general y ciencias o
disciplinas relacionadas (Antropología cultural o Etnología, Antropología física o Paleoantropología, Paleontología, Paleolingüística,
Epigrafía, Numismática, etc.), a fin de incrementar los fondos de la Biblioteca del Museu de Prehistòria de València.
We exchange Trabajos Varios del SIP with any publication concerning Prehistory, Archaeology in general, and related sciences
(Cultural Anthropology or Ethnology, Physical Anthropology or Human Palaeontology, Palaeolinguistics, Epigraphy, Numismatics, etc) in order to increase the batch of the Library of the Prehistory Museum of Valencia.
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Edita: MUSEU DE PREHISTÒRIA DE VALÈNCIA – DIPUTACIÓ DE VALÈNCIA
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Excepto para aquellas imágenes donde se indican reservas de derechos
ISBN: 979-13-7026-003-3
eISSN: 1989-540
Depósito legal: V-4312-2025
Diseño y maquetación: Ausiàs Poquet
Imprime: Blanch & Blanch Comunicación
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No ha nacido mortal que no sufra y sepulte a su hijo y aguante otras desgracias, y
él mismo también muera. Los mortales soportan estas cosas: llevan tierra a la tierra.
Es forzoso recoger la cosecha de la vida de forma que la espiga sea fructífera, esté
o no en sazón. ¿por qué hay que lamentarse ante lo que sin duda hemos de recorrer
según lo establecido por la Naturaleza? Ninguna de esas cosas es terrible.
Hipsípila, Eurípides
Edición y reconstrucción de M. J. Navarro Aljibe y J. Pastor Seco, Ed. Tilde, 2013
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Índice
1. INTRODUCCIÓN
2. PAISAJE Y TERRITORIO
9
13
2.1. Entorno geográfico (Francisco Cebrián Abellán)
13
2.2. Territorio
16
3. DOCUMENTACIÓN E INTERVENCIONES
19
3.1. Documentación
19
3.2. Excavaciones
21
3.3. Intervenciones recientes
23
3.4. Estratigrafía y aproximación cronológica
61
3.5. Tipos de continente
62
3.6. Las “mansiones”
65
4. ESTUDIO DE LOS MATERIALES
71
4.1. Las cerámicas
71
4.2. Objetos de indumentaria y ornamentación
83
4.3. Las armas
96
4.4. Otros materiales
113
4.5. Las artesanías óseas (Marta Blasco Martín)
117
4.6. Análisis por PXRF de algunas piezas (Gianni Gallello)
124
5. PASTO DE LAS LLAMAS (Ernestina Badal García)
129
5.1. El fuego
129
5.2. El fuego en el mundo ibérico
129
5.3. La necrópolis de Casa del Monte
130
5.4. Las plantas en la sociedad ibérica
141
5.5. Conclusión
147
6. ESTUDIO ANTROPOLÓGICO (Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard †)
149
6.1. Metodología de laboratorio
149
6.2. Resultados
151
6.3. Conclusiones
155
VII
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7. REVELANDO EL PASADO
157
7.1. Antecedentes metodológicos
157
7.2. Matemáticas de la memoria: Analizando la estructura social de la necrópolis (Joaquín Jiménez Puerto y Blanca
Pérez Aguilar)
160
7.3. Aproximación a la organización social de la necrópolis
163
7.4. Las prácticas rituales
173
8. SÍNTESIS Y REFLEXIONES FINALES
181
ANEXO I. Inventarios
183
ANEXO II. Fichas de estudio de los restos óseos (Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard †)
199
ANEXO III. Tablas de resumen de los ajuares y características básicas de las sepulturas
233
ANEXO IV. Notas biográficas
241
BIBLIOGRAFÍA
245
FILIACIÓN DE AUTORÍA
253
VIII
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1
Introducción
No existen referencias escritas sobre la necrópolis de Casa del
Monte con anterioridad a los trabajos de Isidro Ballester Tormo
y, por tanto, su descubrimiento para la comunidad científica se
debe al mismo. Según nos cuenta, las primeras noticias sobre este
lugar se remontan al último cuarto del siglo XIX, momento en
que se destruyeron gran número de urnas en el extremo NO de la
loma (Ballester Tormo 1930, 28). Este hecho no trascendió más
allá de las personas que allí trabajaban y será, en 1917, cuando
el azar quiso que saliera a la luz.
Abogado de profesión, Ballester Tormo compatibilizó
su actividad profesional con sus tres grandes pasiones: la
política, la arqueología y la caza. Su afición por la caza le
permitía pasar largas horas en el monte. Y cazar… no sabemos
si cazaba, pero lo que sí sabemos es que inventarió numerosos
yacimientos por aquellos lugares por donde tuvo la fortuna
de pasar (fig. 1.1).
El hallazgo de esta necrópolis acontece en el transcurso
de una cacería que se celebraba anualmente durante el mes de
marzo en la finca que da nombre al yacimiento. Ese año acude
Isidro Ballester Tormo invitado por el propietario de la finca
(fig. 1.2 y Anexo IV). Así relata Ballester Tormo su hallazgo
(fig. 1.3):
“En Marzo de 1917, con motivo de una excursión de caza
a la Casa del Monte, finca de D. Feliciano Colomer y Ramírez
de Arellano, labor situada en el linde mismo de los términos de
Chinchilla y Valdeganga, y no sé bien también si en Albacete,
casi en las mismas paredes de la casa de labor, extensa y amplia…
encontramos unos pequeños tiestos ibéricos decorados con segmentos de círculos y fajas amplias de color siena...
La pequeña loma, mejor dicho cerrillo, inclinaba rápidamente
sus vertientes, unas para el SE, cortándose por el S, por donde
llegaba el Camino del Caserío de La Felipa, una barranquilla que
le separaba de la pequeña cuerda. ... El hallazgo de cerámicas
nos obligó a un reconocimiento más detenido, encontrando en
los terrenos y campos inmediatos una cerámica antigua, algunas
astillas de pedernal y sobre todo, en el borde de la cortadura de la
meseta por el Camino de Valdeganga, vemos a espaldas de la casa
en la inmediación del Camino de La Felipa, todo para el cerrillo,
cimientos de paredes de piedra en seco, que nos recordaban a la
técnica de los despoblados ibéricos valencianos y así dejamos
las cosas hasta la nueva temporada de caza”.
Aunque sin duda emocionado, se limita a explorar la zona
y, tal vez preparar la campaña del año siguiente. En los años
que duran las excavaciones en Casa del Monte, la arqueología
albacetense estaba en manos de la Comisión Provincial de Monumentos de Albacete, creada en 1844 y dependiente de la Comisión
Central. En el Archivo documental del Servicio de Investigación
Prehistórica de València (a partir de ahora SIP) se conserva la
solicitud manuscrita del permiso de excavación con fecha de
enero de 1920 (fig. 1.4); la concesión del mismo se publicó en la
Memoria de la Secretaría de la Junta Superior de Excavaciones
y Antigüedades en 1923.
En aquellos tiempos no existía una normativa sobre el depósito de materiales arqueológicos ni tampoco el Museo Provincial,
lo que propició que los hallazgos de Casa del Monte y otros lugares visitados por Ballester Tormo en la provincia pasaran a formar
parte de su colección particular. En 1949, la donó al SIP que él
mismo había fundado en 1927 (Fletcher Valls y Pla Ballester
1977, 103) (fig. 1.5). Algunos de sus materiales más significativos se pueden ver en las salas del actual Museu de Prehistòria
de València (a partir de ahora MPV).
Hoy, más de 100 años después, gracias a un importante
elenco de especialistas que ha participado en el estudio de esta
necrópolis, se ha podido extraer la máxima información posible
tras los años y avatares transcurridos. Algunos aparecen como
firmantes, pero hay otros muchos sin los cuales tampoco se
hubiera llegado a este resultado. Muchas gracias a Nuria Álvarez García, Ramón Canal Roca, Yolanda Carrión Marco, Eva
9
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Collado Mataix, Carmen Cuenca García, Agustín Diez Castillo, Pau García Borja, Krzysztof Kiersnowski, Bernat Martí
Oliver, Lluís Molina Balaguer, Ángel Sánchez Molina y Jaime
Vives-Ferrándiz Sánchez.
Un trabajo minucioso para la época, una custodia correcta de
los materiales y documentación por parte del MPV y del SIP, los
nuevos medios tecnológicos a nuestro alcance y una colaboración
interdisciplinar han dado los frutos que podrán leer a continuación.
Figura 1.1. Isidro Ballester Tormo en Casa del Monte (Archivo fotográfico SIP).
Figura 1.3. Página 7 del diario nº 67 (Archivo documental SIP).
Figura 1.2. Vista del emplazamiento de Casa del Monte en los años 1918-1920 (Archivo fotográfico SIP) y en marzo de 2021.
10
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introducción
Figura 1.4. Solicitud manuscrita del permiso de excavación (Archivo documental SIP).
Figura 1.5. Página 1 del primer inventario de Casa del
Monte en el SIP (Archivo documental SIP).
11
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2
Paisaje y territorio
2.1. ENTORNO GEOGRÁFICO
Francisco Cebrián Abellán
Presentar el entorno geográfico y paisajístico de la necrópolis
de la Casa del Monte obliga a realizar una lectura multiescalar,
pasando de la contextualización general de la zona para centrar
la atención posteriormente en el entorno más cercano del yacimiento. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el paraje
de la Casa del Monte se localiza en la transición entre varias
comarcas. Una es la de los Llanos de Albacete, al oeste; la otra
es la Sierra de Chinchilla, al sur; la tercera queda al norte, y viene
definida por el encajado valle del río Júcar (fig. 2.1). Los Llanos
conforman un sector de marcada personalidad por su planitud y
homogeneidad, que en su génesis era una cubeta de colmatación
de materiales, que ha dejado poderosos mantos horizontales de
margas, calizas, conglomerados y arcillas (las últimas especialmente importantes en las proximidades de Chinchilla de Montearagón). La Sierra en cambio es una unidad montañosa de poca
altitud (no supera los 1000 m s.n.m en sus puntos más elevados);
forma parte de las estribaciones septentrionales del Prebético, en
el que afloran materiales calizos de época Jurásica y Cretácica en
sus partes más elevadas; en su zona central aparecen plegamientos y fallas, y como consecuencia de los desniveles existe una
densa red de cursos de agua estacionales, que solamente entran
en funcionamiento cuando se producen temporales de lluvia, y
que se distribuyen paralelos entre sí. La tercera unidad viene
definida por el río Júcar, al norte, que ha dejado un profundo
valle que se va encajando aguas abajo de Valdeganga, dejando
paredes verticales en la zona de la Ribera de Cubas; el resultado
es una estrecha vega, que ha sido intensamente empleada para
agricultura de regadío tradicional desde época árabe. Al norte
del Júcar aparecen las primeras estribaciones del Sistema Ibérico
(Cebrián Abellán 2011).
El clima dominante es mediterráneo con matices de continentalidad. Capel Molina (1981) lo ha definido como templado frío
continental con estación seca, en el que los inviernos son rigurosos. Los veranos, calurosos y secos. Mientras tanto, el otoño
y primavera se convierten en estaciones de transición, algo más
suaves en lo térmico. Las precipitaciones anuales suelen dejar
valores que oscilan entre los 350-400 mm, con máximos de otoño
y primavera (datos del observatorio de la AEMET de la Base
Aérea de Los Llanos, AEMET, periodo 1940-2024).
Estas condiciones explican que la vegetación climácica esté
formada por encinares y pinares, con sotobosque de tomillos,
romeros y espartizales. Pero la progresiva e intensa antropización
ha forzado la degradación y la desaparición del paisaje vegetal
originario en amplias zonas, sustituido desde comienzos de la
edad moderna por los tradicionales cultivos de la trilogía mediterránea, sobre todo cereales, a los que se han incorporado en
las últimas décadas regadíos (fig. 2.2). En hidrografía, los cursos superficiales son escasos. Pero la falta de agua superficial se
compensa con un acuífero caudaloso y somero que explica el
emplazamiento histórico de algunos núcleos de población y la
proliferación reciente de los regadíos extensivos.
Los caracteres de estas tres comarcas ayudan a entender
las singularidades del entorno cercano al paraje en el que se
localiza la Casa del Monte, en la transición entre las comarcas mencionadas anteriormente. Las formas del relieve en su
entorno cercano dejan un paisaje suavemente ondulado. Aquí
los materiales predominantes son aluviones cuaternarios, que
se concentran en los sectores topográficamente bajos. Mas al
sur quedan glacis pliocenos de época terciaria, que descienden
desde las estribaciones subbéticas meridionales. Predominan
los de régimen de arroyada, con sedimentación detrítica en
la que se mezclan calizas, margocalizas, areniscas, arenas y
conglomerados. A poca profundidad aparecen costras calizas que oscilan entre los 5 cm y el metro de espesor. Como
13
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 2.1. Situación de la necrópolis y yacimientos cercanos (elaborado por P. Valero Tocohulat).
resultado quedan suelos poco profundos, con espesores entre
20 y 30 cm, compuestos por arcillas, margas y materiales
calizos, fácilmente erosionables; tienen bajo contenido en
materia orgánica; presentan colores grises, con variaciones
de pardo-grisáceo a gris-rojizo, especialmente en los fondos
de valle, donde son más profundos y la presencia de arcillas
es mayor; la pedregosidad superficial es elevada; las texturas
son equilibradas, aunque presentan alto contenido en calizas
(hoja 766 del Instituto Geológico y Minero de España -edición 1977- y del Mapa de cultivos y aprovechamientos la del
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación -edición de
1975-). Las labores de desfondado, que se han intensificado
desde mediados del siglo pasado, han sacado a la superficie
las costras calizas, que se han ido retirando y acumulando en
majanos. Entre tanto, en los pequeños altiplanos, los suelos
son pobres y ocasionalmente aparece la roca madre, fundamentalmente de calizas miocenas.
La singularidad hidrogeológica de la zona ha dejado históricamente surgencias de agua, sobre todo en la comarca de
Los Llanos, que, de forma estacional o permanente, alimentaban pequeñas fuentes o pozos artesianos. Este hecho ha quedado
constatado al oeste, a unos 20-30 km de distancia, en el entorno
de la ciudad de Albacete, donde los paisajes del agua han sido
un elemento de referencia en el pasado (es el caso de los Ojos
14
de San Jorge, El Salobral o Riachuelos). Se explica porque en el
subsuelo existe un rico acuífero subterráneo, el nº 18 que, antes
de su puesta en explotación para regadíos, dejaba nacimientos
de agua que alimentaban pequeños arroyos y zonas encharcadas,
con láminas de agua de escasa profundidad, algunas estacionales
y otras permanentes. Esto explica que, en periodos anormalmente
húmedos, se hayan registrado crisis demográficas en la ciudad
de Albacete y su entorno por inundaciones o por presencia cronificada del paludismo. En 1803 comenzaron a eliminarse estos
humedales con la construcción del Canal Real, que posteriormente pasaría a denominarse de María Cristina. Este colector se
ha convertido, hasta finales del siglo XX, en el curso artificial
que drenaba los excedentes del acuífero hacia el río Júcar. Se da
la circunstancia de que su trazado discurre junto a la Casa del
Monte a escasos metros del yacimiento (fig. 2.3).
La información que aportan las hojas del Mapa Topográfico Nacional, escala 1:50.000, y del trabajo de campo, ayuda
a entender los diferentes usos y transformaciones operadas en
el entorno de la Casa del Monte en el último siglo y medio.
La hoja 766, que lleva por nombre “Valdeganga”, tiene varias
ediciones elaboradas por el Instituto Geográfico Nacional -con
diferentes denominaciones oficiales. Las dos primeras, 1892 y
1918, son especialmente interesantes porque permiten contextualizar la realidad de finales del siglo XIX y principios del XX,
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paisaje y territorio
Figura 2.2. Paisaje hacia el noroeste desde el yacimiento (fotografía del 12 de marzo de 2021).
momento en el que se inicia la excavación de Casa del Monte
(fig. 2.4, 1918). Haciendo una revisión de la distribución de
las curvas de nivel, el yacimiento se encuentra en uno de los
sectores topográficamente más bajos. En su entorno aparecía
cartografiada una importante superficie forestal, de la que todavía se conservan manchas al oeste del yacimiento, dentro del
término municipal de Albacete. Se trata de encinares mezclados
con pinares (fig. 2.2). Entretanto, hacia el este, en dirección a
Casas de Juan Núñez, aparecen documentadas extensas zonas
de eriales y pastizales, ahora ocupadas por espartizales. En las
ediciones posteriores se aprecia cómo se ha intensificado la
antropización, con más superficie de uso agrícola, en detrimento
la masa forestal, para incorporar desde finales del siglo XX el
regadío como elemento definidor del paisaje (fig. 2.4).
Centrando la atención en el emplazamiento de la necrópolis,
ésta queda dentro de los límites político-administrativos de la
provincia de Albacete, en el término municipal de Valdeganga,
a una altitud de 662 m s.n.m, y a escasa distancia de los de Albacete y de Chinchilla de Montearagón. El documento topográfico
de detalle más antiguo de que hay constancia en la zona es una
minuta1 del término municipal de Valdeganga. Fue levantado en
1878, a escala 1:25.000 por los técnicos del Instituto Geográfico
y Estadístico (adoptaba esta denominación esta institución en
ese momento), y sirvió como material de base para la edición de
la primera hoja 766 del 1:50.000 de 1892 (figura como autor el
topógrafo segundo Dionisio Gallego). Este documento inicial se
ha empleado, con revisiones y actualizaciones, para la posterior
edición de la hoja 766 en 1953 (las actualizaciones aparecen en
rojo y otras a lápiz, sin datar) (fig. 2.3).
1 La minuta es el documento de trabajo de campo empleado por los ingenieros geógrafos responsables de las ediciones posteriores de las hojas
del mapa topográfico nacional a escala 1:50.000 del Instituto Geográfico
Nacional (https://centrodedescargas.cnig.es/CentroDescargas/catalogo.
do?Serie=MIPAC).
De la lectura cartográfica de las primeras ediciones del Mapa
Topográfico Nacional, y en la minuta de 1878, se pueden obtener algunas informaciones interesantes sobre el yacimiento (fig.
2.4). Este se emplaza en una pequeña elevación donde aflora el
sustrato rocoso, junto a una de las zonas topográficas más bajas,
a orillas del Canal de María Cristina. En el trabajo de campo se
constata que se localiza en un sector con suelos de poco espesor
y nulo aprovechamiento agrícola. Esto explica, por una parte,
que no haya sido roturado para tierras de cultivo; por otro lado,
que la vegetación no haya ocupado de forma importante la zona;
y, en tercer lugar, que haya sido utilizado históricamente en el
trazado de la red caminera. Por estas razones se han preservado
sus estructuras arqueológicas.
En las ediciones de la hoja de 1892 y 1918 se plasman los
restos de la antigua Casa del Monte, situada en un cruce-nudo
de caminos que conecta las tres comarcas (figs. 2.1, 2.3 y 2.4): el
eje este-oeste es el que tradicionalmente ha conectado la actual
ciudad de Albacete con Jorquera, donde se localiza el oppidum
homónimo (Soria Combadiera et al. 2016); con dirección norte-sur aparece otro eje que conecta el río Júcar, a su paso por
Valdeganga, con la Sierra de Chinchilla, para terminar en Hoya
Gonzalo, donde se localizan las necrópolis ibéricas de Los Villares y Camino de la Cruz; aparece también una derivación hacia el
este, en dirección a Casas de Juan Núñez, donde se encuentra la
necrópolis de La Losa. La posición de Casa del Monte respecto
a otros yacimientos también ayuda a explicar su importancia: a
17 km de Jorquera y a 18 de Chinchilla/ Saltigi; y entre la cañada
real de los Serranos, de la que dista 5 km, y a 12 km de la via
Cartago Nova-Complutum
En las ediciones de 1955 y 1990 ya aparece la nueva Casa del
Monte, a medio km de distancia al norte de la necrópolis, desapareciendo el topónimo de la antigua ubicación; en la edición de
2009 se plasman los nuevos usos agrarios donde los regadíos han
supuesto una profunda transformación del paisaje (fig. 2.4). El
uso de los visores actuales (Google Earth, por ejemplo) permite
una visualización territorial más detallada.
15
[page-n-17]
la necrópolis ibérica de casa del monte
2.2. TERRITORIO
Figura 2.3. Minuta del término municipal de Valdeganga de 1878:
general y detalle. En rojo anotaciones posteriores publicadas en 1955.
16
Una primera aproximación al entorno paisajístico y territorial la
hizo Ballester Tormo en el diario nº 68 (p. 57), suponemos que
con intención de publicarla; sin embargo, esas notas no aparecieron en el artículo de 1930. Nos ha parecido interesante recoger
su transcripción para, a continuación, contrastarla con lo que se
sabe en la actualidad (fig. 2.5). Escribió así:
“Una necrópolis ibérica en la ´Casa del
Monte¨(Valdeganga-Albacete)
“Situación de la estación.”
La amplia llanura de la meseta albaceteña, que se inicia en el
termino (sic) de Almansa, va extendiéndose aproximadamente
de SE á (sic) NO, siempre jalonada á (sic) uno y otro lado por
estaciones prehistóricas y protohistóricas. Meca y la cueva de
[en blanco], en el término de Alpera; Las Grajas, La Mata de la
Estrella, el Cerro del Castellar (no Los Castellares como P. Paris
lo nombra), el de Las tres piedras, y el despoblado del Corral de
la Viuda, en el de Higueruela; Amarejo, en Bonete; el Llano de
la Consolación y el Cerro de Los Santos, en el de Montealegre;
la Morra del Puerto en Corral Rubio; y rodeando Albacete, El
Salobral y Balazote; despoblados y estaciones, inéditas unas,
estudiadas las menos, faltas de exploraciones metódicas y detenidas cuasi todas, pero dando en conjunto…”. Así termina el
texto, abruptamente.
[page-n-18]
paisaje y territorio
1918
1955
1990
2009
Figura 2.4. Mapa Topográfico. Hoja Valdeganga de 1918, 1955, 1990 y 2009.
Una buena parte de los yacimientos ibéricos citados han sido
excavados, estudiados y publicados como Castellar de Meca (Ayora),
El Amarejo (Bonete), Llano de la Consolación y Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo) y El Salobral (Albacete) (Broncano
Rodríguez 1986; Broncano Rodríguez y Alfaro Arregui 1990 y 1997;
Broncano Rodríguez 1989; Broncano Rodríguez y Blánquez Pérez
1985; Valenciano Prieto 2000; Fernández Avilés 1953 y 1966; Chapa
Brunet 1980 y 1984; Ruiz Bremón 1989; Blánquez Pérez 1995).
Paralelamente, desde los años 80 del siglo pasado, se generalizó el estudio sistemático de zonas geográficas concretas
mediante la prospección con el objetivo de recoger información
encaminada a la detección de territorios organizados. En la zona
que nos ocupa, el río Júcar es un hito geográfico de gran importancia, ya que los ríos han funcionado tradicionalmente como
fronteras naturales entre pueblos, pero también como vías de
comunicación. Por ello, no siempre separan realidades distintas,
estrategias de ocupación del territorio o cultura material diferentes; sin embargo, sí que se configuran como un límite para los
trabajos de investigación, generándose una información desigual
entre los sectores establecidos por las estrategias de los diferentes
proyectos. Este es el caso de la Casa del Monte (fig. 2.1).
En época ibérica, existió un denso poblamiento a lo largo
del arroyo de Abengibre entre los oppida de El Villar-Las Eras
(Alcalá del Júcar) y Jorquera, ambos dominando los pasos del
17
[page-n-19]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 2.5. Página 57 del diario nº 68 (Archivo documental SIP).
río Júcar y sus fértiles tierras (Soria Combadiera 2000, 119 y ss.;
Soria Combadiera et al. 2016). A algo más de 7 km al S del río,
El Puntal de Peña Rubia (Alcalá del Júcar), situado a 862 m de
altitud, permite el control visual de la hoz del Júcar.
En cambio, al S del Júcar, donde se sitúa esta necrópolis,
la investigación ha sido puntual y los hallazgos arqueológicos
conocidos han sido fortuitos, producto de labores agrícolas y
actuaciones de salvamento con motivo de obras públicas (generalmente no publicadas). Se refieren, sobre todo, a necrópolis a
partir del hallazgo de escultura monumental como Casa Quemada
(Albacete) y La Losa (Casas de Juan Núñez), siendo el registro
más antiguo (siglo VI a. C.) la Casa del Monte (La Recueja),
situada en un meandro del Júcar (López Precioso 1994).
También se han hecho prospecciones selectivas en el marco
de la tesis doctoral de una de nosotras (Soria Combadiera 2000) y,
más recientemente, de las cartas arqueológicas de los municipios
cuya clasificación de los yacimientos no es específica.
En definitiva, sigue sin haber noticias concluyentes sobre
lugares de hábitat en las inmediaciones de Casa del Monte.
18
Otra problemática a tratar en este capítulo, es su adscripción
territorial. Desde la publicación de la obra de Llobregat Conesa
(1972) sobre la regio Contestania se han desarrollado numerosas
investigaciones con el objetivo de caracterizar arqueológicamente
a los pueblos ibéricos citados en las fuentes.
Veinte años después de dicha publicación, Abad Casal
(1992, fig. 1) propuso una ampliación de los límites de la Contestania de Llobregat Conesa hasta Cartagena por el S y hasta
una línea comprendida entre Chinchilla de Montearagón-Hellín-Caravaca por el interior. Uno de los indicadores utilizados
para tal ampliación fue la constatación de que el estilo pictórico simbólico ilicitano tiene una amplia distribución por esta
zona. Años más tarde, el mismo autor retomó dicha problemática aportando nuevos datos, como la escultura, la numismática
y la epigrafía, para apoyar su propuesta (Abad Casal y Sanz
Gamo 1995, 81-83).
En la misma línea, un estudio territorial en el que se analizó
de forma exhaustiva toda la documentación existente hasta el
momento propuso considerar los territorios de Castellar de Meca
(Ayora) y El Tolmo de Minateda (Hellín) dentro de la órbita de
influencia contestana. A ellos se podría añadir el de Chinchilla de
Montearagón, en el que las manifestaciones culturales (tumbas
de empedrado tumular y escultura asociada a necrópolis, entre
otras), inclinan a considerarlo igualmente dentro del ámbito contestano, a pesar de que el lugar, Saltigi, es citado por Ptolomeo
como ciudad bastetana. A este territorio pertenecería la Casa del
Monte, a unos 18 km en línea recta del lugar central (Soria Combadiera 2000, 471, 498, 528 y 538).
En la obra dedicada a los 30 años de la publicación Contestania Ibérica (Abad Casal et al. 2005), empieza a entreverse un
cambio de tendencia en el uso del término Contestania, de tan
arraigada tradición. Así, Abad Casal ya plantea la existencia de
una “gran Contestania” y la idea de que debiera matizarse su
utilización. En esa línea, en el mismo volumen, se recogen contribuciones sobre los territorios septentrional y meridional de
Contestania y las diferencias entre contestanos y edetanos; además de incluirse Casa del Monte como necrópolis contestana
(Soria Combadiera y Mata Parreño 2005).
En sintonía con ello, desde los estudios territoriales que
desarrollamos en otras áreas de la Cultura Ibérica empezamos a
cuestionar el uso de las regiones administrativas de época romana
para identificar realidades que poco, o nada, tuvieron que ver con
la organización política de los Iberos. Estas propuestas las hemos
planteado, desde hace años, para la Edetania romana y, por ende,
también las proponemos para la Contestania y las demás regiones
citadas en las fuentes (Mata Parreño 2001 y 2024).
De acuerdo con este nuevo planteamiento, Casa del Monte no
puede considerarse como contestana al ser anterior al surgimiento
de este etnónimo. Se sitúa en el límite occidental del territorio de
Saltigi y de otros pueblos citados en las fuentes (Oretanos, Contestanos, Bastetanos) o identificados por la numismática (Iberos
de Ikalensken), localización fronteriza que dejó su huella en la
cultura material como se irá viendo en las páginas siguientes.
[page-n-20]
3
Documentación e intervenciones
3.1. DOCUMENTACIÓN
La documentación original de la Casa del Monte depositada en
los Archivos documental y fotográfico del SIP consta de tres cuadernos, tres planos de las tumbas excavadas, negativos fotográficos y copias en blanco y negro tanto de materiales como de la
excavación y varios inventarios parciales. Además, una pequeña
libreta tamaño media cuartilla, de papel cuadriculado, con anotaciones esporádicas escritas a lápiz de la visita de Ballester Tormo
al Museo Arqueológico Nacional el 15 de septiembre de 1929,
en la que recogió, entre otros, paralelos de materiales que había
encontrado en Casa del Monte, como espadas, “agrafes” (sic),
vainas y fíbulas (fig. 4.24).
Los diarios núms. 67 y 68 (Archivo documental del SIP) son
dos libretas tamaño cuartilla de tapas azules y hojas sin rayar,
escritos a lápiz, generalmente por ambos lados. El primero de
ellos es realmente el diario de las excavaciones desde la primera
visita en marzo de 1917 hasta el 16 de octubre de 1920 (fig. 1.3),
en cuyas primeras páginas recoge la planta y sección de la Cueva
del Alfonsí (Chinchilla de Montearagón). Junto al relato de los
hallazgos, incluye croquis y dibujos de algunos materiales. En
el segundo cuaderno, Ballester Tormo resumió los aspectos más
interesantes de cada una de las tumbas, así como de las llamadas
“mansiones”. Todo parece indicar que se trata de una redacción
previa a la única publicación que hizo de la necrópolis (Ballester
Tormo 1930). Además, en la página 55, dibujó, con sus correspondientes medidas, una piedra cilíndrica que interpreta como basa
para una columna de madera que, según escribe, se encontraba
en la puerta de la Casa del Monte.
El tercer cuaderno (nº 68 bis) es horizontal, tamaño cuartilla,
con dos perforaciones por las que pasa una cuerdecilla que sujeta
varias hojas, alguna con su sello personal, que titula “Inventario
de las sepulturas”, inventario que no sigue un orden numérico y
no contempla todas las sepulturas. Está escrito a tinta y a lápiz.
En la guarda interior de la portada hay escrito a lápiz un texto
que puede explicar algunas ausencias y que transcribimos a continuación (fig. 3.1):
“68 papelitos (8 en blanco)
Al subirlo de Albaida a Adzaneta, se produjo alguna confusión en el material de las cajas, que hay que aclarar, y que no
resuelven los Diarios por estar algo incompletos en los dias q.
(sic) estuve resfriado”.
Los demás inventarios de materiales están recogidos en varias
hojas sueltas redactados en épocas diferentes sin que conste el año
de redacción. Todos ellos tienen rectificaciones y anotaciones posteriores a su redacción inicial. El que puede ser el segundo más
antiguo son ocho páginas tamaño folio, escrito a tinta, en el que
se catalogan 64 piezas sin orden aparente y señalando ya la existencia de objetos extraviados y sin referencia (fig. 1.5); se debió
redactar en los años 50, antes o después del traslado del museo
al palacio de la Baylía en 1955. Los otros listados los hemos
ordenado de forma aleatoria: en primer lugar, dos hojas tamaño
cuartilla, escritas por ambas caras a lápiz y tinta negra donde se
describen escuetamente los ajuares desde la tumba I a la XXXIV
(fig. 3.2); segundo, otras hojas sueltas tamaño cuartilla, escritas
por ambas caras a lápiz, bolígrafo y tinta negra desde la sepultura
I a la XXXIV (con bastantes espacios en blanco), incluyendo los
materiales esporádicos y del “poblado” (fig. 3.3); tercero, unas
cuartillas escritas en horizontal, a tinta, a lápiz, rotulador negro
y bolígrafo azul y rojo, en las que se recogen de nuevo los ajuares de casi todas las tumbas y las dos “casas”, con anotaciones
y rectificaciones de diferentes manos (fig. 3.4); finalmente, dos
cuartillas escritas en horizontal a bolígrafo del “poblado”, materiales sin referencia y de las Sepulturas XIX a XXXIV, sin que
se hayan localizado las hojas anteriores (fig. 3.5).
En 1986, tras el traslado del museo a su actual emplazamiento
en la Casa de la Beneficencia, se inició la catalogación de los
materiales que había en las vitrinas, en fichas de cartulina, escritas
19
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la necrópolis ibérica de casa del monte
a máquina, con una foto en blanco y negro. Se hace constar el año
de redacción y la autoría (Helena Bonet Rosado, Josepa Rodrigo
García y Luis Silgo Gauche) (fig. 3.6).
La planimetría es escueta y consta de dos planos generales
y un croquis de todas las tumbas excavadas, además de los parciales recogidos en el diario (figs. 3.7, 3.8 y 3.14). Todos ellos
se han utilizado para identificar sobre el terreno los restos de los
túmulos y las llamadas “mansiones”.
Figura 3.1. Anotación manuscrita en la guarda anterior del cuaderno
nº 68 bis (Archivo documental SIP).
Figura 3.3. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
20
Figura 3.2. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
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documentación e intervenciones
Figura 3.4. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
Figura 3.5. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
Las fotografías de la excavación son escasas y desafortunadamente no siempre se han podido identificar las tumbas
fotografiadas. Sin embargo, gracias a ellas se puede apreciar el
estado en que se encontraban, la potencia estratigráfica y el sistema de excavación por medio de zanjas, algo que también se
intuye en algunos croquis del diario (figs. 3.7 y 3.9).
3.2. EXCAVACIONES
Los trabajos de Ballester Tormo en la necrópolis consistieron
en un sondeo realizado en 1918 y tres cortas campañas en 1919
y 1920. De la primera de las intervenciones, en el diario no hay
anotaciones referidas a los días de trabajo ni a la participación
de peones; sin embargo, considerando el ritmo de sepulturas
exhumadas en campañas posteriores, no creemos que durase
más de uno o dos días. Da la impresión que se limitó a tantear
el yacimiento y se aprecia que es la primera vez que excava
una necrópolis. Practicó “dos pequeñas catas” (sic) en un punto
donde eran visibles los restos constructivos, que interpretó en
un principio como viviendas, al partir de la idea preconcebida
de que se trataba de un “despoblado ibérico al estilo de los de
Covalta y Albaida” (sic). En esta campaña, salieron a la luz
dos sepulturas, la I y la II, correspondientes a sendas estructuras tumulares.
En marzo de 1919 excavó durante cuatro días (del 26 al 29).
Aunque en el diario tampoco anota la participación de peones,
en el resumen de las cuentas de la última página contabiliza tres
jornales el primer día y cuatro los restantes. En esta ocasión
excavó de la Sepultura III a la XIII.
En 1920, llevó a cabo las que serían las tercera y cuarta campañas. La lectura del diario transmite como, en el transcurso de
la campaña del 26 al 30 de marzo, va familiarizándose con el
yacimiento. En esta ocasión le ayudan entre cinco y ocho peones,
así como un joven de Valdeganga llamado Pascual Martínez García (Anexo IV). Las tumbas excavadas son de la XV a la XXIV.
En el mes de octubre (del 10 al 16), se desconoce el motivo,
se llevó “tres braceros valencianos” (sic) a los que se sumaron,
en los días siguientes, otros cuatro de Valdeganga. Se dedicó a
aclarar algunos aspectos de las campañas anteriores y excavó
algunas tumbas más. Entre los días 14 y 16, inició la apertura
de zanjas con intención de delimitar la extensión de la necrópolis, para lo cual eligió una zona, a escasa distancia del grueso de
sepulturas, a partir de la similar disposición que presentaba el
terreno en comparación con el lugar donde aquellas se emplazan. El resultado fue el hallazgo de dos habitaciones del posible
poblado que denominó “mansiones” (fig. 3.8)
En la última página del diario, hay un resumen de las cuentas
referidas a las campañas de marzo de 1919 y las dos de 1920. En
1919 los jornales de la excavación, “aparte comidas” (sic), ascienden a 52,50 pts (0,31 €); en marzo de 1920 pagó los jornales a
4 pts (0,02 €), suponiendo un total de 110 pts en jornales (0,66
€)2; las cuentas referidas a octubre de ese año están incompletas,
anotando sólo los jornales correspondientes a los tres primeros
días (fig. 3.10). Teniendo en cuenta que las excavaciones no fueron financiadas, hemos de suponer que estos gastos corrieron a
su cargo.
El trabajo de Ballester Tormo en la Casa del Monte fue ejemplar para la época. Los comentarios y descripciones del diario,
revelan que el proceso de excavación fue, en ocasiones, bastante
meticuloso lo que la convierte en la primera excavación realizada
con criterios científicos de la provincia de Albacete.
El método de trabajo contemplaba la apertura de zanjas a
partir de la localización en superficie de alineaciones de piedras o manchas de cenizas, hasta ampliar los márgenes para su
2 La conversión a euros se ha hecho de acuerdo con el cambio oficial en el
momento de su entrada en vigor (2002).
21
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.6. Ejemplos de fichas de catálogo del año 1986. Piezas con el número de inventario 31 y 63 (Archivo documental SIP).
correcta visualización, y después se procedía a su excavación
(figs. 3.7 y 3.8). En total, excavó 38 sepulturas y a partir del
croquis conservado hemos calculado que abre una zona en sentido O-E con un eje aproximado de 33 m y otro S-N de 16/17
m (unos 600 m2).
Un aspecto elogiable de su metodología de campo, aunque
difícilmente trasladable a la realidad por las imprecisiones y
carencias que contiene (no llega a triangular), es la obsesiva
presencia de mediciones para intentar situar cada sepultura, en
especial las tumulares con respecto a otras. Se advierte en cada
una de ellas un exceso de medidas: desde las cuatro esquinas
hacia otras sepulturas y la distancia más corta en línea recta
hasta el túmulo más próximo. Todo este intrincado sistema de
medidas y distancias lo reflejó en un croquis general de la loma,
en varios croquis parciales y en otro de las tumbas (figs. 3.8,
3.11 y 3.14).
De la lectura del diario, se obtiene la impresión de que
estas actuaciones se desarrollaron con criterios metodológicos, salvando las distancias, no demasiado discordantes con
los empleados en la actualidad. Así, existe una descripción de
la estratigrafía de las tumbas, algo realmente novedoso para la
época, aunque apenas hay secciones (figs. 3.11 y 3.12); anota el
orden en que aparecen las distintas “capas”, una breve descripción
22
y su potencia en centímetros; describe la disposición de los hallazgos y hace mediciones de los enterramientos: unos respecto a
otros, las dimensiones de los mismos (longitud y altura), localización de la fosa, forma y medidas básicas (longitud y profundidad);
y en las tumbas de hoyo, señala la forma, el diámetro o longitud
y la profundidad.
Sus escritos reflejan las diversas impresiones que tuvo en el
transcurso de los trabajos y, desde luego, casi siempre plasma lo
que acontece en el proceso de excavación de las tumbas, especialmente cuando advierte algo que no sabe explicar a priori
y procede a su descripción para después, entre interrogantes,
proponer una explicación. Este reflejo minucioso de los trabajos, de sus dudas y propuestas, ha sido fundamental a la hora
de aproximarnos a la realidad de esta necrópolis en el momento
actual en que existen numerosas referencias sobre yacimientos similares.
Sirva como ejemplo, la interpretación que realiza de la Sepultura VI (excavada el 28 de marzo de 1919), cuyo interior no
albergaba restos ni del difunto ni del ajuar. Es destacable la interpretación que hace de dicha estructura como posible cenotafio
(Ballester Tormo 1930, 32), aunque también llegó a plantearse la
posibilidad de que fuera una antigua “mansión” (sic) reutilizada
como enterramiento.
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documentación e intervenciones
Figura 3.7. Página 31 del diario nº 67 con
croquis de las tumbas y las zanjas abiertas
(Archivo documental SIP).
Todo ello no es óbice para que también haya importantes
carencias: tumbas de las que no hay datos o muy pocos, así como
materiales descritos y no localizados, entre otras, que se irán
señalando cuando se considere necesario.
3.3. INTERVENCIONES RECIENTES
Cuando a finales del siglo XX se decidió revisar y publicar la
totalidad de los materiales y la documentación de Casa del Monte,
uno de los primeros objetivos planteados fue visitar el lugar e
inspeccionar el estado de conservación de los túmulos (fig. 3.13).
Como ya se ha señalado, en el MPV, se conservan tres planos
originales de la necrópolis, además de los croquis parciales realizados durante el proceso de excavación (figs. 3.7, 3.8 y 3.14).
A pesar de la carencia de escalas y medidas precisas, los
actuales medios técnicos permiten evaluar y ajustar esta planimetría centenaria con los restos todavía visibles (ver Matemáticas
de la memoria) (fig. 7.4).
Las primeras impresiones narradas por Ballester Tormo se
han recogido en publicaciones y páginas anteriores, pero parece
oportuno recordarlas de nuevo ya que aportan información sobre
el estado del yacimiento en el momento de iniciar los trabajos
arqueológicos (Soria Combadiera y Mata Parreño 2005; Mata
Parreño y Soria Combadiera 2006).
Con motivo de una partida de caza en la Casa del Monte, en
marzo de 1917, Ballester Tormo hace una primera exploración
del terreno y escribe que “hace más de medio siglo” se destruyeron gran número de urnas en el extremo NO.
23
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.8. Planos generales de Casa del Monte (Archivo documental SIP).
Figura 3.9. Fotos de la excavación (Archivo fotográfico SIP).
24
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documentación e intervenciones
Figura 3.10. Última página del diario nº 67 con algunos gastos realizados (Archivo documental SIP).
Figura 3.11. Página 97 del diario nº 67 con sección de la loma
(Archivo documental SIP).
Figura 3.12. Sección de la Sepultura V en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
La casa de labor, que da nombre a la necrópolis, la ubica en
el extremo O de la meseta, indicando que ya estaba derruida (fig.
2.4, 1). Dicha meseta estaba ocupada parcialmente por “extensas
eras” y, además, de abundantes cerámicas observó paredes de
piedras en la zanja del camino de Valdeganga (fig. 3.15). Insinúa
la posibilidad de que hubiera un poblado hacia el S, cuyos restos
se utilizaron para construir la Casa del Monte y parte de las piedras, tanto de tumbas como de casas, se utilizaron para alimentar
tres hornos de cal “antiguos”. Para ello parece que se practicaron zanjas que destruyeron también algunas tumbas. En uno de
los planos (fig. 3.8) están marcados las ruinas de la antigua casa,
dos hornos de cal, los restos de las “mansiones” y los túmulos.
En nuestra primera visita de 2003 se hizo un levantamiento
con estación total de los restos visibles (fig. 3.13). Sin embargo,
con los datos obtenidos no se consiguió de forma aceptable escalar la planimetría general (fig. 3.14).
Una década después, en abril de 2016 y 2017, con nuevos
medios se hicieron sendos vuelos con drone con la finalidad de
obtener una visión más ajustada de la realidad conservada (fig.
3.18). El tiempo transcurrido entre ambas actuaciones permitió
observar cómo la erosión había afectado a estructuras que todavía eran visibles en 2003.
En 2021, en el marco del proyecto GeoIbers (AICO2020/250)
se propuso, entre otros objetivos, utilizar métodos geofísicos para
conocer el estado de conservación de determinados yacimientos y
explorar la posibilidad de localizar nuevas estructuras enterradas
(Cuenca García et al. 2022). Uno de los yacimientos seleccionados fue Casa del Monte con el objetivo de buscar indicios de
tumbas u otras construcciones no excavadas o ya excavadas e
25
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.13. Fotografía de 2003 con restos de las Sepulturas XVIII, XXIII, XXIV y XXXVI.
Figura 3.14. Plano de la necrópolis (Archivo documental SIP).
26
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documentación e intervenciones
ilocalizables por otros medios. Para ello se utilizó un magnetómetro modular SENSYS MX V3 con cinco canales, separados 25
cm con una anchura de 1,25 m (fig. 3.17). Dada la pendiente y la
cantidad de piedras sueltas no se pudo prospectar con el Ground
Penetrating Radar (GPR). Aun así, se prospectó una superficie
total de 3000 m2, pero los resultados no fueron concluyentes,
por ello se ha programado una nueva actuación con otros medios
técnicos.
En octubre de 2020 se cumplieron 100 años de la última
intervención arqueológica en esta necrópolis ibérica y, a pesar
de ello, todavía es posible apreciar restos de los empedrados y
de las “mansiones” (fig. 3.16).
3.3.1. Vuelos fotográficos en Casa del Monte
Tomás Torres González y Diego Lucendo Díaz
Figura 3.15. Vista general de la necrópolis (Archivo fotográfico SIP).
La arqueología siempre ha sabido aprovechar el desarrollo de las
nuevas tecnologías, aplicando técnicas topográficas, informáticas, físicas y químicas a la investigación y permitiendo obtener
datos hasta hace poco tiempo inaccesibles y realizar hipótesis de
trabajo cada vez más aproximadas a la realidad arqueológica de
los antiguos asentamientos.
El uso y el desarrollo de los drones en los últimos años ha
supuesto una revolución tecnológica en los trabajos arqueológicos, permitiendo aplicar técnicas de documentación, hasta
entonces muy costosas, y obtener numerosos recursos gráficos
que han enriquecido notablemente el registro arqueológico,
Figura 3.16. Fotografías de 2021 con restos de sepulturas y “mansiones”.
27
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.17. Prospección con magnetómetro (Proyecto GeoIbers,
AICO20-250, noviembre 2021).
principalmente fotográfico y planimétrico, al tiempo que han
permitido una mejora de los trabajos de investigación y difusión de los resultados.3
En primer lugar, las fotografías obtenidas desde el aire, sin
ningún tipo de procesamiento, permitieron disponer de vistas
oblicuas y cenitales que ofrecen gran cantidad de información
del proceso de excavación y que resultan visualmente muy
atractivas de cara a la realización de informes o publicaciones
científicas. Suelen tener gran calidad y definición, permitiendo
a la vez obtener una visión general del yacimiento y una gran
calidad en los detalles sobre los procesos de excavación o los
resultados obtenidos. Anteriormente, estas imágenes podían ser
obtenidas por vuelos aéreos, pero tenían un coste económico
elevado, muchas veces inviable para la mayoría de las intervenciones arqueológicas.
3 Real Decreto-ley 8/2014, de 4 de julio, de aprobación de medidas urgentes
para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia. BOE del sábado 5 de
julio de 2014, nº 163, Sec. I, pp. 52544-52685.
Real Decreto 1036/2017, de 15 de diciembre, por el que se regula la utilización civil de las aeronaves pilotadas por control remoto, y se modifican el
Real Decreto 552/2014, de 27 de junio, por el que se desarrolla el Reglamento
del aire y disposiciones operativas comunes para los servicios y procedimientos de navegación aérea y el Real Decreto 57/2002, de 18 de enero, por el
que se aprueba el Reglamento de Circulación Aérea. BOE del viernes 29 de
diciembre de 2017, nº 316, Sec. I. Pp. 129609-129641.
28
En segundo lugar, estas imágenes, si han sido obtenidas
mediante vuelos planificados, normalmente con un solapamiento
entre ellas del 70%, permitían la creación de ortoimágenes georreferenciadas en la que todos los elementos aparecían representados
a escala, sin errores y como si de un plano topográfico se tratara
(Lucendo Díaz et al. 2020: 49). A partir de estas imágenes, podían
realizarse las planimetrías de los yacimientos arqueológicos,
reduciendo notablemente los costes materiales y temporales que
conllevaba el dibujo manual de las distintas estructuras murarias
que iban siendo localizadas en las intervenciones arqueológicas.
En otras ocasiones, estas ortoimágenes, permitían corregir errores acumulados en las planimetrías que habían sido realizadas
hace años, tomando como referencia sistemas de ejes planteados
o trasladados de forma manual.
En tercer lugar, estas imágenes, obtenidas con un buen planteamiento metodológico, permitían la creación de modelos 3D
de gran calidad y precisión que posibilitaban, a su vez, la creación de recursos gráficos como infografías o reconstrucciones
virtuales, muy útiles para su uso en varios campos como son las
presentaciones, en la imprescindible fase de difusión y puesta en
valor de los yacimientos arqueológicos o elementos patrimoniales de carácter monumental, así como en otros usos culturales.
Teniendo en cuenta lo anterior, se planteó realizar una nueva
planimetría de la necrópolis de Casa del Monte, aprovechando
la celebración del centenario de la excavación realizada por
Ballester Tormo entre 1918 y 1920. Para ello, se tomaron como
referencia las mediciones y la planimetría realizada en 2003 por
el Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga de
la Universitat de València.
La visita a la necrópolis permitió identificar sobre el terreno
y delimitar numerosas estructuras funerarias que aún resultaban visibles. Muchos de los túmulos documentados por Ballester
Tormo eran aun reconocibles en superficie, aunque no ocurría lo
mismo con las tumbas de fosa u hoyo simple, ya difuminadas e
integradas en la superficie de tierra y siendo imposibles de localizar, salvo por las referencias a ellas que aparecían incluidas en
los planos de originales de Ballester Tormo o en la planimetría
de 2003.
Uno de los primeros trabajos consistió en el planteamiento
de una serie de puntos de coordenadas relativas obtenidas con
una estación total Sokkia SET3000. Esos puntos sirvieron para
corregir posibles errores o deformaciones en las planimetrías
previas, así como comprobar que el montaje fotogramétrico de
la necrópolis fuera correcto, o para rectificar las imágenes, en el
caso de que fuera necesario.
El uso del drone para la documentación fotográfica del
entorno de la necrópolis permitió documentar un amplio territorio y un entorno que hubiera sido imposible realizar de forma
manual. El trabajo comenzó con la planificación y ejecución de
dos vuelos fotográficos en un área de 1,7 ha, en cuyo centro
se localizaban los túmulos excavados por Ballester Tormo (fig.
3.18). Los distintos transectos en los que fueron divididos los
vuelos fotográficos se realizaron a una distancia horizontal de 10
m, formando ejes paralelos y transversales, de forma que cada
punto fue fotografiado desde diversas perspectivas. La altura de
los vuelos fue constante, a 15 y 20 m de altura sobre los túmulos.
El primer vuelo se realizó el 14 de abril de 2016 con un
drone modular DJI F550, un multicóptero de seis motores capaz
de levantar una cámara réflex o similar, en este caso una cámara
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documentación e intervenciones
1
2
Figura 3.18. 1: vista desde el norte; 2: vista cenital (2017) (T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
Sony ILCE-5000 que permitía la obtención de imágenes con
unas dimensiones de 5456 x 3632 pixeles y una resolución de
350 ppp. El hecho de que fuera construido con diversos módulos y con un ensamblaje menos preciso hacía que las vibraciones
transmitidas por el chasis provocaran que muchas de las imágenes obtenidas no tuviesen la calidad necesaria y mostrasen una
trepidación considerable.
Un año después, el 20 de abril de 2017, se repitió el vuelo,
esta vez con un DJI Phantom 4, ensamblado en fábrica y equipado
con una cámara DJI FC330 que permitía la obtención de imágenes con un tamaño de 4000 x 3000 pixeles, con una resolución
de 72 ppp en horizontal y vertical, con una profundidad en bits
de 24. Este segundo vuelo ofreció unos resultados de gran calidad, mejorando notablemente los obtenidos en el vuelo anterior,
pese a tener una cámara con menor resolución pero que ofrecía
igualmente imágenes de buena calidad, obtenidas, además, con
georreferenciación, aunque quizás no con la precisión exigida
para este tipo de trabajos.
Las imágenes obtenidas en este segundo vuelo fueron procesadas con el programa Agisoft Photoscan, un software, precedente
del actual Agisoft Metashape, que permitía el procesamiento fotogramétrico de las fotografías digitales obtenidas previamente con
el drone y que generaba modelos 3D que permitían a su vez obtener ortoimágenes y otros recursos con grandes posibilidades de
aplicación en SIG y en trabajos de documentación arqueológica
o patrimonial. En el caso que nos ocupa, el procesamiento de las
imágenes permitió obtener una ortofoto de la zona nuclear de la
necrópolis (fig. 3.18), sobre la que, una vez sobre el terreno, pudieron ser identificados cada uno de los túmulos y demás elementos
correspondientes a la necrópolis excavada por Ballester Tormo.
Con la documentación generada (ortofoto, puntos de coordenadas y elementos visibles sobre el terreno), fue complementada
la planimetría realizada en 2003, a través del programa de diseño
en 2D de Autocad. La planimetría resultante permite identificar,
en su precisa ubicación, las estructuras funerarias conservadas.
Además, la comparación de los croquis realizados por Ballester
Tormo entre 1918 y 1920, con la planimetría de 2003 y la actual,
permite conocer la evolución de la conservación de la necrópolis, desde aquel momento inicial, hasta el momento actual, en el
centenario de la excavación arqueológica (figs. 3.18, 3.19 y 3.20).
Figura 3.19. Toma de coordenadas con estación total (mayo 2021).
3.3.2. Enterramientos y ajuares
Las sepulturas de Casa del Monte nunca se han publicado con
detalle. Tras el primer avance de Ballester Tormo en 1930 habrá
que esperar a 1977, año en el que con motivo del cincuentenario del SIP se publicó un listado de piezas expuestas al público,
entre ellas las de Casa del Monte (Fletcher Valls y Pla Ballester
1977, 171-175). Años más tarde Cisneros Fraile (1992) publicó
las fíbulas anulares de la necrópolis y, en 2008, un somero inventario de los ajuares. Otros materiales publicados sin contextualizar han sido el kylix de figuras rojas de la Sepultura XXIII (Trías
Rubiés 1967-1968, 431-432) (fig. 3.44), nuevamente las fíbulas
(Sanz Gamo et al. 1992, 48-50), las placas de cinturón (Soria
Combadiera y García Martínez 1994 y 1996; Mata Parreño et
al. 2010, fig. 104, 1), restos vegetales y una placa de madera
decorada (Mata Parreño et al. 2010, figs. 7, 15, 32, 68, 74, 81
y 82), las armas fueron recogidas por Quesada Sanz en su obra
sobre el armamento ibérico (1997) y, finalmente, en 2005 y 2006
se publicaron dos semblanzas de Ballester Tormo y la Casa del
Monte (Soria Combadiera y Mata Parreño 2005; Mata Parreño
y Soria Combadiera 2006).
29
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.20. Arriba: planimetría arqueológica de 2003; abajo: ortofoto con la superposición de otras estructuras identificadas en 2003.
Los cuadros rojos y azules se corresponden con estructuras funerarias visibles en 2003 y no reconocibles en 2017 (T. Torres González y
D. Lucendo Díaz).
30
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documentación e intervenciones
En la descripción de las sepulturas y sus ajuares, se transcribe literalmente el relato de los diarios de excavación junto a
los comentarios y consideraciones que se consideren oportunos4.
En el diario nº 67 se aprecia que las notas se tomaron apresuradamente, existiendo abreviaturas, correcciones, espacios en
blanco y añadidos posteriores; así mismo, llama la atención la
descripción minuciosa de algunas sepulturas frente a la ausencia
de información sobre otras.
La reconstrucción de los ajuares ha sido ardua y no sólo por
los años transcurridos. En las ausencias, errores y dudas hay que
tener en cuenta diversos avatares como el tiempo que pasó desde la
última campaña (1920) hasta que Ballester Tormo decidió depositar su colección particular en el SIP (1949, 10), como también hizo
constar en el cuaderno nº 68 bis (fig. 3.1); los traslados de sede
desde el palacio de la Generalitat (1928) al de la Baylía (1955)
y de ahí a la actual ubicación en la antigua Casa de Beneficencia (1982) cuya apertura definitiva se produjo en 1995; traslados
todos ellos que conllevaron las consiguientes remodelaciones de
las salas de exposición y almacenes (Fletcher Valls y Pla Ballester 1977, 12-14; http://www.mupreva.org/museo_historia/?q=va);
y, finalmente, todas las personas que han/hemos revisado total o
parcialmente los materiales depositados.
Ante las dudas planteadas para adscribir determinadas piezas
siempre se han tenido en cuenta los documentos más antiguos
(diarios, fotos e inventarios), de modo que también ha sido posible asociar a algunas sepulturas objetos que estaban sin referencia
o con errores. Circunstancias que se hacen constar en los lugares
oportunos. Una descripción detallada de los ajuares se puede ver
en el Anexo I.
también soldado a la lanza y fragmento de agrafe; y también
la parte final de el (sic) largo útil o arma q. (sic) parece largo
chuzo; todo colocado paralela y horizontalmente y debajo lo
demás encontrado, fragmentos de armadura de la funda de
espada, anillas de bronce articuladas a unas varillas de hº
(sic), que se curvan anillándose para abrirse luego los extremos y remacharse, pareciendo todo pertenecer a los escudos
y haber servido para sugetar (sic) la correa de los mismos;
fragmentos del chuzo dicho; la parte superior de una pinza
[intercala dibujo de las pinzas]; y huesos ornados con líneas
que debieron llevar embutidos hilo de hierro” [incluye dibujos
de dicha pieza y una anilla con remache abierto].
Estructura: En el croquis conservado, se define esta sepultura
como encachado de forma casi cuadrada con las paredes NO y
SO derruidas, construida posiblemente sobre la pira. Las piedras
gruesas, con la cara exterior careada, delimitaban un espacio
de unos 5,15 m de lado en cuyo interior se alternaban piedras
sueltas y capas de tierra. En la base, una capa de tierra quemada
y ceniza con una fosa, descentrada, cuadrada probablemente
enlucida (“barro amasado con paja”), de 42 cm de lado x 17 de
profundidad (fig. 3.21). En su interior se encontraban los restos
humanos cremados.
Ajuar: El ajuar se colocó sobre la fosa (fig. 7.18): una panoplia compuesta por un puñal y su vaina, escudo, lanza, soliferreum
y cuchillo; objetos personales como una placa de cinturón, unas
pinzas, una placa de hueso decorada con líneas incisas y dos
fíbulas (fig. 3.22).
Otros: Se recogieron restos del enlucido de las paredes de
la fosa.
3.3.2.1. Sepultura I
Se excavó en marzo de 1918 pensando que se trataba de los
cimientos de unas casas. En el diario se denomina “1ª cata”,
anotándose al margen, con posterioridad, “Iª” en referencia a la
Sepultura I.
Descripción (según diario nº 67): “Debajo de la primera
capa consistente en el umus (sic) de la loma, apareció otra de
piedras medianas; luego otra de tierra o barro seco; debajo
otra capa de piedra; más abajo un estrato de barro rojo en la
parte superior que se ennegrecía debajo; inmediatamente otro
estrato de gruesas piedras, algunas de las cuales aparecían
enegrecidas (sic) por la cara en que se hallaban sentadas,
por carbones y cenizas de una mancha extensa que parecía
extenderse en todas direcciones; y en un lado de la cata aparecía otra ligera capa de barro que cubría una pocita o balsita
cuadrada, que inadvertidamente destruimos en parte, pero de
la que aparecía un lado de unos 42 cts., con los arranques de
otros dos lados; todos ellos hechos con barro amasado con
paja. Debió tener la balsita unos 17 cts. de fondo. Toda ella
estaba llena de carbones y cenizas y algunos restos de huesos humanos casi calcinados, y algún trozo de hierro. Encima
de todo la espada, afectadísima por el fuego y hecha añicos,
y trozos de armadura funda y a su lado la lanza que llevaba
soldada por el óxido formando un bloque gran parte de la
placa activa de un agrafe de hierro y el regatón de aquella
4 Las Sepulturas I bis y VII bis se han denominado XXXVII y XXXVIII respectivamente para facilitar la contabilización de los enterramientos.
Figura 3.21. Dibujo de las Sepulturas I y II en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
31
[page-n-33]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Restos humanos: Preadulto. En el estudio antropológico se
señala una confusión en el etiquetado de los restos con la Sepultura XXXV (ver Anexo II). Optamos por asignar los restos a esta
sepultura porque de la XXXV apenas hay información y tan solo
se indica que dio “ligeros restos de huesos” (ver infra).
Cronología: Posterior a la Sepultura XXXVII (antigua I bis).
Por el puñal y la moharra de gran tamaño se puede datar a principios del siglo IV a. C.
Figura 3.22. Ajuar de la Sepultura I. 1: puñal con punta de cuchillo adherida (MPV 19 y 47151); 2: fragmentos de la vaina (MPV 47151
y 17); 3: anillas de escudo (MPV 15 y 16); 4: placa de cinturón; la placa pasiva tiene adherido un fragmento de la vaina (MPV 47073 y
47097); 5: regatón en parte adherido a la placa de cinturón (MPV 47073 y 47097); 6: punta de lanza con lámina de bronce adherida (MPV
47771); 7: soliferreum (MPV 47073 y 47098); 8: cuchillo (MPV 47151); 9: pinzas (MPV 18); 10: placa de hueso con dos incisiones paralelas (MPV 47779); 11: fíbula anular (MPV 47125); 12: posible fíbula anular (MPV 47084).
32
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documentación e intervenciones
3.3.2.2. Sepultura II
Se excavó en 1918, igual que la I, cuando Ballester Tormo esperaba encontrar restos de viviendas. En el diario anotó al margen
“IIª”. Incluye un croquis de la estructura con medidas y distancia respecto a la Sepultura I, así como la orientación (fig. 3.21).
Descripción (según diario nº 67): “A P. de la construcción
anterior parecía notarse otra semejante. Hicimos una cata a continuación de la precedente, sucediéndose la misma capa, hasta
aparecer la mancha de cenizas y junto al lado NO el pocito ó (sic)
balsita de barro amasado con paja pero casi del todo borrosa ó
(sic) destruida conteniendo muy arregladito y en sentido plano
sobre cenizas y huesos un puñal espada de enmangadura plana y
hoja nervada, diversos trozos de hierro de esa larga pieza o chuzo
de hierro, un cuchillo de lo mismo; una anilla y gran parte de
una agrafe de cobre o bronce casi completo el elemento activo,
q. lleva unas rosetas superpuestas; todo ello cubierto por encima
de barro”.
Estructura: Como la Sepultura I, se trata de un encachado
casi cuadrado, con grandes piedras en la base y los ángulos. Los
lados NE y SE conservaban una solo hilada, mientras que los
SO y NO tenían varias hiladas de piedras menores. Se indica la
presencia de una línea de tierra roja de 1 cm de espesor cerca del
lado SO. Además, hay un loculus descentrado donde se depositó
el ajuar y la cremación.
Ajuar: En el interior del loculus y sobre las cenizas y huesos,
puñal y vaina, soliferreum, cuchillo de hierro y placa de cinturón
de bronce (figs. 3.23, 3.24 y 7.18).
Restos humanos: Infantil II-Predulto.
Cronología: Por el puñal de frontón, la cronología se encuentra entre el siglo V y las primeras décadas del siglo IV a. C.
3.3.2.3. Sepultura III
Se excavó el 26 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Se inician las excavaciones limpiando y ahondando el terreno al N de la pared de ese
lado de la sepultura II. Al N del ángulo NE de aquella y como a
unos 35 cts. parece iniciarse el ángulo de otra sepultura, cuyas
paredes se trata de descubrir.
A lo largo del paramento del lado L de dicha sepultura y al
limpiar dicho lado para encuadrar aquella, y cerca del mismo
ángulo y como á (sic) unos 30 cts. aparece un hierro de lanza del
que resta solo el cubo y el nervio de la hoja de la que solo queda
un poco (mide [en blanco] cts.)5. A la distancia de 1’80 mts. contada desde el ángulo N. de la repetida sepultura y á (sic) 0’92 de
dicho punto y 0’45 de profundidad aparece un cuenco asentado
normalmente y cubierto con una copa grande sin pié (sic) [añadido posteriormente en una línea superior], tipo Almedinilla y
Covalta. Alrededor del sitio del hallazgo nótase una gran mancha de cenizas, carbones y tierra quemada con algo de tierra q.
parece serlo de enlucido. (¿Se enlució el fondo del suelo para la
cremación?) Alrededor y debajo aparecen otros trozos de tiesto;
5 Muchas medidas están en blanco en el diario, posiblemente porque las
recoge posteriormente en los croquis y plano general. No debió considerar
necesario rellenar los huecos.
Figura 3.23. Ajuar de la Sepultura II. 1: soliferreum (MPV 47054 y
24); 2: anilla de vaina (MPV 47054); 3: puñal (MPV 23); 4: cuchillo
(MPV 25); 5: placa de cinturón (MPV 59).
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.24. Ajuar de la Sepultura II. 1: soliferreum; 2: cuchillo, puñal y vaina (Archivo fotográfico SIP).
entre ellos una boca con forma de trompeta y varios trozos del
propio vaso= III” (desde una boca, subrayado). En el margen
izquierdo pone III.
Estructura: Se trata de una sepultura en hoyo que estuvo enlucido. En las notas del cuaderno nº 68 aporta detalles sobre las
medidas de la mancha (“100 cts.” de diámetro) por lo que debe
tratarse de un bustum; también señala que el lebes estaba lleno
de huesos hasta la mitad y estaba tapado por la escudilla o pátera
en posición invertida.
34
Ajuar: Lebes como urna y pátera haciendo de tapadera (fig.
3.26)6; además una escudilla y parte superior de una botella.
Como armamento se cita en el diario una lanza muy incompleta que, por la descripción, consideramos que es una de las
6 En la fotografía del Archivo fotográfico del SIP, la pátera es la pieza que
hace de tapadera, en cambio en la descripción del diario dice “copa grande
sin pié” que debe corresponder a la escudilla. En cualquier caso, no afecta
a la interpretación.
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documentación e intervenciones
catalogadas como carentes de contexto (fig. 3.25, 5). El ajuar
estaba disperso al exterior del loculus y algún fragmento cerámico en el fondo.
Restos humanos: Adulto joven, femenino.
Cronología: La cerámica aporta una cronología de principios
del siglo III a. C. La lanza tiene una cronología más antigua.
3.3.2.4. Sepultura IV
Se excavó el mismo día que la anterior (26 de marzo de 1919).
Descripción (según diario nº 67): “A [en blanco] de la pared
NE dicha y … (sic) al SE del hoyo anterior aparece otra mancha de carbones y cenizas, y como un pequeño hoyo en medio
conteniendo restos cerámicos, al parecer pertenecientes á (sic)
dos piezas, una de ellas bastante completa, en forma de especie
de botella con boca de trompeta, [subrayado doble] y con ellas
dos fusayolos (sic) como de forma cónica en cuya parte superior
debió ensancharse según denotan las roturas que tienen en dicho
lado, y otro más pequeño, bitroncocónico de bases coincidentes.”
En ese momento se planteó la posibilidad de que III y IV fuesen la misma sepultura, pues no encontró “restos óseos ni útiles
ni joyas”. Pero inmediatamente descarta dicha posibilidad por la
separación existente entre ambas “hogueras”.
En las notas del diario nº 68 plantea la posibilidad de que se
trate de una tumba expoliada “en lugar tan frecuentado por el
hombre durante siglos, á (sic) pocos pasos de una casa de labor
y en los mismos ensanches de la era”, apuntando la posibilidad
que se hubiera destrozado haciendo leña.
Estructura: Se trata de una sepultura en hoyo situado en medio
de una mancha de cenizas. Ballester Tormo considera que estaba
expoliada o era un cenotafio ya que no se encontraron restos
humanos.
Ajuar: Botella, orza y dos fusayolas en el interior del loculus
(figs. 3.25 y 3.26, 2).
Restos humanos: No se encontraron.
Cronología: La botella es igual a la de la tumba anterior por
lo que podría tratarse de un enterramiento o depósito de inicios
del siglo III a. C.
3.3.2.5. Sepultura V
Se excavó entre el 26 y el 27 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Al N del ángulo de dicho
lado de la sepultura II, á (sic) distancia de [en blanco] donde las
catas practicadas el año anterior se acusaba el ángulo de otra
construcción, ha sido plenamente comprobada esta (sic). Se trata
al parecer de un pequeño monumento funerario: mide 2’30 de
largo (en dirección NE-SO) por los mismos aproximadamente de
ancho. La cara superior es muy desigual, y presenta la particularidad de tener por los lados N, S y parte de O, un rebanco a manera
de estribo ó (sic) refuerzo, de un promedio de anchura de 55 cts.
aproximadamente x 42 de alto [las medidas están añadidas en la
línea superior]. Nótase que por el ángulo SO donde parece roto
el estribo, asoma tierra quemada, tal vez de la hoguera sobre la
que se levantó la tumba. La denominamos V”. Incluye un croquis
de planta y sección con las medidas (fig. 3.12).
En el texto del 27 de marzo señala que al excavar el interior
había capas alternas de piedras y tierra y a unos 30-35 cm de
profundidad, una capa de tierra quemada con alguna loseta y
por debajo tierra negra con carbones. En ella se recuperaron una
pequeña fusayola esférica aplanada, un trozo de hierro, un cuchillito, varias “perlas” cilíndricas –que él sugiere sean de cornalina
o coral-, restos de una fíbula y pulsera, además de “pequeños y
escasos trocitos de hueso”.
Estructura: Se trata de un encachado casi cuadrado y escalonado, construido encima de la pira.
Ajuar: Una lámina de hierro, dos fíbulas de bronce, unas pinzas, una pulsera de bronce, unas cuentas de collar, una fusayola,
cinco recipientes cerámicos incompletos, dos de ellos probablemente son botellas y un plato. Además de “un cuchillito”, según
el diario, no identificado pero que podrían ser las pinzas que
no se citan o la lámina de hierro. Según se describe, el ajuar se
encontró entre los restos de la cremación (figs. 3.27, 4.50 y 4.52).
Restos humanos: Escasos huesos que no se han encontrado
en el depósito del MPV.
Cronología: Por las botellas podría ser de principios del siglo
III a. C.
3.3.2.6. Sepultura VI
Como la anterior se localizó el 26 de marzo de 1919, se delimitó
el 27 y se excavó el 28.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Cuasi á (sic)
L de esta última construcción aparece el cuadrado de una gran
sepultura que mide: lado NO y opuesto 4’20 mts; NE sobre 4’21
y SO. 4’50 mts. Dista este último lado (el más inmediato á [sic]
V) dista (sic) de la inmediata pared de la construcción, á (sic) la
que es aproximadamente paralela, 0’53 m”.
El día 28 señala que el aparejo es de piedras grandes en los
ángulos y medianas en los paramentos. El lado NE conservaba
67 cm de altura y la NO, 75 cm. En el interior, se alternaban una
capa de piedras medianas y tierra; por debajo piedras de mayor
tamaño y, a más de 40 cm, una capa de tierra mezclada con cenizas; a continuación, otra capa de piedras gruesas próximas a los
ángulos y paredes. A unos 80 cm junto al lado O, se encontró
una mancha de cenizas y tierra quemada. Al no encontrar resto
alguno “a pesar de ahondar hasta encontrar el suelo natural” se
planteó la posibilidad de que fuera una antigua “mansión” reutilizada o una tumba expoliada.
En el diario nº 68 propone que fuera un monumento conmemorativo a un difunto muerto lejos; y, a pesar de considerarlo
“algo imaginativo”, le parece “la solución más lógica o menos
absurda al problema que esta tumba sin muerto plantea.”
Estructura: Se trata de un gran encachado casi cuadrado construido sobre una mancha de cenizas. Posible cenotafio (fig. 3.14).
Ajuar: No se encontró.
Restos humanos: No se encontraron.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.7. Sepultura VII
Excavada el día 27 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Se descubre la tumba
VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de 2’30 mts aproximadamente [en línea superior] de lado, y de la altura de una
sola hilada de piedras que viene á (sic) dar un promedio de
0’25 á 0’35. Apenas quitadas la primera capa de piedras de la
superficie, aparecen aquellas sucias de cenizas por sus caras
35
[page-n-37]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.25. Arriba: ajuar de la Sepultura III. 1: lebes (MPV 24069); 2: escudilla (MPV 47056); 3: pátera (MPV 24070); 4: botella (MPV
47056); 5: punta de lanza ( MPV 40). Abajo: ajuar de la Sepultura IV. 1: fusayola con cabeza rota (MPV 47153); 2: fusayola acéfala (MPV
47153); 3: orza (MPV 47159); 4: botella (MPV 70).
36
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documentación e intervenciones
1
2
Figura 3.26. 1: lebes y pátera como tapadera de la Sepultura III; 2: botella de la Sepultura IV (Archivo fotográfico SIP).
Figura 3.27. Ajuar de la Sepultura V. 1: pulsera (MPV 47121); 2 y 3: fíbulas anulares (MPV 45 y 47121); 4: cuentas (MPV 47120, 66 y
65); 5: lámina de hierro (MPV 47120); 6: pinzas (MPV 47121); 7: botella (MPV 47120); 8: tinajilla (MPV 47120); 9: posible botella (MPV
47120); 10: fragmento con decoración pintada (MPV 47120); 11: fusayola de clase B (MPV 68).
37
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la necrópolis ibérica de casa del monte
inferiores, y sin apenas capa de arcilla que las separe de los
restos de la hoguera se muestra ésta enseguida, y en especial
amontonadas hacia el ángulo NE de la tumba y hasta la mitad
de la extensión de cada pared que forma ángulo. Entre la tierra
quemada se encuentran: Un gran puñal (o espada corta) roto
en dos trozos, una hoja de lanza mediana, y trozos del útil,
de aplicación desconocida que tanto se da en esta necrópolis;
y un poco más al centro una fíbula ibérica grande. Tambien
mezclados con los hierros y la tierra aparecen muchos tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las q. (sic) se dieron en Covalta en las excavaciones últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos
restos hóseos (sic), que no sabemos si son humanos y restos
de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en
el resto de (sic) área de la tumba apenas si hay tierra negra y
cenizas; q. (sic) no se ha notado restos de pocito; y q. (sic) en
nivel inferior al gravon sobre q. (sic) se asentaban las cenizas,
y por bajo de las piedras q. (sic) forman la pared E, se ven
evidentes restos de hoguera, así como si la tumba se hubiera
levantado sobre una de ellas ó (sic) como si la que debió
hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera rebasado
por tal lado el área de aquella. Hacemos un corte en esta, para
dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse
una especie de terraza cuadrada escavando (sic) el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas á (sic) nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez
sobre tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos
rebasaron el borde y rodaron á (sic) nivel más bajo por el lado
que antes se indica”.
Estructura: Se trata de un encachado casi cuadrado, construido sobre los restos de la pira funeraria amontonados hacia el
ángulo NE de la construcción.
Ajuar: Espada, vaina, cuchillo, soliferreum, escudo y fíbula
entre la tierra con cenizas y carbones. Entre los carbones recogidos se han podido identificar dos higos carbonizados, dos bellotas
además de restos de cereal panificado (figs. 3.28, 3.29, 5.12, y
5.16-5.18). En escritos posteriores se adjudica “la copa campaniana” a la Sepultura VII bis, actual XXXVIII.
Restos humanos: Restos óseos de Adulto y Preadulto, uno de
ellos podría ser de la Sepultura XXXVIII (ant. VII bis).
Cronología: Posterior a Sepultura XXXVIII (ant. VII bis),
primera mitad del siglo IV por espada de frontón.
3.3.2.8. Sepultura VIII
Se excavó el día 28 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “VIII. Limpiando el terreno
á (sic) L de VII y á 3 y 3’15 mts de la pared de dicho lado (sic)
respectivamente de los ángulos N y E de tal construcción y 2,80
del S de VI, aparece en el suelo á (sic) unos 20 cts. de profundidad, una mancha de tierra quemada y carbones encima en la que
se encuentran algunas piedras de mediano tamaño. Explorada
resulta una pequeña poza con cenizas, carbones y huesos humanos, entre los que se hallan una lanza de mediano tamaño, trozos,
al parecer de una falcata [en una corrección posterior situada
sobre este término se indica “espada de antenas”], un asidero de
escudo (incompleto) una gran fíbula hispánica, restos de vaina
de espada y algunos hierros informes, con escasos tiestos. Mide
la mancha de cenizas, en su promedio que afecta forma elipsoidal unos 35 ó 40 cts. por 55 ó 60, y el fondo se halla a unos 60
cts. del nivel del suelo. Aparecen alrededor de la poza algunos
trozos de cerámica [se cambia por “obra”] o barro cocho y hasta
calcinado, que nos hace sospechar si el pequeño hoyo se enlucía
antes de usarlo. Es de notar que aparte algunos trozos de hierro
en la poza apareció primero la lanza a trozos, luego la falcata
[corregido por espada incompleta en línea superior] en su mayor
parte debajo de la lanza y un trozo a su nivel, y después los restantes objetos. Se denomina VIII”.
Estructura: Tumba en hoyo elipsoidal enlucido, posiblemente
con una cubierta de piedras parcialmente destruida. Por la mancha
de cenizas y carbones pudo construirse sobre la pira.
Figura 3.28. Ajuar de la Sepultura VII:
espada con fragmento de cuchillo adherido,
soliferreum, escudo y fíbula (Archivo fotográfico SIP).
38
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documentación e intervenciones
Figura 3.29. Ajuar de la Sepultura VII. 1: fíbula anular (MPV 47136); 2 y 4: soliferreum (MPV 13, 14, 47076, 47079, 47086, 47093, 47094
y 47132); 3: higo carbonizado (MPV 6438); 5: fragmentos de escudo (MPV 47137); 6: espada con fragmento de cuchillo adherido (MPV
13); 7: fragmento de vaina (MPV 47091).
Ajuar: Espada y vaina, lanza y regatón, fíbula (no identificada), fragmentos de copa y escudilla. La manilla de escudo está
citada por Fletcher Valls y Pla Ballester (1977, 172) y suponemos
que puede ser un fragmento sin referencia (fig. 3.30). Todo estaba
en el interior del loculus. La lanza y la espada se colocaron en la
parte superior (fig. 7.19).
Otros: Se recogieron cuatro fragmentos de tierra quemada.
Restos humanos: Adulto masculino.
Cronología: Mediados del siglo IV a. C. por la lanza mediana.
3.3.2.9. Sepultura IX
Se empezó a descubrir el dia 28 pero se excavó el 29 de marzo
de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Hoy se ha seguido descubriendo, apareciendo un cuadrado de unos 2’98 de lado, si bien la
pared ó (sic) lado NE parece borrosa. Descubierta cuidadosamente
se halla: primero una capa de piedras de mediano tamaño y tierra y
a unos 30 ó 40 cts. de profundidad se da especialmente en el lado
SO y como hasta el centro una capa de tierra cocida amasada con
paja, de unos 15 á (sic) 20 cts. de espesor según los sitios y debajo
y arrimada al centro pero únicamente de dicho lado la pequeña poza
con ceniza, tierra y piedrecillas [esta última palabra añadida en
línea superior] quemadas, huesos y armas y útiles que debió tener
unos [esta palabra añadida en línea superior] 10 cts. de profundidad
[añadido en línea superior]. Han sido halladas: un espada o puñal
[palabra rodeada de puntos] grande, roto en dos trozos, otros que
parecen de lanza, una gran fíbula hispánica y debajo de todo unas
pequeñas pinzas. No se nota orizontalidad (sic) en la colocación
de las piezas grandes. Hay una vez más indicios de que colocados
los restos y útiles, en la poza se cubría todo con barro amasado con
paja. Es de notar que sobre el resto de área de la sepultura aparece
solo arena con escasa piedra y que apenas si se dan algunos trozos
de [las últimas tres palabras añadidas en línea superior] tiestos en el
enterramiento. A L de la pared de ese lado han aparecido muchos
tiestos al parecer de una misma pieza (especie de tinaja mediana).
Designamos esta sepultura con el IX”.
Estructura: Estructura de piedras y tierra casi cuadrada, construida sobre loculus, descentrado, cubierto con tierra y paja. En
su interior se depositaron los restos de la cremación y el ajuar.
39
[page-n-41]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.30. Arriba: ajuar de la Sepultura VIII. 1: fragmentos de cerámica pintada (MPV 47081); 2: escudilla (MPV 47081); 3: pie destacado
(MPV 47081); 4: regatón (MPV 47053); 5: punta de lanza (MPV 39); 6: fragmento de escudo (MPV 47115); 7: espada (MPV 38); 8: vaina
(MPV 47153). Abajo: ajuar de la Sepultura IX. 1 y 2: fíbulas anulares (MPV 47106 y 29); 3: espada (MPV 26); 4: vaina (MPV 47083 y 47106);
5: escudo (MPV 47106); 6: pinzas (MPV 28); 7: regatón (MPV 47083); 8: punta de lanza con cubo decorado con cobre y plata (MPV 31).
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documentación e intervenciones
Ajuar: Espada, vaina, lanza, escudo, dos fíbulas anulares
(aunque sólo se cita una), pinzas y cerámica (figs. 3.30 y 3.31).
La cerámica no se ha identificado entre los materiales depositados
en el MPV, pero puede ser alguno de los fragmentos inventariados
sin referencia (MPV 47111) (Anexo I, tabla I.53).
Otros: Material de construcción (fig. 3.58, 2).
Restos humanos: Adulto ¿femenino?
Cronología: Por la moharra mediana se puede fechar hacia
mediados del siglo IV a. C.
3.3.2.10. Sepultura X
Se excavó el día 29 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “X. Explorando á (sic) L
de IX y tan inmediato a ella que su ángulo E está en contacto
con el O de la nueva construcción, aparece esta consistente
en un pequeño cuadrado que mide sobre 2’40 mts de lado. A
unos 32 cts. y tras una pequeña capa de tierra cocha (unos 8
cts.) [esta cifra aparece sobre un término tachado] aparece un
trozo de cuchillo curvo y casi al mismo nivel una fíbula de
mediano tamaño, otro trozo que parece arco y parte de aro
de otra grande y la aguja de la misma. Luego un fusayolo
bitronco-cónico (sic) pequeño y otro q. (sic) parece una garrucha. Se aislan las cenizas y tierra quemada, que aparecen en
el mismo centro de la sepultura formando una capa sobre el
fondo de unos 12 cts.
Junto con los fusayolos (sic) que fueron saliendo alineados,
como bordeando la poza por las caras paralelas á (sic) los lados
NE y SE, y como amasijados con el barro fueron saliendo trozos
de tiesto como de un plato ibérico y otros que nos parecen campanianos o áticos, si bien no podemos precisarlo por la suciedad
que los cubre.
Se notó claramente que las fíbulas, fusayolos (sic) y tiestos
estaban recubiertos de barro”.
Estructura: Encachado casi cuadrado y loculus centrado, en
cuyo interior estaba depositado parte del ajuar. Las fusayolas se
colocaron rodeando los lados NE y SE del hoyo.
Ajuar: Tres fíbulas y otra posible, un cuchillo, ocho fusayolas y una pieza semejante, un plato ibérico, seis copas de barniz
negro, pasta vítrea, pinzas de bronce, un posible lingote de bronce
y restos de bronce irreconocibles (figs. 3.32 y 4.17).
Otros: Se recogieron cuatro fragmentos de tierra quemada
(fig. 3.58, 3).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: Mediados del siglo IV a. C. por las copas de
barniz negro ático.
3.3.2.11. Sepultura XI
Se excava el mismo día que la anterior (29 de marzo de 2019).
Descripción (según diario nº 67): “Desfondando el terreno en
el ángulo que al N forman las sepulturas IX y X, se descubre una
pequeña sepultura separada sobre 0’50 m. del lado más orientado al N de la citada en último término, y con lados paralelos á
(sic) los de esta (sic). Formaba un pequeño rectángulo de 1’125
x 1’12, siendo los lados mayores los paralelos á (sic) los de la X.
Quitadas unas pocas piedras de mediano tamaño que la cubren y
una delgada capa terrosa que parece serlo de barro, se encuentran
abundantes cenizas y carbones mezclados con tierra quemada y
Figura 3.31. Ajuar de la Sepultura IX: espada, punta de lanza, pinzas,
fíbula, regatón y escudo (Archivo fotográfico SIP).
algunos huesos [esto último añadido en línea superior] y entre
todo ello restos carbonizados de un cinturón (¿) adornado con
rosetas estampadas [esta última palabra añadida en línea superior] de las que aun aparece una completa, una sortija de plata y
una pequeña fíbula.
Tiene esta pequeña sepultura formadas las paredes de una
sola hilada de piedras de mediano tamaño, de las que otra fila
interior de piedras despegadas cubría parte de las cenizas. Reposaban estas sobre el fondo de gravon del suelo natural, y tenían
un fondo de sobre 30 cts. Se la indica con el nº XI”.
Estructura: Encachado rectangular construido sobre los restos
de la pira, entre los que se recuperó el ajuar. La altura conservada
es de unos 20 cm.
Ajuar: Anillo de plata, anillo de bronce, fíbula, placa de
madera de boj y algunos fragmentos cerámicos (fig. 3.33).
Restos humanos: Adulto mayor de 14 años.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.12. Sepultura XII
Excavada el mismo día 29, pero antes que la XI.
Descripción (según diario nº 67): “Limpiando el terreno
al S de XI donde se marca otra pequeña sepultura [la última
palabra añadida en línea superior] y en el espacio comprendido
entre dicha sepultura, la X y el enterramiento VIII, y á (sic)
unos 3’40 metros de la X [añadido en línea superior], aparece
otra cámara cuadrada, ó cuasi (sic) cuadrada, que mide 1’76
m, en dos lados paralelos por 1’86 en los otros dos; siendo los
mayores los orientados aproximadamente de N á (sic) S. Es de
notar que las paredes de esta tumba son, como generalmente
sucede, paralelas á (sic) las restantes. Designamos esta sepultura con el XII.
XII [al margen] Mientras se va desfondando el terreno en el
ángulo que forman las sepulturas IX y X, al N, procedemos á
escavar (sic) la XII. Apenas limpiada su parte superior de una
capa de arena con algunas, escasas piedras, aparece una ligera
mancha de cenizas y la mayor parte de una copa ibérica de las
de pequeño pie, o cazoleta ibérica del tipo tan conocido, con
41
[page-n-43]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.32. Ajuar de la Sepultura X. 1: fusayolas (MPV 47122); 2: plato (MPV 47069); 3-8: copas Lamboglia 22 (MPV 47058); 9: pieza
indeterminada (MPV 47122); 10: clavo (MPV 47122); 11: cuchillo (MPV 47122); 12 y 13: fíbulas anulares (MPV 63 y 47127); 14: anilla (MPV 47127); 15: aguja de fíbula anular (MPV 47127); 16: pinzas (MPV 47127) (fotografía M. Blasco Martín); 17: lingote (MPV
47122); 18: dos fragmentos de pasta vítrea (MPV 47127); 19: fragmentos cerámica ática de barniz negro con impresiones (MPV 47058).
42
[page-n-44]
documentación e intervenciones
unos pocos huesos. Es digno de subrayarse la escasez de cenizas,
apenas perceptibles, y de huesos, así como la carencia de útiles,
armas y joyas. ¿Es que esta sepultura por estar en la parte alta,
afloraron y se perdieron en algún tiempo los objetos depositados
ó (sic) fue saqueada?”
Estructura: Encachado casi cuadrado con apenas cenizas. Una
sola hilada conservada de unos 28 cm.
Ajuar: Cinco copas de barniz negro no citadas por Ballester
Tormo (fig. 3.33). La “copa ibérica” utilizada como urna pudo
ser alguna de éstas o bien los escasos fragmentos cerámicos sin
referencia (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: Siglo IV a. C. por el barniz negro ático.
N de las dos tumbas citadas, se encontró una especie de fosa ó (sic)
pocito mal definido con algunas cenizas y carbones y escasos huesos y tiestos. No se recogió metal alguno. Pudiera ello explicarse
por haberse perdido ya que está la poza al mismo borde del pequeño
desnivel que linda y vierte sobre el camino de Valdeganga. XIII”.
Estructura: Hoyo en cuyo interior se depositaron los restos
de la cremación y alguna cerámica. Posiblemente erosionada
(fig. 3.14).
Ajuar: Algunos fragmentos cerámicos no identificados en el
depósito del Museu de Prehistòria, pero pueden ser algunos de los
inventariados sin referencia (MPV 47111) (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: “Escasos huesos” no depositados en el MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.13. Sepultura XIII
3.3.2.14. Sepultura XIV
Excavada el 29 de marzo, último día de la campaña de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Explorando el terreno al N
de X y XI, donde como ya queda dicho se acusaba una mancha de
cenizas, y á (sic) 1’65 y 2’10 mts respectivamente de los ángulos
Se excavó el 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Quedó ayer bien
demarcada la sepultura XIV que ya en la campaña del año anterior determinamos aún apareciendo solo la pared del lado SE.
Figura 3.33. Arriba: ajuar de la Sepultura XI. 1: placa madera de boj con decoración impresa y grabada (MPV 64) (Archivo fotográfico
SIP); 2: anillo de bronce (MPV 58); 3: anillo de plata (MPV 49) (Archivo fotográfico SIP); 4: fíbula anular (MPV 48). Abajo: ajuar de la
Sepultura XII. 1-4: bolsales (MPV 47101); 5: copa Lamboglia 21 (MPV 47101).
43
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Forma un cuadrado de [en blanco]. Sus paredes están en general
construidas con losetas y como siempre no se las halla la cara
interior”.
En las notas del diario nº 68 se dice lo siguiente:
“Las paredes de esta sepultura en general formadas por losetas sentadas a lo largo de aquellas. Mide la pared NE 3’80, la NO
3’89, la SE 3’80 y la SO 3’82. El corte interior, aun existente al
descubierto, aparece borroso. Se notan gruesas y medianas piedras mezcladas con tierra y barro. No se nota raya de tierra cocha.
Unos 20 cts de tierra humus: sobre 40 de piedra; y unos 32 de
tierra detritus de barro; y bajo el gravón de la loma. Hecha una
cata en la pared NE, da una altura de 44 cts, sentada sobre barro
con puntos rojos y blancos (especie de mortero) formando una
capa de 1’3 cts y debajo el gravón de la loma”.
Estructura: Encachado cuadrangular construido sobre un
suelo de barro cocido.
Ajuar: Una placa de cinturón completa, una fíbula, un puñal
de frontón y su vaina, tres cuchillos, una punta de lanza, un soliferreum, una pátera ática, un plato, dos tinajillas, una tinaja, un
tejuelo, laminitas de bronce (fig. 4.17), una piedra pulida y una
pata de bovino de terracota (fig. 3.34). No hay indicaciones sobre
dónde y cómo apareció el ajuar, pero se ha podido reconstruir
parcialmente al conservarse adheridos el puñal, la punta de lanza
y la placa de cinturón (fig. 7.20).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Por la tinaja de hombro podría ser próxima al
siglo III a. C. ya que el puñal y la moharra tienen una cronología más antigua.
3.3.2.15. Sepultura XV
Se excavó el 26 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Se explora el
terreno al NO de la sepultura VI y de la IX y en el espacio comprendido entre ambas.
Entre dichas sepulturas y a unos 15 cents. del terreno
superficial aparece bien determinada una pequeña sepultura
cuadrangular que mide [en blanco] de lado (ya se precisará en
el croquis la medida exacta de cada uno). Se la designa con el
nº XV”.
“ Se excava la pequeña sepultura descubierta (XV) y muy
superficial, sin apenas alguna piedra mediana encima y el resto
tierra, aparece en el centro de la sepultura una gran masa de
cenizas que revueltas cuidadosamente acusa algún hueso sin que
aparezcan restos algunos cerámicos ni de metal. La pared de esta
sepultura se compone de una sola hilada de piedras encaradas
hacia fuera y de mediano tamaño. Da la sensación de haber sido
explorada.
También al NO de IX se descubre otra pared paralela á (sic) la
de aquella, y á (sic) distancia de 70 cts de la misma. Se explora y
comprueba que se acoda asímismo en ángulo recto cuasi enfrente
mismo del ángulo O de dicha sepultura. Tiene la pared paralela
á (sic) IX la particularidad de que al medir 2’60 mts contados
desde el ángulo descubierto, forma un ángulo saliente hasta el
punto que el callejón de separación queda reducido a 30 cts, o
sea que tiene el ángulo 40.”
En el diario nº 68 escribió: “Es una sepultura pequeña. Mide
en sus lados aproximadamente: el NO 1’64, el NE 1’75; el SE
1’68 y el SO 1’69. La forman piedras de tamaño desigual (la
44
pared NO dos gruesas piedras cuasi la completan); y tiene de
altura la pared últimamente citada 29 cts. Debajo de ella se nota
una capa de barro de alguna profundidad”.
Estructura: Encachado cuadrangular con los restos de la cremación en el centro.
Ajuar: Aunque en el diario Ballester Tormo dice que no
encontró ajuar, en los almacenes del MPV hay seis fíbulas, una
anilla y una base recortada de cerámica ibérica (fig. 3.35). Dos
de las fíbulas y la anilla están recogidas en el primer inventario
del SIP (fig. 3.36).
Restos humanos: Adulto joven.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.16. Sepultura XVI
Se excavó el 26 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Al NO de VI, á (sic)
1’10 mt de la pared de dicho lado y en el punto que precisan
las siguientes medidas tomadas de los ángulos N y O de tal
sepultura respectivamente, 2’69 y 2, y á (sic) unos 40 cts de
profundidad un golpe de azada saca trozos recién rotos de una
pieza cerámica. Limpiado y vaciado á (sic) su alrededor aparece una pieza de forma de perolete que estaba cubierta con
una piedra. Ocupa el centro de una mancha de tierra negra y
cenizas. Al sacarlo de su sitio y por una rotura sale una pequeña
fíbula á (sic) la que le falta parte del aro. Aparece el vaso completamente lleno de tierra y huesos, estos en la mitad inferior
y ningún otro resto de metal. Al limpiar y vaciarlo de tierra se
ha abierto por varios sitios, pero será de fácil reconstrucción.
Se la designa con el nº XVI”.
Estructura: Urna tapada con una piedra, metida en un hoyo
con cenizas alrededor.
Ajuar: La fíbula citada no se ha encontrado, en cambio sí que
hay una pulsera y un anillo, que debieron estar en el interior de
la urna (figs. 3.35 y 3.37). Fletcher Valls y Pla Ballester (1977,
173) citan piezas de armamento que también aparecen en uno
de los inventarios pero que no se han encontrado en el MPV ni
tampoco publicó Ballester Tormo en su día (1930, 36, fig. 17)
por lo que no se han tenido en cuenta.
Restos humanos: Adulto masculino.
Cronología: La orza que hace de urna se data en el siglo IV
a. C. en el área oretana.
3.3.2.17. Sepultura XVII
Se excavó el 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Al NO de XV y de VI
aparece muy bien determinada una pared de sepultura orientada
como todas. Siguiendo su paramento exterior en dirección O, se
acoda en ángulo recto en la orientación dicha de NO y en una
extensión de 3’70 metros, en cuyo punto parece y luego se comprueba, que forma acodándose de igual modo el tercer lado del
rectángulo de la tumba. Para precisar en el croquis la situación
de este nuevo enterramiento tomamos las siguientes distancias
de los dos ángulos, con referencia á (sic) los inmediatos (lado
NO) de la sepultura VI: El ángulo S de esta nueva sepultura, que
designamos con el nº XVII dista del N y O de VI, 1’35 y 2’85
mts respectivamente, y el ángulo O, también respectivamente,
4’55 y 5’10”.
[page-n-46]
documentación e intervenciones
“Limpiando de piedra y tierra la mitad NO de la que hemos
denominado como sepultura XVII, sobre el centro de tal lado
y á (sic) unos 40 cts de profundidad, han aparecido entre la
tierra arenisca y alguna pequeña piedra, primero una hoja muy
afectada por el óxido que nos parece de jabalina, y que se ve
se acababa de desunir de otro trozo, y luego unas como varillas de hierro una, revuelta sobre sí misma como formando
una doble curvatura, que mide 1’23 mts y otro que también
parece curvarse por uno de los extremos que tiene 0’57 de
medida. La curvatura de éste parece coincidir con la del otro
trozo en cuyo caso debió medir tal vástago 1’80 mts, á (sic)
los que sumado los 9 cts que mide la pequeña hoja, dan un
total de 1’89, medida posible de una jabalina soliférrea (sic).
Cuasi debajo del sitio que ocupaba la antedicha, aparecen: una
espada de antenas (bien separadas, esféricas) de mango tubular; trozos de espada entre anillas y remaches (¿de escudo?)
abrazadera de éste, hoja [ilegible] y regatones. Se guarda en
cajas etiquetadas”.
Figura 3.34. Ajuar de la Sepultura XIV. 1: tinaja sin hombro (MPV 47160); 2: tinajilla sin hombro (MPV 47143); 3: asa de tinaja con hombro (MPV 47143); 4: copa Lamboglia 21 (MPV 47143); 5: base indicada, cerámica gris (MPV 47160); 6: pata de bovino (MPV 47143); 7:
piedra trabajada (MPV 47143); 8: tejuelo (MPV 47160); 9: placa de cinturón (MPV 50335 y 50336); 10: punta de lanza adherida a puñal
y restos de placa de cinturón (MPV 32, 34 y 35); 11-13: cuchillos (MPV 47141 y 47143); 14: vaina (MPV 47134 y 47135); 15: fragmento
de soliferreum (MPV 47141).
45
[page-n-47]
la necrópolis ibérica de casa del monte
En el diario nº 68 señala que hay una capa de tierra roja por
toda la extensión, además de describir el tamaño de las piedras
y dar las medidas del encachado.
Estructura: Encachado cuadrangular.
Ajuar: Espada y restos de la vaina, cuchillo, manilla de escudo
y dos regatones. Un soliferreum, bien descrito en el diario, que Fletcher Valls y Pla Ballester recogieron en 1977 (173), del que podría
formar parte la punta, además de fragmentos de hierro informes
(fig. 3.38). Por debajo del soliferreum estaba el resto de la panoplia.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Principios del siglo IV a. C. por la espada de
antenas y el asidero de escudo.
3.3.2.18. Sepultura XVIII
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Apenas comenzados los trabajos queda bien determinada y en condiciones de
excavar la sepultura XVIII. Miden sus lados, aproximadamente
2’80, si bien su lado NE parece por ahora ser una pared que la une
Figura 3.35. Arriba: ajuar de la Sepultura XV. 1-6: fíbulas anulares (MPV 55, 56 y 47158); 7: anilla abierta de bronce (MPV 57); 8: base
cerámica recortada como tejuelo (MPV 47110). Abajo: ajuar de la Sepultura XVI. 1: pulsera con decoración incisa (MPV 47164); 2: anillo
con cánido grabado en chatón (MPV 60); 3: orza (MPV 2146).
46
[page-n-48]
documentación e intervenciones
Figura 3.36. Página del inventario donde se detallan piezas de la
Sepultura XV (Archivo documental SIP).
Figura 3.37. Orza de la Sepultura XVI (Archivo fotográfico SIP).
á (sic) las construcciones ó (sic) construcción no bien precisadas
existentes entre esta y la IX. Las paredes están formadas por una
hilada de piedras de mediano tamaño, habiéndose procurado que
las caras planas den al exterior; pero aquí como en la mayor parte
de construcciones, se ha ido luego rellenando de piedras, con lo
que, en realidad, no hay propiamente paredes.
Excavada esta sepultura da primero una capa de piedras y
tierra de diverso espesor, luego otra de tierra arenisca y entre
ella aparecen cercanas a las paredes algún trozo de como cascote
de enlucido quemados por una cara. Tras la capa de tierra aparecen, aunque no bien determinadas como distintas, dos grandes
manchas de cenizas, una arrimada al lado NE y otra al SO. En
la primera se encuentran las dos piezas de un agrafe de bronce
de mediano tamaño y unas como laminillas que debieron servir
para mejor anclar aquellas al cuero, y una pieza incompleta de
hierro que tiene como una ranura á (sic) lo largo, y con ella unos
huesos como de articulaciones que no nos parece han sufrido la
acción del fuego y que son todas (¿) como de articulaciones. La
otra mancha de cenizas dio algunos huesos quemados y un trozo
informe de hierro. Se nota en la tierra pegada á (sic) las paredes
diversa coloración como producida por la acción del fuego y
que parecen restos de una capa de tierra cocha con que debieron
cubrirse las cenizas. En la pared SE, en su cara interna y como
á (sic) unos 30 cts. del fondo aparece calcinada una piedra de la
pared. Las cenizas aparecían a unos 70 cts. de profundidad, y la
pared más alta que es la de SE tiene hasta el fondo de la loma
90 cts., las laterales á (sic) esta van en desnivel hasta la del lado
contrario que tiene sobre 50 cts. debido al declive pronunciado
de la loma hacia dicho lado”.
En el diario nº 68 señala que forma parte de un conjunto formado por las XXIII, XXIV y XXXVI (figs. 3.20 y 3.55). Aporta
más medidas e indica que por debajo de las paredes hay una capa
de barro rojizo de unos 17-18 cm de espesor. Todas las paredes
están careadas al exterior menos la NE que carea hacia adentro,
al ser común con la sepultura XXXVI.
Estructura: Encachado cuadrangular.
Ajuar: Un fragmento de soliferreum, otro de vaina y una contera, una placa de cinturón completa y tabas perforadas, siete de
ovicaprino y una de suido (figs. 3.38 y 3.40, 1). El ajuar apareció
repartido en dos manchas: en una, hebilla, laminillas de bronce,
hierro y las tabas; en la otra, huesos quemados y soliferreum.
Restos humanos: Infantil II-Preadulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. y anterior a la XXXVI.
47
[page-n-49]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.38. Arriba: ajuar de la Sepultura XVII. 1: manilla de escudo (MPV 36, 47072 y 47115); 2: cuchillo (MPV 47072); 3: lámina de
hierro (MPV 47072); 4: punta de soliferreum (MPV 47072, 47087 y 47089); 5: varilla de hierro (MPV 47072); 6 y 7: regatones (MPV
47087 y 47072); 8: vaina, algunos fragmentos adheridos a la hoja de la espada (MPV 37); 9: espada y detalle del mango con decoración
incrustada de cobre (MPV 37). Abajo: ajuar de la Sepultura XVIII. 1: placa de cinturón (MPV 9 y 10); 2: laminitas de bronce (MPV 47102);
3: soliferreum (MPV 47128); 4 y 5: dos láminas de hierro (MPV 47128); 6: piezas de una vaina (MPV 11 y 12); 7: ocho astrágalos (MPV
47051) (fotografías M. Blasco Martín).
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documentación e intervenciones
3.3.2.19. Sepultura XIX
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Explorando á (sic) P de
XVIII y al NO de la sepultura aún no explorada XVII, y a un
golpe de azadón para sacar una piedra de mediano tamaño que
cuasi afloraba al suelo, aparecen cascos recién rotos de un vaso
y que efectivamente se trata de una urna cineraria. Se trata de
un perol de mediano tamaño al que le falta cuasi todo el cuello,
al parecer de muy antiguo, pues explorado a su alrededor se han
hallado los mismos restos de tal parte del vaso. Separado cuidadosamente, se nota que estaba encajonado entre algunas piedras
y arrimado a una pared que parece orientarse en la misma dirección que todas las de las sepulturas. Ocupaba cuasi el centro (un
poco á [sic] NO) de una mancha de cenizas de como sobre 50 cts
de diámetro y unos 10 de profundidad media, con huesos entre
aquella y todo asentado sobre una capa de tierra cocha. Inmediato
al vaso (á [sic] unos 8 cts) y en dirección aproximada NO á (sic)
SE, aparecen una espada y una pequeña lanza superpuestas, que
se colocaron enteras. Un fragmento parece acusar antenas de la
empuñadura, y otros el asidero de escudo. Está este enterramiento
a 1’08 del ángulo P de XVII y en la prolongación de su lado SO.
Se le denomina XIX”.
“Vaciada la urna del enterramiento XIX, que aparece llena
de tierra, se encuentran entre esta, en la parte superior, restos del
borde del vaso, lo que nos hace rectificar la suposición de que
se colocó roto, y restos también (no sabemos si la completaban)
de una pequeña copa de las de Covalta y Almedinilla, que debió
servir de tapadera, como la del año último. También aparece el
resto de fíbula, de mediano tamaño, que completa el trozo de aro
que se halló entre las cenizas de fuera”.
Estructura: Se trata de una tumba en hoyo (cf), con la urna
falcada con piedras y situada posiblemente sobre la pira. Se cita
la existencia de una pared que pudo servir para delimitar la pira
o un encachado casi desaparecido. Pared que no se dibuja en
los croquis.
Ajuar: Tinajilla que hizo de urna, una espada, una punta
de lanza con incrustaciones de plata, dos fíbulas y restos de un
brazalete de bronce. La “copa tipo Covalta o Almedinilla” que
hizo de tapadera no se ha encontrado entre los materiales depositados en el MPV, pero Fletcher Valls y Pla Ballester (1977,
173) citan “fragmentos de una copa de pie bajo”. La manilla
de escudo puede ser un fragmento no localizado que Ballester
Tormo publicó (1930, 34, fig. 14) además de una anilla adherida
a la punta de lanza. Los trozos de mango de cuchillo que cita en
1930 (p. 34) no se han localizado y tampoco se identifican en la
figura 14 de la misma publicación (figs. 3.39 y 3.40, 2).
El ajuar se colocó cuidadosamente junto a la urna, excepto
las fíbulas que se encontraron repartidas entre la urna y las cenizas de fuera (fig. 7.19).
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: Siglo IV a. C. por la lanza mediana.
cts de profundidad) aparece al descubierto la boca de otra urna.
Designamos este enterramiento con el XX”.
“Se escava (sic) el enterramiento XX, y aparece un bello y
completo vaso de forma de bobina pero al que el pié le dá (sic)
un airoso aspecto de copa.
Vaciado, sólo contiene tierra y huesos, sin ningún resto metálico. Ocupaba el centro de una mancha de cenizas y huesos de sobre
medio metro, que cubrian el vaso por su tercio inferior, y al lado del
mismo, en la orientación NE una “falcata” (la primera que aquí se
dá [sic]) de las de hoja poco ondulada. Está rota por varios sitios.
Revueltas cuidadosamente las cenizas no se halla entre ellas resto
alguno más, chocándonos no encontrarlos de fíbula ni de lanza”.
Estructura: Hoyo con urna tapada con una loseta colocada
en el centro de la pira.
Ajuar: Imitación de crátera de columnas utilizada como urna,
tapada con una loseta y una falcata con restos de la vaina adherida. A pesar de lo dicho en el diario, en el MPV consta, como
parte del ajuar, una fíbula anular (figs. 3.40, 3 y 3.41). Todo el
ajuar estaba al exterior de la urna.
Restos humanos: Adulto mayor de 30 años. ¿Femenino?
Cronología: Siglo IV a. C. por la falcata y la imitación de
la crátera.
3.3.2.21. Sepultura XXI
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Entre XVIII y XXIII, en
la pared que les une como prolongación de sus lados NE, y á
(sic) distancia respectivamente media entre ambas y arrimado
a dicha pared y muy superficiales (apenas 10 cts de profundidad), sin mancha alguna de cenizas, a un golpe de azadón se
rompen dos cacharros (una copa campaniana grande y cuasi
completa y gran parte de otro vaso ibérico de pequeño fondo
y gran vientre que forman un enterramiento seguramente, pues
entre la tierra que en parte rellenaba el vaso campaniano se
percibían restos de huesos quemados. Explorando alrededor
no se halló nada más que precisara la sepultura salvo un fusayolo (sic) bitroncocónico casi esférico [desde “salvo” añadido
en línea superior]. Seguramente sirvió de urna la copa, y se
cubrió con los restos del vaso ibérico. Se designa este enterramiento como XXI”.
Estructura: Sepultura en hoyo, con urna cerámica, sin restos
de la pira.
Ajuar: Dos platos de cerámica ática, el más completo posiblemente hizo de urna. Según el relato del diario estaría tapado
por la base de una imitación de crátera de campana. Además,
hay restos de botellas y una fusayola (figs. 3.42 y 3.44). Todo al
exterior de la urna.
Restos humanos: Aunque en el relato se describe la presencia
de huesos quemados, no se debieron recoger.
Cronología: Siglo IV a. C. por los platos áticos y la imitación
de crátera de campana.
3.3.2.20. Sepultura XX
3.3.2.22. Sepultura XXII
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Cuasi al mismo tiempo á
(sic) 1’80 mts á (sic) L del anterior enterramiento y á (sic) 2’30
del ángulo P de XVII y al quitar una loseta (que estaba a unos 15
Se excava el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Poco después, a 2’50 mts
de la precedente sepultura [XX] y á (sic) lo mismo del ángulo
S de XVIII, y también debajo de una piedra y á (sic) escasa
49
[page-n-51]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.39. Ajuar de la Sepultura XIX. 1: tinajilla (MPV 47059); 2: pulsera (MPV 47131); 3: punta de lanza y detalle de la decoración en
plata y cobre; y 7: anilla de escudo adherida (MPV 27); 4: espada (MPV 30); 5 y 6: fíbulas anulares (MPV 47085 y 50).
profundidad (sobre 15 cts) aparece otra boca de urna. Se denomina a esta sepultura XXII…
Explorando el enterramiento XXII se halla una urna de forma
de perol de mediano tamaño (sobre 16 cts de alto), que también
ocupa el centro de una mancha de cenizas con restos óseos, entre
las cuales no se halla arma, útil ni joya alguna. La urna aparece
rota por varios sitios, pero sin faltarle nada. Vaciada no contiene
nada digno de notarse”.
Estructura: Urna tapada con una piedra, en hoyo sobre restos de la pira.
Ajuar: Urna tapada con una piedra que no se han identificado
en el depósito del MPV.
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.23. Sepultura XXIII
Se excavó el día 28 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): En el diario nº
67 se indica que al ser domingo, sólo él (I. Ballester Tormo) y
Pascual (sic) trabajaron ese día.
50
En el diario nº 68 escribió: “Está careada á (sic) los cuatro
lados, habiendose sido aprovechado el NE para la sepultura XXIV.
La cara SO mide 2’70; la SE hasta la línea de la cara NE 2’67 (el
ángulo de este lado se encuentra dentro de la pared SE de XXIV);
la cara NE debió tener 2’70 (no se puede precisar por estar ambos
extremos empotrados en los de la sepultura dicha) y NO sobre las
mismas si bien no se conoce su extremo N por la misma razón.
La cara SO tiene como un estribo o repié de una sola piedra
mediana de 21 cts ancho, mide de altura 84 cts sentada sobre el
barro que forma una capa de 26 cts; bajo el gravón.”
Estructura: Se trata de un empedrado tumular casi cuadrado.
Ajuar: Kylix ático de figuras rojas, un cuchillo afalcatado,
tres fíbulas, restos de bronce y una fusayola decorada (figs. 3.43
y 3.44). No hay información sobre su disposición en la tumba.
Fletcher Valls y Pla Ballester (1977, 174) también señalan la
presencia de conchas, sin mayor precisión.
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: Segunda mitad del siglo V a. C. por el kylix de
figuras rojas. Por materiales sería la más antigua de la necrópolis
y de la agrupación tumular formada con XVIII, XXIV, XXXVI
y la fosa XXI (figs. 3.20 y 3.55).
[page-n-52]
documentación e intervenciones
1
3
2
Figura 3.40. 1: ajuar de la Sepultura XVIII; 2: ajuar de
la Sepultura XIX; 3: falcata y fíbula de la Sepultura XX
(Archivo fotográfico SIP).
3.3.2.24. Sepultura XXIV
Se excavó el mismo día y en las mismas condiciones que la anterior (28 de marzo de 2020).
Descripción (según diario nº 68): En la página 35 se indica
que está aprovechando la pared NE de la Sepultura XXIII, pero
de mayor tamaño. Está incompleta por el camino y está junto a
la Sepultura XXXVI (figs. 3.20 y 3.55). Por el interior del muro
SE se aprecia una “raya” amarillento-rojiza de unos 80 cm.
Estructura: Estructura tumular cuadrada.
Ajuar: Dos regatones, dos pletinas de hierro, una placa de
cinturón completa, una anilla de hierro y una fíbula (fig. 3.45).
Restos humanos: No hay datos.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. Anterior
a XXXVI y posterior a XXIII.
3.3.2.25. Sepultura XXV
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Ahondando el terreno en
el espacio comprendido entre VI, XVII y lo que creemos ocupa
la construcción XIV, á (sic) 40 cts. de profundidad del suelo natural y á (sic) 4 mts y 2,30 respectivamente de los ángulos SO. y
NO. de XVII aparece una mancha de cenizas. Se ahonda á (sic)
su alrededor y aparece aquella en un hoyo circular que mide
sobre 50 cts de diámetro y 8 de fondo [esto último añadido en
una línea superior]. Explorado aquel aparecen entre las cenizas,
algunos escasos huesos y un pequeño vasito (parece juguete)
[en la línea superior] de forma aproximadamente cónica, el que
vaciado solo resulta contener tierra y algún huesecillo. Parece la
sepultura de un niño. Se la designa con el nº XXV. Se hallaba a
30 cts del suelo”.
Estructura: Fosa en cuyo interior estaba el escaso ajuar y los
restos de la cremación. Las cenizas parece que sólo estaban en
la parte superior.
Ajuar: Botellita en cuyo interior había algunos huesos (fig. 3.46).
Restos humanos: No se debieron recoger.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.26. Sepultura XXVI
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
51
[page-n-53]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.41. Ajuar de la Sepultura XX. 1: crátera de imitación (MPV 69); Archivo fotográfico del SIP); 2: fíbula anular (MPV 47092); 3:
falcata con restos de cachas de hueso y vaina adherida (MPV 20).
Descripción (según diario nº 67): “En un punto que fijan las
distancias 680 del ángulo NO de XVIII y 370 del propio ángulo
de XVII, aparece una mancha de cenizas de sobre 40 cts de diámetro y unos 7 de profundidad. Notase resto de la tierra y barro
quemado que suele aparecer en toda sepultura y comenzaban las
cenizas á (sic) unos 25 cts de profundidad. Explorado el hoyo ha
dado medio fusayolo (sic) esférico, un trocito de tiesto y algún
huesecillo. Se la denomina XXVI”.
Estructura: Hoyo con restos de la cremación alrededor.
Ajuar: Una fusayola y un fragmento de cerámica (fig. 3.46).
Restos humanos: No constan en el depósito del MPV.
Otros: Madera de carrasca o coscoja con lámina de cobre o
bronce adherida, casi fundida (fig. 5.23).
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
52
3.3.2.27. Sepultura XXVII
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Avanzando más la
exploración y aproximándola á (sic) la línea de sepulturas descubiertas aparece otra nueva mancha de hoguera en el punto
a 340 y 650 de los ángulos NO de la sepultura XVII y VI respectivamente. Se halla sobre 30 cts del nivel de la loma, mide
sobre 45 cts de diámetro y tiene una profundidad de sobre 10
cts. Explorada da unos pocos huesos pequeños una como sortija
constituida por una laminilla de cobre ó (sic) bronce en espiral
y algún trozo de tiesto. También alrededor de esta hoguera, y
como cerrando las cenizas se ve algún resto de barro cocido.
Se la designa con el nº XXVII”.
[page-n-54]
documentación e intervenciones
Figura 3.42. Ajuar de la Sepultura XXI. 1: crátera de imitación (MPV 47068); 2 y 3: copas Lamboglia 22 (MPV 47051 y 71); 4 y 5: botellas (MPV 47068); 6: fusayola acéfala (MPV 67).
Estructura: Posible ustrinum con el suelo quemado por la
combustión.
Ajuar: Material entre las cenizas y carbones. El anillo en espiral no se ha identificado entre el material depositado en el MPV.
La cerámica puede ser alguno de los fragmentos sin referencia
(47111) (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: Pocos huesos que no constan en el depósito del MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.28. Sepultura XXVIII
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Un poco más al S de la
anterior y aún más inmediata á (sic) la pared N. de XIV se ve á
(sic) unos 30 cts de profundidad el resto de una hoguera, como
las anteriores formando una mancha circular de unos 50 cts de
diámetro y 8 de profundidad. Está sita á (sic) 490 y 365 cts respectivamente de los ángulos NO de VI y XIV. También se nota
algún ligero resto de barro quemado. Se la designa con el nº
XXVIII”.
Estructura: Posible ustrinum con el suelo quemado por la
combustión.
Ajuar: No consta.
Restos humanos: No constan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.29. Sepultura XXIX
Excavada probablemente en marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): No existen anotaciones
sobre esta sepultura, pero aparece en el croquis que dibujó al
finalizar la campaña de marzo (fig. 3.47).
Estructura: Empedrado tumular situado al NO de las Sepulturas I y XIV. Uno de los lados mide 4 m.
Ajuar: Falcata con restos de la vaina, cuchillo adherido a la
falcata, dos regatones, soliferreum, pletina, tinajilla, kylix-skyphos
de imitación y fragmentos de cerámica ática de figuras rojas
(figs. 3.48 y 3.49).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Siglo IV a. C. por las figuras rojas y la imitación.
3.3.2.30. Sepultura XXX
No existen anotaciones sobre esta sepultura en el diario nº 67.
Descripción (según diario nº 68): En la página 41 se dice:
“Corte de la pared SO. Una capa de tierra de 47 cts, otra de
piedras medianas (casi una hilada) de 17 cts; una capa de tierra
cocha, roja por arriba, negruzca á (sic) continuación y de barro
bajo de sobre 40 cts, después terraza. En la O. tierra 20 cts, piedra 21, capa cocha y tierra.
La capa cocha sigue la inclinación de la loma.
Revisada ha dado dos trozos hierro, como de chuzos, y dos
muy laminados con [ilegible] de cobre o bronce”.
Estructura: Estaba al NO de la Sepultura XXIX y debió ser
una tumba de hoyo por el dibujo del croquis.
Ajuar: Tejuelo, lámina de hierro con remaches, posible fíbula
y soliferreum (constaba sin referencia) que además de la cita en
el diario también está recogido en uno de los inventarios del
MPV (fig. 3.50).
53
[page-n-55]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.43. Ajuar de la Sepultura XXIII. 1: cuchillo con restos de bronce adheridos en zona del mango (MPV 47126); 2: láminas (MPV
47126); 3: fusayola acéfala (MPV 47156 y 47159); 4-6: fíbulas anulares (MPV 47129 y 72); 7: kylix de figuras rojas (MPV 64) (fotografías J. Vives-Ferrándiz Sánchez, MPV).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.31. Sepultura XXXI
Se excava el día 12 de octubre de 1920. Como curiosidad, Ballester Tormo señala que ese día trabajaron siete personas (cuatro de
Valdeganga y tres “valencianos”).
Descripción (según diario nº 67): “La XXXI. Aparecen las
cenizas á (sic) unos 54 cts del nivel del suelo y á (sic) 63 de fondo
el terreno de la loma.
54
Se marca un lado de esta poza que debió ser cuadrada,
hecha de barro amasado con paja y hojas de encina [esto
último añadido en la línea superior]. El lado que queda está
orientado como las sepulturas; es el lado SE y mide lo que
queda 70 cts de largo; debiendo tener de fondo 16 cts aproximadamente. El fondo es un macizo del mismo barro. Excavado
este enterramiento, ha dado entre las cenizas muy escasas, apenas huesos; y tres fracciones de un aro que debió ser pulsera
o brazalete de bronce. Ni vaso, ni restos de él, ni fusayolos
(sic). Entre la tierra que rodea las cenizas se hallan dos piezas
de bronce muy oxidadas. Una parece el arco de una fíbula de
[page-n-56]
documentación e intervenciones
Figura 3.44. Cerámicas áticas de las Sepulturas XXI y XXIII (Archivo fotográfico SIP).
Figura 3.45. Ajuar de la Sepultura XXIV. 1: fíbula anular (MPV 47146); 2 y 3: placa de cinturón con detalle de la decoración de la placa
activa (MPV 61 y 62); 4 y 5: regatones (MPV 1 y 2); 6 y 7: pletinas de hierro (MPV 3-5).
55
[page-n-57]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.47. Página 85 del diario nº 67 con un croquis donde aparece
la Sepultura XXIX (Archivo documental SIP).
la hace inclasificable [se dibuja el puente de la fíbula]. Como
el otro resto, con el anterior hallado, es parte de un aro, nos
hace suponer que ambas son restos de una fíbula hispánica,
con arco de forma especial”.
Estructura: Fosa cuadrangular, recubierta de una capa de
adobe, con “paja y hojas de encina”.
Ajuar: Cuatro fíbulas anulares (aunque en el diario se sugiere
que una de ellas sea tipo La Tène) y un fragmento de pulsera
(fig. 3.50). Se encontraron entre las cenizas de la fosa y la tierra
exterior.
Otros: Se recogió uno de los fragmentos de tierra cocida,
pero no se aprecian huellas de las especies vegetales citadas (fig.
3.58, 1).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.32. Sepultura XXXII
Figura 3.46. Arriba: ajuar de la Sepultura XXV. Botellita (MPV 2145).
Abajo: ajuar de la Sepultura XXVI. Fusayola acéfala (MPV 47109).
mediano tamaño, que afecta una forma no aproximadamente
semicircular, sino algo serpenteante que parece recordar algún
tipo de la Tenne (sic) pero al tener rota lo que pudiera ser cola
56
Se excava el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La XXXII. Está a [en
blanco] a NE de la anterior.7 Apuntaba la mancha forma de pocito
cuadrado de barro (70 cts); estaba también superficial (sobre 40
cts). Al excavarla se notan restos de cubierta (esto añadido en
línea superior) de barro amasado y quemado; piedrecillas calcinadas, y apenas algún pequeño resto de hueso. Rodean la poza
algunas piedras de mediano tamaño. Amasado con barro no
cocido se encuentra un brazalete a trozos (bronce) y una mediana
fíbula rota”.
En el margen izquierdo hay anotado: “Está en el centro de
una extensa mancha de tierra compactada por el fuego”.
Estructura: Hoyo cuadrado cubierto de tierra amasada y quemada; rodeado de piedras. Ocupa el centro del bustum.
Ajuar: Entre el barro no cocido, dos fíbulas anulares y un
fragmento de brazalete (fig. 3.50).
7 De acuerdo con el diario estas sepulturas se excavaron en orden inverso.
Se refiere a la Sepultura XXXIII.
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documentación e intervenciones
Figura 3.48. Ajuar de la Sepultura XXIX. 1: fragmentos de cerámica ática de figuras rojas (MPV 47149); 2: copa de imitación (MPV 47149);
3: tinajilla (MPV 47055); 4: falcata con restos de vaina y cuchillo adheridos (MPV 21); 5: fragmentos de vaina (MPV 47119); 6: soliferreum
(MPV 47071); 7 y 8: dos regatones (MPV 47118); 9: pletina (MPV 47119); 10: láminas de bronce retorcidas por el fuego (MPV 47119).
57
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.49. Ajuar parcial de la Sepultura XXIX (Archivo fotográfico SIP).
Restos humanos: Se citan escasos restos que no se debieron
recoger.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
Restos humanos: Se citan escasos restos que no se debieron
recoger. En el Cuaderno 68 bis, cita “4 ó 6”.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.33. Sepultura XXXIII
3.3.2.34. Sepultura XXXIV
Se excava el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La XXXIII. Están las cenizas á (sic) 44 cts del suelo; tiene una extensión superficial de
sobre 45 cts. de diámetro y 5 cts de fondo. El fondo de loma está
á (sic) 63 cts. Excavada da solo ligeros restos de funda de espada
(varillas acanaladas) y trozos de barro cocho. Apenas si se notan
huesos. Este escaso fondo á (sic) que se halla, en sitio donde
comienza una zona que se cultivó alguna vez, hace sospechar
que el arado sacó alguna vez el depósito funerario”.
Estructura: Posible ustrinum.
Ajuar: Restos de funda de espada, no identificados en los fondos del MPV, pero que se recogen en alguno de los inventarios
(Cuaderno 68 bis); además, un anillo de bronce con los extremos
superpuestos (fig. 3.51).
Se referencia el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Tomando como punto de
referencia los ángulos S y P de II, están respectivamente:……la
XXXIV á (sic) 10’5 y 10’90”.
“La XXXIV. Está á (sic) 10’05 á P de la XXXIII. Aparecen
las cenizas á (sic) unos 23 cts. del suelo. Es de poza cuadrada
de barro cocho amasado con paja y todo recubierto de barro.
Se ven claramente dos lados (NE y NO) del cuadrado (añadido
en línea superior: mide uno sobre 51 cts). Parece notarse que
la poza se escuadró con piezas de barro amasado de sobre [en
blanco] cts. de grueso pues las caras interna é (sic) inferior
están cuasi calcinadas como de haberse asentado sobre fuego.
Los huesos, abundantes, parecen indicar una cremación bastante incompleta. Superficialmente aparecen unos trozos de
58
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documentación e intervenciones
Figura 3.50. Arriba: ajuar de la Sepultura XXX. 1: posible fíbula anular (MPV 47100); 2: lámina de hierro con dos remaches (MPV 47100);
3: soliferreum (MPV 51470); 4: tejuelo (MPV 47100). Centro: ajuar de la Sepultura XXXI. 1-4: fíbulas anulares (MPV 52, 54, 47157 y
53); 5: pulsera con decoración incisa (MPV 47157). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXII. 1: fíbula anular (MPV 51); 2: posible fíbula anular (MPV 47161); 3: pulsera con decoración incisa (MPV 47161).
tiesto, y luego entre huesos y cenizas y alguna pequeña piedra;
y entre ello dos trozos de lámina de hierro que parecen restos
de un cuchillo, un como chuzo de hierro que por el lado del
enmangamiento y en su interior parece revestido de cobre ó
(sic) bronce (en el margen izquierdo se ha escrito: ¿regatón?)
y el extremo de la punta de una lanza ó (sic) jabalina”.
59
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Se dibuja en el croquis de la página 91 del diario nº 67 (fig. 3.54).
Estructura: Tumba en hoyo, cuadrado y enlucido.
Ajuar: Fragmentos cerámicos, cuchillo adherido a una lanza y
regatón, entre las cenizas (fig. 3.51). Algunos de estos elementos
(punta de lanza y regatón) están dibujados en el primer inventario del MPV (fig. 1.5).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.35. Sepultura XXXV
Excavada el día 13 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La sepultura XXXV ha
aparecido al abrir una zanja à (sic) 20’75 y 17’50 respectivamente de los ángulos E y S de II. La mancha de cenizas estaba
como à (sic) unos 20 de profundidad y cota 40 de extensión. No
se notaba barro cocho, ni dio más que ligeros restos de huesos”.
Aparece dibujada en el croquis de la página 91, con la distancia desde la Sepultura II: 20’7 y 17’50 (fig. 3.54); posible
diámetro 40.
Estructura: Posible tumba en hoyo. Bastante alejada del conjunto más numeroso (figs. 3.14 y 3.54).
Ajuar: No consta.
Restos humanos: Escasos no localizados en el MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.36. Sepultura XXXVI
Descripción (según diario nº 68): “Se construyó aprovechando la pared N de XXIV y estibando cerca de su extremo P la
pared de cierre por tal lado. De la N queda solo el trozo de arranque, que se apoya en la P ([en blanco]) y de la NE ó (sic) E nada.
El ser mucho más baja la pared central que la [tachón] N de
XXIV, nos hace suponer ó (sic) que esta se prolongue hacia el
camino (del cual dista unos 1,80) y que allí tiene bastante pendiente que se inicia el nivel de la XII y que por todo ello fue
derrumbada o que fue una sepultura rectangular y no cuadrada,
lo que sería excepcional.
La pared P. se inclina al nivel de la loma, á (sic) la que como en
cuasi todos los casos afloraban ligeramente las piedras superiores.
Tal pared sirvió en su mitad N [en blanco] para la sepultura [espacio en blanco], prolongando un poco ([en blanco] cts.) dicha pared.
En tal pared N, que es la única cuyo corte puede estudiarse (la
SE no, por carear sus gruesas piedras hacia tal lado y la N por una
escasa altura, unos 48 y su corta extensión), se nota la misma mezcla
de piedras medianas y de tierra bastante uniforme (tal vez fue barro)
y á (sic) 75 cts de profundidad tomada a la mitad de su extensión,
forman otro estrato uniforme que debió ser en el mismo amasada”.
Estructura: Estructura tumular cuadrada, muy deteriorada
(figs. 3.20, 3.55 y 3.56).
Ajuar: No se cita.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. Posterior
a Sepulturas XXIV y XVIII.
3.3.2.37. Sepultura XXXVII (ant. I bis)
Se descubre cuando amplía el área excavada hacia el O en
busca de nuevos enterramientos el día 10 de octubre de 1920.
60
Figura 3.51. Arriba: ajuar de la Sepultura XXXIII. 1: anillo abierto
(MPV 47116). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXIV. 1: punta de
lanza y cuchillo adheridos (MPV 7 y 8); 2: posible mango de cuchillo (MPV 8); 3: regatón (MPV 6).
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documentación e intervenciones
Descripción (según diario nº 67): “Se explora á (sic) P. de
I desde un poco antes de la altura ó (sic) nivel de su pared N
y en un ancho de [en blanco] metros. Parece que el estrato de
tierra suelta y sobrepuesta va perdiendo fondo a medida que se
aleja de la pared P. En el extremo del tajo abierto, y a unos 15
cts. de profundidad, se encuentra una anilla (esta palabra con
subrayado doble) de bronce de sobre [en blanco] cts. de diámetro y [en blanco] de gruesa. Parece llevar óxido de hierro en un
lado (sic), como de contacto con alguna pieza de ese metal. Se
determina claramente dicha pared P., en la que á (sic) 2’50 del
ángulo SE de la construcción se ve una gruesa piedra estribo
de sobre [en blanco] cts. Cerca del sitio donde el último día de
las excavaciones de Marzo y muy superficiales aparecían abundantes restos de una pieza cerámica (forma perol) de facies (sic)
arcaica, a unos 10 cts. de prof. y aproximadamente al nivel del
aludido estribo, se hallan los restos de una fíbula hispa (sic) de
mediano tamaño (parte de aro y arco) y bronce, y una como
punta de espátula del mismo metal (¿una sepultura?)”. Al margen aparece escrito I bis.
En una anotación hecha en el diario de 1918, bajo el croquis
de las Sepulturas I y II, precisa:
“Véase la aparición casi en el centro de la pared P. y arrimado
a la misma junto al estribo de 30 cts. existente a 250 del ángulo
S., á (sic) 10 cts. de profundidad, de gran parte de una olla de
facies arcaica, una mediana fíbula rota (queda parte del aro y del
arco) y una punta rota como de espátula, que parecían restos de
una sepultura a la q. denominamos I bis.- V. el 10 de octubre de
1920” (fig. 3.21).
Por la descripción, parece que se trata de una sepultura parcialmente destruida al construir el encachado de la I, puesto que
Ballester Tormo no observa hoyo e indica que la urna estaba
fragmentada y el ajuar, en apariencia, disperso.
Estructura: Posiblemente un simple hoyo con la urna y el
ajuar.
Ajuar: Olla tosca que no se encuentra entre los materiales
depositados en el MPV. Tan sólo un fragmento de cerámica de
clase B, sin referencia (Anexo 1, tabla I.53), pudo pertenecer a
la misma; un asa de urna de orejetas (dibujada en el diario), una
fíbula y una lámina apuntada de bronce (figs. 3.52 y 3.53). En
cuanto a la anilla citada debe ser una de las pertenecientes al
escudo de la Sepultura I.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Anterior a la Sepultura I. La urna de orejetas
dataría la sepultura entre finales del siglo V e inicios del IV a. C.
3.3.2.38. Sepultura XXXVIII (ant. VII bis)
En el largo escrito dedicado a la Sepultura VII muestra
muchas dudas sobre si se trata de una o dos tumbas.
Descripción (según diarios nº 67 y 68):
En el diario 68 aparece anotado al margen VII bis a la altura
del párrafo que dice así: “…en la cara que mira á (sic) NE, donde
por bajo de una piedra ya se notaron cenizas que se creían derrumbadas de la hoguera, se ha visto mejor explorado, que formaban
un hoyo, del que han salido unos huesos y restos como de pulsera de bronce”.
En el croquis completo de la necrópolis, sitúa esta tumba
junto a uno de los laterales del encachado. Y una apostilla en el
diario nº 67 indica: “= No: porque lo que se encontró á (sic) nivel
inferior es de sepultura de hembra (hilo de cobre, de pulsera, etc.)
Tal vez la [ilegible] de la copa campaniana y lo último sean de
la misma sepultura”.
Estructura: Tumba en hoyo, posiblemente destrozada por la
construcción de la Sepultura VII.
Ajuar: Pulsera de bronce según diario, que no se ha identificado en el material depositado en el MPV; un fragmento de
cerámica pintada y una copa de barniz negro (fig. 3.52). Repartido entre el hoyo y fuera de él.
Restos humanos: Deben ser parte de los recogidos como
Sepultura VII donde se han identificado dos individuos: Adulto
y Preadulto.
Cronología: Finales siglo V e inicios del IV a. C. por copa de
barniz negro y anterior a Sepultura VII.
3.4. ESTRATIGRAFÍA Y APROXIMACIÓN
CRONOLÓGICA
En este apartado se recogerán, en primer lugar, los datos que
se puedan extraer sobre la estratigrafía vertical y horizontal de
la necrópolis y su cronología.
Ballester Tormo no dibuja corte alguno, apenas detalla el
método que sigue durante las cortas campañas llevadas a cabo
y sólo en algunos casos aporta medidas de las profundidades,
siempre de forma irregular. A pesar de ello, y teniendo a la vista
las escasas fotos realizadas, se puede tener una aproximación de
la secuencia estratigráfica. El método de intervención seguido, de
acuerdo con el croquis de la página 31 del diario nº 67 (fig. 3.7),
consistió en la apertura de zanjas más o menos amplias siguiendo
los restos que se van localizando.
Como puede apreciarse en las fotos (fig. 3.9), y según se relata
en el diario, la parte superior de los túmulos era visible en superficie, como mucho estaban debajo de finas capas de tierra antes
de encontrar los restos de la cremación o de la construcción. Así,
por ejemplo, en la Sepultura X retira unos 8 cm de tierra “cocha”
y en la XIV, unos 20 cm de humus sobre la capa de piedras del
túmulo; pero, generalmente, describe capas alternas de tierra y
piedras con espesores que varían entre los 30-40 cm (Sepulturas
V, VI, IX y XVII), llegando excepcionalmente a los 70 cm en la
Sepultura XVIII.
Tan sólo las Sepulturas XI y XIV tienen los restos de la cremación sobre el suelo virgen, que denomina “gravón” (a 30 cm
y 1 m de la superficie, respectivamente). La base geológica es
del Terciario, formación a base de calizas, calizas margosas y
margas (IGN hoja 766 -2530), siendo el suelo de tipo Cambisol
Cálcico (FAO6470).
Algo más de información se puede entresacar de las descripciones de las tumbas en hoyo. En general, también estaban
bastante superficiales: entre 10 cm (Sepultura XXI) y 54 cm
(Sepultura XXXI), o más de 60 cm (Sepultura XXX) las más
profundas; estando la mayoría entre 20 y 40 cm. Solo la losa que
tapaba la urna de la Sepultura XIX era visible en la superficie.
La necrópolis tiene un desarrollo horizontal, con escasas
superposiciones que ayuden a realizar una aproximación cronológica de los depósitos. Excepcionalmente, hay constancia de
que las Sepulturas I y VII destruyeron parcialmente otras en hoyo
(Sepulturas XXXVII y XXXVIII). Estas últimas pueden datarse
por los materiales entre finales del siglo V e inicios del IV a. C.,
siendo de las fechas más antiguas de la necrópolis. Así mismo hay
61
[page-n-63]
la necrópolis ibérica de casa del monte
un conjunto de cuatro estructuras tumulares (Sepulturas XVIII,
XXIII, XXIV y XXXVI) que se superponen, proporcionado una
cronología relativa de las mismas (figs. 3.20, 3.55 y 3.56).
La Sepultura XXIII es la única que aporta una datación relativa de la segunda mitad del siglo V a. C. por la presencia de un
kylix figuras rojas (fig. 3.43). Sería la primera del conjunto, así
como una de las más antiguas de la necrópolis.
La XXIV reutiliza una pared de la anterior, según se relata
en el diario, aunque en el croquis realizado da la impresión de lo
contrario. La XVIII puede ser de un momento similar.
La Sepultura XXXVI es la más moderna, pues se construyó
aprovechando la pared N de la XXIV y la O de la XVIII.
Y, en el espacio entre ellas, está la Sepultura XXI, en hoyo,
del siglo IV a. C. por las cerámicas áticas e imitación de crátera
(fig. 3.42).
Otras dataciones las proporcionan los materiales depositados.
La Sepultura XVII se fecha a principios del siglo IV a. C. por
la espada de antenas y el asidero de escudo. La Sepultura VII se
puede datar en la primera mitad del siglo IV a. C. por la presencia de una espada de frontón; y, es necesariamente, posterior a
XXXVIII. Las Sepulturas VIII y IX con una lanza mediana se
pueden fechar a mediados del siglo IV a. C. Las cerámicas de las
Sepulturas III, IV, V y XIV alargan la cronología de la necrópolis hasta principios del siglo III a. C. Las cerámicas áticas de las
Sepulturas X, XII, XXI y XXIX (figs. 3.32, 3.33, 3.42 y 3.48)
permiten datarlas en el siglo IV a. C.
Ballester Tormo (1930, 46 y 48) con la información de la
época propuso una cronología de finales del siglo IV a. C. e
incluso del III a. C. ya que consideró la cerámica ática como “italiota decadente” y “campaniana”. En la actualidad, de acuerdo
con los materiales, esta necrópolis pudo estar en uso desde la
segunda mitad del siglo V a. C. por el kylix de figuras rojas de
la Sepultura XXIII (2,5%) (fig. 3.43), hasta inicios del siglo III
a. C. por un lebes edetano, una tinaja con hombro y las botellas
ibéricas de algunas tumbas (10,5%) (figs. 3.25 y 3.34). La fíbula
tipo La Tène encontrada en uno de los recintos del “poblado”
también apunta a esa datación final (figs. 3.63 y 4.12). Cuatro se
datan desde finales del siglo V a inicios del IV a. C. (10,5%) y
otras cinco a mediados del IV (13 %) por las cerámicas ibéricas,
áticas y las armas. De las 24 restantes algunas tienen cerámicas
ibéricas y áticas del siglo IV y a la mayoría se les aplica la cronología genérica del siglo IV a. C. (63%) (fig. 3.57).
3.5. TIPOS DE CONTINENTE
Ballester Tormo clasificó las tumbas en tres tipos (1930, 29-32):
13 en hoyo, que consideró las más pobres; seis en urna, también
pobres, pero no tanto como las primeras; y 17 bajo túmulo. La
clasificación que se propone aquí es una matización de la hecha
por Ballester Tormo, pero sin considerar la riqueza o el género
de la persona cremada, aspectos que se tratarán en el capítulo
Revelando el pasado.
Figura 3.52. Arriba: ajuar de la Sepultura XXXVII (ant. I bis). 1: urna de orejetas (MPV 47143); 2: biapuntado de hierro (MPV 47772); 3:
fíbula anular (MPV 47117); 4: lámina de bronce (MPV 20). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXVIII (ant. VII bis). 1: bolsal (MPV 47155);
2: fragmento de cerámica pintada (07.242).
62
[page-n-64]
documentación e intervenciones
Figura 3.53. Urna de orejetas dibujada en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
Figura 3.54. Croquis en el diario con varias tumbas de hoyo, incluida
la XXXIV (Archivo documental SIP).
Figura 3.55. Vista con drone. A la izquierda se aprecia el conjunto de
Sepulturas XXIV-XVIII-XXIII-XXXVI y a su derecha XVII, VI y II
(fotografía T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
Figura 3.56. Croquis del conjunto de Sepulturas XXIV-XVIII-XXIIIXXXVI en el diario nº 67 (Archivo documental SIP).
63
[page-n-65]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.57. Propuesta de ordenación cronológica de las tumbas.
Los tipos identificados son:
A. Estructura tumular (ET): Son 17 construcciones casi
cuadradas de las que se conservaban una o dos hiladas de piedras, careadas hacia el exterior; en el interior,
piedras y tierra sin orden aparente (casi el 45% de los
enterramientos) (fig. 3.14 y tabla 3.1). Debajo de todo
ello estaba el enterramiento, a veces en el interior de
una pequeña fosa, cuadrada o circular, centrada o descentrada respecto de las paredes. Estas fosas, en algunos
casos, tenían las paredes y la base recubiertas de barro
(“cocho”) y herbáceas (“paja”) e incluso se taparon con
estos materiales. Se recogieron algunos fragmentos de
estos enlucidos y de ellos se puede hacer un análisis
visual: de la Sepultura IX, un fragmento de 36 mm de
grosor con una fina capa blanca de 4 mm, siendo el resto
de color negruzco; en este caso se indica que esta capa
hizo las veces de tapadera de la fosa; en la Sepultura X
el barro quemado recubría las fusayolas y los fragmentos
cerámicos (fig. 3.58, 3). Sólo en la Sepultura XII se recogieron los restos de la cremación en una urna (fig. 3.33).
La planimetría y los restos todavía visibles muestran que
todas las estructuras se construyeron siguiendo la misma orientación: NE-SO (figs. 3.9, 3.14, 3.20, 3.55 y 7.4).
Por las descripciones realizadas la mayor parte de los túmulos
se construyeron en el mismo lugar de la cremación. Teniendo en
cuenta la superficie construida se pueden hacer tres subtipos de
estructuras tumulares (fig. 3.59):
1. Pequeña: Entre 1,5 y 3,5 m2. Son tres sepulturas (8%),
siendo la Sepultura XI la menor.
2. Mediana: Entre 5 y 10 m2. Son siete sepulturas (18,5%).
3. Grande: Entre 15 y 30 m2. Son seis sepulturas (16%), entre
las que destaca la Sepultura I.
64
B. Tumba de hoyo (H): Son 18 tumbas (47%) en las que se
ha incluido el grupo 2 de Ballester Tormo. Esta agrupación se justifica porque entendemos que cualquier urna
estuvo en el interior de un hoyo, aunque éste no se detectara en el proceso de excavación. El hoyo, cuando se
describe, era cuadrado y, en ocasiones, estaba enlucido
y cubierto bien con piedras bien con tierra endurecida
por el fuego. En bastantes casos estaba situado en medio
de una gran mancha de cenizas y carbones por lo que
supuestamente se hicieron en el mismo lugar de la cremación. La mayor parte de los hoyos descritos carecen
de urna (tabla 3.2).
De los cinco loculi enlucidos, se han conservado restos sólo
de la Sepultura XXXI. Se trata de un fragmento de 41 mm de
grosor, en el que se aprecian dos capas, siendo la superficial
de 4 mm (fig. 3.58). En esta sepultura Ballester Tormo indica
que la fosa estaba recubierta de una capa de adobe, con “paja
y hojas de encina” aunque esto no se aprecia en el fragmento
conservado.
C. Mancha de cenizas y carbones: En tres ocasiones (Sepulturas XXVII, XXVIII y XXXII) (8%) se describen
amplias acumulaciones de cenizas y carbones, sin indicar la presencia de hoyo o urna. Esto inclina a considerar
la posibilidad de que se tratara de ustrina, al menos en
XXVII y XXVIII pues apenas se recogieron restos. En
cambio, el ajuar de la Sepultura XXXII podría pertenecer a una tumba en hoyo (fig. 3.50).
La diferente tipología de las tumbas no es óbice para que se
observen pautas comunes en esta necrópolis como son (tablas
3.1 y 3.2):
-Veintiún enterramientos se hicieron sobre la cremación
(55,25%) (siete ET y 14 H).
[page-n-66]
documentación e intervenciones
-Sólo en cuatro se indica explícitamente que no hay carbones ni
cenizas (10,5%) (dos ET y dos H). Del resto no hay datos (18,5%)
(cinco ET y dos H) o el relato no es claro (5,2%) (dos ET).
- Ocho tenían un loculus enlucido y tapado (21%) (cuatro ET
y cuatro H). Otras tres tumbas de hoyo estaban enlucidas, pero
no se indica que tuvieran tapadera (8%).
-Veinte carecían de enlucido (55%) (nueve ET y 11 H). De
cuatro estructuras tumulares no hay datos al respecto (10,5%).
-Siete tenían urna cerámica (18,5%) (una ET y seis H), sólo
dos sin tapadera (5,26%) (una ET y un H). En otras dos tumbas
en hoyo no queda claro si tenían urna o no.
-En 28 sepulturas se cita la presencia de huesos cremados
(73,5%) (11 ET y 17 H), pero solo se recogieron o depositaron
en el MPV 20 conjuntos (50 %) (10 ET y nueve H).
- El tipo de tumba no determina su mayor o menor antigüedad.
3.6. LAS “MANSIONES”
Ballester Tormo intentó conocer la superficie total de la necrópolis e incluso localizar el asentamiento al que pudo pertenecer.
De hecho, en la primera intervención piensa que está excavando
un lugar de hábitat: “…cimientos de paredes de piedra en seco,
q. (sic) nos recordaban la técnica de los despoblados ibéricos
valencianos…. Llegamos con el convencimiento de q. (sic) las
amplísimas edificaciones de la casa de labor se alzaban sobre un
despoblado ibérico” (diario nº 67, 7-8).
El 14 de octubre de 1920 mientras buscaba delimitar la
necrópolis descubre dos paredes, una en dirección N-S y otra
perpendicular, E-O, separadas unos 9 m. Al día siguiente, consigue diferenciar “dos casas independientes o dependencias de
Figura 3.58. Material de construcción (anverso y reverso). 1:
Sepultura XXXI (MPV 47166); 2: Sepultura IX (MPV 47124); 3:
Sepultura X (MPV 47122).
Figura 3.59. Tamaño de las estructuras tumulares.
65
[page-n-67]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 3.1. Estructuras tumulares.
Sepultura
Medidas
Superficie m2 Tamaño
Loculus
Urna
Bustum
I
5,15
26,52 Grande
Cuadrado,
enlucido, tapado,
descentrado
No
Sí
II
4,6
21,16 Grande
Circular,
enlucido, tapado,
descentrado,
No
Sí
V
2,3
VI
4,2
No
No
Sí
No
No
Sí
VII
2,3
5,29 Mediana
3
9 Mediana
No
No
Sí
Circular, enlucido,
tapado, descentrado
No
No
X
2,4
5,76 Mediana
Cuadrado, tapado,
centrado
No
¿Sí?
XI
1,2
1,44 Pequeña
No
No
Sí
XII
1,8
3,24 Pequeña
No
Sí
¿Sí?
XIV
2,85
8,12 Mediana
No
Sin datos
Sin datos
XV
1,64
2,68 Pequeña
No
No
¿Sí?
16 Grande
No
No
No
IX
XVII
5,29 Mediana
17,64 Grande
4
XVIII
2,8
7,84 Mediana
No
No
Sí
XXIII
2,7
7,29 Mediana
Sin datos
Sin datos
Sin datos
XXIV
Inc
Inc Inc
Sin datos
Sin datos
Sin datos
4
16 Grande
Sin datos
Sin datos
Sin datos
4,5
20,25 Grande
Sin datos
Sin datos
Sin datos
XXIX
XXXVI
Tabla 3.2. Tumbas en hoyo.
Sepultura
Forma H Enlucido
Urna
Bustum
Sí
Sí, tapa
Sí
No
No
Sí
Sí
No
Sí
III
IV
VIII
Elipsoidal, tapado
XIII
No
No
Sí
XIX
No
Sí, tapa
Sí
XVI
No
Sí, tapa
Sí
XX
No
Sí, tapa
Sí
XXI
No
Sí, tapa
No
XXII
No
Sí
Sí
No
¿Sí?
Sí
XXVI
Sí
No
Sí
XXX
Sí
No
No
XXV
Circular
XXXI
Cuadrado, tapado
Sí
No
Sí
XXXII
Cuadrado, tapado
Sí
No
Sí
XXXIV
Cuadrado, tapado
XXXV
Sí
No
Sí
No
No
Sí
XXXVII
Sin datos
No
¿Sí?
Sin
datos
XXXVIII
Sin datos
No
No
Sin
datos
66
la misma”. Describe minuciosamente la excavación de la que
denomina Mansión A, incluso su estratigrafía y los escasos
materiales que recupera en su interior, en cambio nada dice de
la Mansión B.
De acuerdo con los croquis conservados (figs. 3.8 y 3.60), se
trata de dos amplias construcciones rectangulares, separadas por
un estrecho pasillo, además de un muro al SE de ellas. La altura
conservada de los muros es irregular y oscila entre 18 y 40 cm. Su
mala conservación la atribuye al uso de la piedra para construir
la antigua Casa del Monte y para alimentar las caleras (figs. 3.8
y 3.61). A pesar del tiempo transcurrido, todavía se aprecian las
alineaciones perimetrales (figs. 3.62 y 3.64).
En la página 99 del diario nº 67 hay un croquis con todas
estas construcciones y sus respectivas medidas mientras que en
la página 43 del diario nº 68 hace otro croquis más simplificado
que el anterior (fig. 3.60). En la planimetría general, las recoge
relacionadas con las tumbas y con los restos de la antigua Casa
del Monte (figs. 3.8 y 3.61).
La construcción A, según el relato de Ballester Tormo, “está
compuesta por cuatro paredes que forman dos rectángulos o tal
vez tres”, aunque en la planimetría conservada (figs. 3.8 y 3.60)
dibuja solo dos espacios: uno de menor tamaño del que se conservan, incompletas, las cuatro paredes (21,78 m2)8; y el segundo con
solo tres paredes conservadas (57 m2). Entre ambos espacios hay
8 Las superficies están extraídas con las medidas proporcionadas en los
croquis.
[page-n-68]
documentación e intervenciones
un acceso de unos 78 cm, con piedras a modo de umbral, situado
en el extremo SE del muro medianero. El grosor de las paredes
perimetrales oscila entre 58 y 60 cm y no hay información sobre
el muro medianero. En esta pared, y aproximadamente, en la
mitad de la misma, Ballester Tormo describe una piedra adosada
de 49 x 50 cm, en cuya superficie “y bordes” (sic) muestra huellas
evidentes de “calcinación o haber estado afectada por el fuego”.
En sus notas señala que el espacio mayor (a Poniente, según
su denominación) pudo estar subdividido porque encuentra algunas piedras alineadas de un muro desaparecido, pero sobre todo
porque “la gran extensión de este departamento P. planteaba la
dificultad de su difícil cubertura (sic) por lo largo de las piezas
necesarias para ello”.
Es evidente que en aquellos tiempos no se planteaba la existencia espacios abiertos o semicubiertos. No obstante, desecha
esa división cuando escribe, más adelante, que las piedras estaban
sobre unos 10 cm de tierra. En el centro de ese espacio indica
que pudo haber un hogar.
Al vaciar el interior de la construcción encontró, sobre todo,
piedras superficiales, tierra, adobes descompuestos y restos de
enlucido. El suelo lo describe como blanco y endurecido por el
fuego (fig. 3.63).
En el hipotético ángulo formado por la pared medianera y la
N, en el lado del posible espacio abierto, se encontró una fíbula
de “La Tenne I” (sic) que Ballester Tormo describe detalladamente: “La cola revertida la forma en su arranque una laminilla
que en su mitad lleva una pieza maciza y gruesa de forma ‘tonelete’, la que en su cara superior parece llevar como adorno unas
rayas formando ángulo; de la parte superior de tal pieza arranca
una pequeña varilla cilíndrica, al parecer estriada en espina ó
(sic) con adornos circulares (no está claro), la que termina en
una pequeña esfera que en su cara superior lleva embutido un
pequeño botón de pasta blanca, tal vez vidriosa hoy descompuesta” (Ballester Tormo 1930, 40 y fig. 19) (fig. 3.63). En el
espacio menor, llamado “a” encontró huesos y cerámicas, entre
ellas una campaniana (sic).
A unos 3 m al S de la Mansión A, hay una pared de 3,06 m, con
una altura conservada de 34 cm. Entre esta pared y la Mansión A
encontró una serie de piedras alineadas transversalmente en el espacio. En el croquis del diario nº 67 está señalado como C (fig. 3.60).
La Mansión B está separada de la A por un estrecho pasillo,
en apariencia mejor conservada, pero de ella tan sólo existen
los datos recogidos en los croquis (fig. 3.60). Se trata de una
construcción rectangular de 8,45 x 4,2 m (35,5 m2 aprox.),
muros con un grosor de 0,45 m. Ballester Tormo no señala
vano alguno, pero junto a la pared S dibuja algo semejante
a dos basas separadas entre sí 0,88 m. ¿Podría ser la puerta?
En la publicación de 1930 (p. 40) indica que se conservaban
restos de empedrado a lo largo de la pared meridional, tanto
por dentro como por fuera.
Llama la atención el escaso interés que muestra Ballester
Tormo por estos restos, una vez ha comprobado que no son enterramientos, a los que apenas les dedicó tres días de trabajo del 14
al 16 de octubre de 1920. Apenas cita los materiales que están
recogidos como tal en el depósito del MPV. Los revisados, que
corresponden a estas edificaciones, se señalan como procedentes
de la Mansión o Construcción D, denominación que no aparece
ni en los croquis ni en los cuadernos o diarios de campo. En la
publicación es algo más explícito: “fíbulas anulares, fusayolos,
Figura 3.60. Croquis con las “mansiones” en los diarios 67 y 68
(Archivo documental SIP).
67
[page-n-69]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.61. Restos de la antigua Casa del Monte en 2021.
1
2
3
4
Figura 3.62. Muros de las mansiones en 2021. 1 y 2, Mansión A; 3, Mansión B; 4 Vista con drone de las construcciones (2018) (fotografía
T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
68
[page-n-70]
documentación e intervenciones
Figura 3.63. Materiales de las “mansiones”. 1 y 2: fusayolas (MPV 47130); 3: cuchillo (MPV 47130); 4: lámina de bronce (MPV 47123);
5: fíbula anular (MPV 46); 6: base de posible recipiente con perforación (MPV 47123); 7: núcleo de sílex (MPV 47114); 8: fíbula La Tène
(Archivo fotográfico SIP); 9-11: material de construcción, anverso y reverso (MPV 47052 y 47107).
restos de cuchillos y tiestos ibéricos y campanianos…Un bello
ejemplar de fíbula de bronce…” (Ballester Tormo 1930, 40 y
fig. 19) (fig. 3.63).
La interpretación de estos espacios es difícil de realizar (fig.
3.62). Si se trata de parte del hábitat, éste debió ser muy pequeño
o estar muy deteriorado por las construcciones posteriores; además, la escasez de restos materiales y equipamientos en el interior
tampoco arroja mucha luz. La cercanía a la necrópolis pone sobre
la mesa otra posible explicación. El suelo bien conservado, el
hogar y un posible altar en la Mansión A, una zona empedrada,
las pilastras enmarcando la puerta de la Mansión B, el que ambas
construcciones no estén adosadas y la existencia de un amplio
espacio abierto en la Mansión A, parecen apuntar a un lugar de
reunión relacionado con el ritual funerario anterior y/o posterior
al enterramiento y no a espacios domésticos.
En estas estancias se pudieron llevar a cabo las libaciones y
otras ceremonias, cuya vajilla después era enterrada en la tumba
correspondiente. No obstante, hasta la fecha, este tipo de edificios no se ha documentado en las necrópolis conocidas del
Mundo Ibérico.
69
[page-n-71]
[page-n-72]
4
Estudio de los materiales
En este capítulo se aborda el estudio de todos los materiales
depositados en el MPV, pertenecientes a los ajuares, así como
los que constan como procedentes de las “mansiones” y un lote
sin referencia.
Los ajuares mayoritarios en Casa del Monte son las armas
y objetos de bronce de carácter personal; apenas hay cerámica,
sobre todo, importada. Completan el conjunto algunas piezas
singulares de hueso y de madera. El inventario de todos los materiales se puede consultar en el Anexo I.
4.1.1. Cerámica ibérica
4.1. LAS CERÁMICAS
4.1.1.1. Grupo I
El material cerámico recuperado no fue muy abundante, produciendo una falsa impresión sobre el número de tumbas sin
cerámica. Veintitrés de las 38 tumbas tienen cerámicas ibéricas
(60,5%), aunque no siempre se han localizado en el depósito del
MPV; sólo siete tienen cerámicas importadas de origen griego
(18,4%); y ocho carecen de cerámicas (21%).
Un aspecto de interés es que la mayor parte de las cerámicas forma parte del ajuar y apenas siete se utilizaron como urna,
entre ellas una de barniz negro (fig. 3.42, 3), la mayoría en tumbas de hoyo.9
La cerámica es el único ajuar recuperado en siete casos
(incluidas las citadas en el diario, pero no localizadas) (18,5%):
seis son tumbas en hoyo (Sepulturas IV, XIII, XXI, XXII, XXV,
XXVI) y la séptima, una estructura tumular (Sepultura XII).
Aparentemente hay cierta predilección por el tipo de tumba,
pues sólo diez túmulos tienen cerámicas (26%); mientras que 16
tumbas en hoyo tienen cerámica como ajuar o como urna (42%)
(incluidas las citadas en el diario sin localizar).
Tipo 2. Tinaja
El Grupo I corresponde a los recipientes de gran tamaño,
cuya funcionalidad está asociada al transporte y almacenaje.
De los cinco tipos identificados sólo se ha documentado uno,
la tinaja. Las tinajas servían para almacenar productos líquidos
o sólidos y en las necrópolis pudieron ejercer tanto de contenedores de ofrendas como de urnas (Cortell Pérez et al. 1992,
fig. 4, 1).
Los dos ejemplares de Casa del Monte están muy incompletos
y pertenecen a piezas y subtipos diferentes. Ambos se encontraron
en la Sepultura XIV, de la que apenas hay datos en los diarios, lo
que impide conocer el uso de las mismas.
En el primer caso se trata de un fragmento de tinaja con
hombro (A I.2.1.) con asa trigeminada y decoración pintada
(fig. 4.1, 1), variante de asa muy común en este tipo de recipiente. Estas asas compuestas apuntan a una cronología del
siglo III a. C.
El segundo fragmento, de la misma sepultura, es un borde
saliente de tinaja sin hombro de cuello corto (A I.2.2.), con un
labio poco habitual en este subtipo cerámico. Conserva pintura
en la base del cuello (fig. 4.1, 2).
9 Se incluyen las urnas citadas en el diario, aunque no se hayan localizado
en el depósito del MPV.
Se han contabilizado 72 individuos de cerámica ibérica
incluidos los fragmentos. Para su clasificación se ha utilizado
la tipología de Mata Parreño y Bonet Rosado (1992). Todos los
grupos de la clase A están representados, aunque de forma desigual, estando casi ausente la clase B, que sólo cuenta con dos
fragmentos informes (Sepulturas XXXVII y XIV) y una fusayola (Sepultura V).
71
[page-n-73]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.1.1.2. Grupo II
El Grupo II recoge 11 tipos de tamaño mediano con funcionalidades relacionadas con la despensa y otras actividades domésticas.
Sólo se han identificado cuatro tipos, pero es el tercer conjunto
representado. Alguno de los recipientes se utilizó como urna.
Tipo 2. Tinajilla
La tinajilla es equivalente a las tinajas del Grupo I cuya funcionalidad hay que relacionarla con la despensa o, en el caso de
las necrópolis, como contenedor de cenizas o de ofrendas.
En este tipo se clasifican tres recipientes, todos ellos incompletos, del subtipo 2, es decir, sin hombro. Dos de ellos son
prácticamente iguales (fig. 4.1, 4 y 5) con el cuello corto (A
II.2.2.2.). Los labios son ligeramente moldurados; la pieza más
completa tiene la base cóncava indicada y el cuerpo ovoide; la
decoración conservada es geométrica simple, a base de filetes
de distintos grosores en labio, cuello y galbo, llegando hasta el
tercio inferior (fig. 4.1, 5). Todo ello son variables propias de los
siglos V-IV a. C.
La tercera tinajilla está incompleta por la parte superior,
pero posiblemente también debió tener cuello corto, aunque, en
este caso, la clasificación no es segura (A II.2.2.) (fig. 4.1, 3).
También podría tratarse de una botella (A III.1.) por el baquetón en la base del cuello y la tendencia a cerrarse. Ahora bien,
como hizo el papel de urna cineraria nos inclinamos por catalogarla como una tinajilla. La base es cóncava y la decoración
pintada, geométrica a base de filetes, segmentos de círculo y
melenas, cubre parte del tercio inferior, característica propia
de los siglos V-IV a. C.
Tipo 4.1. Tinajilla de orejetas
La tinaja o tinajilla de orejetas es un recipiente que suele asociarse a su papel de urna cineraria en bastantes necrópolis. No
obstante, también es habitual encontrarla en espacios domésticos
(Mata Parreño y Bonet Rosado 1992, 126 y 128).
Se trata de un único fragmento, sin quemar, que conserva la
orejeta y un asa combinada asociada, con el nervio central trenzado; bajo el asa se aprecia una banda pintada (fig. 4.1, 6). Por
el tamaño, también pudo tratarse de un recipiente del Grupo I.
La asociación asa/orejeta no es frecuente; además de los ejemplares de Castellón y Tarragona con asa geminada se conocen
otros en El Castellón (Hellín-Albatana) y Toya (Peal de Becerro),
pero no tenemos constancia de piezas con un asa tan compleja
como ésta de Casa del Monte (López Bravo 2001, figs. 1, 1 y 2;
Maluquer de Motes Nicolau 1984, figs. 4, 6 y 8; Soria Combadiera 1997, fig. 91, 2; Pereira Sieso 1979, fig. 5, 7).
Las urnas de orejetas corresponden a una facies antigua de la
Cultura Ibérica (siglo VI e inicios del IV a. C.), con una dispersión
que abarca ante todo la fachada mediterránea peninsular, mientras
que su número disminuye hacia el interior, como sucede en la
provincia de Albacete donde no es un tipo abundante (Blánquez
Pérez 1990, figs. 45, 92 y 96; Fletcher Valls 1964; López Bravo
2001; Soria Combadiera 1997, 88-91).
En el depósito del MPV estaba catalogada como procedente
de la Sepultura XIV, pero en el diario nº 67 (11 de octubre de
1920) está dibujada cuando se reconoce la Sepultura XXXVII,
ant. I bis (fig. 3.53). Pudo hacer el papel de urna, pero dicha
sepultura fue destruida al construir la I.
72
Tipo 5. Orza pequeña
La orza es un recipiente doméstico similar a la tinajilla pero
de boca abierta. Dos piezas pertenecen a este tipo.
Una es un recipiente entero que actuó como urna cineraria,
clasificada en este tipo por su Indice de Abertura (IA 82). Presenta
un pie indicado y un labio apenas moldurado; la decoración, a
base de bandas y filetes, es polícroma y cubre toda la pieza y el
labio, así como la parte más visible del interior de la boca (fig.
4.1, 7), dejando partes en reserva.
Existen paralelos casi iguales en la zona oriental de la cuenca
del Guadalquivir, datados en el siglo IV a. C. (Pereira Sieso 1979,
fig. 8, 9; 1988, 155, fig. 7, 10; 1989, 154-155), así como en el sur
de la Meseta (Esteban Borrajo 2000, 9, 2). Por calidad y decoración no se parece al resto de cerámicas de la necrópolis, ni otras
conocidas en la zona, por lo que debe considerarse como una
importación del área oretana.
La otra pieza está fragmentada; presenta borde saliente y
engrosado y le falta la base (fig. 4.1, 8); decoración pintada,
geométrica simple. Sus atributos métricos indican que es abierta
(IA 84) y, probablemente, profundo (IP 100 o >), aunque este
último dato es aproximado. Por tanto, puede ser otra orza pequeña
(A II.5.) como las del alto Guadalquivir, fechadas entre mediados del siglo V y finales del IV a. C. (Pereira Sieso 1979, fig. 8,
8; 1988, 150, fig. 5, 8).
Tipo 6. Lebes con pie
El lebes es un recipiente abierto y poco profundo, de tamaños
variados. Pudo utilizarse como recipiente de despensa para líquidos
o sólidos, tanto en contextos domésticos como cultuales.
Sólo hay pieza entera perteneciente al subtipo con pie,
mediana (A II.6.1.2.). La decoración pintada está muy perdida
y apenas se distinguen series de semicírculos o arcos de círculo
concéntricos; el labio es ligeramente moldurado y la boca tiene
una estrecha banda pintada por el interior. Está ligeramente quemado pues hizo el papel de urna cineraria (fig. 4.1, 9).
Tiene cierta semejanza formal con el tipo 18 de Cuadrado
Díaz (1972) representado por un único ejemplar en la tumba 75,
fechada entre el 375-300 a. C. por la presencia de dos fragmentos
de cerámica ática (Cuadrado Díaz 1987, 196-197). En un estudio posterior se acota un poco más la cronología y se propone
el último cuarto del siglo IV a. C. (Cuadrado Díaz y Quesada
Sanz 1989, 55).
En cambio, este subtipo es muy frecuente en territorio edetano
durante el siglo III a. C. Tan sólo algunos rasgos nos hacen dudar
de su casi segura adscripción edetana: las gruesas paredes, el labio
apenas moldurado y la banda pintada por el interior de la boca;
la ausencia de sendos filetes en labio y pie no la consideramos
tan importante porque puede deberse a la mala conservación de
la decoración (Bonet Rosado y Mata Parreño 2002, 132 y 147;
Guérin 2003, 185; Mata Parreño y Bonet Rosado 1992, 129). En
consecuencia, creemos que podría ser una pieza del siglo III a.
C. y no del IV a. C., de procedencia edetana.
4.1.1.3. Grupo III
En el Grupo III se recogen todas las piezas utilizadas en el servicio de mesa, de líquidos y sólidos. Es el segundo grupo mejor
representado con 12 piezas cuya variedad tipológica es escasa
pues tan sólo se han documentado tres de los nueve tipos posibles.
[page-n-74]
estudio de los materiales
Figura 4.1. Formas cerámicas de los Grupos I y II. 1 y 2: Sepultura XIV (MPV 47143 y 47160); 3: Sepultura XIX (MPV 47059); 4: Sepultura XIV (MPV 47143); 5: Sepultura XXIX (47055); 6: Sepultura XXXVII (MPV 47143); 7: Sepultura XVI (MPV 2146); 8: Sepultura IV
(MPV 47159); 9: Sepultura III (MPV 24069).
73
[page-n-75]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tipo 1. Botella
La botella es un recipiente para servir líquidos que se caracteriza por su cuello estrecho y destacado y carecer de asa.
De los cinco ejemplares clasificados en este tipo sólo uno está
completo y pertenece al subtipo 2, es decir, con el tercio inferior
cilíndrico; base ligeramente cóncava (fig. 4.2, 1). Lleva decoración pintada repartida en dos registros, formando metopas; los
motivos son lineales; filete en el interior del borde y en la base
del cuello sobre un baquetón.
Por los atributos descritos, las bocas de botella de las Sepulturas III y V deben tener una forma igual o similar a la descrita
(fig. 4.2, 2 y 3). Una de ellas conserva el baquetón en el cuello
con decoración pintada lineal (fig. 4.2, 2).
Las otras dos bocas de botella carecen de decoración pintada.
Una presenta un baquetón en el cuello y arranque de galbo que
indica un perfil de tendencia globular (fig. 4.2, 5), en consecuencia del subtipo 1 (A III.1.1.); la otra, tiene una pequeña inflexión
en el inicio del cuerpo y el arranque del galbo tiene tendencia
troncocónica (fig. 4.2, 6) (A III.1.2.).
Como ya se señaló en su día (Mata Parreño y Bonet Rosado
1992, 131-132), la botella es un recipiente poco normalizado del
repertorio ibérico de ahí que sea difícil hacer una aproximación
cronológica y geográfica de subtipos y variantes. A pesar de lo
cual, en este caso, es interesante señalar la semejanza técnica y
formal de tres de los ejemplares (fig. 4.2, 1-3).
(Peal de Becerro) también del siglo IV a. C. (Cabré Aguiló
1925, 87, fig. 16 a); en una pátera de Cerro Lucena (Enguera)
(Castellano Castillo 2022, fig. 115, 3); e incluso se han encontrado decoradas con espirales en el pozo votivo de Libisosa
(Lezuza) de los siglos II-I a. C. (Uroz Rodríguez 2022, figs.
132-134). Estos contextos parecen sugerir un significado simbólico al motivo en espiral pintado en el fondo de los platos.
Del subtipo 3, escudilla con perfil en casquete (A III.8.3.1.),
hay dos ejemplares, uno de ellos completo. Esta escudilla tiene
un par de orificios de suspensión cerca del labio, pie anillado y
decoración lineal tanto por el interior como por el exterior (fig.
4.2, 10). Por los datos del diario de excavaciones, parece ser que
actuó de tapadera de la urna, que es un lebes (figs. 3.25 y 3.26)
(ver nota 6); según Ballester Tormo es del tipo Almedinilla (grupo
3, tipo II de Vaquerizo Gil, 1988-1989, 125-126; donde señala
que son comunes a toda el área ibérica) y Covalta (Albaida)
(Raga Rubio 1994).
La otra es un fragmento de borde (fig. 4.2, 11) con decoración
pintada lineal en el labio y por ambas superficies. No se puede
descartar la posibilidad que sea parte del casquete del pie de copa
escalonado (fig. 4.2, 13).
El quinto plato es una base anillada de cerámica gris que no
se puede adscribir a un subtipo concreto (fig. 4.2, 12).
Tipo 2. Jarro
Recipiente profundo de cuello estrecho y asa que lo hace apto
para el servicio de líquidos. La única pieza de este tipo conserva
la parte superior que permite clasificarla dentro del subtipo 1
(boca trilobulada); el asa, de sección cuadrada, sobresale del labio
y se apoya en el tercio superior; lleva un baquetón en el cuello
y decoración pintada a base de semicírculos concéntricos en el
tercio superior, entre bandas; podría tener el cuerpo globular (A
III.2.1.4.) (fig. 4.2, 7). Carece de referencia.
Tipo 1. Botellita
En este grupo se recogen todo tipo de recipientes y piezas de
tamaño inferior a 10 cm. Suelen encontrarse en contextos variados pero algunos tipos son recurrentes en ambientes cultuales
relacionados con ofrendas y rituales. Por eso, llama la atención
que sólo haya un ejemplar de este grupo funcional en Casa del
Monte. En este caso, se trata de una botellita de perfil piriforme,
con cuello indicado (A IV.1.1.2.), sin decoración; presenta las
superficies algo quemadas (fig. 4.3, 1). Según consta en el diario
nº 67 (día 27 de marzo de 1920), pudo hacer de urna o bien haber
contenido una ofrenda cárnica pues en su interior se encontraron
algunos huesecillos.
Tipo 8. Plato
El plato es un recipiente utilizado para el servicio y consumo de comida sólida (subtipo 1) o líquida (subtipos 2 y 3).
En las necrópolis pueden hacer el papel de tapaderas. Este tipo
está representado por cinco ejemplares repartidos entre los tres
subtipos conocidos.
Al subtipo 1 pertenece un plato de grandes dimensiones (A
III.8.1.1.), algo incompleto, con ala corta, dos orificios de suspensión y pie alto. En el fondo interno presenta un pequeño escalón
que da la apariencia de cazoleta poco profunda. La decoración
pintada se conserva mal y apenas se ven algunos trazos verticales
en el ala y concéntricos por el interior (fig. 4.2, 8).
El subtipo 2 está representado por un único ejemplar completo, con pie alto y decoración lineal tanto por el interior como
por el exterior; en el fondo interno, se dibujó una espiral (fig.
4.2, 9). El pie alto apunta a una cronología del siglo III a. C.
La decoración interna en espiral se encuentra en platos del subtipo 1 de la necrópolis del Cerro del Santuario (Baza) (Presedo
Vela 1982, figs. 138 y 139); en una escudilla de la tumba 149
de Tútugi (Galera) datada en el siglo IV a. C., a pesar de que
la escudilla tiene una fecha mucho más amplia del IV a mediados del III a. C. (Pereira Sieso et al. 2004, 155-156, figs. 97-3
y 101); en un plato o escudilla en la cámara sepulcral de Toya
74
4.1.1.4. Grupo IV
4.1.1.5. Grupo V
Se trata de un grupo heterogéneo con ocho tipos relacionados con
actividades artesanales o auxiliares de los grupos anteriores. Es el
grupo con mayor número de piezas, pero en ningún caso se trata
de recipientes por lo que hay que minimizar su valor cuantitativo.
Tipo 6.3. Tejuelo
El tejuelo es una pieza cerámica redondeada hecha de la pared
o base de un recipiente que ha dejado de ser funcional involuntariamente o que se inutiliza voluntariamente.
Los tres tejuelos recogidos carecen de decoración y uno de
ellos es una base indicada, de recipiente abierto, recortada (figs.
4.3, 2-4).
Estas piezas recortadas han sido objeto de dos trabajos
monográficos. El primero de ellos recoge las piezas de algunos
yacimientos ibéricos del NE de Catalunya (Castro Curel 1978).
Además de clasificarlas por medidas y clase cerámica utilizada,
se hizo una aproximación a la técnica de fabricación y se propusieron varias hipótesis de uso (tapones, fichas de juego, sistema
[page-n-76]
estudio de los materiales
Figura 4.2. Formas cerámicas del Grupo III. 1: Sepultura IV (MPV 70) (Archivo fotográfico SIP); 2: Sepultura III (MPV
47056); 3 y 4: Sepultura V (MPV 47120); 5 y 6: Sepultura XXI (MPV 47068); 7: Sin referencia (MPV 47162); 8: Sepultura X (MPV 47069); 9 y 10: Sepultura III (MPV 24070 y 47056); 11: Sepultura VIII (MPV 47081); 12: Sepultura XIV
(MPV 47160); 13: Sepultura VIII (MPV 47081).
75
[page-n-77]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.3. Formas cerámicas de los Grupos IV, V y VI. 1: Sepultura XXV (MPV 2145); 2: Sepultura XIV (MPV 47160); 3: Sepultura XV
(MPV 47110); 4: Sepultura XXX (MPV 47100); 5: Sepultura XX (MPV 69) (Archivo fotográfico SIP); 6: Sepultura XXI (MPV 47068);
7: Sepultura XXIX (MPV 47149).
de cómputo/contabilidad, sistema de votación y pesas de telar),
teniendo en cuenta que algunas están perforadas y otras presentan signos epigráficos esgrafiados.
El más reciente se centra en las piezas discoidales encontradas en un depósito votivo de Iliberri (Granada), además de hacer
un recorrido sobre conjuntos de otras cronologías y lugares de
Europa (Moreno Rodríguez y Adroher Aroux 2019). Todo ello da
pie a diferenciar entre piezas procedentes de paredes y las bases
recortadas, ambos subtipos presentes en Casa del Monte (tabla 4.1).
Se propone una metodología para tratar estas piezas teniendo en
cuenta la clase cerámica utilizada y el sector recortado, la morfometría, incluido el peso, la técnica de recorte, si tienen perforaciones
u otras alteraciones, si llevan algún esgrafiado y decoración. En
cuanto a los usos, recogen los mismos que Castro Curel, añadiendo
también que se trate de material simbólico, de uso higiénico, pesas
para redes de pesca y vajilla de mesa auxiliar.
Lo cierto es que se trata de piezas ampliamente difundidas
desde la aparición de la cerámica, cuyo uso puede ser variado.
Las tres piezas de Casa del Monte son demasiado escasas para
poder apuntar algún posible uso o simbolismo.
Tabla 4.1. Características de los tejuelos.
Localización
XIV.218
XV.042
XXX.035
76
Ø máx.-mín
grosor
5,5-5,3
0,8
6,4
5
0,7
Peso (g)
Clase
Sector
37
A
pared
66,06
A
base i
25,3
A
pared
Otros
círculos incisos
Tumba
Sexo/Edad
ET mediana
No se citan
ET pequeña
Adulto joven
Hoyo
No se citan
[page-n-78]
estudio de los materiales
Tipo 6.9.
Recogemos en este Tipo y subtipo una pieza de difícil clasificación encontrada en la Sepultura X junto a un lote de fusayolas
(fig. 4.4). Se trata de una pieza troncocónica cuyo aspecto externo
se parece a una fusayola sin cabeza, pero en este caso es hueca
(fig. 4.4, 19) (peso 12,9 g). En el diámetro menor tiene una perforación precocción y en él se aprecia una muesca como para
llevarla suspendida. El mismo Ballester Tormo en el diario nº
67 (29 de marzo de 1919) ya la describe como “una garrucha”,
diferenciándola del resto.
Tipo 8. Fusayola
Se recogieron un total de 18 fusayolas, dos de las cuales
pertenecen a las “Mansiones”, 14 en seis tumbas y dos sin
referencia. El conjunto más numeroso es el compuesto por
las ocho fusayolas de la Sepultura X (figs. 3.32 y 4.4, 2-3,
7-11 y 15), colocadas intencionadamente alrededor del loculus. El análisis antropológico no concreta el sexo de la persona
adulta enterrada.
La asociación a un tipo determinado de sepultura no es aparentemente significativa, pues hay dos en hoyo (Sepulturas IV y
XXVI), una con urna (Sepultura XXI) y tres encachados (Sepulturas V, X y XXIII); dos de ellas contienen cuchillos (Sepulturas
X y XXIII).
En cuanto a su clasificación más detallada, 15 pertenecen al
subtipo sin cabeza (A V.8.1.), siendo la variante más numerosa
la bitroncocónica con doce piezas (A V.8.1.5.) (fig. 4.4, 1-12); las
hay tanto con ambos troncos iguales como desiguales. A continuación, hay tres discoidales (A V.8.1.2. y B 7.9.1.) (fig. 4.4, 13,
14 y 18) y una troncocónica (A V.8.1.4.) (fig. 4.4, 15).
Aunque incompletas, se han clasificado dentro del subtipo
con cabeza (A V.8.2.) dos fusayolas porque su esbeltez y la rotura
que presentan en la parte inferior hacen pensar en la pérdida de la
misma. Una de ellas es troncocónica (A V.8.2.2.) y la otra bitroncocónica (A V 8.2.3.) (fig. 4.4, 16 y 17).
Cuatro fusayolas merecen destacarse por presentar decoración: incisa (fig. 4.4, 7), impresa (fig. 4.4, 12 y 16) y combinando
ambas técnicas (fig. 4.4, 12). Aunque no es habitual encontrar
semejanzas en las decoraciones de las fusayolas, el motivo estrellado de la fusayola de la Sepultura XXIII (fig. 4.4, 12) también
se encuentra en una del silicernium de la necrópolis de Los
Villares (Hoya Gonzalo) (Blánquez Pérez 1990, 243, fig. 52, 3).
Por otra parte, la fusayola discoidal de la Sepultura V (fig.
4.4, 18) tiene características morfológicas de la cerámica de clase
B o tosca. Aunque en su día no se recogió en la tipología de
cerámica ibérica (Mata Parreño y Bonet Rosado 1992), proponemos su inclusión en el tipo Diversos de la Clase B (7) porque
se han documentado en otros lugares como Kelin (Caudete de
las Fuentes) (Mata Parreño 2019, 119). Se trata, pues, del Tipo
7 (Diversos), Subtipo 9 (fusayola), variante 1 (discoidal) de la
cerámica de clase B.
Otro de los aspectos a comentar sobre las fusayolas es su
peso, pues gracias a la experimentación se ha podido determinar la clase y grosor del hilo con el que se utilizaron (Antón
Peset 2018, 241-244). Es cierto que, en el caso de las fusayolas
depositadas en tumbas puede resultar irrelevante esta constatación ya que han perdido su funcionalidad para convertirse en
objetos simbólicos e, incluso, pueden haberse fabricado a propósito. No obstante, recogemos sus pesos para ir aumentando
la base de datos de los mismos, ya que, en algún momento
de su ciclo, estas fusayolas sirvieron para hilar en manos de
mujeres y niñas.
Antón Peset establece cuatro grupos según el peso, dos de los
cuáles se encuentran entre estos ejemplares. El más bajo –entre
4 y 15 g- sería para hilos finos; y el segundo -entre 15 y 30- para
hilos medios. La misma autora apunta que algunos investigadores consideran difícil hilar con fusayolas de peso inferior a 8 g
(Antón Peset 2018, 141-244 y nota 924).
En Casa del Monte hay cinco fusayolas con peso inferior a
8 g, cuatro de ellas en la Sepultura X; otras cinco están entre 8
y 15 g; y las ocho restantes entre 15 y 25 g (tabla 4.2). Apenas
hay diferencia sobre el tipo de tumba en que se encuentran (tres
en hoyo y tres en empedrado mediano), destacando las ocho
piezas de la Sepultura X cuidadosamente colocadas. Los restos óseos conservados no aportan información específica sobre
género (tabla 4.2).
4.1.1.6. Grupo VI
Este grupo recoge piezas variadas que imitan o copian ejemplares áticos, púnicos e itálicos. Es el cuarto grupo mejor representado, con dos tipos bien documentados relacionados con el
servicio de bebida.
Tipo 2. Kylix-Skyphos
Fragmento de copa que conserva el arranque de un asa horizontal de sección circular; lleva pintadas dos líneas horizontales
en el exterior y cortos trazos verticales y ondulados en el interior del labio (fig. 4.3, 7). Sus rasgos son afines a otras piezas
clasificadas dentro del mismo tipo, especialmente el grupo de
La Bastida de les Alcusses, del que hay que destacar, además,
la proximidad geográfica a esta necrópolis (Page del Pozo 1984,
fig. 10, 7-10).
Tipo 5. Crátera
La crátera de la Sepultura XX no ha conservado las asas y
presenta una decoración pintada a base trazos cortos y arcos de
círculo que en el cuello adoptan una factura muy descuidada (fig.
4.3, 5). A pesar de lo cual pensamos que se trata del subtipo de
columnas por su similitud a otros ejemplares conocidos, subgrupo
A2, es decir, conserva los rasgos áticos, pero se han estilizado
sus proporciones y se ha incluido la decoración pintada (Pereira
Sieso y Sánchez Fernández 1985, 98, fig. 1). Según el diario nº
67 (27 de marzo de 1920), hizo el papel de urna.
Una base con pie destacado y arranque de cuerpo globular,
sin decoración debe pertenecer a otra crátera que, en este caso,
se clasifica como de campana (fig. 4.3, 6), dentro del subgrupo
A1 de Pereira Sieso y Sánchez Fernández (1985, 98, fig. 2); esto
es, imitando fielmente a los tipos áticos. De acuerdo con el diario de excavaciones, esta crátera se enterró incompleta e hizo el
papel de tapadera (27 de marzo de 1920).
4.1.1.7. Indeterminados
En este apartado se recoge una serie de cerámicas que, por su
estado fragmentario, no se pueden clasificar con seguridad, pero
que tienen decoración pintada geométrica o algún elemento formal merecedor de un comentario.
77
[page-n-79]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.4. Fusayolas (Grupo A V y Clase B). 1: Sepultura IV (MPV 47153); 2 y 3: Sepultura X (MPV 47122); 4: Mansión D (MPV 47130);
5: Sepultura XXI (MPV 67); 6: Sepultura XXVI (MPV 47109); 7-11: Sepultura X (MPV 47122); 12: Sepultura XXIII (MPV 47129 y
47156) (Archivo fotográfico SIP); 13 y 14: sin referencia (MPV 47115 y 47163); 15: Sepultura X (MPV 47122); 16: Mansión D (MPV
47130) (Archivo fotográfico SIP); 17: Sepultura IV (MPV 47153); 18: Sepultura V (MPV 68); 19: Sepultura X (MPV 47122).
Los fragmentos con decoración pintada son escasos y muestran motivos similares a los de las piezas enteras, es decir, trazos
lineales y círculos/semicírculos concéntricos (figs. 3.27, 10 y
3.52). Los de la Sepultura V pudieron pertenecer a alguno de los
recipientes incompletos.
Entre las formas, cabe señalar un pie destacado, moldurado y decoración pintada (figs. 3.30 y 4.2, 13) que puede
pertenecer tanto a una copa ibérica (A III.6.) como a una de
imitación (A VI.8.). Aunque sus fragmentos no unen, el borde
de escudilla de la misma tumba (fig. 4.2, 11) pudo ser parte
de la copa. En cualquier caso, se trata de una pieza relacionada con la bebida.
78
A continuación, dos bordes salientes, uno de ellos conservando
restos de pintura en el labio (fig. 3.27, 8 y 9). Sólo uno de ellos, podría
catalogarse como parte de una botella (A III.1.) puesto que se parece a
otras encontradas en la misma tumba y en la Sepultura IV.
En la Sepultura VIII hay varios fragmentos de un mismo
recipiente, posiblemente tronco o bitroncocónico, con base cóncava y decoración pintada con bandas, filetes y arcos de círculo
(fig. 3.30, 1), que no pueden atribuirse a las otras dos piezas del
mismo enterramiento (copa y escudilla).
La cerámica de cocción reductora está poco representada.
Además de la base de plato ya citada (fig. 4.2, 12), hay otros dos
fragmentos informes en las Sepulturas XIV y XXIX (ver Anexo I).
[page-n-80]
estudio de los materiales
Tabla 4.2. Características de las fusayolas.
Localización
Tipo
Peso (g)
Tipo tumba
Sexo/Edad
00.034
A V.8.1.2.
00.247
A V.8.1.2.
7
Completa
X.127
A V.8.1.4.
11,13
Completa
ET mediana
Adulto
IV.206
A V.8.1.5.
8
Incompleta
Hoyo
No había
X.125
A V.8.1.5.
17,67
Completa
ET mediana
Adulto
X.126
A V.8.1.5.
12,13
Completa
ET mediana
Adulto
X.129
A V.8.1.5.
13,96
Incompleta
ET mediana
Adulto
X.130
A V.8.1.5.
5,72
Completa
ET mediana
Adulto
X.131
A V.8.1.5.
5,05
Completa
ET mediana
Adulto
X.132
A V.8.1.5.
5,49
Completa
ET mediana
Adulto
X.133
A V.8.1.5.
3,02
Completa
ET mediana
Adulto
D.154
A V.8.1.5.
21
Completa
XXI.327
A V.8.1.5.
20,67
Completa
Hoyo
No se recogen
XXIII.152
A V.8.1.5.
18
Completa
ET mediana
Preadulto
XXVI.043
A V.8.1.5.
6,35
Media
Hoyo
Escasos
D.155
A V.8.2.2.
15
Incompleta
IV.205
A V.8.2.3.
23
Incompleta
Hoyo
No había
B 7.9.1.
9,95
Completa
ET mediana
Escasos
V.328
16,36
Conservación
Incompleta
La cerámica de cocina apenas está documentada, como es
esperable en una necrópolis. Tan solo hay recogidos dos fragmentos informes y una fusayola de la Sepultura V (fig. 4.4, 18).
Los fragmentos, sin referencia, pudieron pertenecer a la Sepultura XXXVII, puesto que se citan en el diario, pero no están en
el depósito de materiales del MPV.
Finalmente, mencionar un fragmento de la Sepultura XIV
totalmente vitrificado (MPV 47143) por efecto de la combustión.
4.1.2. Cerámica griega
Esta categoría cerámica constituye el 23% de las cerámicas recuperadas en Casa del Monte. Su escasez se hace patente si tenemos
en cuenta que se concentra en tan solo siete tumbas (18,5%), de
las que cinco son empedrados y las otras dos en hoyo. Tres de
las sepulturas tienen más de un ejemplar (10,5%) (Sepulturas
X, XII y XXIX), siendo encachados tumulares las Sepulturas X
y XII. Curiosamente, en la Sepultura XXI la copa ática hizo el
papel de urna (figs. 3.42, 3 y 3.44) a pesar de estar asociada a
cerámica ibérica.
La variedad tipológica es escasa; es más, se observa una
tendencia hacia la repetición del mismo tipo depositado en una
tumba. Ello apunta hacia la llegada simultánea de algunos lotes
importados como las Lamboglia 21 y 22 y el Bolsal.
4.1.2.1. Figuras Rojas
Sólo tres piezas corresponden a esta categoría, siendo dos de ellas
de difícil atribución tipológica debido a su estado fragmentario
(8,7% de las importaciones y 2% de toda la cerámica).
En el Archivo fotográfico del MPV se conserva la fotografía
de un fragmento de figuras rojas, sin referencia, depositada en
1973. Se trata de un rostro femenino, mirando hacia la derecha,
con el cabello cubierto (fig. 4.5, 3).
Kylix tipo B
Es una de las pocas piezas cerámicas publicadas de esta
necrópolis (Trías Rubiés 1967, 431-432), aunque para Ballester
Tormo sólo merece un breve comentario (Ballester Tormo 1930,
40) (figs. 3.43, 7; 3.44 y 4.5, 1). A pesar de que ya fue descrita
por Trías Rubiés, vale la pena volver sobre ella.
Se trata de una copa de pie alto, con dos asas horizontales de las que sólo se conserva una. A pesar de estar algo
incompleta, la secuencia decorativa se puede seguir bien. En
el interior un medallón delimitado por una greca dividida en
cuatro por sendos rectángulos en los que se inscribe un aspa
y cuatro puntos; en el centro, Eros corre (volando según la
autora mencionada) hacia la derecha llevando un manto en
la mano izquierda, mientras que en la mano derecha lleva un
objeto ovoide. En el exterior, bajo el asa conservada, herbácea (“palmeta”) vertical rodeada de volutas y, a ambos lados,
sendas escenas semejantes: joven desnudo corriendo hacia la
derecha, con los brazos extendidos hacia adelante, sujetando
unas halteras, se dirige hacia un hombre vestido con himation
que sujeta un bastón en la mano derecha (el árbitro según
Trías Rubiés). Las dos escenas están algo incompletas, pero
aun así se observa una pequeña diferencia en la carrera del
joven, pues el de la izquierda tiene un gesto más pausado,
como si se estuviera parando, mientras que el de la derecha
está en plena carrera. El pie, por el interior, está en reserva
79
[page-n-81]
la necrópolis ibérica de casa del monte
excepto una banda y dos filetes en la superficie de apoyo;
también aparece en reserva el interior de las asas y un recuadro tras las mismas.
Trías Rubiés la fechó entre los siglos V-IV a. C. (1967, 432);
Rouillard, años más tarde, propuso una fecha más ajustada, entre
400-375 a. C. (1991, inv. Razonado 625-626); y, en la base de
datos Iberia Graeca se acota al 450-400 a. C.10
En 2017, García Cano señalaba que sólo seis yacimientos
ibéricos contaban con copas de este tipo, a saber: Puig de Sant
Andreu (Ullastret), Vinya del Pau (Vilafranca del Penedès),
Puig de la Nau (Benicarló), L’Albufereta (Alacant), Coimbra
del Barranco Ancho (Jumilla) y Casa del Monte (Valdeganga),
proponiendo una fecha para esta última del 380/370 a. C. (García
Cano 2017, 194). A éstas hay que sumar seis copas del depósito de Zacatín (Granada) fechadas entre finales del siglo V e
inicios del IV a. C. (Rouillard y de la Torre Castellano 2014;
Rouillard et al. 2017, 278) y el depósito de un NMI de 13 copas
en la necrópolis de Alarcos III (Poblete, Ciudad Real) fechadas
en el primer cuarto del siglo IV a. C. (Miguel Naranjo et al.
2025). Todos estos autores plantean la llegada de lotes cerámicos que se distribuirían de forma más o menos contemporánea
en áreas próximas. Los hallazgos de Zacatín y Alarcos son los
más numerosos, multiplicando el número de piezas conocidas en
ocho yacimientos ibéricos.
Copa indeterminada
Dos fragmentos con líneas en reserva por el exterior que pueden corresponder a roleos, volutas o herbáceas; parece que llevó
algo de pintura blanca, aunque este último extremo no es seguro
(figs. 3.48, 1 y 4.5, 2).
4.1.2.2. Barniz negro ático
El barniz negro ático está representado por 15 copas repartidas
en tres tipos, concentradas en pocas tumbas.
Figura 4.5. Cerámicas griegas de figuras rojas. 1: kylix tipo B de
la Sepultura XXIII (MPV 64) (Archivo fotográfico SIP); 2: fragmento de la Sepultura XXIX (MPV 47149); 3: fragmento sin contexto (Archivo fotográfico SIP).
80
Bolsal o Lamboglia 42 B
Este tipo está representado por cinco ejemplares repartidos
entre las Sepulturas XXXVIII (1) y la XII (4). Se fabricó entre el
tercer cuarto del siglo V a. C. y todo el siglo IV, pero a lo largo
de ese tiempo no se mantiene inalterable por lo que, a través de
determinados rasgos, se puede ajustar su cronología.
La copa más completa presenta uña en la superficie de apoyo;
conserva en el fondo interno tres pequeñas herbáceas impresas
(“palmetas”) de siete tallos y dos volutas (fig. 4.6, 1). La uña es
propia de los ejemplares del segundo cuarto del siglo IV a. C.;
pero, en cambio, las paredes son muy rectas, las asas no sobrepasan la altura del borde y las impresiones son pequeñas (no llegan
a 1 cm) y están bien ejecutadas, todo lo cual apunta al siglo V
a. C. (García Martín 2003, 67). Podría tratarse de una pieza de
transición entre ambas centurias.
Las otras cuatro copas se encontraron en la Sepultura XII,
están muy fragmentadas y sus pastas y barnices están muy alterados por la acción del fuego. No se han conservado los pies ni
fondos que indiquen la existencia de decoración impresa. Otros
rasgos comunes son: paredes delgadas, ligeramente inclinadas
10 https://iberiagraeca.net/base/ficha.php?ficha=4150, consulta 21/10/2025.
[page-n-82]
estudio de los materiales
Figura 4.6. Cerámicas áticas de barniz negro. 1: Sepultura XXXVIII (MPV 47155); 2-6: Sepultura XII (MPV 47101); 7: Sepultura XIV
(MPV 47143); 8: Sepultura XII (MPV 47101).
hacia el exterior; las asas describen una ligera curva, sobrepasan
la altura del borde y tienen forma de herradura. Todo ello indica
una cronología del siglo IV a. C. (fig. 4.6, 2-5).
Es una forma frecuente en el silicernium de Los Villares,
pero los perfiles y otros atributos son diferentes a los bolsales
de Casa del Monte (Blánquez Pérez 1990, figs. 53-56); los conjuntos de la Illeta del Banyets (El Campello) y El Cigarralejo
(Mula), fechados en la primera mitad del siglo IV, se acercan
más a los bolsales de Casa del Monte (García Martín 2003, 67,
figs. 27-40; García Cano 1982, 140-147, figs. 16-19), por sólo
citar alguno de los lugares próximos en los que esta forma es
abundante.
Pátera o cuenco de borde saliente (outturned rim) o Lamboglia 22
Es la forma más abundante de barniz negro, repartida entre
las Sepulturas X (6) y la XXI (2). De las piezas recogidas sólo
se ha podido completar una (fig. 4.7, 8), estando las otras muy
fragmentadas.
Las bocas presentan alguna variación morfológica en cuanto
a los labios, pues los hay muy apuntados (figs. 4.7, 7 y 8), más
redondeados (fig. 4.7, 1 y 2) y apenas engrosados (figs. 4.7, 3 y
5). Uno de ellos tiene en reserva una pequeña franja bajo el labio
(fig. 4.7, 3). Los diámetros son variados, oscilando entre 21-24
cm, por lo que se trata de piezas de gran tamaño.
81
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.7. Cerámicas áticas de barniz negro. 1-6: Sepultura X (MPV 47058); 7-8: Sepultura XXI (MPV 47050 y 71) (Archivo fotográfico SIP).
82
[page-n-84]
estudio de los materiales
Los pies tienen una factura más homogénea, pues todos llevan
en reserva la superficie de apoyo y la unión exterior entre el pie y
el galbo; las variaciones se dan en dos pies que también llevan una
línea en reserva en el fondo externo (figs. 3.32, 19 y 4.7, 3); tres
tienen uña en la superficie de apoyo que se deja en reserva (figs.
4.7, 5 y 8); y el perfil exterior es, en un caso, muy curvado (fig.
4.7, 8), mientras que en el resto la curvatura es menos pronunciada
(fig. 4.7, 1-6). Por su parte, los diámetros oscilan entre 12 y 13 cm.
La decoración impresa sólo aparece con seguridad en dos
ejemplares (figs. 3.32, 19 y 4.7, 8), aunque también hay fragmentos informes con motivos herbáceos (“palmetas”) impresos
(fig. 3.32, 19).
La copa de la Sepultura XXI tiene una ancha banda de ruedecilla impresa y líneas incisas y en el centro siete motivos
herbáceos (“palmetas”) entrelazados, de cuatro hojas a ambos
lados del tallo central y sendas volutas; todo ello alrededor de
dos círculos incisos. Son las llamadas por Lamboglia “palmette
collegate” (1954, 111-112) (fig. 4.7, 8).
En una de las bases de la Sepultura X se puede ver una herbácea
similar a las anteriores, rodeada de ruedecilla impresa; mientras que
los fragmentos informes de la misma sepultura presentan herbáceas entrelazadas a modo de festón sobre doble línea concéntrica
incisa, rellena de trazos oblicuos. Son las llamadas por Lamboglia
“palmette combinate” (1954, 133-134) (fig. 3.32, 19).
Todas estas características son propias de los ejemplares de
mediados del siglo IV a. C. Es común en yacimientos de Alicante y
Murcia, pero escasean hacia el interior (García Martín 2003, 68-69).
Pátera o cuenco de borde entrante (incurving rim) o Lamboglia 21
De este tipo propio del siglo IV a. C. hay sólo dos ejemplares
de pequeño tamaño.
Uno de ellos, casi completo, tiene en reserva la uña y la unión
entre pie y galbo; decoración de ruedecilla y línea incisa (fig.
4.6, 7). Puede tratarse de una pieza de la primera mitad de siglo
por sus paredes robustas y pie grueso de perfil curvado (García
Martín 2003, 70).
El segundo es un fragmento de borde ligeramente entrante, de
paredes finas y labio apuntado; el barniz es mate, probablemente
por efecto del fuego (fig. 4.6, 8). Por sus rasgos morfológicos,
puede ser una forma más moderna que la anterior (García Martín 2003, 70).
4.2. OBJETOS DE INDUMENTARIA Y
ORNAMENTACIÓN
En esta necrópolis los objetos de indumentaria y ornamentación son
poco variados y, con escasas excepciones, están hechos de bronce.
Veinticuatro tumbas contienen alguno de ellos (63%), siendo la pieza
más abundante y repartida la fíbula, seguida de la placa de cinturón
y, finalmente, pulseras, pinzas, anillos y otros de difícil identificación. Las piezas de indumentaria y ornamentación constituyen el
único ajuar en tres tumbas (Sepulturas XVI, XXXI y XXXII) (8%).
4.2.1. Fíbula
Las fíbulas son piezas metálicas (bronce, hierro o plata) de uso
personal que se utilizaban para sujetar la ropa. Los diferentes
tipos indican procedencia, mientras que los tamaños apuntan a
la edad de los usuarios o a la indumentaria a sujetar. En general,
la cronología de las fíbulas es poco precisa por lo que suelen
ser los contextos de hallazgo los que aporten esta información.
Las fíbulas de Casa del Monte son anulares, excepto una
tipo La Tène procedente de las construcciones anexas (Ballester
Tormo 1930, fig. 19). En la necrópolis se han contabilizado 33
fíbulas repartidas en 16 tumbas;11 a las que hay que añadir dos
de las llamadas mansiones y otra sin referencia. Algunas de ellas
han sido estudiadas con anterioridad, por lo que remitiremos a
estas publicaciones (Cisneros Fraile 1992; Sanz Gamo et al. 1992,
48-50), añadiendo únicamente las modificaciones y comentarios
a que haya lugar.
Dado que la mayoría de las piezas son anulares, nos ha parecido que el criterio más idóneo para su ordenación es el resorte.
De acuerdo con ello, hay tres tipos: muelle, tope osculador y
bisagra (Cuadrado Díaz 1957, 9 y 10; 1962). Después se tendrá
en cuenta el puente, el nº de piezas y el tamaño de las mismas
(Cuadrado Díaz 1957, 6): grande de 100 a 60 mm; mediana de
60 a 40 mm; pequeña de 40 a 30 mm; y miniatura menos de 30
mm (tabla 4.3).
El tamaño puede ser indicativo de su uso o edad del propietario/a. Como en Casa del Monte la mayor parte de los restos óseos
pertenecen a Adultos y Preadultos, el tamaño será indicativo de su
uso. Sólo tres fíbulas son miniaturas: una de ellas de la Sepultura
XV, de un adulto joven, la segunda de la Sepultura XXXI pertenece a un adulto y la tercera de la Sepultura V carece de datos.
De ellas se puede deducir su uso para sujetar telas finas o ropa
interior, ya que en estos ajuares hay otras fíbulas mayores (figs.
3.27, 3.35 y 3.50). Las pequeñas y medianas tienen un número
similar con ligera mayoría de las medianas y no hay de tamaño
grande que se utilizarían para telas gruesas. Otra posibilidad sería
considerar las fíbulas como ofrendas y no como objeto personal.
4.2.1.1. Fíbula anular con resorte de muelle
El resorte de muelle está constituido por un arrollamiento de
alambre sobre el aro, a ambos lados de la cabeza del puente
(Cuadrado Díaz 1957, 9). Sólo dos piezas se pueden clasificar
con seguridad en este tipo (tabla 4.3).
La primera de ellas (fig. 4.8, 1), muy incompleta, conserva parte del puente de navecilla maciza, parte del aro y
del resorte; podría ser de tres piezas y, por el tamaño conservado, se puede considerar tanto miniatura (< 30 mm) como
pequeña (entre 40 y 30 mm); el resorte es filiforme y debió
prolongarse con la aguja.
La segunda (fig. 4.8, 2) ha sido estudiada con anterioridad
(Cisneros Fraile 1992, 206-207, fig. 3,4; Sanz Gamo et al.
1992, 115, 175-176, fig. 5.26, 135). Es una fíbula pequeña
de dos piezas (resorte/aguja y aro/puente); el muelle entra
junto al puente, por la izquierda, da tres vueltas y pasa por
debajo del mismo para llegar a la derecha del puente, dando
otras tres vueltas (tipo III de Cuadrado Díaz 1957); el puente
es de navecilla maciza, achaflanado por los laterales y con
decoración incisa en la parte superior. Por la parte interior
del puente lleva, escrito en rojo, el primer número de inventario asignado.
11 Incluida una de la Sepultura VIII citada en el diario nº 67, pero no
localizada.
83
[page-n-85]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.2.1.2. Fíbula anular con resorte de tope osculador
El tope osculador definido por Cuadrado Díaz (1962, 75) parte
del supuesto de que todas las fíbulas tienen tres piezas: aro y
puente fundidos por la cabeza de éste-aguja- pasador que une la
aguja al puente. Se han podido clasificar tres dentro de este tipo,
dos de las cuáles permanecían inéditas (tabla 4.3).
La fíbula publicada es pequeña con el puente de timbal elipsoidal (fig. 4.8, 3). (Cisneros Fraile 1992, 206, fig. 3, 3; Sanz
Gamo et al. 1992, 106, fig. 5.8, 26). Las otras dos están incompletas por el aro: una, mediana, tiene el puente elipsoidal (fig. 4.8,
4); y la tercera es pequeña con el puente hemisférico (fig. 4.8, 5).
4.2.1.3. Fíbula anular con resorte de bisagra
La bisagra está constituida por dos chapitas perforadas paralelas, situadas a ambos lados del puente, por cuyo orificio pasa
el aro; la aguja suele ser la prolongación de una de las chapitas
(Cuadrado Díaz 1957, 11). Son las más abundantes y se van
a tratar según la forma del puente, pues el tipo de bisagra no
siempre se conserva en condiciones; la bisagra se ha clasificado siguiendo la tipología de Iniesta Sanmartín (1983, lám.
XIII, 5) (tabla 4.3).
Navecilla normal maciza
Dentro de esta variante se catalogan cinco fíbulas de tres piezas, dos de ellas publicadas con anterioridad. Una, pequeña, con
bisagra tipo VIII (Cisneros Fraile 1992, 201, fig.1, 1; Sanz Gamo
et al. 1992, 106, 142-143, fig. 5.14, 59) (fig. 4.9, 1); la segunda,
miniatura, ha sido clasificada por Cisneros Fraile como de “timbal
hemisférico sin cazoleta”, “de sección maciza” (1992, 205-206,
fig. 3, 2) y por Sanz Gamo et al. como de “timbal hemisférico,
de sección cóncavo-convexa”, o elipsoidal (1992, 106 y 129,
fig. 5.9, 27). Una observación directa de la misma nos permite
reclasificarla dentro de esta última variante. La bisagra según
las publicaciones anteriores es de tipo VI, pero nosotras somos
partidarias de incluirla en el tipo IX de Iniesta (fig. 4.9, 2). La
tercera y la cuarta tienen la bisagra tipo IX y ambas están muy
afectadas por el fuego; difieren en que una es mediana (fig. 4.9,
3) y la otra, pequeña (fig. 4.9, 4); la quinta es mediana y tiene la
bisagra muy deteriorada (fig. 4.9, 5).
Navecilla normal hueca
Tres fíbulas de tres piezas. Un ejemplar mediano con bisagra
tipo I y no X ó V como se ha publicado (fig. 4.9, 6) (Cisneros Fraile
1992, 201, fig. 1, 2; Sanz Gamo et al. 1992, 111, 142, fig. 5.14, 58).
El segundo, muy deteriorado, mediano, con mortaja cuadrada muy
robusta y bisagra indeterminable por la corrosión y el fuego (fig.
4.9, 7). La tercera sólo conserva el puente y la bisagra que podría
ser del tipo VI ó IX (fig. 4.9, 8).
Navecilla hueca con terminales foliáceos
Son tres las fíbulas que, con seguridad, se catalogan dentro
de esta variante, todas ellas de tres piezas y con la navecilla
aquillada longitudinalmente.
Una de ellas se ha publicado como procedente de diferentes
tumbas. Así, Cisneros Fraile (1992, 201, fig. 1, 4) la considera de
la Sepultura XXIII, mientras que Sanz Gamo et al. (1992, 112-113
y 166, fig. 5.23, 114) la consideran de la XXII. En los archivos del
84
MPV consta como de la tumba XXIII, además Ballester Tormo
señala explícitamente que XXII carece de ajuar (27 de marzo
de 1920). Se trata de una fíbula mediana con bisagra tipo IX,
con decoración incisa a lo largo de la arista: dos líneas paralelas
rellenas de cortos trazos ligeramente inclinados (fig. 4.10, 3).
A la segunda, también mediana, le falta parte del aro; la mortaja es ancha y cuadrada; la bisagra es del tipo IX (fig. 4.10, 2).
La tercera es pequeña y se encontró en el poblado; la bisagra es
del tipo I (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 2,2; Sanz Gamo et al.
112-113 y 166-167, fig. 5.23, 115) (fig. 4.10, 1).
Navecilla de quilla quebrada
Una fíbula de tres piezas, pequeña que ya ha sido publicada.
Tiene la bisagra del tipo VI y resaltes angulares en los extremos
(Cisneros Fraile 1992, 201, fig. 1, 3; Sanz Gamo et al. 114-115 y
173-174, fig. 5.26, 131) (fig. 4.10, 4). Cisneros Fraile la publica
como procedente de la Sepultura IX, mientras que Sanz Gamo
et al. la catalogan en la Sepultura XI; en el archivo del MPV
consta como de la Sepultura XI. De la lectura del diario se puede
deducir lo mismo (29 de marzo de 1919), ya que Ballester Tormo
hablando de la Sepultura IX señala la aparición de “una gran
fíbula hispánica” y en la XI dice “una pequeña fíbula”.
Navecilla con chaflanes laterales
Fíbula pequeña, de tres piezas, puente hueco y bisagra tipo
IX (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 2,4; Sanz Gamo et al. 1992,
115 y 174-175, fig. 5.26, 133) (fig. 4.10, 5).
Timbal hemisférico
Hay tres fíbulas de tres piezas, dos de ellas de la misma
tumba. Las dos fíbulas de la Sepultura XV se diferencian por
el tamaño y la bisagra. A la mediana le falta la mitad del aro y
la mortaja (fig. 4.11, 1); la bisagra es de tipo IX, aunque se ha
publicado como próxima a X (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 3,1;
Sanz Gamo et al. 1992, 108 y 136, fig. 5.12, 44). La pequeña
tiene una bisagra tipo V y está bastante deteriorada (fig. 4.11, 3).
La tercera es mediana y tiene la peculiaridad de llevar varios
alambres enrollados al aro a modo de decoración (fig. 4.11, 2); está
totalmente chafada lo que ha dificultado su catalogación. Cisneros Fraile la publicó como fíbula de puente de navecilla con arista
transversal y “chaflanada en los extremos del puente” (1992, 201
y 205, fig. 2,1); mientras que para Sanz Gamo et al. el puente es
de sección convexa, con montantes apoyados sobre él (1992, 112113, 173, fig. 5.26, 130). Una observación directa de la misma nos
lleva a catalogar el puente como de timbal hemisférico, de ahí los
montantes citados por Sanz Gamo et al., los extremos chaflanados
del puente y “la oquedad a modo de cazoleta casi hemisférica”
descritos por Cisneros Fraile. En cambio, la bisagra es más difícil de observar y en su clasificación nos inclinamos por el tipo X.
Una decoración similar se puede ver en fíbulas de las
necrópolis de Hoya de Santa Ana y Pozo Moro (Chinchilla de
Montearagón) (Sanz Gamo et al. 1992, fig. 5.18, 83-86, 153-154;
fig. 5.22, 110, 164) con resorte de bisagra y puentes diferentes.
Puente indeterminable
Dos piezas entran en este grupo. Una fíbula pequeña, de tres
piezas, con el aro abierto en el lugar donde se ensartaría el puente
y la mortaja; el puente y la bisagra están totalmente deformados
por la acción del fuego durante la cremación (fig. 4.12, 1). De
[page-n-86]
estudio de los materiales
Tabla 4.3. Características básicas de las fíbulas.
Sepultura
Resorte
Puente
Tamaño
XXXVII
Muelle
Macizo
Miniatura o Pequeña 3
V
Muelle
Macizo achaflanado
Miniatura
I
IX
XXXII
Tope osculador
Tope osculador
Tope osculador
Timbal elipsoidal
Mediana
Timbal hemiesférico Pequeña
Timbal elipsoidal
Pequeña
3
3
3
XIX
XIX
XXIII
XXIV
XXXI
Bisagra VIII
Bisagra VI
Bisagra IX
Bisagra
Bisagra IX
Macizo
Macizo
Macizo
Macizo
Macizo
Pequeña
Mediana
Pequeña
Mediana
Miniatura
3
3
3
3
3
IX
X
XXIII
Bisagra I
Bisagra VI ó IX
Hueco
Hueco
Hueco
Mediana
Mediana
Pequeña
3
3
3
VII
XXIII
Poblado
Bisagra IX
Bisagra IX
Bisagra I
Hueco, foliáceo
Hueco, foliáceo
Hueco, foliáceo
Mediana
Mediana
Pequeña
3
3
3
Deteriorada
Decor. puente
XI
Bisagra VI
Quebrado transversal Pequeña
3
Resaltes angulares
XXXI
Bisagra IX
Chaflanes laterales
Pequeña
3
X
XV
Bisagra X
Bisagra IX
Timbal hemiesférico Mediana
Timbal hemiesférico Mediana
3
3
Aro con alambre enrollado
XV
Bisagra V
Timbal hemiesférico Pequeña
3
Deteriorada
X
XXXI
Bisagra V
Puente Indet
Puente Indet
3
3
Deteriorada
XV
No conservado
Macizo
XV
No conservado
Hueco
Pequeña
3
XX
No conservado
Hueco, foliáceo
Mediana
3
XV
No conservado
Chaflanes laterales
Mediana
3
V
XXX
XXXI
No conservado
No conservado
No conservado
Alambre grueso
Alambre
Alambre grueso
Mediana
Mediana
3
XV
No conservado
Arco de violín
Miniatura
3
SR
No conservada
Lámina
Mediana
Decoración aplicada
Poblado
Tipo La Tène
Mediana
Decoración incisa
Mediana
Pequeña
Piezas Observaciones
2
Decor. puente
Deteriorada
3
Posible
85
[page-n-87]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.8. Fíbulas anulares con resorte de muelle y de tope osculador. 1: Sepultura XXXVII (MPV 47117); 2: Sepultura V (MPV 45); 3:
Sepultura XXXII (MPV 51); 4: Sepultura I (MPV 47125); 5: Sepultura IX (MPV 47106).
86
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estudio de los materiales
Figura 4.9. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y navecillas maciza y hueca. 1: Sepultura XIX (MPV 50); 2: Sepultura XXXI (MPV
54); 3: Sepultura XIX (MPV 47085); 4: Sepultura XXIII (MPV 47129); 5: Sepultura XXIV (MPV 47146); 6: Sepultura IX (MPV 29); 7:
Sepultura X (MPV 47127); 8: Sepultura XXIII (MPV 47129).
87
[page-n-89]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.10. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y navecilla hueca con terminales foliáceos y navecilla de quilla quebrada. 1: Mansión D (MPV 46); 2: Sepultura VII (MPV 47136); 3: Sepultura XXIII (MPV 72) (Archivo fotográfico SIP); 4: Sepultura XI (MPV 48); 5:
Sepultura XXXI (MPV 53).
88
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estudio de los materiales
Figura 4.11. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y timbal hemiesférico. 1: Sepultura XV (MPV 55); 2: Sepultura X (MPV 63); 3: Sepultura XV (MPV 47158).
la segunda solo se conserva una aguja con bisagra tipo V de una
fíbula de tamaño mediano y un fragmento de aro que une las dos
chapas de la bisagra (fig. 4.12, 2).
4.2.1.4. Fíbula anular con resorte no conservado
Navecilla maciza
En la Sepultura XV se recogieron varias fíbulas, una de ellas
sólo conserva parte de puente y la aguja con el inicio del orificio
del resorte, razón por la cual no se puede clasificar con seguridad (fig. 4.12, 4).
Navecilla hueca
También de la Sepultura XV, se conserva parte del aro con el
arranque de la mortaja cuadrada y un fragmento del puente con
orificio para engarzar el aro. Por los restos conservados sería de
tamaño pequeño y de tres piezas (fig. 4.12, 5).
Navecilla hueca con terminales foliáceos
Una fíbula mediana, de tres piezas, a la que le falta la aguja
y el resorte; puente aquillado longitudinalmente (fig. 4.12, 6).
Navecilla con chaflanes laterales (fig. 4.12, 7)
Fíbula mediana, de tres piezas, aunque sólo conserva el
puente y la mortaja; el puente es hueco y en los dos extremos conserva sendos orificios para ensartar el aro (Cisneros Fraile 1992,
205, fig. 2, 3; Sanz Gamo et al. 1992, 115 y 175, fig. 5.26, 134).
Puente de alambre
Fíbulas sencillas en las que puente, aguja y muelle suelen ser
de una sola pieza (Cuadrado Díaz 1957, 17). Las dos fíbulas que,
casi con seguridad, se pueden clasificar en este tipo pertenecerían
a la variante de alambre grueso (5 mm). Una de ellas, mediana,
tan sólo conserva el puente, parte de la aguja y algún fragmento
más (fig. 4.12, 8); la otra pudo ser de tres piezas pues el puente,
ligeramente aquillado, tiene un orificio para el aro en un extremo
y parte de la mortaja (fig. 4.12, 9).
También se podría catalogar en este tipo un conjunto de varillas de la Sepultura XXX (fig. 4.12, 10) donde, según parece,
también se encontró una fíbula.
Puente de “arco de violín” (fig. 4.12, 11)
Fíbula en miniatura de tres piezas, conservando el puente de
sección plano-convexa, muy poco levantado, con orificio en el
pie y arranque de otro en la cabeza para pasar el aro; y aguja con
arranque del resorte.
4.2.1.5. Fíbula tipo La Tène
La única fíbula de esta tipología de todo el yacimiento se encontró en
el “poblado” (Ballester Tormo 1930, 40, fig. 19). Conserva el puente
de arco peraltado con cabeza perforada; el pie, con la mortaja, se
dobla y apoya ligeramente sobre el puente el remate balaustrado con
cuello y remate de cabeza cilíndrica. El puente presenta un nervio
longitudinal; en el balaustre, motivos espigados incisos; el remate
89
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.12. Fíbulas anulares incompletas y Fíbula tipo La Tène. 1: Sepultura XXXI (MPV 52); 2: Sepultura X (MPV 47127); 3: poblado
(Archivo fotográfico SIP); 4 y 5: Sepultura XV (MPV 47158); 6: Sepultura XX (MPV 47092); 7: Sepultura XV (MPV 56); 8: Sepultura V (MPV
47121); 9: Sepultura XXXI (MPV 47157); 10: Sepultura XXX (MPV 47100); 11: Sepultura XV (MPV 47158); 12: sin referencia (MPV 47163).
de la cabeza lleva incisiones radiales; además de pequeños orificios
donde se pudo incrustar algún material de diferente coloración, tal
como señaló Ballester Tormo en el diario nº 67: ”…un pequeño
botón de pasta blanca, tal vez vidriosa hoy descompuesta…” (Sanz
Gamo et al. 1992, 216 y 222, fig. 6.4; Cisneros Fraile 2008, 154, fig.
37, P2). En la actualidad, sólo se tiene constancia de la misma por
la fotografía publicada por Ballester Tormo en 1930 y conservada
en el Archivo fotográfico del SIP (figs. 3.63 y 4.12, 3).
4.2.1.6. Fíbula con decoración incrustada en el puente
Un fragmento de puente, sin referencia, de sección rectangular
con un círculo rehundido con punto central en la parte superior
para colocar algún aplique de ámbar, coral, pasta vítrea, marfil
o hueso; en los montantes, sendos triángulos rehundidos (fig.
4.12, 12). Al faltar el muelle o el aro, no se puede clasificar
con seguridad. Un puente similar se encuentra en una fíbula
anular de la tumba 43 de la necrópolis del Cerro del Santuario,
fechada en el siglo IV a. C. por las cerámicas áticas de figuras
90
rojas de su ajuar (Presedo Vela 1982, 79, fig. 46, 7 y 8) y en
otra de resorte bilateral de la tumba G de Castellones de Céal
(Hinojares) (Chapa Brunet et al. 1998 26, fig. 7, 6), fechada en
este caso en el siglo III a. C.
4.2.2. Placa de cinturón
La placa o broche de cinturón, cuando está completa, se compone
de dos piezas de cobre, bronce o hierro, de tendencia rectangular.
Una activa, a veces con escotaduras laterales cerradas o abiertas,
que puede estar decorada con técnicas diversas; en el talón están
los remaches para su fijación al cinturón y en la cabeza (o cabecera) están los garfios o ganchos para sujetarse a la parte pasiva.
La pieza pasiva también puede estar decorada pero lo que la
caracteriza es la existencia de varias perforaciones rectangulares
para el engarce de la parte activa; en el talón están los remaches
de fijación al cinturón y la cabeza suele ser recta. Gracias a la
escultura en piedra y los exvotos en bronce se sabe que pudieron
ser utilizados tanto por hombres como por mujeres (fig. 4.13).
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estudio de los materiales
Figura 4.13. A y B: auletris en altorrelieve de Osuna y detalle de la placa de cinturón (fotografías E. Collado Mataix); C y D: torso masculino de l’Alcúdia (Elx) y detalle de la placa de cinturón (fotografías E. Collado Mataix); E: exvoto masculino de bronce del Santuario de
La Luz (Santo Ángel) con placa de cinturón (MAM/CE100117) (Museo Arqueológico de Murcia). Varias escalas.
En Casa del Monte se recuperaron cinco placas de cinturón
completas (figs. 4.14 y 15). Casi todas han sido publicadas y a
esa bibliografía vamos a remitir, a no ser que se haga alguna
precisión (Soria Combadiera y García Martínez 1994 y 1996).
Uno de los broches de cinturón se aproxima a los tipos célticos definidos por Cerdeño Serrano (1978). Se trata de una pieza
activa con escotaduras laterales cerradas y un garfio; el cierre de
las escotaduras presenta tres círculos; está decorada con impresiones a granetti, incisión de puntos y sogueado además de tres
flores, troqueladas y superpuestas, dicotiledóneas de 10 pétalos; los remaches se convierten en el órgano reproductor (Mata
Parreño et al. 2010, 108 y 113, fig. 104-1); son estas flores las
que le confieren personalidad propia. Como ya señalaron Soria
Combadiera y García Martínez (1994, 287-288, fig. 5, 11, lám.
II, 5; 1996, 35-36 y 119, fig. 11, 11), pertenecería al tipo D, pero
sus peculiaridades indujeron a crear una nueva variante, es decir,
D-IV 1 (fig. 4.14, 1, izq.).
En su día se publicó sin procedencia o procedente de la
Sepultura XIV (Soria Combadiera y García Martínez 1996; Cisneros Fraile 2008, 134-135, fig. 13), pero la revisión completa
de los ajuares, así como la atenta lectura de toda la documentación del archivo Ballester Tormo depositada en el SIP ha
permitido ubicarla en la Sepultura II. En el diario de marzo
de 1918 se puede leer: “...y gran parte de un ágrafe de cobre o
bronce, casi completo el elemento activo, que lleva unas rosetas repujadas todo ello cubierto por encima de barro”; además
el mismo Ballester Tormo hace referencia a ella en su publicación sobre la necrópolis como perteneciente a la Sepultura
II (1930, 34 y 42).
Formando parte del mismo ajuar, hay una pieza pasiva con
cuatro remaches y cinco taladros cuadrangulares dispuestos en
forma de “T” (fig. 4.14, 1, der.) (Soria Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 8, 24; 1996, 49 y 56, fig. 14, 24). Aunque de
morfología diferente a la que le correspondería, pudo ser la pareja
de la placa activa de tipo céltico (fig. 4.14, 1, izq.).
Las otras cuatro placas pertenecen a tipos considerados ibéricos. La mejor conservada pertenece a la Sepultura XVIII y se
clasifica dentro de la serie 4ª de Cabré Aguiló y Cabré Herreros
(Ballester Tormo 1930, 42, fig. 18; Soria Combadiera y García
Martínez 1994, 290, fig. 7, 14 y 17; lám. III, 1 y 2; 1996, 45-46
y 120, fig. 12, 14). La parte activa está decorada con puntos
impresos y volutas entrelazadas hechas mediante acanaladuras
remarcadas con doble incisión; en la cabecera lleva dos apéndices
redondeados y en la base conserva los tres remaches. La pieza
pasiva tiene un taladro rectangular situado transversalmente,
decorado con puntos impresos y series de ovas; la base presenta
una suave escotadura y conserva los dos remaches; en la cabecera, hay un pequeño orificio (fig. 4.14, 3).
En la Sepultura I se encontró una placa de hierro con la parte
activa muy deteriorada (figs. 3.22 y 4.15, 2). La pieza pasiva conservaba dos taladros rectangulares y tiene adherido un fragmento
de vaina de bronce; la parte activa, conserva cinco remaches que,
a su vez, sujetan tres discos de bronce a modo de decoración
aplicada; está muy fragmentada pues se encontró adherida a los
restos de una lanza: “...y a su lado la lanza, que llevaba soldada
por el óxido formando un bloque, gran parte de la placa activa
de un ágrafe de hierro y el regatón de aquélla soldado a la lanza
y fragmento de ágrafe...” (diario nº 67, marzo de 1917, p. 9).
91
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.14. Placas de cinturón. 1: Sepultura II, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 59); 2: Sepultura
XIV, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 50335 y 50336); 3: Sepultura XVIII, activa y pasiva, anverso
y reverso (MPV 9 y 10) (Archivo fotográfico SIP).
En la Sepultura XIV hay otra placa cuya parte activa también es la más deteriorada. La pieza pasiva tiene tres taladros
rectangulares situados en medio de la placa; la base es ondulada
y conserva tres remaches; otros dos orificios aparecen a ambos
lados de uno de los taladros (Soria Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 8, 25, lám. IV, 3; 1996, 49 y 56, fig. 14, 25).
La pieza activa fue publicada como pasiva y sin referencia (Soria
Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 9, 30, lám. IV, 5;
92
1996, 59, fig. 14, 30), mientras que Cisneros Fraile la ubicó en la
Sepultura XIV (2008, 135, fig. 13, 14.5). La base es ondulada y
tiene cuatro orificios, uno de ellos con el remache; conserva una
decoración hecha con placas circulares recortadas y remachadas
formando dos flores dicotiledóneas de siete pétalos (Mata Parreño
et al. 2010, 108 y 113). Estas flores aplicadas y el remate ondulado son poco habituales; un ejemplar con laterales ondulados se
encontró en Cabezo Lucero (Guardamar del Segura) en el punto
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estudio de los materiales
Figura 4.15. Placas de cinturón. 1: Sepultura XXIV, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 62 y 61); 2: placa activa de hierro y bronce
con regatón y vaina adheridos, anverso y reverso de la Sepultura I (MPV 47097 y 47073).
63 fechado en el siglo IV a. C. (Aranegui Gascó et al. 1993, 131132, 230, fig. 67, 1). La pieza activa se colocó sobre una punta
de lanza y puñal que se encuentran adheridos por efecto del calor
(figs. 3.34, 4.14, 2 y 7.20).
De la Sepultura XXIV procede otra placa sumamente deteriorada en la actualidad, aunque se dibujó en el primer inventario
de Casa del Monte y en el cuaderno 68 bis (figs. 4.15, 1 y 4.16,
61-62). La pieza activa es de cabeza moldurada, hombros redondeados, línea de puntos por los dos laterales y en la base tres
remaches. En este primer inventario se indica que lleva decoración de líneas incisas y que está alabeada y muy rota; la
decoración se aprecia con dificultad en la actualidad y tampoco
se conserva la cabecera. La pieza pasiva conserva dos taladros
rectangulares, perforación rectangular central y dos remaches;
decoración de dos líneas de puntos alrededor de los dos taladros centrales. En el apartado observaciones del inventario citado
figura como extraviada, pero se ha podido identificar entre fragmentos de bronce (fig. 4.16, 61 y 62).
Las cinco tumbas con placas de cinturón contienen armamento y en tres de ellas se enterró a un Preadulto (Sepulturas I, II
y XVIII). En las Sepulturas XIV y XXIV no se citan restos óseos.
Asociadas a las placas de cinturón se deben tener en cuenta
varios conjuntos de laminillas de bronce encontradas en las Sepulturas I, XIV y XVIII. Tienen un ancho entre 1,2 y 2,6 cm y un
grosor de 1 mm (fig. 4.17). El 27 de marzo de 1920 al describir el ajuar de la Sepultura XVIII, Ballester Tormo señaló “…
se encuentran las dos piezas de un agrafe de bronce de mediano
tamaño y unas como laminillas que debieron servir para mejor
anclar aquellas al cuero”; en el interior de la caja donde se conservan las de la Sepultura XIV pone: “Laminillas sujeción cuero
Figura 4.16. Página del primer inventario de Casa del Monte del
SIP donde se recoge la placa de la Sepultura XXIV (Archivo documental SIP).
93
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.17. 1-4: laminillas de bronce de las Sepulturas X (MPV 47070), XVIII (MPV 47102), XXIX (MPV 47119) y I (MPV 47084);
5-7: caja con laminillas de bronce, laminillas y nota manuscrita de Ballester Tormo de la Sepultura XIV (MPV 47082, 47134 y 47135).
Figura 4.18. Pinzas y anillos. 1: Sepultura I (MPV 18); 2: Sepultura IX (MPV 28); 3: Sepultura X (MPV 47127) (fotografía M. Blasco Martín); 4: Sepultura V (MPV 47121), 5 y 6: Sepultura XI (MPV 48 y 49); 7: Sepultura XVI (MPV 60); 8: Sepultura XXXIII (MPV 47116).
94
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estudio de los materiales
cinturón” y en un trozo del diario Las Provincias escribió: ”Estos
informes deben pertenecer á (sic) la cinta del cinturón y tal vez
algunas á (sic) tumba del ágrafe”. En el cuaderno 68 bis señala
que unidas debieron alcanzar unos 40 cm.
Esta misma asociación se ha hecho posteriormente para varias
tumbas y en algunas de ellas las laminillas se conservaban claramente asociadas a la placa (García Cano y Page del Pozo 2001,
96, fig. 2-2; Graells i Fabregat y Lorrio Alvarado 2017, 117124, figs. 70 y 75). En cambio, esta asociación no se da con las
laminillas de las Sepulturas X y XXIX, aunque en ambos casos
pudieron formar parte de recubrimientos de regatones o de las
fundas del cuchillo y la falcata.
4.2.3. Pinzas
Las pinzas son piezas de aseo personal compuestas por una
lámina de bronce o hierro, de ancho variable, doblada por la
mitad sobre sí misma; los extremos distales se curvan ligeramente
hacia el interior para entrar en contacto; la cabeza se convierte
en un resorte curvo en la zona de inflexión que permite su funcionamiento como una tenacilla flexible, siguiendo los principios
de una palanca de tercer grado; puede llevar una anilla de sujeción. Los vástagos pueden estar decorados con diversas técnicas
(Jiménez Ávila y Lorrio Alvarado 2019, 315-318).
En Casa del Monte hay cuatro ejemplares de bronce en sendas tumbas. Las pinzas de la Sepultura IX están completas (fig.
4.18, 2): los brazos rectangulares miden 5,1 cm de largo y 1,2
cm de ancho; se estrechan en la parte superior a modo de muesca
rectangular. Aunque incompleta, la pieza de la Sepultura I (fig.
4.18, 1) parece idéntica.
Menos robustas son las pinzas de la Sepultura V (fig. 4.18,
4), mostrando un estrangulamiento hacia la cabeza de perfil
sinuoso, a diferencia de los casos anteriores. Las de la Sepultura
X están muy deterioradas, pero también se aprecia un estrangulamiento y un lateral con ondulaciones cerca de la cabeza
(fig. 4.18, 3).
Las pinzas se encuentran tanto en necrópolis como en asentamientos y la cronología, hoy por hoy, la aporta el contexto de
hallazgo y no el tipo de las mismas. Ejemplares formalmente
semejantes a estos dos modelos se han documentado en La Bastida de les Alcusses (Fletcher Valls et al. 1969, dep. 59, 31; Bonet
Rosado y Vives-Ferrándiz Sánchez 2011, 175, fig. 45), lo que
permite una datación del siglo IV a. C. Un catálogo bastante
completo de pinzas se puede consultar en el libro sobre las necrópolis de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla) (García Cano
1997, 242-243), al que sólo se podrían añadir algunos ejemplares
publicados con posterioridad pero que no aportan novedades al
respecto (Bonet Rosado y Mata Parreño 2002, 158).
Se trata de un objeto de aseo personal, tanto masculino como
femenino, aunque se haya asociado tradicionalmente a ajuares
de jinetes en necrópolis y asentamientos (Bonet Rosado y Mata
Parreño 2002, 158). Esta asociación no se puede corroborar
en Casa del Monte, pues en esta necrópolis no se han identificado arreos de montar. Y, en cuanto a la asignación de género,
el análisis antropológico señala la presencia de un Preadulto
(Sepultura I), de un posible Adulto femenino (Sepultura IX)
y de un Adulto (Sepultura X); de la Sepultura V no hay restos
recogidos. Sólo las Sepulturas I y IX contienen armamento, y
en todas ellas hay fíbulas.
Figura 4.19. Pulseras. 1: Sepultura V (MPV 47121); 2: Sepultura
XXXI (MPV 47157); 3: Sepultura XIX (MPV 47131); 4: Sepultura
XVI (MPV 47164); 5: Sepultura XXXII (MPV 47161).
4.2.4. Anillo
El anillo o sortija es un objeto de adorno personal utilizado por
hombres y mujeres como se aprecia en la escultura en piedra (fig.
4.20). Están elaborados en bronce o plata; pueden ser simples
aros o llevar un chatón con o sin decoración; la decoración del
chatón puede ser grabada, en relieve o incrustada. Los aros también pueden estar decorados y/o enrollados en espiral.
Los anillos catalogados son cuatro, dos simples y dos con
chatón, más otro no localizado de la Sepultura XXVII que se
describe así en el diario nº 67: “Explorada da unos pocos huesos
pequeños una como sortija constituida por una laminilla de cobre
ó (sic) bronce en espiral”.
Los dos primeros son de bronce de sección plano convexa,
muy finos, de las Sepulturas XI y XXXIII; este último es abierto
con los extremos ligeramente superpuestos (fig. 4.18, 5 y 8).
Uno de los anillos con chatón es de plata y se encontró también en la Sepultura XI. El chatón es ovalado y en él no se aprecia
motivo alguno (fig. 4.18, 6). El otro, de la Sepultura XVI, es de
95
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.20. Izquierda, figura masculina en piedra del Cerro de los
Santos (Montealegre del Castillo) con pulseras en ambas muñecas
y brazos (fotografía MAN nº 7598). Derecha, detalle de la mano
izquierda de la Dama de Baza con anillos y pulseras en la muñeca
(fotografías E. Collado Mataix).
bronce en cuyo chatón ovalado se aprecia un perro grabado con
la cola corta levantada, gran cabeza con fauces abiertas y patas
dobladas (fig. 4.18, 7).
La Sepultura XXXIII fue, probablemente, o bien los restos
de un ustrinum o bien una tumba muy deteriorada en la que se
encontraron escasos restos óseos y ajuar. En las Sepulturas XI y
XVI se enterraron sendos Adultos siendo, en la XVI, un individuo masculino. En este último caso se aporta un ejemplo más a
la asociación hombre/cánido, sea lobo o perro, tan abundante en
la iconografía ibérica (Mata Parreño 2014, 207-209).
4.2.5. Pulsera
La pulsera es un ornamento personal compuesta por un aro de
bronce o plata, generalmente de sección plana o planoconvexa,
que puede ser cerrado, abierto o enrollado y llevar decoración
geométrica o zoomorfa. Hombres y mujeres los lucen en el brazo
y/o en el antebrazo (figs. 4.20 y 4.21).
Tan sólo se han reconocido cinco pulseras de bronce en las
Sepulturas V, XVI, XIX, XXXI y XXXII, en tres de las cuales
se aprecia una decoración grabada por el exterior formando espigas (fig. 4.19).
La Sepultura XVI se diferencia de las otras cuatro por ser
el único empedrado, tener armas en su ajuar y pertenecer a un
individuo adulto masculino; las otras cuatro se encontraron en
tumbas de hoyo, tres sin armamento (V, XXXI y XXXII), siendo
de un Adulto la Sepultura XXXI y de un Preadulto la XIX, en la
que sí se depositaron armas.
Solo tres pulseras tienen diámetros medibles: 5,1 (XVI),
6,1 (XXXII) y 7,5 cm (V). El diámetro de 5,1 cm parece muy
pequeño para ser un objeto personal del individuo adulto enterrado en la Sepultura XVI; un comentario similar puede hacerse
para la pulsera de la Sepultura XXXII, aunque aquí se desconoce la edad del difunto. Esta problemática de los diámetros
nos plantea algunas propuestas. Los diámetros pueden ayudar a
96
Figura 4.21. Mujer joven del Corral de Saus (Moixent) con pulseras en la muñeca izquierda y anillas en las trenzas (fotografía E.
Collado Mataix).
discriminar por rangos de edad cuando el análisis osteológico no
aporta información. Así, los inferiores a 7 cm podrían pertenecer
a Infantiles o Preadultos.
En el caso de que haya una contradicción en los datos aportados, como en la Sepultura XVI o lo contrario - es decir, individuo
Infantil o Preadulto enterrado y pulsera de Adulto, las pulseras
podrían interpretarse bien como ofrendas depositadas por los
allegados en el momento de la cremación bien como ornamentos
de la indumentaria o del cabello en el caso de diámetros pequeños. Estos últimos están documentados en exvotos y esculturas
de mujeres jóvenes, cuyo ejemplo más paradigmático son las
llamadas “damitas” del Corral de Saus (Moixent) (fig. 4.21),
así como depositados en cuevas rituales (Machause López et al.
2024, fig. 7, tabla 2).
4.3. LAS ARMAS
El armamento ibérico se conoce fundamentalmente por su
abundante documentación arqueológica en necrópolis, donde se
encuentran importantes conjuntos de armas en distinto número y
proporción; también en contextos cultuales -santuarios- y poblados, si bien en un número significativamente menor. Otra fuente
documental para su estudio es la iconografía en diferentes soportes: piedra, cerámica y numismática con sus, en ocasiones, discutibles interpretaciones a la hora de identificar elementos de la
panoplia ibera.
Tras las primeras sistematizaciones de Sandars y Schüle (Sandars 1913; Schüle 1969) y algunos trabajos parciales como el de
Cuadrado Díaz (1989), será Quesada Sanz (1997; 2016, 166-168,
176) quien realice las aportaciones más sistemáticas y novedosas.
En Casa del Monte, las armas identificadas tras la revisión de
los ajuares y la lectura de los diarios son un total de 64 ítems en 18
de las 38 tumbas excavadas (47,3%) (tabla 4.4). También se conoce
un cuchillo procedente de los espacios que Ballester Tormo denominó “Mansiones”, situadas a escasos metros al E de las sepulturas.
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estudio de los materiales
Todas las armas han sufrido los efectos del fuego tras su paso
por la pira, circunstancia que queda plasmada en su estado de
conservación, en los restos de madera que todavía pueden apreciarse y en varios conjuntos de armas, o sus fragmentos, adheridas
unas a otras (fig. 7.15).
4.3.1. Falcata
La falcata es una espada de hierro, en forma de sable, de hoja
ancha, curva y asimétrica; casi siempre con doble filo en la punta.
De perfil arqueado tenía una doble utilidad: como arma punzante
y cortante para realizar tajaduras, de ahí su filo cortante por ambas
caras. Se trata de un arma especialmente concebida para el combate cuerpo a cuerpo.
La empuñadura de hierro, vuelta sobre sí misma para proteger
la mano de golpes cortantes, adoptaba la mayoría de las veces la
forma de una cabeza de caballo o de ave, denominación utilizada
por vez primera por Cabré Herreros (1934, 214-2159) y empleada
posteriormente por otros autores (Cuadrado Díaz 1987, 84-85).
La empuñadura es uno de los elementos fundamentales para la
clasificación de estas armas, con cuatro tipos: A, Cabeza de Ave;
1
B, Cabeza de Caballo; C, Rota e Indeterminada; y E, Rectangular.
Estos tipos no implican variaciones a nivel cronológico y geográfico (Quesada Sanz 1997, vol. I, 100-103). Esta empuñadura se
recubría con cachas de material orgánico (hueso, asta, marfil o
madera) fijadas al alma mediante remaches, cachas que rara vez
se conservan.
La hoja presenta unas profundas acanaladuras longitudinales,
acanaladuras que tienen una funcionalidad debatida y así se han
propuesto tres hipótesis (Quesada Sanz 1997, vol. I, 98): una
considera que tendrían un papel estético y, además, otro práctico al aligerar el peso de la hoja e incrementar su flexibilidad;
otra, que las acanaladuras tienen una función meramente ornamental; y, por último, se ha propuesto que fueron diseñadas con
la intención de agravar las heridas cuando el arma penetra en el
cuerpo del enemigo.
En ocasiones, las falcatas se decoraban con incrustaciones en
hilo de plata o hierro formando motivos vegetales, geométricos,
zoomorfos, representaciones de cabezas humanas o inscripciones
en lengua ibérica, que dotan a estas armas de un carácter simbólico y de prestigio (Quesada Sanz 1997, vol. I, 114). En general,
se fechan desde finales del siglo V a. C., si bien no es hasta las
2
3
Figura 4.22. 1: falcata de la Sepultura XXIX (anverso y reverso) con hoja de cuchillo y parte de la vaina adheridos (MPV 21); 2: falcata de
la Sepultura XX (anverso y reverso) con vaina adherida y restos de las cachas de hueso o marfil (MPV 20); 3: espada de antenas de la Sepultura XVII (anverso y reverso) con decoración incrustada de cobre y restos de la vaina adheridos (MPV 37) (fotografías J. Vives-Ferrándiz).
97
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la necrópolis ibérica de casa del monte
primeras décadas del siglo IV a. C. cuando se generalizan en
los ajuares funerarios, aunque siguen estando presentes hasta
inicios del I a. C, como en la necrópolis de Alarcos II (Ciudad
Real) (García Huerta et al. 2018, 154-159). La mayoría de los
hallazgos procede del sur y sureste peninsulares (Quesada Sanz
1997, vol. I, 61, 76-79).
A pesar de ser uno de los elementos más característico de la
panoplia ibérica, en esta necrópolis es minoritario con solo dos
en las Sepulturas XX y XXIX. La acción del fuego de la pira y
su elevado grado de oxidación no permiten el reconocimiento de
todos los aspectos señalados (fig. 4.22, 1 y 2).
La longitud media de las falcatas es de 60,2 cm y la de las
hojas 48,9 cm (Quesada Sanz 1997, vol. I, 85-86). En Casa el
Monte, las longitudes son parecidas a la media, aunque las hojas
son algo más pequeñas.
La falcata de la Sepultura XX tiene empuñadura del tipo A
o de Cabeza de Ave y conserva restos de las cachas de hueso o
marfíl (ver apartado Artesanías óseas). Estaba partida en tres
fragmentos, probablemente para poder introducirla en el hoyo,
y presenta corrosión prácticamente por toda la superficie por lo
que no puede apreciarse si llevaba decoración incrustada. Conserva elementos de la vaina en la empuñadura y restos de una
guarnición en un lateral. En la hoja se aprecian las acanaladuras
que, arrancando desde la base de la empuñadura, forman un
conjunto y corresponden al Tipo II de Quesada Sanz (1997,
vol. I, 94, fig. 37).
La empuñadura de la falcata de la XXIX es del tipo B o de
Cabeza de Caballo. Está prácticamente completa y conserva dos
cantoneras horizontales de la vaina adheridas a la hoja, una en la
parte superior próxima a la empuñadura y la otra, en el extremo
inferior cerca de la punta. En la hoja se aprecian las acanaladuras que, desde la empuñadura, se dirigen a la punta, pero no se
puede determinar su tipo debido a la corrosión que presenta.
Junto a la empuñadura tiene adherida la hoja de un cuchillo, lo
que corrobora la asociación falcata/cuchillo en la panoplia (fig.
4.22, 1; tabla 4.6).
El hecho de que ambas conserven elementos de la vaina adheridos revela que fueron depositadas envainadas en la pira.
4.3.2. Espada
La espada es otro de los tipos de arma empleada para el combate
cuerpo a cuerpo. Tradicionalmente se ha considerado que en el
mundo ibérico los diversos tipos de espada y puñales se encuentran en menor proporción que las falcatas (Quesada Sanz 1999
a, 120); sin embargo, como se ha señalado, en Casa del Monte
4
2
3
1
Figura 4.23. Espadas de frontón. 1: Sepultura XIX (anverso y reverso) (MPV 30) (Archivo fotográfico SIP); 2: Sepultura VII (anverso y
reverso) con fragmento de cuchillo adherido (MPV 13); 3: Sepultura IX (anverso y reverso) (MPV 26); 4: Sepultura VIII (anverso y reverso)
(MPV 38) (fotografías J. Vives-Ferrándiz).
98
[page-n-100]
estudio de los materiales
ocurre justamente lo contrario, pues se han registrado cinco espadas, cuatro de frontón exento y una de antenas, frente a solo dos
falcatas (tabla 4.4; figs. 4.22 y 4.23).
El hallazgo de estos dos tipos de espadas debió suscitar el
interés de Ballester Tormo por investigar sobre ellas, pues en
un cuaderno de notas sobre su visita al Museo Arqueológico
Nacional el 15 de septiembre de 1929, describe y dibuja ambos
tipos (fig. 4.24).
4.3.2.1. Espada de frontón
Se trata de una espada de hoja recta o pistiliforme de sección
lenticular, ancha, con la empuñadura de tipo lengüeta plana,
de forma romboidal, que es prolongación de la hoja, rematada
por un pomo semicircular generalmente de bronce. A ambos
lados de la lengüeta se remachaban las cachas de material
orgánico (hueso, asta, marfil o madera), que se han conservado en ocasiones. Lo más característico es el extremo de su
empuñadura constituido por una triple lengüeta metálica de
hierro, en la que la pletina central está unida a la hoja y las
dos laterales son piezas independientes. Éstas desarrollan en
su extremo distal sendas chapas rectangulares para constituir
la guarda del puñal.
En el mundo ibérico aparecen representadas, por primera vez,
en el monumento de Cerrillo Blanco (Porcuna) de inicios del siglo
V a. C. y pueden perdurar hasta el siglo III a. C. (Quesada Sanz
2010, 71-72) (fig. 4.29). Ejemplares cercanos a Casa del Monte
se han documentado, entre otros, en El Tesorico (Agramón-Hellín), datada en el 400-350 a. C. (Broncano Rodríguez et al. 1985,
84-89); en Pozo Moro, en una tumba fechada en el siglo III a. C.
(Alcalá-Zamora Díaz-Berrio y Bueno Sequera 2000, 23); y en el
Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo) (Fernández
Avilés 1953, 205, lám. VII.6; Quesada Sanz 1997, vol. II, 852)
y Hoya de Santa Ana (Quesada Sanz 1997, vol. I, 185) espadas
que carecen de cronología precisa.
Ninguna de las cuatro espadas de frontón de Casa del Monte
(Sepulturas VII, VIII, IX y XIX) conserva las cachas (fig. 4.23).
Dos (Sepulturas VII y XIX) pertenecen al Tipo I serie 1 de Quesada Sanz (1997, vol. I, 185-186), tipo que se caracteriza por los
pomos, que forman parte de las cachas, y por la variante de lengüeta sobre el que se montan. En el extremo opuesto a la guarda,
el cuerpo principal de la lengüeta se bifurca en dos láminas divergentes con los extremos redondeados donde se coloca el frontón.
El tipo se fecha entre mediados del siglo V a. C. y mediados del
IV a. C. (Quesada Sanz 1997, vol. I, 177-178). Las otras dos
(Sepulturas VIII y IX), posiblemente, corresponden al mismo
Tipo y serie, aunque están fracturadas por la lengüeta (fig. 4.23,
3 y 4). Las medidas de estas piezas se recogen en la figura 4.25.
Las espadas más completas son las de las Sepultura VII y
XIX (fig. 4.23, 2 y 1). La primera, de hoja triangular alargada,
mantiene casi todo el frontón que lleva inserto en el hueco de las
pletinas una fina lámina de bronce y la guarda basal; tiene adherida la hoja de un cuchillo. A la segunda, de hoja pistiliforme,
sólo le falta el frontón exento. La guarda tiene en su parte central un remate decorativo alargado que no parece una herbácea12
12 “Palmeta” según la denominación tradicional.
estilizada que se encuentra en el puñal de la Sepultura II, así
como en algunas espadas y puñales de frontón de Andalucía
oriental (Quesada Sanz 1999b, 85-88).
Las espadas de la Sepulturas IX y VIII tienen la hoja triangular alargada. La primera conserva la guarda completa, pero
la corrosión no permite observar con claridad el remate central
que podría asemejarse al de la Sepultura XIX (fig. 4.23, 3 y 4).
4.3.2.2. Espada de antenas
Se trata de una espada de hoja recta o triangular alargada, cuya
empuñadura termina en dos antenas con sendos remates esferoidales, característica de la península Ibérica en los siglos V a II
a. C. A partir del siglo IV a. C. presentan hilos de plata o cobre
embutidos en la empuñadura y/o las antenas. El guerrero vencido del Cerrillo Blanco lleva al cinto una espada de antenas; y,
así mismo, aparece grabada en la estela de Altea la Vella (Altea)
(Morote Barberá 1981, 421-422, fig. 2) (fig. 4.29).
En Casa del Monte hay un único ejemplar en la Sepultura
XVII. Corresponde al Tipo III de Quesada Sanz caracterizado por
empuñadura de espiga cubierta por dos tubos cilíndricos unidos en
el centro mediante anillo de resalte que facilitan el agarre, guarda
recta y remates esferoidales en el pomo. Se fecha entre principios
del siglo V y la primera mitad del IV a. C., aunque podrían llegar
a finales de esa centuria (Quesada Sanz 1997, vol. I, 207-212). La
hoja es recta, tiene estrías longitudinales en el centro que no se
aprecian en su totalidad por efecto de la corrosión y conserva en
uno de los filos restos de la vaina y de una guarnición.
El pomo, de sección circular, es recto con un ligero engrosamiento en el centro y lleva decoración incrustada de hilos de
cobre, al igual que en las antenas, formando 11 líneas paralelas
(Ver Análisis PXRF de algunas piezas de Casa del Monte) (figs.
4.22, 3 y tabla 4.11).
Este tipo de espada es el más usual en las necrópolis celtibéricas, especialmente en El Altillo (Aguilar de Anguita) y en otras
necrópolis del Alto Tajo-Alto Jalón, pero no suelen llevar ornamentación o no la han conservado (Cabré Herreros 1990, 207,
figs. 1-4). Además de éstas, desde finales de los 90, se admite la
existencia de un foco de producción en Andalucía (Cabré Herreros y Baquedano Beltrán 1997, 251-252; Quesada Sanz 1997, vol.
I, 2012) (fig. 4.29). Sin embargo, la espada más parecida a la de
Casa del Monte, por su decoración con incrustaciones de cobre,
es una de la necrópolis del Altillo (Fernández-Galiano Ruiz 1979,
13, lám. V, 2, a partir de Aguilera y Gamboa 1911, Tomo III, lám.
CXVII) (fig. 4.24).
4.3.3. Puñal de frontón
El puñal de frontón es morfológicamente similar a la espada de
frontón y se distingue de ésta por su menor tamaño (fig. 4.25). La
forma de la hoja puede ser triangular alargada de filos rectos o pistiliforme (Quesada Sanz 1997, vol. I, 275-276). La empuñadura
es de lengüeta losángica y el frontón exento. Estas armas están
distribuidas por Andalucía (Castellones de Céal y Los Patos-Cástulo), Alicante (Cabezo Lucero, El Molar y La Serreta) y Albacete
(Los Villares) (Quesada Sanz 1999b, 71-73).
En Casa del Monte se documentan tres puñales en sendas
sepulturas (I, II y XIV) (fig. 4.26). Aunque incompletos por la
empuñadura, se trata de puñales de frontón exento del Tipo I,
99
[page-n-101]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.24. Anotaciones y dibujos de Isidro Ballester Tormo sobre las espadas recogidas en el cuaderno de visita al
Museo Arqueológico Nacional en 1929 (Archivo documental del SIP).
100
[page-n-102]
estudio de los materiales
Figura 4.25. Comparación de las dimensiones (en cm) de las espadas y puñales de frontón. En las Sepulturas I, VIII, IX y XIV se recogen
las medidas conservadas.
Figura 4.26. Puñales. 1: Sepultura I, con punta de cuchillo adherida en el lado opuesto (MPV 19); 2: Sepultura XIV, adherido a punta de
lanza y placa de cinturón (MPV 35); 3: Sepultura II, anverso, reverso y detalles de la decoración (MPV 23).
101
[page-n-103]
la necrópolis ibérica de casa del monte
subtipo IB de Quesada Sanz (1997, vol. I, 278-279, fig. 165;
1999b, 73, figs. 2 y 5) caracterizado por la presencia de estrías
y acanaladuras y, especialmente, por la empuñadura con lengüeta bifurcada para ajustar el frontón; se fecha en los siglos V
y IV a. C.
El puñal de la Sepultura I conserva dos grandes fragmentos
de la hoja con estrías longitudinales en el centro; lleva soldado
un fragmento de cuchillo lo que evidencia, aunque no sea su
ubicación original, que estaría encajado en la vaina formando
parte de la panoplia. Quesada Sanz (1997, vol. II, 849) lo clasificó inicialmente como espada de antenas, pero dos años más
tarde lo catalogó como puñal de frontón (Quesada Sanz 1999b,
figs. 2 y 3), tipo de arma que nos parece el correcto dadas sus
dimensiones.
La pieza de la Sepultura II tiene hoja triangular alargada y,
en el centro de la guarda basal, presenta un remate decorativo
en forma de apéndice alargado muy similar al de la espada de la
Sepultura XIX (fig. 4.23, 1). El motivo más parecido se encuentra
en dos puñales de La Carada (Espeluy) (Quesada Sanz 1999b,
figs. 15 y 19) y en la espada de la Sepultura XIX.
El puñal de la Sepultura XIV es de hoja triangular alargada
(fig. 7.20). La guarda presenta dos remaches en su unión con la
lengüeta losángica de sección plana y está adherido a una punta
de lanza grande.
4.3.4. Vaina
Las falcatas, espadas y puñales se guardaban en una vaina de
cuero reforzada con un armazón de hierro que colgaba de un
tahalí. La vaina se compone de embocadura, pieza de chapa
fina doblada sobre sí misma, que se introducía por el exterior
en la funda de cuero reforzando la boca, uniéndose a la funda
mediante finos remaches; dos o tres abrazaderas de suspensión,
que envolvían a la vaina, con una o dos anillas cada una que servían para suspender el arma al tahalí y, en ocasiones, cantoneras metálicas. Las abrazaderas o guarniciones podían utilizarse
también para transportar un cuchillo. Así mismo forman parte
de la funda unos botones metálicos, a veces de bronce, para la
suspensión del tahalí (Cuadrado Díaz 1989, 24-29; Vaquerizo
Gil 1989, 248; Quesada Sanz 1997, vol. I, 106), y por último, la
contera, pieza metálica en el extremo inferior de la vaina para
resguardar la punta del arma.
En Casa del Monte se han documentado restos correspondientes a 11 vainas en sendas sepulturas (tabla 4.4 y fig. 4.27),
en diferente estado de conservación. Las dos falcatas, los tres
puñales y cuatro de las espadas se enterraron con su funda que,
en algunos casos, se conserva adherida a la hoja (figs. 4.22, 4.23
y 4.27, 4). No ocurre lo mismo con la espada de frontón de la
Sepultura XIX que se depositó sin la funda, mientras que en las
XVIII y XXXIII sólo se colocó la vaina.
Las más completas están en las Sepulturas I, VIII y XVII.
Se trata de restos de la armadura metálica correspondientes a un
puñal de antenas, a una espada de frontón y a otra de antenas,
respectivamente. La de la Sepultura I conserva, además, anillas
de suspensión, una abrazadera y el extremo de la contera (fig.
4.27, 1). Las cantoneras de la Sepultura VIII (fig. 3.30, 8) tienen
restos de una guarnición, una anilla y un pequeño remache y la
vaina de la XVII, un fragmento de la primera guarnición con
anilla (fig. 4.27, 4).
Las más incompletas están en la Sepultura II con una anilla de suspensión asociada a un puñal de frontón (fig. 3.23); la
VII, correspondiente a una espada de frontón conserva una anilla
Figura 4.27. Vainas. 1: Sepultura I, anverso y reverso (MPV 47151 y 17); 2: Sepultura XVIII (MPV 11 y 12); 3: Sepultura XXIX, anverso
y reverso (MPV 47119); 4: Sepultura XVII, detalle de la vaina adherida (MPV 37).
102
[page-n-104]
estudio de los materiales
entrelazada a lo que sería una primera o segunda guarnición (fig.
3.29); la IX, con una abrazadera con anilla de suspensión, otra
anilla suelta y dos remaches pertenecientes a la embocadura, asociada a una espada de frontón (fig. 3.30); la XIV, con dos anillas
de guarnición, un remache de la embocadura y un remache del
tahalí (fig. 3.34); y la XVIII con una contera y guarnición. La
contera es de forma troncocónica y lleva decoración con incisiones paralelas en la parte superior; se encuentra fragmentada
y le falta el remate, elemento que sobresale respecto a su propio
cuerpo y el de la vaina y que siempre, sin excepción, rodea la
punta para protegerla (fig. 4.27, 2).
En la Sepultura XXXIII se depositaron los “restos de funda
de espada (varillas acanaladas)” que Ballester Tormo describe en
el diario nº 67 y en el cuaderno 68 bis. No se han localizado en el
MPV, aunque se ha tenido en cuenta por la detallada descripción
recogida en ambos textos.
Las vainas de las Sepulturas XX y XXIX se asocian a las
dos únicas falcatas de Casa del Monte (fig. 4.22). En la de la
Sepultura XX, se conservan próximos a la guarda basal los restos de una abrazadera rectangular en forma de “L” adherida a
la falcata. La vaina de la Sepultura XXIX conserva restos de la
cantonera metálica y la falcata lleva soldada dos abrazaderas
también de sección rectangular en el tercio superior e inferior
de la hoja.
En las Sepulturas XVIII y XXXIII solo se depositó la funda,
lo que indica una acción intencionada de ofrendar la pars pro toto
(fig. 4.27). En la Sepultura XVIII se enterró un Infantil II-Preadulto, mientras que de la XXXIII no se recogieron los restos.
El modelo de vaina descrito, armadura metálica a lo largo
de la longitud de la funda de cuero, no parece ser el usual en
el armamento ibérico aun así se han documentado en algunas
tumbas del Cigarralejo, Tútugi (Galera), Cerro del Santuario,
Cerro de la Cruz (Almedinilla) (Quesada Sanz, 1997, Vol. I,
106), el Puntal (Salinas) y con mayor presencia en la necrópolis de Castillejo de los Baños (Fortuna) (García Cano y Page
del Pozo 2001, 69).
4.3.5. Cuchillo
El cuchillo es instrumento para cortar formado por una hoja de
metal de un solo filo y con mango. Se fabricaron a partir de una
lámina de hierro en cuya parte proximal se sujetaban, mediante
remaches metálicos, las cachas o mangos de materia orgánica
(hueso, asta, madera o marfil) que se ha conservado en ocasiones
puntuales. Se clasifican por la forma de la hoja: dorso afalcatado,
curvo o recto. Estos instrumentos son habituales en todo tipo de
contextos de la Edad del Hierro. En las necrópolis ibéricas se
encuentran, solos o acompañados de otras armas, desde finales
del siglo VI hasta inicios del siglo I a. C. (García Huerta et al.
2018, 168-169, 230).
Persiste cierto debate sobre su inclusión dentro de la panoplia
ibérica, y por tanto su adscripción a la categoría de armas, como
ya señalaron Kurtz Schaefer (1986-1987, 456) o Lorrio Alvarado
(1993, 312). La interpretación generalizada es que fueron útiles
multifuncionales, dependiendo del contexto, y no sólo de uso
doméstico (Quesada Sanz 1992, 219; Oliver Foix y Gusi Jener
1995, 245). Graells i Fabregat (2010, 124) sintetizó su uso incluyendo propuestas no excluyentes entre sí: armamento, elemento
litúrgico, distintivo social e instrumento cotidiano.
Nosotras consideramos que el contexto es fundamental para
identificar su uso. Así de los 11 cuchillos de la necrópolis, sólo
seis se van a contemplar como parte del armamento por su asociación a espada, falcata o puñal. Asociación que se aprecia tanto en
contextos funerarios como en la escena del guerrero alanceando
a su oponente caído de Cerrillo Blanco (Quesada Sanz 1997, vol.
I, 105-106) y en la estela antropomorfa de Altea la Vella (Morote
Barberá 1981, 419-422) (fig. 4.29).
En Casa del Monte se han identificado un total de 12 cuchillos
de hierro, 11 en nueve sepulturas y uno más en la denominada
“Construcción D” (fig. 4.28). Excepto en la Sepultura XIV, donde
se depositaron tres ejemplares, en el resto de las tumbas hay
solo uno.
Los cuchillos son mayoritariamente afalcatados. Mateos Leal
y Sánchez Nicolás (2014, 138-139) establecen que sus rasgos
diferenciales son una hoja con el dorso acodado y un filo por
lo general de forma convexa en su tercio distal, más o menos
marcada en función de los ejemplares; la anchura de la hoja se
reduce en la zona central y se engrosa de nuevo cerca del mango.
El más completo y el de mayores dimensiones es el de la
Sepultura XXIII (fig. 4.28, 2), que conserva parte del mango y
la hoja completa. Los de las Sepulturas I, XVII y XXIX y de la
“Construcción D” sólo han conservado la hoja.
Los de las Sepulturas II, X, XIV y XXXIV han preservado
el mango con remaches y parte de la hoja; dos de los cuchillos
de la XIV conservan la virola (fig. 4.28, 4 y 6).
El de la Sepultura VII está fragmentado, uno de cuyos fragmentos está adherido al frontón de su espada en una posición
similar a la que tendría originalmente; y otro corresponde al inicio del mango entre cuyos remaches se han preservado restos de
madera de madroño (fig. 5.10) (ver Pasto de las llamas).
Los cuchillos de las Sepulturas I y XXIX están adheridos por
efecto de la combustión al puñal y falcata de las respectivas tumbas. El de la XXIX, junto a la empuñadura como en la Sepultura
VII, mientras que el de la I está adherido a la punta desplazado,
en esta ocasión, de su posición original (figs. 4.22, 4.23 y 4.29).
En Casa del Monte se hace evidente la asociación espada/
falcata-cuchillo (Sepulturas VII, XVII y XXIX) y cuchillo-puñal
(I, II, XIV). En la XIV, con tres cuchillos, sólo uno formaría parte
de la panoplia; en las Sepulturas X y XXIII solo hay cuchillos
sin relación con armamento alguno. En las tres sepulturas parece
sugerente asociar el uso del cuchillo al ritual de comensalía, pues
están asociados a otros elementos destinados al consumo del vino
como en la Sepultura X, con varias copas áticas y un gran plato,
en la XXIII con un kylix y en la XIV con un plato ático y otro
ibérico (figs. 3.32, 3.43 y 3.34).
4.3.6. Soliferreum
Es un tipo de arma compuesta por una sola pieza de hierro forjado
de aquí su nombre latino. Era empleada como arma arrojadiza
pesada, pudiendo alcanzar en torno a los dos metros de longitud,
siendo la longitud media de 192 cm; la punta es, por lo general,
muy corta siendo su longitud media de 8,4 cm (Quesada Sanz
1993b, 160-161 y 164). Es durante la primera mitad del siglo IV
a. C. cuando se hacen frecuentes en las necrópolis ibéricas del
sur y sureste peninsular, formando parte de los ajuares funerarios hasta el último tercio del siglo I a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. I, 314-315).
103
[page-n-105]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.28. Cuchillos. 1: Sepultura XXIX adherido a falcata (MPV 21); 2: Sepultura XXIII (MPV 47126); 3: construcción D (MPV
47130); 4: Sepultura XIV (MPV 47141); 5: Sepultura I adherido a un puñal (MPV 47151); 6: Sepultura XIV (MPV 47143); 7: Sepultura
X (MPV 47122); 8: Sepultura XIV (MPV 47141); 9: Sepultura XXXIV adherido a punta de lanza (MPV 8); 10: Sepultura II (MPV 25).
Los soliferrea aparecen doblados sistemáticamente, lo que se
ha interpretado bien por motivos rituales (Quesada Sanz 1993b,
180) o bien prácticos, para que cupiera en la tumba (Fernández
Gómez 1986, 797; Broncano Rodríguez et al. 1985, 102).
La empuñadura del astil y la morfología de la punta son las
partes que han servido para hacer una tipología de estas piezas
(Quesada Sanz 1993b, 167-168). El grado de oxidación y fragmentación que presentan los ejemplares de Casa del Monte no
permite incluirlos en ningún tipo. La sección del astil es circular
en todos ellos, oscilando entre 1,5 y 2,4 cm de diámetro, siendo
la media habitual 1,5 cm.
Se han encontrado ocho ejemplares en sendas sepulturas de
los que no se conocen las medidas completas, casi siempre doblados sobre sí mismos (Sepulturas I, II, VII, XIV, XVII, XVIII,
XXIX y XXX) (tabla 4.4 y fig. 4.30).
En la Sepultura I se recuperaron varios fragmentos del astil.
En la Sepultura II también se encontró el astil doblado y la punta
en peor estado; la longitud conservada se acerca al metro. En la
Sepultura VII, el soliferreum también doblado, tiene punta con
nervio y mide cerca de 1,30 m.
104
En la Sepultura XVII se documenta la moharra relativamente
entera a excepción de los últimos centímetros de la base (fig. 3.38).
Podría ser del tipo 2A de Quesada, de base redondeada, y gran
dispersión en la península ibérica (Quesada Sanz 1993b, fig. 2,
164-167); el astil asociado se describe en el diario nº 67, doblado
y enrollado, cuya longitud conservada era de 1,89 m. De la XXIX
se conserva el extremo de la moharra y la parte final del astil, que
se adelgaza y remata en punta, no muy aguda. Se encontró totalmente enrollado sobre sí mismo. En el cuaderno 68 bis Ballester
Tormo describe el soliferreum de la Sepultura XIV, indicando que
pudo estar completo y alcanzar 2 m de longitud; uno de los fragmentos del astil estaba engrosado. Por último, en las tumbas XVIII
y XXX solo se han conservado pequeños fragmentos del astil (figs.
3.38 y 3.50).
4.3.7. Lanza
La lanza ha sido un arma poco valorada por la investigación en
comparación con la falcata a pesar de que debió ser, en muchas
ocasiones, el arma primordial (Quesada Sanz 2010, 253). Es
el arma arrojadiza por antonomasia y sirvió asimismo para el
[page-n-106]
estudio de los materiales
Figura 4.29. A: grupo escultórico de Cerrillo
Blanco (Porcuna) con guerrero alanceando a
su adversario (fotografía E. Collado Mataix);
a la derecha, detalles del armamento: arriba
espada de frontón y cuchillo (fotografía F.
Quesada Sanz) y debajo, espada de antenas
(fotografía E. Collado Mataix). B: estela funeraria antropomorfa de Altea la Vella (Altea)
con una espada de antenas en un lateral y en la
parte frontal un cuchillo afalcatado (fotografía
Archivo Técnico del MARQ).
combate cuerpo a cuerpo y para la caza. Está integrada por un
astil de madera largo, que puede alcanzar los 1,70-1,90 m, con
una punta de hierro en un extremo y, en el opuesto un regatón
también de hierro (Quesada Sanz 1997, vol. I, 347, 427-431). La
punta o moharra, con gran variedad de formas y tamaños, está
compuesta por un cubo troncocónico provisto de un anillo para
su sujeción al astil.
La clasificación de las lanzas es compleja porque su elemento
principal, el astil, es de madera cuya longitud está en proporción
a la punta. Para una correcta clasificación sería necesario conocer
la longitud, el grosor y el tipo de madera, atributos que determinan su posible utilización (Quesada Sanz 2010, 107), todos ellos
de difícil preservación.
En Casa del Monte se han podido recuperar fragmentos de
madera carbonizada en el interior del cubo de dos regatones (ver
Pasto de las llamas) y, siempre, que ha sido posible se han medido
los diámetros interiores de cubos y regatones como aproximación
al grosor del astil. Los diámetros obtenidos oscilan entre los 2
cm y 1 cm, cifras que deben considerarse como orientativas dado
el elevado deterioro de las piezas por el fuego y la oxidación.
Se han documentado siete lanzas en sendas sepulturas (I,
III, VIII, IX, XIV, XIX y XXXIV), cuatro de ellas (I, VIII, IX y
XXXIV) con su correspondiente regatón (fig. 4.31).
Destacan, por su mayor tamaño, las lanzas de las Sepulturas I, III y XIV, esta última con parte de una placa de cinturón
adherida. Se trata de grandes moharras de hoja estrecha con
grueso nervio, con longitudes entre los 41 (XIV) y los 37 cm
(III). Pertenecen al Tipo 2a (XIV) y 2c (I y III) de Quesada
Sanz (1997, vol. I, 399, 401), fechados desde el VI a. C. hasta
fines del IV a. C. La de Sepultura III conserva el anillo de
fijación al astil; un fragmento de carbón de fresno con restos
de óxido de cobre pudo ser parte del mismo (ver Pasto de las
llamas) (fig. 5.8).
El resto de las lanzas tienen unas dimensiones que oscilan
entre 30,3 cm (XIX) y 28 cm (IX) que corresponden a lanzas
medianas del Tipo 6a y son, especialmente, frecuentes en el
siglo IV a. C. (Quesada Sanz 1997, vol. I, 399, fig. 245). Son
lanzas con moharra de nervio marcado y anchura máxima en
el tercio inferior de la hoja. Aunque incompleta, en este tipo
también podría incluirse la punta de la Sepultura VIII. La de la
Sepultura XIX conserva el anillo de fijación para la sujeción
del astil, así como adherida al cubo una anilla del asidero de
un escudo.
Entre las lanzas más ligeras se registra la de la Sepultura
XXXIV, cuyo cubo tiene una lámina de bronce o cobre por el
interior, al igual que se ha observado en algunos regatones.
105
[page-n-107]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.30. Soliferrea. 1: Sepultura XXIX (MPV 47071) (Archivo fotográfico SIP, J. Vives-Ferrándiz); 2: Sepultura VII, punta y restos
del astil (MPV 14 y 47086); 3: Sepultura II (MPV 24); 4: Sepultura XIV, dos vistas (MPV 47141); 5: Sepultura I, restos del astil (MPV
47073 y 47098).
En ocasiones, las puntas de lanza se ornamentaron con incrustaciones de plata en la zona del cubo y el arranque del nervio
de la moharra, formando motivos simples o complejos lo que
quizá evidencia un carácter simbólico (Quesada Sanz 1997, vol.
I, 422). Es el caso de las procedentes de las Sepulturas IX y XIX,
con tres o cuatro hilos embutidos enmarcando sendas anillas de
cobre (figs. 4.31, 4 y 5 y 4.53; tablas 4.9 y 4.10) (ver Análisis por
PXRF de algunas piezas de Casa del Monte).
4.3.8. Regatón
Son piezas de hierro batido y forma cónica que se colocan
en el talón del astil de las lanzas, al que se pueden sujetar
mediante pequeños clavos. Sirven para evitar que el astil se
astille, para clavar la lanza en el suelo y, si es necesario, utilizarlo como arma.
Se clasifican a partir de sus dimensiones, en largos o muy
largos (>25 cm) con la punta afilada o relativamente redondeada;
106
de tamaño medio (en torno a 15 cm) y muy cortos (con apenas
5 o 6 cm). Aunque todos los tipos conviven, durante el Ibérico
antiguo y hasta finales del siglo V a. C. predominan los regatones
largos y a partir del siglo IV a. C. va disminuyendo su longitud
(Quesada Sanz 1997, vol. I, 429).
En Casa del Monte se han documentado 10 regatones en ocho
sepulturas (I, VIII, IX, XVII, XXIV, XXIX y XXXIV), tres de
ellas (XVII, XXIV y XXIX) con dos ejemplares (tabla 4.4; figs.
4.31 y 4.32).
El único regatón grande se depositó en la Sepultura XXIV
junto a otro mediano, lo que estima su amortización en el siglo IV
a. C. (figs. 3.57 y 4.32); seis son medianos (I, VIII, XVII, XXIV
y XXIX) y tres pequeños (IX, XXIX y XXXIV).
Las embocaduras oscilan entre los 2 y 1 cm de diámetro
interior (y entre 3 y 1,7 cm diámetro exterior); próximos a aquellas presentan uno o dos pequeños agujeros enfrentados con un
pasador de metal para la sujeción de astil como se aprecian en la
punta de la Sepultura XXXIV (fig. 4.31, 7).
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estudio de los materiales
Tabla 4.4. Tipos de armas identificadas.
Tipos
Cantidad
Sepulturas
Observaciones
Falcata
2
XX, XXIX
Espada de frontón
4
VII, VIII, IX y XIX
Espada de antenas
1
XVII
Puñal
3
I, II, XIV
Vaina
11
I, II, VII, VIII, IX, XIV, XVII, XVIII, XX, XXIX, XXXIII*
*Según diario
Cuchillo
12
I, II, VII, X, XIV (3), XVII, XXIII, XXIX, XXXIV
Uno en Mansión D
Soliferreum
8
I, II, VII, XIV, XVII, XVIII, XXIX, XXX
Lanza
7
I, III, VIII, IX, XIV, XIX, XXXIV
Regatón
10
Escudo
6
I, VIII, IX, XVII (2), XXIV (2), XXIX (2), XXXIV
I, VII, VIII, IX, XVII, XIX
Los regatones de las Sepulturas IX y XXIX y XXXIV están
recubiertos por el interior con una lámina de bronce o cobre interpretada como un elemento para facilitar el enmangue al astil de
madera (García Cano y Page del Pozo 2001, 79-80).
Como se ha señalado en líneas anteriores, en cuatro sepulturas
(I, VIII, IX y XXXIV) el regatón está asociado a una moharra y en
otras tres sólo hay un par de regatones (XVII, XXIV y XXIX). Es
sugerente que en las tumbas donde no aparecen lanzas se hayan
documentado dos regatones, aunque no es infrecuente que aparezcan regatones y no lanzas, o más moharras que regatones lo que
se puede interpretar como una deposición de la parte por el todo.
En el interior de los regatones de las Sepulturas I y IX se han
identificado carbón y madera de roble respectivamente (figs. 5.6
y 5.19) (ver Pasto de las llamas).
Figura 4.31. Puntas de lanza. 1: Sepultura I con fragmentos de placa de cinturón adheridos (MPV 47771); 2: Sepultura XIV, adherida a puñal
y placa de cinturón (MPV 34); 3: Sepultura III (MPV 40); 4: Sepultura IX (MPV 31); 5: Sepultura XIX con anilla de escudo adherida (MPV
27); 6: Sepultura VIII y regatón (MPV 39 y 47053); 7: Sepultura XXXIV y regatón (MPV 7 y 6).
107
[page-n-109]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.32. Regatones sin asociar a una punta. 1 y 2: Sepultura
XXIV (MPV 1 y 2); 3 y 4: Sepultura XXIX (MPV 47118).
4.3.9. Caetra o escudo circular
La única arma defensiva que se documenta en Casa del Monte es
el escudo. El escudo ibero por excelencia es la caetra o escudo
circular, realizado con madera forrada de cuero. La sujeción se
hace mediante una manilla de hierro formada por el asidero, un
sistema de suspensión por correa o telamón y el umbo metálico.
El asidero está elaborado con una delgada chapa de hierro en
forma de U cuyos extremos se aplanan en forma de aletas que
portan anillas de suspensión para la correa de cuero o telamón y
remaches circulares (Quesada Sanz, 1997, vol. II, 489). La longitud de la manilla permite acercarse al tamaño del escudo, que
puede oscilar entre los 50-60 cm y los menores de 40 cm, entre
25-30 cm (Quesada Sanz 1997, vol. II, 520-521, 529). Parece
existir una evolución cronológica de los tamaños de las manillas.
En las necrópolis del siglo IV a.C. las manillas son de dimensiones más reducidas, mientras que las de mayor tamaño aparecen
en cronologías más tardías (Quesada Sanz 1997, vol. II, 506).
La revisión de los materiales de la necrópolis, de los diarios
de campo de Ballester Tormo (núms. 67 y 68) y de la documentación fotográfica de la época nos ha permitido documentar los
restos de cinco manillas de hierro en las Sepulturas I, VIII, IX,
XVII y XIX y un umbo de escudo, también de hierro, en la VII
(fig. 4.33).
La manilla de la Sepultura XVII es la más completa y tiene
una longitud conservada de 18,6 cm y un grosor de 0,9 cm.
Se trata de una manilla, sin aletas o con aletas embrionarias
de extremos redondeados y una anilla de suspensión en cada
extremo para el telamón. Quesada Sanz señala que es de “tipo
antiguo” y lo incluye en el grupo I de su clasificación. Sin
embargo, nosotras consideramos que, por su morfología, correspondería al tipo IIA1 de la clasificación de dicho autor, fechado
en las primeras décadas del siglo IV a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. II, 502, fig. 290). Manillas similares se han encontrado en
El Cigarralejo y en El Tesorico (Quesada Sanz 1997, vol. II,
502, fig. 290).
El asidero de escudo de la Sepultura VIII es un pequeño
fragmento de sección en U similar al de la Sepultura XIX publicado por Ballester Tormo (1930, fig. 14), también mencionado
en el diario nº 67 como “trozo de empuñadura sin aletas” (figs.
3.30 y 3.40). En la Sepultura IX se conserva parte de asidero y
dos anillas del telamón; en cambio del escudo de la Sepultura
I sólo se conservan dos anillas.
Los umbos metálicos son poco usuales en el registro arqueológico del mundo ibérico. Es una pieza circular situada en el
centro del escudo que sobresale de la caetra y es precisamente
Figura 4.33. Escudos. 1: Sepultura IX, anverso y reverso (MPV 47106); 2: restos de umbo de la Sepultura VII, anverso y reverso (MPV
47137); 3: anillas de escudo de la Sepultura I (MPV 15 y 16); 4: manilla de la Sepultura XVII, anverso y reverso (MPV 36).
108
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estudio de los materiales
esta concavidad la que permite la introducción de los dedos entre
la manilla y el cuerpo. El modelo comenzó a ser utilizado en el
siglo V a. C. y siguió a lo largo del IV a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. II, 512).
El umbo de la Sepultura VII es un fragmento convexo que
conserva tres de los apéndices unidos a él, de sección laminar y
forma rectangular con extremos curvos, un cuarto separado por
efecto de la fractura de la pieza, una pieza de anclaje de la correa
y una anilla de la abrazadera del escudo (Ballester Torno 1930,
43-44). Corresponde al Grupo II de Quesada Sanz (1997, vol. II,
511-512, fig. 296) o umbo con prolongaciones o apéndices radiales. Aunque son habituales en necrópolis de la Meseta oriental
como El Altillo, Tesoro de Carabias, Gormaz, Alpasenque, Mercadera y Olmeda, entre otros, también aparecen en algunas de
Albacete, como Hoya de Santa Ana y Llano de la Consolación
(Quesada Sanz 1997, vol. II, 512; Valenciano Prieto 2000, 239).
La cronología general del tipo es de mediados del siglo V a. C.
hasta finales del IV a. C.
Figura 4.34. Porcentaje de armas en Casa del Monte.
4.3.10. La panoplia de Casa del Monte
El armamento ibérico no permaneció inmutable a lo largo de
los siglos, habiéndose establecido, a nivel general, tres etapas
(Quesada Sanz 2009, 115-122; 2010a, 49-59). Hacia el siglo
V a. C. se reconoce una panoplia aristocrática compuesta por
equipamiento defensivo (casco, escudo, grebas y disco coraza)
y ofensivo (falcata, espada de frontón, cuchillo, soliferreum y
armas de astil). En la centuria siguiente, dentro del armamento
ofensivo la falcata se convierte casi en el único tipo de espada,
acompañada de lanza, soliferreum y cuchillo, mientras que el
escudo circular y el casco son las armas defensivas. Entre finales del siglo III y el I a. C., se constata una panoplia con los
mismos elementos que en el periodo anterior a los que se suman
los escudos ovales, cascos metálicos y espadas de hoja recta.
Estas panoplias tipo sufren matizaciones según las necrópolis
y regiones.
A nivel funcional, las armas se clasifican en ofensivas y
defensivas. A su vez, las primeras se dividen en dos grupos:
las armas de lucha cuerpo a cuerpo -la falcata, el puñal, el
cuchillo y la espada- y las arrojadizas -el soliferreum y arma
de astil. Las defensivas son el escudo, el casco, las grebas y
los discos-coraza.
En Casa del Monte se ha recuperado un importante conjunto
compuesto por 45 armas, en 16 (42%) de las 38 sepulturas excavadas. Para la elaboración de la panoplia se han eliminado del
cómputo total citado en el apartado Armas, los cuchillos no asociados a espada, falcata o puñal (Sepulturas X, XXIII y XXXIV),
además de dos de la Sepultura XIV.
Los tipos de tumbas con armas son siete en hoyo y nueve
empedrados tumulares. En ellas hay un predominio absoluto del
armamento ofensivo (87%), frente al defensivo (13%) y aun así,
del último se registran seis escudos, arma poco frecuente en el
registro arqueológico (fig. 4.34 y tabla 4.5).
No se han constatado cascos, grebas, discos coraza ni piezas relacionadas con la monta del caballo, tales como bocados,
espuelas o atalajes. No obstante, la escasez de bocados de caballo en las necrópolis y poblados del mundo ibérico es un hecho
constatado (Quesada Sanz 1998, 174-175), a diferencia de las
espuelas y atalajes más recurrentes en el registro.
Dentro del armamento ofensivo se engloban, como ya se ha
señalado, las armas de lucha cuerpo a cuerpo -falcatas, espadas,
puñales y cuchillos- y las arrojadizas -soliferrea y lanzas- (tabla
4.5).
Las primeras constituyen, con 19 ejemplares,13 el 41% de las
armas documentadas. Estas armas de lucha cuerpo a cuerpo están
en siete de las sepulturas. A diferencia de lo que sucede en otras
necrópolis ibéricas, en Casa del Monte las espadas de frontón y
de antenas (4 y 1) y los puñales (3) son más frecuentes que las
falcatas (2). Falcatas, espadas y puñales no se han encontrado
juntos en ninguna tumba (tabla 4.6).
La mayoría de las armas principales, falcatas y espadas, están,
sobre todo, en tumbas de Adultos (4) -uno de ellos posiblemente
femenino- y un solo Preadulto.14 En cambio, dos de los tres puñales están en enterramientos de Infantil II-Preadulto y Preadulto,
cuyo menor tamaño podría ser más apropiado para estos individuos jóvenes.
En el conjunto de la panoplia, hay seis cuchillos en sendas
tumbas asociados a falcata (Sepultura XXIX), espadas (Sepulturas VII y XVII) y puñales (Sepulturas I, II y XIV). Como se
ha comentado en líneas anteriores, en estos casos el cuchillo se
considera parte de la panoplia por su vinculación a las armas de
combate cuerpo a cuerpo indicadas (fig. 4.29).
Por otro lado, las armas arrojadizas -soliferrea, lanzas y regatones no asociados a su correspondiente moharra-, son 21 piezas
(46%), lo que supone una proporción de armas de combate y
arrojadizas equilibrada.
13 Se han contabilizado las dos vainas depositadas pars pro toto.
14 En el estudio antropológico se detectó la presencia de dos individuos, uno
adulto y otro preadulto, en la Sepultura VII. Teniendo en cuenta que la Sepultura VII está construida sobre la XXXVIII (ant. VII bis) y que no existe otro
enterramiento doble en la necrópolis, vamos a considerar que la Sepultura VII
corresponde a un Adulto por el depósito de una espada con su vaina y restos
de un escudo. Armamento que, como veremos, se asocia mayoritariamente
a individuos adultos. Y, el Preadulto a la XXXVIII.
109
[page-n-111]
la necrópolis ibérica de casa del monte
El soliferreum es el tipo más numeroso con ocho ejemplares en ocho tumbas, de las que siete son empedrados tumulares
y una en hoyo. Es la única arma depositada en la Sepultura
XXX; en la Sepultura XVIII se acompaña de una vaina y en el
resto siempre va con un arma de combate cuerpo a cuerpo. La
mitad de las sepulturas tienen identificados los restos óseos,
que corresponden a un Adulto (VII), a un Preadulto (I), y a
un Infantil II-Preadulto (II y XVIII). Es interesante señalar
que tres individuos no adultos tengan esta arma pesada en su
ajuar teniendo en cuenta, además, la longitud que podía llegar
a alcanzar, circunstancia que también se ha constatado en tres
enterramientos individuales de personas de entre 8 y 14 años
(Antón Espí 2024, fig. 2).
Las lanzas, con siete piezas, son habituales en las necrópolis
ibéricas. Las mayores servían, sobre todo, como arma arrojadiza
a distancia y, las medianas y pequeñas, para la lucha cuerpo a
cuerpo que son las más frecuentes en Casa del Monte. La lanza
aparece asociada a su regatón en cuatro sepulturas (I, VIII, IX
y XXXIV) con un ejemplar por tumba; en las Sepulturas III,
XIV y XIX se enterró sin regatón (fig. 4.31). Este tipo de armas
arrojadiza está asociado a Adultos mayoritariamente (4), de
Tabla 4.5. Armas ofensivas y defensivas en Casa del Monte.
Ofensivas (39)
Lucha cuerpo
a cuerpo (18)
Defensivas (6)
Arrojadizas (21)
Falcatas
2
Soliferrea
8
Espadas
5
Lanzas (con y
sin regatón)
7
Puñales
3
Regatones
(sueltos)
6
Cuchillos**
6
Vainas*
2
Escudos
6
* Sin asociar a su arma.
** Solo los asociados a armas cuerpo a cuerpo.
Tabla 4.6. Asociaciones de armas en las sepulturas de Casa del Monte. El asterisco indica rango de edad a partir de la asociación de armas.
Sepultura
Tipo
Individuo Espada Falcata Puñal Vaina Cuchillo Soliferreum Lanza Regatón
III
Hoyo Ad. joven, fem.
XX
Hoyo
XXX
XXXIII
XXXIV
Hoyo
Mancha
ceniza
Hoyo
XVIII
ET grande
XXIV
ET grande
II
ET grande
Escudo
1
Ad. >30, fem.?
1
1
1
1
1
1
1
1
Adulto
1
Infantil
II-pread.
Total
1
1
1
1
2
2
2
Hoyo
Infantil
II-pread.
Adulto masc.
1
1
1
1
1
3
ET mediana
Adulto fem.?
1
1
1
1
1
3
Hoyo
Preadulto
1
1
3
VII
ET mediana
Adulto
1
1
4
XIV
ET mediana
Infantil
II-Pread.*
I
XXIX
ET grande
ET grande
Preadulto
Adulto*
XVII
ET grande
Adulto*
VIII
IX
XIX
110
1
1
1
3
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
4
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
5
5
1
1
1
2
1
6
[page-n-112]
estudio de los materiales
los que dos son femeninos (uno posible), uno masculino y uno
alofiso, frente a dos Preadultos. Los tipos de tumba no parecen
ser un condicionante preferente para estas armas: cuatro son en
hoyo (III, VIII, XIX y XXXIV) y tres son estructuras tumulares (I, IX y XIV).
Los regatones se han contabilizado como armamento cuando
no están vinculados a una moharra, pues entre sus usos, se consideran como segunda punta si se rompe el astil de madera y,
con el fragmento que queda poder invertir el arma y rematar a
los enemigos caídos (Quesada Sanz 1989, 307-308; 1997, vol.
I, 429-431). No obstante, tampoco debe desestimarse la posibilidad de un depósito parcial. Y es que no todas las armas de
astil se asocian a regatones, ni todos los regatones se asocian
a armas de astil. En esta necrópolis los regatones no asociados
a una moharra son seis y se registran por pares en tres enterramientos (XVII, XXIV y XXIX), siendo en uno de ellos (XXIV)
la única arma, mientras que la pauta de deposición de las lanzas
(con o sin regatón) es de un ejemplar. Los tres enterramientos
indicados son empedrados tumulares en los que no se cita la
existencia de restos óseos.
Las armas defensivas están infrarrepresentadas en número
y tipos pues la única documentada es el escudo circular o
caetra con seis piezas. Los rasgos formales de las manillas
de escudo, elaboradas con una fina chapa de hierro de perfil
irregular hacen de ellas un elemento muy frágil, y de difícil conservación, por lo que en ocasiones lo único que se ha
conservado son unos centímetros de asidero, las anillas del
telamón o algunos de los apéndices radiales, que aparecen
fragmentados, del umbo.
Los escudos están vinculados a tres Adultos (Sepulturas VII,
VIII, IX), uno de los cuales es un posible femenino (Sepultura
IX), y a dos Preadultos (Sepulturas I y XIX). El tipo de tumba
donde se depositaron es ante todo el empedrado tumular (Sepulturas I, VII, IX y XVII) y todas contienen la panoplia básica de
esta necrópolis.
Las asociaciones de armas nos permiten realizar una propuesta de panoplia de Casa del Monte, teniendo en cuenta,
además, los restos óseos y el tipo de sepulturas en las que se
incluyen. En función de todo ello, hemos establecido varios conjuntos (tabla 4.6):
- En cinco tumbas se ha depositado una sola arma (31,25%).
Los tipos documentados son la falcata, la lanza y el soliferreum,
es decir, siempre se trata de armas ofensivas, en una ocasión
para la lucha cuerpo a cuerpo, en tres son armas arrojadizas y en
una sólo se depositó una vaina. De las cinco, cuatro son tumbas
en hoyo; en tres de ellas se enterraron Adultos, un alofiso, uno
femenino y otro posible.
- Con dos armas hay dos empedrados tumulares (12,5%)
(Sepulturas XVIII y XXIV). En la XVIII se enterró un Infantil II-Preadulto con una vaina y un soliferreum. La vaina hace
referencia a la pars pro toto, y podría simbolizar un puñal, pues
dos de los tres puñales se vinculan con este rango de edad. También interesa destacar la presencia de un soliferreum asociado a
un Infantil II-Preadulto. En la Sepultura XXIV sólo hay un par
de regatones.
- La asociación de armas más frecuente (25%) es una panoplia compuesta por tres armas (fig. 4.35, derecha): espada,
lanza o soliferreum y escudo, es decir, un arma de lucha cuerpo
a cuerpo, una arrojadiza y una defensiva en tres de los cuatro
casos (Sepulturas VIII, IX y XIX). En la Sepultura II, donde se
enterró un Infantil II-Preadulto, la espada ha sido sustituida por
un puñal y el escudo por un cuchillo; en el resto se trata de un
Adulto masculino (VIII), un Adulto posible femenino (IX) y un
Preadulto (XIX). Los tipos de tumba son empedrados tumulares
y hoyos a partes iguales.
- Dos sepulturas (VII y XIV) tienen cuatro armas (12,5%):
como arma principal para el combate cuerpo a cuerpo espada
o puñal con su vaina, un cuchillo, un soliferreum y una lanza
con su regatón o escudo. Ambos son empedrados tumulares
medianos con un Adulto enterrado en la Sepultura VII. En la
XIV no se cita la presencia de restos óseos, pero la asociación puñal-soliferreum se da en dos ocasiones con un Infantil
II-Preadulto (II) y un Preadulto (I). Ello nos hace proponer
que la Sepultura XIV perteneciera a un individuo de estos
rangos de edad.
- Con cinco armas también hay dos sepulturas (I y XXIX)
(12,5%). Ambas son empedrados grandes. En la I se enterró
un Preadulto con puñal y vaina, cuchillo, soliferreum, lanza
con regatón y escudo. En la XXIX no hay restos, pero abogamos por que sea un Adulto ya que tiene una falcata con
vaina, además de cuchillo, soliferreum y dos regatones (fig.
4.35, arriba, izq.).
- Una sola sepultura tiene seis armas (6,25%) (XVII) que,
como las anteriores, es un empedrado grande. En este caso, también debe tratarse de un Adulto, pues se enterró con espada y
vaina, cuchillo, soliferreum, dos regatones y un escudo (fig. 4.35,
abajo izq.).
Las agrupaciones realizadas corresponderían a la denominada
«panoplia generalizada» datada desde principios del siglo IV a.
C. hasta el último tercio del siglo III a. C., aunque con elementos
propios de la «panoplia aristocrática» del siglo V a. C. (Quesada
Sanz 2009, 115-122; 2010, 49-59), como las espadas de frontón
y de antenas de las Sepulturas VII, VIII, IX, XVII y XIX y el
umbo con apéndices radiales de la VII.
La panoplia básica de tres armas se puede ver representada en las cerámicas de Edeta/Tossal de Sant Miquel (Llíria)
y Puntal dels Llops (Olocau) que sirven inspiración para las
recreaciones que se llevan a cabo en yacimientos ibéricos (fig.
4.36).
¿Es la presencia del escudo lo que define como completa a
una panoplia? Sin duda. El escudo solo está presente en panoplias
con tres o más armas en las que existe como armamento ofensivo
una espada -y no una falcata-, y una o dos armas arrojadizas,
una lanza o un soliferreum, o ambas. En las sepulturas con tres
armas, la lanza se asocia a escudo en tres ocasiones, mientras
que el soliferreum en una. En una de las dos tumbas con cinco
armas (Sepultura I) son dos las armas arrojadizas asociadas a un
escudo. Los escudos se vinculan a Adultos (3) de los que uno es
masculino y otro un posible femenino (VII, VIII y IX) y a Preadultos (2) (I y XIX).
Gracias a algunas asociaciones podemos deducir el rango
de edad del individuo enterrado en aquellas tumbas en las que
no hay datos. Así, en la Sepultura XIV con un puñal, un soliferreum y una placa de cinturón proponemos que se enterró un
menor (Infantil II-Preadulto o Preadulto); en la XVII (espada,
cuchillo, soliferreum, dos regatones y escudo) y XXIX (falcata,
cuchillo, soliferreum y dos regatones) debió haber un Adulto
respectivamente.
111
[page-n-113]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.35. Arriba izquierda: panoplia de cinco armas de la Sepultura XXIX. 1 y 2: falcata con vaina y cuchillo adheridos; 3: soliferreum; 4 y 5: dos regatones. Arriba derecha: panoplia de tres armas de la Sepultura II. 6: cuchillo; 7: vaina; 8: puñal; 9: soliferreum. Abajo
izquierda: panoplia de seis armas de la Sepultura XVII. 10: escudo; 11: cuchillo; 12: soliferreum; 13 y 14: regatones; 15: vaina; 16: espada
de antenas con restos de vaina adheridos. Abajo derecha: panoplia de tres armas de la Sepultura IX. 17: espada de frontón; 18: vaina; 19:
escudo; 20 y 21: punta de lanza y su regatón.
112
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estudio de los materiales
Figura 4.36. A: detalle de la tinajilla del departamento 41 de Edeta/
Tossal de Sant Miquel (Llíria) (Bonet Rosado 1995, fig. 82). B: detalle del jarro del departamento 2 del Puntal dels Llops (Olocau). C:
guerrero en las XIX Jornadas de Puertas Abiertas de Kelin (2023)
(Caudete de las Fuentes) (P. Aparisi Galán).
4.4. OTROS MATERIALES
En este apartado se recogen piezas minoritarias, a veces de difícil
identificación, que formaron parte de los ajuares, de las habitaciones o constan sin contexto.
En la iconografía griega se pueden ver piezas semejantes en
algunas placas votivas de Penteskouphia (Corinto) de figuras
negras datadas en el segundo cuarto del siglo VI a. C. En tres de
ellas, se trata de alfareros reavivando el fuego (fig. 4.39).
En la actualidad, las hemos documentado en un taller de forja
artesana y se pueden adquirir en red como herramienta para la
chimenea (fig. 4.40). Ambos ejemplares tienen el vástago torsionado y las medidas son similares a las piezas de Casa del Monte,
es decir entre 45 y 75 cm.
También sin referencia hay un par de asadores (fig. 4.37),
cuyo extremo proximal se curva sobre sí mismo dejando un ojo
del que cuelga una anilla, mientras que el distal es apuntado.
A diferencia de los atizadores, el vástago no está torsionado
lo que facilitaría la colocación de la carne. Este objeto fue tratado por primera vez por Almagro Gorbea (1974) recogiendo
asadores hechos de bronce y estableciendo una primera tipología que, con los ejemplares publicados posteriormente, ha
quedado obsoleta. Armada Pita publicó en 2005 un estado de
la cuestión sobre estas piezas, agrupándolas en varios tipos
y zonas. En su esbozo de tipología, estos asadores entrarían
en su apartado d, es decir, varillas simples de bronce o hierro
de amplia dispersión geográfica y cronológica (Armada Pita
2005, 1252).
Atizadores y asadores son objetos indudablemente asociados al fuego y en el caso de los asadores al consumo de carne.
Desafortunadamente en Casa del Monte no se identificaron restos de fauna y ambas piezas carecen de contexto. No obstante,
pudieron utilizarse en los rituales funerarios: el atizador para
4.4.1. Objetos metálicos
No se van a tratar una gran cantidad de fragmentos indeterminados de hierro y bronce pues con toda seguridad formaron parte
de otras piezas de los ajuares (Sepulturas IX, XIV, XVII, XVIII
y XXIX).
4.4.1.1. Hierro
Las piezas más interesantes carecen de referencia. Son dos atizadores o rascadores y dos posibles asadores (fig. 4.37).
Los atizadores son dos largos vástagos torsionados parcialmente, con el extremo proximal doblado sobre sí mismo dejando
un ojo del que cuelga una anilla cerrada; el extremo distal se dobla
en codo formando una pequeña pala ovoide.
En contextos ibéricos sólo los hemos identificado en Covalta
(1 ó 2) (Raga Rubio 1994, vol. 2, 240, fig. 42) y otros dos en La
Bastida de les Alcusses (fig. 4.38).15 Un atizador sin el vástago
torsionado se encontró en el depósito votivo de Libisosa (Lezuza),
datado en el siglo I a. C. (Uroz Rodríguez 2022, figs. 166 f y 167
f). Una forma similar, clasificada como atizador, se encontró en
la Sepultura II del túmulo C de La Osera (Chamartín de la Sierra), conocida como “tumba del sacerdote” (Baquedano Beltrán
y Martín Escorza 1996, fig. 8, 192). A diferencia de los ejemplos
anteriores, su extremo distal acabado en pala no está doblado en
codo y el vástago no está torneado.
15 Agradecemos la información a Jaime Vives-Ferrándiz Sánchez.
Figura 4.37. Atizadores y asadores sin referencia. 1 y 2: posibles
asadores (MPV 74 y 76); 3 y 4: atizadores (MPV 75 y 77).
113
[page-n-115]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.38. Atizadores: 1: La Bastida de les Alcusses (Moixent)
del Dep. 183 (Dibujo G. Tortajada Comeche); 2: Covalta (Albaida)
(Dibujo M. Raga Rubio).
Figura 4.40. A: atizador, actualmente en uso, en el taller de forja
artesano de Mar Blasco en la huerta de Alboraia (2022-12) (València); B: atizadores que se pueden adquirir en red (long. 50 cm)
https://www.etsy.com/ie/listing/1567720865/blacksmith-made-fire-poker-and-rake-set?dd_referrer=https%3A%2F%2Flens.google.
com%2F (consulta 2023-10-3).
114
Figura 4.39. Placas votivas de figuras negras de Penteskouphia
(Corinto, Grecia) datadas en 575-550 a. C. A: alfarero delante del
horno con herramientas en forma de T y gancho (Antikensammlung
Berlin/Altes Museum 250); B: alfarero delante del horno, Cara B
(Museo del Louvre MNB 2858); C: hombre subiendo a un horno
asiendo una herramienta en forma de gancho (Antikensammlung
Berlin/ Altes Museum 251).
[page-n-116]
estudio de los materiales
Figura 4.41. Materiales varios sin referencia. 1 y 2: lámina y pletina de hierro (MPV 51470); 3: puente de fíbula de bronce (MPV 47163);
4: hierro (MPV 47470); 5, 7-10, 12 y 13: varillas de hierro (MPV 47075 y 51470); 6: clavo de hierro (MPV 51469); 11: incisivo de Sus
sp sin referencia (MPV 47103).
remover y avivar el fuego de la pira, así como para recuperar los
restos de la cremación; el asador para consumo de carne antes,
durante o después de la cremación; aunque también pudieron
servir para avivar el fuego.
En la Sepultura XXXVII se encontró una varilla biapuntada
de sección cuadrada, ligeramente doblada, que debió ser un instrumento para ser enmangado que no hemos identificado (fig.
4.42, 1).
Una pletina es una pieza compuesta de dos láminas iguales
situadas en paralelo que mediante una serie de remaches sirve
para reforzar o sujetar un elemento de madera; la separación
entre láminas indica el grosor de la misma. En consecuencia,
se trata de piezas que pertenecen a objetos compuestos que,
generalmente, no se han conservado. En Casa del Monte, son
de hierro y se han identificado tres completas y una incompleta
en dos tumbas (XXIV y XXIX) y una sin referencia (figs. 4.41,
2 y 4.42, 3-5). Todas las láminas tienen una anchura entre 1,5 y
2 cm; la longitud de las completas está alrededor de los 5 cm.
El par de pletinas de la Sepultura XXIV tiene una separación
de unos 2 cm; mientras que la de la Sepultura XXIX es más
estrecha, con una separación de 0,5 cm, tres remaches y está
cerrada por uno de los extremos.
Otros elementos elaborados en hierro son un remache y
un posible clavo de la Sepultura X, 20 varillas, 18 de ellas
sin referencia y dos de las Sepulturas XIV y XVII (figs. 3.32,
10, 4.41 y 3.38, 5). Las secciones son cuadradas o circulares, algunas están apuntadas y dos dobladas en ángulo recto;
sólo estas últimas podrían identificarse con alcayatas (fig.
4.41, 7 y 8).
Las láminas de hierro son menos habituales siendo la
mayoría parte de otras piezas que no siempre se pueden identificar. Hay nueve piezas y sólo una carece de contexto; las
demás se encontraron en las Sepulturas V, VII, VIII, XVII,
XVIII, XXIV y XXIX (Anexo I). Las láminas de las Sepulturas VII, VIII, XVII (fig. 3.38, 3) y XVIII (fig. 3.38, 4 y 5) de
formas variadas debieron formar parte de las armas incompletas recuperadas en los respectivos ajuares; en cambio en
las Sepulturas V, XXIV y XXIX, las láminas u hojas no se
115
[page-n-117]
la necrópolis ibérica de casa del monte
láminas: una lámina apuntada de la Sepultura XXXVII (fig. 3.52,
4); fragmentos de formas variadas de la Sepultura XXIII (fig.
3.43, 2); otras retorcidas por la acción del fuego de la Sepultura
XXIX (fig. 3.48, 10) y una de forma rectangular enrollada de las
“mansiones” (fig. 3.63, 4). De este mismo espacio procede una
plancha retorcida por los efectos del fuego en la que se aprecia
algún orificio (fig. 3.63, 6).
4.4.2. Terracota
Figura 4.42. Materiales varios. 1: útil biapuntado de la Sepultura
XXXVII (MPV 47772); 2: botón o remache de bronce, sin referencia (MPV 41); 3 y 4: pletinas de la Sepultura XXIV (MPV 3,
4 y 5); 5: pletina de la Sepultura XXIX (MPV 47119); 6: gancho
de bronce, sin referencia (MPV 43); 7: anilla de bronce, sin referencia (MPV 42).
pueden asociar a otros objetos del ajuar (fig. 3.27, 5). La pieza
sin referencia tiene una perforación central y pudo ser parte
de una pletina (fig. 4.41, 1).
4.4.1.2. Bronce
En bronce también se han recuperado piezas completas o
incompletas, tanto formando parte de los ajuares como sin
referencia.
Entre las primeras, un botón de correaje, cuya cabeza debió
llevar pasta vítrea o materia orgánica incrustada que no se ha
conservado (fig. 4.42, 2); un gancho con el extremo proximal
incompleto (fig. 4.42, 6); tres anillas, una de ellas muy fragmentada podría pertenecer a una fíbula (fig. 3.32, 14); una anilla
abierta de la Sepultura XV que no se puede relacionar con otro
elemento del ajuar (fig. 3.35, 7) y otra cerrada, sin referencia que
conserva algo de hierro (fig. 4.42, 7); y un posible lingote de la
Sepultura X (fig. 3.32, 17) con dos pequeños huecos en una de sus
caras y un peso de 17,28 g. Entre los objetos incompletos están las
116
En la Sepultura XIV se encontró la pata de un bovino de terracota. Originalmente debió estar adherida a una figura completa
o recipiente. La pata, modelada a mano, está erecta y la pezuña
presenta la característica hendidura de los bóvidos; en la base de
la pezuña y en la parte superior de la pata tiene sendos orificios
de pequeño tamaño (fig. 4.43, 1). No presenta signos de cremación. Desafortunadamente Ballester Tormo no aporta información
alguna sobre el ajuar de esta tumba ni sobre restos óseos, aunque
por las armas asociadas hemos propuesto que pudo tratarse de
un Infantil II-Preadulto o Preadulto (ver apartado La Panoplia
de Casa del Monte) (tabla 4.6).
En la tumba 294 de la Hoya de Santa Ana hay cuatro ejemplares similares, también sin evidencias de quemado, aunque en la
imagen publicada no se aprecia bien la pezuña ni la superficie de
adhesión al recipiente o figura (Blánquez Pérez 1990, 333, fig. 99,
3662-3665). Esta tumba pertenece a la última fase de utilización
de la necrópolis en el siglo II a. C. o inicios del I por la decoración vegetal del recipiente cerámico similar a la conocida como
crátera del Tolmo de Minateda (Hellín). En esta misma necrópolis hay dos toros enteros en sendas tumbas datadas entre los
siglos VI-IV a. C. (Martínez Picazo 2016, 147-148, 174 y 181).
Estas terracotas no son abundantes ni en poblados (5) ni en
necrópolis (4), de las que casi siempre se conserva (o se publica)
la cabeza.16 Por proximidad a Casa del Monte, citaremos también
los pequeños fragmentos de bovinos recuperados en el santuario de La Carraposa (Rotglà i Corbera-Llanera de Ranes), entre
los que también hay patas con la hendidura característica (Pérez
Ballester et al. 2004).
4.4.3. Piedra
En la Sepultura XIV se encontró un fragmento casi cilíndrico de
piedra caliza, trabajada, sin signos de haber estado quemada, que
pudo formar parte de alguna figura (fig. 4.43, 3). Como ya se ha
señalado, apenas hay datos sobre este enterramiento.
Al espacio A del posible hábitat pertenece un núcleo de sílex
unipolar del que se extrajeron láminas o laminitas; el sílex es de
grano fino y color rojizo (fig. 4.43, 2).17 No existen en todo el
material revisado más piezas de sílex que permitan suponer la
existencia de un yacimiento prehistórico en Casa del Monte, por
lo que probablemente es una “curiosidad” transportada hasta este
lugar desde otro punto.
16 Ver www.florayfaunaiberica.org:
Fauna>toro/vaca/buey>exvotos>terracota
17 Agradecemos la información a Lluís Molina Balaguer, Laboratorio de
Arqueología Mila Gil-Mascarell Boscà de la Universitat de València.
[page-n-118]
estudio de los materiales
Figura 4.43. 1: varias vistas de una pata de bovino, de terracota de la Sepultura XIV (MPV 47143); 2: núcleo de sílex de la Mansión A
(MPV 47114); 3: fragmento de piedra trabajada de la Sepultura XIV (MPV 47143).
Figura 4.44. Fragmentos de objetos apuntados de hueso, probablemente de alfileres, sin referencia (MPV 47103) (fotografías M. Blasco
Martín).
4.4.5. Pasta vítrea
4.5. LAS ARTESANÍAS ÓSEAS
Tan sólo hay dos fragmentos totalmente fundidos de la Sepultura
X. Son traslúcidos de tono blanquecino (fig. 3.32, 18). En esta
estructura tumular se enterró un Adulto con un ajuar variado y
abundante, pero sin armamento.
En Casa del Monte contamos con 21 artefactos manufacturados en materias óseas para cuya clasificación se ha utilizado la
tipología publicada recientemente (Blasco Martín 2022). Estos
Marta Blasco Martín
117
[page-n-119]
la necrópolis ibérica de casa del monte
se corresponden con diez alfileres (III.1.2), una placa decorativa
rectangular (III.9.1.1), un par de cachas (III.4.2) de una falcata18
y un lote de ocho astrágalos (VI.1). Se presentan a continuación
sus principales características y se ponen en relación con hallazgos similares de contextos ibéricos y mediterráneos. Asimismo,
incorporamos el estudio de cinco cuentas cilíndricas de compleja
identificación en cuanto a su materia prima.
4.5.1. Alfileres
Se ha identificado un conjunto de 15 fragmentos pertenecientes
a un mínimo de diez alfileres de hueso (fig. 4.44). Se desconoce
su lugar de hallazgo. Ninguno de ellos presenta decoración, ni
moldurada ni incisa, si bien tampoco contamos con ejemplares
completos. Seis de los fragmentos tienen una tonalidad marrón
oscura/negra producida por el contacto con el fuego, por lo que
pudieron proceder de alguna tumba.
Los alfileres son útiles alargados cuyo grosor desciende desde
la cabeza a la punta y que se definen también por tener el extremo
distal, de sección circular, apuntado. La sección del fuste o cuerpo
puede ser circular, ovalada, cuadrada o rectangular. El extremo
proximal presenta distintos remates y decoraciones que, en el
caso del conjunto analizado, no se han conservado. Son piezas
vinculadas mayoritariamente con el ornamento y sujeción del
cabello (Blasco Martín 2022, 18). Los fragmentos estudiados
tienen secciones variadas con grosores entre 0,33 y 0,5 cm.
Este tipo de piezas está presente de forma habitual en las
necrópolis ibéricas del sureste peninsular como El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz 1987) o Coimbra del Barranco Ancho (García
Cano et al. 2008). Asimismo, en los poblados, su presencia mayoritaria se da en La Bastida de les Alcusses, Covalta y La Serreta
(Alcoi-Cocentaina-Penàguila) en cronologías que abarcan fundamentalmente del siglo IV a inicios del siglo II a. C. (Blasco
Martín 2022, 231 y fig. 6.11). Si atendemos, además, a otras
regiones mediterráneas, como Etruria o el mundo romano, parece
que fueron empleados de forma preferente por mujeres (Rallo
1989; Rascón Marqués et al. 1995, 296).
4.5.2. Placa ornamental
Por otra parte, los dos fragmentos de mayor tamaño tienen
manchas de bronce provocadas por procesos postdeposicionales,
en concreto, por el contacto con unas pinzas de dicho metal que formaban parte del ajuar y que, a su vez, presentan también adheridos
restos de material óseo proveniente de esta placa. Ambos objetos
fueron alterados en el proceso de cremación. De hecho, los fragmentos de la placa presentan una tonalidad totalmente blanquecina
que indicaría su exposición a temperaturas superiores a 650–700ºC
(Nicholson 1993, 414; Etxebarria Gabilondo 1994, tabla 2).
Este tipo de piezas actuaría como ornamentación de cajas
o de pequeños muebles de madera. En su cara dorsal se distinguen, al menos en los dos fragmentos mayores, finas líneas
incisas diagonales y paralelas entre sí que servirían para fijar
mejor la placa a la superficie que cubriese, mediante el aplique
de alguna sustancia adhesiva no conservada. Resulta llamativo
que no existan otras placas o apliques dentro del ajuar, ya que
es habitual que varios de estos ítems sean hallados de forma
conjunta como parte de la pieza que adornarían. Bien es cierto
que los fragmentos conservados se encuentran calcinados, por
lo que no se puede descartar que otros apliques fueran destruidos por la acción del fuego.
Esta placa fue hallada en el ajuar junto a otros objetos como
las pinzas ya mencionadas, una placa de cinturón y una fíbula.
Asimismo, sobre los restos de la cremación fue colocada una
panoplia. El análisis antropológico ha determinado que se trataba
de un individuo preadulto.
En la actual provincia de Albacete contamos con otras necrópolis, cercanas a Casa del Monte, donde se han recuperado diversas
placas óseas. Así, paralelos idénticos los documentamos en Los
Villares. En el silicernium denominado inicialmente como “sepultura 25”, formando parte del abundante y rico ajuar relacionado
con esta ceremonia funeraria, se identificaron más de 90 fragmentos de placas óseas y, al menos, 27 fragmentos de “punzones” de
hueso que, a pesar de su denominación, por su descripción y dibujo
podemos considerar alfileres. En el caso de las placas algunas no
presentan decoración, otras cuentan con motivos incisos de líneas
paralelas horizontales en los lados de mayor tamaño, idénticas al
ejemplar de Casa del Monte (aunque no se hace referencia alguna a
que presenten restos de pigmentación), motivos geométricos como
Como parte del ajuar de la Sepultura I se recuperaron siete fragmentos de una placa rectangular de hueso ornamentada con dos
líneas horizontales paralelas incisas (fig. 4.45). La anchura es de
1,2 cm y el grosor de 0,15 cm; la longitud no puede precisarse
al estar incompleta. En las líneas incisas se aprecian evidencias
de una coloración marrón/rojiza que ha sido analizada mediante
Fluorescencia de Rayos X (XRF por sus siglas en inglés). Los
resultados obtenidos permiten sugerir que las incisiones de la
placa estarían destacadas con pigmento de óxido de hierro (ver
Análisis PXRF de algunas piezas de Casa del Monte). Resulta
interesante señalar que Ballester Tormo en el momento del
hallazgo escribió lo siguiente: “huesos ornados con líneas que
debieron llevar embutidos hilos de hierro”.
18 Su revisión se enmarca en el proyecto “Asir y decorar: empuñaduras de espadas en época ibérica” (CIGE/2023/76). Subvención GE 2024 de
la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo. Generalitat
Valenciana.
118
Figura 4.45. Placa de hueso ornamental de la Sepultura I (MPV
47779) (fotografía M. Blasco Martín).
[page-n-120]
estudio de los materiales
grecas o zigzags y un fragmento en el que se aprecian los cuartos
traseros de dos animales recostados, interpretados como posibles
esfinges o felinos (Blánquez Pérez 1990, 246-247 y figs. 63-66;
Roldán Gómez 1995-1996, 19; Blasco Martín et al. 2024a). Dicho
fragmento, al igual que varias placas ebúrneas con decoración de
seres fantásticos y ánades recuperadas en el silicernium nº 20, se
han vinculado con el mundo artesanal etrusco (Roldán Gómez
1995-1996). Todos los materiales descritos de Los Villares remiten
a cronologías en torno al siglo V a. C.
Por otra parte, en la Hoya de Santa Ana, dentro de las 324
tumbas excavadas entre 1941-1946 por el equipo de J. Sánchez Jiménez (de las que no se publicaron todas las sepulturas
y materiales) (Blánquez Pérez 1990, 246), en la tumba 95,
se recuperaron diversos fragmentos de placas rectangulares
de sección plano convexa (seis completas y fragmentos de
otras tres), decoradas con motivos fitomorfos esquematizados,
meandros y esvásticas. Dicha sepultura se data en el último
cuarto del siglo V a. C. (Blánquez Pérez 1986-1987 y 1990,
324 y fig. 94).19
En el sur peninsular hallamos otros ejemplares que es necesario
poner en relación con la placa de Casa del Monte. Concretamente,
en la necrópolis de La Carada (Espeluy), integrada en el Fondo
Arqueológico Ricardo Marsal Monzón y del que se carece de
información contextual clara, se hallaron diversas placas de hueso
completas y fragmentadas que, junto con cuatro garras talladas
en hueso actuarían como pies o patas y formarían parte de una
pequeña caja/tocador. A pesar de que han sido publicadas como
de marfil (Rísquez Cuenca y Molinos Molinos 2014) cabe considerar que, por las marcas distinguibles del tejido óseo, estarían
elaboradas sobre hueso de mamíferos de talla media/grande. Aunque el foco de atención se suele centrar en las placas con motivos
zoomorfos (que conservan, además, restos cromáticos dorados
que remarcarían los bordes), dicho recipiente está integrado por
un número mayor de placas de hueso con motivos ornamentales,
algunas de ellas con las medidas, forma y decoración prácticamente
idénticas a las de Casa del Monte. En otros fragmentos, se distinguen círculos dobles incisos con punto central (Rísquez Cuenca
y Molinos Molinos 2014, fig. 1). Cabe pensar en un “alma” de
madera de dicha caja que estaría cubierta con estos elementos de
hueso. Esta caja, o al menos parte de ella, como son las placas con
motivos zoomorfos de liebres y bovinos de cuerpo alargado y las
patas en forma de garra, por su estilismo remiten de nuevo a paralelos etruscos (Huls 1957, pls. XXXVIII, XLIII, XLIV, XLV). No
obstante, cabría considerar que las placas con decoración geométrica pudieran ser un añadido o reparación, realizadas siguiendo
el gusto indígena.
El estudio de las placas ornamentales aporta información
clave sobre los bienes de prestigio y los contactos e influencias
intra y extrapeninsulares. Son, por ende, objetos que permiten
plasmar realidades e ideas interrelacionadas con otras culturas
mediterráneas y orientales en el trabajo del hueso y del marfil y
que, de forma clara, se concentran de forma preferente en ámbitos
funerarios (Blasco Martín 2022, 239), embelleciendo las ofrendas al más allá.
19 En el Museo de Albacete hay almacenados fragmentos de placas de hueso
muy similares en forma y motivos a estas de la sepultura 137 de la misma
necrópolis.
4.5.3. Cachas
En la Sepultura XX, cuyos restos antropológicos indican que
podría tratarse de una mujer mayor de 30 años (ver Estudio antropológico), se halló una falcata de 54,8 cm de longitud. Su empuñadura es del tipo cabeza de ave (Quesada Sanz 1997, 100),
conservando en ambos lados de la empuñadura restos fragmentados y muy alterados de las cachas elaboradas en materias duras
animales (fig. 4.46). Desafortunadamente, su estado de conservación y posterior restauración hacen realmente complejo asegurar
si dichas cachas estaban realizadas sobre marfil de elefante o
sobre hueso de macromamífero. En la figura 4.46 se señala con
flechas rojas la extensión de la conservación de las cachas desde
la guarda basal de la falcata. Por una de las caras el fragmento
preservado apenas alcanza los 5,1 cm de longitud y los 2,2 cm
de anchura máximos (fig. 4.46, izq.) y, en la otra, se extiende a
6 cm de longitud y 3,6 cm de anchura (fig. 4.46, der.). En ambos
casos el grosor es de 0,5 cm. Por supuesto, cabe considerar que
ambas cachas serían idénticas para que resultase más cómodo el
agarre de la empuñadura. Desde el punto de vista decorativo las
dos cuentan con hilos metálicos de hierro embutidos como ornamentación, sin que puedan precisarse los motivos con exactitud
debido a su alteración (ver Análisis por PXRF de algunas piezas
de Casa del Monte). En el cuaderno 68 bis Ballester Tormo ya se
fijó en estas cachas y en su ornamentación metálica describiéndola como “hilos tejidos” (fig. 4.47).
Paralelos de cachas conservadas en hueso o en marfil han sido
documentadas en otras empuñaduras de espadas rectas y falcatas
tanto en necrópolis como en poblados.
Así, en la sepultura 7 de la necrópolis de Castillejo de los
Baños (Fortuna), datada entre la segunda mitad del siglo V e
inicios del siglo IV a. C., en la espiga de la única espada de frontón documentada se conservan restos de las cachas de hueso.
Estas presentan decoración muy perdida, posiblemente de roleos
y motivos vegetales estilizados (García Cano y Page del Pozo
2001, 97 y fig. 5). En la necrópolis de El Cigarralejo, encontramos
también al menos una falcata que conserva restos de las cachas
Figura 4.46. Falcata de la Sepultura XX (MPV 20) y detalles de su
empuñadura por ambas caras donde se aprecian restos de las cachas
óseas (fotografía M. Blasco Martín).
119
[page-n-121]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.47. Página del cuaderno 68
bis con dibujo y descripción de la
cacha de la falcata de la Sepultura
XX (Archivo documental SIP).
de hueso o marfil en la sepultura 212, fechada en el primer cuarto
del siglo V a. C. (Cuadrado Díaz 1987, 393 y fig. 166). Asimismo,
en la sepultura 15 de Las Peñas (Zarra), del siglo V a. C., se
halló una espada recta de empuñadura con pomo bilobulado que
conserva en uno de los lados restos de una de las cachas de marfil, decorada con hilos metálicos incrustados formando diversos
motivos semicirculares y de espirales (Martínez García 1989, 27
y fig. 31; Quesada Sanz 2010, 76).
Por su parte, en espacios de hábitat, podemos destacar que en
el departamento 48 de la Bastida de les Alcusses se recuperó una
cacha de materia ósea de una espada de frontón, de finales del
siglo V – inicios del siglo IV a. C. con hilos metálicos embutidos
formando roleos. Conserva en el pomo semicircular remaches
de hierro que la sujetarían a la empuñadura (Fletcher Valls et al.
1965, 234-235; Quesada Sanz 2011, 202; Blasco Martín 2022,
fig. 5.174, nº 0161).
En Casa del Monte se hallaron dos falcatas, cinco espadas
rectas y tres puñales y, solo en una de las falcatas se han detectado evidencias de cachas realizadas sobre hueso o marfil, lo
que supone el 10% de estas armas. Cabe pensar que, en las otras
nueve, las cachas podrían haberse elaborado en materias perecederas, más aún cuando se sometieran al contacto con el fuego
(proceso de pérdida incrementado a su vez, lógicamente, por el
paso del tiempo) como son el cuerno y la madera. En este último
caso, cabe señalar la identificación de madera de madroño para
elaborar el mango de un cuchillo de la Sepultura VII (fig. 5.10)
(ver Pasto de las llamas).
tanto de forma natural como trabajados (Gilmour 1997; Affani
2008; Sidéra y Vornicu 2016; entre otros). En el mundo ibérico,
juegan un papel destacado y sugerente y su presencia es habitual tanto en espacios de hábitat como funerarios (Blasco Martín 2022, 217-219; Blasco Martín et al. 2024b; García Romero
2019 y 2021). Dentro del conjunto de Casa del Monte, siete de
los mismos pertenecen a ovicaprinos (Ovis aries o Capra hircus):
cinco son izquierdos (fig. 4.49, 1, 2, 4, 5 y 6) y dos derechos (fig.
4.49, 3 y 7). Asimismo, hay una taba izquierda de Sus sp. (fig.
4.49, 8). Salvo el ejemplar 7, un astrágalo derecho de ovicaprino
natural sin modificaciones intencionales, todos los demás presentan marcas de trabajo. Con el fin de presentar los datos de forma
uniforme e identificar posibles patrones, seguimos la tipología
planteada en trabajos previos para los astrágalos trabajados en
función de las caras modificadas y las acciones tecnológicas realizadas (Blasco Martín et al. 2024b).
4.5.4. Astrágalos
En la Sepultura XVIII, perteneciente a un individuo infantil
II-preadulto (ver Estudio Antropológico), se recuperó un conjunto de ocho astrágalos. Los astrágalos o tabas son huesos cortos que forman parte del tarso de plantígrados y ungulados (fig.
4.48). En contextos mediterráneos, centroeuropeos y orientales,
al menos desde el Calcolítico, son huesos seleccionados por sus
características físicas (tamaño reducido, forma con cuatro caras
bien definidas y distinguibles, facilidad de asir y de lanzar, etc.),
120
Figura 4.48. Esqueleto de Ovis aries con indicación del astrágalo
(Créditos del esqueleto: https://www.archeozoo.org/archeozootheque/. Michel Coutureau y Vianney Forest, INRAP, 1996. Revisión:
Jérémie Chombart Direction de l’Archéologie, Conseil départemental
Pas-de-Calais, 2023).
[page-n-122]
estudio de los materiales
El ejemplar 1 tiene las caras lateral y medial rebajadas de
forma recta por abrasión, así como una perforación central (tipo
6.1.C2). La taba 3, fragmentada en dos, está perforada y presenta
la cara lateral abrasionada (6.1.A2). Por otra parte, los astrágalos
2, 4, 5 y 6 no cuentan con modificaciones más allá de su perforación (6.1.G1). La perforación de los astrágalos no es una pauta
preferente en el registro ibérico, pero tampoco resulta atípica
(Blasco Martín 2022, 219). Lo que sí resulta atípico es el modo
en el que están efectuadas las perforaciones en este conjunto. Así,
aunque en las piezas 1, 2 y 3 la perforación atraviesa las caras
plantar y dorsal, como es lo más habitual y cómodo de realizar
por las depresiones naturales del hueso; las tabas 4, 5 y 6 fueron horadadas en sentido diagonal, esto es, de la cara plantar a
la lateral en el primer caso y de las caras plantar a la medial en
las dos últimas. Así pues, si estas tabas fueron colgadas o atadas
estarían colocadas en posiciones dispares. En la taba de suido
(8) la cara lateral parece estar sutilmente abrasionada así como
en la parte central de la cara plantar se distingue un ligero hundimiento intencional que no llega a atravesar el hueso (6.1.A1).
Resulta llamativo que ninguna de estas piezas esté quemada,
por lo que cabría pensar que fueron depositadas como ofrenda
después del proceso de cremación, esto es, no acompañaron al
cuerpo del difunto o difunta en el fuego. Circunstancia esta que
también anotó Ballester Tormo en el diario: “unos huesos como
de articulaciones que no nos parece han sufrido la acción del
fuego”.
Podemos también señalar que el número mínimo de individuos que revelan estos huesos es de, al menos, seis animales:
cinco ovicaprinos y un cerdo o jabalí. Las tabas en Casa del
Monte tan solo se han documentado en esta tumba, lo que supone
que su presencia es singular y se reduce al 2,63 % de los enterramientos de la necrópolis.
En otros espacios funerarios como en Alarcos II, las cremaciones que cuentan con astrágalos en sus ajuares suponen el 25
% del total. Están presentes en seis tumbas, aunque su número es
disímil. Encontramos, por ejemplo, una taba en las tumbas 2 y 10,
frente al destacado lote de 453 astrágalos (todos de ovicaprinos
de acuerdo con sus descubridores), de la sepultura 4 que, según
los estudios antropológicos, pertenece a un varón de unos 20-30
años (García Huerta et al. 2018, 178 y cuadro 3.21).
En El Cigarralejo, los astrágalos están en 45 tumbas (Cuadrado Díaz 1987; de Prada Junquera y Cuadrado Díaz 2019) en
números que abarcan desde un único astrágalo, en ocasiones trabajado como en la tumba 353, al lote más numeroso con 150 en
la sepultura 209 (Cuadrado Díaz 1987, 567 y 389). El número
total de sepulturas de la necrópolis es de 529, por lo que podemos calcular que los astrágalos se encuentran en el 8,51% de
los ajuares documentados, siendo mayoritarios en las tumbas
con cronologías del siglo IV a. C. (Gallardo Carrillo 2014, 55).
Para la necrópolis de El Poblado de Coimbra del Barranco
Ancho se ha señalado que las concentraciones mayoritarias se
dan también en cronologías del siglo IV a. C. formando parte,
de manera similar, de tumbas tanto de mujeres como de hombres
(Gallardo Carrillo 2014; Thomas et al. 2022). Las concentraciones estudiadas aportan un total de 549 tabas pertenecientes a 27
de los 158 enterramientos analizados; lo cual implica que están
en el 17,08 % de los ajuares tratados (Thomas et al. 2022, 160).
En Pozo Moro tan solo se recuperaron 11 astrágalos en tres
tumbas (ocho de ellos en la misma sepultura) lo que supone un
3,4% de las sepulturas de la necrópolis, con cronologías que
abarcan del siglo V al siglo II a. C. (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio
2003, 121). De las cercanas necrópolis de Los Villares o de la
Hoya de Santa Ana al no estar publicados todos sus ajuares no
podemos aportar una estimación de esta presencia, si bien no se
Figura 4.49. Astrágalos de la Sepultura XVIII (MPV 47051). En el ejemplar 1, un astrágalo izquierdo de ovicaprino, se especifican los
nombres de las caras del hueso (fotografías M. Blasco Martín).
121
[page-n-123]
la necrópolis ibérica de casa del monte
hace alusión a concentraciones tan numerosas como en Alarcos
II, El Cigarralejo o Coimbra del Barranco Ancho y, por ello, se
asemejarían más a los contextos de Casa del Monte.
En relación con las tabas perforadas valga remarcar de nuevo
que no son especialmente habituales ni en las concentraciones
mencionadas ni en las recogidas en espacios de hábitat (Blasco
Martín 2022, 219). Por ejemplo, en Alarcos II, de las 542 tabas
recuperadas en toda la necrópolis tan solo 15 (cinco de la sepultura 4 y diez de la sepultura 6) están perforadas (García Huerta
et al. 2018, cuadro 3.21), es decir, se trata de una evidencia tecnológica/funcional presente únicamente en el 2,76% del total.
O, en Coimbra del Barranco Ancho donde, de todas las marcas
tecnológicas presentes en las tabas, las perforaciones apenas se
detectan en diez de estos huesos cortos (Thomas et al. 2022, tabla
4). Del Cigarralejo no podemos aportar información precisa ya
que no siempre se señala el número exacto y el tipo de trabajo
que presentan, pero en cualquier caso parece también una pauta
de modificación menor.
Por todo ello cabe destacar aún más las particularidades de las
perforaciones de Casa del Monte con seis ejemplares perforados.
Perforaciones que, además, están realizadas desde diferentes caras
de los astrágalos y que, por ende, no son uniformes (fig. 4.49).
Cabría plantearse si todas o algunas de ellas fueron atravesadas
y atadas con un hilo vegetal o animal como forma de guardarlas
de forma agrupada o si pudieron actuar como ornamentos tipo
colgantes, tal como se identifica en ejemplares engarzados del
mundo púnico (Gómez Bellard 1984, 138-139).
4.5.5. Cuentas de collar
En la Sepultura V se recuperaron cinco cuentas de pequeño
tamaño. Todas estuvieron en contacto con la pira, tal como reflejan sus tonalidades grises, blancas y/o negras (fig. 4.50). Ballester
Tormo las describió como “perlas” de cornalina o coral.
En concreto se trata de cinco piezas cilíndricas de sección
circular u ovalada. Sus medidas son (de izquierda a derecha, fig.
4.50): 21 x 4,6 x 4,2 mm; 15 x 4,2 x 4,2 mm; 12,5 x 3,6 x 3,6
mm; 11,5 x 4,2 x 3,6 mm; 9 x 3,4 x 3,4 mm. Todas presentan
una perforación longitudinal recta, sobre la que no se identifican
marcas tecnológicas, probablemente debido a su estado de conservación. No obstante, cabe pensar que fueron elaboradas con un
fino instrumento punzante metálico, desde uno de los lados de la
cuenta y, después, regularizadas. El diámetro de las perforaciones
es de 1,4 mm lo cual remarca la precisión requerida en los gestos
y en la herramienta empleada. De hecho, por su similitud formal
y de dimensiones cabe pensar que todas fueron elaboradas por la
misma persona y con los mismos útiles.
La identificación de la materia prima sobre la que han sido
elaboradas ha resultado compleja. La revisión de estas piezas
macro y microscópicamente nos hizo descartar que se tratase de
cuentas de hueso, como en un inicio se había considerado. No
hay evidencias de tejido esponjoso o trabéculas óseas ni en la
parte externa ni en la interna de ninguna de ellas. Asimismo, la
textura, y la ausencia de líneas de crecimiento o líneas de Schreger, propias del marfil de proboscídeos, nos hizo descartar que
fuesen piezas ebúrneas (Espinoza y Mann 1992). Se realizó también una comparación microscópica con elementos malacológicos
como los dentalium, un tipo de moluscos escafópodos que comparte la misma forma cilíndrica que las cuentas. No obstante, las
122
Figura 4.50. Cuentas cilíndricas recuperadas en la Sepultura V (MPV
47120, 65 y 66).
paredes de este tipo de moluscos son más finas. Consideramos
que podría tratarse de un elemento mineral como el coral, con
el que comparte morfología, pudiendo tratarse de ramas de esta
materia prima aserradas y perforadas. En la figura 4.51 se observa
el detalle de la cuenta de mayor longitud y un fragmento de coral
blanco recolectado en la actualidad en playas del Mediterráneo
de la península ibérica. Las similitudes entre las líneas paralelas distinguibles y las ligeras capas de crecimiento del coral nos
sugieren que pudiera tratarse de esta materia prima. En cualquier
caso, el alto grado de modificación de estos elementos de adorno,
su reducido tamaño y su estado de conservación, afectado por la
acción del fuego y por procesos postdeposicionales, hace imposible afirmar de forma taxativa sobre qué tipo de materia prima
están elaboradas.
Con la intención de dilucidar esta duda las piezas fueron
sometidas a análisis de pXRF (ver Análisis por pXRF de algunas
piezas). Los resultados obtenidos indican una composición mayoritaria de calcio y componentes menores como silicio, aluminio o
estroncio, entre otros, compatibles con diversas materias primas
óseas, malacológicas y minerales. Otras pruebas más precisas
en la determinación de componentes orgánicos e inorgánicos
podrían ayudar a determinar su naturaleza. No obstante, valga
apuntar que los estudios de caracterización química del coral y
de las conchas aportan resultados similares de compleja individualización (Campbell Pedersen 2004, 210).
Piezas ornamentales similares, cuentas cilíndricas perforadas longitudinalmente de tamaños casi idénticos, se han
identificado en otros espacios funerarios ibéricos como el
Maset del Pedralbino (Llíria), el Cabezo Lucero, Castillejo de
los Baños o la Hoya de Santa Ana. En el caso de Maset del
Pedralbino se recuperaron nueve cuentas cilíndricas y cuatro
circulares como parte del ajuar de una sepultura que en la actualidad se encuentra en proceso de estudio para su publicación. En
Cabezo Lucero, en dos tumbas destruidas (denominadas punto
7B y punto 67) datadas por el material cerámico entre el 400 375 a. C. y el 450 - 375 a. C., respectivamente, se recuperaron
cinco cuentas cilíndricas y otra bitroncocónica en el primero
[page-n-124]
estudio de los materiales
Figura 4.51. Izquierda: detalle (11 X) de una de las cuentas de Casa del Monte. Derecha: detalle de un
fragmento de coral blanco actual del Mediterráneo.
de los casos y, en el segundo, otras siete cilíndricas depositadas junto a adornos de concha y pasta vítrea (Aranegui Gascó
et al. 1993, 163, 234 y fig. 12.19). Por su parte, en la tumba 4
de Castillejo de los Baños, fechada entre el 425 - 350 a. C., se
identificaron tres cuentas cilíndricas (García Cano y Page del
Pozo 2001, 97 y fig. 4). Y, en la sepultura 137 de Hoya de Santa
Ana se recuperó un conjunto de más de 200 cuentas cilíndricas,
de tamaño y tonalidad similar a las aquí recogidas (Nº 15392 de
inventario del Museo de Albacete). Consideramos que la revisión microscópica detallada de estos materiales podría servir
para descartar que, como en el caso de Casa del Monte, estas
cuentas cilíndricas no estén elaboradas sobre hueso, como se
plantea en las publicaciones, sino sobre otras materias primas
como diferentes tipos de materiales pétreos, coral o concha.
Valga apuntar que el empleo del coral como adorno, aunque
pueda haberse pasado por alto por la dificultad de su identificación y su invisibilización en las preguntas planteadas por la
investigación, se documenta en diversos materiales de la Edad
del Hierro en territorio peninsular y en el Mediterráneo Occidental (Morel et al. 2000).
En cualquier caso, la persona enterrada en la Sepultura V, en
el momento de cremación portaba, posiblemente sobre su cuello,
un collar compuesto por estas cuentas (fig. 4.52). O, si no, una
persona querida se lo ofrendaría como despedida antes de que se
prendiera la pira, ya que todas las cuentas estuvieron en contacto
con el fuego. Además, como se ha señalado, cuando se documentan este tipo de cuentas cilíndricas en contextos de la Segunda
Edad del Hierro, se hallan en espacios funerarios, vinculados con
el ajuar o con los adornos personales de la persona fallecida, una
pauta seguida en el caso de Casa del Monte.
indicaciones del lugar de hallazgo de los fragmentos de alfileres,
los datos nos permiten señalar que las artesanías óseas están presentes en tres de las 38 sepulturas identificadas en esta necrópolis: la placa ornamental en la Sepultura I, los nueve astrágalos en
la XVIII y la falcata con cachas óseas de la Sepultura XX. Ello
supone que su presencia se limita al 7,89% de los enterramientos.
Asimismo, teniendo en cuenta que la clasificación como hueso
o marfil de las cachas resulta compleja por su actual estado de
conservación, en referencia al tipo de materias primas trabajadas podemos señalar que, si efectivamente se tratase de material
ebúrneo, supondría que la muestra está integrada por un 9,52% de
objetos manufacturados en dicha materia prima exótica y alóctona
al territorio peninsular y un 91,48% de piezas elaboradas sobre
huesos de macro y mesomamíferos. Estos huesos se obtendrían de
animales propios de las actividades ganaderas del mundo ibérico
(como refleja la presencia mayoritaria de astrágalos de ovejas y
cabras) o incluso de la caza (huesos de animales salvajes), que
como los animales domésticos pueden ser aprovechados para
confeccionar objetos apuntados o placas ornamentales. Además,
las cinco cuentas recuperadas en la Sepultura V, posiblemente
4.5.6. Valoración global
A la hora de valorar este conjunto material debemos tener cuenta
que, aunque se trate de una presencia en número modesta, nos ha
permitido relacionarlo, como hemos visto, con sugerentes paralelos y actividades. Como, desafortunadamente, no contamos con
Figura 4.52. Posible disposición de las cuentas de la Sepultura V
como collar.
123
[page-n-125]
la necrópolis ibérica de casa del monte
de coral o de material pétreo, reflejan una diversidad mayor de
materias primas trabajadas y de elementos de adorno presentes
en las sepulturas de esta necrópolis.
El conjunto presentado está en consonancia con lo documentado en otras necrópolis cercanas como serían, en especial, Los
Villares y Hoya de Santa Ana con las que, al fin y al cabo, dista
en línea recta apenas 19,25 km y 44 km, respectivamente (esto
es, están conectadas por una o dos jornadas de viaje). Entre ellas
detectamos prácticas culturales semejantes en las creencias y en
lo material que, por supuesto, van más allá de las piezas elaboradas sobre materias óseas, pero bien podríamos decir que, aunque
no los tengamos de hueso o de marfil, “para muestra un botón”.
4.6. ANÁLISIS POR PXRF DE ALGUNAS PIEZAS
Gianni Gallello
4.6.1. Introducción
El estudio de los objetos arqueológicos empleando análisis químicos para la caracterización de materiales con el objetivo de
identificar procedencia y/o procesos de manufacturación está
avanzando constantemente. Especialmente, el desarrollo de
equipos portátiles de fluorescencia de rayos X (pXRF) está permitiendo realizar análisis, no invasivos, rápidos, de bajo coste
y directos, siendo perfectamente compatible con el análisis de
restos arqueológicos incluyendo por ejemplo objetos de época
Ibérica como son los mangos de cuchillo de marfil (Blasco-Martín et al. 2019; Mata Parreño et al. 2020) y láminas de plomo
(Ferrer i Jané et al. 2021). En concreto en los mangos de época
ibérica analizados (Blasco-Martín et al. 2019; Mata Parreño et al.
2020), el uso de técnicas no destructivas como la fluorescencia de
rayos X portátil (pXRF) ha permitido identificar materias primas
(ámbar, estaño y plata) utilizadas para decorarlos. Gracias a la
identificación de materiales “exóticos” en las zonas decoradas,
estos objetos de marfil constituyen unos hallazgos excepcionales
en la arqueología ibérica permitiendo una mejor comprensión de
los procesos de fabricación, áreas de producción y accesibilidad
a materiales exóticos por parte de las poblaciones iberas.
Siguiendo las líneas marcadas por estos primeros trabajos el
objetivo principal de nuestro estudio en los ajuares de la Casa del
Monte ha sido llevar a cabo un análisis arqueométrico no destructivo para la identificación del perfil elemental y caracterizar la
composición de ciertos materiales cuya composición empleando
una evaluación visual era dudosa. Las piezas objeto de estudio
han sido siete en total: cinco metálicas (un anillo, dos puntas de
lanza, una falcata y una espada), una de hueso que presentaba
residuos metálicos y unas cuentas de un material sin identificar.
Tabla 4.7. Resultados de los puntos medidos por pXRF en el anillo
con chatón de la Sepultura XI (MPV 49).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Hg
Pb
ANILLO_49.1
%
0.4
0.06
88
5
0.01
ANILLO_49.2
%
0.4
0.06
88
5
0.01
124
La caracterización química de estos objetos cruzada con
datos arqueológicos, puede aportar así una información relevante
para aclarar cuestiones relativas a los procesos de fabricación, la
calidad y la cronología de los mismos. La precisión y exactitud
de las mediciones se obtienen desarrollando un método analítico
adecuado, evitando como se ha mencionado cualquier posible
daño a las piezas.
4.6.2. Metodología
Se procede a la descripción de los puntos de medida de las siete
piezas analizadas metálicas y no metálicas, ya que éstas han sido
descritas y estudiadas en páginas anteriores.
4.6.2.1. El material analizado
Los objetos metálicos analizados fueron cinco. La primera pieza
es un anillo (MPV 49) de la Sepultura XI sobre el cual interesaba
confirmar el material del que está fabricado analizándose la parte
exterior del chatón (fig. 4.53 y tabla 4.7).
La segunda pieza es una punta de lanza de hierro con una
anilla de otro elemento adherida en un lateral (MPV 27) de la
Sepultura XIX. El cubo está decorado con un material diferente
del que interesaba confirmar su naturaleza. Se tomaron seis medidas en el cubo y cuatro en la hoja por ambos lados. Las medidas
2 y 6 se tomaron cerca del extremo del cubo para alejarse de la
posible decoración (fig. 4.53 y tabla 4.8).
La tercera es otra punta de lanza también con decoración en
el cubo (MPV 31) de la Sepultura IX. Se tomaron cuatro medidas
en el cubo y otras cuatro en la hoja, por ambas caras de la pieza.
Los puntos 1, 3, 5 y 6 se tomaron sobre la zona color verde, los
puntos 2 y 6 más alejados de la decoración y los puntos 3, 4, 7 y
8 sobre la hoja (fig. 4.53 y tabla 4.9).
La cuarta pieza es una falcata de la Sepultura XX (MPV 20),
en cuyo mango parecen apreciarse hilos de posible decoración
entre los restos orgánicos de las cachas. Cisneros Fraile (2008,
143) señaló que eran de madera, pero la inspección visual indica
que eran hueso o marfil (ver apartado Artesanías óseas), por lo
Tabla 4.8. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la punta
de lanza con anilla adherida de la Sepultura XIX (MPV 27).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Sn
PUNTA_27_1
%
78
7
4
0.01
PUNTA_27_2
%
79
4
PUNTA_27_3
%
71
14
7
0.2
PUNTA_27_4
%
93
0.2
PUNTA_27_5
%
89
7
0.4
0.04
PUNTA_27_6
%
85
9
PUNTA_27_7
%
89
7
0.6
0.1
PUNTA_27_8
%
99
0.2
PUNTA_27_9
%
99
0.2
PUNTA_27_10
%
94
0.2
[page-n-126]
estudio de los materiales
Figura 4.53. Puntos de medida analizados por pXRF. 1: punta de lanza de la Sepultura IX (MPV 31); 2: punta de lanza de la Sepultura XIX
con anilla adherida (MPV 27); 3: falcata de la Sepultura XX (MPV 20); 4: anillo de la Sepultura XI (MPV 49); 5: espada de la Sepultura
XVII (MPV 37); 6: placa de hueso de la Sepultura I (MPV 47779) (fotografía M. Blasco Martín); 7: cuentas cilíndricas de la Sepultura V,
de izquierda a derecha MPV 47120a, 47120b, 47120c, 65d, 66e.
Tabla 4.9. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la punta
de lanza de la Sepultura IX (MPV 31).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Pb
PUNTA_31_1
%
72
8
13
PUNTA_31_2
%
78
7
10
PUNTA_31_3
%
93
0.1
PUNTA_31_4
%
93
0.1
0.03
PUNTA_31_5
%
78
4
11
PUNTA_31_6
%
80
2
11
PUNTA_31_7
%
92
0.1
0.04
PUNTA_31_8
%
91
0.2
0.04
que el análisis se hizo para caracterizar la materia de los hilos
de la decoración. Se tomaron diez medidas en el mango y en la
hoja (fig. 4.53 y tabla 4.10).
La quinta es una espada recta de la Sepultura XVII (MPV
37) cuyo mango presenta decoración incrustada cuya naturaleza
interesaba caracterizar. Se tomaron seis medidas por lado en el
remate de la empuñadura, en el puño y en la hoja para determinar
su composición (fig. 4.53 y tabla 4.11).
Entre los materiales no metálicos se analizaron dos tipos de
objeto. En primer lugar, una placa de hueso (MPV 47779) de
la Sepultura I, en uno de cuyos lados presenta dos incisiones
paralelas de tono rojizo y el resto con tonalidades verdes; otros
fragmentos están totalmente blancos. Se analizaron cuatro puntos por lado intentando aproximarse a las líneas rojizas. No se ha
podido alcanzar precisión sobre las incisiones debido a la anchura
del haz de disparo del equipo (fig. 4.53 y tabla 4.12).
125
[page-n-127]
la necrópolis ibérica de casa del monte
En segundo lugar, cinco cuentas de material indeterminado de
la Sepultura V (MPV 47120, 65 y 66), que Ballester Tormo consideró como de coral o cornalina. Se tomaron dos medidas en cada
una de ellas que denominamos a, b, c, d y e (fig. 4.53 y tabla 4.13).
4.6.2.2. El equipo PXRF
Los análisis fueron realizados mediante un equipo portátil de
Espectroscopia de Fluorescencia de Rayos-X (pXRF) que permite, sin toma de muestras, la identificación de los elementos
químicos que constituyen los materiales analizados. Para ello se
ha empleado un espectrómetro portátil pXRF de la serie Vanta
C que incluye un tubo de rodio (Rh) de 40 kV, un detector de
silicio SDD (Silicon Drift Detector) con una resolución en energía de 135 eV (FWHM @ 5.9 keV) y un analizador multicanal integrado. El haz colimado irradia una superficie de unos 3
mm de diámetro registrando la señal de fluorescencia durante
un intervalo de 60 s.
Los resultados publicados corresponden a la información
espectral obtenida con un potencial de tubo de 40 kV y una
intensidad de haz de 57 µA, parámetros que son adecuados para
registrar elementos con número atómico Z entre 11 y 98.
Tabla 4.11. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la espada
de la Sepultura XVII (MPV 37).
Tabla 4.10. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la falcata
de la Sepultura XX (MPV 20).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Sn
Pb
ESPADA_37_1
%
64
30
2
0.03
ESPADA_37_2
%
66
27
1
0.03
ESPADA_37_3
%
87
0.2
ESPADA_37_4
%
91
2
ESPADA_37_5
%
86
0.2
0.2
ESPADA_37_6
%
92
0.05
1
ESPADA_37_7
%
48
46
Unidad
Fe
Cu
Sn
Pb
FALCATA_20_1
%
89
0.17
0.03
FALCATA_20_2
%
89
0.16
0.04
FALCATA_20_3
%
89
0.05
0.04
FALCATA_20_4
%
89
0.06
0.03
FALCATA_20_5
%
92
FALCATA_20_6
%
93
ESPADA_37_8
%
58
37
FALCATA_21_7
%
96
0.04
0.01
ESPADA_37_9
%
95
0.1
FALCATA_21_8
%
96
0.05
0.01
ESPADA_37_10
%
95
0.1
FALCATA_21_9
%
90
0.04
0.03
ESPADA_37_11
%
89
0.04
FALCATA_21_10
%
92
0.04
0.03
ESPADA_37_12
%
91
0.03
2
2
0.1
0.02
Tabla 4.12. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la placa de hueso de la Sepultura I (MPV 47779).
Medida
Unidad
Al Si
P
S
Ca
Ti
Cr
Mn
Fe
Ni
Cu
As
Sr
Ag
Sn
Pb
PLACA_
HU_47779.1
%
0.4
1
12
0.1
36
0.05
0.2
4 0.005
0.1
PLACA_
HU_47779.2
%
0.4
1
12
0.03
36
0.07
0.007
0.01
0.2
0.003
4 0.005
0.1
0.005 0.006
PLACA_
HU_47779.3
%
0.5
2
12
0.04
30
0.009
0.01
0.1
0.003
6 0.002
0.1
0.005 0.005
PLACA_
HU_47779.4
%
0.4
2
12
0.05
31
0.05
0.008
0.01
0.1
0.006
7 0.002
0.1
PLACA_
HU_47779.5
%
0.4
2
10
0.5
24
0.04
0.01
0.02
0.2
0.009
11 0.005
0.1
0.007 0.003
PLACA_
HU_47779.6
%
0.3
1
12
0.2
34
0.009
0.01
0.2
0.003
6 0.007
0.1
0.005 0.007
PLACA_
HU_47779.7
%
0.2
1
13
39
0.06
0.008
0.01
0.1
1 0.002
0.1
PLACA_
HU_47779.8
%
0.4
1
13
32
0.05
0.009
0.1
6 0.003
0.1
126
0.04
0.002
0.005 0.002
[page-n-128]
estudio de los materiales
Tabla 4.13. Resultados de los puntos medidos por pXRF en las cinco cuentas a, b, c, d y e de la Sepultura V (MPV 47120, 65 y 66).
Medida
Unidad
Al
Si
P
S
K
Ca
Ti
Fe
Cu
Zn
Sr
Ag
Sn
Pb
Cuenta_47120. a1
%
1
3
0.2
0.2
0.2
45
0.1
0.2
0.02
0.005
0.2
0.003
0.02
Cuenta_47120.a2
%
1
2
0.1
0.3
0.2
45
0.1
0.1
0.01
0.004
0.2
0.004
0.01
Cuenta_47120. b.3
%
2
4
0.2
0.3
0.4
44
0.2
0.02
0.002
0.2
0.01
0.002
Cuenta_47120. b.4
%
2
4
0.2
0.2
0.3
43
0.1
0.2
0.02
0.003
0.2
0.01
0.002
Cuenta_47120. c.5
%
1
3
0.2
0.4
0.2
41
0.2
0.02
0.004
0.2
0.01
0.01
0.5
Cuenta_47120. c.6
%
1
3
0.2
0.4
0.1
41
0.1
0.2
0.02
0.004
0.2
0.01
0.01
0.5
Cuenta_65. d.7
%
2
4
0.2
1
0.5
42
0.1
0.2
0.04
0.007
0.2
0.02
0.05
Cuenta_65. d.8
%
2
4
0.2
1
0.4
42
0.1
0.2
0.03
0.008
0.2
0.02
0.05
Cuenta_66. e.9
%
1
2
0.1
1.2
0.2
42
0.1
0.1
0.2
0.005
0.2
0.01
0.01
0.1
Cuenta_66. e.10
%
1
2
0.1
1.2
0.2
43
0.1
0.1
0.2
0.005
0.2
0.01
0.01
0.1
Se realizó un análisis cuantitativo de la composición elemental de los materiales metálicos a partir de la calibración Metal
Alloys Plus 2-beam METHOD-G2-VCR y la calibración Geochem Plus 2-beam METHOD-G2-VCR para los otros materiales.
4.6.3. Resultados y discusión
4.6.3.1. Anillo con chatón (MPV 49). Sepultura XI
El anillo (tabla 4.7) presenta niveles elementales muy similares
en los puntos medidos (puntos 1 y 2), siendo el elemento mayoritario la plata (88%). El mercurio se encuentra alrededor del 5%,
y otros elementos son minoritarios como el hierro (0.4 %), el
cobre (0.06%) y el plomo (0.01%). La presencia de mercurio en
objetos de época ibérica ya había sido identificada pues durante el
proceso de manufacturación se emplea una amalgama dorada que
contiene elevadas concentraciones de mercurio, probablemente
para dotar de un aspecto dorado al objeto trabajado (GiumliaMair 2020, cap. 3.3; Perea Caveda et al. 2008).
4.6.3.2. Punta de lanza con anilla adherida (MPV 27).
Sepultura XIX
La punta de lanza (tabla 4.8) de hierro (Fe) presenta niveles de
plata (Ag) en la parte con incrustaciones del cubo (puntos 1, 3, 5
y 7). En los puntos 1 y 3 se alcanzan niveles más elevados (4% y
7%) de plata y en estos mismos se aprecia la presencia del estaño
(Sn). El cobre está presente entre en los puntos relacionados con
la plata (puntos 1, 3, 5 y 7) con valores que van desde el 7% al
14%. En la hoja y el extremo del cubo no se documenta la plata.
Por los datos obtenidos se puede deducir que los hilos son de
plata y la lámina entre ellos es de bronce o cobre.20
20 Los límites metodológicos propios de la técnica no permiten profundizar
más en esta atribución.
4.6.3.3. Punta de lanza (MPV 31). Sepultura IX
La punta de lanza de hierro (tabla 4.9) presenta niveles de Ag
en la parte con incrustaciones (puntos 1, 2, 5 y 6) del cubo que
alcanza niveles entre el 10% y el 13%; en los mismos puntos de
medida se asocia a niveles de cobre entre el 2% y 8%, igual que
en la punta de lanza anterior (MPV 27), correspondiendo a la
lámina de cobre colocada entre hilos de plata.21 En los puntos 3,
4, 7 y 8 el elemento dominante es el hierro.
4.6.3.4. Falcata (MPV 20). Sepultura XX
La falcata de hierro (tabla 4.10) presenta niveles Cu y Pb inferiores al 0.1% y en algunos puntos por debajo del límite de detección
(
y restos de la cachas no se detectan otros elementos metálicos
relacionados.
4.6.3.5. Espada (MPV 37). Sepultura XVII
La espada de hierro (tabla 4.11) presenta niveles elevados de Cu
(entre el 27% y el 46%) en los puntos 1, 2, 7 y 8 correspondientes a la decoración de la empuñadura. También en los mismos
puntos se detecta la presencia de entre 1% y 2% de estaño (Sn).
En los remates de las antenas (puntos 3, 4, 9 y 10) predomina
la presencia del hierro y en el punto 4 los niveles de cobre (Cu)
alcanzan el 2%, una concentración superior comparada con los
porcentajes de los puntos 3, 9 y 10 (entre 0.1% y 02%). Los puntos medidos correspondientes a la hoja (5, 6, 11 y 12) dan hierro.
No se aprecia, en este caso la presencia de la plata como en las
puntas de lanza MPV 27 y MPV 31.
21 A diferencia de la anterior, aquí no se detecta el estaño.
127
[page-n-129]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.6.3.6. Placa de hueso (MPV 47779). Sepultura I
La placa contiene niveles elevados de Ca (entre 24% y 39%)
y P (10% y 13%) coherente con la matriz ósea (tabla 4.12). En
la superficie del fragmento mayor hay una pátina con tonalidades verdes. En siete de los puntos medidos (1, 2, 3, 4, 5, 6 y 8)
aumentan considerablemente los niveles de Cu (entre 4% y 11%)
mientras el punto 7 presenta valores más bajos (1%). En la cara
donde se encuentran las dos incisiones paralelas de tono rojizo
los puntos medidos (1, 2, 5 y 6) presentan los niveles de Fe más
elevados (2%) en comparación con las otras medidas (3, 4, 7 y 8)
que se encuentran en la cara opuesta a las incisiones (Fe 1%). El
resto de elementos presentes no mantienen un patrón bien definido y se relacionan probablemente con impurezas o procesos
postdeposicionales. Los niveles de cobre se deben al contacto
de la pieza con otros elementos del ajuar en bronce. Y en cuanto
al Fe en las incisiones pudo ser una intención decorativa como
señaló ya Ballester Tormo en el diario “y huesos ornados con
líneas que debieron llevar embutidos hilo de hierro”.
4.6.3.7. Cinco cuentas de collar (MPV 47120). Sepultura V
Las cuentas denominadas a, b, c, d y e (tabla 4.13) presentan elevados niveles de Ca (entre 41% y 45%), niveles de Si entre el 2%
y 4% y niveles de P entre el 0.1% y el 0.2%. Los niveles de Sr,
Fe y Ti presentes en menores cantidades podrían ser compatibles
con un perfil propio de esta matriz. Este perfil elemental podría
ser compatible con una matriz similar a las conchas de caracoles
(Owoyemi y Owoyemi 2020), sin que se puedan descartar otras
posibilidades con la utilización de técnicas diferentes. La presencia de Cu, Ag, Sn y Pb podría indicar que estuvieron en contacto
con elementos del ajuar o bañadas en algún metal, tal vez bronce.
4.6.4. Conclusiones
Los resultados obtenidos mediante pXRF podrían ayudar a la
caracterización y posible interpretación de los procesos de manufacturación de los objetos analizados de Casa del Monte.
128
Los objetos de plata debido al proceso de extracción del
metal contienen mercurio como impureza, aunque su elevada
concentración en el anillo analizado se podría relacionar con el
proceso de manufacturación con amalgama dorada para darle
un aspecto dorado. Las dos puntas de lanza (MPV 27 y 31) de
hierro presentan en la zona del cubo elevadas concentraciones
de plata correspondientes a nielado observado, en ambos casos
carentes de mercurio. Los hilos de plata, además, están enmarcando pequeñas láminas de cobre. A diferencia de las puntas, la
espada de antenas (MPV 37) presenta niveles elevados de Cu
en la empuñadura. Se amplia así el catálogo de armas con decoración, que destacaría sobre el tono oscuro de la hoja de hierro
(Quesada Sanz 2010, 132-134).
En cambio, en la falcata (MPV 20) sólo se ha determinado
con claridad la presencia de Fe. La oxidación y las intervenciones de consolidación podrían haber enmascarado el uso de
otros metales en decoración de las cachas como sucede en otros
ejemplos.
La placa de hueso (MPV 47779) presenta una pátina de Cu
que, probablemente, se debe al contacto con otros elementos del
ajuar en bronce como una placa de cinturón o las fíbulas (fig.
3.22); en el lado donde se encuentran dos incisiones paralelas de
tono rojizo con niveles de Fe más elevados se podrían interpretar
como una intención decorativa siendo esta hipótesis compatible
con la interpretación de Ballester Tormo.
Finalmente, las cinco cuentas de collar (MPV 65, 66 y 47120)
presentan un perfil elemental químico compatible con las conchas, pero debería contrastarse con otro tipo de análisis ya que su
precisión no es claramente discriminatoria (ver Artesanías óseas).
La presencia de Cu, Ag, Sn y Pb podría indicar que estuvieron
en contacto con elementos del ajuar o bañadas en algún metal,
tal vez bronce (fig. 3.27).
Evidentemente los datos de los análisis químicos presentados
pueden aportar información útil, pero es necesario cruzarlos con
otros tipos de investigaciones del registro arqueológico, como el
estudio de la tecnología empleada y aspectos socio-culturales del
contexto histórico para poder obtener una visión más completa
y poder contextualizar adecuadamente los objetos estudiados.
[page-n-130]
5
Pasto de las llamas
Ernestina Badal García
…pues sí, dentro de una rama de férula robé la
fuente secreta del fuego, que maestra se ha mostrado de toda arte para los mortales y gran recurso.
Y así pago mi castigo por estas faltas, clavado con estas
cadenas y a la intemperie.
Esquilo. Prometeo encadenado (traducción J. R. Montañés)
5.1. EL FUEGO
El fuego es una de las fuerzas potentes de la naturaleza y ha
influido decisivamente en la evolución de los seres vivos, especialmente en la humana. Los humanos somos los únicos seres de la
Tierra capaces de producir fuego, de controlarlo y usarlo en nuestro único beneficio. Desde el momento que los homínidos usaron
el fuego, se rompieron las relaciones de igualdad con el resto de
los seres vivos del planeta. El fuego ha tenido un rol importante
en la evolución humana y esto ha sido un proceso largo, una relación de aprehensión, control y desarrollo de todo su potencial, que
todavía continua en la actualidad. En cada etapa de la evolución
humana, como Prometeo predice, los humanos han diversificado
los usos del fuego, han ganado en poder destructivo y han conseguido generar mayor energía por ser un recurso esencial (fig. 5.1).
El fuego tiene características propias, destruye todo, consume todo y es irreversible, por donde pasa deja huella. Como
dice Plinio el Viejo, en el siglo I d. C. “no hay nada que no
llegue al estadio final por medio del fuego” (HN 13, 64-65).
Estas cualidades inspiran temor y no lo hacen muy atractivo.
Sin embargo, produce una gran fascinación por su luz, su color,
su calor y probablemente por su poder. Prueba de esa atracción
humana hacia el fuego y la dependencia que tenemos de él, son
los mitos, refranes y narraciones que han generado distintos
grupos humanos en todo el Planeta para explicar el origen del
fuego. Mitos y leyendas que acumulan saber humano y que
han llegado hasta nosotros por medio de la historia oral (Frazer
1930) o por los autores clásicos como Hesíodo o Esquilo, entre
otros. Los escritores clásicos de Grecia y Roma hacen referencia al origen y uso del fuego mostrando la diversificación
de las aplicaciones del fuego. De todos es sabido, que Prometeo roba el fuego a los dioses para ofrecer ese recurso a los
humanos y las artes que conlleva, incluida la guerra (Pyne
2001). Si pasamos de los mitos a la realidad arqueológica, el
fuego se documenta por sus productos directos como el carbón,
la ceniza, el hollín, etc. De forma indirecta tenemos algunas
acciones como la cremación de los difuntos y todos los objetos que se realizan con las artes del fuego: pan, cerámica, cal,
objetos metálicos y un largo etc. El fuego como fuerza destructora se encuentra en muchos yacimientos arqueológicos donde
hay niveles de incendio que son heraldos negros del poder del
fuego que, en muchos casos, coincide con el abandono total
del sitio. A partir de la Edad del Bronce, los incendios son muy
frecuentes en los poblados o aldeas, aunque no siempre es fácil
de distinguir la causa del fuego, si accidental o intencionado
como arma de violencia.
5.2. EL FUEGO EN EL MUNDO IBÉRICO
En el mundo ibérico, el fuego está presente en todos los ámbitos de la vida y de él se aprovechan todas sus cualidades, aunque no siempre nos queden testigos directos de estas acciones.
Los productos del fuego son la luz, el calor, el carbón, la
ceniza, el humo, la tierra quemada, etc. De ellos, alguno se
puede encontrar en los yacimientos arqueológicos y deben ser
considerados como documentos históricos porque nos informan, entre otras muchas cosas, de la pirotecnología genuinamente humana.
129
[page-n-131]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.1. Flor de férula. Acuarela de H. Bonet Rosado.
Los incendios naturales o provocados por los humanos no tienen límite, se expanden en el espacio hasta que alguno de los tres
elementos del triángulo del fuego (combustible, oxígeno y chispa)
se agota y entonces se apaga el fuego. Que el fuego se propaga
por los territorios ibéricos queda constancia en la alteración de los
ecosistemas y la antropización de los territorios productivos desde
el neolítico hasta la actualidad (Carrión García 2022). La cultura
Ibérica, del primer milenio a. C. no escapa a esta intervención
humana que provoca la reducción de los bosques naturales por
un paisaje abierto con zonas dedicadas a la producción agraria. El
incremento de microcarbones en los sedimentos es buena prueba
de la reiteración de los incendios en las fases productivas de la
Edad del Hierro (Carrión García 2022).
En contraposición a los incendios, el fuego humano, por su
peligrosidad, siempre se cerca en el espacio, se encierra en los
hogares, en los hornos, en las forjas, en las piras, en las lámparas, etc., siempre está controlado y limitado, el fuego no se
puede escapar, es demasiado peligroso. Estos conocimientos
en la cultura Ibérica se demuestran por las estructuras de combustión situadas en el interior de las casas. Como indica Pons i
Brun (1994, 15-16): “la casa ibèrica serà de planta rectangular
amb el basament de pedra, poc compartimentada, tindrà d’entre
una a tres sales. La llar estarà sempre representada almenys en
alguna de les sales, se la troba en posició centrada si es tracta
d’un espai important o bé a la perifèria recolzada en algun mur,
si es tracta d’un habitatge compartimentat”. Efectivamente, los
hogares son circulares, cuadrados, esquinados o de otros tipos
130
y se convierten en el centro de actividad y descanso. Alrededor
del fuego se realizan las labores de mantenimiento y transformación, pero además prolonga la luz durante la noche, lo que los
convierte en centros de reunión y de transferencia de experiencias, conocimientos, juegos, etc. Ejemplos de estas estructuras
de combustión se encuentran en las casas de la cultura Ibérica,
desde el sur de Francia hasta Andalucía. Con diferentes tipologías, pero siempre la acción del fuego está limitada en un espacio
concreto, el fogón o chimenea es la estructura más genuina del
hábitat humano (Abad Casal y Sala Sellés 1993; Bonet Rosado
et al. 1994; Bonet Rosado y Mata Parreño 2002; Bonet Rosado
y Vives-Ferrándiz, 2011; Mata Parreño 2019; Pons i Brun 1994;
Pons i Brun et al. 1994).
Cuando el fuego sale del hogar y se expande libremente se
producen los incendios que pueden arrasar las viviendas y los
poblados, ejemplos de estos fuegos no faltan en el territorio ibérico, es difícil de identificar las causas, que sean accidentales o
voluntarios para sembrar el terror, pero en todo caso, el efecto
devastador del fuego es evidente, como en el Puntal del Llops
(Olocau), que, por las granadas carbonizadas que se encontraron en la calle del poblado, el incendio debió de ocurrir en un
día de otoño de un año del primer cuarto del siglo II a. C. (Mata
Parreño et al. 2010, 58).
En los rituales ibéricos, el fuego está muy presente, especialmente queda constancia en los banquetes, en los lugares de culto
y en los ritos funerarios, ya que practicaban la cremación, así
que tanto los cuerpos como los ajuares y ofrendas eran pasto de
las llamas; los residuos de esa combustión eran sepultados definitivamente en las tumbas. El fuego como purificador se utilizó
desde la antigüedad remota y la cremación tendría una finalidad
ritual e higiénica, sin descartar el significado regenerador de la
acción del fuego.
5.3. LA NECRÓPOLIS DE CASA DEL MONTE
La necrópolis ibérica de Casa del Monte funcionó desde finales del siglo V a principios del III a. C. Como era habitual en el
mundo ibérico, se practicaba la cremación del difunto, de sus
ajuares y de las ofrendas que se le entregaban. Por tanto, el uso
del fuego era esencial durante el ritual para realizar la transformación del difunto y todos los complementos.
La necrópolis de Casa del Monte se excavó bajo la dirección de Isidro Ballester Tormo entre 1918 y 1920, hace más de
un siglo, con los métodos y técnicas propios de la época. En
aquel entonces, los restos del fuego no se consideraban parte
de la cultura material y por ello, no merecían una recogida
sistemática de los mismos. Carbones y cenizas eran frecuentes
en todos los yacimientos, con más motivo en una necrópolis
ibérica, aunque en otros países ya se analizaban en el siglo
XIX o principios del XX para conocer las plantas que prendían en los hogares, el clima y otros aspectos, en España no
era el caso y solo en determinados contextos se recogieron
porque conservaban la forma y podrían ser parte de los objetos (Breuil 1903; Capitain et al. 1908). Este es el caso de la
recogida selectiva de los carbones en algunas sepulturas de
Casa del Monte, pero que no fueron analizadas hasta principios del siglo XXI (Badal García 2007-2008), así que ha
tenido que pasar un siglo para que sepamos qué plantas utilizaron los íberos para hacer objetos, para realizar la cremación
[page-n-132]
pasto de las llamas
de los difuntos, para comer, en definitiva, para acercarnos al
conocimiento botánico que tenían los habitantes de Casa del
Monte (Mata Parreño et al. 2010).
De las treinta y ocho sepulturas excavadas, solamente se
recogieron restos vegetales en cuatro, probablemente, por las
dimensiones y formas de los carbones. En definitiva, se realizó
una selección subjetiva de los restos en las Sepulturas III, VII,
XI y XXVI. Los materiales se guardaron en cajas de cartón de
productos comerciales de principios del siglo XX (fig. 5.2) y han
sido custodiados, desde entonces, por el MPV etiquetados con
sus correspondientes números de inventario.
En el conjunto del material hay vegetales y piezas de metal.
De la sepultura VII había dos cajas (MPV 47105 y 47108), que
además de los carbones, contenían fragmentos de madera y de
objetos metálicos de hierro.
Durante el estudio de los objetos metálicos de las sepulturas, para realizar esta publicación, se observó que algunas piezas
(puñales, regatones, etc.) tenían fragmentos vegetales adheridos,
por lo que se realizó un muestreo en dichos objetos. Los objetos
muestreados proceden de las Sepulturas I, II, IX, XIV y XVIII.
Así del total de las 38 tumbas excavadas, disponemos de restos vegetales de nueve de ellas (I, II, III, VII, IX, XI, XIV, XVIII
y XXVI). En total hemos identificado 46 restos vegetales que a
continuación detallaremos.
5.3.1. Método de análisis
Para la identificación botánica, cada fragmento se analizó en el
laboratorio de Arqueología de la Universitat de València. Primero
se procedió a la observación, en lupa binocular (Leica M165C),
para comprobar la morfología, el estado de conservación, si era
carbón o madera, si había huellas del trabajo de la madera y el
grado de alteración. Posteriormente, se analizaron en el microscopio metalográfico (Leica DM6000 M) para su identificación
botánica. Las fotografías se han tomado en el microscopio electrónico de barrido (Hitachi S-4800) con el sistema de adquisición
de imagen Quantax 200 y el software Esprit 1.9 de Bruker. Este
microscopio fue configurado con 10 KV y una distancia de trabajo
de 15 mm. También se ha utilizado el microscopio electrónico de
barrido de emisión de campo con haz de iones enfocado SCIOS 2.
Para la observación en el microscopio electrónico, las pequeñas partículas vegetales fueron fijadas en una cinta adhesiva de
carbono y metalizadas con oro-paladio para facilitar su conductividad. En algunos fragmentos claramente mineralizados se hizo
un análisis elemental para comprobar el tipo de metal que contenía la madera.
Para saber de qué plantas procede la madera o el carbón, en
cada fragmento se han observado los tres cortes anatómicos de
la madera, el transversal y los dos longitudinales, el tangencial
y el radial, para llegar a la identificación botánica de género,
especie o familia.
Los vegetales, una vez depositados en las sepulturas, sufrieron una serie de alteraciones y ataques de organismos vivos que
los fueron degradando. La secuencia de alteraciones observada
en algunos carbones, probablemente, fue la siguiente: raíces,
insectos xilófagos, bacterias, hifas de los hongos y otros microorganismos, además, en algunos casos la oxidación de los metales
que estaban en directa conexión con los carbones o con la madera.
Las actividades biológicas facilitaron la destrucción y desintegración de los carbones y maderas, mientras que la oxidación
de los metales facilitó la conservación de algunos mangos de
madera, como veremos más adelante.
5.3.2. Tafonomía
El material analizado consta de madera carbonizada o no, de
hojas, de frutos y un trozo de pan. Todo el material vegetal analizado procede de la acción voluntaria de la comunidad ibérica de
Casa del Monte al depositarlo en las sepulturas de la necrópolis.
Esto lo podemos deducir por varias razones: a) la morfología del
material claramente manufacturado, b) la necesidad de combustible para la cremación y c) la asociación con los otros restos de
la cultura material de los difuntos.
En el conjunto de las nueve tumbas se han identificado 46
restos vegetales (tabla 5.1). De los cuales 12 son madera sin carbonizar y 34 están carbonizados en mayor o menor intensidad.
Además, hay cuatro frutos y un trozo de pan. También se identificaron dos fragmentos de hueso amorfos carbonizados, uno de
la Sepultura VII y el otro de la IX.
La morfología y el estado de los restos nos indican cómo
se han preservado y cómo les afectó la combustión durante los
rituales funerarios y su posterior entierro. Para la combustión se
necesitan los tres elementos del triángulo del fuego: combustible, oxígeno (comburente) y la chispa o detonante. Las fases de
la combustión son:
Primera fase: Deshidratación (Temperatura de 0 a 170ºC). En
la primera fase se produce el incremento de la temperatura que
provoca la evaporación y eliminación del agua que contiene la
madera o los objetos. Si el proceso de combustión se detiene aquí,
pueden quedar madera o semillas secas y sin carbonizar, lo que
facilita su conservación. Los tres fragmentos de madera de enebro
sin carbonizar de la Sepultura VII puede que solo sufrieran esta
Figura 5.2. Cajas con el contenido de las Sepulturas VII y XXVI.
131
[page-n-133]
la necrópolis ibérica de casa del monte
fase de la combustión por estar en la periferia de la pira funeraria,
al igual que las bellotas (fig. 5.3). Todos tienen un color rojizo o
marrón oscuro y lo mismo ocurrió con las bellotas.
Segunda fase: Torrefacción (T: 170-280ºC). En esta fase,
el aumento de la temperatura produce la descomposición de la
madera hasta llegar al punto de ignición, en torno a los 280ºC.
Las moléculas grandes, como la celulosa, hemicelulosa, etc., se
rompen y generan otras más pequeñas, son los gases combustibles. Si la combustión se detiene en esta fase, los vegetales
pueden conservar la forma.
En el caso de Casa del Monte, las Sepulturas VII, XI y
XXVI tienen objetos de madera carbonizados que conservan
la forma porque la combustión se detuvo en la fase de torrefacción, sin llegar al punto de ignición (figs. 5.4 y 5.20). Como
narra Isidro Ballester Tormo en los diarios de las excavaciones, por ejemplo, en la Sepultura II “hasta aparecer la mancha
de cenizas y junto al lado NO el pocito ó (sic) balsita de barro
amasado con paja pero casi del todo borrosa ó (sic) destruida
conteniendo muy arregladito y en sentido plano sobre cenizas
y huesos un puñal espada de enmangadura plana y hoja nervada. …..”. Si sobre la capa de cenizas y carbones, todavía
ardiente, se pusieron encima objetos del ajuar, es muy probable
que todavía tuvieran la capacidad de deshidratar y torrefactar
los objetos, pero no de llegar a la fase de ignición y por eso se
conservó con forma la madera (fig. 5.4).
Tercera fase: Pirólisis (T: 280-400ºC). En esta fase se produce
la ignición por la gasificación de la madera y se va consumiendo
en forma de llama. Si la combustión se detiene en esta fase tendremos muchos carbones con formas amorfas o algo rectangulares
porque fracturan en sentido longitudinal de la madera. Este es el
caso de la mayoría de los fragmentos carbonizados que hemos
identificado en Casa del Monte (fig. 5.5).
Cuarta fase: Cumburación (T < 500ºC). Si la combustión es
completa se producen las cenizas que es la materia mineral de las
plantas. Según los diarios de las excavaciones de Casa del Monte,
las cenizas son muy abundantes en todas las sepulturas porque
el fuego llegó a la reducción prácticamente total de la biomasa
tanto vegetal, como de los propios difuntos.
5.3.3. Resultados
La recogida del material fue escasa, pero en todo caso es de gran
valor porque nos acerca a los usos de los vegetales por parte de la
comunidad ibérica de Casa del Monte. A continuación, se presentan los resultados taxonómicos de cada una de las estructuras y las
particularidades del material analizado (tabla 5.1). Cabe destacar
que la Sepultura VII es de la que más material se recogió y esto
se nota en la diversidad de plantas identificadas, ya que hay un
mínimo de 11 plantas identificadas y que van asociadas a diversos usos, como veremos más adelante. El resto de las sepulturas
son interesantes a pesar del poco material analizado.
5.3.3.1. Sepultura I (MPV 47073)
En el diario nº 67, la Sepultura I se describe así “la balsita unos
17 cts. de fondo. Toda ella estaba llena de carbones y cenizas y
algunos restos de huesos humanos casi calcinados, y algún trozo
de hierro”, pero los restos vegetales no merecieron ser recogidos
para su estudio. El diario indica que encima de la balsita había
muchos objetos de hierro, muy alterados por la acción del fuego.
Entre ellos, una espada y trozos de la vaina, una lanza, un regatón y un “ágrafe” entre otros objetos. En el interior del hueco del
regatón de hierro, justamente, se hallaba un carbón que hemos
identificado como madera procedente de alguna especie de roble
(Quercus sp. caducifolio).
Figura 5.3. Objetos de madera manufacturada y negativo de bellota.
132
Figura 5.4. Madera torrefactada conservando dos caras externas formando un ángulo recto de la Sepultura VII (MPV 47105-1).
[page-n-134]
pasto de las llamas
La madera se insertó en el hueco del hierro siguiendo el sentido longitudinal de la madera, quedando el corte transversal
perpendicular a la pieza de hierro (fig. 5.6). La parte del carbón
que estaba en contacto con el metal tenía partículas de óxido
como consecuencia de la oxidación del hierro. La posición y
conexión de este carbón con el regatón indica que es su astil y la
parte exterior desapareció durante la combustión y sólo quedó
carbonizada la insertada dentro del metal.
5.3.3.2. Sepultura II (MPV 23)
Se trata de un puñal de hierro en cuya superficie se encontraban fusionados carbones de diferentes tamaños, pero en general pequeños, pues apenas superaban el 1 cm de largo (fig. 5.7).
Los carbones estaban adheridos al hierro en todas direcciones.
El estado de combustión alcanzó la fase de pirólisis, es decir,
superó los 280ºC y entró en ignición, porque no conserva la parte
externa y la fragmentación es la típica de una combustión avanzada. Del conjunto de carbones se extrajeron dos para su identificación botánica, los que tenían más opciones de estar menos
contaminados por los productos químicos que se aplicaron en la
restauración de la pieza.
En ambos casos se trataba de carbón de Quercus, en uno se
pudo distinguir que pertenecía al grupo de los perennifolios, es
decir, puede ser madera de carrasca o de coscoja, ya que no se
distinguen por la anatomía vegetal. El otro estaba demasiado
alterado por las sustancias químicas que se aplicaron en la restauración. Es probable que ambos carbones procedan de la leña
que alimentó la pira y que quedaron fusionados con el metal
al comenzar a fundirse la parte externa del puñal por la alta
temperatura.
5.3.3.3. Sepultura III (MPV 47140)
La tipología y método de excavación de esta sepultura es similar
a las precedentes, se describe la abundancia de los carbones de
la cremación en la estructura, pero solamente se recogieron dos
fragmentos de carbón. Un carbón procede de la quema de madera
de pino carrasco (Pinus halepensis). No conserva forma alguna
y esto nos sugiere que es parte del combustible que se utilizó en
la incineración de la persona y sus ajuares.
El otro carbón tiene una morfología externa redondeada y
una estructura anatómica coincidente con la madera de fresno
(Fraxinus sp.) (fig. 5.8). Está perfectamente conservado y la parte
externa presentaba un color verdeazulado porque estuvo en contacto con un objeto metálico.
Para conocer la naturaleza del metal, hicimos fotografías y
un análisis elemental en el microscopio electrónico de barrido.
El resultado del microanálisis señala altos índices de Cu, lo
que indica que este carbón de fresno estuvo en contacto con
un objeto de bronce o cobre y debido a la oxidación del metal,
los cristales penetraron en las células vegetales, lo que produjo
su mineralización en la parte exterior y su conservación en la
parte interior al quedar aislados los tejidos vegetales por la capa
exterior de cristales de cobre. En el diario nº 67 se describe la
presencia de “un hierro de lanza del que resta solo el cubo y el
nervio de la hoja de la que solo queda un poco”. Algunas lanzas y regatones tienen, en el interior del cubo, una fina lámina
de cobre, por lo que nos inclinamos a pensar que este carbón
de fresno procede del astil de la lanza de la persona incinerada
en esta sepultura.
5.3.3.4. Sepultura VII (MPV 47105 y 47108)
En la Sepultura VII, según el diario nº 67, la hoguera era muy
evidente y tenía una capa de tierra quemada, cubierta por otra
de carbones y cenizas, es decir, la típica estratigrafía del fuego
Figura 5.5. Fragmentos de carbón en contacto directo con metal de
la Sepultura XXVI (MPV 47070).
Figura 5.6. Esquema del carbón de roble que sería el mango del
regatón de hierro de la Sepultura I (MPV 47073).
Figura 5.7. Puñal de la Sepultura II con partículas de carbón adherido
extraídas para analizar (MPV 23).
133
[page-n-135]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.8. Arriba: carbón de fresno con incrustaciones de cristales de cobre. Abajo: cristales de cobre vistos a 300 aumentos y su espectro
elemental con alto contenido en cobre. Sepultura III (MPV 47140).
funerario. El arqueólogo sugiere que la tumba se habría levantado sobre la propia hoguera. Los restos carbonizados de esta
tumba debieron llamarle bastante la atención porque es de la que
más material se recogió en dos cajitas de munición de caza que
corresponden con los números de inventario MPV 47105 y MPV
47108 (fig. 5.2). El material es heterogéneo ya que había trozos
de madera, carbón, comida y fragmentos de metal.
Se han analizado 26 fragmentos vegetales, de los cuales 11
están sin carbonizar y 15 quemados. Además, había un fragmento
calcinado de hueso amorfo.
En la muestra con el número de inventario MPV 47105, los
restos vegetales son los siguientes, según el inventario de identificación botánica:
47105-1. Fragmento de madera carbonizada y manufacturada,
aunque no se han conservado estigmas del trabajo de carpintero.
La identificación botánica de la madera corresponde con carrasca o
coscoja (Quercus sp. perennifolio) (fig. 5.4, 47105-1). El trozo posiblemente tiene forma rectangular o de cubo, aunque solo conserva un
ángulo recto longitudinal y en un extremo un poco del plano recto. El
resto ha desaparecido por la combustión. Las dimensiones mínimas
conservadas son: largo de 3,1 cm, ancho de 2,6 cm y alto de 3,8 cm.
No se aprecia curvatura en los anillos de crecimiento, esto probablemente es debido a que procede de un tronco muy grande. Además,
134
los anillos son muy largos, esto indica un crecimiento óptimo. Por
la morfología se observa que está escuadrado de forma artificial, por
lo que debe responder a parte de algún objeto como, por ejemplo,
del escudo que se halló en esta sepultura.
47105- 2. Cilindro de madera deshidratada de enebro (Juniperus sp.) que conserva 17 mm de diámetro por 26 mm de largo
(tabla 5.1, fig. 5.3, 47105-2). La médula de la rama está un poco
ladeada. Se han conservado 27 anillos de crecimiento, lo que le
confiere una edad mínima de 27 años. El crecimiento del individuo es muy homogéneo y regular en todos los anillos, es decir, no
se detectan años con estrés de crecimiento. Lo que puede indicar
que procede de una zona con condiciones climáticas, de suelo y
disponibilidad de agua muy estables.
La perfecta forma redondeada podría indicar que procede de
algún mango o utensilio de los objetos ofrendados no identificado en el ajuar. En cuanto a alteraciones de la madera se han
observado hifas fúngicas y raíces de plantas que crecieron sobre
la tumba.
47105-3. Fragmento de hierro recubierto de tierra quemada
con fragmentos de carbón adherido (fig. 5.9). Hay varios fragmentos pequeños de carbón en todas direcciones que parecen
proceder de la leña quemada en la pira. Se identifican los siguientes taxones:
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pasto de las llamas
47105-3-1: Carbón adherido a fragmento de hierro que procede de madera de pino carrasco (Pinus halepensis) (fig. 5.9).
Tiene partículas rojas que son cristales de Fe que por oxidación
han penetrado en el carbón.
47105-3a y 3e: Dos fragmentos de carbón de fabácea leñosa,
puede ser algún tipo de aulaga, genista o retama como las que
crecen actualmente en la zona y que sirviera de leña en la pira
funeraria.
47105-3b: Carbón de enebro o sabina (Juniperus sp.).
47105-3c y d: Dos fragmentos de carbón muy mal conservados y alterados, así que se ha identificado como madera de
angiosperma.
47105-4. Fragmento sin carbonizar que corresponde a
madera de enebro (Juniperus sp.). El objeto tiene una forma
rectangular realizada voluntariamente (fig. 5.3, 47105-4),
aunque no hemos podido identificar huellas del trabajo de
carpintero. Una de las caras tiene una pátina negra, puede ser
carbonizada o una capa de alguna sustancia no identificada.
Las dimensiones conservadas son de largo 5,3 cm, de ancho
2,9 cm y de grosor 1 cm. Se han conservado 25 anillos de
crecimiento, todos muy rectos lo que indica que es un tronco
de buen diámetro. El crecimiento es muy regular y con células grandes en la madera inicial del anillo que disminuyen
poco a poco hacia el final del anillo. No se detecta estrés de
crecimiento en ninguno de los 25 años, lo que puede indicar
unas condiciones ecológicas estables durante esos años de
vida del individuo.
Como alteraciones presenta galerías de xilófagos tanto verticales como horizontales en la parte externa. Además de raíces de
plantas que crecieron sobre la tumba y penetraron en la madera
de enebro.
47105-5. Madera de enebro (Juniperus sp.) sin carbonizar con
una forma ligeramente curva que parece proceder de un nudo de
la rama. Las dimensiones conservadas son 6,7 cm de largo, 2,6
cm de ancho en un extremo y 0,8 cm en el otro.
Parece manufacturada porque uno de sus extremos está aguzado-redondeado y parece tener huellas de sierra, el otro extremo
es más rectangular (fig. 5.3, 47105-5). Como en los otros ejemplares de la madera de enebro, el crecimiento es muy regular y
no se detecta estrés de crecimiento en ninguno de los 35 anillos
de crecimiento conservados, que además son rectos y uniformes,
lo que indica que proceden de un tronco maduro.
47105-6. Pequeño fragmento de hueso amorfo y completamente calcinado.
47105-7. Fragmento de lámina de hierro recubierta de tierra y
huesos (fig. 5.10) seguramente es parte de un cuchillo. La lámina
en un extremo tiene dos remaches, donde queda madera sin carbonizar del mango. Bajo lupa binocular, con ayuda de un bisturí,
se extrajeron micropartículas de la madera en ambos lados de la
lámina. Está muy alterada por diversos procesos postdeposicionales
y se desintegra fácilmente dificultando su análisis anatómico. No
obstante, en el microscopio electrónico de barrido, por sus tejidos,
se ha podido identificar como madera de madroño (Arbutus unedo).
47105-8. Fragmento de hierro con una perforación circular
en el centro, donde quedan minúsculas partículas de madera sin
carbonizar de enebro (Juniperus sp.) que puede proceder de un
mango. En la parte exterior del hierro hay improntas como de la
atadura con cuerda de esparto (Stipa tenacissima) sin carbonizar
(fig. 5.11, 57105-8).
47105-9. Es un fragmento de hierro con madera de Fabaceae
conservada en dos de sus caras (fig. 5.11, 47105-9). No podemos
distinguir si es de algún objeto de madera, mango del hierro o
simplemente leña sin quemar de la pira.
47105-10. Fragmento de hierro amorfo con madera sin carbonizar en una de sus caras. También es madera de fabácea leñosa
y podría ser leña sin quemar procedente de la pira (fig. 5.11,
47105-10).
47105-11. Lámina de hierro con algunas microfibras vegetales adheridas, pero en estado muy avanzado de descomposición
de los tejidos que hace imposible identificar con precisión (fig.
5.11, 47105-11).
47105-12. Fragmento de hierro con amalgama de fibras vegetales, huesos y una bellota. Todo está sin carbonizar. De las fibras
vegetales se observa un tallo circular entero, con incrustaciones
de hierro que impide hacer una identificación botánica.
La bellota se deshace, pero conserva ciertos elementos como el
pericarpo y el mesocarpo (fig. 5.12). Se observan bien los tejidos de
todas las partes, pero están muy rojos por impregnación del hierro.
Figura 5.9. Fragmento de hierro y carbón de pino carrasco de la Sepultura VII (MPV 47105-3-1).
135
[page-n-137]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.10. Lámina de hierro con remache y partículas de madera probablemente del mango de un cuchillo de la Sepultura VII (MPV
47105-7); plano longitudinal de la madera de madroño al microscopio.
Figura 5.11. Fragmentos de metal con restos vegetales de la Sepultura VII.
47105-13. Fragmento de hierro amorfo con tierra pegada
donde hay un negativo de bellota de la que se ven los tejidos de
la epidermis desde el interior.
Las bellotas parecen haber sido deshidratadas por acción del
calor de la pira, los cotiledones han desaparecido seguramente
por acciones microbianas y sólo se conserva el negativo y parte
de la epidermis de las semillas.
La muestra con el número de inventario MPV 47108 también
corresponde al material recuperado en la excavación de la Sepultura VII (tabla 5.1). Todo estaba carbonizado y algunas piezas
conservaban la forma.
Por el orden del inventario de la identificación botánica se
han hallado las siguientes plantas:
136
47108-1. Se trata de un fragmento de carbón de enebro
(Juniperus sp.) con los anillos rectos y muy largos debido a un
crecimiento regular a lo largo del año.
47108-2. Carbón de madera de roble (Quercus sp. perennifolio) con anillos de crecimiento rectos, puede proceder de un
tronco grande. Estaba muy alterado por insectos y hongos (fig.
5.13). Tal vez, podría ser parte del escudo que se encontraba en
esta sepultura.
47108-3. Cilindro de madera carbonizada de pino carrasco
(Pinus halepensis) (fig. 5.14) porque los canales secretores
de la resina están distribuidos por la madera inicial del anillo
anual de crecimiento, además en el plano longitudinal radial
se observan las punteaduras típicas de este pino. El diámetro
[page-n-138]
pasto de las llamas
Figura 5.12. Bellota de la Sepultura VII (MPV 47105-12).
conservado es de 27 mm y un largo de 2,5 cm. Su morfología
externa es circular y no conserva corteza ni trazas de carpintería, pero parece un posible mango. Sí que presenta alteraciones
por hongos y galerías verticales y horizontales de xilófagos
y de raíces de plantas.
47108-4. Fragmento de carbón amorfo, la estructura anatómica está muy bien conservada y corresponde con madera de
acebuche y/o olivo (Olea europaea) (fig. 5.15). La parte externa
estaba alterada por la actividad fúngica.
47108-5. Trozo amorfo de pan carbonizado donde se observan los alveolos producidos por las burbujas de los gases que se
generan en el proceso de la fermentación (fig. 5.16).
En la observación con microscopio electrónico de barrido se
ha podido distinguir los almidones y las levaduras (fig. 5.17 A
y C). Además, contenía gran cantidad de salvado grueso y fragmentos de tallo de cereal (fig. 5.17 B y D).
La presencia de tallos sugiere una trilla con poco aventado,
mientras que el alto contenido en salvado o cascarilla, procede de
la molienda de los granos al triturar todas las capas que cubren el
Figura 5.13. A: Carbón de roble de la Sepultura VII (MPV 47108-2); B, C y D: Xilófago en el interior del carbón de roble.
137
[page-n-139]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.14. Cilindro de madera de pino carrasco de la Sepultura VII (MPV 47108-3) y plano longitudinal
radial de su madera.
cotiledón. Se debió realizar una molienda gruesa y en todo caso,
probablemente, no se cernía la harina para separar las partes sutiles de las gruesas, o se cernía muy poco.
47108-6 y 7. Se han identificado dos higos completos. Los
dos higos (Ficus carica) estaban carbonizados, uno conserva
bastante bien su forma y su pedúnculo corto (fig. 5.18 A), la
superficie estaba un poco alterada por la carbonización. El otro
está más alterado por el fuego y perdió algo de la parte externa,
pero conserva en su interior las semillas, el azúcar y los tejidos
florales (fig. 5.18 B y C).
5.3.3.5. Sepultura IX (MPV 47083)
Dentro de un regatón de hierro se encontraba un fragmento de
madera que se desintegraba célula a célula al perder su resistencia como consecuencia de la acción de microorganismos y de la
oxidación del metal.
Los elementos anatómicos de los tejidos vegetales permiten identificar esta muestra como madera de algún tipo de roble
(Quercus sp. caducifolio) (fig. 5.19 A). La muestra estaba atacada por hifas y otros microorganismos calcáreos (fig. 5.19 B)
que producen la desintegración de la madera.
En el microscopio electrónico se apreciaban los cristales de
hierro incrustados en las células anatómicas de la madera; el
análisis elemental confirmó su alto contenido en Fe (fig. 5.19
C y D).
Es muy probable que el astil del regatón se realizara con
madera de roble de la que quedan estas partículas. En la misma
muestra, y también con cristales de hierro, identificamos un fragmento amorfo de hueso calcinado.
5.3.3.6. Sepultura XI (MPV 64)
La Sepultura XI, según el diario de excavaciones, se describe como rectangular de poco más de un metro cuadrado.
En su interior había abundantes cenizas, carbones, huesos y
objetos metálicos de adorno. Todo ello parece haber estado
sellado por una capa de barro, a la que se superponen las
piedras de cierre.
138
De esta tumba procede una placa de madera carbonizada,
rectangular, con unas dimensiones conservadas de 42 mm de
largo por 26 mm de ancho y un espesor de 2 mm que, en el diario
de excavaciones, se menciona como “restos carbonizados de un
cinturón (¿) adornado con rosetas estampadas”. Está trabajada en
sentido longitudinal tangencial de la madera. Una de las caras está
finamente grabada o troquelada con dos pares de líneas paralelas
y, entre ellas, se observan trazos discontinuos; además, una flor de
12 pétalos, cuyo centro, así como un círculo a su alrededor, están
rebajados, como si hubiesen albergado una incrustación o remache de otro material. Así mismo en una fotografía del archivo del
SIP se aprecia que la decoración grabada pudo llevar un relleno
más claro con el fin de resaltar la decoración (fig. 5.20).
El análisis anatómico ha mostrado que fue realizado con
madera de boj (Buxus sempervirens), se encontró en perfecto
estado y sin alteraciones de microorganismos. Desde nuestro
punto de vista, la capa de barro que sella la sepultura ahogó el
fuego y paró la combustión en la fase de torrefacción, por eso
se conserva la forma y grabado de la placa, la falta de oxígeno
impidió alcanzar la fase de ignición. Es muy probable que gracias a este gesto de cerrar la sepultura con barro, hoy podemos
gozar de una placa de madera de boj finamente trabajada hace
unos 2.400 años.
5.3.3.7. Sepultura XIV (MPV 35)
De la Sepultura XIV se encontró un puñal que presenta muchos
fragmentos de carbón adherido por todo el cuerpo de la pieza
y sin un orden aparente, lo que induce a pensar que son restos
de la leña de la pira que quedaron pegados al metal por la alta
temperatura del fuego. Algunos son de buen tamaño y visibles
al ojo desnudo. A pesar de estar consolidado con productos
químicos, se decidió extraer cuatro fragmentos de carbón por
ver si podíamos identificar los tipos de madera quemada en el
ritual funerario.
Los cuatro carbones estaban muy alterados por la penetración
de las sustancias químicas aplicadas en el proceso de restauración.
En dos, no se pudieron distinguir los tejidos vegetales. Solamente
con el microscopio electrónico de barrido se identificaron los
[page-n-140]
pasto de las llamas
Figura 5.15. Carbón de olivo de la Sepultura VII (MPV 47108-4). A: Plano transversal; B: Plano longitudinal tangencial de la madera.
Figura 5.16. Alveolos del pan de la Sepultura VII (MPV 47108-5).
139
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.17. Componentes del pan de la Sepultura VII (MPV 47108-5). A: levaduras; B: tallo de cereal; C: almidones; D: salvado entre
los alveolos.
otros dos. Uno es madera de angiosperma y el otro de enebro
(Juniperus sp.), ambos estaban colonizados por hifas y microorganismos calcáreos, es decir, que antes de la restauración ya
estaban bastante deteriorados (fig. 5.21).
5.3.3.8. Sepultura XVIII (MPV 12)
En la Sepultura XVIII hay una contera que conservaba carbón en
su interior. Se extrajo la muestra para su identificación botánica.
El carbón está muy afectado por la oxidación del metal, además
tiene muchos microorganismos como hifas, bacterias, etc. No
obstante, se ha podido identificar como madera de alguna especie
de roble (Quercus sp. caducifolio) que conservaba dos anillos de
crecimiento (fig. 5.22).
5.3.3.9. Sepultura XXVI (MPV 47070)
En la Sepultura XXVI se recuperaron varios fragmentos de carbón todos ellos con claro signo de haber estado en contacto con
objetos metálicos. Aunque no hemos hecho análisis elemental,
140
podrían haber estado en contacto con objetos de cobre o bronce
por el color verde de las adherencias que se produjeron por la
oxidación y alteración del metal (fig. 5.23 B).
En total se han analizado 10 fragmentos de carbón de los
cuales uno corresponde a madera de conífera. Su estado de
alteración impide saber si se trata de un pino o un enebro. Los
otros nueve fragmentos corresponden a madera de carrasca
o coscoja (Quercus sp. perennifolio). De ellos destacan dos
en particular; uno tiene forma de medio círculo de 25 mm de
diámetro, por 21 de alto y todo recubierto de partículas verdes. La forma y su contorno recubierto de metal, nos induce a
pensar que se trata de un mango hecho con madera de carrasca
o coscoja, ya que con la anatomía de la madera no podemos
distinguir entre las dos, en todo caso ambas son óptimas para
hacer utensilios y apliques.
El otro fragmento de carbón procedía de una ramita de 3 mm
de diámetro, con una edad de 5 años. Conservaba la corteza y
por el estado de crecimiento de anillo anual, se puede deducir
que fue cortada el último año de su vida hacia finales de verano
o principios de otoño (fig. 5.23 C y D). Además, en la propia
[page-n-142]
pasto de las llamas
Figura 5.18. Higos de la Sepultura VII. A: higo completo (MPV 47108-6), fotografía D. Sabato; B: semilla dentro del higo (MPV 471087); C: cristales de azúcar con hifa (MPV 47108-7).
corteza tiene marcas como si hubiera estado atada con cuerdas
que dejaron sus improntas. También tiene partículas verdes. Igual
que la pieza anterior, nos inclinamos a pensar que se trata de un
mango u utensilio realizado con una ramita de carrasca o coscoja.
Desafortunadamente de esta tumba sólo consta como ajuar una
fusayola y fragmentos de cerámica.
5.4. LAS PLANTAS EN LA SOCIEDAD IBÉRICA
Los recursos vegetales son de capital importancia para todas
las sociedades, la intensidad y la variedad en su uso se pueden correlacionar con la complejidad de éstas. El análisis de
los pocos restos recuperados durante las excavaciones de la
necrópolis de Casa del Monte ofrece una valiosa información
sobre las plantas locales seleccionadas para diferentes usos y
como llegan nuevas de otras regiones. Es indudable que los
grupos ibéricos conocen su entorno vegetal y, por ello, hacen
una selección de las distintas partes de los vegetales en función
del uso. De la madera extraen su energía al utilizarla como
leña para el fuego y como materia prima para fabricar utensilios y objetos varios. Las frutas y semillas para la nutrición
humana y fibras para confección de cuerdas y tejidos, etc.
En todo caso la flora actual del municipio de Valdeganga va
a servir de referente para comparar con la flora utilizada por
los iberos de este momento.
El municipio de Valdeganga está a 669 m snm (coordenadas
geográficas: 39.13523, -1.677004). Al N, el río Júcar forma un
cerrado meandro y genera un profundo valle de 80 m de desnivel con relación al pueblo. La vegetación de ribera es densa y
diversa con fresnos, chopos, sauces, álamos, juncos, carrizos y
cañas. A lo largo del río hay huertas y viejos cultivos arbóreos
como el nogal, la higuera y otros frutales.
En el término municipal, la vegetación natural está muy alterada porque la mayor parte del suelo está dedicada a las labores
agrícolas. No obstante, hay rodales de encina (Quercus rotundifolia) y coscoja (Quercus coccifera) con arbustos de boj (Buxus
sempervirens), romero (Rosmarinus officinalis), aulaga (Genista
scorpius), retama (Retama monosperma), espino negro (Rhamnus
lyoides), ajedrea (Satureja sp.), tomillo (Thymus vulgaris), candelera (Phlomis lychnitis), etc. (fig. 2.2). La aridez del terreno se
nota por los espartales (Stipa tenacissima) que cubren las zonas
más secas y de suelos más pobres.
Los pinares parecen relativamente recientes porque en el término se observan algunas plantaciones de pino carrasco (Pinus
halepensis) y rodales de pino piñonero (Pinus pinea). Esto también lo observa Madoz (1849) que dice “comprende unos trozos
de pinar sin utilidad, por ser aun nuevos”.
Las plantas leñosas identificadas (tabla 5.1) en la necrópolis
ibérica son: roble (Quercus sp. caducifolio), carrasca y/o coscoja (Quercus sp. perennifolio), fresno (Fraxinus sp.), boj (Buxus
141
[page-n-143]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.19. Sepultura IX (MPV 47083). Arriba: plano longitudinal radial de roble (A) y microorganismo con estructura calcárea (B).
Abajo: cristales de hierro vistos a 13.000 aumentos (C) y su espectro elemental con alto contenido en Fe (D).
B
E
Figura 5.20. Sepultura XI (MPV 64). A: placa de madera de boj carbonizada; B: foto de la misma pieza antes de su limpieza (Archivo
fotográfico SIP); C: plano longitudinal tangencial; D: plano radial; E: plano transversal de la madera.
142
[page-n-144]
pasto de las llamas
Figura 5.21. Sepultura XIV (MPV 35). Toma de muestras y dos
microfotografías. Una de madera de angiosperma y en la otra
un microorganismo calcáreo.
Figura 5.22. Microorganismos en el
carbón de roble de la Sepultura XVIII
(MPV 12). A: aumentado x5000; B:
aumentado x4000.
Figura 5.23. Sepultura XXVI (MPV 47070). A y
B: caja y contenido; C y D: dos fotografías de
carrasca o coscoja.
143
[page-n-145]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 5.1. Resultados de la identificación botánica.
MPV
47073
23
47140
47105-47108 47083
64
35
12
47070
Sepultura
I
II
III
VII
IX
XI
XIV
XVIII
XXVI
Total
Quercus sp. perennifolio
Quercus sp. caducifolio
0
1
1
0
0
0
1
1
0
1
0
0
0
0
0
1
9
0
11
4
Quercus sp.
0
1
Quercus sp. Bellota
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
2
0
0
0
0
0
2
Fraxinus sp.
0
Buxus sempervirens
0
0
1
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
1
0
0
0
1
Olea europaea
Juniperus sp.
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
0
0
0
6
0
0
1
0
0
7
Pinus halepensis
0
0
1
2
0
0
0
0
0
3
Conífera
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
Higo
0
0
0
2
0
0
0
0
0
2
Pan
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Arbutus unedo
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Fabácea
0
0
0
4
0
0
0
0
0
4
Stipa tenacissima
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Monocotiledónea
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Angiosperma
0
0
0
2
0
0
1
0
0
3
Fibras vegetales
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Total
1
2
2
26
1
1
2
1
10
46
sempervirens), olivo (Olea europaea), enebro (Juniperus sp.),
pino carrasco (Pinus halepensis), madroño (Arbutus unedo) y
algunos fragmentos de Fabácea leñosa cuyo género no se ha
podido identificar, pero bien pueden corresponder con las especies
que actualmente crecen en el término de Valdeganga. Algunos
fragmentos vegetales, como hemos visto, estaban muy mal
conservados y solo se pudieron identificar como angiosperma,
conífera o fibras vegetales. En un caso, se identificó esparto (Stipa
tenacissima), dos restos quedaron identificados como monocotiledónea sin poder hacer mayor precisión botánica.
5.4.1. La flora
Lo primero a destacar es que todas las plantas identificadas en la
necrópolis siguen en la flora local de Valdeganga, por lo tanto,
podemos deducir que:
A. Las condiciones ambientales y de disponibilidad de los
recursos vegetales silvestres en esencia eran similares a los actuales, o incluso mayores porque el impacto agrícola sería mucho
menor que en la actualidad, por tanto, las formaciones forestales
ocuparían mayor extensión.
B. De las nueve sepulturas analizadas, el Quercus sp. perennifolio (carrasca, coscoja) está en tres y los caducifolios en cuatro
de ellas. Es decir, son los más ubicuos y esto debe responder al
uso frecuente de las formaciones boscosas de quercíneas (encinares y robledales). Además, queda constancia que se utiliza como
leña en las piras y como materia prima para realizar mangos u
144
otros objetos de difícil identificación. En otras necrópolis ibéricas
también son utilizadas como leña para las incineraciones (Pérez
Milián et al. 2007; Rodríguez Ariza 2014).
C. Los recursos locales eran suficientes para satisfacer las
necesidades básicas que hemos podido observar: leña para el
fuego y madera para realizar objetos, utensilios y fibras para
hacer cordeles.
D. Cabe destacar la presencia de un fragmento amorfo de
madera carbonizada de olivo que, con la anatomía de la madera,
no se puede distinguir entre acebuche silvestre u olivo cultivado.
Desde inicios del Holoceno, la zona originaria del acebuche (Olea
europaea var. sylvestris) está en las áreas más cálidas del litoral
de la península Ibérica (Badal García 2009; Carrión Marco et al.
2010). El cultivo del olivo (Olea europaea var. sativa) también
empieza en las zonas más cálidas del sur y este peninsular entre
los siglos IX y VIII a. C. (Pérez-Jordà et al. 2017). El hecho de
encontrar un carbón de Olea en Casa del Monte puede tener
varias explicaciones:
a: es un objeto realizado con madera de olivo silvestre o cultivado que procede de la zona litoral del mundo Ibérico, donde se han
documentado varios objetos manufacturados con esta madera en
Tossal de les Basses (Alacant) (Carrión Marco y Rosser Limiñana
2010). Si este es el caso, el objeto perdió su forma en el proceso de
cremación y en última instancia lo encontramos como un carbón.
b: que se esté extendiendo el cultivo del olivo por los territorios de la meseta, porque en el I milenio los cultivos de frutales se
están extendiendo por Iberia, aunque la zona central lleva cierto
[page-n-146]
pasto de las llamas
retraso y además necesita más estudios de materiales (Pérez‑Jordà
et al. 2017 y 2021).
5.4.2. Los usos de la madera
La madera tiene unas cualidades físicas y mecánicas que la convierten en una materia prima de indudable valor para muchos
usos. Es un recurso renovable, versátil, ligero a la par que resistente, fácil de trabajar, higroscópica, abundante en los territorios
ibéricos, etc. Por tanto, debió ser un componente importante en la
cultura material de los iberos como lo demuestran los materiales
recuperados en muchos yacimientos y su uso en la construcción
de los propios sepulcros funerarios (Chapa Brunet et al. 1991;
Mata Parreño et al. 2010; Rodríguez Ariza 2014).
En la necrópolis de Casa del Monte la madera identificada se
puede correlacionar con diversos usos dentro del contexto funerario, en esencia, se usó como leña para el fuego, para confeccionar
mangos de los objetos ofrendados, madera manufacturada que
no siempre se puede saber a qué corresponde, una cuerda y en
algunos fragmentos cuyo uso ha quedado como indeterminado.
Como se puede ver en las tablas 5.2 y 5.3, la Sepultura VII es la
tiene más restos y mayor diversidad de usos.
5.4.2.1. Biocombustible para las piras
Los ritos funerarios de cremación requieren de biocombustibles
para la pira funeraria donde depositarían a los difuntos que, por
medio de la acción del fuego, transmuta al convertirse en gases
combustibles y cenizas. En este contexto, la madera o leña se usó
para extraer su energía por medio del fuego. Este uso lo observamos en cinco de las sepulturas (II, III, VII, XIV y XXVI) de Casa
del Monte, aunque es evidente que se usó en toda la necrópolis
por la propia tradición cultural de la cremación, pero no se recogieron los materiales adecuadamente. Las plantas identificadas
como leñas son de enebro, pino carrasco, conífera, carrasca o
coscoja, roble, y fabáceas leñosas (tablas 5.2 y 5.3). La sepultura
que más diversidad presenta es la VII porque como mínimo hay
cuatro plantas leñosas que se utilizaron como combustible para la
cremación, es evidente que hay una correlación entre cantidad de
carbón recogido y diversidad de plantas y usos. Las otras tienen
una o dos plantas, pero esto está relacionado con la recogida del
carbón durante la excavación y lo que disponemos es muy parcial.
En otras necrópolis ibéricas las piras están alimentadas con
varios tipos de leña, pero siempre una o dos plantas son las que
aportan la mayor cantidad de biocombustible y suele ser la que
forma los bosques aledaños. En la necrópolis de Sant Joaquim (Forcall) son las quercíneas y los pinos de montaña el combustible más
utilizado (Pérez Milián et al. 2007). En La Vital (Gandía) también
hay carrasca o coscoja (Pérez-Jordà y Carrión Marco 2011). En la
sepultura 21 de la necrópolis de Tútugi se utilizó leña de carrasca-coscoja, aunque también había de pino carrasco y un carbón de
pino de montaña (Pinus nigra-sylvestris) (Rodríguez Ariza 2014).
En el caso de Casa del Monte hay constancia del uso de las
quercíneas en tres cremaciones, mientras que los enebros y el pino
carrasco se utilizaron en dos sepulturas (tablas 5.2 y 5.3). Todas
ellas, como ya comentamos anteriormente, vendrían de las formaciones boscosas locales y que todavía hoy crecen en las cercanías
de la necrópolis. Además, los carbones de los pinos carrascos indican su presencia en la zona en el primer milenio a. C.
Las fabáceas también se utilizaron en la cremación y pueden
ser muy adecuadas para facilitar la combustión de los troncos
de gran calibre porque estas matas, tipo aulagas, retamas, etc.,
suelen ser arbustos de porte pequeño o mediano y proporcionan
leña de pequeño calibre que arde con facilidad y facilita el avivado del fuego.
5.4.2.2. Madera como materia prima
La madera manufacturada, carbonizada o no, se ha identificado en
14 restos de la necrópolis, aunque en muchos casos no se puede
saber de qué objeto proceden porque sólo se conservan trozos
incompletos. No obstante, diez de ellos se han catalogado como
posibles mangos de armas u otros utensilios por estar directamente extraídos de la zona de enmangue de las piezas metálicas,
o por estar recubiertos de cristales de metales en su contorno
redondeado como, por ejemplo, el fragmento de fresno de la
Sepultura III (fig. 5.8) o los cilindros de pino carrasco y de enebro de la Sepultura VII (figs. 5.3, 47105-2 y 5.14).
Para los mangos se elige madera de enebro en dos piezas,
de pino carrasco en una pieza, de roble son tres, de madera de
carrasca o/y coscoja hay dos piezas, de madroño una pieza y de
fresno otra. Todas estas maderas son óptimas para carpintería y
ebanistería. De ellas se pueden obtener fustes redondeados muy
adecuados para los astiles de las lanzas, de los regatones, etc.,
como hemos visto anteriormente, pero también otros muchos
tipos de piezas de carpintería, ebanistería y utensilios (Carrión
Marco y Rosser Limiñana 2010).
La madera de enebro emana un agradable aroma a conífera
y, tal vez por sus componentes orgánicos, es altamente resistente
a los ataques fúngicos y a la podredumbre, quizá por eso se ha
conservado en muy buen estado sin carbonizar en tres ejemplares
(fig. 5.3, 47105-2; 47105-4, 47105-5).
Llama la atención la lámina de hierro 47105-7 porque conservaba, retenida por la oxidación del remache, parte del mango
hecho con madera de madroño (fig. 5.10). El madroño es un
arbusto que puede alcanzar hasta los 10 m de altura, su madera
es fuerte y resistente, así que no extraña que utilizara para fabricar este mango.
Cuatro piezas están claramente manufacturadas, aunque solo
una se puede identificar como una placa de madera de boj, que
por su fineza y estética bien podría pertenecer a algún objeto con
valor estético-simbólico perteneciente al difunto de la Sepultura
XI. El boj tiene una madera de gran densidad y es muy homogénea esto la hace muy adecuada para ebanistería. La ejecución
de esta pieza demuestra una gran maestría y conocimiento del
manejo de la madera. La plancha se cortó en sentido longitudinal
tangencial de la madera y la delgadez de la pieza (2 mm carbonizada) demuestra una técnica depurada para sacar la plancha
sin fracturas y perfectamente escuadrada (fig. 5.20). No sabemos qué método de corte pudieron usar si rajado, serrado u otro
tipo porque el pulido posterior ha borrado las huellas de corte.
El boj ha sido muy utilizado en la Prehistoria por sus cualidades
físicas y mecánicas para realizar desde arcos hasta pequeños objetos, cajas, etc. (Carrión Marco y Rosser Limiñana, 2010; Mata
Parreño et al. 2010).
Las otras piezas manufacturadas (figs. 5.3, 47105-4, 47105-5
y fig. 5.4, 47105-1) no sabemos a qué tipo de objeto corresponden. La pieza 47105-5 hecha con madera de enebro y con un
145
[page-n-147]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 5.2. Usos documentados o probables de los vegetales en cada tumba.
Uso
Sepulturas
Leña
Mango
Manufacturado
Cuerda
Comida
Indeterminado
Total
I
0
1
0
0
0
0
1
II
2
0
0
0
0
0
2
III
1
1
0
0
0
0
2
VII
8
4
3
1
5
5
26
IX XI
0
0
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
1
1
XIV XVIII XXVI
2
0
8
0
1
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
1
10
Total
21
10
4
1
5
5
46
Tabla 5.3. Tipos de uso de las plantas distribuidos en las sepulturas.
Usos
Sepultura
Juniperus sp.
Pinus halepensis
Conífera
Quercus sp.
caducifolio
Quercus sp.
perennifolio
Quercus sp.
Angiosperma
Arbutus unedo
Fabácea
Olea europaea
Fraxinus sp.
Buxus
sempervirens
Stipa tenacissima
Fibras vegetales
Monocotiledónea
Pan
Higo
Quercus sp.
Bellota
Total Sepultura
Total uso
Comida
Manufacturado
Mango
VII
VII
XI
I III VII IX XVIII
0
0
0
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
1
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
1
2
0
0
0
0
0
2
0
5
5
3
4
Leña
Indet.
XXVI
VII
II
III VII XIV XXVI
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
2
1
0
1
0
0
0
0
1
0
0
0
1
1
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
2
0
1
0
0
0
7
0
0
0
0
0
0
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
0
2
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
1
4
1
1
2
1
1
2
1
9
2
8
4
4
10
Total
extremo aguzado, podría ser algún útil que se ofrendó al difunto.
Mientras que la pieza 47105-4 podría ser alguna tabla o tablón
de la estructura funeraria, nada dice al respecto Ballester Tormo,
pero no podemos descartar que fueran parte de la cubierta o
revestido de la cámara funeraria, como se ha documentado en la
sepultura 11/145 de la necrópolis ibérica de los Castellones de
Céal (Hinojares) o en las sepulturas 11 y 20 de Tútugi en las que
146
Cuerda
22
VII
46
también se utilizaron tablones de pino salgareño para la construcción de los techos y paredes de las cámaras (Chapa Brunet
et al. 1991; Rodríguez Ariza 2014).
Finalmente, el fragmento de madera carbonizada y manufacturada de carrasca o coscoja (Quercus sp. perennifolio) (fig. 5.4,
47105-1) debe responder a parte de algún objeto o como en el caso
anterior que proceda de vigas o tablón de la construcción del loculus.
[page-n-148]
pasto de las llamas
Las maderas seleccionadas para manufacturar objetos son
de procedencia local, todas crecen hoy en zona cercana al
yacimiento.
5.4.3. Los alimentos
La Sepultura VII es la única de la que se recogieron ofrendas
de alimentos para los difuntos. Como dijimos más arriba, esta
ofrenda consta de dos higos, un trozo de pan y dos bellotas.
Los dos higos reflejan la introducción de la arboricultura en
la agricultura ibérica que, como señalan recientes estudios, se
incrementa a principios del primer milenio a. C. por los contactos
con los comerciantes del Mediterráneo oriental (Pérez-Jordà et al.
2017 y 2021). Dentro de estos cultivos destacan los árboles con
frutas de alto contenido en azúcar, hidratos de carbono, proteínas
y grasas, como la higuera, el nogal, el almendro, vid, el olivo, etc.
La cuestión que plantean los higos de Casa del Monte es si ya
se cultiva la higuera en la Manchuela en los siglos V-IV a. C. y,
por tanto, corresponde a una producción local o, por el contrario,
son traídos por intercambios comerciales con los territorios ibéricos del sur o del este, donde está asentado el cultivo de frutales
mediterráneos desde el siglo V a. C. La higuera en estado silvestre es autóctona de la península Ibérica, su madera carbonizada
se encuentra tanto en yacimientos paleolíticos como neolíticos
(Badal García 2009; Zilhão et al. 2020), pero su cultivo está
claramente conectado con los contactos fenicios (Pérez-Jordà et
al. 2017 y 2021).
La hipótesis de su cultivo local tendría más fuerza si hubiéramos encontrado también su madera en la necrópolis. En este
sentido es destacable, el uso de la higuera para hacer objetos
como posibles mangos en el Tossal de les Basses (Carrión Marco
y Rosser Limiñana 2010); o los abundantes restos de sus semillas
en Huelva (Pérez-Jordà et al. 2017).
Las variedades de higueras que dan la cosecha entre finales
de verano y principios de otoño tienen unos frutos muy ricos
en azúcares por lo que facilitan su conservación en seco y su
consumo a largo plazo. De los dos higos conservados en Casa
del Monte no podemos deducir la variedad, pero sí vemos los
cristales de azúcar en su interior (fig. 5.18 C), es evidente, que
serían muy nutritivos y de sabor agradable. Ofrendas de higos
se han identificado en otras necrópolis ibéricas de Murcia como
El Cigarralejo o Cabecico del Tío Pío (Archena) (Rivera Núñez
y Obón de Castro 2005).
En la cultura Ibérica, los cereales debieron ser la base
nutricional a tenor de los hallazgos de granos en contextos de
habitación, en zonas de almacenamiento y en ofrendas funerarias.
El consumo de los cereales requiere su preparación culinaria, se
pueden consumir hirviendo directamente los granos en caldos o
sopas, o lo que es más habitual, transformados en harinas para
hacer pan, sopas, gachas, papillas, etc. Encontrar restos de este
procesado es excepcional y dentro del mundo ibérico el trozo de
pan de Casa del Monte es una ofrenda interesante y excepcional,
porque nos ilustra de los hábitos nutricionales y del procesado
de los cereales. Recientes investigaciones han identificado trozos de pan en la necrópolis fenicia del Puig des Molins (Eivissa)
en once sepulturas del primer milenio a. C. Uno estaba en una
sepultura de incineración y 10 en tumbas de inhumación (Carrión
Marco et al. 2024). La composición y contenido de estos panes
es similar al trozo documentado en Casa del Monte. En ambos
yacimientos, los panes tienen bastante contenido en harina, tallos
y cascarilla o salvado de cereal. Con estos tejidos vegetales no
tenemos criterios anatómicos para identificar la o las especies de
cereal utilizados, es muy probable que se trate de pan con harina
gruesa de varios cereales (trigo – cebada), donde el cernido no fue
muy fino. La estructura interior con los alveolos grandes se debe
a la fermentación de las levaduras después del amasado, que se
conservan en la posterior cocción del pan en hornos domésticos
donde se alcanzaría una temperatura de unos 200-240ºC hasta
alcanzar una cocción correcta. En el ritual de Sepultura VII de
Casa del Monte, el trozo de pan se coció primero por esto conservó su estructura interna, pero durante la cremación funeraria
se carbonizó destruyendo la morfología externa.
La importancia del pan como ofrenda también se puede observar en la representación iconográfica de los exvotos de Collado
de los Jardines (Santa Elena) (fig. 5.24), que en actitud oferente
portan panes en sus manos (Mata Parreño et al. 2010). Un interesante trabajo sobre el mundo fenicio-púnico durante el primer
milenio a. C. destaca la importancia del pan de duelo para la
comunidad doliente y su representación iconográfica en todo el
Mediterráneo. Además, destacan “los moldes o sellos del pan”
de los que se recuperaron 22 en contextos funerarios de Eivissa.
Estos objetos de terracota tienen motivos decorativos en negativo
para imprimirlos a modo de sello en los panes o tortas rituales.
Los motivos son variados y según las autoras del estudio están
estrechamente asociados con la protección y el bienestar de las
personas, entre los motivos destacan las herbáceas, flores cenitales22 y flores de loto (Ferrer Martín y López-Bertrán 2020 y 2023).
Queremos destacar que la placa de la madera de boj encontrada
en la Sepultura XI tiene una flor grabada y pudo tener un significado protector para la persona sepultada en este lugar.
En cuanto a las dos bellotas documentadas hay que proponer dos alternativas de uso: a) que procedan de ramas que fueran
quemadas en los fuegos de cremación y todavía conservaran los
frutos y se conservaron porque no llegaron a la fase de ignición.
O la opción b) que fueran ofrendas de comida para la eternidad de
los difuntos de la Sepultura VII. Las bellotas de Quercus balota
son dulces, pero además mejoran sus propiedades nutritivas por
medio del tostado o la cocción, porque se reduce su astringencia
y su toxicidad.
Los frutos de la carrasca han sido un alimento habitual de las
poblaciones humanas de la península Ibérica desde la Prehistoria
(Aura Tortosa et al. 2005). En la necrópolis ibérica del Cigarralejo se ofrendaron dos bellotas carbonizadas en la tumba 200 y,
en otras tumbas, se encontraron dos colgantes en forma de bellotas uno de plata y otro de bronce. Lo que sugiere la importancia
nutricional de este fruto para los iberos y su valor simbólico por
la rica iconografía de este fruto tanto en esculturas, como en orfebrería y otros materiales a lo largo del territorio ibérico (Mata
Parreño et al. 2010, 79-87).
5.5. CONCLUSIÓN
Los datos expuestos a lo largo de estas páginas incitan a una
reflexión final. Con solo 46 restos vegetales recogidos a principios del siglo XX (1918-1920) y analizados a principios del
XXI, hemos podido conocer la flora local utilizada por los iberos
22 En terminología tradicional “palmetas y rosetas”.
147
[page-n-149]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.24. Exvotos de bronce con ofrendas de cereal panificado de Collado de los Jardines (Santa Elena) (Archivo MAN).
para hacer enseres con maderas locales y resolver necesidades
de la vida terrenal y del más allá. Además, las ofrendas de alimentos que se llevaron a la ultratumba informan de la llegada
de nuevos cultivos a Iberia durante en el primer milenio a. C.
que pronto llegaron a La Manchuela, bien como cultivo o bien
como productos apreciados como la madera de olivo o los frutos de la higuera. La pregunta es ¿cuánta información se ha
148
perdido a lo largo del siglo XX con las excavaciones ibéricas
donde no se ha recogido ningún tipo de restos vegetales? Y, es
más, ya ha pasado un cuarto del siglo XXI y sigue siendo frecuente que se realicen excavaciones sin recogidas sistemáticas
de los restos vegetales. Sin duda, hemos perdido y seguimos
perdiendo patrimonio cultural, biológico y documentos históricos de primera magnitud.
[page-n-150]
6
Estudio antropológico
Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard (†)
El presente informe es el resultado del estudio de laboratorio de
los restos antropológicos pertenecientes a la intervención arqueológica realizada en el lugar conocido como Casa del Monte (Valdeganga) a cargo de D. Isidro Ballester Tormo a principios del
siglo XX.
La intervención fue motivada por la observación de D. Isidro Ballester Tormo de varias cerámicas de tipo ibérico en unas
dependencias de la casa de labor de la finca Casa del Monte. Por
esta razón, se decidió la exploración de la zona circundante en
busca de los restos a los que podían pertenecer los hallazgos.
Dichos trabajos de campo se realizaron durante algunos días de
los meses de marzo (1917, 1918, 1919 y 1920) y del 10 al 16 de
octubre de 1920.
Los restos antropológicos fueron entregados embalados en
una caja de cartón precintada. En el interior se hallaban las
bolsas numeradas exteriormente, un inventario de los restos
y una copia de la transcripción de los diarios de campo del
excavador. Se ha respetado en todo momento esta clasificación inicial.
El estudio de laboratorio se efectuó durante los meses de
diciembre de 2003 y enero de 2004, finalizándose con la preparación de los materiales para su almacenaje definitivo y la
elaboración del Informe Antropológico.
La estructuración del Informe recoge en primer lugar, los
aspectos metodológicos empleados en la fase de laboratorio,
explicitando las técnicas y estrategias utilizadas para una mejor
conservación, clasificación y estudio de los materiales.
Posteriormente se hace referencia a los aspectos rituales que
han podido desprenderse del estudio macroscópico de los restos,
así como los índices de conservación y aspectos tafonómicos,
parámetros empleados en antropología para evaluar el estado de
los materiales en el momento de su exhumación, así como para
documentar los procesos postdeposicionales que han afectado
al registro óseo.
El análisis demográfico recoge los métodos de diagnósticos
empleados, la evaluación y clasificación de todos los individuos
extraídos y su agrupación por sectores de edad.
En el capítulo de rasgos morfológicos y paleopatológicos se
reflejan los rasgos no métricos, alteraciones funcionales, aspectos
de tipo racial o de afecciones patológicas que pudieron afectar a
los individuos en vida.
Cierra el Informe un capítulo de conclusiones realizadas a
partir de la elaboración de los apartados anteriores, y un anexo
donde se detallan todas las bolsas estudiadas con sus características más representativas (Anexo II).
6.1. METODOLOGÍA DE LABORATORIO
6.1.1. Labores de limpieza, clasificación y restauración
Una vez que el material llegó al laboratorio, el primer paso fue
la observación directa del estado de conservación del material
en relación a su resistencia, para evaluar el procedimiento más
apropiado para su limpieza.
La eliminación del sedimento que recubre los huesos es fundamental para observar correctamente la superficie del hueso y
valorar aspectos demográficos, rituales (como la coloración de
los restos incinerados), morfológicos y paleopatológicos (como
los procesos infecciosos).
Para esta fase, se han empleado medios mecánicos de pincel y
cepillo de cerdas suaves, junto con agua. En los fragmentos más frágiles se sustituyó el agua por una impregnación en acetona, de más
fácil evaporación. No se ha eliminado la mayor parte de las concreciones minerales, debido a la fragilidad del material en primer lugar,
y en segundo, porque no impedía la observación general de la pieza.
A medida que se iban eliminando los sedimentos adheridos,
los restos eran clasificados por partes anatómicas para facilitar
su posterior estudio, dejándolos secar a la sombra. Este hecho
149
[page-n-151]
la necrópolis ibérica de casa del monte
es importante, ya que los restos al volver a humedecerse suelen
tender a disgregarse o a debilitarse, por lo que su manipulación
puede hacer peligrar su integridad. Por esta razón, es conveniente
no manejarlos hasta haber eliminado todo resto de humedad.
La restauración de los materiales se ha limitado a aquellas
piezas que podían aportar algún valor diagnóstico de cualquier
tipo. Se ha empleado pegamento incoloro de fácil eliminación
con acetona, evitando con esto procesos irreversibles.
6.1.2. Estudio de los materiales
Para el análisis directo de los restos óseos, se utilizó una ficha
diseñada expresamente para los mismos, donde se detallaron
todos los aspectos evaluados en el estudio (Anexo II):
Identificación de los restos: En este apartado se especifica la
procedencia de los huesos, el número de sepultura al que pertenecen y las numeraciones adicionales que se han observado en
los diversos envoltorios que presentaban.
Referencias de la transcripción de los diarios de campo de
D. Isidro Ballester Tormo: Hemos creído conveniente incluir en
cada una de las fichas la referencias que aparecen en los diarios
de campo del excavador; con el fin de poner en relación algunos
aspectos que pudiesen aclarar ciertas alteraciones que aparecen
en los restos (como las pigmentaciones metálicas).
Elementos que acompañan los restos: Teniendo en cuenta
el valor etnográfico e histórico que pueden tener algunos de
los envoltorios utilizados para contener los huesos (como los
fragmentos de periódico), se ha empleado esta sección para inventariarlos (fig. 6.1).
Observaciones: Se especifican aquellas cuestiones derivadas
de los dos anteriores apartados que puedan influir en el estudio
de los restos óseos; principalmente el tipo de tumba y los ajuares
asociados a ellas.
Foto o croquis: Foto digital representativa de la bolsa estudiada. En la mayor parte de los casos se ha optado por un registro
gráfico de todo el conjunto (huesos y elementos que los acompañan) antes de proceder a su limpieza. En las ocasiones en las
que dichos elementos no estaban presentes, se ha realizado una
toma de los restos ya lavados y agrupados por partes anatómicas;
excepto en el caso de la Sepultura III (47060) donde el volumen
de restos conservados lo impedía, optando por incluir los fragmentos identificables más significativos.
Figura 6.1. Envoltorios de los restos óseos.
150
Bolsas de restos óseos: Número de bolsas y contenido en las
que se han clasificado los restos.
Análisis de los restos identificados: Se presenta como una
tabla en la que se especifican: por un lado, los sectores anatómicos estudiados:
Cráneo (esplacnocráneo y neurocráneo)
Huesos largos
Huesos cortos / planos
Esqueleto costovertebral
Restos no identificables
Conclusiones generales
y por otro los distintos aspectos tratados:
Identificación: peso e identificación de las partes más representativas de la muestra
Ritual: estado de hueso en el momento de la cremación
(fresco o seco, según la existencia de tejidos blandos o no), color
que presentan los restos y temperatura del fuego reflejada en los
mismos. Para la asignación de estos aspectos se han consultado
las publicaciones de las experimentaciones realizadas por varios
autores (Fernández Jalbo y Perales Piquer 1990; Etxeberría Gabilondo 1992 y 1994).
Demografía: número de individuos identificados, edad y sexo
de los mismos y rasgos no métricos detectados.
Morfología
Patología
A continuación, vienen una serie de parámetros observables
a nivel general de los restos, que constituyen importantes rasgos
a nivel antropológico y de ritual:
Efectos del fuego: A través de un código alfabético se marcan los patrones de fragmentación que se han podido observar
en los restos óseos y que constituyen un factor clave para la
identificación del estado del cuerpo en el momento de la cremación. Se ha seguido el sistema que propone Reverte Comas
(1991) (Tabla 6.1).
Calidad de la recogida: En principio este apartado se referiría al esmero empleado por el responsable de la pira funeraria
en recoger o agrupar los restos antropológicos dentro de un contexto cerrado o inalterado (como una urna), para lo que se han
seguido los parámetros publicados: más de un 60% de representación anatómica constituiría una recogida cuidadosa y menos
del 40%, superficial (Gómez Bellard 1996). Sin embargo, en
esta ocasión hemos de tener en cuenta dos aspectos fundamentales. En primer lugar, las urnas rescatadas fueron vaciadas en
campo (con la consiguiente pérdida que esto pudiese acarrear);
y en segundo lugar, los restos fueron recuperados según la apreciación macroscópica del excavador. Por esta razón, aunque este
aspecto ha sido tenido en cuenta, no creemos que sea relevante
para conclusiones de tipo ritual.
Calidad de la combustión: Nos referimos con ello a la temperatura media alcanzada por la pira funeraria y que estaría
representada en la adoptada por la mayor parte de los restos
óseos (Gómez Bellard et al. 1992). En ella, especificamos un
juicio valorativo general, la temperatura máxima alcanzada y el
porcentaje de hueso carbonizado e incinerado.
Observaciones: En este apartado se han anotado todas aquellas indicaciones de tipo tafonómico o cualquier otro, derivadas
del estudio antropológico de los restos.
Registro gráfico: Archivos fotográficos referidos a los restos
estudiados y su contexto.
[page-n-152]
estudio antropológico
Tabla 6.1. Efectos del fuego sobre el hueso, siguiendo el sistema propuesto por Reverte Comas (1991).
Efecto del fuego
Proporción de la muestra detectada
Roturas longitudinales de las diáfisis de los huesos largos (“L”).
19,58%
Fragmentación en forma de uña (“U”).
13,40%
Grietas irregulares con recorrido de diferente espesor y grosor (“G”)
12,37%
Torsión (“T”)
11,34%
Inversión de los bordes fragmentados (“I”)
10,30%
Combustión diferencial en el interior del mismo fragmento. Efecto “sándwich” (“S”)
10,30%
Separación de las tablas del cráneo (“LD”)
10,30%
Fragmentación oval (“O”).
6,18%
Agrietamientos poligonales (“LD”)
6,18%
6.1.3. Depósito y almacenaje definitivo
6.2.1. Tratamiento del cuerpo y ritual de enterramiento
Una vez que los restos fueron analizados, se depositaron en
bolsas de plástico clasificadas anatómicamente, dentro de
otra general de restos óseos. Asimismo, se consideró oportuno la separación de todos los elementos que acompañaban
a los restos óseos para su mejor conservación. Tanto los restos óseos como los diversos elementos que los acompañaban,
fueron introducidos en una bolsa de mayor tamaño para evitar la pérdida de unidad original con que dichos restos fueron
entregados.
En todas las bolsas se especificó la procedencia de los materiales y el número de sepultura a la que pertenecían; por ejemplo:
6.2.1.1. Temperatura de combustión y estado del cuerpo
CASA DEL MONTE
-VALDEGANGASEP. X, Nº 172
47.139
Posteriormente las bolsas fueron introducidas en la misma
caja de cartón en la que fueron entregadas.
6.2. RESULTADOS
Aunque el estudio de los restos óseos se ha realizado manteniendo
la separación original del material, hemos creído conveniente para
el siguiente capítulo, presentar los resultados globales por sepulturas. Esta identificación se ha hecho en función del inventario
adjunto (por ejemplo, en el caso de la Sepultura XVI, los huesos
se encontraban separados en varias bolsas con una numeración
distinta) (Anexo II), confirmada tras el análisis antropológico,
ya que el diagnóstico por separado de las bolsas ofrecía resultados similares o compatibles, pudiendo corresponder al mismo
individuo.
Teniendo en cuenta los datos disponibles, exponemos a continuación la temperatura de combustión alcanzada por el cuerpo
durante la cremación y el estado del mismo en ese momento;
es decir, si el cuerpo se encontraba aún en estado fresco o, por
el contrario, se encontraba descarnado y liberado de tejidos
blandos.
Respecto a la temperatura de combustión, diremos que más
del 90% de los restos observados presentaban una coloración
gris-azulada-blanca, que según los autores puede corresponder
a una temperatura de 650ºC o más (Etxeberría Gabilondo 1992 y
1994; Campillo Valero 1994), algunos autores la elevan a 800ºC
(Shipman et al. 1984). Aunque la coloración blanquecina es más
o menos uniforme en los restos, no se aprecia el sonido metálico por la pérdida de componentes orgánicos ni fenómenos de
cristalización; por lo que nos inclinamos más por las primeras
estimaciones (en torno a los 700ºC).
Un mínimo porcentaje mostraba coloración negra, unos 300350ºC, más debido a nuestro entender a una disposición más
resguardada del calor, que a una temperatura general de la combustión; de hecho, son sólo algunos fragmentos de todos aquellos
recogidos en cada incineración (fig. 6.2).
En aspectos cualitativos, podríamos decir que el 89,47% de
las sepulturas han soportado una calidad de combustión intensa,
frente a un 10,52%, donde se ha valorado como grado medio. En
todos los casos (excepto en la Sepultura XI), el grado de incineración se ha llegado en el 70 ó 100% de los restos conservados
y la temperatura máxima alcanzada ha llegado y sobrepasado,
en muchos casos, los 650ºC.
El logro de tan altas temperaturas puede deberse tanto al
empleo de una gran cantidad de combustible como a una exposición prolongada al fuego, lo que sin duda nos está remitiendo
importantes aspectos rituales. Existen otros factores a tener en
cuenta también como es la presencia de grasa en el cuerpo, cuya
combustión eleva la temperatura (Mays 1998).
151
[page-n-153]
la necrópolis ibérica de casa del monte
120
100
% Muestra
80
60
40
20
0
<200ºC
200-250ºC
250-300ºC
300-350ºC
550-600ºC
>650ºC
Temperatura
II
III
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XV
XVI
XVIII
XIX
XX
XXII
XXIII
XXXI
XXXIV
XXXV
47.104
47.111
Figura 6.2. Temperatura alcanzada en la pira funeraria.
Al entrar en contacto con el fuego, las partes blandas del
interior de los huesos ejercen una presión que se traduce en una
serie de roturas en las zonas de menor resistencia del hueso. El
patrón de dichas roturas no es el mismo con el hueso en estado
fresco o seco (Reverte Comas 1991). El tipo de fragmentación
de los huesos estudiados por nosotros: fracturas transversales y
onduladas, fisuraciones longitudinales irregulares, deformaciones y torsiones, nos está hablando de la combustión del cuerpo
cuando aún mantenía tejidos blandos (fig. 6.3). Los efectos del
fuego sobre el hueso detectados se muestran en la Tabla 6.1.
Este tipo de fracturas y deformaciones se deben por tanto a una
cremación lenta en la que intervienen primeramente la piel y el pelo,
para pasar posteriormente a la contracción de músculos y tendones
por la pérdida de agua, y a la expulsión de gases contenidos en el
abdomen. Tras la destrucción de los tejidos blandos, el hueso queda
expuesto y comienza a sufrir una serie de cambios en su estructura y
composición, perviviendo la parte mineral que lo compone y soportando diversos procesos de contracción y deformación (Mays 1998).
6.2.1.2. Disposición de las cenizas
Por lo que respecta a la disposición de las cenizas, las conclusiones se han realizado a partir de las anotaciones hechas en
campo (Tabla 6.2).
En este sentido, es de destacar que en la mayoría de las ocasiones se explicita la existencia de una mancha de cenizas bajo
las urnas, aunque no hemos podido averiguar si el excavador
decidió recoger sólo las del interior del recipiente, ya que sí se
menciona el vaciado de algunas urnas en campo, o también las
procedentes del depósito sobre el que la urna se asentaba. Este
aspecto puede ser de gran importancia en el estudio antropológico
de laboratorio, puesto que es la única oportunidad de comprobar
que, tras la cremación del cadáver, sus cenizas fueron recogidas
en un vaso cinerario, a través de la identificación del mismo
individuo y ritual de cremación. En nuestra experiencia propia,
en todas las ocasiones estudiadas este hecho se ha confirmado,
por lo que suponemos que en este caso, el ritual fue el mismo.
En los diarios de campo, el excavador realiza una interpretación del ritual funerario llevado a cabo en torno a las “pozas”: “Es
de notar según los datos que estas sepulturas arrojan: que todas las
sepulturas de poza estaban encuadradas de barro amasado, que tal
encuadramiento debió ser contra lo que es...posterior a la cremación
del cadáver, e inmediato a ella, porque la cara interna e inferior de
barro aparece ennegrecida por la …. que debajo de alguna aparece barro también así como por encima” (12 de octubre de 1920).
Es de suponer, por tanto, que una vez el cadáver fue incinerado, pero aún con las brasas ardiendo, las cenizas fueron
agrupadas (y/o alojadas en una urna) y construida una estructura
rectangular a su alrededor a la que el autor de los diarios suele
llamar “poza” o “pocita”, en definitiva, una estructura cuadrada.
A continuación, se colocaría el ajuar sobre las cenizas.
La calidad en la recogida de las cenizas se ha establecido en
función de los restos conservados, que realmente son bastante
escasos, y su variabilidad anatómica. En el 68,42% de los casos
la recogida ha sido superficial frente a un 31,57% en el que se ha
establecido como media. Sin embargo, como ya hemos aclarado
anteriormente no creemos que este aspecto sea relevante teniendo
en cuenta los impedimentos especificados.
Tabla 6.2. Tipos de enterramiento.
Seps.
152
Urna
Mancha cenizas
III, XII (ET), XVI, XIX, XX, XXII
XXXIII
“Poza”
Estructura tumular
II (ET), VIII, IX (ET), X (ET), XXXI, XXXIV VII, XI, XV, XVIII, XXIII.
[page-n-154]
estudio antropológico
Figura 6.3. Patrón de fractura y coloración diferencial en los restos
de la Sepultura XII.
Figura 6.4. Pigmentación y concreción verde por proximidad con
elemento metálico de bronce. Sepultura II.
6.2.1.3. Colocación del cuerpo en la pira funeraria
mostradas por los efectos de la cremación. Estas alteraciones
son agrietamientos longitudinales, estriamientos, porosidades,
cuarteamientos y textura pulverulenta; aspectos que pueden
estar en relación con una exposición a la intemperie de los
restos durante algún tiempo después de la cremación (Botella
López et al. 2000).
Otras alteraciones aportadas por el entorno sedimentario del
enterramiento son las concreciones minerales, que se han hallado
tanto en las caras externas de los huesos (más frecuentemente),
como en las internas (Sepulturas III, IX, XII, XVI, XIX, XXII,
XXXV).
Por último, se ha documentado una serie de pigmentaciones y
concreciones metálicas adheridas al hueso, fruto de la combustión
conjunta o de la permanencia del objeto durante un largo período
de tiempo junto al hueso:
Sepultura II: Presenta alteraciones por pigmentación y concreciones metálicas, en especial pigmentación por algún elemento
de hierro en fragmentos diafisiarios y concreción por elemento
de bronce en una falange de la mano (fig. 6.4). Recordemos que
en los diarios de campo se menciona el ajuar que acompañaba
al individuo (puñal, anilla, ágrafe de bronce, fíbula, cuchillo y
cerámica) y que puede estar en relación directa con estas alteraciones descritas (fig. 3.23).
Sepultura VII: Presenta pigmentaciones metálicas por oxidaciones de hierro en el exocráneo y en la zona proximal de un
fragmento de húmero. El ajuar metálico de esta tumba se compone de una espada, un cuchillo, un soliferreum, un umbo y una
fíbula (fig. 3.29).
Sepultura VIII: Pigmentación metálica por hierro en fragmentos craneales, posiblemente procedentes del ajuar metálico
(lanza, espada y escudo) (fig. 3.30).
Sepultura IX: Pigmentación metálica por hierro en el exocráneo. En los diarios de campo se detalla el ajuar hallado en esta
tumba: espada, lanza, fíbula y pinzas (fig. 3.30).
Sepultura XVIII: Pigmentaciones metálicas por bronce en un
fragmento de mandíbula. En el ajuar de esta sepultura se encontró
una placa de cinturón (fig. 3.38).
La disposición del cuerpo en la pira funeraria suele establecerse
en función del patrón de combustión que presentan los huesos y
la localización de los focos del mismo. En este caso, la fragmentación de los huesos, su escaso tamaño y la posibilidad de existir
una recogida diferencial en cada una de las tumbas en la fase de
campo, nos impiden valorar este aspecto.
Por otro lado, hemos de tener en cuenta que en muchos casos
la combustión no es similar, dependiendo tanto de la constitución
física del individuo, de los elementos que pudiera portar (ajuar
y sudario, por ejemplo) como la misma ventilación de la pira.
Por lo tanto, y valorando los factores expuestos no tenemos
datos suficientes como para restablecer la posición original de
los individuos.
6.2.2. Índice de conservación, tafonomía y peso de los
restos
6.2.2.1. Estado de conservación de los restos y tafonomía
Las características físicas de los sedimentos adheridos al hueso
se agrupan en dos tipos:
- Fina capa de limo-arcilla seca, de color pardo muy claro,
escasa consistencia y fácil eliminación por cepillado mecánico. Los huesos que presentaban este tipo de sedimento se
encontraban en buen estado de conservación, compactos y
resistentes.
- Ceniza de color negro oscuro, muy arcillosa y más compacta que la anterior. Se encontraba muy adherida al hueso.
Parece haber conferido un mayor grado de humedad a los restos, mostrando una mayor degradación del tejido óseo y textura
yesosa de fácil desprendimiento (Sepulturas XVI, XXII, XXIII,
47111).
Se han detectado varios casos (Sepulturas XI, XVI, XXXIII,
47111) en los que la superficie del hueso presentaba alteraciones postdeposicionales diferentes morfológicamente a las
153
[page-n-155]
la necrópolis ibérica de casa del monte
6.2.2.2. Índice de conservación (peso de los restos recuperados)
Teniendo en cuenta las salvedades ya mencionadas, exponemos
a continuación el peso total en gramos que han aportado las diferentes sepulturas (fig. 6.5).
En ninguno de los casos se ha llegado a los 500 g (casi una
tercera parte de lo que se esperaría de la cremación de un cadáver adulto), y la mayoría de las sepulturas quedan por debajo de
los 100. El índice de conservación, por tanto, es bastante bajo,
perjudicando directamente los diagnósticos establecidos a partir de ellos.
En lo que respecta a la conservación por grupos anatómicos,
observamos una mayor proporción de los fragmentos craneales
y huesos largos, quedando los otros grupos infrarrepresentados
(fig. 6.6). Esto puede indicar una selección de los huesos más
representativos para su conservación en la urna o tumba en un
momento contemporáneo al enterramiento; o bien una recogida
selectiva por parte del arqueólogo.
6.2.3. Edad y sexo de la muestra estudiada
6.2.3.1. Fundamentos de diagnóstico
Los fundamentos de diagnóstico empleados están en directa relación con el índice de conservación de los restos, que como hemos
podido comprobar, tiene sus mayores valores en los fragmentos
craneales y huesos largos.
Respecto a los fundamentos para estimar la edad, la observación directa de la morfología y conformación del tejido
óseo ha sido fundamental para distinguir a grandes rasgos
entre adultos e infantiles o preadultos, como la presencia de
estrías de crecimiento o porosidades típicas de los individuos
infantiles, morfología de los agujeros nutricios de los huesos
largos, etc.
Dada la mayor conservación de piezas craneales, los fragmentos de suturas conservados han sido utilizados en sus distintos
grados de cierre para intentar depurar algunos de los diagnósticos
600
500
400
300
200
100
0
Figura 6.5. Peso de los restos óseos por sepulturas, en gramos.
154
(Meindl y Lovejoy 1985). Otros aspectos tenidos en cuenta para
la estimación de la edad han sido la presencia o ausencia de rasgos degenerativos (como los rebordes o labiaciones artrósicas),
caso de las Sepulturas XVI y III, y, en el caso de la bolsa 47104
(en la que sólo se ha hallado una pieza dental), el grado de desgaste dental (Brothwell 1987).
Por lo que respecta a los diagnósticos de sexo, éstos se han
establecido principalmente en función de la morfología craneal
(bordes supraorbitarios, arco zigomático, partes petrosas, etc.)
(Cornwall 1974; Brothwell 1987; Ubelaker 1989), morfología de
robustez/gracilidad del esqueleto poscraneal (partiendo siempre
de la comparación con otras piezas de la misma necrópolis), y
alguna métrica que ha sido posible realizar de huesos largos y
cavidades (Krogman e Iscan 1986).
6.2.3.2. Resultados
Se ha detectado un total de 20 individuos. En ningún caso se ha
registrado más de un individuo por sepultura. La distribución por
grupos de edad se puede ver en la fig. 6.7.
El grupo mayoritario corresponde a los adultos no específicos, aquéllos en los que no ha sido posible un diagnóstico
más preciso, diagnóstico directamente relacionado tanto con
el índice de conservación (en calidad y en cantidad) como el
ritual de combustión.
En segundo lugar, encontramos el grupo de preadultos - infantiles, diagnóstico de cierta imprecisión, teniendo en cuenta que
hemos tenido que servirnos de la morfología general que presentaba el hueso y los estudios comparativos con otras series,
ya que no se han conservado piezas dentales ni epifisiarias que
ayudarían a un diagnóstico más depurado.
En último lugar, con un porcentaje menor se encuentran los
adultos masculinos y los femeninos, en alguno de los cuales
se ha podido precisar el rango de edad (como en el caso de la
Sepultura III: adulto femenino joven), debido principalmente
a la mayor conservación ósea (caso de las Sepulturas III, VIII,
XVI y XX).
[page-n-156]
estudio antropológico
400
350
300
250
200
150
100
50
0
Cráneo
II
III
VII
VIII
Huesos largos
IX
X
XI
XII
XV
XVI
Huesos cortos/planos
XVIII
XIX
XX
XXII
Costovertebral
XXIII
XXXI
XXXIV
No identificados
XXXV
47104
47111
Figura 6.6. Peso (g) por grupos anatómicos.
Figura 6.8. Lesiones proliferativas en fragmento mandibular. Sepultura XVIII.
Figura 6.7. Grupos de edad detectados.
6.2.4. Aspectos morfológicos y paleopatológicos
detectados
Los rasgos morfológicos y paleopatológicos detectados se reducen a algunas piezas que describimos a continuación:
Sepultura II: Marcado flexor común de los dedos y porosidad
de la tabla externa craneal (posible relación con desarrollo óseo,
puesto que el individuo es Preadulto).
Sepultura III: Individuo adulto femenino. Porosidad externa
de la calota craneal.
Sepultura XVI: Individuo adulto masculino. Reborde osteofítico artrósico en el contorno de las apófisis articulares posteriores
e inferiores de fragmentos vertebrales lumbares.
Sepultura XVIII: Individuo Preadulto. Porosidad y proceso
proliferativo de la cortical externa en un fragmento mandibular
(¿infecciosa?) (fig. 6.8).
Restos sin contexto (MPV 47104): Individuo adulto. Caries
cervical y desgaste oclusal del grado 5 de Perizonius.
6.3. CONCLUSIONES
Se exponen en el presente Informe Antropológico los resultados
de los materiales recepcionados procedentes de la necrópolis de
Casa del Monte, Valdeganga, Albacete.
En relación a los aspectos rituales, todos los individuos
excepto uno (47104, que parece corresponder más a un resto
descontextualizado y aislado), fueron cremados en una pira
155
[page-n-157]
la necrópolis ibérica de casa del monte
funeraria cuya temperatura máxima alcanzaría los 700 u 800ºC
(combustión intensa) y cuando aún se encontraban provistos de
tejidos blandos. Posteriormente los restos se agruparían (en algunos casos dentro de urnas cinerarias) junto con el ajuar (algunos
de cuyos elementos que nos han llegado a laboratorio presentan signos de fuego también), y se construiría a su alrededor
una estructura cuadrangular a base de arcilla y paja. La recogida
de los restos fue superficial en la mayoría de los casos, aunque
desconocemos si ésta se debe a momentos contemporáneos al
enterramiento o no.
No ha sido posible reconstruir la posición de los individuos
sobre la pira funeraria debido principalmente a la escasa conservación de los restos.
Los aspectos postdeposicionales registrados provienen principalmente de la pigmentación del hueso por proximidad de
elementos metálicos, tanto de bronce como de hierro. Otras
alteraciones documentadas hablan de la exposición a la intemperie durante algún tiempo de los restos y de la adhesión de
156
concreciones minerales procedentes del mismo sedimento que
los recubría.
El índice de conservación de los restos es bastante bajo, quedando la mayoría de las sepulturas por debajo de los 100 g. Los
grupos anatómicos más representados han sido los fragmentos
craneales y los procedentes de huesos largos.
Se han estudiado un total de 20 individuos: ocho adultos no
específicos, siete preadultos, tres adultos femeninos y dos masculinos. Todos parecen corresponder a sepulturas individuales,
puesto que en ningún caso el número de individuos por sepultura
ha superado el número de uno.
Las alteraciones de tipo morfológico y paleopatológico han
sido muy escasas, reduciéndose a alteraciones de tipo osteolítico
principalmente a nivel del exocráneo (porosidades) y otras proliferativas (como rebordes artrósicos lumbares), pero en general
de escasa entidad. Ha sido imposible reconstruir la estatura de
alguno de los individuos debido a la cantidad y al tamaño de las
muestras estudiadas.
[page-n-158]
7
Revelando el pasado
El nacimiento y la muerte son dos momentos por los que pasa
todo ser humano. Momentos celebrados mediante algún tipo de
ceremonia por casi todos los grupos humanos. Según la Antropología estas celebraciones forman parte de los ritos de paso y
la Arqueología se ha afanado en detectar las acciones y prácticas desarrolladas alrededor de ambos eventos, especialmente de
la muerte.
La Arqueología de la Muerte o Arqueología Funeraria
se incorporó al análisis arqueológico de la mano de la Nueva
Arqueología en los años 60 del siglo XX. No es aquí el lugar
para hacer una historia de la disciplina puesto que son varios
los trabajos en castellano que la recogen y a ellos remitimos a
las personas interesadas: desde uno de los pioneros de Lull Santiago y Picazo Gurina (1989) hasta otros más recientes de Chapa
Brunet (2006) y González Ruibal y Ayán Vila (2018, 385-396).
Más allá de la evolución sufrida por esta especialización y
las críticas recibidas, lo cierto es que gracias a las diferentes
perspectivas desarrolladas por la Arqueología Funeraria se ha
reflexionado sobre las prácticas funerarias más allá de la mera
descripción de tumbas y ajuares, incorporando, siempre que
los datos lo permiten, análisis antropológicos, paleobiológicos,
paleoambientales, sociales y simbólicos (Mata Parreño 1996).
La Arqueología Funeraria, como parte de la Arqueología
Social, permite un acercamiento al individuo y al grupo en el
que estaba integrado. No obstante, se debe tener en cuenta que
las prácticas funerarias las llevan a cabo los vivos que pueden
interpretar, a su modo, cómo respetar la voluntad de sus muertos.
En este sentido, sigue siendo una asignatura pendiente contrastar
la información proporcionada por las necrópolis y los lugares
de hábitat, pues raramente se contemplan conjuntamente en los
proyectos de investigación. Así pues, la Arqueología Funeraria
puede abordar dos grandes esferas de la sociedad en estudio: la
organización social (rango, estatus y género), a pesar de las carencias demográficas inherentes al ritual de cremación practicado
y a la escasa contrastación con el hábitat correspondiente (Mata
Parreño 1996, 168), y la práctica ritual como manifestación de
las creencias y vehículo de cohesión social.
Ambas esferas no son excluyentes sino complementarias
constituyendo lo que Daróczi (2012, 202) considera como paisaje
funerario: “The funerary landscape is a specific type of archaeological landscape that focuses on the phenomenological relation
between death, disposal of the body in the environment and the
social memory of the group participating in the remembrance
of the burial. The means of researching and presenting it should
be eclectic, in order to transmit as much information as possible
about the experienced human space associated with the burial and
afferent activities. The goal of such a funerary landscape is to
attempt to represent the most likely ways in which humans might
have experienced the funerary aspect of their space”.
7.1. ANTECEDENTES METODOLÓGICOS
El desarrollo de la Arqueología Funeraria ha generado diversos
procedimientos para reconstruir la estructura social plasmada en
las necrópolis. Los más utilizados recurren a la valoración del
continente y del contenido utilizando criterios cuantitativos y
cualitativos que, no por discutidos y discutibles, aportan información objetivable y comparable con otras necrópolis. Los procedimientos más utilizados son dos (Quesada Sanz 1993a, 450-453):
1. Recuento simple de objetos del ajuar: Las diferencias
observadas entre las distintas propuestas se refieren a no contabilizar como parte del ajuar bien las urnas (Chapa Brunet et al.
1998, 158) bien las tabas y otros restos de fauna (García Huerta
et al. 2018, 220). A pesar de ello se obtienen resultados fácilmente comparables.
2. Recuento ponderado del ajuar: Teniendo en cuenta la
procedencia (local o importada), el metal utilizado (oro, plata,
bronce, cobre, hierro), la complejidad del armamento, los objetos
157
[page-n-159]
la necrópolis ibérica de casa del monte
personales y el tipo de tumba. A cada elemento se le otorga una
puntuación y es ahí donde se producen las mayores dificultades para la comparación pues, aunque los valores no difieren
demasiado entre las diferentes propuestas, no existe un criterio
unánime.
Otros dos procedimientos han tenido menor impacto en la
bibliografía:
1. En uno de ellos se hizo una cuantificación simple de los
componentes del ajuar de las necrópolis de la alta Andalucía. A
los datos obtenidos se aplicó un Análisis Cluster de promedios
no ponderados para marcar niveles de complejidad; y después un
Análisis Factorial cuyos resultados marcan tendencias entre las
diversas necrópolis (Ruiz Rodríguez et al. 1992, 402).
2. El segundo, algo más complejo, propone calcular la
inversión de trabajo (horas/jornadas) necesaria para elaborar los
ajuares y construir las estructuras. Para ello se hicieron entrevistas a artesanos con la finalidad de conocer las horas de trabajo
requeridas para la construcción de tumbas y la elaboración de
los objetos. Se ha aplicado en la necrópolis de Pozo Moro (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio 2003, caps. 6 y 7).
Casa del Monte es una necrópolis excavada hace más de 100
años y, a pesar de eso, la documentación escrita y la materialidad
recuperada han aportado una valiosa información con la que se
puede realizar una reconstrucción social y de la ritualidad con
vacíos inherentes a la época de la excavación, a los años transcurridos y a una importante laguna, pues sigue sin conocerse el
lugar de hábitat al que pertenecería, ya que las llamadas “mansiones” carecen de entidad suficiente para considerarlas como
parte del mismo.
La necrópolis no es muy extensa para el apenas siglo y medio
que debió estar en uso y, es evidente la ausencia deliberada en la
misma de segmentos de la población como los individuos infantiles y seniles (figs. 6.7 y 7.11), incluso teniendo en cuenta la
destrucción parcial de la necrópolis de la que se hizo eco Ballester
Tormo (1930, 28). Por ello, la reconstrucción social y la ritualidad propuestas no dejan de ser una fotografía incompleta que ha
perdido nitidez (fig. 7.1).
La Casa del Monte es una necrópolis rural, cuyos misterios
se mantienen parcialmente velados. A diferencia de otras, donde
la conexión entre espacios de vida y espacios de muerte se da
con mayor claridad, Casa del Monte se presenta como un desafío
arqueológico, suscitando preguntas sobre la vida, las creencias
y las prácticas de quienes eligieron este lugar como su última
morada.
Para ir desvelando algunos de estos misterios debemos ser
eclécticos (Daróczi 2012, 202) aportando toda la información
extraída a través de los diferentes tipos de análisis realizados.
Contabilizar el número de ítems de un ajuar es la primera
y más básica aproximación para caracterizar la valoración del
mismo. Las implicaciones sociales son limitadas al no contemplarse el valor intrínseco y extrínseco de cada objeto; no obstante,
sirve para establecer comparaciones con otras necrópolis.
En Casa del Monte, a la hora de contabilizar ítems se ha priorizado la pieza completa, es decir: una placa de cinturón que
conserve las dos partes contará como una; una lanza y su regatón, una espada y su vaina; fragmentos indeterminados de metal
o cerámica no se tienen en cuenta si pudieron formar parte de
piezas presentes en la sepultura, a no ser que estas materias estén
ausentes; se contabilizan también determinados ítems que no se
158
han encontrado en el depósito del MPV pero aparecen citados en
los diarios o inventarios posteriores a la excavación; si de algún
elemento no se indica la cantidad, se contabiliza como un único
ítem. Las urnas y sus tapaderas se han considerado parte del ajuar
(Anexo III).
Una simple ojeada a la figura 7.2 hace patentes las escasas
diferencias en cuanto a volumen de los ajuares, excepto en los
valores más elevados. No obstante, proponemos cinco categorías,
identificadas con letras minúsculas (a, b, c, d, e), aunque somos
conscientes de que otras agrupaciones son posibles:
Categoría a: Se incluyen dos sepulturas (5,25%). La Sepultura X destaca claramente con sus 26 ítems, seguida de la XIV
con 17. Ambas son estructuras tumulares medianas que tienen
un ajuar variado con algunas diferencias. En la X se enterró un
Adulto cuyo ajuar contenía copas áticas de barniz negro, fusayolas, fíbulas, pinzas, pasta vítrea y un cuchillo (fig. 3.32). En
cambio, en la Sepultura XIV sus 17 objetos se reparten entre
cerámicas ibéricas y una ática, armamento y objetos personales
(fig. 3.34). Aunque no se cita la presencia de restos humanos, la
existencia de un puñal nos sirve para proponer que pudo tratarse
de un Infantil II-Preadulto o Preadulto (ver supra La Panoplia
de Casa del Monte) (tabla 4.6).
Categoría b: Se compone de dos tumbas con 11 ítems (5,25%).
La Sepultura V contenía ante todo objetos personales y cerámicas ibéricas (fig. 3.27); los restos humanos fueron escasos y no
se recogieron. En la Sepultura XVIII se enterró un individuo
preadulto con los elementos repartidos entre armamento, objetos personales y el único lote de astrágalos de toda la necrópolis
(fig. 3.38). Las dos tumbas corresponden a túmulos medianos.
Categoría c: En esta categoría se agrupan 12 cremaciones
con un ajuar compuesto por entre nueve y seis objetos (Sepulturas I, XXIII, XXIX, XV, XIX, VII, VIII, IX, XII, XVII, XXI
y XXIV) (31,5%). La pauta más común es la presencia de armas
en nueve de ellas (I, XXIII, XXIX, XIX, VII, VIII, IX, XVII
y XXIV), entre las que interesa destacar la Sepultura IX por
corresponder a un Adulto posiblemente femenino (fig. 3.30).
Figura 7.1. Fotografía de la excavación de las “mansiones” de Casa
del Monte (fotografía Archivo SIP).
[page-n-160]
revelando el pasado
Cuatro de los ajuares contienen cerámicas áticas (Sepulturas
XII, XXI, XXIII y XXIX). De las 12, sólo tres son en hoyo
(VIII, XIX y XXI).
Categoría d: Esta categoría es una continuidad natural de la
anterior, pues no existe una ruptura entre ambas, con un número
de piezas entre cinco y una. Es la más numerosa con 18 sepulturas (III, XI, XXXI, XX, II, IV, XVI, XXX, XXXII, XXXIV,
XXII, XXVI, XXVII, XXXIII, XIII, XXV XXXVII y XXXVIII)
(47,5%), de las que sólo seis contienen armas (Sepulturas II, III,
XX, XXX, XXXIV y XXXIII). Como en el caso anterior, una
de estas sepulturas con armas está identificada como femenina
(Sepultura III) (fig. 3.25), además de otra probable (Sepultura
XX) (fig. 3.41). Menos las Sepulturas II y XI, todas las demás
son en hoyo.
Categoría e: Se recogen aquí las sepulturas que carecen de
ajuar. En otros estudios no siempre se tienen en cuenta, pero
nos parece importante su inclusión para detectar la mayor parte
de las capas sociales o grupos de edad/género. Tan solo cuatro
pertenecen a esta categoría (Sepulturas VI, XXVIII, XXXV
y XXXVI) (10,5%), y todas ellas merecen un comentario.
La Sepultura VI era un empedrado grande, bien conservado,
con cenizas y tierra quemada en la base que Ballester Tormo
interpretó como un cenotafio por carecer de ajuar y restos
óseos. La Sepultura XXXVI forma parte de un conjunto con
las XXIV, XVIII y XXIII y pudo estar expoliada o erosionada.
La XXVIII se describe como una mancha de tierra quemada
por lo que pudo ser un ustrinum o tumba totalmente erosionada
o expoliada; mientras que la XXXV no tiene dato alguno en
los diarios y sólo aparece dibujada en los planos como tumba
en hoyo (fig. 3.14).
De todos estos datos se aprecian las siguientes pautas:
- Las tres primeras categorías contienen armas y suelen ser
empedrados.
- Las dos inferiores tienen, sobre todo, cerámicas y objetos
personales además de ser, mayoritariamente, tumbas en hoyo.
Estos datos cuantitativos de Casa del Monte se pueden
contrastar con otras cinco necrópolis de las que existe una información similar.
En la necrópolis de Alarcos II (García Huerta et al. 2018,
220-222), se han diferenciado tres grupos: 40% con uno o dos
objetos; 27% entre cuatro y 10; 27% con más de 10. En este
último conjunto hay grandes diferencias con una de las tumbas
destacada del resto. En este trabajo, no se han tenido en cuenta
ni los astrágalos ni las posibles ofrendas cárnicas, circunstancia
que modificaría los porcentajes calculados ya que la presencia
de ambos elementos tiene connotaciones sociales, económicas
y rituales que no pueden obviarse.
Las 45 tumbas publicadas de La Senda (Jumilla) (García Cano
1997, 93-94) se escalonan entre 16 y 0 objetos sin apenas discontinuidad. Por su menor número de ítems se comporta de forma
diferente a Alarcos II y Casa del Monte en la parte alta.
De la necrópolis del Poblado se han publicado 72 tumbas
(García Cano 1997, 94-95) con mayor amplitud cronológica
que las anteriores (siglos IV-II a. C.). En este caso, la categoría superior contiene muchos más ítems que las tres anteriores,
destacando una de las tumbas con 94 y tres, con una treintena de
objetos. En una publicación más reciente se aportan datos cuantitativos de 84 tumbas más, que no hemos recogido aquí ya que
los mismos autores señalan que, más allá del aumento de tumbas,
apenas hay diferencias respecto a los datos publicados en 1997
(García Cano y Gualda Bernal 2019, 15).
Figura 7.2. Número de ítems en las sepulturas de Casa del Monte
159
[page-n-161]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Llano de la Consolación, con 57 tumbas, tiene una distribución similar a Casa del Monte y Alarcos II, excepto en la parte
baja, pues no se indica que haya tumbas sin ajuar (Valenciano
Prieto 2000, 279 y ss.).
En Pozo Moro (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio 2003, cap. 7),
se dividen los ajuares en cinco grupos (cerámica ibérica, barniz
rojo e importación, armas, adornos y otros- fusayolas, pondera,
pinzas, cuchillos, tijeras, astrágalos-). De acuerdo con el número
de ítems, se consideran pobres o muy pobres, de riqueza media
y muy ricas.
La necrópolis de Castellones de Céal se ha descartado de la
comparación por sus peculiaridades y la propuesta realizada que
no permiten una comparación sencilla (Chapa Brunet et al. 1998,
cap. IV.3). Por ejemplo, existen tumbas con varios individuos y
en la contabilidad del ajuar no se han tenido en cuenta las urnas.
Con el fin de obtener una visión conjunta de estas cinco necrópolis, sus datos publicados se han agrupado según las categorías
establecidas para Casa del Monte (fig. 7.3). Si se exceptúa la categoría e -sin ajuar-, claramente minoritaria en todas ellas, la distribución
cuantitativa de los ajuares tiene una estructura piramidal propia de
sociedades jerarquizadas como es esperable para el mundo ibérico.
Los matices entre necrópolis deberían de analizarse en cada caso
teniendo en cuenta su larga o corta secuencia cronológica, un mayor
número de tumbas y el tipo de hábitat al que corresponden.
7.2. MATEMÁTICAS DE LA MEMORIA:
ANALIZANDO LA ESTRUCTURA SOCIAL DE LA
NECRÓPOLIS
Joaquín Jiménez Puerto y Blanca Pérez Aguilar
Como se ha señalado anteriormente, el recuento ponderado de los
ajuares es uno de los procedimientos utilizados en el estudio de
las necrópolis ibéricas. Frente a ello, en este caso, hemos querido
explorar nuevos métodos.
El Análisis de Componentes Principales (PCA, por sus siglas
en inglés) es una técnica estadística que permite reducir la complejidad de los datos. En términos simples, el PCA toma un
conjunto de datos con muchas variables y las transforma en
un conjunto reducido de variables nuevas, llamadas componentes principales. Estos componentes principales capturan la
mayor variabilidad presente en los datos originales, pero en
menos dimensiones. En el contexto de las necrópolis ibéricas,
el PCA nos permite identificar patrones y relaciones entre diferentes tipos de objetos encontrados en los ajuares, ayudando a
simplificar y visualizar cómo se distribuye la riqueza entre las
sepulturas.
El agrupamiento (clustering) es otro método analítico que
organiza datos en grupos o clusters de acuerdo con su similitud.
Es como si tomáramos una colección de puntos de datos y los
dividiéramos en grupos donde los puntos dentro de cada grupo
son más similares entre sí que a los de otros grupos. En este caso,
el agrupamiento puede ser utilizado para agrupar las sepulturas
basándose en las características de sus ajuares. Ello permite identificar posibles esquemas en la disposición de los enterramientos
y las diferencias en la inversión de trabajo necesaria para producir
los ajuares de los individuos sepultados.
160
En conjunto, ambas técnicas de análisis de datos nos permiten ir más allá del recuento simple y ponderado de los ajuares,
ofreciendo una perspectiva más rica y matizada sobre la distribución de la riqueza y la estructura social de las comunidades
que utilizaron esta necrópolis. A través del PCA y el agrupamiento, podemos revelar y visualizar patrones ocultos en los
datos arqueológicos, proporcionando así una comprensión más
profunda de las dinámicas sociales y culturales de las antiguas
comunidades ibéricas.
Este estudio combina la valiosa información histórica proporcionada por las primeras investigaciones en Casa del Monte
con metodologías analíticas avanzadas. La integración de estos
datos ha permitido realizar un análisis detallado sobre la disposición y la riqueza de las sepulturas, utilizando un enfoque
multidisciplinario que combina técnicas de análisis estadístico,
aprendizaje automático y visualización de datos. Este enfoque se
centró en dos líneas principales de investigación: el clustering de
las sepulturas basado en su localización dentro de la necrópolis
y el análisis de la riqueza contenida en los ajuares.
En primer lugar, se realizó la interpretación de los datos
geográficos de la excavación original. Este proceso fue laborioso debido a las dificultades que entraña la extracción de datos
topográficos que no acaban de cuadrar. Se ha trabajado simultáneamente con la planimetría original de Ballester Tormo del
año 1920, con ortofotos del yacimiento arqueológico (ver Documentación e Intervenciones), con la planimetría derivada de las
ortoimágenes anteriores que incluye caminos rurales y, finalmente, con el plano catastral de la zona.
La planimetría original a pesar de contener múltiples mediciones, adolece de las triangulaciones necesarias para reproducir la
ubicación de las estructuras. En esta planimetría inicial aparecen
datos tales como la localización y numeración de estructuras, de
cremaciones con y sin urna. Se ha empleado la misma numeración para identificar los elementos de la nueva planimetría para
su localización en el plano final.
Para realizar el dibujo base de las estructuras, se han importado a QCad (RibbonSoft 2024) las ortofotos realizadas el 20 de
abril de 2017 (ver Vuelos fotográficos). Además, se han tenido en
cuenta las construcciones y los caminos adyacentes que aparecen
en las imágenes. También se han descargado de la web del catastro (Dirección General del Catastro 2024) el plano en dwg de la
zona rural en la que se encuentra localizado el yacimiento y ortofotos de la zona obtenidas de google earth (Google LLC 2023).
Para situar las estructuras en el plano general se ha procedido como sigue. En primer lugar, se ha superpuesto el plano de
catastro y la ortofoto de google earth, y se han dibujado algunos
de los caminos que no están incluidos en el catastro. A continuación, se ha hecho coincidir la ortoimagen con el plano del catastro
que incluye el nuevo camino obtenido de la ortofoto de google
earth. Por último, se ha situado la planimetría de las estructuras
empleando como referencia los caminos que aparecen tanto en
la ortoimagen como en la planimetría. En la planimetría final
se han localizado los empedrados, urnas y fosas, empleando las
mediciones del dibujo de Ballester Tormo, y se ha numerado
cada una de las estructuras coincidiendo con el original (fig. 7.4).
A continuación, se procesaron los datos de los ajuares funerarios, que pueden encontrarse en el repositorio ZENODO
(Jiménez-Puerto y Pérez-Aguilar 2024), junto a los algoritmos
empleados para los cálculos implementados en lenguaje Python
[page-n-162]
revelando el pasado
Figura 7.3. Categorías según el porcentaje de ítems en los ajuares de seis necrópolis.
(Van Rossum y Drake 2009). En estos procesos se ha asignado
a cada objeto de los ajuares un peso específico, reflejando su
valor cultural y material percibido, utilizando cifras semejantes
a las publicadas para la necrópolis de Alarcos II (García Huerta
et al. 2018), adaptándolas a la especificidad de Casa del Monte
(Jiménez-Puerto y Pérez-Aguilar 2024). La ponderación de estos
objetos permitió calcular un índice de riqueza para cada sepultura, considerando tanto la presencia como la cantidad de cada
tipo de objeto, siguiendo la siguiente fórmula:
Índice Riqueza Ajustado = ∑ (Cantidad objeto × Peso objeto)
×1 + Factor ajuste × Tamaño Tumba)
Además, se introdujo un ajuste en este índice basado en el
tamaño de la tumba, bajo la premisa de que sepulturas más grandes podrían indicar individuos de mayor estatus social. Este ajuste
se realizó aplicando un factor de aumento al índice de riqueza
inicial en proporción al tamaño de la tumba. La tabla 7.1 contiene
los pesos asignados a cada elemento del ajuar.
Con los índices calculados, se procedió a determinar el
coeficiente de Gini (1912) para evaluar la desigualdad en la
distribución de la riqueza entre las sepulturas. El cálculo del
coeficiente de Gini implicó ordenar las tumbas por su índice
de riqueza y aplicar una fórmula que considera la suma acumulada de estos índices en relación con una distribución equitativa
ideal. El resultado proporcionó una medida cuantitativa de la
desigualdad, donde un valor cercano a cero indica una distribución equitativa, mientras que los valores más altos señalan una
mayor disparidad.
Para complementar el análisis de los ajuares, se realizó un
estudio de la disposición espacial de las sepulturas mediante técnicas de clustering. Utilizando las coordenadas geográficas de
cada sepultura, se aplicó el algoritmo K-means (MacQueen 1967)
para agruparlas en función de su proximidad espacial. La determinación del número óptimo de clusters se basó en el método
del codo (Thorndike 1953), analizando la variación intra-cluster
medida por la suma de cuadrados dentro de los clusters (WCSS)
para diferentes números de clusters. Este análisis permitió identificar un punto de inflexión que sugiere el número de agrupaciones
que mejor captura la estructura inherente de los datos sin introducir complejidad excesiva.
Posteriormente, se aplicó un Análisis de Componentes Principales (PCA) (Hastie et al. 2009) para reducir la dimensionalidad
de los datos y facilitar su visualización. Este paso transformó las
161
[page-n-163]
la necrópolis ibérica de casa del monte
características originales de los datos en componentes principales
que capturan la mayor varianza posible con el menor número de
dimensiones, permitiendo una representación gráfica clara de los
clusters identificados.
Las visualizaciones generadas, incluyendo gráficos de barras
para el índice de riqueza y diagramas de dispersión para los
clusters, proporcionan una interpretación visual intuitiva de los
resultados analíticos. Estas representaciones gráficas no sólo ilustran la distribución de la riqueza y la disposición espacial de las
sepulturas, sino que también destacan patrones y anomalías que
podrían indicar prácticas funerarias específicas o diferenciaciones
sociales dentro de la comunidad estudiada.
7.2.1. Resultados
La triangulación de datos geográficos ha sido un componente
esencial en nuestro esfuerzo por mapear con precisión la ubicación de las sepulturas en Casa del Monte. Utilizando una combinación de datos históricos, tecnología moderna de mapeo y
análisis espacial avanzado, hemos conseguido no solo localizar
sepulturas conservadas sino también inferir la posición de aquellas que han desaparecido con el tiempo (fig. 7.4). Este proceso
ha revelado patrones significativos en la disposición espacial de
las sepulturas.
Esta metodología de integración de datos espaciales ha permitido una reconstrucción detallada de la disposición de las
sepulturas en Casa del Monte, arrojando luz sobre aspectos previamente desconocidos de este yacimiento. Este conjunto de
resultados representa un avance significativo en nuestro conocimiento sobre el yacimiento de Casa del Monte, proporcionando
un fundamento firme para la interpretación de sus aspectos
socioeconómicos y cultuales, así como para la planificación de
futuras excavaciones y conservación del yacimiento.
Los datos iniciales permitieron realizar análisis espaciales
más profundos. La aplicación del algoritmo K-means reveló
patrones interesantes en la disposición espacial de las sepulturas, identificando agrupamientos que sugieren esquemas de
enterramiento y posibles diferencias en estatus social, prácticas
funerarias o afiliaciones familiares dentro de la población ibérica.
Los resultados del clustering se han visualizado, mostrando la
distribución y características de los grupos identificados, con un
número óptimo entre tres y cuatro (figs. 7.5 y 7.6). Aunque los
métodos cuantitativos sugieren entre tres y cuatro agrupaciones,
optamos por cuatro grupos en el plano de la necrópolis para una
interpretación arqueológica más detallada. Esta decisión se basa
en la presencia de cuatro sepulturas consideradas más antiguas,
cada una articulando un grupo distinto. La figura 7.7 muestra
cómo la Sepultura XXXV, alejada del conjunto, altera ligeramente
Figura 7.4. Plano de las estructuras existentes y
restituidas tras el proceso de triangulación (B.
Pérez Aguilar).
162
[page-n-164]
revelando el pasado
Tabla 7.1. Pesos asignados a cada elemento del ajuar (basados en
García Huerta et al. 2018).
Objeto
Falcata
Espada
Vaina
Puñal
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Decoración Ag o Cu
Varios Fe
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica Ibérica
Tejuelo
Cerámica Importada
Indeterminado
Fusayola
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto de madera
Tabas
Objeto de Hueso
Concha
Urna-Tapa
Peso
5
5
5
5
3
5
5
2
5
5
1
3
3
3
3
3
2
2
2
4
1
5
1
1
3
1
2
2
1
3
2
2
2
3
1
1
4
la percepción de los grupos. Cada cluster contiene una de las
sepulturas más antiguas (II, XVII, XXIII y XXXVII), reforzando
nuestra elección de cuatro agrupaciones.
El análisis de la riqueza de los ajuares funerarios proporcionó
una visión cuantitativa de las disparidades socioeconómicas. Calculamos la riqueza de cada sepultura basándonos en la cantidad y
tipo de objetos, permitiéndonos evaluar la variabilidad económica
e inferir aspectos de la estructura social y jerarquías. La distribución de la riqueza en Casa del Monte, visualizada mediante
un histograma y el coeficiente de Gini, indica una concentración
de bienes en pocas sepulturas, contrastando con la mayoría de
ajuares más modestos (figs. 7.8 y Anexo III, Jiménez-Puerto y
Pérez-Aguilar 2024). Esta disparidad señala claras diferencias
de estatus en una sociedad aparentemente unida por identidades
culturales, pero fuertemente jerarquizada.
Los resultados del PCA confirman estos hallazgos, revelando
cuatro grupos diferenciados según la riqueza de los ajuares y
el tamaño de las sepulturas (fig. 7.9). Este patrón, junto con
el coeficiente de Gini, corrobora la presencia de tres o cuatro grupos sociales distintos, subrayando la complejidad de la
organización social de esta comunidad ibérica. En conjunto, el
análisis de riqueza abre nuevas perspectivas sobre la estructura
social y las dinámicas económicas de la necrópolis de Casa del
Monte, ofreciendo un marco cuantitativo para entender cómo
las prácticas funerarias reflejaban y reforzaban las jerarquías y
relaciones sociales en esta sociedad ibérica. Estos resultados no
solo enriquecen nuestra comprensión del yacimiento en sí, sino
que también contribuyen al estudio más amplio de las culturas
antiguas y su manejo de la riqueza y la desigualdad.
7.3. APROXIMACIÓN A LA ORGANIZACIÓN
SOCIAL DE LA NECRÓPOLIS
Los análisis anteriores nos aproximan a unas propuestas de organización que adquieren sentido al tener en cuenta la distribución
de las tumbas, la cronología, el tipo de tumba, los ajuares y las
personas enterradas.
7.3.1. La organización del espacio funerario
La organización interna de las necrópolis ibéricas sigue siendo
un tema poco tratado por la investigación a pesar de que, ya
en 1978, Almagro Gorbea consideraba que debía estudiarse en
profundidad para tener un mejor conocimiento de la sociedad
ibérica. Es cierto que se ha avanzado (y mucho) en la tipificación de las tumbas, pero apenas en su organización. Más
allá de señalar superposiciones, agrupaciones y destrucciones
solo se conoce la propuesta de organización concéntrica para
la necrópolis del Cerro del Santuario (Ruiz Rodríguez et al.
1992) y algún ustrinum (Chapa Brunet et al. 1998, 117-132).
Pero, quedan preguntas por responder ¿cómo se circulaba entre
las tumbas?; se conocen depósitos relacionados con banquetes
funerarios (Monraval Sapiña y López Piñol 1984; Blánquez
Pérez 1990, 222-266), pero ¿dónde se llevaban a cabo? ¿existieron espacios donde celebrar ceremonias funerarias antes o
después del enterramiento?
La necrópolis de Casa del Monte fue escasamente monumental a diferencia de otras de su entorno como Pozo Moro y
Los Villares (fig. 2.1). Se combinaron desde el principio hoyos
y empedrados (II, XVII, XXIII y XXXVII), con pocas destrucciones por superposición (XXXVII y XXXVIII), es decir, su
desarrollo temporal es horizontal.
Las estructuras tumulares formarían montículos de escasa
altura, diseminadas en la ladera NO de la suave loma donde se
asientan; son casi cuadradas y mantienen una orientación NE-SO,
que se respeta incluso en algunos loculi y en depósitos de armas
(figs. 3.14, 3.19, 3.20 y 7.4). Los hoyos se sitúan tanto en la periferia
como entre túmulos, lo que en apariencia dificultaría la circulación
interna a medida que se ocupaban los espacios intertumulares. Por
163
[page-n-165]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.5. Clusters de centroides con k-means.
Figura 7.6. Resultado de aplicación del WCSS para estimar el número de clusters óptimo.
164
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revelando el pasado
Figura 7.7. Distribución espacial de los clusters sobre el plano. Rojo: cluster 1; amarillo,
cluster 2; azul, cluster 3; verde, cluster 4.
las descripciones recogidas estaban a poca profundidad y no se
han identificado marcadores de ubicación. Sólo la Sepultura XIX
estaba tapada con una losa visible en superficie.
La aplicación del análisis K-means conforma una organización funeraria con cuatro agrupaciones (figs. 7.4 y 7.5-7.7).
Agrupaciones que a simple vista no son evidentes excepto en las
dos superposiciones (I-XXXVII y VII-XXXVIII) y en el conjunto formado por las Sepulturas XVIII, XXIII, XXIV y XXXVI.
El Cluster 1, a priori el más evidente, comprende los cuatro
empedrados tumulares adosados o superpuestos (Sepulturas XVIII,
XXIII, XXIV y XXXVI) a los que se les asocia espacialmente la
tumba en hoyo XXI. Al S de éstas, la Sepultura IX con dos túmulos
pequeños al O y, al E, hay otros dos y un enterramiento en hoyo.
En total 11 sepulturas, de las que sólo dos son en hoyo. Esta agrupación incluye una de las tumbas más antiguas de la necrópolis
(XXIII) y uno de los enterramientos femeninos (IX).
El Cluster 2 está compuesto por siete enterramientos de los
que sólo uno es un túmulo (Sepultura I) cuya construcción se
hizo sobre una tumba en hoyo (XXXVII). Otras cuatro tumbas en hoyo se ubicaron al S del túmulo (Sepulturas XXXI,
XXXII, XXXIII y XXXIV). La Sepultura XXXV constituye
una distorsión al ser la más alejada de toda la necrópolis. La
Sepultura XXXVII de finales del V y principios del IV a. C. es
la más antigua del conjunto.
El Cluster 3 se compone de 11 enterramientos y un posible
cenotafio (VI). Se reparten al 50% entre túmulos y hoyos. La
Sepultura VII se construyó sobre la XXXVIII y la VIII es la más
alejada del conjunto. La más antigua es la II, datada entre finales
del V y principios del IV a. C. Las de cronología más moderna
están este grupo (III, IV, V y XIV) entre las que se incluye una
femenina (III).
El Cluster 4 está formado por ocho tumbas (XVI, XVII, XIX,
XX, XXII, XXV, XXVI y XXVII) y sólo una de ellas (XVII) es
un túmulo además de ser la más antigua del conjunto (principios
del siglo IV a. C.). Todas las tumbas en hoyo menos la XVI se
sitúan al N del túmulo. En la Sepultura XX hay enterrado un
Adulto posiblemente femenino.
La organización del espacio funerario de Casa del Monte
parece determinada por la existencia de una sepultura de
mayor antigüedad alrededor de la cual se construyen las demás
y por el tipo de tumba.
165
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.8. Índice de riqueza (Gini) para cada sepultura.
En cuanto al tipo de tumba, en el Cluster 1 los empedrados
tumulares son mayoritarios, mientras que en los clusters 2 y 4
son las tumbas en hoyo. Las tumbas que inician los clusters 1, 3
y 4 son túmulos también.
La localización de las tres sepulturas femeninas en tres de los
clusters también deber ser un elemento a tener en cuenta, aunque la escasez de restos con sexo determinado no permite hacer
muchas valoraciones.
El túmulo VI, grande, pero sin restos óseos ni ajuar también
pudo constituir un elemento central de la necrópolis, asociado
al Cluster 3. Parece ocupar una posición central, pero al carecer de elementos para su datación, no permite una valoración
adecuada.
Estos datos ponen de manifiesto relaciones de parentesco
entre los individuos enterrados, siendo el subconjunto formado
por los túmulos XXIII, XVIII, XXIV, XXXVI y el hoyo XXI
el más evidente. La valoración del ajuar y la distribución de los
rangos de edad que se analizará a continuación parece corroborar
esta primera impresión (tabla 7.2).
166
7.3.2. Valoración del ajuar
En principio, nos resistimos a hablar de tumbas ricas y pobres
porque según se van analizando los datos se pueden hacer múltiples matizaciones. En consecuencia, y siguiendo la terminología utilizada por Ruiz Rodríguez et al. (1992, 402), hablaremos
de niveles de complejidad de los ajuares más que de riqueza y
pobreza.
Ballester Tormo ya en 1930 señaló algunas tumbas que consideró pobres frente a las ricas; e incluso les atribuyó género; por
ejemplo, las de hoyo eran las más pobres, las de urna ni las más
ricas ni las más pobres y los túmulos las más ricas (1930, 29, 30 y
32). Curiosamente, sin dar su número, estimó que la Sepultura X
es la “más rica, de mujer” de las tumbas (1930, 31). Ciertamente,
algunas de sus apreciaciones se acercan a nuestras propuestas
excepto por la atribución de género y riqueza.
La visión que ofrecen los análisis de Gini y PCA es de
un grupo muy jerarquizado donde destacan la Sepulturas X y
XIV, aunque por diversos motivos. Las otras tres agrupaciones
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revelando el pasado
Figura 7.9. Resultados del Análisis de Componentes Principales.
muestran diferencias menores, pero en el extremo opuesto se
sitúa el mayor número de tumbas (22) (fig. 7.9). Ahora bien, una
observación más detallada permite ver ciertas particularidades.
En la parte alta, destacan dos tumbas -X y XIV- por su abundante ajuar, siendo ambas estructuras tumulares medianas. La
Sepultura X carece de armas, pero tiene un alto número de cerámica importada, fusayolas, fíbulas y pasta vítrea (fig. 3.32); en
cambio, la XIV tiene una panoplia bastante completa además
de cerámicas y objetos personales (3.34). En la Sepultura X se
enterró a una persona adulta del cluster 1 y en la XIV hemos propuesto que sea un Infantil II-Preadulto o Preadulto del cluster 3,
por la asociación de armas (ver La Panoplia de Casa del Monte)
(tablas 4.6 y 7.2).
El segundo Nivel está formado por cinco sepulturas (I, II,
XVII, XVIII y XXIX). Todas son empedrados grandes excepto
la XVIII que es mediano. Otros aspectos en común son tener
un importante conjunto de armas, además de objetos personales, cerámicas u otros ítems poco comunes en Casa del Monte
(placa de hueso, tabas), a excepción de la Sepultura XVII que
sólo contiene la panoplia más completa de toda la necrópolis.
Los tres individuos identificados son dos Infantil II-Preadulto y
un Preadulto; mediante la asociación de armas, proponemos que
las sepulturas XVII y XXIX contuvieron sendos Adultos (ver La
Panoplia de Casa del Monte) (tabla 4.6). Las cinco tumbas están
repartidas entre los cuatro clusters (tabla 7.2).
El tercer Nivel tiene nueve tumbas (V, VII, VIII, IX, XV,
XXIII, XXIV, XXX y XXXIV). Seis son empedrados, cinco
medianos y uno pequeño; las otras tres son tumbas en hoyo. El
ajuar común a todas son los objetos personales y la presencia de
armamento y cerámica es mayoritaria. Los individuos enterrados son cinco Adultos, uno de ellos posiblemente femenino, y
un solo Preadulto. A diferencia de lo que sucede en el conjunto
anterior, tres de los Adultos (VII, VIII y IX) tienen panoplias
bastante completas. Están repartidas entre los clusters 1 (4), 2
(1) y 3 (4) (tabla 7.2).
El cuarto Nivel es el más numeroso (22) como se puede
esperar de una sociedad jerarquizada. En este conjunto solo cuatro tumbas son empedrados, dos grandes (VI y XXXVI) y dos
167
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 7.2. Síntesis de clusters, rangos de edad y niveles de complejidad.
Sepultura
Tipo tumba
Nivel complejidad
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
IX
X
XI
XII
XIII
XV
XVIII
XXI
XXIII
XXIV
XXXVI
E+/E+/EEH
EH
H
E+/E inc
E+
3
1
4
4
4
3
2
4
3
3
4
Adulto Femenino
Adulto
Adulto joven > 14 años
Adulto
2
2
2
2
2
2
2
I
XXXVI
XXXI
XXXII
XXXIII
XXXIV
XXXV
E+
H
H
H
H
H
H
2
4
4
4
3
3
4
Preadulto
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
II
III
IV
V
VI
VII
XXXVIII
VIII
XIV
XXVIII
XXIX
XXX
E+
H
H
E+/E+
E+/H
H
E+/H
E+
H
2
4
4
3
4
3
4
3
1
4
2
3
Infantil II-Pread
Adulto joven fem
fin V - inicio IV a. C.
inicio III a. C.
inicio III a. C.
inicio III a. C.
Adulto
Preadulto
Adulto Masculino
Preadulto
primera mitad IV a.C.
fin V - inicio IV a. C.
IV a. C.
inicio siglo III a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
4
4
4
4
4
4
4
4
XVII
XIX
XX
XXII
XXV
XXVI
XXVIII
XVI
E+
H
H
H
H
E+
H
H
2
4
4
4
4
4
4
4
Adulto
Preadulto
Adulto >30 años fem
Preadulto
Cluster
pequeños (XI y XII). En cuanto a los ajuares, destaca la escasa
presencia de armas en solo cuatro tumbas (III, XIX, XX y XXXI).
Los objetos personales están presentes en el 40% de las sepulturas y el 77% tiene cerámicas. Sólo tres carecen de ajuar (VI,
XXVIII y XXXV). Los individuos enterrados son seis Adultos
y tres Preadultos. La distribución entre los clusters es homogénea con cinco en los tres primeros y siete en el cuarto (tabla 7.2).
168
Rango edad /sexo
Adulto joven
Infantil II-Pread
Preadulto
Adulto
Adulto
Adulto
Adulto Masculino
Cronología
mediados IV a. C.
mediados IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
segunda mitad V a. C.
IV a. C.
IV a. C.
inicio IV a. C.
fin-inicio IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
inicio IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
Merece una explicación la Sepultura VI. Se trata de un túmulo
grande, situado aparentemente en el centro de la necrópolis, en el
que no se encontró ajuar, aunque sí había restos de mancha negra
con cenizas junto a la pared O. ¿Pudo ser un cenotafio como ya
apuntó Ballester Tormo? Un cenotafio es un monumento erigido
por familiares o la comunidad en memoria de una persona fallecida
lejos de su lugar de origen o cuyo cadáver no pudo ser recuperado,
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revelando el pasado
A
B
Figura 7.10. Imágenes con guerreros caídos en combate. A: Castellar (Oliva) (fotografías Arxiu Museu Arqueològic de Catalunya; dibujo
P. Mas Hurtuna). B: Libisosa (Lezuza) (fotografía y dibujo H. Uroz Rodríguez).
implicando que éstos siguen perteneciendo a la comunidad. En
efecto, estos monumentos cenotáficos se encuentran en necrópolis
excavadas y publicadas con posterioridad, como en El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz, 1987), Estacar de Robarinas (Linares) (Blázquez
Martínez y García-Gelabert 1987, 187) y, tal vez, en Cabezo Lucero
(Guardamar del Segura) (Aranegui Gascó et al. 1993, 30), entre
otras. Además, guerreros caídos en combate se muestran en sendas
cerámicas de Castellar de Oliva y Libisosa (fig. 7.10), y pudieron
ser recordados en sendos cenatofios.
Las diferencias observadas en los niveles de complejidad
de los ajuares podrían explicarse por razones de edad, género
y/o estatus social. Sobre edad y género, los datos aportados
por la antropología física no son concluyentes ya que la mayor
parte de los enterramientos pertenecen a Adultos o Preadultos
alofisos. Y en cuanto al estatus, resulta tentador relacionar los tres
primeros niveles con gente de armas frente a otras actividades,
sin determinar, que estarían recogidas en el cuarto nivel más
numeroso. No obstante, tampoco los datos son concluyentes y
169
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la necrópolis ibérica de casa del monte
no debe olvidarse que esta necrópolis tiene un sesgo de edad
muy definido que, en nuestra opinión, condiciona cualquier
interpretación.
La distribución de los niveles de complejidad en los clusters
1, 2 y 3 es similar, en cambio el cluster 4 tiene el mayor número
de tumbas del nivel inferior (fig. 7.12).
7.3.3. Algunos apuntes sobre género y condición
social
Lecturas más atentas y críticas permiten explicar los datos anteriores desde otras perspectivas como el género y la condición
social de los individuos, sin perder de vista que, más allá de la
voluntad del difunto/a, el enterramiento lo llevan a cabo los vivos
que van a decidir sobre el desarrollo del proceso ritual.
La Arqueología de la Identidad se dedica esencialmente “a
averiguar el modo en que los grupos del pasado se concebían a
sí mismos y a su posición en el mundo, es decir, a comprender su
orden de racionalidad” (Hernando Gonzalo 2002, 45). La identidad no es algo natural, sino que se establece por asociación de
uno mismo a algo o alguien a quien parecerse y a través de ello
diferenciarse de los demás. La primera identificación de todo ser
humano se hace con los que le rodean de forma inmediata, es
decir, progenitores y grupo social. En consecuencia, la identidad
es ante todo social y/o cultural ya que se construye interactuando
con otras personas y bajo determinadas condiciones materiales
de vida. Los seres humanos a lo largo de nuestra vida desarrollamos distintas identidades (Hernando Gonzalo 2002, 50-51).
Identidades que pueden tener su reflejo en la cultura material de
los espacios habitados y funerarios.
Esta necrópolis no permite un análisis profundo sobre identidad de sexo/género ya que los datos antropológicos, como
se ha señalado en repetidas ocasiones, son poco concluyentes
(ver Estudio Antropológico). Teniendo en cuenta, además, que
todavía no se han detectado pautas de comportamiento en el
ritual funerario ibérico, no debería hacerse esta clase de atribuciones sin contar con una amplia información antropológica
e iconográfica. Sin embargo, por ser la primera aproximación
a este tema, es interesante recoger las asociaciones tumba/
sexo hechas por Ballester Tormo hace casi un siglo (1930,
31, 34-37).
Ya se ha señalado que la Sepultura X la consideró femenina,
pese a ser la más rica, por carecer de armamento y tener fusayolas, fíbulas y cuentas de pasta vítrea. La presencia de fusayolas,
y otros objetos vinculados a la actividad textil, suele utilizarse
para catalogar un ajuar como femenino tipo, algo que no se puede
afirmar categóricamente como ha demostrado un reciente trabajo
sobre necrópolis del sureste peninsular (Antón Espí et al. 2022).
A los ejemplos recogidos por estas autoras, hay que sumar Casa
del Monte donde las fusayolas se encuentran en seis sepulturas y
ninguna de ellas tiene el sexo determinado, aunque sí el rango de
edad en dos casos: la Sepulturas X (8) y XXIII (1) con un Adulto
y un Preadulto respectivamente.
Para Ballester Torno, las tumbas masculinas tipo siempre
tienen armamento más o menos abundante, alguna fíbula, placa
de cinturón y pinzas, citando como ejemplos las Sepulturas II,
XIX y XXIX. De acuerdo con el análisis antropológico, las dos
primeras pertenecen a individuos Infantil II-Preadulto, mientras que la XXIX carece de restos conservados. Las femeninas
170
tienen ante todo ornamentos, fusayolas y algún cuchillo, poniendo
como ejemplo, además de la X, las Sepulturas XVI y XVIII. Sin
embargo, en la XVI se ha identificado un individuo masculino
adulto y la XVIII contenía un Infantil II-Preadulto.
Antes de iniciar cualquier explicación, conviene recordar
que sólo se han conservado restos humanos de 19 sepulturas,
es decir, el 50% de las excavadas. De las cuales son de Adulto
el 52,5%, de Adulto joven el 2,5%, de Preadulto el 26,5% y de
Infantil II-Preadulto el 10,5 %. Con sexo asignado tan sólo hay
cinco individuos (26,3%): dos masculinos adultos (Sepulturas
VIII y XVI), un femenino Adulto-joven y dos probables femeninos adultos (Sepulturas III, IX y XX). Como la mayoría carece
de sexo determinado resulta difícil una interpretación en base a
ello. Dicho esto ¿qué nos aporta, en la actualidad, la asociación
antropología/registro material?
La Sepultura XVI, como se acaba de comentar, no corresponde al “ideal” de tumba masculina al carecer de armas,
mientras que la VIII tiene armas, cerámicas u objetos personales. Ambas son masculinas, en hoyo, con urna y sin urna
respectivamente.
La Sepultura III de una Adulta joven, en hoyo y con urna,
tiene un ajuar escaso en el que se incluye una punta de lanza;
la IX, de posible femenina Adulta, es un empedrado con armamento, fíbulas, pinzas y cerámica; y la XX, en hoyo con urna,
contenía una falcata y una fíbula, pertenece a una posible mujer
Adulta mayor de 30 años. Todas ellas, pues, con algún arma y,
por tanto, también alejadas del “ideal” femenino.
En definitiva, los cinco casos determinados no siempre se
corresponden con el “ideal” de enterramientos masculino (con
armas) o femenino (ornamentos y fusayolas), siendo un argumento más para dejar de hacer estas atribuciones subjetivas y
actualistas ya que la presencia o ausencia de determinados ítems
en los ajuares puede estar determinada por otras circunstancias
como la condición social y la edad.
La amortización de ajuares supone una pérdida de “riqueza
económica” para el grupo al que pertenece el individuo y, en consecuencia, pueden ser la condición social y edad las motivaciones
que llevan a depositar un determinado ajuar. Es decir, siguiendo
a Tarlow (en Arnold 2006, 137) porque los objetos del ajuar son
los que se han considerado apropiados para la transición de los
individuos de la vida a la muerte.
La condición social o estatus hace referencia al prestigio
social del individuo, prestigio que puede quedar reflejado en
los ajuares funerarios al formar parte de una pauta institucionalizada que no necesariamente implica riqueza. Según la
sociología, el estatus puede ser adscrito o heredado, es decir,
inherente a la posición social por nacimiento; o bien adquirido, es decir, obtenido por méritos propios. Los criterios
adscriptivos evalúan y clasifican a los individuos en función
de atributos que son independientes de su voluntad, como el
sexo, la edad o el grupo social de nacimiento; sólo cambian
a lo largo del ciclo vital biológico. En cambio, los criterios
adquisitivos evalúan y clasifican a los individuos por lo que
hacen, no por lo que son, en consecuencia, necesitan acción.
Generalmente, la atribución de estatus combina ambas evaluaciones, siendo dominante la adscripción en las sociedades
tradicionales (Giner San Julián et al. 2006, 14, 15 y 306; Parsons 1976, 92-96 y 116-117).
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revelando el pasado
Figura 7.11. Pirámide de mortalidad.
A pesar de la ausencia de ancianos e infantiles, cuyo destino final desconocemos, utilizaremos la dicotomía adscripción/
adquisición como variable analítica para justificar la presencia de
determinados objetos en el ajuar teniendo en cuenta los grupos
de edad identificados en Casa del Monte. Así mismo, gracias a
asociaciones significativas del armamento, hemos propuesto la
asignación a un grupo de edad a alguna tumba sin restos óseos
de acuerdo con lo planteado en líneas anteriores.
La pirámide de mortalidad es coherente con un ciclo demográfico normal. Es decir, una vez superados los años difíciles de
la infancia, la mortalidad disminuye hasta la edad adulta (fig.
7.11). Aunque no existe certeza, una parte de los Preadultos y
Jóvenes pudieron ser femeninos y haber fallecido como consecuencia de problemas derivados de los embarazos y partos, pero
sólo la Sepultura III corresponde, con seguridad, a una mujer
adulta joven.
Los Adultos están repartidos de forma similar entre los cuatro
clusters así como entre los Niveles de complejidad (fig. 7.12 y
tabla 7.2). La mayoría de ellos se engloban en los Niveles 3 y 4
incluidos dos femeninos y los dos masculinos. Algunos elementos significativos de los ajuares como son las armas y las copas
áticas deben considerarse propios de su condición de adultos, que
pudieron ser adquiridos a lo largo de su vida y, en consecuencia,
apropiados para acompañarlos al más allá.
Los Adultos jóvenes son tres y están incluidos en los clusters
1 (2) y 3 (1). Se reparten entre los Niveles 3 y 4 de complejidad
(uno y dos respectivamente) (fig. 7.12 y tabla 7.2). Todos ellos
tienen ajuares propios de un estatus adscrito y de su condición
de personas al inicio de su vida adulta.
Los seis Preadultos se distribuyen entre los cuatro Niveles
de complejidad 1 (1), 2 (1) 3 (1) y 4 (3), como la mayoría de
los Adultos, y también se encuentran repartidos entre los cuatro
clusters (fig. 7.12 y tabla 7.2).
Los individuos de las Sepulturas I, XIV, XIX, XXIII y
XXXVIII se enterraron con ajuar de Adulto por las armas y la
cerámica ática. Para las Sepulturas I y XIX, ambas con una panoplia bastante completa, se plantean, al menos, dos hipótesis: o
bien, las armas las adquirieron tras su participación en un rito de
paso hacia la edad adulta (fig. 7.13); o bien, fallecieron antes de
participar en el mismo y por razón de herencia fueron enterrados
con ellas. En cambio, las copas áticas de las Sepulturas XXXVIII
y XXIII deben corresponder a un estatus adscrito, lo mismo que
la urna y tapadera de la Sepultura XXII. Tres de ellas son túmulos (I, XIV y XXIII).
En este grupo de edad, se aprecian mayores diferencias de
trato que entre los adultos, lo que puede atribuirse a la condición
social del grupo al que pertenecía el individuo enterrado.
Los dos Infantiles II-preadultos están dentro del Nivel 2 (II
y XVIII) y en los clusters 1 y 3 (fig. 7.12 y tabla 7.2). Tienen en
común el tipo de tumba -túmulo grande-, presencia de soliferreum
y placa de cinturón. El individuo de la Sepultura II tiene además
un puñal y un cuchillo, y el de la XVIII sólo tiene una vaina y
las únicas tabas encontradas en la necrópolis.
Si bien las tabas pudieron ser piezas personales del individuo
enterrado además de las consideraciones hechas anteriormente,
los otros ítems deben considerarse como objetos de un estatus
adscrito ya que, por edad, no pudieron adquirir esas piezas de
armamento (puñal, vaina, soliferreum y cuchillo).
Algo similar se puede decir de las placas de cinturón, algunas
de gran tamaño (figs. 4.13-4.15). Tres de ellas están en tumbas
de Preadultos o Infantiles II-preadultos (I, II y XVIII) asociadas
a panoplias bastante completas (tabla 4.6); y otras dos sin restos
humanos recogidos: la XIV con armas y la XXIV con sólo dos
regatones. Sobre la Sepultura XIV ya hemos señalado que puede
pertenecer a un Preadulto por la presencia de un puñal, soliferreum y placa de cinturón.
Otras armas que probablemente sean un indicador de grupo de
edad y, en consecuencia, de condición social, es la espada/falcata
y el soliferreum. Del total de falcatas y espadas (7), cuatro están
en tumbas de Adultos y una de un Preadulto; nuestra propuesta
es que las Sepulturas XVII y XXIX, que carecen de restos óseos
conservados, pertenezcan a Adultos por incluir en su panoplia
espada y falcata, respectivamente (tabla 4.6).
De los ocho soliferrea catalogados, tres están en tumbas de
individuos Infantil II-Preadulto o Preadulto (I, II y XVIII) y sólo en
una de Adulto (VII). Cuatro carecen de restos óseos recogidos, pero
a los Infantil-II-preadulto y Preadulto se puede añadir la Sepultura
XIV por las razones esgrimidas anteriormente (tablas 4.6 y 7.2).
Sin poder descartar otras posibilidades ¿podría el soliferreum ser un
arma especialmente adecuada para estos individuos más jóvenes o
inexpertos? Aunque pueda parecer extraña esta atribución, hay que
considerar la existencia de paralelos antropológicos de armas de
gran envergadura utilizadas eficazmente por personas con menos
fuerza física. Un ejemplo notable es la naginata japonesa, un arma
de asta larga empleada históricamente por mujeres samuráis y monjes guerreros, aunque en este caso no es arrojadiza (Amdur 2023)23.
En el caso del soliferreum, a pesar de su considerable longitud, su
naturaleza de arma arrojadiza ofrece ventajas significativas para
un combatiente novato. Con un entrenamiento básico, puede lanzarse para desorganizar formaciones enemigas, permitiendo al
usuario mantenerse a una distancia segura del peligro inmediato.
Esta característica contrasta marcadamente con armas como la
espada o la falcata, que requieren un combate cuerpo a cuerpo y
demandan un alto nivel de destreza y experiencia para su manejo
efectivo. Así, el soliferreum podría representar una opción táctica
valiosa para integrar a guerreros jóvenes o menos experimentados
23 Agradecemos la información al Dr. Joaquín Jiménez Puerto.
171
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.12. Grupos de edad por clusters y niveles de complejidad.
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revelando el pasado
En conclusión, los Niveles de complejidad del ajuar y rangos de edad se distribuyen equilibradamente entre los diferentes
clusters (fig. 7.12 y tabla 7.2), lo que avala la hipótesis de que
se trata de agrupaciones de carácter familiar.
7.4. LAS PRÁCTICAS RITUALES
Figura 7.13. Lebes de Edeta/Tossal de Sant Miquel (Llíria), con dos
jóvenes enfrentados en un rito de paso (Archivo fotográfico SIP).
en el campo de batalla, proporcionándoles un medio para contribuir
significativamente al combate mientras minimizaban su exposición
al riesgo directo.
Y, por último, señalar que las tres sepulturas femeninas contienen armamento dentro de los dos niveles más bajos: la adulta
joven de la Sepultura III solo tiene una lanza (Nivel 4); la adulta
> de 30 años de la Sepultura XX tiene una falcata con su vaina
(Nivel 4) y la adulta de la Sepultura IX tiene una panoplia casi
completa (Nivel 3). Cada vez hay más ejemplos de sepulturas
femeninas con armamento, tras el ya aceptado caso de la Dama
de Baza, pero no se ha hecho un análisis exhaustivo de todos
ellos (Chapa Brunet e Izquierdo Peraile 2010; Antón Espí et al.
2022, 82-85). En Casa del Monte, las tres mujeres son adultas
y sólo la IX tiene una panoplia de tres armas, por tanto, se pueden considerar ajuares tanto adscritos como adquiridos que, en
virtud de alguna cualidad o circunstancia desconocida, tuvieron
derecho a enterrarse con ellas.
El ceremonial funerario consta de una serie de acciones sucesivas
o simultáneas que se resumen en siete (Bartel 1982, 52-53, fig.
1). En cada una de ellas se desarrollan prácticas diversas que se
observan a través del registro arqueológico mediante restos materiales e iconografía (tabla 7.3) o son inferidas. Todo el proceso
puede ir acompañado de música y lamentaciones de familiares,
allegados o plañideras, como queda patente a través de la iconografía (fig. 7.14). Es la reiteración de determinadas prácticas
rituales lo que permite su identificación.
En Casa del Monte los únicos documentos disponibles para
describir algunas acciones llevadas a cabo son los restos recuperados y la lectura atenta de los dos diarios de excavación
conservados. Como ya se ha recogido en los capítulos precedentes, unas veces la descripción es minuciosa; otras, es descuidada
e incompleta; y, en pocos casos, no hay información alguna.
Las acciones y prácticas identificadas e inferidas en Casa del
Monte son: preparación de la tumba, preparación del difunto,
traslado a la pira, cremación y enterramiento, depósito de ajuar
y ofrendas, libaciones y cierre de la tumba (tabla 7.3):
1. La preparación de la tumba es una acción indispensable
tanto si es una gran tumba como un simple hoyo. Su construcción puede ser previa, simultánea o posterior a otras acciones.
En esta acción hay que tener en cuenta la elección y preparación
del lugar, así como la selección del tipo, tamaño y materiales de
la tumba que pueden variar según la edad, género y estatus, entre
otras circunstancias, del individuo enterrado y sus familiares. Así
mismo, al tratarse de un ritual de cremación también debe tenerse
en cuenta la recogida y selección previa de la madera tanto por la
información ambiental como ritual que puede aportar.
Tabla 7.3. Etapas del ceremonial funerario (adaptado de B. Bartel 1982).
Acción
Práctica
Muerte
Comunicación
No
Preparación tumba
Construcción
Sí
Preparación cuerpo
Mortaja; Vestido; Otros
Sí
Velatorio
Banquete; Música
Entierro extramuros
Traslado
Sí
Cremación
Sí
Enterramiento
Sí
Ofrendas
Sí
Ceremonia cierre
Banquete; Música; Otros
Duelo
Visitas a la tumba
Restos materiales
Sí, No
Sí, No
No
173
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.14. 1: Detalle de exposición del difunto y lamentos sobre cerámica del periodo geométrico (Museo Arqueológico Nacional, Atenas); 2: Crátera ibérica pintada con desfile de guerreros y músicos (nº inv. 5448. MICG/DA250001, Archivo fotográfico del Museo de Arte
Ibérico El Cigarralejo). Siglos III-II a. C.
En Casa del Monte la piedra utilizada para construir los túmulos es local y, por las fotos y descripciones conservadas, sólo se
careaba por el exterior (fig. 3.9). Las escasas muestras de carbón
recogidas también indican un uso local de la madera (tabla 5.3)
(ver Pasto de las llamas).
El enterramiento se produce mayoritariamente en el mismo
lugar de la cremación (66 %); del 16% se señala explícitamente
que no se encontraron tierra quemada, carbones o cenizas, siendo
a partes iguales hoyos o estructuras tumulares. Los demás son
enterramientos de los que apenas hay datos o están parcialmente
destruidos (18%) (tablas 3.1 y 3.2).
La orientación de los empedrados, como se puede ver por
los restos conservados, es NE-SO (figs. 3.8, 3.14, 3.19, 3.20 y
7.4), orientación que se mantiene incluso en alguna pira (Sepultura VII), la construcción de algunos loculi (Sepulturas XXXI y
XXXIV) y la colocación del ajuar (Sepultura XX). La orientación
del ajuar de la Sepultura XIX es la opuesta (NO-SE) (fig. 7.19),
según las anotaciones del diario de excavaciones.
Tanto los túmulos como los loculi debieron construirse después de la cremación ya que, en numerosas ocasiones, Ballester
Tormo indica que las piedras perimetrales y de los rellenos están
manchadas de ceniza y quemadas por debajo. En algún caso,
también anota que las cenizas sobresalen de la construcción tumular (Sepulturas V y VII); en otros, señala la presencia de tierra
“cocha” cubriendo el suelo natural (Sepulturas III, XIV y XXXII)
y casi siempre recubriendo las paredes de los loculi (Sepulturas
VIII y XXXIV), como tapadera de los mismos (Sepulturas I,
II, IX y X) y cubriendo el ajuar (Sepulturas X, XVIII, XXX y
XXXII).
Todo ello indica una cuidadosa preparación del espacio funerario y la existencia de normas, algunas de las cuáles pueden pasar
desapercibidas como el hecho de que el enterramiento debe aislarse del suelo natural, de ahí las cenizas, tierra “cocha”, loculi
enlucidos o el uso de urnas (Mata Parreño 1993, 437-438).
2. Previa o simultáneamente a la acción anterior se prepara
al difunto/a. La mayoría de estas prácticas quedarán destruidas
durante la cremación, pero sí se puede afirmar que los/as difuntos/
174
as se colocaron en la pira vestidos o amortajados con objetos personales. Indicios de ello son el armamento y algunas piezas de
indumentaria quemados, así como los restos óseos con pigmentación de hierro y bronce (fig. 6.4) (ver Estudio antropológico). Por
el contrario, casi ningún ítem cerámico fue sometido a un fuego
intenso, excepto en la Sepultura XI, un fragmento cerámico; en
la XII, un bolsal; y en la XXVI, una fusayola.
Las zonas quemadas que muestran otras piezas se deben más
al contacto con los huesos, carbones y cenizas todavía calientes
que a una exposición directa al fuego.
Todas las armas estuvieron en la pira con cierto grado de
intensidad. Así, por ejemplo, sólo se han detectado restos de las
cachas en un falcata (Sepultura XX) (ver Artesanías óseas) (fig.
4.46); fragmentos de la vaina suelen aparecer sueltos y/o adheridos a la hoja (figs. 4.22, 4.23, 4.26 y 4.27); las puntas de lanza
casi siempre van acompañadas del regatón, pero el astil debió
quitarse o quemarse (tablas 5.2 y 5.3); y armas adheridas entre sí
(fig. 7.15). También es frecuente encontrar laminillas de bronce
adheridas a armas de hierro (fig. 7.15); y en bastantes armas se
han conservado restos de madera quemada como en los puñales de la Sepultura II y XIV (figs. 5.5, 5.7 y 7.15) (ver Pasto de
las llamas).
En cuanto a los objetos relacionados con la indumentaria o
el ornamento, la pauta es diferente. Sólo tres de las cinco placas
de cinturón se colocaron en la pira (Sepulturas I, XIV y XXIV)
a pesar de que las cinco se encuentran en tumbas con armamento
(figs. 4.14, 4.15 y 7.16).
Las fíbulas también tuvieron un tratamiento diferencial pues
sólo algunas se depositaron en la pira (Sepulturas I, VII, X, XV,
XXIII, XXIV, XXX, XXXI y XXXII); sólo tres de estas tumbas
carecen de armamento (Sepulturas XV, XXXI y XXXII) y cuando
hay varias fíbulas no todas se han quemado (fig. 7.16). Alguna
de las pulseras también pudo pasar por la pira (Sepulturas XIX
y XXXI); en cambio, ni los anillos ni las pinzas se introdujeron
en el fuego (figs. 4.18 y 4.19).
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revelando el pasado
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3
Figura 7.15. 1: punta y cuchillo adheridos de la Sepultura XXXIV (MPV 7 y 8); 2: detalle de punta de lanza con laminillas de bronce adheridas de la Sepultura I (MPV 47771); 3: restos de madera en puñal de la Sepultura XIV (MPV 35) (fotografía archivo SIP).
Otros ítems, únicos en la necrópolis, fueron quemados
con el cuerpo, como la pasta vítrea de la Sepultura X (fig.
3.32), la pequeña placa de hueso calcinada de la Sepultura
I (fig. 4.45), la placa de boj (Sepultura XI), los higos, las
bellotas y el pan carbonizados de la Sepultura VII (figs. 5.12,
5.16-18 y 5.20).
3. Tras la preparación y velatorio, se produce el traslado hasta
el lugar de enterramiento seleccionado, desde el hábitat o espacio cultual. Traslado que podría hacerse a hombros o sobre un
carro como se ilustra sobre cerámicas del periodo geométrico en
Grecia; y, en el mundo ibérico, se puede inferir a través de las
ruedas de carro depositadas en algunas necrópolis como Toya
(Peal de Becerro) y Mirador de Rolando (Granada) (Cabré Aguiló
1925, 90-91, figs. 21 y 22; Arribas Palau 1967, 74, figs. 7 y 8) y
un exvoto de carro en relieve de la tumba 107 de El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz 1987, 243 y 585, lám. XIX, 1) (fig. 7.17). La
música que pudo acompañar estas procesiones y estar presente
en las ceremonias celebradas a lo largo de todo el proceso tiene
un testimonio indirecto en la decoración de un recipiente de El
Cigarralejo (fig. 7.14, 2).
4. El espacio para la cremación debería estar acondicionado
a la llegada del cortejo funerario ya que el enterramiento se produce en el mismo lugar. La cremación como se deduce de los
restos óseos recuperados fue intensa (temperatura en torno a 700º
C) y con el cuerpo fresco debido al tipo de fragmentación de los
huesos (fracturas transversales y onduladas, fisuraciones longitudinales irregulares, deformaciones y torsiones) (ver Estudio
antropológico y Anexo II).
Algunos huesos presentan alteraciones indicativas de
haber estado al aire libre tras la cremación. Esta exposición
pudo ser necesaria para enfriar los restos óseos antes de su
recogida y depósito definitivo en loculi y urnas o por estar
dispersos entre cenizas y carbones. Su cantidad es inferior a lo
esperado, lo que puede deberse tanto a la intensa cremación,
como a una selección tras la cremación, durante la excavación o varias de estas circunstancias a la vez (ver Estudio
antropológico y Anexo II).
5. Los loculi estaban enlucidos y, tras colocar los restos de
la cremación y ajuar, se tapaban con tierra endurecida por contacto con el calor (“cocha”) (fig. 3.58); también las urnas suelen
estar tapadas por tapaderas cerámicas o de piedra. Ballester
Tormo no siempre relata la disposición del ajuar, pero en algunos casos detalla el depósito cuidado con superposición de las
armas (Sepulturas I, II y XVII); en otros, anota que el ajuar está
disperso entre las cenizas (Sepulturas III, V, VII, X, XI, XII y
XVIII), en el interior del loculus o urna (Sepulturas IV, XIII,
XVI y XXXVIII) o bien repartido entre las cenizas y el loculus
o urna (Sepultura IX).
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la necrópolis ibérica de casa del monte
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Figura 7.16. 1: placa activa de sepultura XXIV (MPV 62); 2: dos
fíbulas de la Sepultura XXIII, una deteriorada por el fuego y otra
incólume (MPV 47129 y 72) (Archivo SIP).
En este sentido es curioso el comentario que Ballester Tormo
(1930, 31) hace sobre la disposición del ajuar en las tumbas: “…
mostrábanse también las armas u objetos de adorno; viéndose
dispuestas, generalmente con cuidado, las piezas que, por ser de
buen tamaño, fueron fácilmente perceptibles entre los restos de
la hoguera; hallándose las más pequeñas revueltas y mezcladas
con los fragmentos de huesos, entre las cenizas; notándose en
algún caso un manifiesto desorden, revelador de poco cuidado,
tal vez de falta de amor en los encargados de disponer restos y
ofrendas en el hoyo”.
176
En esta necrópolis apenas se ha detectado la inutilización
ritual de las armas como sucede en otros casos (Quesada Sanz
2010, 253-254). Más bien parecen acciones necesarias para introducirlas en la sepultura.
Las dos falcatas, las espadas y los puñales se conservaban
completos, incluso con partes de la funda adheridas (figs. 4.22,
4.23 y 4.26). En la Sepultura IX se indica que la espada estaba
partida en dos; se introdujo dentro de un loculus de 10 cm de
profundidad, y sólo así se pudo meter dentro.
Las lanzas pudieron quemarse en la pira, pero del astil apenas quedan algunos carbones en el interior del regatón (fig. 5.6;
tablas 5.2 y 5.3). A la hora de recoger el ajuar, solo se recuperaba la punta y/o el regatón pues suelen aparecer asociados (tabla
4.6). La punta de lanza de la Sepultura VIII se encontró rota en
el interior del loculus de 60 cm de profundidad.
Los soliferrea pasaron necesariamente por una inutilización
ya que por su longitud no hubieran cabido en las sepulturas. En
Casa del Monte se encuentran muy fragmentados y doblados
sobre sí mismos (figs. 3.22-3.24, 3.28 y 3.29). En algún caso,
como se conserva en la Sepultura XXIX (fig. 4.30) o se describe
en la Sepultura XVII, se enrollaron algo más: “primero una hoja
muy afectada por el óxido que nos parece de jabalina, y que se
ve se acababa de desunir de otro trozo, y luego unas como varillas de hierro una, revuelta sobre sí misma como formando una
doble curvatura, que mide 1’23 mts y otro que también parece
curvarse por uno de los extremos que tiene 0’57 de medida. La
curvatura de éste parece coincidir con la del otro trozo en cuyo
caso debió medir tal vástago 1’80 mts, á los que sumado los 9 cts
que mide la pequeña hoja, dan un total de 1’89, medida posible
de una jabalina soliférrea”. Es evidente que para doblar e inutilizar las armas se tuvo que hacer en caliente y con la ayuda de
herramientas de herrero. Tarea que pudo hacerse durante la cremación, antes o después, acción ritual que apenas se contempla
(Oltean 2021, 104).
Algunas descripciones han permitido aproximarse a la gestualidad de los depósitos. En la Sepultura I, el ajuar, que estuvo en
contacto con el fuego, se colocó horizontalmente sobre el loculus
tapado, lleno de cenizas y huesos: en primer lugar, las pinzas, la
placa de hueso y el soliferreum; a continuación, en paralelo, la
espada con su vaina, punta de lanza y regatón y la placa de cinturón. La fíbula, el cuchillo y las anillas del escudo no aparecen
en la descripción (fig. 7.18).
En la Sepultura II, el ajuar totalmente metálico se depositó en
el interior del loculus, en horizontal sobre las cenizas y huesos,
en orden inverso al de la Sepultura I (fig. 7.18): puñal, soliferreum, cuchillo, anilla y placa de cinturón. Después se cubrió
todo con tierra “cocha”. El loculus estaba en el lado NO de la
tumba. Como en el caso anterior todos los elementos estuvieron
en contacto con el fuego.
La Sepultura IX tenía el loculus en el lado SO lleno de cenizas
y huesos sobre los que se depositó el ajuar metálico, sin horizontalidad, estando rota la espada. Todo se tapó con tierra “cocha” y
al exterior se encontraron fragmentos de cerámica.
En la Sepultura X el ajuar apareció disperso y alrededor del
loculus, siendo lo más reseñable que las fusayolas estaban colocadas alineadas en los lados NE-SE del mismo y tapadas, al igual
que la fosa, con tierra rojiza.
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revelando el pasado
Figura 7.17. Relieve en bloque de piedra arenisca de un carro tirado por dos caballos de la tumba 107 de El Cigarralejo (Mula) (fotografía
E. Collado Mataix).
Figura 7.18. Depósito del ajuar en las sepulturas I y II (D. Lucendo Díaz).
La Sepultura XVII, con ajuar exclusivamente metálico, tenía
en la base una capa de tierra rojiza sobre la que se depositó la
panoplia, cerca del lado NO, en este orden: cuchillo, escudo,
espada y, por encima de todo ello, el soliferreum doblado sobre
sí mismo (1,89 m, según diario) (ver supra).
A pesar de carecer de descripción del depósito, se ha podido
ver que en la Sepultura XIV el puñal se colocó primero, encima
la moharra y sobre el cubo se apoyó la placa activa de cinturón
(fig. 7.20), igual que en la Sepultura I.
Las tumbas de hoyo también presentan sus peculiaridades y
algunas semejanzas con las anteriores.
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.19. Depósito del ajuar en las sepulturas VIII y XIX (D. Lucendo Díaz).
La Sepultura III tiene la urna colocada en medio de la mancha
de cenizas y carbones, y entre ellos una punta de lanza y cerámicas. Debajo de las cenizas y carbones, la tierra está endurecida
por el fuego y como enlucida.
La Sepultura VIII tenía el ajuar en el interior del loculus que
se tapó con tierra cocida y piedras. La espada y la lanza rotas se
colocaron en la parte superior (fig. 7.19).
En la Sepultura XIX la urna estaba sujeta por unas piedras,
situada casi en el centro de una mancha de cenizas y carbones,
bajo la cual hay una capa de tierra cocida. Cerca de la urna, y en
dirección aproximada NO-SE, se colocaron enteras una espada y
una pequeña lanza superpuestas. Una fíbula rota estaba repartida
entre el interior y el exterior de la urna (fig. 7.19). En cambio, en
la Sepultura XX la falcata se colocó en dirección NE, también
junto a la urna.
En el interior de los loculi estaban también los ajuares de las
Sepulturas XXV, XXVI, XXXII y XXXIV, este último, cuadrado,
con dos lados bien conservados orientados NE-NO.
El loculus de la Sepultura XXXI tenía la misma orientación
que las estructuras tumulares, con el ajuar distribuido entre el
interior y el exterior del mismo. En este caso Ballester Tormo
señala que la poza “estaba hecha de barro amasado con paja y
hojas de encina”. El fragmento recogido no muestra improntas
de esas características (fig. 3.58).
178
6. Unas prácticas que pueden desarrollarse en cualquier
momento del proceso es la celebración de banquetes, libaciones
y colocación de las ofrendas. En Casa del Monte ante la casi total
ausencia de restos orgánicos serán los recipientes cerámicos los
que ilustren alguna de estas prácticas.
Los tipos cerámicos recuperados, aparte de las urnas y sus
tapaderas, son copas, botellas y algún plato, esto es vajilla que se
pudo utilizar en ceremonias de libación y/o comensalía (figs. 4.2
y 4.5-4.7). Tras la ceremonia la mayor parte de las copas, botellas
y platos se introdujeron rotas en las tumbas.
En tres enterramientos se practicó una ceremonia relacionada
con la bebida pues solo hay copas áticas en las Sepulturas X (6) y
XII (5) y en la XXI hay dos copas de barniz negro y dos botellas
ibéricas (figs. 3.32, 3.33 y 3.42). En cambio, para las Sepulturas
XXIII y XXXVIII con una sola copa no se puede afirmar con
tanta rotundidad (figs. 3.43 y 3.52).
Las botellas de las Sepulturas IV y V más el lote botella-plato
de la Sepultura III apuntan hacia un ritual de libación, en el que
jarros o botellas tenían un papel fundamental (figs. 3.25, 3.27 y
7.21). Los cuchillos no asociados a falcata, espada o puñal también pudieron utilizarse en actos de comensalía.
Diferenciar entre ofrendas y elementos del ajuar o restos de
un banquete no siempre es tarea fácil y requiere un análisis minucioso de todos los ítems recuperados.
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revelando el pasado
Figura 7.20. Puñal, lanza y placa de cinturón adheridos de la sepultura XIV (Archivo Fotográfico SIP).
Figura 7.21. Detalle de ánfora de figuras rojas, atribuida al Pintor de Berlin Painter (525 – 475 BC) (Ashmolean Museum, University of Oxford).
Así, por ejemplo, los restos de pan, las bellotas y los higos
recogidos en la Sepultura VII, por su escasez, los consideramos
ofrendas que se quemaron en la pira (figs. 5.12 y 5.16-18). Así
mismo, la pequeña pulsera de la Sepultura XVI la consideramos
una ofrenda al estar depositada en la tumba de un Adulto (ver
Apartado Pulsera) (fig. 3.35).
La pata de bovino de la Sepultura XIV también se interpreta
como una ofrenda al representar la parte por el todo e, incluso,
sustitutoria de un posible sacrificio y/o consumo cárnico, se depositó antes de cerrar la tumba pues no muestra marcas de fuego
(fig. 4.43). Las fusayolas, pulseras, placas de cinturón y fíbulas
sin quemar también pueden considerarse ofrendas que se colocaron en el momento del depósito.
Los astrágalos perforados de la Sepultura XVIII tampoco
están quemados, con lo que también se depositaron antes de cerrar
la tumba (fig. 4.49). Más allá de lo comentado en el apartado
correspondiente (ver Apartado Artesanías óseas) y de las múltiples incógnitas que plantea el hallazgo de estos huesos en tumbas,
y también en asentamientos y depósitos rituales (Blasco Martín
2022; Blasco Martín et al. 2024b), expondremos algunas de las
preguntas que nos hacemos sobre ellos.
¿Pudieron ser los restos de un banquete funerario o son piezas que el difunto utilizó/guardó en vida y se depositaron en la
tumba? ¿Simbolizan riqueza?
Es obvio que la obtención de estos huesos supone la muerte
y consumo de los animales en algún momento, en el caso de
Casa del Monte, un NMI de cinco ovicaprinos y un suido. De
los ocho astrágalos, sólo uno de ellos carece de modificaciones
antrópicas, tres presentan abrasión lateral y perforación y cuatro
sólo con perforaciones. La presencia de abrasiones (3) indica un
uso más o menos intenso de la pieza previo a su depósito; y lo
mismo se podría pensar de las perforadas (4). No obstante, en
este último aspecto hay que considerar que su realización no fue
muy cuidadosa ni homogénea en tres de ellas ¿Por la necesidad
de enterrarlas? ¿Estas tres últimas además de la que carece de
modificaciones (NMI 3) pudieron formar parte del banquete y
depositarse junto a los astrágalos personales del difunto/a?
De aceptar esta última posibilidad, sería el único indicio
directo de haber hecho un sacrificio y/o consumo cárnico.
Responder a la pregunta de si simbolizan o no riqueza resulta
más complejo, ya que es la única tumba que contiene astrágalos a
diferencia de lo que sucede en otras necrópolis (García Romero
2019; Blasco Martín en este mismo volumen), lo que impide una
comparación. El ajuar por número de ítems pertenece a la Categoría b y por Nivel de complejidad al Nivel 2, así mismo resulta
evocador que pertenezca a un Infantil II-Preadulto.
7. La penúltima fase es el cierre de la tumba. Las estructuras tumulares, con la piedra recogida del entorno inmediato, se
construyeron encima de los restos de la cremación. La altura
conservada es de apenas una o dos hiladas; el interior del cuadrado se rellenaba con piedras y tierra, no siempre con un orden
aparente.
En cuanto a los hoyos, se desconoce si tuvieron algún montículo o piedras indicando su posición. En algún caso, Ballester
Tormo señala que casi en superficie era visible una piedra debajo
de la cual estaba el enterramiento (Sepultura XIX).
8. Finalmente o de forma simultánea se podía realizar alguna
ceremonia, pero de ello sólo hay datos indirectos recogidos en
las líneas anteriores. Lo mismo sucede con la etapa del duelo y
posteriores visitas a las tumbas. Queda para la incógnita el posible uso ritual de las llamadas “mansiones”.
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8
Síntesis y reflexiones finales
En 2020 se cumplieron 100 años de la última campaña de excavación en Casa del Monte, siendo una de las primeras excavaciones de las que se conserva una documentación rigurosa para
los estándares de la época.
Las campañas fueron cortas y sufragadas de sua pecunia por
Isidro Ballester Tormo cuando visitaba Valdeganga para cazar.
Como era habitual, los materiales y la documentación estuvieron en su colección particular hasta el ingreso definitivo en el
Museu de Prehistòria de València casi 30 años después de la
última campaña.
En el único artículo que publica sobre Casa del Monte, en
1930, Ballester Tormo recoge muchas de las impresiones que
se pueden leer en sus diarios y anotaciones, pero también otras
que todavía sorprenden por la época en la que se emiten. Así,
habla de tumbas ricas y pobres, masculinas y femeninas, se
fija en los restos vegetales adheridos a los enlucidos y a algunas armas, apunta que algunos objetos se introdujeron rotos,
así como comentarios sobre el cuidado o no con que se depositaron las ofrendas en las tumbas y plantea que la Sepultura
VI fuera un cenotafio. Algo que en algún momento le pareció
una locura y que todavía, en general, cuesta aceptar. En solo
20 páginas hace una síntesis de los aspectos más relevantes
de la necrópolis.
Este libro es el resultado de la revisión de toda la documentación existente -planimetrías, fotos, diarios de excavación y,
especialmente, la variedad de materiales recogidos durante el
trabajo de campo-. La custodia de toda esta documentación en
el Museu de Prehistòria de València ha permitido su revisión
desde una perspectiva interdisciplinar y con métodos de análisis actuales.
Un aspecto a destacar del trabajo de campo de Ballester
Tormo es la recogida, aunque muy selectiva, de restos biológicos
como carbones, huesos de animales y humanos en un momento
en que no era lo habitual. En sus anotaciones en el diario siempre
se preocupa en señalar la presencia de cenizas y carbones en
cada sepultura, llamándole la atención cuando estos no aparecen.
Incluso se atreve a identificar paja y hojas de encina.
Así, gracias a los restos botánicos recogidos, hemos podido
saber cómo era el paisaje que rodeaba la necrópolis; las especies
vegetales empleadas como leña para la pira y elaborar objetos
como una excepcional placa de madera de boj finamente decorada cuya factura evidencia su fabricación por un/a artesano/a de
gran maestría; fibras para hacer cordeles; y ofrendas de alimentos como pan, bellotas e higos secos. El descubrimiento de pan
es excepcional en el mundo ibérico, aunque empieza a identificarse en más lugares; y, en cuanto a los higos, con más registros
conocidos, podrían considerarse como un cultivo ajeno a Casa
del Monte ya que no se han identificado carbones y la presencia
de azúcares indica que se depositaron secos.
También se han detectado aspectos que pueden parecer anecdóticos, como la aproximación a la edad en que fueron cortados
los árboles o a la estación en que se realizó uno de los enterramientos. Así, una ramita de carrasca o coscoja de 3 mm de
diámetro y 5 años de edad, conservando la corteza y por el estado
de crecimiento del anillo anual, se puede deducir que fue cortada el último año de su vida hacia finales de verano o principios
de otoño y se utilizó como combustible para la cremación de la
Sepultura XXVI.
En cuanto a los restos óseos de origen animal sólo constan un
pequeño conjunto de astrágalos, una placa, las cachas de una falcata y unos alfileres sin contexto. De todo ello, sólo los astrágalos
se han podido identificar taxonómica y tafonómicamente, dada la
transformación sufrida por los otros. A pesar de ello, sabemos que
estas tabas se consiguieron de especies domésticas y que algunas
de ellas tuvieron un uso previo a su introducción en la tumba.
Por su parte, el análisis antropológico de todas las cremaciones recogidas (19 de 38) ha aportado valiosa información sobre
todo de rangos de edad, temperatura de combustión de la pira
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la necrópolis ibérica de casa del monte
y recogida selectiva de los huesos, bien por los propios iberos
bien por el mismo Ballester Tormo. En cambio, la adscripción de
sexo ha sido escasa (5 de 19), como sucede en todas las necrópolis de cremación.
En suma, se trata de matizaciones de gran interés para completar la biografía de los objetos y sus contextos. Por ello, nos
sigue pareciendo necesario reivindicar la importancia de recoger
todos los restos biológicos, como parte del patrimonio histórico, y
hacer un estudio detallado de los mismos, con los que se puede ir
más allá del simple aspecto simbólico de su depósito en la tumba.
Los espacios funerarios son uno de los mejores indicadores
que ofrece el registro arqueológico para investigar las sociedades
pasadas complementándolo con el contexto doméstico correspondiente, del que carecemos en Casa del Monte.
El estudio de las tumbas y ajuares se ha centrado en los tipos
de continente, su organización espacial y los objetos depositados. Las cerámicas, el armamento y piezas de adorno personal
han aportado información sobre cronología y procedencia local,
regional o extrapeninsular. Así mismo, determinadas asociaciones de armas nos han servido para proponer un rango de edad en
tumbas que carecen de restos conservados, como los puñales para
individuos preadultos y las espadas o falcatas para los adultos.
El análisis comparativo de los enterramientos, su espacialidad y sus materialidades, ratifica la existencia de distintas
realidades sociales. Para ello, se han utilizado mayoritariamente
la cuantificación de ítems de cada tumba y su ponderación
teniendo en cuenta, también, el valor del continente. En nuestra aproximación a la estructura social de las personas enterradas
en Casa del Monte, hemos querido explorar otros métodos. Por
un lado, el clustering (algoritmo K-means) para visualizar la
organización de la necrópolis para lo que ha sido necesario utilizar las ortoimágenes obtenidas por drone, imágenes de Google
Earth, datos catastrales y el plano dibujado por Ballester Tormo.
Para determinar la desigualdad de los individuos enterrados
se aplicó el coeficiente de Gini y un Análisis de Componentes
Principales.
Como quiera que en Casa del Monte los datos no permiten
hacer una aproximación en clave de género, decidimos explorar
la vía de la condición social en relación con el rango de edad de
los individuos enterrados. Así observamos que las cuatro agrupaciones espaciales pueden explicarse por la existencia de lazos
de parentesco entre los enterrados: en cada cluster hay una tumba
más antigua; los Adultos y Preadultos están distribuidos de forma
más o menos equitativa; así como los niveles de complejidad; las
tres mujeres y los dos hombres identificados están distribuidos en
diferentes agrupaciones. El contenido de estas cinco tumbas no
avalan la existencia de un objeto o ajuar que determine el género:
las tres femeninas y solo una de las masculinas tienen armas; y
en ninguna hay fusayolas.
Por otro lado, la relación rango de edad y complejidad del
ajuar permite reconocer entre ajuares adscritos o heredados y los
adquiridos a lo largo de la vida. Como ejemplos de los primeros
dos empedrados con sendos preadultos: la Sepultura I contiene
una panoplia de cinco armas además de objetos de indumentaria;
y la Sepultura XXIII con un excepcional kylix de figuras rojas,
además de cerámica ibérica, un cuchillo y una fusayola.
En el segundo caso se incluirían las sepulturas tumulares
XVII y XXIX. La primera la hemos vinculado a un Adulto por
tener la panoplia más completa de la necrópolis, entre la que se
182
incluye una espada. La segunda corresponde a un Adulto, cuyo
ajuar contiene una panoplia de cinco armas, además de cerámica
ática e importada.
Finalmente se han identificado las etapas del proceso de
ritualidad desde la preparación del cadáver hasta el cierre de la
sepultura, último gesto con el que el difunto se incorpora a la
memoria colectiva del grupo.
La selección del lugar de cremación y posterior enterramiento, la orientación y construcción de la tumba, la búsqueda
de leña y el depósito del ajuar, entre otros se deducen del estudio de la documentación y los materiales. Otros aspectos como
libaciones, sacrificios y banquetes son más complejos de inferir si no se cuenta con datos suficientes. En Casa del Monte las
evidencias vinculadas a estos aspectos son escasas. No por ello
hemos dejado de hacer alguna propuesta. Los cuchillos que no
forman parte de la panoplia pudieron utilizarse en algún sacrificio o rito de comensalía, cuando están acompañados de copas y
platos cerámicos, importados y locales (Sepulturas X y XXIII).
Mucho más evidentes son las libaciones en las Sepulturas X y
XII con seis y cinco copas áticas respectivamente.
Los caracteres expuestos son el reflejo de códigos sociales
reglados que establecen pautas de representación y en los que
median aspectos sociales, estatus, género y/o edad. Sin embargo,
no existen modos unívocos de representarlos. El ajuar funerario es
poliédrico en cuanto a sus lecturas y las pautas funerarias no son
generalizables a las distintas necrópolis, ni en el mismo territorio
ni en los diversos territorios que conforman la cultura ibérica.
Los patrones de ritualidad, protagonizados por los miembros de
la comunidad, son propios en cada necrópolis y es la lectura de
rasgos locales lo que hace posible aproximarse a la caracterización social de los distintos grupos íberos.
Casa del Monte es una necrópolis pequeña para sus casi 150
años de uso, desde la cremación más antigua hasta las más recientes, aunque el grueso de las sepulturas es del siglo IV a. C. La
revisión actual de todos los materiales y documentos depositados
en el MPV ha permitido corroborar algunas de las afirmaciones
hechas por Isidro Ballester Tormo y, con los nuevos medios a
nuestro alcance, aportar nuevas perspectivas.
Su localización, alejada de un núcleo de hábitat grande o
mediano, permite catalogarla como una necrópolis de carácter rural. Todo ello explica que ninguno de sus enterramientos
pueda calificarse de principesco o aristocrático como sucede
en otras como Pozo Moro, Coimbra del Barranco Ancho, El
Cigarralejo o Cerro del Santuario. Las diferencias entre las tumbas no son radicales tanto por número de objetos como por su
valoración, aun así, se perfila un grupo jerarquizado con individuos cuya posición se entiende por estatus social y rango de
edad más que por riqueza. Algo que también debe tenerse en
cuenta es el segmento de población enterrado en el que están
ausentes ancianos e infantiles, lo que debió condicionar las
prácticas seleccionadas.
Pero no todo está desvelado, siguen algunos interrogantes ¿Dónde está el hábitat donde vivieron estos difuntos? No
nos parece que las dos habitaciones descubiertas en la cercanía tengan la entidad suficiente como para ser parte del mismo.
¿Mediante qué mecanismos accedieron a las cerámicas áticas, la
orza oretana, el lebes edetano y la espada de antenas sin olvidar
los modestos higos ¿Dónde se enterraron las personas que faltan?
La historia continua…
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Anexo I
Inventarios
En este Anexo se recogen los datos básicos de catalogación de
las piezas depositadas en el Museu de Prehistòria de València.
Para facilitar su lectura, a continuación se explicitan las abreviaturas utilizadas. Las columnas sin datos se han eliminado.
DATOS GENERALES
Inventario: Inv.
Medidas en milímetros
Conservado: cons.
Incompleto: inc.
Longitud: L.
Altura: alt.
Fragmentos: Frgs.
Confirmar: cf
Orificios: orifs.
Quemado: quem.
CERÁMICA (C)
Tipo
Para cerámica ibérica: Ver Mata Parreño y Bonet Rosado 1992
Para cerámica griega: Ver Lamboglia 1952 y Sparkes y Talcot 1970
Atributos morfológicos
Borde/ labio/ boca
a: ala
s: saliente
e: entrante
m: moldurado
t: triangular
sd: sin diferenciar
en: engrosado
b: biselado
tr: trilobulada
Base/ pie
c: cóncava
i: indicado
a: anillado
al: alto
d: destacado
Asa
Posición:
v: vertical
h: horizontal
Sección/ Forma: Secc.
c: circular
tg: trigeminada
o: ovalada
co: combinada
or: orejetas
Color de pastas, superficies y desgrasantes
nj: naranja
anj: anaranjado
m: marrón
bg: beige, marrón claro
n: negro, negruzco
g: gris, grisáceo
gcl: gris claro
183
[page-n-185]
la necrópolis ibérica de casa del monte
r: rojizo, rojo
rs: rosáceo
cr: crema
Cocción
C. homog.: Cocción homogénea
C. altern.: Cocción alternante
Desgrasante: desgras.
F: fino
Pq: pequeño
G: gueso
Abund.: abundante
Superficie: Sup.
Decoración
Dec. ext.: decoración exterior
Dec. int.: decoración interior
METAL: MT
Material
Fe: hierro
Br: bronce
Pb: plomo
Cu: cobre
Ag: plata
Decoración
i: incisa
im: impresa
r: relieve
n: nielada
pa: plástica o aplicada
Sección
p: pintura
pb: bícroma, polícroma
im: impresión
i: incisión
if: incisión gruesa
fr: figuras rojas
a: acanalada
eng: engobe
c: circular
cd: cuadrada
r: rectangular
o: ovalada
t: triangular
cr: cruz
u: en “U”
Tratamiento de la superficie
HUESO TRABAJADO: HU
Trat. sup. ext.:Tratamiento de la superficie exterior
Trat. sup. int.:Tratamiento de la superficie exterior interior
PASTA VÍTREA: PV
al: alisado
bn: barniz negro
t: tosca
pul: pulido
deter: deteriorado
MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN: MC
184
MATERIAL LÍTICO: ML
TERRACOTA: T
MALACOFAUNA: MF
CARBÓN: CA
[page-n-186]
anexo i: inventarios
Tabla I.1. Sepultura I. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
Ancho
138
369
310
369
287
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular cf
Br Pinzas
Br Láminas
Fe Puñal
35
cons. 270
313
MT
Fe Punta de lanza
304
224
243, 244, 311
245
226, 227
38
225
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Escudo
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Soliferreum
Fe Placa cinturón
Fe, Br Placa cinturón
144
HU
Placa
171
MC
Enlucido
ø; grosor
Secc. Dec. ext.
604
2
15
15
t
392
cons. 14; 2
cr
146
52
77
60
10
18
22
89
112
cons. 17
3
4
5
5
5
12
2
210
50
Observaciones
2
MPV 47125
5
MPV 47084
1
MPV 18. Letras rojas
Varios
MPV 47084
2
MPV 19 y 47151
MPV 47771. Letras
6
rojas: CM I 15
2
MPV 15 y 16
2
MPV 47073 y 47097
15
MPV 47151 y 17
2
MPV 47151
19
MPV 47073 y 47098
8
MPV 47073. Pasiva
1
MPV 47097. Activa
MPV 47779. Óxido
7
Fe en incisión
1
MPV 47138
c
c
r
t
c
r
Frgs.
i
28
Tabla I.2. Sepultura II. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ancho
ø; grosor secc.
382
552
284
20
290
MT
MT
MT
MT
MT
Br Placa
Br Placa
Fe Puñal
Fe Vaina
Fe Cuchillo
120
110
32,5
100
105
5,6
144
2620
406
35
r
o
c
t
019, 319
MT
Fe Soliferreum
1090
34
24
c
392, 381, 175
MT
Fe Indet.
2
dec. ext.
Frgs.
Observaciones
i, r
4
1
1
1
1
MPV 59. Activa
MPV 59. Pasiva
MPV 23. Actualmente punta rota
MPV 47054
MPV 25. Letras rojas: CM27
MPV 47054 y 24. Letras rojas:
CM26
MPV 47133, 47095, 47140
15
Varios
Tabla I.3. Sepultura III. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
100
A
II.6.1.2.
163
1
A III.1.
122
Ø Base/
Labio/
C.
C.
Sup. Sup. Dec. Dec. Dec.
Alt.
Base
Desgras.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
homog. altern.
int. ext. int. ext. Labio
12
136
m
bg/m/
bg
s
A
101
III.8.2.1.
182
65
67
e
al
A
III.8.3.1.
164
55
44
sd
a
2
F,
escaso
al
bg
anj
anj
anj
cr
p
p
p
1
MPV 24069,
Quem. Dec.
perdida
p
p
13
MPV 47056
nj
nj
p
p
p
1
anj
anj
p
p
p
7
MPV 24070,
47060. Concreciones. Int.
desgastado
MPV 47056.
Orifs.
suspensión
Tabla I.4. Sepultura III. Otros materiales.
Inv.
3.312
Materia
Tipo
L.
ø; grosor
Frgs.
Observaciones
MT
Fe Punta de lanza
37
20, 4
1
MPV 40. Letras en rojo: CM42
185
[page-n-187]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.5. Sepultura IV. Cerámica.
Ø Boca
Ø Base/
Labio/
Coc.
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Alt.
Base
Desgras.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
Homog.
Int. int. ext. sup. ext. ext. Labio
Inv.
Tipo
214
215
212213
331
A
A
A II.5.
120
A III.1.2.
97
115
177
206
A V.8.1.5.
10
8
20
205
A V.8.2.3.
15
8
2
MPV 47159
MPV 47159
MPV 47159.
12
Quem.
19 MPV 70
MPV 47153.
1
Quem. 8 g
MPV 47153.
1
23 g
p
s-en
anj
s
i
F, escaso
anj
anj
p
p
anj
anj
p
p
m
Pq, escaso m
m
g
nj
g-anj
pul
nj
pul
Tabla I.6. Sepultura V. Cerámica.
Inv.
Tipo
114
A
112
113
111
115
328
A II.2.
A.III.1.
A III.1. cf
A III.8.
B 7.9.1.
Ø Boca Alt.
Labio/ Cocc.
Boca homog.
160
120
160
20
s
s
s
9
Cocc.
altern.
gcl/ m/
gcl/ anj
nj
nj
Sup. Sup.
int. ext.
Desgr.
anj
anj
cr deter
m
m
nj/cr
cr
cr
bg/gcl/bg
bl
anj
Pq, abund. m-n m-n
bg-n
Dec. Dec.
int. ext.
Dec.
Frgs.Observaciones
Labio
p
Pq, escaso
Pq, escaso
p
p
11
1
3
1
5
1
p
p
MPV 47120 Quem.
Del mismo
MPV 47120
MPV 47120. Quem.
MPV 47120
Dec. lineal
MPV 68. 9,95 g
Tabla I.7. Sepultura V. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
118
367
118
118
116
117, 335, 336
MT
MT
MT
MT
MT
MF cf.
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Br Pulsera
Fe Lámina
Cuentas
ancho
14
45
12; 9; 11
ø; grosor
28
2
75,3
1,5
4; 3,5; 4,5
20
secc. Frgs.
c
5
1
1
27
2
5
r
c
r
Observaciones
MPV 47121
MPV 45. Letras rojas debajo puente
MPV 47121
MPV 47121
MPV 47120
MPV 47120, 65 y 66
Tabla I.8. Sepultura VII. Otros materiales.
Inv.
169
350
170, 171, 172
173
32, 158, 223, 249, 320,
324, 384, 386
7
7
186
Materia
Tipo
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Frgs. Observaciones
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Fe, Br Espada
Fe Escudo
Fe Vaina
Fe Cuchillo
21
486
MT
Fe Soliferreum
128,6
CA
CA
Higo
Pan
62
46; 4,5
15
3
t
r
15
c
1
4
6
2
1
MPV 47136
MPV 13 (vitrina 89)
MPV 47137
MPV 47091
MPV 47105. Restos mango madera
MPV 14, 47076, 47079, 47086, 47093-94,
58
47132. Letras rojas en punta
2 MPV 6438
1 MPV 47108
[page-n-188]
anexo i: inventarios
Tabla I.9. Sepultura VIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
66
A
62-66
A
61
60
Ø Base
Labio/
Base
Boca
Cocc.
Homog.
Desgras.
Sup.
int.
Sup.
ext.
Dec.
int.
Dec.
ext.
Dec.
Frgs. Observs.
labio
7
A III.6. ó VI.
A III.8.3.1.
65
sd
c
g
d
g
gcl
Pq, escaso
p
9
MPV 47081. Algunos
quem.
MPV 47081. Algunos
quem.
MPV 47081. P roja
MPV 47081
bg-g
bg-g
g
bl
m
bl
p
p, a
p
Frgs.
Observaciones
1
4
1
1
2
14
30
1
En diario “gran fíbula hispánica”
MPV 38. Letras rojas: CM40
MPV 39. Letras rojas: CM 41
MPV 47115
MPV 47053
MPV 47053
Formas variadas, algunas curvadas
MPV 47081. Quem.
p
1
1
Tabla I.10. Sepultura VIII. Otros materiales.
Inv.
114
338
342
033
9, 13
10-12,14-16
18
67
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MC
Br Fíbula anular
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Láminas
Enlucido
L.
Ancho
ø; grosor
Secc.
cons. 346
160
64
32
10
22
t
cons. 13
331
11
20
2
24
Tabla I.11. Sepultura IX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
Fe Regatón
MT
Fe Vaina
MT
MC
Fe VI.11. Indet.
Enlucido
49
360
307
339
353
046
41
39,
40, 47
y 48
50
151
Long.; alt. Ancho ø; grosor
21
33
51
cons. 411
28
80
cons. 55
12
50
332,2
52
2
20
20; 2,2
3
20
5
2
Secc.
Dec. ext. Frgs. Observaciones
o
t
c/h
Ag, Cu
r
36
1
1
1
2
2
5
1
MPV 47106
MPV 29. Letras rojas en mortaja
MPV 28. Letras rojas
MPV 26. Letras rojas: CM 28
MPV 31
MPV 47106
MPV 47083. Alma de bronce en cubo
1
MPV 47083 y 47106
5
1
MPV 47068-47117
MPV 47124. Capa f. bl 4 mm; resto n
Tabla I.12. Sepultura X. Otros materiales.
Inv.
142a
363
142b
143
142c
123
373
120, 122
119
135
124
Materia
Tipo
L.; alt.
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
PV
MC
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Br Anilla
Br Lingote cf
Br Láminas
Fe Cuchillo
Fe V.1. Clavo
Cuenta cf.
Enlucido
42
Ancho
30
115
55
15
20
18
10
ø; grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
4
58
c
2
12
1
5
5
r
r
2
2
6
4
6
1
30
2
2
2
4
MPV 47127
MPV 63
MPV 47127
MPV 47127
MPV 47127. Posible fíbula
MPV 47122. 17,28 g
MPV 47070
MPV 47122
MPV 47122
MPV 47127
MPV 47122
t
cd
187
[page-n-189]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.13. Sepultura X. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
Ø Base/Pomo
Alt.
Labio/Boca
Base
Cocc. Homog.
27
A III.8.1.1.
260
62
94
a
al
m
128
127
125
126
129
130
131
132
133
134a
134b
229, 238
230, 234
231, 235
232, 236
233, 239
237, 240
236, 238
A V.6.9.
A V.8.1.4.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
Ática
Ática
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
25
8
15
15
21
19
19
12
15
15
15
15
12
11
12
12
13
16
12
15
14
22
8
9
9
8
210
220
220
220,5
110
120
120
120
al
al
al
al
al
al
al
bg
m
m-g
anj
anj
anj
g
anj
anj
bg-g
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
g
g
bg
en
en
en
en
en
en
130
Desgr.
Sup. int.
Trat. int.
Pq, escaso cr
Pq, escaso
Pq, escaso
Escaso
Escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
g
g
g
g
g
g
g
g
g
bg-g
bg-gcl
bg
bg-gcl
bg
bg
g
g
bg
al
al
bn
bn
bn-m
bn
bn-m
bn-m
bn
bn
bm
Tabla I.13. Continuación.
Inv.
Sup. ext.
27
128
127
125
126
129
130
131
132
133
134a
134b
229, 238
230, 234
231, 235
232, 236
233, 239
237, 240
236, 238
Trat. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio
cr
g
g
g
g
g
g
g
g
g
bg-g
bg-gcl
bg
bg-gcl
bg
bg
g
g
bg
p
p
al
al
bn
bn
bn-m
bn
bn-m
bn-m
bn
bn
bn
p
ig
im, i
im
Frgs. Observaciones
74
1
1
1
1
1
1
1
1
1
54
144
15
18
10
8
1
1
34
MPV 47069. Orifs. susp.
MPV 47122. 12,9 g
MPV 47122. 11,13 g
MPV 47122. 17,67 g
MPV 47122. 12,13 g
MPV 47122. 13,96 g
MPV 47122. 5,72 g
MPV 47122. 5,05 g
MPV 47122. 5,49 g
MPV 47122. 3,02 g
MPV 47058
MPV 47058
MPV 47058. B mate, deter. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter, mate. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter, mate. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058
MPV 47058
MPV 47058. Fondo ext. con bandas BN y reserva alternas
Tabla I.14. Sepultura XI. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
298
364
309
333
MT
MT
MT
MC
Ag Anillo
Br Fíbula anular
Br Anillo
Placa madera
188
L.
cons. 42
Ancho
ø; grosor
Secc.
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
c
a
27
202
34
201
2
r
r
im, i
2
1
1
1
MPV 49
MPV 48
MPV 58
MPV 64 . Boj
[page-n-190]
anexo i: inventarios
Tabla I.15. Sepultura XI. Cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
192
C
A
4
Observaciones
MPV 47144. Quem.
Tabla I.16. Sepultura XII. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
51
Bolsal
104
53,
55-57
Bolsal
54, 55
Bolsal
Bolsal
Lamb 21
A III.8.3.
cf
58
52
59
Labio/ Pren. Pos/
Trat. Sup. Trat.
C. homog. C. altern. Desgras. Sup. int.
Frgs. Observaciones
Boca
Sec.
sup. int. ext. sup. ext.
sd
h/ o
g
sd
h/ o
120
sd
h/ o
bg-g
130
sd
e
h/ o
gcl
bg-g
Pq
g/anj/g
Pq
g
bn-m
g
bn-m
3
g
bn-m
g
bn-m
8
bg-g
bn
bg-g
bn
4
gcl
bg-g
bn
bn-m
gcl
bg-g
deter
bn-m
2
1
3
MPV 47101. B mate,
rugoso; quem.
MPV 47101. B mate,
rugoso, deter.
MPV 47101. B mate,
deter.
MPV 47101
MPV 47101. B mate
MPV 47101. Según
diario
Tabla I.17. Sepultura XIII.
Materia
C
Tipo
Frgs.
Observaciones
A
Varios
Según diario “Escasos tiestos”
Tabla I.18. Sepultura XIV. Cerámica.
Inv.
Tipo
183
216
181
217
218
220
185
220
A I.2.1.
A I.2.2.
A II.2.2.2.
A III.8.
A V.6.3.
A
A
A
B
Lamb 21
180
Ø Boca
230
150
55
Ø Base/Pomo
Alt.
Labio/Boca
s
m
55
53
Base
Pren. Pos/Sec.
C. homog.
v/ tg
nj
nj
gcl
nj
i
8
C. altern.
nj/ g/ nj
g
110
69
36
en
g
anj
al
Tabla I.18. Continuación.
Inv.
Desgras.
183
216
181
217
218
220
185
220
F, abundante
F, escaso
F, abundante
Pq, abundante
Pq, escaso
180
Sup. int. Trat. int. Sup. ext. Trat. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio
cr
cr
cr
g
nj
cr
cr
cr
g
nj
g
nj
g
bn
g
p
p
p
al
p
bn
i, im
p
Frgs. Observaciones
1
8
1
1
1
5
1
2
1
1
MPV 47143
MPV 47160. Quem.
MPV 47143
MPV 47160. Gris
MPV 47160. 37 g
MPV 47143
MPV 47143
Gris
MPV 47160
MPV 47143
189
[page-n-191]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.19. Sepultura XIV. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
Ancho ø; grosor
334
30
165, 168
178
286
MT
MT
MT
MT
MT
Br Placa
Br Placa
Br Lámina
Br Lámina
Fe Puñal
121
111
cons. 290
26
45
69, 315
85, 161-164, 167
176
188
189
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Punta lanza
Br, Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Cuchillo
Fe Cuchillo
177
MT
Fe Soliferreum
190
86, 70
166
187
184
MT
MT
MT
ML
T
Fe Varilla
Fe Indet.
Fe, Br Indet.
Indet.
Figura
410
273
96,82
120,1
19
19
23
19
82
Secc.
Dec. ext. Frgs.
2
r
1
1
r
r
t
20; 4
4
8
t
cyu
t
t
7
14
2
3
1
16
c
7
r
1
15
9
1
1
2620
20
o
c
1
1
80
50
1
pa
Observaciones
MPV 50336. Pasiva
MPV 50335. Activa
MPV 47082, 47134, 47135
MPV 47077
MPV 35. Letras rojas: CM
37. Restos madera
MPV 34. Letras rojas: CM 36
MPV 47090, 47134, 47135
MPV 47141
MPV 47141. Lam. br adher.
MPV 47143
MPV 47141. Laminilla br
adherida
MPV 47143
MPV 47080, 47090
MPV 47134
MPV 47143
MPV 47143
Tabla I.20. Sepultura XV. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Base
Base
C. homog.
Desgras.
Sup. int.
Trat. int.
Sup. ext.
Frgs.
42
A V.6.3.
64
i
anj
F, escaso
bg
pul
bg
1
Observaciones
MPV 47110. 66,06 g
Tabla I.21. Sepultura XV. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ø; grosor
359
366
277
278
279
550
308
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Anilla
24
4320
2610
28
45
secc.
Frgs.
Observaciones
c
4
1
2
3
2
2
1
MPV 55
MPV 56
MPV 47158
MPV 47158
MPV 47158
MPV 47158
MPV 57. Abierta
40
22; 2
Tabla I.22. Sepultura XVI. Cerámica.
Inv.
Tipo Ø Boca Ø Base Alt. Labio/Boca Base Color sup. int. Sup. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio Frgs. Observaciones
345 A II.5.
138
80
163
en
i
bg
bg
p
pb, eng bl
Tabla I.23. Sepultura XVI. Otros materiales.
Inv.
255, 405
299
190
Materia
Tipo
ø
secc.
Dec.
Frgs.
Observaciones
MT
MT
ML
Br Pulsera
Br Anillo
Tapadera
512
171
cd
c
i
i, figurada
7
1
1
MPV 47164
MPV 60
Según diario
p
1
MPV 2146
[page-n-192]
anexo i: inventarios
Tabla I.24. Sepultura XVII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
MT
Fe Espada
490
58
16
MT
Fe Escudo
185
21
5
u
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Soliferreum
Fe Regatón
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Lámina
Fe Varilla
6
15
1,5
c
c/h
2
7
t
c
351
33, 80-82,
297
30, 84, 374
31
79
351a
76
78
77
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc.
90
122
115
98
140
25
20
8
Dec. ext.
n Cu
Frgs.
Observaciones
Restaurada MPV 37
MPV 36, 47072 y 47115. Letras
5
rojas: CM 38
67
MPV 47072, 47087, 47089
2
MPV 47087
2
MPV 47072
Restaurada MPV 37
2
MPV 47072
1
MPV 47072
1
MPV 47072
Tabla I.25. Sepultura XVIII. Cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
149
C
A
1
MPV 47102
Tabla I.26. Sepultura XVIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
17
14
147
295, 302
145, 148
146
147
150
22
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
HU
Tipo
L.
Br Placa
64
Br Placa
57
Br Lámina
Fe, Br Vaina
47
Fe Soliferreum cons. 85
Fe Lámina
60
Fe Lámina
Fe Indet.
Astrágalo
Ancho ø; grosor Secc. Dec. ext. Frgs. Observaciones
57
56
12
26
22
21
2
3
1
4
15
1
r
r
c
r
im, r
im
1
1
11
2
3
1
1
2
8
MPV 9 (vitrina 90). Activa. Letras rojas
MPV 10 (vitrina 90).Pasiva. Letras rojas
MPV 47102
MPV 11. Lámina br. interior y contera
MPV 47128
MPV 47128
MPV 47128
Mineralizado
MPV 47051
Tabla I.27. Sepultura XIX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Base
Base
C. homog.
Sup. int.
Sup. ext.
Dec. ext.
Frgs.
102
A II.2.2.
A III.8.3.
75
c
nj
nj
nj
p, pa
15
1
Observaciones
MPV 47059
Según diario
Tabla I.28. Sepultura XIX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.;alt.
418
361
157
352
354
354
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
30
13
515
280
Ancho
3
68
ø; grosor
50
343
1
1
20; 2
Secc.
r
o
Dec.
n Ag, pa Cu
Frgs.
Observaciones
1
1
2
1
3
2
MPV 47085
MPV 50
MPV 47131
MPV 30
MPV 27
MPV 27 y diario
191
[page-n-193]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.29. Sepultura XX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt.
330 A VI.5.
150
86
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base C. homog. Desgras.
Frgs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. ext. Labio
260
m
d
rs
F, escaso anj
anj
p, pa
p
MPV 69. Asas
restituidas
1
Tabla I.30. Sepultura XX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Long.; alt.
ø; grosor
Frgs.
Observaciones
283
349
349
20
MT
MT
MT
ML
Br Fíbula anular
Fe Falcata
Fe Vaina
Tapadera
21
542; hoja 40
42; 3
1
1
1
1
MPV 47092
MPV 20. Cachas HU. Letras rojas CM 22
MPV 20. Letras rojas: CM 22
Según diario
Tabla I.31. Sepultura XXI. Cerámica.
Inv.
Tipo
24 A III.1.1.
25 A III.1.2.
327 A V.8.1.5.
26
Trat.
Tratm
Labio/
Sup.
Sup.
Dec. Dec.
Base C. homog. Desgras.
sup.
sup.
Frgs. Observaciones
Boca
int.
ext.
int. ext.
int.
ext.
Ø Boca Ø Base Alt.
47
46
8
A VI.5.
9
s
s
20
gcl
gcl
100
332 Lamb. 22
250
4-7 Lamb. 22
8
Ática
210
126
76
en
anj
bg
g
d
cr
Pq,
anj
abundante
al
anj
anj
en
bg
bg-gcl
al
anj
bg
g
pa
al
anj
bn
pa
anj
bn
bg bn
bg
bg-gcl bn bg-gcl
im, i
bn
bn
1
1
1
MPV 47068
MPV 47068
MPV 67. 20,67g
MPV 47068.
12
Concreciones
MPV 71.
8
Restaurada
6 MPV 47051
20 MPV 47050
Tabla I.32. Sepultura XXII. Cerámica y otros materiales.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
C
ML
A II.2.
Tapadera
1
1
Según diario
Según diario
Tabla I.33. Sepultura XXIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
208
A
Ø Boca Ø Base Alt.
3
152 A V.8.1.5.
347
192
Kylix B
Pren.
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base Pos/ C. homog. Desgras.
Fr1gs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. int. ext.
Sec.
170
18
19
68
65
nj
sd
d
h/ c
bg
F,
bg
abundante
bg
bg-g bn bg-g bn
fr
im, i
2
fr
1
MPV 47156.
Con cenizas
MPV 47129,
47156. 18 g
MPV 64.
Restaurada
[page-n-194]
anexo i: inventarios
Tabla I.34. Sepultura XXIII. Otros materiales.
Inv.
153 a
153 b
153 c
139-140
141
210
Materia
Tipo
L.; alt.
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MF
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Lámina
Fe Cuchillo
Fe Indet.
Concha
Ancho
23,98
240
ø; grosor
Secc.
38; 4
46,9; 14
c
1
4
r
r
23
Frgs.
Observaciones
5
1
1
18
4
1
varias
MPV 47129
MPV 72 (vitrina 90)
MPV 47129
MPV 47126
MPV 47126. Br adherido en extremo
MPV 47156
Según Fletcher y Pla 1977
Tabla I.35. Sepultura XXIV. Otros materiales.
Inv. Materia
194
389
343
285
317
289
293
Tipo
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Dec. ext. Frgs. Observaciones
MT Br Fíbula anular 24
MT
Br Placa
MT
Br Placa
86
MT
Fe Regatón
282
MT
Fe Regatón
125
MT
Fe Pletina
52
MT
Fe Pletina
48
42,4
2
65
18,5
52,1
2
3
24
19
20
8
18
4
1
3
1
1
im, i
c
c
r
r
MPV 47146
MPV 61. Pasiva
MPV 62
MPV 1. Letras rojas: CM XXIV
MPV 2
MPV 4 y 5
MPV 3. Letras rojas: CM S XXIV. Separación láminas 20
Tabla I.36. Sepultura XXV. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt. Labio/Boca Base C. homog.
329 A IV.1.1.2.
40
32
47
en
a
nj
Desgras.
Sup. int. Sup. ext. Frgs. Observaciones
F y escaso
bg-g
bg-g
1 MPV 2145. Quem.
Tabla I.37. Sepultura XXVI. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt. C. homog. Sup. int. Trat. int. Sup. ext. Trat. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
43
A V.8.1.5.
44
A
20
20
199
r
g
al
g
al
1
p
1
MPV 47109. Media
6,35 g. Quem.
MPV 47109
Tabla I.38. Sepultura XXVII. Cerámica y otros materiales.
Materia
C
MT
Tipo
L.
Grosor
Frgs.
A
Br Anillo
85
2
x
1
Observaciones
Según diario “algún tiesto”
Según diario “en espiral”
Tabla I.39. Sepultura XXIX. Otros materiales.
Inv.
104-105
110
201
346
103
103
106-107
318
221-222
108
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Lámina
Br Lámina
Br Lámina
Fe Falcata
Fe, Br Regatón
Fe, Br Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Soliferreum
Fe Hoja
Fe Pletina
L.; alt.
Ancho ø; grosor
Secc. Frgs.
17
2
r
595; hoja 436
90
cons. 57
160
15
10
21; 5
4
t
c
c
u
561
18
16
c
48
15
5
r
4
6
28
2
2
2
7
1
14
1
1
Observaciones
MPV 47119. Retorcidas por el fuego
MPV 47119
MPV 47150
MPV 21. Vaina y cuchillo adherido
MPV 47118
MPV 47118
MPV 47119
MPV 21. Adherido a la falcata
MPV 47071
MPV 22. Letras en rojo CM 24
MPV 47119
193
[page-n-195]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.40. Sepultura XXIX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Pren.
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base Pos/ C. homog. Desgras.
Frgs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. ext. Labio
Sec.
Ø Boca Ø Base Alt.
29.003 A II.2.2.2.
197
A VI.2.
202
A
200
A
120
112
65
169
m
s
i
h/ c
anj
cr
F, escaso anj
Pq, escaso cr
anj
cr
nj
F, escaso
nj
bg
g
g
203
A
m
198
Copa
cr-anj
p
p
pul
9
1
1
1
MPV 47055
MPV 47149
MPV 47150
MPV 47149
MPV 47150.
1
Gris
MPV 47149.
3
Posible p bl ext
p
pul
bn
bn
fr
Tabla I.41. Sepultura XXX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø
Grosor
C. homog.
Desgras.
Sup. int.
Sup. ext.
Frgs.
Observaciones
35
A V.6.3.
50
7
nj
Pq, abundante
nj
bg
1
MPV 47100. 25,3 g
Tabla I.42. Sepultura XXX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
37
276
36
MT
MT
MT
Br Fíbula cf
Fe Soliferreum
Fe Lámina
23
16
c
cd
r
12
1
3
MPV 47100
MPV 51470
MPV 47100. Dos remaches Br
Tabla I.43. Sepultura XXXI. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L..; alt.
ø; grosor
Secc.
254
300
358
365
253
402
MT
MT
MT
MT
MT
MC
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
Enlucido
48; 20
5
32; 4
22; 4
33
3
41
c
c
16
18
Dec. ext.
cd
Frgs.
3
4
1
1
3
1
i
Observaciones
MPV 47157
MPV 52. Deformada por fuego
MPV 54
MPV 53
MPV 47157
MPV 47166
Tabla I.44. Sepultura XXXII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ø; grosor
404
357
250
MT
MT
MT
Br Fibula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
17
17
303
31
612
Tabla I.45. Sepultura XXXIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
ø; grosor
secc.
74
MT
MT
Br Anillo
Fe Vaina
17; 1
r
u
194
Frgs. Observaciones
2
1
MPV 47116
Según diario
Secc.
cd
Decor. ext.
Frgs.
i
1
1
4
Observaciones
MPV 47161
MPV 51
MPV 47161
[page-n-196]
anexo i: inventarios
Tabla I.46. Sepultura XXXIV. Otros materiales y cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
MT
MT
MT
C
Fe, Br Punta de lanza
Fe Regatón
Fe Cuchillo
A
288
316
288 a, 314
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Frgs. Observaciones
150
60
18; 2
2
23
c/h
2
1
2
x
MPV 7. Letras rojas. Adherida a cuchillo
MPV 6. Letras en rojo. Un orificio
MPV 8. Adherido a punta. Letras rojas
Según diario “trozos de tiesto”
Tabla I.47. Sepultura XXXVII. Cerámica.
Inv.
Labio/ Pren. Pos/ Cocc. Cocc.
Boca
Sec.
homog. altern.
Tipo
182 A I. ó II.4.1.
b
v/ co
Desgras.
bg/cr
B
n
Sup. int. Sup. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
F, escaso
nj
cr
Gr, abundante
nj
n
p
1
1
MPV 47143
Según diario “perol
arcaizante”
Tabla I.48. Sepultura XXXVII. Otros materiales.
Inv.
Materia
75 bis
303 bis
296 bis
Br Fíbula anular
Br Lámina
Fe Biapuntado
L.
MT
MT
MT
Ancho
Grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
9
2
2
9
o
cd
2
2
1
MPV 47117
MPV 20. Apuntada. Letras rojas
MPV 47772
235
Tabla I.49. Sepultura XXXVIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
Ø Base/
Labio/
Pren. Pos/
Sup. Tratm. Sup. Tratm. Dec. Dec.
Alt.
Base
C. homog.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
Sec.
int. int. ext. ext. int. ext.
242 bis A
p
241 bis Bolsal 130
80
65 sd
al
h/ o
bg-gcl
g
bn
g
bn
im
1
27
MPV 47155. Barniz con zonas m-r
Tabla I.50. Sepultura XXXVIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
159
MT
Br Lámina
1
MPV 47132
Tabla I.51. Mansiones. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
D 154
D 155
A V.8.1.5. 15
A V.8.2.2.
Ø Base Alt. C. homog. Col. sup. int. Col. sup. ext. Trat. sup. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
14
23
cr
g
cr
nj
L.; alt.
Ancho
cr
nj
pul
im
1
1
MPV 47130. 21 g
MPV 47130. 15 g
Tabla I.52. Mansiones. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
A 23
A 380
A 228
A 47
MC
MC
ML
MT
Suelo
Suelo
Núcleo sílex
Fíbula
D 362
D 136
D 137
D 156
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula
Br Lámina
Br Lámina
Fe Cuchillo
ø; grosor
Secc.
41
3,2
17
25
17
88
17
32
15
2
4
t
Frgs.
Observaciones
7
2
1
1
MPV 47052. Escrito a lápiz A a’
MPV 47107. Grosor enlucido 2 mm
MPV 47114
Ballester Tormo 1930
1
1
2
1
MPV 46
MPV 47123
MPV 47123. Perforación
MPV 47130
195
[page-n-197]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.53. Sin referencia. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt.
281
A III.2.1.
247
A V.8.1.2.
15
15
034
A V.8.1.2.
32
12
390,
414,
420
A
Labio/ Pren. Pos/
Sup. Sup. Tratm. Dec.
C. Homog. Desgras.
Frags. Observaciones
Boca
Sec.
int. ext. ext. ext.
tr
v/ c
bg-g
12
F, escaso
B
n
G, escaso
g
anj
cr
cr
nj
nj
n
pul
p, pa
1
im
1
1
n
MPV 47162.
Quem.
MPV 47163. 7 g
MPV 47115.
11,36 g
8
MPV 47111
1
MPV 47111
Tabla I.54. Sin referencia. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
248
301
305
306
344
356
337
355
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula
Br Botón
Br Anilla
Br Gancho
Fe Asador
Fe Asador
Fe Atizador
Fe Atizador
272
275
262
28
29
256
257
258
259
260
261
263
264
265
266
267
268
269
271
271b
270
273
90
87
88
89
91
92
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
HU
HU
HU
HU
HU
HU
Fe Pletina
Fe Remache
Fe Lámina
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Indet.
Fe Indet.
Incisivo
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
196
L.; alt.
Ancho
13
323
535
470
748
8
9
8
pala 30
cons. 35
80
cons. 47
95
cons. 147
cons. 135
137
112
116
104
117
76
117
65
63
56
60
56
59
cons. 30
22
cons. 35
16
9
22
6
cons. 100
6
5
6
5
6
5
7
6
7
6
5
7
5
3
5
13
ø; grosor
32
30; 4
4
8
8
1
Secc.
c
c
cd
cd, c
r
cd
2
6
3
6
9
9
6
5
4
4
4
4
3
6
5
5
4
5
3
3
2
8
r
cd
r
cd
cd
cd
cd
cd
cd
cd
c
r
c
cd
cd
cd
cd
cd
cd
r
cd, r
3
4
3
3
4
4
c
c
c
c
c
c
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
pa
r
1
1
1
1
1
1
1
1
MPV 47163
MPV 41. Letras rojas
MPV 42. Restos de Fe
MPV 43
MPV 74. Anilla ø ext 32, grosor 6
MPV 76. Anilla ø ext 35; grosor 3
MPV 77. Vástago torsionado
MPV 75. Anilla ø ext 32; ancho 4
Vástago torsionado
MPV 51470
MPV 51469
MPV 51470. Una perforación
MPV 51469. Doblado
MPV 47075
MPV 47075
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469. Apuntado
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469. Apuntado
MPV 51469
MPV 51470
MPV 47103. Sus sp.
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
3
1
1
1
1
3
1
1
2
2
[page-n-198]
anexo i: inventarios
Tabla I.54. Continuación.
Inv.
Materia
Tipo
94
95
96
97
98
99
HU
HU
HU
HU
HU
HU
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
L.; alt.
Ancho
ø; grosor
Secc.
6
5
5
5
3
4
c
c
c
c
c
c
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
2
1
1
1
1
3
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47107
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
197
[page-n-199]
[page-n-200]
Anexo II
Fichas de estudio de los restos óseos
Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard (†)
SEPULTURA I (41112)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Iª 1ª Cata. Debajo de la primera capa consistente en el umus (sic)
de la loma, apareció otra de piedras medianas, luego otra de tierra
o barro seco, debajo otra capa de piedra, más abajo un estrato de
barro rojo en la parte superior que se ennegreció debajo, inmediatamente otro estrato de gruesas piedras algunas de las cuales
aparecía ennegrecida por la cara en que se hallaban sentadas, por
carbones y cenizas de una mancha extensa que parecía extenderse
en todas direcciones; y en una lado de la cata aparecía otra ligera
capa de barro que cubrió una pocita o balsita cuadrada, que inadvertidamente destruimos en parte pero de la que aparecía un lado
de unos 42 cts, con los arranques de los otros dos lados, todos
ellos hechos con barro amasado con paja.
Debió tener la balsita unos 17 cts de fondo. Toda ella estaba
llena de carbones y cenizas y algunos restos de huesos humanos casi calcinados y algún trozo de hierro. Encima de todo, la
espada, afectadísima por el fuego y hecha añicos y trozos de
armadura o funda y a su lado la lanza, que llevaba soldada por
el óxido formando un bloque, gran parte de la placa activa de
un ágrafe de hierro y el regatón de aquélla también soldado a la
lanza y fragmento de ágrafe y también la parte final de el largo
útil o..........que parece largo chuzo; todo colocado paralela y
horizontalmente y debajo lo demás encontrado, fragmento de
armadura de la funda de espada, anillas de bronce articuladas
a unas varillas de hierro que se cierran anillándose para abrirse
luego los extremos y remacharse pareciendo todo pertenecer a
los escudos y haber servido para sujetar la correa de los mismos; fragmentos del chuzo dicho, la parte superior de una pinza
y tiestos ornados con líneas que debieron llevar embutidos hilos
de hierro” (Marzo de 1918).
“Entre la arenisca y a diversas profundidades se han encontrado restos de gruesos atobones (sobre 75/15 ¿? cts de término
medio) de barro amasado con paja, y entre tales restos algunos que formaban esquinas bien cuadradas. Una gruesa piedra
que tenía una cara desigual estaba como rellenada o igualada
con pasta parecida. En el interior de I (cara de la pared NE)
se nota limpiamente la estratificación de la sepultura. Tiene
una cara superior de piedra de mediano tamaño, de sobre 34
cts; luego otra de tierra de unos 9; luego nueva capa de piedra de sobre 40; debajo de ésta la capa de barro cocho (rojo
en su parte superior hasta ennegrecer por debajo) de sobre
12 cts aunque su ancho aumenta hacia el centro; y debajo de
ésta una capa de piedras gruesas sobre la mancha de cenizas
y carbones de sobre 10 cts y en el centro de ésta una poza que
debió ser cuadrada (solo quedaba intacto un lado de 40 cts y
los arranques de los laterales) de unos 15 cts de barro cocido
y calcinado en sus caras interiores y sobre tal pero arregladas
unas al lado de otras las armas” (11/12/1920).
“La sepultura XXXV ha aparecido al abrir una zanja a 20,75
y 17,50 respectivamente de los ángulos E y S de II. La mancha de
ceniza estaba como a unos 20 cts de profundidad y 40 de extensión. No se notaba barro cocho, ni dio más que ligeros restos de
huesos” (13/12/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico: Envolvía los huesos. Se
encontraba en el interior de la caja de cartón.
fragmento de tarjeta de identidad: Lleva escrito a lápiz azul:
“XXXV”. Por el reverso se lee parte de la leyenda de la tarjeta:
“R....TORMO”. Dentro de la caja.
trozo de algodón que protegía los huesos: Dentro de la
caja de cartón.
199
[page-n-201]
la necrópolis ibérica de casa del monte
caja de cartón (76x58x20 mm): Caja rectangular de cartón con
etiqueta de fábrica en la parte superior: “Antisepsie de la gorge
&des voies respiratoires, Pastilles d’eupnol, Balsamiques, Microbicides, Sédatives, Souveraines contre les Maux de Gorge, les
Enrouements, la Bronchite, la Toux, la Gripe, etc, etc.... Dose.Prendre six à huit Pastilles par jour et les laisser fondre dans la
bouche, Dètail: Pharmacie F. Gard..., L. Echeman, Successeur,
26, Rue des Moines, Paris, Se trouvent également dans toutes les
Pharmacies. % cts. Farmacia”. En el lateral anterior: “Pastillas
Eupnol, Ptas 3” y en el lateral posterior: A. Gamir, Farmacéutico,
San Fernando, 34 – Valencia, Agente exclusivo para España”.
Escrito con tinta negra (parece pluma): “Casa del Monte, Sep.
I, Sepultura I”. Contenía los huesos y los elementos anteriores.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.112. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47112. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color amarillo. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES1
En la tarjeta de identidad pone sepultura XXXV y sin embargo
en la caja, I. En el archivo SIP se ha puesto como XXXV. Incluimos aquí las referencias de la transcripción a ambas sepulturas.
Sepultura I: Enterramiento en “poza” revestida de barro interiormente de unos 17 cts de fondo; como ajuar: espada, armadura
o funda, lanza, ágrafe de hierro, anillas de bronce articuladas a
unas varillas de hierro, “chuzo”, una pinza y cerámica. Las armas
estaban colocadas.
Sepultura XXXV: Mancha de cenizas. No aparece ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
Figura II.1. Sepultura I.
1 Teniendo en cuenta las descripciones de ambas sepulturas parece más convincente la adscripción a la Sepultura I (nota de las autoras CMP y LSC).
200
Figura II.2. Restos óseos de la Sepultura I.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.1.
SEPULTURA II (47140)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“IIª A P (poniente) de la construcción anterior, parecía notarse
otra semejante. Hicimos una cata a continuación de la pendiente?
precedente? Sucediéndose la misma capa hasta aparecer la mancha de cenizas y junto al lado NO la pocita o balsita de barro
amasado con paja, pero casi del todo borrado o destruido conteniendo muy arregladitos y en sentido plano sobre cenizas y
huesos un puñal espada de enmangadura plana y hoja nervada,
diversos trozos de hierro .............................................................
............................................ una anilla y gran parte de un ágrafe
de cobre o bronce, casi completo el elemento activo, que lleva
unas rosetas repujadas todo ello cubierto por encima de barro.
Sobre las dimensiones y relaciones de las dos sepulturas..........
tomamos del croquis hecho al final de las excavaciones.
Véase la aparición en el centro de la pared P (poniente) y
arrimado a la esquina junto al estribo de 30 cts existentes a 290?
209? Del ángulo S, a 10 cts de profundidad, de gran parte de una
olla de facies.........., una mediana fíbula rota (queda gran parte
del aro y ...........) y una punta rota como........ que parecen restos
de una ........... a la que denominamos I bis (ver el 10 de octubre
de 1920) (sic)” (marzo de 1918).
“(...) Se explora a P (poniente) de I desde un poco antes de la
altura o nivel de su pared N y en un ancho de (en blanco) metros.
Parece que el estrato de tierra suelta y como sobrepuesta va perdiendo fondo a medida que se aleja de la pared P. En el extremo
del tajo abierto, y a unos 15 cts de profundidad, se encuentra una
anilla de bronce de sobre (en blanco) cts de diámetro y (en blanco)
de gruesa. Parece llevar óxido de hierro en un lado, como de contacto con alguna pieza de este metal. Se determina claramente
dicha pared P en la que a 2,50 de ángulo SE de la construcción
[page-n-202]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.1. Sepultura I (41112).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
5g
Frg. diafisiario húmero
(15,34x12,63 mm ap y tr de la
diáfisis, 45 mm de perímetro)
-
-
-
5g
Frg. extrem. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
-
-
-
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
600->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
-
-
-
1
Preadulto
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
1
Preadulto (porosidad de las
corticales y morfología general
del hueso) (?). Presenta la sección
longitudinal del ag. nutricio
de morfología típica en los
preadultos.
-
-
-
-
Infecciosa (?)
Efectos del fuego: L | U | S | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Existen concreciones en la cortical externa del hueso.
se ve una gruesa piedra estribo de sobre (en blanco) cts. Cerca
del sitio donde el último día de las excavaciones de marzo y muy
superficiales aparecían abundantes restos de una pieza cerámica
(forma perol) de facies arcaica, a unos 10 cts de profundidad y
aproximadamente al nivel del aludido estribo, se hallan restos
de una fíbula hispánica de mediano tamaño (parte de aro y arco)
y bronce, y una como punta de espátula del mismo metal (¿una
sepultura? sic) I bis” (10/10/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
caja de cartón (109x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. Taller a cargo de cartuchos C. 12. La sociedad ruega a los
consumidores se sirvan exigir, les sean entregados los paquetes
con el precinto intacto. Las reclamaciones diríjanse a Villanueva,
11, Madrid.”
En un lateral aparece un sello con texto: “Arriendo de fabricación y venta explosivas de las pólvoras y ......terías explosivas”.
Alrededor de la caja se adhiere un papel decorado con dibujos del
sello de fabricación en color beige: “Cartuchos Schultze. Pólvora
Schultze s/h. Carga Moderada.
Perdigón 6.” “822 8-“. “10 Cartuchos”
Escrito a lápiz: “Loarte (¿)”, “Casa del Monte, Tumba nº 2”.
tres etiquetas de cartón:
1. “Casa del Monte (Valdeganga). Nº 173. Sep. II”. Dentro de
la caja de cartón.
2. Casa del Monte – Valdeganga -. Escrito en bolígrafo azul.
3. 47.140
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Menciones varias al ajuar hallado (puñal, anilla, ágrafe de bronce,
fíbula, punta de espátula y cerámica), pero no las circunstancias
de aparición de los restos óseos.
Existen dudas sobre la adscripción de este texto a esta
sepultura, puesto que en éste se la denomina como “I bis”, no
encontrándose referencias a la sepultura II.
Aparece otra bolsa con el mismo número de sepultura, pero
con la numeración 47.095.
Enterramiento en “poza” (¿).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, restos no
identificables.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.2.
201
[page-n-203]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.2. Sepultura II (47140).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
2g
Frgs. calota
11 g
Frgs. extrems. inferiores
(¿fémur distal?)**
y superiores
Falange proximal mano***
-
-
>1 g
Frgs. huesos
largos y
minúsculos de
calota (?)
13 g
Frgs. craneales
y extremidades
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
50 % B
50 % N
Fresco
95 % B
5%N
-
-
Fresco
95 % B
5%N
Fresco
80 % B
20 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
-
1
Infantil II*
-
1
Infantil II-preadulto
Flexor común dedos
-
-
?
-
PATOL.
-
Porosidad irregular
tabla externa
-
-
-
-
1
Infantil II-preadulto
Flexor común
dedos
Porosidad irregular
tabla externa
Efectos del fuego: L | T | I | O
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones:
*Morfología general del hueso: porosidad y grosor cortical.
**Coloración pigmentación metálica roja: hierro.
***Coloración pigmentación metálica verde: bronce.
Figura II.3. Sepultura II.
Figura II.4. Porosidad tabla externa del cráneo. Sepultura II.
SEPULTURA III (47060)
resta solo el cubo y el nervio de la hoja de la que solo queda un
poco (mide espacio en blanco cts). A la distancia de 1,80 mts
contada desde el ángulo N de la repetida sepultura y a 0,92 de
dicho punto y 0,45 de profundidad aparece un cuenco orientado
normalmente y cubierto con una copa gfrande sin pie, tipo Almedinilla y Covalta. Alrededor del sitio del hallazgo nótase una gran
mancha de cenizas, carbones y tierra quemada con algo de tierra
que parece resto de enlucido. (Se enlució el fondo del suelo para
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“A lo largo del paramento del lado L (levante) de dicha sepultura
y al limpiar dicho lado para encuadrar aquella y cerca del mismo
ángulo y como a unos 30 cts aparece un hierro de lanza del que
202
[page-n-204]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
la cremación? (sic). Alrededor y debajo aparecen otros trozos de
tiesto; entre ellos una boca en forma de trompeta y varios trozos
del propio vaso =III” (26/03/1919).
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47060” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
OBSERVACIONES
fragmento de papel de periódico enrollado: Envolvía los
restos óseos.
dos etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo negro.
2. 47.060. Escrito a máquina.
una tarjeta de papel Por una cara: “Isidro Ballester Tormo,
Diputado Provincial, Albaida, Mayor; Valencia, Garrigues, 4, 1º.
Por el reverso: “CASA DEL MONTE - Sepultª III”
Enterramiento en urna sobre cenizas. Aparece cerámica y restos
de una lanza de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. Costovertebral,
frag. coxal, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.3.
Tabla II.3. Sepultura III (47060).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
185 g
Frgs. calota y
suturas
Frg. órbita
izq. y borde
supraorbitario der.
Partes petrosas de
ambos temporales
Cresta occipital
endocraneal
223 g
Frgs. diafisiarios huesos
largos extrems. sup. e inf.
Frg. platillo tibial
Frgs. diáf. prox. fémur der. e
izq. (E6)
Frgs. cabeza fémur y
húmero, cóndilos fémur
Epífisis distal radio izq.
(25,7x17,4 mm)
Frg. mtc.
Frg. epitróclea der.
(18,4 mm ap.)
Frg. diáf. radio
(10x9 mm).
Frg. diáf. peroné
(11,5x8,2 mm)
5g
Frg. coxal
38 g
Frgs. costillas
Frg. atlas
Frg. cervical
Frg. ala sacro
33 g
Tejido
esponjoso
Frg. hueso
largo no
especificado
484 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems. sup.
e inf.
Frgs. costovert.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
90 % B
10 % N-A
Fresco
80 % B
20 % N-A
Fresco
B, G, A
Fresco
50 % B
50 % N-A
Fresco
50 % B
50 % N-A
Fresco
67,5 % B
32,5 % N-A
350->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto joven
(suturas en proceso
de sinostosarse)
fém.
Porosidad calota
1
Adulto femenino
1
Adulto
1
Adulto joven
(no existen rasgos
degenerativos)
Adulto
1
Adulto joven
femenino
-
-
-
-
Infecciosa (?)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Media
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 30 % | Incineración: 70 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
203
[page-n-205]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.5. Fragmentos identificados de huesos largos. Sepultura III.
Figura II.6. Fragmentos identificados de cráneo. Sepultura III.
SEPULTURA VII (47088)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se descubre la tumba VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de
2,30 aproximadamente de lado y de la altura de una sola hilada
de piedras que viene a dar un promedio de 0,25 a 0,35. Apenas
quitada la primera capa de piedras de la superficie aparece aquellas sucias de cenizas por sus caras inferiores, y sin apenas capa
de arcilla que las separe de los restos de la hoguera se muestra
ésta enseguida, y en especial amontonadas en el ángulo NE de la
tumba y hasta la mitad de la extensión de cada pared que forma
el ángulo.
Entre la tierra quemada se encuentran: un gran puñal (o
espada corta) solo en dos trozos, una hoja de lanza mediana y
trozos del útil de aplicación desconocida que tanto se da en esta
necrópolis, y un poco más al centro una fíbula ibérica grande.
También enredados con los hierros y la tierra aparecen muchos
tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las que se diesen en Covalta en las excavaciones
últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos restos
óseos que no sabemos si son humanos y restos de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en resto del área de
la tumba apenas si hay tierra negra, que no se ha encontrado
restos de pocito y que en nivel inferior al gravan sobre que se
asentaban las cenizas, y por debajo de las piedras que forman
la pared E se ven evidentes restos de hoguera(s), así como si
la tumba se hubiera levantado sobre una de ellas, o si como la
que debió hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera
rebasado por tal lado el área de aquélla. Hacemos un corte en
esta, para dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse una especie de terraza cuadrada, excavando el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas a nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez
sobre tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos
rebasaron los bordes y rodaron a nivel más bajo por el lado que
antes se indica. =NO: porque lo que se encontró a nivel inferior
es de sepultura de................ (hilo de cobre, de pulsera etc.) Tal
vez la ...........y lo último sean de la misma sepultura, que se ..........
en parte” (27/03/1919).
204
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel: En el interior de la caja de cartón y en el que
está escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sep. VII”.
caja de cartón (69x51x25 mm): En su cara superior lleva etiqueta de fábrica: “AGFA-Extrarapid-Platten, ACTIEN-GESELLS
CHAFT FUR ANILIN- FABRIKATION-PHOTOGRAPHISCHE
ABTEILUNG-BERLIN S-O-36, NUR BET ROTEM LICTH OFFNEN! N’OUVRIR QU’A LA LUMIERE ROUGE!, NO ABRIR
SINO A LA LUZ ROJA!, OPEN ONLY IN RUBY LIGTH!, 4,5/6,
A 1214”. Contenía los restos óseos y el papel anterior.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.088. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble, 47.088. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Del texto de la transcripción se desprende que la cremación se
realizó sobre una pequeña plataforma cuadrada. Como ajuar:
fragmentos de un puñal o espada corta y una fíbula ibérica.
Existe otra bolsa con el mismo número de sepultura (VII)
pero con el número 47.1322.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos, frags. de costillas
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.4
2 Uno de los dos restos debe corresponder a la Sepultura VII bis (ahora
Sepultura XXXVIII). Las autoras (CMP y LSC) consideran que la 47132
debe corresponder a la XXXVIII por el contenido del ajuar y porque, en caso
contrario, sería el único enterramiento doble de toda la necrópolis.
[page-n-206]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.4. Sepultura VII (47088).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ. COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
24 g
Frgs. diafisiarios húmero y frg. de cúbito
1g
Frg. costilla
-
25 g
Frgs. extrem. sup.
Frg. costal
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
95 % B
5%N
-
Fresco
B
-
Fresco
95 % B
5%N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
1
Adulto no especificado
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | U | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 5 % | Incineración: 95 %
Observaciones: Existen concreciones de tipo metálico (oxidaciones rojas) en la cortical externa de un fragmento diafisiario proximal de húmero (?).
las que se hallan una lanza de mediano tamaño, trozos al parecer
de una falcata (espada de antenas), un asidero de escudo (incompleto), una gran fíbula hispánica, restos de una vaina de espada
y algunos hierros informes con escasos tiestos. Mide la mancha
de ceniza en su promedio que oferta forma elipsoidal, unos 35
o 40 cts por 55 o 60, y el fondo se halla a unos 50 cts del nivel
del suelo. Aparecen alrededor de la poza algunos trozos de obra
o barro cocho y bastante calcinados que nos hacen sospechar si
el pequeño hoyo se enlucía antes de..........
Es de notar que aparte algunos trozos de hierro en la poza apareció primero la lanza a trozos, luego la espada (falcata) incompleta
en su mayor parte debajo de la lanza y un trozo a su nivel, y después
los restantes objetos. Se denomina VIII” (28/03/1919).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Figura II.7. Restos óseos de la Sepultura VII.
SEPULTURA VIII (47145)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“VIII. Limpiando el terreno a L (levante) de VII a 3 y 3,15
mts respectivamente de los ángulos N y E de tal construcción y
2,80 de L de VI, aparece en el suelo a unos 20 cts de profundidad,
una mancha de tierra quemada y carbones encima de la que se
encuentran algunas piedras de mediano tamaño. Explorada resulta
una pequeña poza con cenizas, carbones y huesos humanos entre
caja de cartón (108x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. C. 12. Cartuchos para escopeta central”. Alrededor de la caja
se adhiere un papel decorado con dibujos del sello de fabricación en
color beige: “Pesetas 2...”, “ ..turchos cargados para escopeta central
calibre 12”, “Cartuchos, Pólvora, Carga moderada, Perdigón”. Sello
de fábrica con el texto: “Arriendo de la ......xclusivas ....osivas”. En la
parte inferior de la caja: “UNIÓN ESPAÑOLA DE EXPLOSIVOS.
AVISO IMPORTANTE. La Sociedad ruega a los consumidores se
sirvan exigir, les sean entregados los paquetes con el precinto intacto.
Todo paquete que tenga el precinto deteriorado deberá ser rechazado. Así podrán tener la seguridad de que los cartuchos han sido
cargados en el Taller de la Sociedad, la cual garantiza que las cargas
son hechas con las clases indicadas en los precintos y con los pesos
siguientes: Pólvora: grs. 2,05, Perdigón, grs. 30, Tacos engrasados”.
205
[page-n-207]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Sobre la caja, escrito a lápiz: “Como estaba....(¿)”, “A 1,91, P nº
1, 2, 4 (¿)” tachado, “Puesto” tachado, “Casa del ...blante (¿)”,
“Sepultura VIII (y IX?)”, “(Huesos)”. Incluía los restos óseos.
un papel: “Casa del Monte. Sep. VIII (y IX?). Huesos”. Dentro
de la caja de cartón.
tres etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.145. Escrito a máquina.
3. “CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 193, SEP. VIII
(IX?)”. Escrito con bolígrafo negro.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47145” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
OBSERVACIONES
Tumba tipo “poza” según el excavador, que podría tener las
paredes enlucidas de arcilla y con unos 50 cm de profundidad.
Como ajuar: una falcata, asidero de escudo, fíbula hispánica,
restos de la vaina de espada y fragmentos de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. costovertebral, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.5.
SEPULTURA IX (47096)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al explorar al NE de VI y a 5,30 mt aproximadamente de dicha
sepultura apareció ayer a última hora la pared de otra sepultura,
paralela a la antedicha. Hoy se ha seguido descubriendo, apareciendo un cuadro de unos 2,98 mts de lado, si bien la pared o
lado NE parece borrosa. Descubierta cuidadosamente se halla:
primero una capa de piedras de mediano tamaño y tierra y a
Tabla II.5. Sepultura VIII (47145).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
23 g
Frgs. cráneo y
suturas*
151 g
Frgs. diafisiarios extrems.
sup. e inf.
Frg. diáfisiario prox. cúbito
izq. (16,4 diám. tr. diáf.x13,9
diám. ap. diáf. mm).
Frg. diáf. distal cúbito der. (?)
Frg. diáf. prox. radio (15,4
mm mínimo de diám.)
2g
Frgs. costilla
Frg. disco
vertebral
2g
?
178 g
Frgs. craneo
Frgs. extrems. sup.
e inf.
Frgs. costovert.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
40 % N
30 % B
30 % M
Fresco
70 % B
30 % N
-
Fresco
70 % G
20 % B
10 % A
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
52,5 % B
20 % N
17,5 % G
7,5 % M
2,5 % A
500->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto masculino
(robustez ext. sup.)
-
-
1
Adulto no
especificado
-
Adulto
1
Adulto masculino
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 27,5 % | Incineración: 72,5 %
Observaciones: *Coloración de pigmentación metálica roja: hierro.
206
-
[page-n-208]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Figura II.8. Sepultura VIII.
Figura II.9. Restos óseos de la Sepultura VIII.
unos 30 o 40 cts de profundidad se da especialmente en el lado
SO y como hasta el centro una capa de tierra cocida amasada
con paja, de unos 15 o 20 cts de espesor según los sitios y
debajo y arrimada al centro.... de dicho lado la pequeña poza
con ceniza, tierra y piedrecillas quemadas, huesos y armas y
útiles, que debió tener unos 10 cts de profundidad. Han sido
halladas una espada (o puñal) grande roto en dos trozos, otros
que parecen de lanza, una gran fíbula hispánica y debajo de todo
unas pequeñas pinzas. No se nota horizontalidad a la colocación
de las piezas grandes.
Hay una vez más indicios de que colocados los restos y útiles en la poza se cubría todo con barro amasado con paja. Es
de notar que sobre el resto del área de la sepultura aparece sólo
arena con escasas piedras y que apenas sí se dan (solo unos trozos) tiestos en el enterramiento. A L (levante) de la pared de ese
lado, han aparecido muchos tiestos al parecer de la misma pieza
(especie de tinaja mediana). Designamos esta sepultura como
IX” (29/03/1919).
OBSERVACIONES
Tumba de “poza” de unos 10 cts. de profundidad, posiblemente
cubierta con barro. Como ajuar: una espada, una lanza, una fíbula
hispánica y unas pinzas. Junto con los restos óseos aparecen restos de oxidaciones rojizas.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, restos costales.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.6.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
tres etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.096. Escrito a máquina.
3. Lleva escrito con bolígrafo negro “NO DIBUJABLE”.
trozo de papel:
“Casa Monte, Sep. IX”.
Los tres se encontraban en el interior de una caja de cartón.
caja de cartón (101x71x23 mm):
Lleva inscrito en la cara superior: “100 TARJETAS VISITA”
y las siglas “P P” dentro del dibujo de un murciélago con
las alas abiertas. Contenía los elementos anteriores y los restos óseos.
bolsa de plástico transparente:
Incluye todos los elementos. Posee escrito en el exterior con
indeleble: “47096” y muestra etiqueta adhesiva con el mismo
número escrito a máquina.
alambre plastificado:
Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa de plástico.
Figura II.10. Sepultura IX.
Figura II.11. Restos óseos de la Sepultura IX.
207
[page-n-209]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.6. Sepultura IX (47096).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
5g
Frg. calota
15 g
Frgs. diafisiarios brazo
y antebrazo
Frag. diaf. distal húmero
-
1g
Frgs. costales
-
21 g
Frg. calota craneal
Frgs. extrem. sup.
Frgs. costales
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % B
25 % N
5 % R*
Fresco
70 % B
20 % N
10 % M
-
Fresco
75 % B
25 % A
-
Fresco
71,66 % B
15 % N
8,3 % A
3,33 % M
1,66 % R
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto
femenino (?)
(escaso grosor
cortical)
-
1
Adulto femenino (?)
(gracilidad general)
-
1
Adulto
-
1
Adulto
femenino (?)
-
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | U | S | LD | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones: *Presenta oxidaciones rojas en el exocráneo (F). Concreciones minerales en caras externas.
SEPULTURA X (47139)
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
dos trozos de papel:
1. Envolvía los huesos y presenta algo escrito a lápiz no relacionado con la excavación.
2. Lleva escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sep. X, Huesos”.
Ambos se encontraban en el interior de la caja junto con los
huesos.
caja de latón (56x50x32 mm): Caja de latón ovalada de color
rojo y albero: en la cara superior: “Pastillas Bonald, Cloroborosódicas con cocaína y mentol, Laboratorio químico farmacéutico,
Madrid”. Aparecen algunos sellos: “Alfonso XIII rey de España”,
“Sociedad Científica Europea, Exposición”, “Marca Depositada”,
“Exposition International”, “Bruxelles”. En el lateral de la caja:
“Reg. En la D ón G al de S dad con el Nº 3624”. En la cara inferior: “Cada pastilla contiene: Cloro-borato sódico.... 5 centig s,
cloro-borato potásico...15 “, clorhidrato de cocaina.... 3 milig s,
Mentol.....4 “, Excipiente goma y azúcar”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.139. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 172, SEP. X.
“X. Explorando a L de IX y . inmediato a ella que su ángulo
E está en contacto con el O de la nueva construcción, aparece ésta consistente en un pequeño cuadrado que mide sobre
2,40 m de lado. A unos 32 cts y tras una pequeña capa de tierra cocha (8 cts) aparece un trozo de cuchillo curvo y casi al
mismo nivel una fíbula de mediano tamaño, otro trozo que
parece arco y parte de aro de otra grande, y la aguja de la
misma. Luego un fusayolo bitroncocónico pequeño y otro que
parece una........... Se aíslan las cenizas y tierra quemada, que
aparecen en el mismo centro de la sepultura formando una
capa sobre el fondo de unos 12 cts.
Junto con los fusayolos que fueron saliendo alineados, como
bordeando la poza por las caras paralelas a los lados EN y SE y
como amasijadas con el barro fueron saliendo trozos de tiesto
como de un plato ibérico y otros que nos parecen campanianos
o áticos, si bien no podemos precisarlo por la suciedad que los
cubre. Se notó claramente que las fíbulas , fusayolos y tiestos
estaban recubiertos de barro” (29/03/1919).
208
[page-n-210]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.139. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color azul. Cerraba la bolsa anterior.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
OBSERVACIONES
Tabla II.7.
Enterramiento en “poza”. Como ajuar: cuchillo curvo, fíbula,
fragmentos de otras dos, un fusayolo (¿?), fragmentos de cerámica
ibérica.
Figura II.13. Restos óseos de la Sepultura X.
Figura II.12. Sepultura X.
Tabla II.7. Sepultura X (47139).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
13 g
Frgs. diafisiarios
Frg. diafisiario falange mano
(?)
-
-
-
13 g
Frgs. huesos largos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
90 % B
10 % A
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % A
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
209
[page-n-211]
la necrópolis ibérica de casa del monte
casa, F.A. Sarg`s Sohn & C º, Viena, Austria, Calidad: Doble
refinada, TD 830, Registered, M.F.K, Schutzmarke, Marca
Depositada”. Escrito a lápiz: “Casa del Monte, XI, Sepultura nº
11 (Huesos)”.
SEPULTURA XI (47144)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Desfondando el terreno en el ángulo que al N forman las sepulturas IX y X, se descubre una pequeña sepultura separada sobre 0,50
mt del lado más orientado al N de la citada en anterior término, y
con lados paralelos a los de éstas. Formaba un pequeño rectángulo
de 1,25 por 1,12, siendo los lados mayores los paralelos a los de X.
Quitadas unas pocas piedras de mediano tamaño que la cubren y
una delgada capa terrosa que parece resto de barro, se encuentran
abundantes cenizas y carbones mezclados con tierra quemada y
algunos huesos, y entre todo ello restos carbonizados de un cinturón (¿) (sic) adornado con rosetas estampadas, de las que aparece
una completa, una sortija de plata y una pequeña fíbula.
Tiene esta pequeña sepultura formadas las paredes de una
sola hilada de piedras de mediano tamaño de las que otra fila
interior de piedras despegadas cubría parte de las cenizas. Reposaban éstas sobre el fondo de gravón del suelo natural, y tenían
un fondo de sobre 30 cts. Se la indica con el nº XI” (29/03/1919).
etiqueta de cartón: Lleva escrito con bolígrafo negro: “CASA
DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 191, SEP. XI”. Por el
reverso y a lápiz: “47.144”.
bolsa de plástico transparente: Incluía los elementos
anteriores.
alambre plastificado: Color verde y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Enterramiento en estructura rectangular cubierta por una capa
de piedras y otra de barro. Como ajuar: cinturón adornado con
rosetas, sortija de plata y fíbula.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Restos craneales, huesos largos.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
caja de cartón (83X95X37 mm): Contenía los huesos y
lleva etiqueta de fábrica en cara superior: “ Carecinas de la
Tabla II.8.
Tabla II.8. Sepultura XI (47144).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
4 raíces
premolar
NEUROC.
3g
Frg. calota
Fresco
60 % B
40 % N
1
Adulto no especficado
(>14 años por raíz terminada)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
19 g
Frgs. diafisiarios no
especificados*
-
-
-
22 g
Frgs. dentales
Frg. calota
Frgs. huesos largos no
especificados
Fresco
60 % B
40 % N
-
-
-
Fresco
60 % B
40 % N
350->650 ºC
1
Adulto no especificado
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
Infecciosa (?)
Efectos del fuego: L | I | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Media
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 40 % | Incineración: 60 %
Observaciones: *Presentan alteraciones de la cortical externa de exposición a la intemperie: cuarteamiento, porosidad y agrietamientos longitudinales
diferentes morfológicamente a los procedentes del proceso de cremación.
210
[page-n-212]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Figura II.14. Sepultura XI.
Figura II.15. Restos óseos de la Sepultura XI.
SEPULTURA XII (47147)
13 de marzo e 1931”. En la cara inferior: “22 90 43 Garantizada la
legitimidad de este preparado por el Farmacéutico M.L. Heredero
Igarza”. Escrito a lápiz: “Casa del Monte, S. nº XII”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.147. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 195, SEP. XII.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.147. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color verde. Cerraba la bolsa anterior.
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Limpiando el terreno al S de IX donde se marca otra pequeña
sepultura, y en el espacio comprendido entre dicha sepultura,
la X y el enterramiento VIII, y a unos 3, ½ mt de la X, aparece otra cámara cuadrada, o cuasi cuadrada, que mide 1,76
mts en dos lados paralelos por 1,86 en los otros dos; siendo
los mayores los orientados aproximadamente de N a S. Es de
notar que las paredes de esta tumba son, como generalmente
suele, paralelas a las de las restantes. Designamos a esta sepultura con el nº XII.
Mientras se va desfondando el terreno, en el ángulo que forman las sepulturas IX y X, al N, procedemos a excavar la XII.
Apenas limpiando su parte superior de una capa de arena con
algunas, escasas, piedras, aparece una ligera mancha de cenizas y la mayor parte de una copa ibérica de las de pequeño pie
o cazoleta ibérica del tipo tan conocido, con unos pocos huesos.
Es digno de subrayar la escasez de cenizas, apenas perceptibles,
y de huesos, así como la ausencia de útiles, armas y joyas. ¿Es
que esta sepultura por estar en la parte alta, aflorasen y se perdiesen en algún tiempo los objetos depositados, o fue saqueada?
(sic)” (29/03/1919).
OBSERVACIONES
Tumba de estructura casi cuadrada que contiene cenizas y restos
de una copa ibérica con huesos. Carece de ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.9.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel: Lleva escrito a lápiz: “Casa Monte, XII”. Se
encontraba junto a los restos óseos en el interior de la caja.
caja de cartón (58x58x25 mm): Caja de cartón cuadrada. Decorada con papel rojo adhesivo en el que se lee: “Muestra gratis
prohibida su venta, EUDROMYL, 3 ampollas, Fórmula: cada
ampolla contiene 2 cc de extracto pancreático, valorado a 20 unidades clínicas por ampolla, correspondiente a 12 gr de páncreas,
LABORATORIO DE PROXYTASES, 97, Rue de Vaugirard, París,
Garantizada la legitimidad de este preparado por el farmacéutico
D. José Manuel Mazón”. En los laterales: “EL EUDROMYL,
no puede expenderse sin receta médica”, “Eudromyl: en Francia
Angioxyl, Registrado en la Dirección de Sanidad con el nº 286, el
Figura II.16. Sepultura XII.
211
[page-n-213]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.9. Sepultura XII (47147).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
24 g
Frgs. diafisiarios
-
-
-
24 g
Frgs. huesos largos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % N
-
-
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
Porosidad en el interior de
los huesos (¿tafonómico?)
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Concreciones minerales en el exterior.
SEPULTURA XV (47165)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se explora el terreno al NO de la sepultura VI y de la IX y en
el espacio comprendido entre ambas. Entre dichas sepulturas y a
unos 15 cts del terreno superficial aparece bien determinada una
pequeña sepultura cuadrangular que mide (en blanco) de lado
(ya se precisará en el croquis la medida exacta de cada uno). Se
la designa con el nº XV (...)”.
“Se excava la pequeña sepultura descubierta (XV) y muy
superficial, sin apenas alguna piedra mediana, y el resto tierra,
aparece en el centro de la sepultura una gran masa de cenizas que
revueltas cuidadosamente acusa algún hierro sin que aparezcan
restos algunos cerámicos ni de metal. La pared de esta sepultura
se compone de una sola hilada de piedras encaradas hacia fuera
y de mediano tamaño. Da la sensación de haber.......... explorado”
(26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel de periódico: Envolvía los restos óseos en el
interior de la caja de cartón.
caja de cartón (40x55x27 mm): Caja de cartón forrada de papel
rojo. Lleva escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sept. XV”.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.165. Escrito a máquina.
212
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.165. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: color marrón. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
Sepultura cuadrangular. Ajuar: algún fragmento de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.10.
SEPULTURA XVI (47061)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al NO de VI, a 1,10 mt de la pared de dicho lado y en el punto
que precisan las siguientes medidas tomadas de los ángulos N y
O de tal sepultura respectivamente, 2, 69 y 2; y a unos 40 cts de
profundidad un golpe de arado saca trozos recién rotos de una
pieza cerámica. Limpiado y vaciado a su alrededor aparece una
pieza de forma de perolete que estaba cubierta con una piedra.
Ocupa el centro de una mancha de tierra negra y cenizas. Al
[page-n-214]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.10. Sepultura XV (47165).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
2g
Frgs. calota con
sutura
2g
Frgs. diafisiarios extrems.
superiores (?)
-
-
-
4g
Frgs. craneales
Frgs. extremidades
superiores
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
B
A
Fresco
50 % B
50 % A
-
-
-
Fresco
50 % B
50 % A
600-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto joven
(sutura abierta)
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
1
Adulto joven
-
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | U | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
Figura II.18. Restos óseos de la Sepultura XV.
Figura II.17. Sepultura XV.
sacarlo de sus sitio y por una rotura sale una pequeña fibula a la
que le falta parte del aro. Aparece el vaso completamente lleno
de tierra y huesos, estos en la mitad inferior y ningún otro resto
de metal. Al limpiar y vaciarlo de tierra se ha abierto por varios
sitios, pero es de fácil reconstrucción. Se la designa con el nº
XVI” (26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
un papel alargado: Escrito con bolígrafo rojo: “CASA DEL
MONTE, Sep. XVI”.
213
[page-n-215]
la necrópolis ibérica de casa del monte
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.061. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.061. También etiqueta adherida con el mismo
número. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color verde y azul. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Urna cineraria vaciada en campo. Como ajuar, presenta una
fíbula.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.11.
Figura II.19. Restos óseos de la Sepultura XVI.
Figura II.20. Surco endocraneal. Sepultura XVI.
Tabla II.11. Sepultura XVI (47061).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
7g
Surcos endocraneales
occipital
Borde supraorbitario
100 g
Frg. fémur izq. próx. post.
Frg. diáf. fémur
Frag. diáf. ext. sup. antebrazo
-
<1 g
Frgs. costillas
(?)
107 g
Frgs. craneales
Extrem. sup.
Extrem. inf.
Esq. costal
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
-
-
Fresco
70 % B
30 % N
Fresco
83 % B
13,3 % N
3,6 % A
600 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino (?)
-
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 15 % | Incineración: 85 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
214
[page-n-216]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
SEPULTURA XVI (47063)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico: Envolvía los restos óseos.
dos etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.063. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47063” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa
de plástico.
Figura II.21. Restos óseos de la Sepultura XVI (47063).
OBSERVACIONES
SEPULTURA XVI (47064)
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
RESTOS ÓSEOS
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
trozo de papel de periódico: Envolvía los huesos.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.
Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.064. Escrito a máquina.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.12.
Tabla II.12. Sepultura XVI (47063).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
7g
Frgs diafisiarios
-
-
-
7g
Frgs. huesos largos no
especificados
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
60 % B
30 % N
10 % A
-
-
-
Fresco
60 % B
30 % N
10 % A
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Media
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 30 % | Incineración: 70 %
215
[page-n-217]
la necrópolis ibérica de casa del monte
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.064. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color negro. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS.
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.13.
Figura II.22. Restos óseos de la Sepultura XVI (47064).
Tabla II.13. Sepultura XVI (47064).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
8g
Frg. calota
Frg. suturas
42 g
Frgs diafisiarios extrems. inf. y sup.
-
-
50 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems. sup. e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % M
Fresco
40 % B
30 % A
30 % N
-
-
-
Fresco
55 % B
25 % A
15 % N
5%M
500-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
1
Adulto masculino (?).
Robustez en relación al resto
de las cremaciones
-
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
Efectos del fuego: L | S | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones: Concreciones minerales en la cortical externa de los huesos.
SEPULTURA XVI (47065)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel de periódico: Envolvía los huesos.
216
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.
Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.064. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.064. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color negro. Cerraba la bolsa anterior.
[page-n-218]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Figura II.24. Restos óseos de la Sepultura XVI (47065).
Tabla II.14.
Figura II.23. Cavidad cotiloidea. Sepultura XVI (47065).
Figura II.25. Cavidad glenoidea y arranque arco zigomático.
Sepultura XVI (47065).
Tabla II.14. Sepultura XVI (47065).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
RESTOS NO
COSTOVERT.
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
12 g
Frgs. suturas
Frg. cav. glenoidea
y arranque arco
zigomático izq.
71 g
Frgs. diafisiarios fémur,
tibia y húmero
Frg. no especificado
antebrazo
Frag. diaf. prox. fémur
ant.
Frag. mett (V?)
12 g
Frag. cavidad
cotilociática
e isquion (49
mm diám. máx.
conservado)
-
-
95 g
Frgs. craneales
Extrems. sup. e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
80 % B
20 % A-N
Fresco
70 % B
30 % N
Fresco
90 % G
10 % B
-
-
Fresco
53,33 % B
30 % G
16,66 % N
550-600 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
Efectos del fuego: L | U | O | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 15 % | Incineración: 85 %
Observaciones: Concreciones minerales.
217
[page-n-219]
la necrópolis ibérica de casa del monte
SEPULTURA XVI (47066)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47066”
2. Escrito con bolígrafo azul: “CASA DEL MONTE
– VALDEGANGA-“
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47066” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color blanco. Cerraba la bolsa de plástico.
Figura II.26. Restos óseos de la Sepultura XVI (47066).
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, frag. coxal.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.15.
SEPULTURA XVI (47067)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47067”.
2. Escrito con bolígrafo negro: “CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.”
Tabla II.15. Sepultura XVI (47066).
ESPLAC.
NEUROC.
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
ESQ.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
COSTOVERT.
IDENTIF.
IDENT.
Peso
Restos
-
13 g
Frgs. calota y
suturas
59 g
Frgs. diafisiarios fémur, tibia
y peroné
Frgs. diafisiarios huesos
largos extrems. sup.
Frg. clavícula der.
-
-
-
3g
75 g
Frgs. costales Frgs. cráneo
y diafisiarios Frgs. extrems.
sup. e inf.
Frgs. costillas
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
90 % B
10 % N
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
90 % B
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto
no especificado
-
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto no
especificado
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | O | S | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
218
[page-n-220]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47067” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color azul. Cerraba la bolsa de plástico.
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. costovertebral,
no identificados.
OBSERVACIONES
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
Tabla II.16.
RESTOS ÓSEOS.
SEPULTURA XVIII (47102)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al NO de ésta última construcción (¿) se comienza a determinar otra cuadrada que mide aproximadamente 2,80 de lado y que
NE parece adosado a otra pared que le une a las anteriores construcciones. La denominamos XVIIII y mañana se explorará y se
tomarán las medidas para fijarlas en el croquis” (26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel: Lleva escrito a lápiz: “47102, Sep. XVIII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Figura II.27. Restos óseos de la Sepultura XVI (47067).
Tabla II.16. Sepultura XVI (47067).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
ESQ.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
COSTOVERT.
IDENTIF.
1g
Frg. maxilar
sup.
19 g
Frgs. calota y
suturas
61 g
Frgs. diafisiarios fémur,
tibia, húmero y antebrazo
-
4g
Frgs. apófisis
articulares
vertebrales
lumbares
2g
Frgs. huesos
largos (?)
87 g
Cráneo
Extrems. sup.
e inf.
Esq.
costovertebral
Fresco
B
Fresco
80 % B
10 % N
10 % M
Fresco
80 % B
10 % N
10 % M
-
Fresco
80 % B
20 % N
Fresco
80 % B
20 % N
Fresco
77,5 % B
16,25 % N
6,25 % M
600 ºC
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto
no especificado
-
-
1
Adulto maduro Adulto no
especificado
Leve reborde
artrósico
1
Adulto no
especificado
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
1
Adulto maduro
Articular
Efectos del fuego: L | I | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
219
[page-n-221]
la necrópolis ibérica de casa del monte
SEPULTURA XIX (47148)
OBSERVACIONES
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
No existen descripciones de la tumba ni de los restos contenidos
por ésta; quizá debido a una pérdida del manuscrito.
Estructura cuadrada.
“Explorando a P (poniente) del XVIII y al NO de la sepultura........... explorada XVII, y a un golpe de arado (azada?). Para
sacar una piedra de mediano tamaño que cuasi afloraba al suelo
aparecen cascos recién rotos de un vaso y que efectivamente se
trata de una urna cineraria.
Se trata de un perol de mediano tamaño al que le falta cuasi
todo el cuello, al parecer de muy antiguo, pues explorado a su
alrededor se han hallado los nuevos restos de tal parte del vaso.
Separado cuidadosamente, se nota que estaba encajonado entre
algunas piedras y arrimado a una pared que parece orientarse en
la misma dirección que todas las de las sepulturas.
Ocupaba cuasi el centro (un poco al NO) de una mancha de
cenizas de cómo sobre 50 cts de diámetro y unos 10 de profundidad
media, con huesos entre aquella y todo asentado sobre una capa
de tierra cocha. Inmediato al vaso ( a unos 8 cts) y en dirección
aproximada NO a SE, aparecen una espada y una pequeña lanza
superpuestas, que se colocaron enteras. Un fragmento parece acusar antenas de la empuñadura, y otros el asidero de escudo. Está
este enterramiento a 1,08 del ángulo P (poniente) de XVII y en la
prolongación de su lado SO. Se le denomina XIX (...)”.
“Vaciada la urna del enterramiento XIX, que aparece llena
de tierra, se encuentran entre ésta, en la parte superior, restos del
borde del vaso, lo que nos hace rectificar la suposición de que
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.17.
Figura II.28. Restos óseos de la Sepultura XVIII.
Tabla II.17. Sepultura XVIII (47102).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
H. LARGOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
<1 g
<1g
Frg. mandíbula* Frg. calota
-
-
-
<1 g
?
1-2 g
Frgs. craneales
Fresco
50 % B
50 % G-A
-
-
-
Fresco
B
Fresco
50 % B
50 % G-A
550-650 ºC
-
-
-
1
?
1
Infantil II-preadulto (?)
-
-
-
-
Infecciosa / anémica
1
Infantil II-preadulto
(escasa consistencia cortical y
porosidad típica)
No métrico MORFO.
PATOL.
Porosidad y proceso proliferativo de la
cortical externa (¿infeccioso?)
Efectos del fuego: DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: *Coloración pigmentación metálica verde: bronce.
220
H. CORTOS /
PLANOS
[page-n-222]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
se coloca roto, y restos también (no sabemos si la completaban)
de una pequeña copa de las de Covalta y Almedinilla, que debió
servir de tapadera, como la del año último.
También aparece el resto de una fíbula de mediano tamaño
que completa el trozo de aro que se halló entre las cenizas de
fuera” (27/03/1920).
OBSERVACIONES
Enterramiento en urna con copa por tapadera, calzada y próxima
a una pared orientada; sobre mancha de cenizas. Como ajuar:
espada, lanza, fíbula. Urna vaciada en campo.
RESTOS ÓSEOS
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, costillas.
caja de cartón (60x60x25 mm): Caja de cartón cuadrada forrada
en papel verde y etiquetas adheridas. La superior: “Unión Española de Explosivos, 100 cartuchos para Flobert, Calibre 6 M/M,
con perdigón” Incluye un sello: “Arriendo de la Fabricación y
Venta Exclusivas de las Pólvoras y Materias Explosivas”. En un
lateral sello con la misma inscripción y en otro: “para Flobert,
ca....”.
En la parte superior se encuentra escrito a lápiz: “Casa del Monte,
Sep. XIX, Huesos”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.148. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 196, SEP. XIX.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.148. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color rojo y blanco. Cerraba la bolsa
anterior.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.18.
SEPULTURA XX (47062)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Cuasi al mismo tiempo á 1’80 mts á L del anterior enterramiento y á 2’30 del ángulo P de XVII y al quitar una loseta
(que estaba a unos 15 cts de profundidad) aparece al descubierto la boca de otra urna. Designamos este enterramiento
con el XX”.
“Se escava el enterramiento XX, y aparece un bello y completo vaso de forma de bobina pero al que el pié le dá un airoso
aspecto de copa.
Tabla II.18. Sepultura XIX (47148).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
Frg. cortical
interna alveolos
mandíbula
NEUROC.
3g
Frg. calota
Frg. sutura
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
10 g
Frgs. diafisiarios
huesos largos
-
2g
Dos frgs. costillas
-
15 g
Frgs. craneales
Frgs. huesos largos
Frgs. costillas
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
Fresco
100 % B
Fresco
100 % B
-
Fresco
100 % B
-
Fresco
100 % B
650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
1
Adulto joven (suturas abiertas)
1
Preadulto (escasa
consistencia
cortical)
-
-
1
Preadulto
(morfología
general)
-
-
1
Preadulto
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Se aprecian concreciones minerales adheridas a la superficie del hueso.
221
[page-n-223]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.29. Sepultura XIX.
Figura II.30. Restos óseos de la Sepultura XIX.
Vaciado, sólo contiene tierra y huesos, sin ningún resto metálico. Ocupaba el centro de una mancha de cenizas y huesos de sobre
medio metro, que cubrian el vaso por su tercio inferior, y al lado del
mismo, en la orientación NE una “falcata” (la primera que aquí se dá)
de las de hoja poco ondulada. Está rota por varios sitios. Revueltas
cuidadosamente las cenizas no se halla entre ellas resto alguno más,
chocándonos no encontrarlos de fíbula ni de lanza”.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos trozos de papel de periódico: Uno de ellos, “Las Provincias”
del 31 de mayo de 1920. Éste lleva escrito con tinta negra (parece de
pluma): “Casa del Monte, Entr to XX”. Envolvían los restos óseos.
papel fino de color beige: Lleva escrito: “Casa del Monte,
Huesos, Enterramiento XX”. Dentro del paquete de papel de
periódico.
fragmento de cuerda: Ataba el paquete de papel de periódico.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.062. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.062. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco. Cerraba la bolsa anterior.
Figura II.31. Restos óseos de la Sepultura XX.
OBSERVACIONES
Enterramiento en urna sobre mancha de cenizas. Vaciada en
campo. No lleva ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, huesos cortos/planos,
esq. costovertebral, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.19.
222
Figura II.32. Huesos largos identificados. Sepultura XX.
[page-n-224]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.19. Sepultura XX (47062).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
Frg. malar izq.
Frg. rama
mandíbula der
(?)
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
55 g
Frg. sagital
frontal (F)
Fresco
90 % B
10 % A
1
Ad. femenino (?)
(>30 años por sutura sagital)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
RESTOS
NO
IDENTIF.
ESQ.
COSTOVERT.
CONCLUSIONES
223 g
Frgs. diafisiarios
extrems. sup. e inf.
Frg. diafisiario radio
izq. (14,64x11,00 mm
y 40 mm de perímetro
en punto más bajo)
Frg. diafisiarios fémur
(24,16 mm diám.
aprox.)
Frg. diaf. tibia (22,37
mm diám. aprox.)
Frg. diáf. prox. peroné
3g
Frg. ext. post. cav.
cotiloidea
Frgs. articulares
tarso (F)
1g
Frg. costilla
Frg. cara art. post.
inf. vert. dorsal (F)
1g
Frg. cortical
externa
282 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems sup.
e inf.
Frgs.
costovertebrales
Fresco
90 % B
10 % A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
95,4 % B
4,6 % A
>650 ºC
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general
extrms. inf.)
-
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general)
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general)
1
Ad. no
Ad. femenino (?)
especificado- (>30 años)
-
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
SEPULTURA XXII (47154)
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
caja de cartón (97x85x46 mm): “Cerecinas de la casa F.A.
SARG´SOHN & Cº. Viena, Austria. Calida IFRINIA. Registered
M.K.F. Schutzmarke. Marca depositada.”
Escrito a lápiz: “Casa del Monte (Albacete). Enterramiento XXII
X . (...) sortija de bronce y cascos de la (mina?) (?)”. Contenía
los huesos.
tres etiquetas de cartón:
1. Casa del Monte – Valdeganga -. Escrito con bolígrafo azul.
2. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 207, SEP. XXII.
Escrito con bolígrafo azul.
3. 47.154.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.154. Incluía todos los elementos.
“Cuasi al mismo tiempo a 1,80 mts a L del anterior enterramiento
y a 2,30 del ángulo P de XVII, y también debajo de una piedra
y a escasa profundidad (sobre 15 cts) aparece otra boca de urna.
Se denomina esta sepultura XXII”.
“Explorando el enterramiento XXII se halla una urna de
forma de perol de mediano tamaño (sobre 16 cts de alto), que
también ocupa el centro de una mancha de cenizas con restos
óseos, entre las cuales no se halla arma, útil ni joya alguna. La
urna aparece rota por varios sitios, pero sin faltarle nada. Vaciada
no contiene nada digno de notarse.” (27/03/1920).
223
[page-n-225]
la necrópolis ibérica de casa del monte
alambre plastificado: Color naranja. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
Urna vaciada en campo. No existe seguridad de que los restos
procedan del interior de la urna o de la mancha de cenizas que
existía bajo ésta.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, restos no identificables.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Figura II.33. Sepultura XXII.
Tabla II.20.
SEPULTURA XXIII (47156)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Limpiando las construcciones.........existentes entre XVIII y IX
se determina una cuadrangular que tiene como base la pared paralela e inmediata IX, que se había determinado antes. Mide sobre
2,60 mts de lado, se halla separada 70 cts de IX, y los ángulos
N y O distan de los mismos de aquella respectivamente 4,25 y
5,10 el N y 4,20 y 3,20 el del O. Se designa esta construcción
con el nº XXIII.
Figura II.34. Estrías de crecimiento. Sepultura XXII.
Tabla II.20. Sepultura XXII (47154).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
26 g
Surcos int. occipital
Temporal
Parietal
-
-
-
-
1g
Frg. mtc. (?)
27 g
Neurocráneo
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % A
20 % B
10 % N
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
55 % B
35 % A
10 % N
550-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Preadulto*
-
-
-
-
-
1
Preadulto
-
Efectos del fuego: L | U | O (F) | S | LD |
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Concreciones minerales tanto en caras externas como en las internas. Superficie del hueso pulverulenta.
*Perviven ciertas estrías de crecimiento, conviviendo con suturas y morfología completamente desarrolladas.
224
[page-n-226]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Partiendo de estos dos últimos puntos precisados se fija en
el croquis la construcción XXIII, según las siguientes medidas:
el ángulo L también respectivamente de aquellos 1,90 y 3,10; el
N 4,50 y 5,20; y el ángulo P (poniente), 5 y 4,70” (27/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
etiqueta de cartón: Lleva escrito por una cara a lápiz: “47156”,
y por la otra, con bolígrafo negro: “CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 211, SEP. XXIII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
OBSERVACIONES
No se hacen referencias a los restos óseos ni a los elementos de
ajuar que pudiese contener la tumba.
Estructura cuadrangular.
Figura II.35. Restos óseos de la Sepultura XXIII.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.21.
SEPULTURA XXXI (47157)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“La XXXI. Aparecen las cenizas a unos 54 cts del nivel del suelo
y a 63 de fondo el terreno de la loma. Se marca un lado de esta
poza que debió ser cuadrada, hecha de barro amasado con paja
y hojas de encina. El lado que queda está orientado como las
sepulturas; es el lado SE y mide lo que queda 70 cts de largo;
debiendo tener de fondo 16 cts aproximadamente. El fondo es
un macizo/macico?? Del mismo barro. Excavado este enterramiento, ha dado entre las cenizas muy escasas, apenas huesos
y tres fracciones de un aro que debió ser pulsera o brazalete de
bronce (sic). Ni vaso ni restos de él, ni fusayolas. Entre la tierra
que rodea las cenizas se hallan dos pinzas de bronce muy oxidadas. Una parece el arco de una fíbula de mediano tamaño (sic)
que oferta una forma no aproximadamente semicircular, sino algo
serpenteante que parece recordara algún tipo de la Tênne pero el
tener rota lo que pudiera ser cola la hace inclasificable. Como el
otro resto, con el anterior hallado, es parte de un aro, nos hace
suponer que ambas son restos de una fíbula hispánica, con arco
de forma especial” (12/10/1920).
Tabla II.21. Sepultura XXIII (47156).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
12 g
Frgs. diafisiarios de brazo y antebrazo
-
-
-
12 g
Frgs. extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
B
-
-
-
Fresco
B
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
-
-
-
1
Preadulto (?)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
1
Preadulto (?). Escaso grosor y
consistencia en general de la cortical
-
-
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Alteraciones tafonómicas tipo estriamientos longitudinales, porosidades, concreciones minerales y textura yesosa externa: exposición a la
intemperie.
225
[page-n-227]
la necrópolis ibérica de casa del monte
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
RESTOS ÓSEOS
trozo de papel fino marrón:Envolvía los huesos.
trozo de papel blanco: Escrito a lápiz: “47157, Sep. XXXI”.
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos
y los restos óseos.
Contenido: Huesos largos.
OBSERVACIONES
Enterramiento en “poza” (revestida de barro-arcilla y paja) de
unos 16 cts. de profundidad. Como ajuar: fragmentos de una
pulsera o brazalete y dos pinzas o fragmentos de una misma
fíbula hispánica.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.22.
SEPULTURA XXXIV (47142)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“La XXXIV. Está a 10,09 a P de XXXIII. Aparecen las cenizas a unos 23 cts del suelo. Es de poza cuadrada de barro
cocho amasado con paja y todo semicubierto de barro. Se
ven claramente dos lados (NE y NO) del cuadrado mediano
sobre 51 cts de grueso pues las caras interna e inferior están
cuasi calcinadas como de haberse asentado sobre fuego. Los
huesos, abundantes parecen indicar una cremación bastante
incompleta. Superficialmente aparecen trozos de tiesto y luego
entre huesos y cenizas pequeña piedra; y entre ello dos trozos de lámina de hierro que parecen restos de un cuchillo; un
como chuzo de hierro que por el lado del enmangamiento y en
su interior parece revestido de cobre o bronce; y el extremo
de la punta de una lanza o jabalina. No puede estimarse esta
sepultura sino como distinta de la XXXIII, por haber solución extensa/exterior? De continuidad entre ambas manchas
de cenizas y por la distancia y la duplicidad de pocitos. No se
ha notado más restos, ni indicios de hierro de bronce. De las
cenizas al fondo, 23” (12/03/1920).
Figura II.36. Restos óseos de la Sepultura XXXI.
Tabla II.22. Sepultura XXXI (47157).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
2g
Frgs. diafisiarios de brazo
y antebrazo (?)
-
-
-
12 g
Frgs. extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
100 % B
-
-
-
Fresco
100 % B
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | T | I | U
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
226
[page-n-228]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
OBSERVACIONES
fragmento de papel de periódico: Envolvía los huesos. Se
encontraba en el interior de la caja de cartón.
caja de cartón (109x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. Taller a cargo de cartuchos C. 12. La Sociedad ruega
a los consumidores se sirvan exigir, les sean entregados los
paquetes con el precinto intacto. Las reclamaciones diríjanse
a Villanueva, 11, Madrid.”. En un lateral aparece un sello con
texto: “Arriendo de fabricación y venta explosivas de las pólvoras y .....aterías explosivas”. Alrededor de la caja se adhiere
un papel decorado con dibujos del sello de fabricación en color
beige: “Cartuchos Eley Diamond, Pólvora Diamond S/H. Carga
Moderada. Perdigón 5.” “262 ..-“. “10 Cartuchos, Pesetas 2,
-, Cartuchos cargados para escopeta central, calibre 12”. En la
cara inferior sello: “Recargo de PTAS. 0,15 correspondiente
al impuesto”.
Escrito con lápiz violeta: “XXXIV, Huesos (¿)”. Otras cifras a
lápiz tachadas. “XXIV ..........” y “XXI=fusayolo”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.142. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 179, SEP. XXXIV.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.142. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color azul y marrón. Cerraba la bolsa
anterior.
Sepultura de “poza” cuadrada realizada en arcilla (“barro cocho”
amasado con paja) de unos 23 cts. de fondo. Junto a los huesos:
cerámica, un cuchillo, un “chuzo” de hierro y punta de lanza.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, frag. escápula.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.23.
SEPULTURA XXXVIII (47132)3
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se descubre la tumba VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de
2,30 aproximadamente de lado y de la altura de una sola hilada
de piedras que viene a dar un promedio de 0,25 a 0,35. Apenas
quitada la primera capa de piedras de la superficie aparece aquellas sucias de cenizas por sus caras inferiores, y sin apenas capa
de arcilla que las separe de los restos de la hoguera se muestra
3 Ver nota 2.
Tabla II.23. Sepultura XXXIV (47142).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
IDENTIF.
IDENT.
Peso
Restos
-
5g
Frgs. suturas
Frgs. crestas occip.
endocran. (?)
35 g
Frgs. diafisiarios tibia
Frgs. diafisiarios húmero
Frgs. diafisiarios no
especificados
1g
Frg. escápula
(?)
-
-
41 g
Frgs. cráneo
Frgs. extrems. sup.
e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
100 % B
Fresco
60 % B
30 % A
10 % N
Fresco
B, A, N
-
-
Fresco
80 % B
15 % A
5%N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no especificado
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | U | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 5 % | Incineración: 95 %
227
[page-n-229]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.37. Sepultura XXXIV.
Figura II.38. Restos óseos de la Sepultura XXXIV.
ésta enseguida, y en especial amontonadas en el ángulo NE de la
tumba y hasta la mitad de la extensión de cada pared que forma
el ángulo.
Entre la tierra quemada se encuentran: un gran puñal (o
espada corta) solo en dos trozos, una hoja de lanza mediana y
trozos del útil de aplicación desconocida que tanto se da en esta
necrópolis, y un poco más al centro una fíbula ibérica grande.
También enredados con los hierros y la tierra aparecen muchos
tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las que se diesen en Covalta en las excavaciones
últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos restos
óseos que no sabemos si son humanos y restos de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en resto del área de
la tumba apenas si hay tierra negra, que no se ha encontrado
restos de pocito y que en nivel inferior al gravan sobre que se
asentaban las cenizas, y por debajo de las piedras que forman
la pared E se ven evidentes restos de hoguera(s), así como si
la tumba se hubiera levantado sobre una de ellas, o si como la
que debió hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera
rebasado por tal lado el área de aquélla. Hacemos un corte en
esta, para dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse una especie de terraza cuadrada, excavando el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas a nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez sobre
tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos rebasaron los bordes y rodaron a nivel más bajo por el lado que antes
se indica. =No: porque lo que se encontró á (sic) nivel inferior es
de sepultura de hembra (hilo de cobre, de pulsera, etc.) Tal vez
la [ilegible] de la copa campaniana y lo último sean de la misma
sepultura” (27/03/1919).
OBSERVACIONES
Del texto de la transcripción se desprende que la cremación se
realizó sobre una pequeña plataforma cuadrada (Enterramiento
en “poza” arrasado?). Como ajuar: fragmentos de un puñal o
espada corta y una fíbula ibérica.
Existe otra bolsa con el mismo número de sepultura (VII)
pero con el número 47.088 (Ver nota 2).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frag. craneal, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.24.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
etiqueta de cartón: Lleva escrito por una cara a lápiz: “47132”,
y por la otra, con bolígrafo negro: “ CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 160, SEP. VII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye los restos óseos y
las etiquetas.
228
Figura II.39. Restos óseos de la Sepultura XXXVIII.
[page-n-230]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.24. Sepultura XXXVIII (47132).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
-
<1 g
<1 g
-
-
-
<1 g
Restos
-
Frg. calota
Frgs. huesos largos
extrem. sup (?)
-
-
-
Frg. cráneo
Frg. extrem. sup. (?)
Hueso
-
Fresco
Fresco
-
-
-
Fresco
Color/T.ª
-
B
B
-
-
-
B
>650 ºC
Nº indiv.
-
1
1
-
-
-
1
Edad/Sexo
-
Preadulto (?): escaso
grosor tabla craneana y
suturas
Preadulto (?): escaso
grosor cortical
-
-
-
Preadulto (?)
No métrico -
-
-
-
-
-
-
MORFO.
-
-
-
-
-
-
-
PATOL.
-
-
-
-
-
-
-
RITUAL
DEMO.
Efectos del fuego: L | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Concreción mineral de color rojo en la tabla exocraneal.
Las siguientes fichas de estudio no tienen sepultura asignada,
pero se recogen aquí porque aportan datos sobre las pautas de
las cremaciones identificadas.
SIN REFERENCIA (47104)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47104”.
2. Escrito con bolígrafo azul: “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA “.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47104” y muestra etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color negro y marrón. Cerraba la bolsa
de plástico.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario aportado tampoco aparece ninguna identificación.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: l 1 sup. izq.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.25.
SIN REFERENCIA (47111)4
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico el 11 de noviembre de 1919:
Envolvía los huesos.
un trozo de papel: Escrito a lápiz: “47111”.
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos.
4 Teniendo en cuenta las fechas del periódico que envolvía los restos, se
puede inferir que éstos podrían corresponder a las sepulturas excavadas en
ese mismo año. Son cuatro las cremaciones sin restos óseos identificados: IV,
V, VI y XIII. De las Sepulturas IV y VI Ballester Tormo especifica que no se
encontraron restos óseos, lo que reduce las posibilidades a V y XIII. En ambas
se señala la existencia de escasos huesos. Nota de las autoras (CMP y LSC).
229
[page-n-231]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.25. Sin referencia (47104).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
<1 g
I 1 sup. izq.
-
-
-
-
-
-
<1 g
I 1 sup. izq.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
No quemado
-
-
-
-
-
No quemado
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
1
Adulto (>30 años)
-
-
-
-
-
1
Adulto (>30 años)
No métrico MORFO.
PATOL.
Caries cervical interdental medial
Desgaste oclusal grado 5
(Perizonius)
-
-
-
-
Dental
-
-
Figura II.40. Caries cervical (47104).
Figura II.41. Desgaste oclusal (47104).
alambre plastificado: Color blanco y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso por exclusión (ver
nota 4).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.26.
230
Figura II.42. Restos óseos sin referencia (47111).
[page-n-232]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.26. Sin referencia (47111).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
13 g
Frgs. extrems. sup
-
-
-
13 g
Extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
Efectos del fuego: L | T
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Alteraciones tafonómicas tipo estriamientos longitudinales, porosidades y textura yesosa externa: exposición a la intemperie.
231
[page-n-233]
[page-n-234]
Anexo III
Tablas de resumen de los ajuares
y características básicas de las sepulturas
233
[page-n-235]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.1. Ajuares y características básicas de las sepulturas I-VI.
Núm.
I
II
III
IV
V
VI
Tumba
Empedr. grande
+ loc. cuadr + bustum
Empedr. grande
+ loc. circ + bustum
Hoyo
+ bustum
Empedr. mediano
+ bustum
Empedr. grande
+ bustum
Pread.
Inf. II-preadulto
Hoyo enlucido
+ bustum
Lebes + tapa C
Adulto joven fem.
No había
Escasos (diario)
No había
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
234
2
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
5
2
1
2
4
2
1
[page-n-236]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.2. Ajuares y características básicas de las sepulturas VII-XII.
Núm.
Tumba
VII
VIII
IX
Empedr. mediano Hoyo elips. enluc. Empedr. mediano
+ bustum
+ bustum
+ loc. circ.
Urna
Restos humanos Adulto o preadulto Adulto masculino
Armamento
Falcata
Espada
1
1
Puñal
Vaina
1
1
Cuchillo
1
1
Soliferreum
Lanza
1
Regatón
1
Escudo
1
1
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
1
1
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
1
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
3
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
3
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
Adulto fem.?
X
XI
XII
Empedr.mediano
+ loc. cuadr.
Empedr.pequeño
+ bustum
Empedr. pequeño
Adulto
Adulto >14
Escudilla (diario)
Adulto
1
1
1
1
1
1
2
3
1
1
1
2
1
2
1
1
1
6
1
8
5
1
1
1
1
235
[page-n-237]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.3. Ajuares y características básicas de las sepulturas XIII-XVIII.
Núm.
XIII
XIV
XV
XVI
XVII
XVIII
Tumba
Hoyo
Empedr.
mediano
Empedr. pequeño
Hoyo
Empedr. grande
Empedr. mediano
No se citan
Adulto joven
Orza + tapa ML
Adulto masculino
No se citan
Inf. II, preadulto
Urna
Restos humanos Escasos (diario)
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
1
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
236
1
1
1
3
1
1
1
1
1
2
1
2
1
1
6
1
1
6
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
1
8
[page-n-238]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.4. Ajuares y características básicas de las sepulturas XIX-XXIV.
Núm.
XIX
XX
XXI
XXII
XXIII
XXIV
Tumba
Hoyo + bustum
Tinajilla + tapa C
(diario)
Preadulto
Hoyo + bustum
Cratera imit + tapa
ML
Adulto >30 ¿fem.?
Hoyo
Ática + Tapa
crátera imit.
Escasos (diario)
Hoyo + bustum
Urna + tapa ML
(diario)
Preadulto
Empedr. mediano
Empedr. inc.
Preadulto
No se citan
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
1
1
1
1
1
2
1
2
1
1
3
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
2
1
237
[page-n-239]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.5. Ajuares y características básicas de las sepulturas XXV-XXXI.
Núm.
XXV
XXVI
Tumba
Urna
Hoyo circ.
Hoyo
Escasos
huesos
Algún huesecillo (diario)
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
238
XXVII
XXVIII
XXIX
Mancha ¿ustrinum? Mancha ¿ustrinum? Empedr. grande
Pocos huesos
(diario)
No se citan
No se citan
XXX
XXXI
¿Hoyo?
Hoyo cuad. enluc.
No se citan
Adulto
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
1
1
4
1
[page-n-240]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.6. Ajuares y características básicas de las sepulturas XXXII-XXXVIII.
Núm.
XXXII
XXXIII
XXXIV
XXXV
XXXVI
XXXVII
XXXVIII
Tumba
Hoyo cuadr. enluc.
+ bustum
Mancha
Hoyo cuadr.
enluc. + bustum
Hoyo
Empedr. grande
Hoyo
Hoyo
Restos pequeños
Apenas huesos
Adulto
Escasos
No se citan
No se citan
Adulto o
preadulto
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
239
[page-n-241]
[page-n-242]
Anexo IV
Notas biográficas
La intención de este Anexo es reconocer la labor de las personas
que participaron e hicieron posible la excavación de Casa del
Monte y, más de 100 años después, su publicación completa.
Desafortunadamente no hay constancia del nombre de todas ellas,
pero aportaremos los datos conocidos a modo de homenaje a
todas ellas.
Isidro Ballester Tormo es sin duda el protagonista de esta
mirada al pasado. Y es la persona de la que más información se
conserva recogida en diversas notas biográficas de donde se ha
extraído la siguiente información (Cerdá Reig 1952; Pericot García 1952; Martí Oliver 2006; de Pedro Michó 2006).
Nació en Nerpio (Albacete) el 12 de agosto de 1876 donde su
padre, originario de la comarca valenciana de la Vall d’Albaida,
ejercía como notario. Más tarde se trasladó a la Pobla del Duc,
y el joven Isidro cursó el primer año de bachillerato en Xàtiva
y los restantes en los Padres Escolapios de Gandia, donde entró
en contacto con el P. Leandro Calvo, quien le inculcó la afición
por la arqueología.
Estudió Derecho en la Universitat de València, licenciándose en 1901 y ejerció como abogado en Albaida y en València.
Fue diputado del Partido Conservador por el distrito de Xàtiva-Albaida entre 1915 y 1924, coincidiendo parcialmente con
las excavaciones en Casa del Monte. Fue vicepresidente de la
Diputación de València entre 1930 y 1931. Estuvo casado dos
veces y de su primer matrimonio tuvo un hijo que falleció a
edad temprana. Una enfermedad de su segunda esposa la dejó
ciega cuando él también estaba perdiendo vista. Murió el 13
de agosto de 1950.
Francisco Cerdá Reig, quién conoció a Ballester Tormo y
compartió con él la actividad política, escribió en 1952: “…en
aras a su gran vocación científica, sacrificó su carrera y su bufete,
sus aspiraciones políticas, su patrimonio económico y hasta la
comodidad de su propia vida familiar…”.
Inició sus trabajos arqueológicos en Covalta (Albaida-Agres)
hacia 1906, donde estuvo excavando entre 1917 y 1919, al mismo
tiempo que empezó las intervenciones en Casa del Monte (19181920); a las que siguieron otras muchas.
En 1927, fundó el Servicio de Investigación Prehistórica y
su Museo dependiente de la Diputación de València del que fue
su director hasta 1933, aunque fue nombrado director honorario
en 1935. Tras los avatares de la guerra civil, en 1942 accedió de
nuevo a la dirección del Servicio de Investigación Prehistórica
con un sueldo anual, que antes no había recibido, hasta su fallecimiento en 1950.
En 1928, se publicó el primer volumen del Archivo de
Prehistoria Levantina, que todavía se publica, y en 1937 la
serie Treballs Solts, actualmente publicada con el nombre Trabajos varios.
Matilde Alafont Sanz, su segunda esposa, le acompaña en
algunos de sus desplazamientos como Ballester Tormo refiere en
el diario nº 67, con una escueta nota el día 10 de octubre de 1920:
“Llegamos por la mañana Matilde y yo” (fig. IV.1).
Feliciano Colomer y Ramírez de Arellano, por entonces
propietario de la finca, era miembro de la Sociedad Española de
Excursiones entre 1893 y 1918. Actualmente, el propietario de
Casa del Monte es el empresario Modesto Abad Aledón.
El único peón del que cita su nombre es Pascual José Martínez García, vecino de Valdeganga. En marzo de 1920 participó
como peón y, según escribió Ballester Tormo en los gastos de las
campañas, estaba haciendo el servicio militar en Alcoi, indicando
el batallón y el nombre de su padre, José Martínez (fig. 3.10).
Buscando información en la red, se ha encontrado su nombre en
un listado de reclutas de 1917 publicado por la Diputación de
Albacete (Tabla IV.1). También aparece su nombre, explicitando
que era un labrador de Valdeganga, en un censo de represaliados (fig. IV.2).
241
[page-n-243]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura IV.1. Tarjeta de visita de Isidro Ballester Tormo y Matilde
Alafont Sanz encontrada entre los materiales de Casa del Monte.
Censo de Represaliados de la UGT
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Métodos de búsqueda
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El proyecto
Fuentes documentales
Búsqueda
Martínez García, Pascual
FICHA
Apellidos y Nombre
Martínez García, Pascual
Sexo
Hombre
Lugar de nacimiento
Valdeganga
Provincia de nacimiento
Albacete
Ver todo fichas con este valor
Labrador
Profesión
Ver todo fichas con este valor
Organizaciones de militancia
PCE
UGT
CNT
Nº causa/s
Causa nº 1123 (Albacete)
Imputación delito
Auxilio a la rebelión
Sentencia
Doce años y un día de reclusión menor
Cárcel/cárceles
Albacete
Ver todo fichas con este valor
Fuentes documentales del
proceso
Archivo General e Histórico de Defensa, Caja 14610/1
Portal de víctimas de la dictadura en Castilla-La Mancha
franquista
Según la sentencia acusado de: "hacer guardias como miliciano armado,
intervenir en la destrucción de la Iglesia y estar presente en la detención del
Cabo de la Guardia Civil, sin llegar a cooperar en ella"
Observaciones
Presidente de la CNT
Resultando hechos probados
según la sentencia del tribunal
Portal de víctimas de la dictadura en Castilla-La Mancha
Conjuntos de fichas
Figura IV.2. Ficha de Pascual Martínez García en el Censo de Represaliados de la UGT. Fundación Francisco Largo Caballero.
242
El proyecto
Fuentes
Razones y objetivos
documentales
Apoya y colabora en la financiación
El equipo
Colaboradores
Cómo buscar
Filtros A-Z
Proyecto Censo de Represaliados de la
[page-n-244]
anexo iv: notas biográficas
Tabla IV.1. Reclutas de Valdeganga.
AÑO
EXPEDIENTE PERSONAL DE
LEGAJO
AÑO
EXPEDIENTE PERSONAL DE
LEGAJO
1917
Rodenas Gil, Antonio
14418 - 1
1917
Segovia González, Pascual
14419 - 3
1917
Landete Landete, Francisco
14418 - 2
1917
Landete Sánchez, Francisco
14419 - 4
1917
García Gil, Blas
14418 - 3
1917
Cutillas Calero, Juan
14419 - 5
1917
Calderón Calderón, Álvaro
14418 - 4
1917
Gómez Cutillas, Pascual
14419 - 6
1917
Pérez Martínez, José
14418 - 5
1917
Emiliano, Sotos, Dionisio
14419 - 7
1917
Landete Sánchez, José
14418 - 6
1917
Calero, Pedro
14419 - 8
1917
Martínez Hervás, Alonso
14418 - 7
1918
Cuesta Segovia, Demetrio
14419 - 11
1917
Herreros Gil, Andrés
14418 - 8
1918
Romero Íñiguez, Santiago
14419 - 12
1917
Sáez Sánchez, Juan
14418 - 9
1918
Segovia Martínez, Juan José
14419 - 13
1917
Sánchez López, José
14418 - 10
1918
González González, Juan
14419 - 14
1917
Díaz Gil, Pedro
14418 - 11
1918
Heras Martín, Alfredo
14419 - 15
1917
Martínez Gil, Agustín
14418 - 12
1918
Gualda Calderón, Juan Ginés
14419 - 16
1917
Landete García, Juan
14418 - 13
1918
Gómez Landete, José Juan
14419 - 17
1917
Martínez García, Pascual
14418 - 14
1918
Martínez Martínez, José Ramón
14419 - 18
1917
Tébar Cuesta, Francisco
14418 - 15
1918
Landete Sarrión, Juan
14419 - 19
1917
Landete Sánchez, José
14418 - 46
1918
Sarrión Segovia, Pascual
14419 - 20
1917
Fernández Valera, Juan
14419 - 1
1918
Calero Corredor, Juan
14419 - 22
1917
Gómez Gil, Leoncio
14419 - 2
1918
Romero Férnández, Pascual
14419 - 23
Con estos datos nos pusimos en contacto con el Ayuntamiento
de Valdeganga para indagar la existencia de información sobre
Pascual. Ana Mª Jiménez Murcia, Secretaria del Ayuntamiento de
Valdeganga y la admistrativa Irene Escañuela Armero buscaron
la información en los archivos y nos enviaron los documentos
escaneados de su nacimiento, matrimonio y defunción, así como
el acta de matrimonio de sus padres y del nacimiento de sus hermanos y hermanas.
Sus padres José Martínez García y Francisca García Navarro
contrajeron matrimonio en marzo de 1892. Tuvieron seis hijos
varones y tres mujeres, siendo Pascual el segundo nacido en
julio de 1896.
Pascual se casó con Josefa Tolosa Muñoz en abril de 1924,
pocos años después de participar en las excavaciones de Casa
del Monte. No tuvieron descendencia y Pascual falleció en abril
de 1975, con 79 años.
Gracias a la información aportada por Manuel Ortiz Heras1,
coordinador del Seminario de Estudios de Franquismo y Transición, hemos podido confirmar que Pascual era labrador sin
afiliación política hasta el 18 de julio de 1936 en que se afilió a
la U.G.T., al Partido Comunista y más tarde a la C.N.T.
Cuando en abril de 1939 le detuvieron por haber participado
o presenciado la destrucción y “quema de los santos” de la iglesia
de Valdeganga declaró haber sido presidente de la C.N.T. durante
dos meses. En 1940, en un Consejo de Guerra Sumarísimo, se
1 Catedrático de Historia de Contemporánea del Dpto. Historia de la
Universidad de Castilla-La Mancha correo: Manuel.Ortiz@uclm.es
Figura IV.3. Firma de Pascual Martínez García en el documento de
notificación de su indulto.
le acusó de auxilio a la rebelión y fue condenado a 12 años y un
día de reclusión menor, delito por el que se le indultó en agosto
de 1946, cuando ya gozaba de libertad condicional (fig. IV.3).
En uno de los documentos del Consejo de Guerra fechado en
Casas Ibáñez el 3 de septiembre de 1940 se indica que Pascual
mide 1.645 y tiene el “iris pardo, cara alargada, pelo negro y
barba del mismo color, nariz grande, piel oscura, boca grande”.
De los otros peones o braceros que participaron en las campañas no se recogen sus nombres. En las cuentas de gastos de 1919
consta que pagó entre tres y cuatro jornales cada día; en marzo
de 1920 fueron entre cinco y ocho; y en octubre del mismo año
trabajaron cuatro de Valdeganga y tres valencianos. Estos últimos
pudieron ser colaboradores de Ballester Tormo en las excavaciones de Covalta. En total un mínimo de 19 peones, teniendo en
cuenta que no hay datos de 1918.
En las fotos conservadas en el Archivo Fotográfico del SIP
se ven imágenes parciales de cuatro hombres, así como de una
mujer y un niño (fig. 3.9), de identidad desconocida.
243
[page-n-245]
[page-n-246]
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Filiación de autoría
Ernestina Badal García
PREMEDOC-GIUV2015-213. Departament de Prehistòria,
Arqueologia i Història Antiga. Universitat de València
ernestina.badal@uv.es
https://orcid.org/0000-0002-8296-1870.
Marta Blasco Martín
Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga. Universitat de València. Marta.blasco@uv.es
https://orcid.org/0000-0002-5360-8701
Francisco Cebrián Abellán
Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio. Facultad de Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La
Mancha.
Francisco.Cebrian@uclm.es
https://orcid.org/0000-0002-4309-4954
Inmaculada López Flores
Arqueóloga y antropóloga autónoma.
ilf.antropologa@gmail.com
Diego Lucendo Díaz
Baraka Arqueólogos
diegolucendo@barakaarqueologos.es
Consuelo Mata Parreño
Grup de Rercerca en Arqueologia de la Mediterrania (GRAM).
Universitat de València. consuelo.mata@uv.es
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Blanca Pérez Aguilar
Servicio de Biblioteca y Documentación Científica. Universitat
Politècnica de València
bperez.arq@gmail.com
Gianni Gallello
Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga.
Universitat de València. Gianni.Gallello@uv.es https://orcid.
org/0000-0003-3641-8815
https://orcid.org/0000-0003-3641-881
Lucía Soria Combadiera
Departamento de Historia, Área de Prehistoria. Facultad de
Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La Mancha.
lucia.soria@uclm.es
https://orcid.org/0000-0003-3158-6377
Francisco Gómez Bellard (†)
Escuela de Medicina Legal. Universidad Complutense de Madrid.
Tomás Torres González
Baraka Arqueólogos
tomastorres@barakaarqueologos.es
Joaquín Jiménez Puerto
PREMEDOC-GIUV2015-213. Departamento de Prehistoria,
Arqueología e Historia Antigua. Universitat de València.
joaquin.jimenez@uv.es
https://orcid.org/0000-0001-9760-9602
253
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SERVICIO DE INVESTIGACIÓN PREHISTÓRICA
DEL MUSEO DE PREHISTORIA DE VALENCIA
S E R I E D E T R A B A J O S VA R I O S
Núm. 133
La necrópolis ibérica de Casa del Monte
(Valdeganga, Albacete)
Consuelo Mata Parreño
Lucía Soria Combadiera
Con contribuciones de
Ernestina Badal García, Marta Blasco Martín,
Francisco Cebrián Abellán, Gianni Gallello, Francisco Gómez Bellard (†),
Joaquín Jiménez Puerto, Inmaculada López Flores, Diego Lucendo Díaz,
Blanca Pérez Aguilar y Tomás Torres González
DIPUTACIÓN DE VALENCIA
2025
[page-n-5]
DIPUTACIÓN DE VALENCIA
SERVICIO DE INVESTIGACIÓN PREHISTÓRICA
DEL MUSEO DE PREHISTORIA DE VALENCIA
S E R I E D E T R A B A J O S VA R I O S
Núm. 133
La Serie de Trabajos Varios del SIP se intercambia con publicaciones dedicadas a la Prehistoria, Arqueología en general y ciencias o
disciplinas relacionadas (Antropología cultural o Etnología, Antropología física o Paleoantropología, Paleontología, Paleolingüística,
Epigrafía, Numismática, etc.), a fin de incrementar los fondos de la Biblioteca del Museu de Prehistòria de València.
We exchange Trabajos Varios del SIP with any publication concerning Prehistory, Archaeology in general, and related sciences
(Cultural Anthropology or Ethnology, Physical Anthropology or Human Palaeontology, Palaeolinguistics, Epigraphy, Numismatics, etc) in order to increase the batch of the Library of the Prehistory Museum of Valencia.
INTERCAMBIOS
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Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Excepto para aquellas imágenes donde se indican reservas de derechos
ISBN: 979-13-7026-003-3
eISSN: 1989-540
Depósito legal: V-4312-2025
Diseño y maquetación: Ausiàs Poquet
Imprime: Blanch & Blanch Comunicación
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No ha nacido mortal que no sufra y sepulte a su hijo y aguante otras desgracias, y
él mismo también muera. Los mortales soportan estas cosas: llevan tierra a la tierra.
Es forzoso recoger la cosecha de la vida de forma que la espiga sea fructífera, esté
o no en sazón. ¿por qué hay que lamentarse ante lo que sin duda hemos de recorrer
según lo establecido por la Naturaleza? Ninguna de esas cosas es terrible.
Hipsípila, Eurípides
Edición y reconstrucción de M. J. Navarro Aljibe y J. Pastor Seco, Ed. Tilde, 2013
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[page-n-8]
Índice
1. INTRODUCCIÓN
2. PAISAJE Y TERRITORIO
9
13
2.1. Entorno geográfico (Francisco Cebrián Abellán)
13
2.2. Territorio
16
3. DOCUMENTACIÓN E INTERVENCIONES
19
3.1. Documentación
19
3.2. Excavaciones
21
3.3. Intervenciones recientes
23
3.4. Estratigrafía y aproximación cronológica
61
3.5. Tipos de continente
62
3.6. Las “mansiones”
65
4. ESTUDIO DE LOS MATERIALES
71
4.1. Las cerámicas
71
4.2. Objetos de indumentaria y ornamentación
83
4.3. Las armas
96
4.4. Otros materiales
113
4.5. Las artesanías óseas (Marta Blasco Martín)
117
4.6. Análisis por PXRF de algunas piezas (Gianni Gallello)
124
5. PASTO DE LAS LLAMAS (Ernestina Badal García)
129
5.1. El fuego
129
5.2. El fuego en el mundo ibérico
129
5.3. La necrópolis de Casa del Monte
130
5.4. Las plantas en la sociedad ibérica
141
5.5. Conclusión
147
6. ESTUDIO ANTROPOLÓGICO (Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard †)
149
6.1. Metodología de laboratorio
149
6.2. Resultados
151
6.3. Conclusiones
155
VII
[page-n-9]
7. REVELANDO EL PASADO
157
7.1. Antecedentes metodológicos
157
7.2. Matemáticas de la memoria: Analizando la estructura social de la necrópolis (Joaquín Jiménez Puerto y Blanca
Pérez Aguilar)
160
7.3. Aproximación a la organización social de la necrópolis
163
7.4. Las prácticas rituales
173
8. SÍNTESIS Y REFLEXIONES FINALES
181
ANEXO I. Inventarios
183
ANEXO II. Fichas de estudio de los restos óseos (Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard †)
199
ANEXO III. Tablas de resumen de los ajuares y características básicas de las sepulturas
233
ANEXO IV. Notas biográficas
241
BIBLIOGRAFÍA
245
FILIACIÓN DE AUTORÍA
253
VIII
[page-n-10]
1
Introducción
No existen referencias escritas sobre la necrópolis de Casa del
Monte con anterioridad a los trabajos de Isidro Ballester Tormo
y, por tanto, su descubrimiento para la comunidad científica se
debe al mismo. Según nos cuenta, las primeras noticias sobre este
lugar se remontan al último cuarto del siglo XIX, momento en
que se destruyeron gran número de urnas en el extremo NO de la
loma (Ballester Tormo 1930, 28). Este hecho no trascendió más
allá de las personas que allí trabajaban y será, en 1917, cuando
el azar quiso que saliera a la luz.
Abogado de profesión, Ballester Tormo compatibilizó
su actividad profesional con sus tres grandes pasiones: la
política, la arqueología y la caza. Su afición por la caza le
permitía pasar largas horas en el monte. Y cazar… no sabemos
si cazaba, pero lo que sí sabemos es que inventarió numerosos
yacimientos por aquellos lugares por donde tuvo la fortuna
de pasar (fig. 1.1).
El hallazgo de esta necrópolis acontece en el transcurso
de una cacería que se celebraba anualmente durante el mes de
marzo en la finca que da nombre al yacimiento. Ese año acude
Isidro Ballester Tormo invitado por el propietario de la finca
(fig. 1.2 y Anexo IV). Así relata Ballester Tormo su hallazgo
(fig. 1.3):
“En Marzo de 1917, con motivo de una excursión de caza
a la Casa del Monte, finca de D. Feliciano Colomer y Ramírez
de Arellano, labor situada en el linde mismo de los términos de
Chinchilla y Valdeganga, y no sé bien también si en Albacete,
casi en las mismas paredes de la casa de labor, extensa y amplia…
encontramos unos pequeños tiestos ibéricos decorados con segmentos de círculos y fajas amplias de color siena...
La pequeña loma, mejor dicho cerrillo, inclinaba rápidamente
sus vertientes, unas para el SE, cortándose por el S, por donde
llegaba el Camino del Caserío de La Felipa, una barranquilla que
le separaba de la pequeña cuerda. ... El hallazgo de cerámicas
nos obligó a un reconocimiento más detenido, encontrando en
los terrenos y campos inmediatos una cerámica antigua, algunas
astillas de pedernal y sobre todo, en el borde de la cortadura de la
meseta por el Camino de Valdeganga, vemos a espaldas de la casa
en la inmediación del Camino de La Felipa, todo para el cerrillo,
cimientos de paredes de piedra en seco, que nos recordaban a la
técnica de los despoblados ibéricos valencianos y así dejamos
las cosas hasta la nueva temporada de caza”.
Aunque sin duda emocionado, se limita a explorar la zona
y, tal vez preparar la campaña del año siguiente. En los años
que duran las excavaciones en Casa del Monte, la arqueología
albacetense estaba en manos de la Comisión Provincial de Monumentos de Albacete, creada en 1844 y dependiente de la Comisión
Central. En el Archivo documental del Servicio de Investigación
Prehistórica de València (a partir de ahora SIP) se conserva la
solicitud manuscrita del permiso de excavación con fecha de
enero de 1920 (fig. 1.4); la concesión del mismo se publicó en la
Memoria de la Secretaría de la Junta Superior de Excavaciones
y Antigüedades en 1923.
En aquellos tiempos no existía una normativa sobre el depósito de materiales arqueológicos ni tampoco el Museo Provincial,
lo que propició que los hallazgos de Casa del Monte y otros lugares visitados por Ballester Tormo en la provincia pasaran a formar
parte de su colección particular. En 1949, la donó al SIP que él
mismo había fundado en 1927 (Fletcher Valls y Pla Ballester
1977, 103) (fig. 1.5). Algunos de sus materiales más significativos se pueden ver en las salas del actual Museu de Prehistòria
de València (a partir de ahora MPV).
Hoy, más de 100 años después, gracias a un importante
elenco de especialistas que ha participado en el estudio de esta
necrópolis, se ha podido extraer la máxima información posible
tras los años y avatares transcurridos. Algunos aparecen como
firmantes, pero hay otros muchos sin los cuales tampoco se
hubiera llegado a este resultado. Muchas gracias a Nuria Álvarez García, Ramón Canal Roca, Yolanda Carrión Marco, Eva
9
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Collado Mataix, Carmen Cuenca García, Agustín Diez Castillo, Pau García Borja, Krzysztof Kiersnowski, Bernat Martí
Oliver, Lluís Molina Balaguer, Ángel Sánchez Molina y Jaime
Vives-Ferrándiz Sánchez.
Un trabajo minucioso para la época, una custodia correcta de
los materiales y documentación por parte del MPV y del SIP, los
nuevos medios tecnológicos a nuestro alcance y una colaboración
interdisciplinar han dado los frutos que podrán leer a continuación.
Figura 1.1. Isidro Ballester Tormo en Casa del Monte (Archivo fotográfico SIP).
Figura 1.3. Página 7 del diario nº 67 (Archivo documental SIP).
Figura 1.2. Vista del emplazamiento de Casa del Monte en los años 1918-1920 (Archivo fotográfico SIP) y en marzo de 2021.
10
[page-n-12]
introducción
Figura 1.4. Solicitud manuscrita del permiso de excavación (Archivo documental SIP).
Figura 1.5. Página 1 del primer inventario de Casa del
Monte en el SIP (Archivo documental SIP).
11
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[page-n-14]
2
Paisaje y territorio
2.1. ENTORNO GEOGRÁFICO
Francisco Cebrián Abellán
Presentar el entorno geográfico y paisajístico de la necrópolis
de la Casa del Monte obliga a realizar una lectura multiescalar,
pasando de la contextualización general de la zona para centrar
la atención posteriormente en el entorno más cercano del yacimiento. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el paraje
de la Casa del Monte se localiza en la transición entre varias
comarcas. Una es la de los Llanos de Albacete, al oeste; la otra
es la Sierra de Chinchilla, al sur; la tercera queda al norte, y viene
definida por el encajado valle del río Júcar (fig. 2.1). Los Llanos
conforman un sector de marcada personalidad por su planitud y
homogeneidad, que en su génesis era una cubeta de colmatación
de materiales, que ha dejado poderosos mantos horizontales de
margas, calizas, conglomerados y arcillas (las últimas especialmente importantes en las proximidades de Chinchilla de Montearagón). La Sierra en cambio es una unidad montañosa de poca
altitud (no supera los 1000 m s.n.m en sus puntos más elevados);
forma parte de las estribaciones septentrionales del Prebético, en
el que afloran materiales calizos de época Jurásica y Cretácica en
sus partes más elevadas; en su zona central aparecen plegamientos y fallas, y como consecuencia de los desniveles existe una
densa red de cursos de agua estacionales, que solamente entran
en funcionamiento cuando se producen temporales de lluvia, y
que se distribuyen paralelos entre sí. La tercera unidad viene
definida por el río Júcar, al norte, que ha dejado un profundo
valle que se va encajando aguas abajo de Valdeganga, dejando
paredes verticales en la zona de la Ribera de Cubas; el resultado
es una estrecha vega, que ha sido intensamente empleada para
agricultura de regadío tradicional desde época árabe. Al norte
del Júcar aparecen las primeras estribaciones del Sistema Ibérico
(Cebrián Abellán 2011).
El clima dominante es mediterráneo con matices de continentalidad. Capel Molina (1981) lo ha definido como templado frío
continental con estación seca, en el que los inviernos son rigurosos. Los veranos, calurosos y secos. Mientras tanto, el otoño
y primavera se convierten en estaciones de transición, algo más
suaves en lo térmico. Las precipitaciones anuales suelen dejar
valores que oscilan entre los 350-400 mm, con máximos de otoño
y primavera (datos del observatorio de la AEMET de la Base
Aérea de Los Llanos, AEMET, periodo 1940-2024).
Estas condiciones explican que la vegetación climácica esté
formada por encinares y pinares, con sotobosque de tomillos,
romeros y espartizales. Pero la progresiva e intensa antropización
ha forzado la degradación y la desaparición del paisaje vegetal
originario en amplias zonas, sustituido desde comienzos de la
edad moderna por los tradicionales cultivos de la trilogía mediterránea, sobre todo cereales, a los que se han incorporado en
las últimas décadas regadíos (fig. 2.2). En hidrografía, los cursos superficiales son escasos. Pero la falta de agua superficial se
compensa con un acuífero caudaloso y somero que explica el
emplazamiento histórico de algunos núcleos de población y la
proliferación reciente de los regadíos extensivos.
Los caracteres de estas tres comarcas ayudan a entender
las singularidades del entorno cercano al paraje en el que se
localiza la Casa del Monte, en la transición entre las comarcas mencionadas anteriormente. Las formas del relieve en su
entorno cercano dejan un paisaje suavemente ondulado. Aquí
los materiales predominantes son aluviones cuaternarios, que
se concentran en los sectores topográficamente bajos. Mas al
sur quedan glacis pliocenos de época terciaria, que descienden
desde las estribaciones subbéticas meridionales. Predominan
los de régimen de arroyada, con sedimentación detrítica en
la que se mezclan calizas, margocalizas, areniscas, arenas y
conglomerados. A poca profundidad aparecen costras calizas que oscilan entre los 5 cm y el metro de espesor. Como
13
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 2.1. Situación de la necrópolis y yacimientos cercanos (elaborado por P. Valero Tocohulat).
resultado quedan suelos poco profundos, con espesores entre
20 y 30 cm, compuestos por arcillas, margas y materiales
calizos, fácilmente erosionables; tienen bajo contenido en
materia orgánica; presentan colores grises, con variaciones
de pardo-grisáceo a gris-rojizo, especialmente en los fondos
de valle, donde son más profundos y la presencia de arcillas
es mayor; la pedregosidad superficial es elevada; las texturas
son equilibradas, aunque presentan alto contenido en calizas
(hoja 766 del Instituto Geológico y Minero de España -edición 1977- y del Mapa de cultivos y aprovechamientos la del
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación -edición de
1975-). Las labores de desfondado, que se han intensificado
desde mediados del siglo pasado, han sacado a la superficie
las costras calizas, que se han ido retirando y acumulando en
majanos. Entre tanto, en los pequeños altiplanos, los suelos
son pobres y ocasionalmente aparece la roca madre, fundamentalmente de calizas miocenas.
La singularidad hidrogeológica de la zona ha dejado históricamente surgencias de agua, sobre todo en la comarca de
Los Llanos, que, de forma estacional o permanente, alimentaban pequeñas fuentes o pozos artesianos. Este hecho ha quedado
constatado al oeste, a unos 20-30 km de distancia, en el entorno
de la ciudad de Albacete, donde los paisajes del agua han sido
un elemento de referencia en el pasado (es el caso de los Ojos
14
de San Jorge, El Salobral o Riachuelos). Se explica porque en el
subsuelo existe un rico acuífero subterráneo, el nº 18 que, antes
de su puesta en explotación para regadíos, dejaba nacimientos
de agua que alimentaban pequeños arroyos y zonas encharcadas,
con láminas de agua de escasa profundidad, algunas estacionales
y otras permanentes. Esto explica que, en periodos anormalmente
húmedos, se hayan registrado crisis demográficas en la ciudad
de Albacete y su entorno por inundaciones o por presencia cronificada del paludismo. En 1803 comenzaron a eliminarse estos
humedales con la construcción del Canal Real, que posteriormente pasaría a denominarse de María Cristina. Este colector se
ha convertido, hasta finales del siglo XX, en el curso artificial
que drenaba los excedentes del acuífero hacia el río Júcar. Se da
la circunstancia de que su trazado discurre junto a la Casa del
Monte a escasos metros del yacimiento (fig. 2.3).
La información que aportan las hojas del Mapa Topográfico Nacional, escala 1:50.000, y del trabajo de campo, ayuda
a entender los diferentes usos y transformaciones operadas en
el entorno de la Casa del Monte en el último siglo y medio.
La hoja 766, que lleva por nombre “Valdeganga”, tiene varias
ediciones elaboradas por el Instituto Geográfico Nacional -con
diferentes denominaciones oficiales. Las dos primeras, 1892 y
1918, son especialmente interesantes porque permiten contextualizar la realidad de finales del siglo XIX y principios del XX,
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paisaje y territorio
Figura 2.2. Paisaje hacia el noroeste desde el yacimiento (fotografía del 12 de marzo de 2021).
momento en el que se inicia la excavación de Casa del Monte
(fig. 2.4, 1918). Haciendo una revisión de la distribución de
las curvas de nivel, el yacimiento se encuentra en uno de los
sectores topográficamente más bajos. En su entorno aparecía
cartografiada una importante superficie forestal, de la que todavía se conservan manchas al oeste del yacimiento, dentro del
término municipal de Albacete. Se trata de encinares mezclados
con pinares (fig. 2.2). Entretanto, hacia el este, en dirección a
Casas de Juan Núñez, aparecen documentadas extensas zonas
de eriales y pastizales, ahora ocupadas por espartizales. En las
ediciones posteriores se aprecia cómo se ha intensificado la
antropización, con más superficie de uso agrícola, en detrimento
la masa forestal, para incorporar desde finales del siglo XX el
regadío como elemento definidor del paisaje (fig. 2.4).
Centrando la atención en el emplazamiento de la necrópolis,
ésta queda dentro de los límites político-administrativos de la
provincia de Albacete, en el término municipal de Valdeganga,
a una altitud de 662 m s.n.m, y a escasa distancia de los de Albacete y de Chinchilla de Montearagón. El documento topográfico
de detalle más antiguo de que hay constancia en la zona es una
minuta1 del término municipal de Valdeganga. Fue levantado en
1878, a escala 1:25.000 por los técnicos del Instituto Geográfico
y Estadístico (adoptaba esta denominación esta institución en
ese momento), y sirvió como material de base para la edición de
la primera hoja 766 del 1:50.000 de 1892 (figura como autor el
topógrafo segundo Dionisio Gallego). Este documento inicial se
ha empleado, con revisiones y actualizaciones, para la posterior
edición de la hoja 766 en 1953 (las actualizaciones aparecen en
rojo y otras a lápiz, sin datar) (fig. 2.3).
1 La minuta es el documento de trabajo de campo empleado por los ingenieros geógrafos responsables de las ediciones posteriores de las hojas
del mapa topográfico nacional a escala 1:50.000 del Instituto Geográfico
Nacional (https://centrodedescargas.cnig.es/CentroDescargas/catalogo.
do?Serie=MIPAC).
De la lectura cartográfica de las primeras ediciones del Mapa
Topográfico Nacional, y en la minuta de 1878, se pueden obtener algunas informaciones interesantes sobre el yacimiento (fig.
2.4). Este se emplaza en una pequeña elevación donde aflora el
sustrato rocoso, junto a una de las zonas topográficas más bajas,
a orillas del Canal de María Cristina. En el trabajo de campo se
constata que se localiza en un sector con suelos de poco espesor
y nulo aprovechamiento agrícola. Esto explica, por una parte,
que no haya sido roturado para tierras de cultivo; por otro lado,
que la vegetación no haya ocupado de forma importante la zona;
y, en tercer lugar, que haya sido utilizado históricamente en el
trazado de la red caminera. Por estas razones se han preservado
sus estructuras arqueológicas.
En las ediciones de la hoja de 1892 y 1918 se plasman los
restos de la antigua Casa del Monte, situada en un cruce-nudo
de caminos que conecta las tres comarcas (figs. 2.1, 2.3 y 2.4): el
eje este-oeste es el que tradicionalmente ha conectado la actual
ciudad de Albacete con Jorquera, donde se localiza el oppidum
homónimo (Soria Combadiera et al. 2016); con dirección norte-sur aparece otro eje que conecta el río Júcar, a su paso por
Valdeganga, con la Sierra de Chinchilla, para terminar en Hoya
Gonzalo, donde se localizan las necrópolis ibéricas de Los Villares y Camino de la Cruz; aparece también una derivación hacia el
este, en dirección a Casas de Juan Núñez, donde se encuentra la
necrópolis de La Losa. La posición de Casa del Monte respecto
a otros yacimientos también ayuda a explicar su importancia: a
17 km de Jorquera y a 18 de Chinchilla/ Saltigi; y entre la cañada
real de los Serranos, de la que dista 5 km, y a 12 km de la via
Cartago Nova-Complutum
En las ediciones de 1955 y 1990 ya aparece la nueva Casa del
Monte, a medio km de distancia al norte de la necrópolis, desapareciendo el topónimo de la antigua ubicación; en la edición de
2009 se plasman los nuevos usos agrarios donde los regadíos han
supuesto una profunda transformación del paisaje (fig. 2.4). El
uso de los visores actuales (Google Earth, por ejemplo) permite
una visualización territorial más detallada.
15
[page-n-17]
la necrópolis ibérica de casa del monte
2.2. TERRITORIO
Figura 2.3. Minuta del término municipal de Valdeganga de 1878:
general y detalle. En rojo anotaciones posteriores publicadas en 1955.
16
Una primera aproximación al entorno paisajístico y territorial la
hizo Ballester Tormo en el diario nº 68 (p. 57), suponemos que
con intención de publicarla; sin embargo, esas notas no aparecieron en el artículo de 1930. Nos ha parecido interesante recoger
su transcripción para, a continuación, contrastarla con lo que se
sabe en la actualidad (fig. 2.5). Escribió así:
“Una necrópolis ibérica en la ´Casa del
Monte¨(Valdeganga-Albacete)
“Situación de la estación.”
La amplia llanura de la meseta albaceteña, que se inicia en el
termino (sic) de Almansa, va extendiéndose aproximadamente
de SE á (sic) NO, siempre jalonada á (sic) uno y otro lado por
estaciones prehistóricas y protohistóricas. Meca y la cueva de
[en blanco], en el término de Alpera; Las Grajas, La Mata de la
Estrella, el Cerro del Castellar (no Los Castellares como P. Paris
lo nombra), el de Las tres piedras, y el despoblado del Corral de
la Viuda, en el de Higueruela; Amarejo, en Bonete; el Llano de
la Consolación y el Cerro de Los Santos, en el de Montealegre;
la Morra del Puerto en Corral Rubio; y rodeando Albacete, El
Salobral y Balazote; despoblados y estaciones, inéditas unas,
estudiadas las menos, faltas de exploraciones metódicas y detenidas cuasi todas, pero dando en conjunto…”. Así termina el
texto, abruptamente.
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paisaje y territorio
1918
1955
1990
2009
Figura 2.4. Mapa Topográfico. Hoja Valdeganga de 1918, 1955, 1990 y 2009.
Una buena parte de los yacimientos ibéricos citados han sido
excavados, estudiados y publicados como Castellar de Meca (Ayora),
El Amarejo (Bonete), Llano de la Consolación y Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo) y El Salobral (Albacete) (Broncano
Rodríguez 1986; Broncano Rodríguez y Alfaro Arregui 1990 y 1997;
Broncano Rodríguez 1989; Broncano Rodríguez y Blánquez Pérez
1985; Valenciano Prieto 2000; Fernández Avilés 1953 y 1966; Chapa
Brunet 1980 y 1984; Ruiz Bremón 1989; Blánquez Pérez 1995).
Paralelamente, desde los años 80 del siglo pasado, se generalizó el estudio sistemático de zonas geográficas concretas
mediante la prospección con el objetivo de recoger información
encaminada a la detección de territorios organizados. En la zona
que nos ocupa, el río Júcar es un hito geográfico de gran importancia, ya que los ríos han funcionado tradicionalmente como
fronteras naturales entre pueblos, pero también como vías de
comunicación. Por ello, no siempre separan realidades distintas,
estrategias de ocupación del territorio o cultura material diferentes; sin embargo, sí que se configuran como un límite para los
trabajos de investigación, generándose una información desigual
entre los sectores establecidos por las estrategias de los diferentes
proyectos. Este es el caso de la Casa del Monte (fig. 2.1).
En época ibérica, existió un denso poblamiento a lo largo
del arroyo de Abengibre entre los oppida de El Villar-Las Eras
(Alcalá del Júcar) y Jorquera, ambos dominando los pasos del
17
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 2.5. Página 57 del diario nº 68 (Archivo documental SIP).
río Júcar y sus fértiles tierras (Soria Combadiera 2000, 119 y ss.;
Soria Combadiera et al. 2016). A algo más de 7 km al S del río,
El Puntal de Peña Rubia (Alcalá del Júcar), situado a 862 m de
altitud, permite el control visual de la hoz del Júcar.
En cambio, al S del Júcar, donde se sitúa esta necrópolis,
la investigación ha sido puntual y los hallazgos arqueológicos
conocidos han sido fortuitos, producto de labores agrícolas y
actuaciones de salvamento con motivo de obras públicas (generalmente no publicadas). Se refieren, sobre todo, a necrópolis a
partir del hallazgo de escultura monumental como Casa Quemada
(Albacete) y La Losa (Casas de Juan Núñez), siendo el registro
más antiguo (siglo VI a. C.) la Casa del Monte (La Recueja),
situada en un meandro del Júcar (López Precioso 1994).
También se han hecho prospecciones selectivas en el marco
de la tesis doctoral de una de nosotras (Soria Combadiera 2000) y,
más recientemente, de las cartas arqueológicas de los municipios
cuya clasificación de los yacimientos no es específica.
En definitiva, sigue sin haber noticias concluyentes sobre
lugares de hábitat en las inmediaciones de Casa del Monte.
18
Otra problemática a tratar en este capítulo, es su adscripción
territorial. Desde la publicación de la obra de Llobregat Conesa
(1972) sobre la regio Contestania se han desarrollado numerosas
investigaciones con el objetivo de caracterizar arqueológicamente
a los pueblos ibéricos citados en las fuentes.
Veinte años después de dicha publicación, Abad Casal
(1992, fig. 1) propuso una ampliación de los límites de la Contestania de Llobregat Conesa hasta Cartagena por el S y hasta
una línea comprendida entre Chinchilla de Montearagón-Hellín-Caravaca por el interior. Uno de los indicadores utilizados
para tal ampliación fue la constatación de que el estilo pictórico simbólico ilicitano tiene una amplia distribución por esta
zona. Años más tarde, el mismo autor retomó dicha problemática aportando nuevos datos, como la escultura, la numismática
y la epigrafía, para apoyar su propuesta (Abad Casal y Sanz
Gamo 1995, 81-83).
En la misma línea, un estudio territorial en el que se analizó
de forma exhaustiva toda la documentación existente hasta el
momento propuso considerar los territorios de Castellar de Meca
(Ayora) y El Tolmo de Minateda (Hellín) dentro de la órbita de
influencia contestana. A ellos se podría añadir el de Chinchilla de
Montearagón, en el que las manifestaciones culturales (tumbas
de empedrado tumular y escultura asociada a necrópolis, entre
otras), inclinan a considerarlo igualmente dentro del ámbito contestano, a pesar de que el lugar, Saltigi, es citado por Ptolomeo
como ciudad bastetana. A este territorio pertenecería la Casa del
Monte, a unos 18 km en línea recta del lugar central (Soria Combadiera 2000, 471, 498, 528 y 538).
En la obra dedicada a los 30 años de la publicación Contestania Ibérica (Abad Casal et al. 2005), empieza a entreverse un
cambio de tendencia en el uso del término Contestania, de tan
arraigada tradición. Así, Abad Casal ya plantea la existencia de
una “gran Contestania” y la idea de que debiera matizarse su
utilización. En esa línea, en el mismo volumen, se recogen contribuciones sobre los territorios septentrional y meridional de
Contestania y las diferencias entre contestanos y edetanos; además de incluirse Casa del Monte como necrópolis contestana
(Soria Combadiera y Mata Parreño 2005).
En sintonía con ello, desde los estudios territoriales que
desarrollamos en otras áreas de la Cultura Ibérica empezamos a
cuestionar el uso de las regiones administrativas de época romana
para identificar realidades que poco, o nada, tuvieron que ver con
la organización política de los Iberos. Estas propuestas las hemos
planteado, desde hace años, para la Edetania romana y, por ende,
también las proponemos para la Contestania y las demás regiones
citadas en las fuentes (Mata Parreño 2001 y 2024).
De acuerdo con este nuevo planteamiento, Casa del Monte no
puede considerarse como contestana al ser anterior al surgimiento
de este etnónimo. Se sitúa en el límite occidental del territorio de
Saltigi y de otros pueblos citados en las fuentes (Oretanos, Contestanos, Bastetanos) o identificados por la numismática (Iberos
de Ikalensken), localización fronteriza que dejó su huella en la
cultura material como se irá viendo en las páginas siguientes.
[page-n-20]
3
Documentación e intervenciones
3.1. DOCUMENTACIÓN
La documentación original de la Casa del Monte depositada en
los Archivos documental y fotográfico del SIP consta de tres cuadernos, tres planos de las tumbas excavadas, negativos fotográficos y copias en blanco y negro tanto de materiales como de la
excavación y varios inventarios parciales. Además, una pequeña
libreta tamaño media cuartilla, de papel cuadriculado, con anotaciones esporádicas escritas a lápiz de la visita de Ballester Tormo
al Museo Arqueológico Nacional el 15 de septiembre de 1929,
en la que recogió, entre otros, paralelos de materiales que había
encontrado en Casa del Monte, como espadas, “agrafes” (sic),
vainas y fíbulas (fig. 4.24).
Los diarios núms. 67 y 68 (Archivo documental del SIP) son
dos libretas tamaño cuartilla de tapas azules y hojas sin rayar,
escritos a lápiz, generalmente por ambos lados. El primero de
ellos es realmente el diario de las excavaciones desde la primera
visita en marzo de 1917 hasta el 16 de octubre de 1920 (fig. 1.3),
en cuyas primeras páginas recoge la planta y sección de la Cueva
del Alfonsí (Chinchilla de Montearagón). Junto al relato de los
hallazgos, incluye croquis y dibujos de algunos materiales. En
el segundo cuaderno, Ballester Tormo resumió los aspectos más
interesantes de cada una de las tumbas, así como de las llamadas
“mansiones”. Todo parece indicar que se trata de una redacción
previa a la única publicación que hizo de la necrópolis (Ballester
Tormo 1930). Además, en la página 55, dibujó, con sus correspondientes medidas, una piedra cilíndrica que interpreta como basa
para una columna de madera que, según escribe, se encontraba
en la puerta de la Casa del Monte.
El tercer cuaderno (nº 68 bis) es horizontal, tamaño cuartilla,
con dos perforaciones por las que pasa una cuerdecilla que sujeta
varias hojas, alguna con su sello personal, que titula “Inventario
de las sepulturas”, inventario que no sigue un orden numérico y
no contempla todas las sepulturas. Está escrito a tinta y a lápiz.
En la guarda interior de la portada hay escrito a lápiz un texto
que puede explicar algunas ausencias y que transcribimos a continuación (fig. 3.1):
“68 papelitos (8 en blanco)
Al subirlo de Albaida a Adzaneta, se produjo alguna confusión en el material de las cajas, que hay que aclarar, y que no
resuelven los Diarios por estar algo incompletos en los dias q.
(sic) estuve resfriado”.
Los demás inventarios de materiales están recogidos en varias
hojas sueltas redactados en épocas diferentes sin que conste el año
de redacción. Todos ellos tienen rectificaciones y anotaciones posteriores a su redacción inicial. El que puede ser el segundo más
antiguo son ocho páginas tamaño folio, escrito a tinta, en el que
se catalogan 64 piezas sin orden aparente y señalando ya la existencia de objetos extraviados y sin referencia (fig. 1.5); se debió
redactar en los años 50, antes o después del traslado del museo
al palacio de la Baylía en 1955. Los otros listados los hemos
ordenado de forma aleatoria: en primer lugar, dos hojas tamaño
cuartilla, escritas por ambas caras a lápiz y tinta negra donde se
describen escuetamente los ajuares desde la tumba I a la XXXIV
(fig. 3.2); segundo, otras hojas sueltas tamaño cuartilla, escritas
por ambas caras a lápiz, bolígrafo y tinta negra desde la sepultura
I a la XXXIV (con bastantes espacios en blanco), incluyendo los
materiales esporádicos y del “poblado” (fig. 3.3); tercero, unas
cuartillas escritas en horizontal, a tinta, a lápiz, rotulador negro
y bolígrafo azul y rojo, en las que se recogen de nuevo los ajuares de casi todas las tumbas y las dos “casas”, con anotaciones
y rectificaciones de diferentes manos (fig. 3.4); finalmente, dos
cuartillas escritas en horizontal a bolígrafo del “poblado”, materiales sin referencia y de las Sepulturas XIX a XXXIV, sin que
se hayan localizado las hojas anteriores (fig. 3.5).
En 1986, tras el traslado del museo a su actual emplazamiento
en la Casa de la Beneficencia, se inició la catalogación de los
materiales que había en las vitrinas, en fichas de cartulina, escritas
19
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la necrópolis ibérica de casa del monte
a máquina, con una foto en blanco y negro. Se hace constar el año
de redacción y la autoría (Helena Bonet Rosado, Josepa Rodrigo
García y Luis Silgo Gauche) (fig. 3.6).
La planimetría es escueta y consta de dos planos generales
y un croquis de todas las tumbas excavadas, además de los parciales recogidos en el diario (figs. 3.7, 3.8 y 3.14). Todos ellos
se han utilizado para identificar sobre el terreno los restos de los
túmulos y las llamadas “mansiones”.
Figura 3.1. Anotación manuscrita en la guarda anterior del cuaderno
nº 68 bis (Archivo documental SIP).
Figura 3.3. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
20
Figura 3.2. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
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documentación e intervenciones
Figura 3.4. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
Figura 3.5. Inventario de ajuares (Archivo documental SIP).
Las fotografías de la excavación son escasas y desafortunadamente no siempre se han podido identificar las tumbas
fotografiadas. Sin embargo, gracias a ellas se puede apreciar el
estado en que se encontraban, la potencia estratigráfica y el sistema de excavación por medio de zanjas, algo que también se
intuye en algunos croquis del diario (figs. 3.7 y 3.9).
3.2. EXCAVACIONES
Los trabajos de Ballester Tormo en la necrópolis consistieron
en un sondeo realizado en 1918 y tres cortas campañas en 1919
y 1920. De la primera de las intervenciones, en el diario no hay
anotaciones referidas a los días de trabajo ni a la participación
de peones; sin embargo, considerando el ritmo de sepulturas
exhumadas en campañas posteriores, no creemos que durase
más de uno o dos días. Da la impresión que se limitó a tantear
el yacimiento y se aprecia que es la primera vez que excava
una necrópolis. Practicó “dos pequeñas catas” (sic) en un punto
donde eran visibles los restos constructivos, que interpretó en
un principio como viviendas, al partir de la idea preconcebida
de que se trataba de un “despoblado ibérico al estilo de los de
Covalta y Albaida” (sic). En esta campaña, salieron a la luz
dos sepulturas, la I y la II, correspondientes a sendas estructuras tumulares.
En marzo de 1919 excavó durante cuatro días (del 26 al 29).
Aunque en el diario tampoco anota la participación de peones,
en el resumen de las cuentas de la última página contabiliza tres
jornales el primer día y cuatro los restantes. En esta ocasión
excavó de la Sepultura III a la XIII.
En 1920, llevó a cabo las que serían las tercera y cuarta campañas. La lectura del diario transmite como, en el transcurso de
la campaña del 26 al 30 de marzo, va familiarizándose con el
yacimiento. En esta ocasión le ayudan entre cinco y ocho peones,
así como un joven de Valdeganga llamado Pascual Martínez García (Anexo IV). Las tumbas excavadas son de la XV a la XXIV.
En el mes de octubre (del 10 al 16), se desconoce el motivo,
se llevó “tres braceros valencianos” (sic) a los que se sumaron,
en los días siguientes, otros cuatro de Valdeganga. Se dedicó a
aclarar algunos aspectos de las campañas anteriores y excavó
algunas tumbas más. Entre los días 14 y 16, inició la apertura
de zanjas con intención de delimitar la extensión de la necrópolis, para lo cual eligió una zona, a escasa distancia del grueso de
sepulturas, a partir de la similar disposición que presentaba el
terreno en comparación con el lugar donde aquellas se emplazan. El resultado fue el hallazgo de dos habitaciones del posible
poblado que denominó “mansiones” (fig. 3.8)
En la última página del diario, hay un resumen de las cuentas
referidas a las campañas de marzo de 1919 y las dos de 1920. En
1919 los jornales de la excavación, “aparte comidas” (sic), ascienden a 52,50 pts (0,31 €); en marzo de 1920 pagó los jornales a
4 pts (0,02 €), suponiendo un total de 110 pts en jornales (0,66
€)2; las cuentas referidas a octubre de ese año están incompletas,
anotando sólo los jornales correspondientes a los tres primeros
días (fig. 3.10). Teniendo en cuenta que las excavaciones no fueron financiadas, hemos de suponer que estos gastos corrieron a
su cargo.
El trabajo de Ballester Tormo en la Casa del Monte fue ejemplar para la época. Los comentarios y descripciones del diario,
revelan que el proceso de excavación fue, en ocasiones, bastante
meticuloso lo que la convierte en la primera excavación realizada
con criterios científicos de la provincia de Albacete.
El método de trabajo contemplaba la apertura de zanjas a
partir de la localización en superficie de alineaciones de piedras o manchas de cenizas, hasta ampliar los márgenes para su
2 La conversión a euros se ha hecho de acuerdo con el cambio oficial en el
momento de su entrada en vigor (2002).
21
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.6. Ejemplos de fichas de catálogo del año 1986. Piezas con el número de inventario 31 y 63 (Archivo documental SIP).
correcta visualización, y después se procedía a su excavación
(figs. 3.7 y 3.8). En total, excavó 38 sepulturas y a partir del
croquis conservado hemos calculado que abre una zona en sentido O-E con un eje aproximado de 33 m y otro S-N de 16/17
m (unos 600 m2).
Un aspecto elogiable de su metodología de campo, aunque
difícilmente trasladable a la realidad por las imprecisiones y
carencias que contiene (no llega a triangular), es la obsesiva
presencia de mediciones para intentar situar cada sepultura, en
especial las tumulares con respecto a otras. Se advierte en cada
una de ellas un exceso de medidas: desde las cuatro esquinas
hacia otras sepulturas y la distancia más corta en línea recta
hasta el túmulo más próximo. Todo este intrincado sistema de
medidas y distancias lo reflejó en un croquis general de la loma,
en varios croquis parciales y en otro de las tumbas (figs. 3.8,
3.11 y 3.14).
De la lectura del diario, se obtiene la impresión de que
estas actuaciones se desarrollaron con criterios metodológicos, salvando las distancias, no demasiado discordantes con
los empleados en la actualidad. Así, existe una descripción de
la estratigrafía de las tumbas, algo realmente novedoso para la
época, aunque apenas hay secciones (figs. 3.11 y 3.12); anota el
orden en que aparecen las distintas “capas”, una breve descripción
22
y su potencia en centímetros; describe la disposición de los hallazgos y hace mediciones de los enterramientos: unos respecto a
otros, las dimensiones de los mismos (longitud y altura), localización de la fosa, forma y medidas básicas (longitud y profundidad);
y en las tumbas de hoyo, señala la forma, el diámetro o longitud
y la profundidad.
Sus escritos reflejan las diversas impresiones que tuvo en el
transcurso de los trabajos y, desde luego, casi siempre plasma lo
que acontece en el proceso de excavación de las tumbas, especialmente cuando advierte algo que no sabe explicar a priori
y procede a su descripción para después, entre interrogantes,
proponer una explicación. Este reflejo minucioso de los trabajos, de sus dudas y propuestas, ha sido fundamental a la hora
de aproximarnos a la realidad de esta necrópolis en el momento
actual en que existen numerosas referencias sobre yacimientos similares.
Sirva como ejemplo, la interpretación que realiza de la Sepultura VI (excavada el 28 de marzo de 1919), cuyo interior no
albergaba restos ni del difunto ni del ajuar. Es destacable la interpretación que hace de dicha estructura como posible cenotafio
(Ballester Tormo 1930, 32), aunque también llegó a plantearse la
posibilidad de que fuera una antigua “mansión” (sic) reutilizada
como enterramiento.
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documentación e intervenciones
Figura 3.7. Página 31 del diario nº 67 con
croquis de las tumbas y las zanjas abiertas
(Archivo documental SIP).
Todo ello no es óbice para que también haya importantes
carencias: tumbas de las que no hay datos o muy pocos, así como
materiales descritos y no localizados, entre otras, que se irán
señalando cuando se considere necesario.
3.3. INTERVENCIONES RECIENTES
Cuando a finales del siglo XX se decidió revisar y publicar la
totalidad de los materiales y la documentación de Casa del Monte,
uno de los primeros objetivos planteados fue visitar el lugar e
inspeccionar el estado de conservación de los túmulos (fig. 3.13).
Como ya se ha señalado, en el MPV, se conservan tres planos
originales de la necrópolis, además de los croquis parciales realizados durante el proceso de excavación (figs. 3.7, 3.8 y 3.14).
A pesar de la carencia de escalas y medidas precisas, los
actuales medios técnicos permiten evaluar y ajustar esta planimetría centenaria con los restos todavía visibles (ver Matemáticas
de la memoria) (fig. 7.4).
Las primeras impresiones narradas por Ballester Tormo se
han recogido en publicaciones y páginas anteriores, pero parece
oportuno recordarlas de nuevo ya que aportan información sobre
el estado del yacimiento en el momento de iniciar los trabajos
arqueológicos (Soria Combadiera y Mata Parreño 2005; Mata
Parreño y Soria Combadiera 2006).
Con motivo de una partida de caza en la Casa del Monte, en
marzo de 1917, Ballester Tormo hace una primera exploración
del terreno y escribe que “hace más de medio siglo” se destruyeron gran número de urnas en el extremo NO.
23
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.8. Planos generales de Casa del Monte (Archivo documental SIP).
Figura 3.9. Fotos de la excavación (Archivo fotográfico SIP).
24
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documentación e intervenciones
Figura 3.10. Última página del diario nº 67 con algunos gastos realizados (Archivo documental SIP).
Figura 3.11. Página 97 del diario nº 67 con sección de la loma
(Archivo documental SIP).
Figura 3.12. Sección de la Sepultura V en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
La casa de labor, que da nombre a la necrópolis, la ubica en
el extremo O de la meseta, indicando que ya estaba derruida (fig.
2.4, 1). Dicha meseta estaba ocupada parcialmente por “extensas
eras” y, además, de abundantes cerámicas observó paredes de
piedras en la zanja del camino de Valdeganga (fig. 3.15). Insinúa
la posibilidad de que hubiera un poblado hacia el S, cuyos restos
se utilizaron para construir la Casa del Monte y parte de las piedras, tanto de tumbas como de casas, se utilizaron para alimentar
tres hornos de cal “antiguos”. Para ello parece que se practicaron zanjas que destruyeron también algunas tumbas. En uno de
los planos (fig. 3.8) están marcados las ruinas de la antigua casa,
dos hornos de cal, los restos de las “mansiones” y los túmulos.
En nuestra primera visita de 2003 se hizo un levantamiento
con estación total de los restos visibles (fig. 3.13). Sin embargo,
con los datos obtenidos no se consiguió de forma aceptable escalar la planimetría general (fig. 3.14).
Una década después, en abril de 2016 y 2017, con nuevos
medios se hicieron sendos vuelos con drone con la finalidad de
obtener una visión más ajustada de la realidad conservada (fig.
3.18). El tiempo transcurrido entre ambas actuaciones permitió
observar cómo la erosión había afectado a estructuras que todavía eran visibles en 2003.
En 2021, en el marco del proyecto GeoIbers (AICO2020/250)
se propuso, entre otros objetivos, utilizar métodos geofísicos para
conocer el estado de conservación de determinados yacimientos y
explorar la posibilidad de localizar nuevas estructuras enterradas
(Cuenca García et al. 2022). Uno de los yacimientos seleccionados fue Casa del Monte con el objetivo de buscar indicios de
tumbas u otras construcciones no excavadas o ya excavadas e
25
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.13. Fotografía de 2003 con restos de las Sepulturas XVIII, XXIII, XXIV y XXXVI.
Figura 3.14. Plano de la necrópolis (Archivo documental SIP).
26
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documentación e intervenciones
ilocalizables por otros medios. Para ello se utilizó un magnetómetro modular SENSYS MX V3 con cinco canales, separados 25
cm con una anchura de 1,25 m (fig. 3.17). Dada la pendiente y la
cantidad de piedras sueltas no se pudo prospectar con el Ground
Penetrating Radar (GPR). Aun así, se prospectó una superficie
total de 3000 m2, pero los resultados no fueron concluyentes,
por ello se ha programado una nueva actuación con otros medios
técnicos.
En octubre de 2020 se cumplieron 100 años de la última
intervención arqueológica en esta necrópolis ibérica y, a pesar
de ello, todavía es posible apreciar restos de los empedrados y
de las “mansiones” (fig. 3.16).
3.3.1. Vuelos fotográficos en Casa del Monte
Tomás Torres González y Diego Lucendo Díaz
Figura 3.15. Vista general de la necrópolis (Archivo fotográfico SIP).
La arqueología siempre ha sabido aprovechar el desarrollo de las
nuevas tecnologías, aplicando técnicas topográficas, informáticas, físicas y químicas a la investigación y permitiendo obtener
datos hasta hace poco tiempo inaccesibles y realizar hipótesis de
trabajo cada vez más aproximadas a la realidad arqueológica de
los antiguos asentamientos.
El uso y el desarrollo de los drones en los últimos años ha
supuesto una revolución tecnológica en los trabajos arqueológicos, permitiendo aplicar técnicas de documentación, hasta
entonces muy costosas, y obtener numerosos recursos gráficos
que han enriquecido notablemente el registro arqueológico,
Figura 3.16. Fotografías de 2021 con restos de sepulturas y “mansiones”.
27
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.17. Prospección con magnetómetro (Proyecto GeoIbers,
AICO20-250, noviembre 2021).
principalmente fotográfico y planimétrico, al tiempo que han
permitido una mejora de los trabajos de investigación y difusión de los resultados.3
En primer lugar, las fotografías obtenidas desde el aire, sin
ningún tipo de procesamiento, permitieron disponer de vistas
oblicuas y cenitales que ofrecen gran cantidad de información
del proceso de excavación y que resultan visualmente muy
atractivas de cara a la realización de informes o publicaciones
científicas. Suelen tener gran calidad y definición, permitiendo
a la vez obtener una visión general del yacimiento y una gran
calidad en los detalles sobre los procesos de excavación o los
resultados obtenidos. Anteriormente, estas imágenes podían ser
obtenidas por vuelos aéreos, pero tenían un coste económico
elevado, muchas veces inviable para la mayoría de las intervenciones arqueológicas.
3 Real Decreto-ley 8/2014, de 4 de julio, de aprobación de medidas urgentes
para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia. BOE del sábado 5 de
julio de 2014, nº 163, Sec. I, pp. 52544-52685.
Real Decreto 1036/2017, de 15 de diciembre, por el que se regula la utilización civil de las aeronaves pilotadas por control remoto, y se modifican el
Real Decreto 552/2014, de 27 de junio, por el que se desarrolla el Reglamento
del aire y disposiciones operativas comunes para los servicios y procedimientos de navegación aérea y el Real Decreto 57/2002, de 18 de enero, por el
que se aprueba el Reglamento de Circulación Aérea. BOE del viernes 29 de
diciembre de 2017, nº 316, Sec. I. Pp. 129609-129641.
28
En segundo lugar, estas imágenes, si han sido obtenidas
mediante vuelos planificados, normalmente con un solapamiento
entre ellas del 70%, permitían la creación de ortoimágenes georreferenciadas en la que todos los elementos aparecían representados
a escala, sin errores y como si de un plano topográfico se tratara
(Lucendo Díaz et al. 2020: 49). A partir de estas imágenes, podían
realizarse las planimetrías de los yacimientos arqueológicos,
reduciendo notablemente los costes materiales y temporales que
conllevaba el dibujo manual de las distintas estructuras murarias
que iban siendo localizadas en las intervenciones arqueológicas.
En otras ocasiones, estas ortoimágenes, permitían corregir errores acumulados en las planimetrías que habían sido realizadas
hace años, tomando como referencia sistemas de ejes planteados
o trasladados de forma manual.
En tercer lugar, estas imágenes, obtenidas con un buen planteamiento metodológico, permitían la creación de modelos 3D
de gran calidad y precisión que posibilitaban, a su vez, la creación de recursos gráficos como infografías o reconstrucciones
virtuales, muy útiles para su uso en varios campos como son las
presentaciones, en la imprescindible fase de difusión y puesta en
valor de los yacimientos arqueológicos o elementos patrimoniales de carácter monumental, así como en otros usos culturales.
Teniendo en cuenta lo anterior, se planteó realizar una nueva
planimetría de la necrópolis de Casa del Monte, aprovechando
la celebración del centenario de la excavación realizada por
Ballester Tormo entre 1918 y 1920. Para ello, se tomaron como
referencia las mediciones y la planimetría realizada en 2003 por
el Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga de
la Universitat de València.
La visita a la necrópolis permitió identificar sobre el terreno
y delimitar numerosas estructuras funerarias que aún resultaban visibles. Muchos de los túmulos documentados por Ballester
Tormo eran aun reconocibles en superficie, aunque no ocurría lo
mismo con las tumbas de fosa u hoyo simple, ya difuminadas e
integradas en la superficie de tierra y siendo imposibles de localizar, salvo por las referencias a ellas que aparecían incluidas en
los planos de originales de Ballester Tormo o en la planimetría
de 2003.
Uno de los primeros trabajos consistió en el planteamiento
de una serie de puntos de coordenadas relativas obtenidas con
una estación total Sokkia SET3000. Esos puntos sirvieron para
corregir posibles errores o deformaciones en las planimetrías
previas, así como comprobar que el montaje fotogramétrico de
la necrópolis fuera correcto, o para rectificar las imágenes, en el
caso de que fuera necesario.
El uso del drone para la documentación fotográfica del
entorno de la necrópolis permitió documentar un amplio territorio y un entorno que hubiera sido imposible realizar de forma
manual. El trabajo comenzó con la planificación y ejecución de
dos vuelos fotográficos en un área de 1,7 ha, en cuyo centro
se localizaban los túmulos excavados por Ballester Tormo (fig.
3.18). Los distintos transectos en los que fueron divididos los
vuelos fotográficos se realizaron a una distancia horizontal de 10
m, formando ejes paralelos y transversales, de forma que cada
punto fue fotografiado desde diversas perspectivas. La altura de
los vuelos fue constante, a 15 y 20 m de altura sobre los túmulos.
El primer vuelo se realizó el 14 de abril de 2016 con un
drone modular DJI F550, un multicóptero de seis motores capaz
de levantar una cámara réflex o similar, en este caso una cámara
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documentación e intervenciones
1
2
Figura 3.18. 1: vista desde el norte; 2: vista cenital (2017) (T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
Sony ILCE-5000 que permitía la obtención de imágenes con
unas dimensiones de 5456 x 3632 pixeles y una resolución de
350 ppp. El hecho de que fuera construido con diversos módulos y con un ensamblaje menos preciso hacía que las vibraciones
transmitidas por el chasis provocaran que muchas de las imágenes obtenidas no tuviesen la calidad necesaria y mostrasen una
trepidación considerable.
Un año después, el 20 de abril de 2017, se repitió el vuelo,
esta vez con un DJI Phantom 4, ensamblado en fábrica y equipado
con una cámara DJI FC330 que permitía la obtención de imágenes con un tamaño de 4000 x 3000 pixeles, con una resolución
de 72 ppp en horizontal y vertical, con una profundidad en bits
de 24. Este segundo vuelo ofreció unos resultados de gran calidad, mejorando notablemente los obtenidos en el vuelo anterior,
pese a tener una cámara con menor resolución pero que ofrecía
igualmente imágenes de buena calidad, obtenidas, además, con
georreferenciación, aunque quizás no con la precisión exigida
para este tipo de trabajos.
Las imágenes obtenidas en este segundo vuelo fueron procesadas con el programa Agisoft Photoscan, un software, precedente
del actual Agisoft Metashape, que permitía el procesamiento fotogramétrico de las fotografías digitales obtenidas previamente con
el drone y que generaba modelos 3D que permitían a su vez obtener ortoimágenes y otros recursos con grandes posibilidades de
aplicación en SIG y en trabajos de documentación arqueológica
o patrimonial. En el caso que nos ocupa, el procesamiento de las
imágenes permitió obtener una ortofoto de la zona nuclear de la
necrópolis (fig. 3.18), sobre la que, una vez sobre el terreno, pudieron ser identificados cada uno de los túmulos y demás elementos
correspondientes a la necrópolis excavada por Ballester Tormo.
Con la documentación generada (ortofoto, puntos de coordenadas y elementos visibles sobre el terreno), fue complementada
la planimetría realizada en 2003, a través del programa de diseño
en 2D de Autocad. La planimetría resultante permite identificar,
en su precisa ubicación, las estructuras funerarias conservadas.
Además, la comparación de los croquis realizados por Ballester
Tormo entre 1918 y 1920, con la planimetría de 2003 y la actual,
permite conocer la evolución de la conservación de la necrópolis, desde aquel momento inicial, hasta el momento actual, en el
centenario de la excavación arqueológica (figs. 3.18, 3.19 y 3.20).
Figura 3.19. Toma de coordenadas con estación total (mayo 2021).
3.3.2. Enterramientos y ajuares
Las sepulturas de Casa del Monte nunca se han publicado con
detalle. Tras el primer avance de Ballester Tormo en 1930 habrá
que esperar a 1977, año en el que con motivo del cincuentenario del SIP se publicó un listado de piezas expuestas al público,
entre ellas las de Casa del Monte (Fletcher Valls y Pla Ballester
1977, 171-175). Años más tarde Cisneros Fraile (1992) publicó
las fíbulas anulares de la necrópolis y, en 2008, un somero inventario de los ajuares. Otros materiales publicados sin contextualizar han sido el kylix de figuras rojas de la Sepultura XXIII (Trías
Rubiés 1967-1968, 431-432) (fig. 3.44), nuevamente las fíbulas
(Sanz Gamo et al. 1992, 48-50), las placas de cinturón (Soria
Combadiera y García Martínez 1994 y 1996; Mata Parreño et
al. 2010, fig. 104, 1), restos vegetales y una placa de madera
decorada (Mata Parreño et al. 2010, figs. 7, 15, 32, 68, 74, 81
y 82), las armas fueron recogidas por Quesada Sanz en su obra
sobre el armamento ibérico (1997) y, finalmente, en 2005 y 2006
se publicaron dos semblanzas de Ballester Tormo y la Casa del
Monte (Soria Combadiera y Mata Parreño 2005; Mata Parreño
y Soria Combadiera 2006).
29
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.20. Arriba: planimetría arqueológica de 2003; abajo: ortofoto con la superposición de otras estructuras identificadas en 2003.
Los cuadros rojos y azules se corresponden con estructuras funerarias visibles en 2003 y no reconocibles en 2017 (T. Torres González y
D. Lucendo Díaz).
30
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documentación e intervenciones
En la descripción de las sepulturas y sus ajuares, se transcribe literalmente el relato de los diarios de excavación junto a
los comentarios y consideraciones que se consideren oportunos4.
En el diario nº 67 se aprecia que las notas se tomaron apresuradamente, existiendo abreviaturas, correcciones, espacios en
blanco y añadidos posteriores; así mismo, llama la atención la
descripción minuciosa de algunas sepulturas frente a la ausencia
de información sobre otras.
La reconstrucción de los ajuares ha sido ardua y no sólo por
los años transcurridos. En las ausencias, errores y dudas hay que
tener en cuenta diversos avatares como el tiempo que pasó desde la
última campaña (1920) hasta que Ballester Tormo decidió depositar su colección particular en el SIP (1949, 10), como también hizo
constar en el cuaderno nº 68 bis (fig. 3.1); los traslados de sede
desde el palacio de la Generalitat (1928) al de la Baylía (1955)
y de ahí a la actual ubicación en la antigua Casa de Beneficencia (1982) cuya apertura definitiva se produjo en 1995; traslados
todos ellos que conllevaron las consiguientes remodelaciones de
las salas de exposición y almacenes (Fletcher Valls y Pla Ballester 1977, 12-14; http://www.mupreva.org/museo_historia/?q=va);
y, finalmente, todas las personas que han/hemos revisado total o
parcialmente los materiales depositados.
Ante las dudas planteadas para adscribir determinadas piezas
siempre se han tenido en cuenta los documentos más antiguos
(diarios, fotos e inventarios), de modo que también ha sido posible asociar a algunas sepulturas objetos que estaban sin referencia
o con errores. Circunstancias que se hacen constar en los lugares
oportunos. Una descripción detallada de los ajuares se puede ver
en el Anexo I.
también soldado a la lanza y fragmento de agrafe; y también
la parte final de el (sic) largo útil o arma q. (sic) parece largo
chuzo; todo colocado paralela y horizontalmente y debajo lo
demás encontrado, fragmentos de armadura de la funda de
espada, anillas de bronce articuladas a unas varillas de hº
(sic), que se curvan anillándose para abrirse luego los extremos y remacharse, pareciendo todo pertenecer a los escudos
y haber servido para sugetar (sic) la correa de los mismos;
fragmentos del chuzo dicho; la parte superior de una pinza
[intercala dibujo de las pinzas]; y huesos ornados con líneas
que debieron llevar embutidos hilo de hierro” [incluye dibujos
de dicha pieza y una anilla con remache abierto].
Estructura: En el croquis conservado, se define esta sepultura
como encachado de forma casi cuadrada con las paredes NO y
SO derruidas, construida posiblemente sobre la pira. Las piedras
gruesas, con la cara exterior careada, delimitaban un espacio
de unos 5,15 m de lado en cuyo interior se alternaban piedras
sueltas y capas de tierra. En la base, una capa de tierra quemada
y ceniza con una fosa, descentrada, cuadrada probablemente
enlucida (“barro amasado con paja”), de 42 cm de lado x 17 de
profundidad (fig. 3.21). En su interior se encontraban los restos
humanos cremados.
Ajuar: El ajuar se colocó sobre la fosa (fig. 7.18): una panoplia compuesta por un puñal y su vaina, escudo, lanza, soliferreum
y cuchillo; objetos personales como una placa de cinturón, unas
pinzas, una placa de hueso decorada con líneas incisas y dos
fíbulas (fig. 3.22).
Otros: Se recogieron restos del enlucido de las paredes de
la fosa.
3.3.2.1. Sepultura I
Se excavó en marzo de 1918 pensando que se trataba de los
cimientos de unas casas. En el diario se denomina “1ª cata”,
anotándose al margen, con posterioridad, “Iª” en referencia a la
Sepultura I.
Descripción (según diario nº 67): “Debajo de la primera
capa consistente en el umus (sic) de la loma, apareció otra de
piedras medianas; luego otra de tierra o barro seco; debajo
otra capa de piedra; más abajo un estrato de barro rojo en la
parte superior que se ennegrecía debajo; inmediatamente otro
estrato de gruesas piedras, algunas de las cuales aparecían
enegrecidas (sic) por la cara en que se hallaban sentadas,
por carbones y cenizas de una mancha extensa que parecía
extenderse en todas direcciones; y en un lado de la cata aparecía otra ligera capa de barro que cubría una pocita o balsita
cuadrada, que inadvertidamente destruimos en parte, pero de
la que aparecía un lado de unos 42 cts., con los arranques de
otros dos lados; todos ellos hechos con barro amasado con
paja. Debió tener la balsita unos 17 cts. de fondo. Toda ella
estaba llena de carbones y cenizas y algunos restos de huesos humanos casi calcinados, y algún trozo de hierro. Encima
de todo la espada, afectadísima por el fuego y hecha añicos,
y trozos de armadura funda y a su lado la lanza que llevaba
soldada por el óxido formando un bloque gran parte de la
placa activa de un agrafe de hierro y el regatón de aquella
4 Las Sepulturas I bis y VII bis se han denominado XXXVII y XXXVIII respectivamente para facilitar la contabilización de los enterramientos.
Figura 3.21. Dibujo de las Sepulturas I y II en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
31
[page-n-33]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Restos humanos: Preadulto. En el estudio antropológico se
señala una confusión en el etiquetado de los restos con la Sepultura XXXV (ver Anexo II). Optamos por asignar los restos a esta
sepultura porque de la XXXV apenas hay información y tan solo
se indica que dio “ligeros restos de huesos” (ver infra).
Cronología: Posterior a la Sepultura XXXVII (antigua I bis).
Por el puñal y la moharra de gran tamaño se puede datar a principios del siglo IV a. C.
Figura 3.22. Ajuar de la Sepultura I. 1: puñal con punta de cuchillo adherida (MPV 19 y 47151); 2: fragmentos de la vaina (MPV 47151
y 17); 3: anillas de escudo (MPV 15 y 16); 4: placa de cinturón; la placa pasiva tiene adherido un fragmento de la vaina (MPV 47073 y
47097); 5: regatón en parte adherido a la placa de cinturón (MPV 47073 y 47097); 6: punta de lanza con lámina de bronce adherida (MPV
47771); 7: soliferreum (MPV 47073 y 47098); 8: cuchillo (MPV 47151); 9: pinzas (MPV 18); 10: placa de hueso con dos incisiones paralelas (MPV 47779); 11: fíbula anular (MPV 47125); 12: posible fíbula anular (MPV 47084).
32
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documentación e intervenciones
3.3.2.2. Sepultura II
Se excavó en 1918, igual que la I, cuando Ballester Tormo esperaba encontrar restos de viviendas. En el diario anotó al margen
“IIª”. Incluye un croquis de la estructura con medidas y distancia respecto a la Sepultura I, así como la orientación (fig. 3.21).
Descripción (según diario nº 67): “A P. de la construcción
anterior parecía notarse otra semejante. Hicimos una cata a continuación de la precedente, sucediéndose la misma capa, hasta
aparecer la mancha de cenizas y junto al lado NO el pocito ó (sic)
balsita de barro amasado con paja pero casi del todo borrosa ó
(sic) destruida conteniendo muy arregladito y en sentido plano
sobre cenizas y huesos un puñal espada de enmangadura plana y
hoja nervada, diversos trozos de hierro de esa larga pieza o chuzo
de hierro, un cuchillo de lo mismo; una anilla y gran parte de
una agrafe de cobre o bronce casi completo el elemento activo,
q. lleva unas rosetas superpuestas; todo ello cubierto por encima
de barro”.
Estructura: Como la Sepultura I, se trata de un encachado
casi cuadrado, con grandes piedras en la base y los ángulos. Los
lados NE y SE conservaban una solo hilada, mientras que los
SO y NO tenían varias hiladas de piedras menores. Se indica la
presencia de una línea de tierra roja de 1 cm de espesor cerca del
lado SO. Además, hay un loculus descentrado donde se depositó
el ajuar y la cremación.
Ajuar: En el interior del loculus y sobre las cenizas y huesos,
puñal y vaina, soliferreum, cuchillo de hierro y placa de cinturón
de bronce (figs. 3.23, 3.24 y 7.18).
Restos humanos: Infantil II-Predulto.
Cronología: Por el puñal de frontón, la cronología se encuentra entre el siglo V y las primeras décadas del siglo IV a. C.
3.3.2.3. Sepultura III
Se excavó el 26 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Se inician las excavaciones limpiando y ahondando el terreno al N de la pared de ese
lado de la sepultura II. Al N del ángulo NE de aquella y como a
unos 35 cts. parece iniciarse el ángulo de otra sepultura, cuyas
paredes se trata de descubrir.
A lo largo del paramento del lado L de dicha sepultura y al
limpiar dicho lado para encuadrar aquella, y cerca del mismo
ángulo y como á (sic) unos 30 cts. aparece un hierro de lanza del
que resta solo el cubo y el nervio de la hoja de la que solo queda
un poco (mide [en blanco] cts.)5. A la distancia de 1’80 mts. contada desde el ángulo N. de la repetida sepultura y á (sic) 0’92 de
dicho punto y 0’45 de profundidad aparece un cuenco asentado
normalmente y cubierto con una copa grande sin pié (sic) [añadido posteriormente en una línea superior], tipo Almedinilla y
Covalta. Alrededor del sitio del hallazgo nótase una gran mancha de cenizas, carbones y tierra quemada con algo de tierra q.
parece serlo de enlucido. (¿Se enlució el fondo del suelo para la
cremación?) Alrededor y debajo aparecen otros trozos de tiesto;
5 Muchas medidas están en blanco en el diario, posiblemente porque las
recoge posteriormente en los croquis y plano general. No debió considerar
necesario rellenar los huecos.
Figura 3.23. Ajuar de la Sepultura II. 1: soliferreum (MPV 47054 y
24); 2: anilla de vaina (MPV 47054); 3: puñal (MPV 23); 4: cuchillo
(MPV 25); 5: placa de cinturón (MPV 59).
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.24. Ajuar de la Sepultura II. 1: soliferreum; 2: cuchillo, puñal y vaina (Archivo fotográfico SIP).
entre ellos una boca con forma de trompeta y varios trozos del
propio vaso= III” (desde una boca, subrayado). En el margen
izquierdo pone III.
Estructura: Se trata de una sepultura en hoyo que estuvo enlucido. En las notas del cuaderno nº 68 aporta detalles sobre las
medidas de la mancha (“100 cts.” de diámetro) por lo que debe
tratarse de un bustum; también señala que el lebes estaba lleno
de huesos hasta la mitad y estaba tapado por la escudilla o pátera
en posición invertida.
34
Ajuar: Lebes como urna y pátera haciendo de tapadera (fig.
3.26)6; además una escudilla y parte superior de una botella.
Como armamento se cita en el diario una lanza muy incompleta que, por la descripción, consideramos que es una de las
6 En la fotografía del Archivo fotográfico del SIP, la pátera es la pieza que
hace de tapadera, en cambio en la descripción del diario dice “copa grande
sin pié” que debe corresponder a la escudilla. En cualquier caso, no afecta
a la interpretación.
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documentación e intervenciones
catalogadas como carentes de contexto (fig. 3.25, 5). El ajuar
estaba disperso al exterior del loculus y algún fragmento cerámico en el fondo.
Restos humanos: Adulto joven, femenino.
Cronología: La cerámica aporta una cronología de principios
del siglo III a. C. La lanza tiene una cronología más antigua.
3.3.2.4. Sepultura IV
Se excavó el mismo día que la anterior (26 de marzo de 1919).
Descripción (según diario nº 67): “A [en blanco] de la pared
NE dicha y … (sic) al SE del hoyo anterior aparece otra mancha de carbones y cenizas, y como un pequeño hoyo en medio
conteniendo restos cerámicos, al parecer pertenecientes á (sic)
dos piezas, una de ellas bastante completa, en forma de especie
de botella con boca de trompeta, [subrayado doble] y con ellas
dos fusayolos (sic) como de forma cónica en cuya parte superior
debió ensancharse según denotan las roturas que tienen en dicho
lado, y otro más pequeño, bitroncocónico de bases coincidentes.”
En ese momento se planteó la posibilidad de que III y IV fuesen la misma sepultura, pues no encontró “restos óseos ni útiles
ni joyas”. Pero inmediatamente descarta dicha posibilidad por la
separación existente entre ambas “hogueras”.
En las notas del diario nº 68 plantea la posibilidad de que se
trate de una tumba expoliada “en lugar tan frecuentado por el
hombre durante siglos, á (sic) pocos pasos de una casa de labor
y en los mismos ensanches de la era”, apuntando la posibilidad
que se hubiera destrozado haciendo leña.
Estructura: Se trata de una sepultura en hoyo situado en medio
de una mancha de cenizas. Ballester Tormo considera que estaba
expoliada o era un cenotafio ya que no se encontraron restos
humanos.
Ajuar: Botella, orza y dos fusayolas en el interior del loculus
(figs. 3.25 y 3.26, 2).
Restos humanos: No se encontraron.
Cronología: La botella es igual a la de la tumba anterior por
lo que podría tratarse de un enterramiento o depósito de inicios
del siglo III a. C.
3.3.2.5. Sepultura V
Se excavó entre el 26 y el 27 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Al N del ángulo de dicho
lado de la sepultura II, á (sic) distancia de [en blanco] donde las
catas practicadas el año anterior se acusaba el ángulo de otra
construcción, ha sido plenamente comprobada esta (sic). Se trata
al parecer de un pequeño monumento funerario: mide 2’30 de
largo (en dirección NE-SO) por los mismos aproximadamente de
ancho. La cara superior es muy desigual, y presenta la particularidad de tener por los lados N, S y parte de O, un rebanco a manera
de estribo ó (sic) refuerzo, de un promedio de anchura de 55 cts.
aproximadamente x 42 de alto [las medidas están añadidas en la
línea superior]. Nótase que por el ángulo SO donde parece roto
el estribo, asoma tierra quemada, tal vez de la hoguera sobre la
que se levantó la tumba. La denominamos V”. Incluye un croquis
de planta y sección con las medidas (fig. 3.12).
En el texto del 27 de marzo señala que al excavar el interior
había capas alternas de piedras y tierra y a unos 30-35 cm de
profundidad, una capa de tierra quemada con alguna loseta y
por debajo tierra negra con carbones. En ella se recuperaron una
pequeña fusayola esférica aplanada, un trozo de hierro, un cuchillito, varias “perlas” cilíndricas –que él sugiere sean de cornalina
o coral-, restos de una fíbula y pulsera, además de “pequeños y
escasos trocitos de hueso”.
Estructura: Se trata de un encachado casi cuadrado y escalonado, construido encima de la pira.
Ajuar: Una lámina de hierro, dos fíbulas de bronce, unas pinzas, una pulsera de bronce, unas cuentas de collar, una fusayola,
cinco recipientes cerámicos incompletos, dos de ellos probablemente son botellas y un plato. Además de “un cuchillito”, según
el diario, no identificado pero que podrían ser las pinzas que
no se citan o la lámina de hierro. Según se describe, el ajuar se
encontró entre los restos de la cremación (figs. 3.27, 4.50 y 4.52).
Restos humanos: Escasos huesos que no se han encontrado
en el depósito del MPV.
Cronología: Por las botellas podría ser de principios del siglo
III a. C.
3.3.2.6. Sepultura VI
Como la anterior se localizó el 26 de marzo de 1919, se delimitó
el 27 y se excavó el 28.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Cuasi á (sic)
L de esta última construcción aparece el cuadrado de una gran
sepultura que mide: lado NO y opuesto 4’20 mts; NE sobre 4’21
y SO. 4’50 mts. Dista este último lado (el más inmediato á [sic]
V) dista (sic) de la inmediata pared de la construcción, á (sic) la
que es aproximadamente paralela, 0’53 m”.
El día 28 señala que el aparejo es de piedras grandes en los
ángulos y medianas en los paramentos. El lado NE conservaba
67 cm de altura y la NO, 75 cm. En el interior, se alternaban una
capa de piedras medianas y tierra; por debajo piedras de mayor
tamaño y, a más de 40 cm, una capa de tierra mezclada con cenizas; a continuación, otra capa de piedras gruesas próximas a los
ángulos y paredes. A unos 80 cm junto al lado O, se encontró
una mancha de cenizas y tierra quemada. Al no encontrar resto
alguno “a pesar de ahondar hasta encontrar el suelo natural” se
planteó la posibilidad de que fuera una antigua “mansión” reutilizada o una tumba expoliada.
En el diario nº 68 propone que fuera un monumento conmemorativo a un difunto muerto lejos; y, a pesar de considerarlo
“algo imaginativo”, le parece “la solución más lógica o menos
absurda al problema que esta tumba sin muerto plantea.”
Estructura: Se trata de un gran encachado casi cuadrado construido sobre una mancha de cenizas. Posible cenotafio (fig. 3.14).
Ajuar: No se encontró.
Restos humanos: No se encontraron.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.7. Sepultura VII
Excavada el día 27 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Se descubre la tumba
VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de 2’30 mts aproximadamente [en línea superior] de lado, y de la altura de una
sola hilada de piedras que viene á (sic) dar un promedio de
0’25 á 0’35. Apenas quitadas la primera capa de piedras de la
superficie, aparecen aquellas sucias de cenizas por sus caras
35
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.25. Arriba: ajuar de la Sepultura III. 1: lebes (MPV 24069); 2: escudilla (MPV 47056); 3: pátera (MPV 24070); 4: botella (MPV
47056); 5: punta de lanza ( MPV 40). Abajo: ajuar de la Sepultura IV. 1: fusayola con cabeza rota (MPV 47153); 2: fusayola acéfala (MPV
47153); 3: orza (MPV 47159); 4: botella (MPV 70).
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documentación e intervenciones
1
2
Figura 3.26. 1: lebes y pátera como tapadera de la Sepultura III; 2: botella de la Sepultura IV (Archivo fotográfico SIP).
Figura 3.27. Ajuar de la Sepultura V. 1: pulsera (MPV 47121); 2 y 3: fíbulas anulares (MPV 45 y 47121); 4: cuentas (MPV 47120, 66 y
65); 5: lámina de hierro (MPV 47120); 6: pinzas (MPV 47121); 7: botella (MPV 47120); 8: tinajilla (MPV 47120); 9: posible botella (MPV
47120); 10: fragmento con decoración pintada (MPV 47120); 11: fusayola de clase B (MPV 68).
37
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la necrópolis ibérica de casa del monte
inferiores, y sin apenas capa de arcilla que las separe de los
restos de la hoguera se muestra ésta enseguida, y en especial
amontonadas hacia el ángulo NE de la tumba y hasta la mitad
de la extensión de cada pared que forma ángulo. Entre la tierra
quemada se encuentran: Un gran puñal (o espada corta) roto
en dos trozos, una hoja de lanza mediana, y trozos del útil,
de aplicación desconocida que tanto se da en esta necrópolis;
y un poco más al centro una fíbula ibérica grande. Tambien
mezclados con los hierros y la tierra aparecen muchos tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las q. (sic) se dieron en Covalta en las excavaciones últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos
restos hóseos (sic), que no sabemos si son humanos y restos
de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en
el resto de (sic) área de la tumba apenas si hay tierra negra y
cenizas; q. (sic) no se ha notado restos de pocito; y q. (sic) en
nivel inferior al gravon sobre q. (sic) se asentaban las cenizas,
y por bajo de las piedras q. (sic) forman la pared E, se ven
evidentes restos de hoguera, así como si la tumba se hubiera
levantado sobre una de ellas ó (sic) como si la que debió
hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera rebasado
por tal lado el área de aquella. Hacemos un corte en esta, para
dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse
una especie de terraza cuadrada escavando (sic) el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas á (sic) nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez
sobre tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos
rebasaron el borde y rodaron á (sic) nivel más bajo por el lado
que antes se indica”.
Estructura: Se trata de un encachado casi cuadrado, construido sobre los restos de la pira funeraria amontonados hacia el
ángulo NE de la construcción.
Ajuar: Espada, vaina, cuchillo, soliferreum, escudo y fíbula
entre la tierra con cenizas y carbones. Entre los carbones recogidos se han podido identificar dos higos carbonizados, dos bellotas
además de restos de cereal panificado (figs. 3.28, 3.29, 5.12, y
5.16-5.18). En escritos posteriores se adjudica “la copa campaniana” a la Sepultura VII bis, actual XXXVIII.
Restos humanos: Restos óseos de Adulto y Preadulto, uno de
ellos podría ser de la Sepultura XXXVIII (ant. VII bis).
Cronología: Posterior a Sepultura XXXVIII (ant. VII bis),
primera mitad del siglo IV por espada de frontón.
3.3.2.8. Sepultura VIII
Se excavó el día 28 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “VIII. Limpiando el terreno
á (sic) L de VII y á 3 y 3’15 mts de la pared de dicho lado (sic)
respectivamente de los ángulos N y E de tal construcción y 2,80
del S de VI, aparece en el suelo á (sic) unos 20 cts. de profundidad, una mancha de tierra quemada y carbones encima en la que
se encuentran algunas piedras de mediano tamaño. Explorada
resulta una pequeña poza con cenizas, carbones y huesos humanos, entre los que se hallan una lanza de mediano tamaño, trozos,
al parecer de una falcata [en una corrección posterior situada
sobre este término se indica “espada de antenas”], un asidero de
escudo (incompleto) una gran fíbula hispánica, restos de vaina
de espada y algunos hierros informes, con escasos tiestos. Mide
la mancha de cenizas, en su promedio que afecta forma elipsoidal unos 35 ó 40 cts. por 55 ó 60, y el fondo se halla a unos 60
cts. del nivel del suelo. Aparecen alrededor de la poza algunos
trozos de cerámica [se cambia por “obra”] o barro cocho y hasta
calcinado, que nos hace sospechar si el pequeño hoyo se enlucía
antes de usarlo. Es de notar que aparte algunos trozos de hierro
en la poza apareció primero la lanza a trozos, luego la falcata
[corregido por espada incompleta en línea superior] en su mayor
parte debajo de la lanza y un trozo a su nivel, y después los restantes objetos. Se denomina VIII”.
Estructura: Tumba en hoyo elipsoidal enlucido, posiblemente
con una cubierta de piedras parcialmente destruida. Por la mancha
de cenizas y carbones pudo construirse sobre la pira.
Figura 3.28. Ajuar de la Sepultura VII:
espada con fragmento de cuchillo adherido,
soliferreum, escudo y fíbula (Archivo fotográfico SIP).
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documentación e intervenciones
Figura 3.29. Ajuar de la Sepultura VII. 1: fíbula anular (MPV 47136); 2 y 4: soliferreum (MPV 13, 14, 47076, 47079, 47086, 47093, 47094
y 47132); 3: higo carbonizado (MPV 6438); 5: fragmentos de escudo (MPV 47137); 6: espada con fragmento de cuchillo adherido (MPV
13); 7: fragmento de vaina (MPV 47091).
Ajuar: Espada y vaina, lanza y regatón, fíbula (no identificada), fragmentos de copa y escudilla. La manilla de escudo está
citada por Fletcher Valls y Pla Ballester (1977, 172) y suponemos
que puede ser un fragmento sin referencia (fig. 3.30). Todo estaba
en el interior del loculus. La lanza y la espada se colocaron en la
parte superior (fig. 7.19).
Otros: Se recogieron cuatro fragmentos de tierra quemada.
Restos humanos: Adulto masculino.
Cronología: Mediados del siglo IV a. C. por la lanza mediana.
3.3.2.9. Sepultura IX
Se empezó a descubrir el dia 28 pero se excavó el 29 de marzo
de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Hoy se ha seguido descubriendo, apareciendo un cuadrado de unos 2’98 de lado, si bien la
pared ó (sic) lado NE parece borrosa. Descubierta cuidadosamente
se halla: primero una capa de piedras de mediano tamaño y tierra y
a unos 30 ó 40 cts. de profundidad se da especialmente en el lado
SO y como hasta el centro una capa de tierra cocida amasada con
paja, de unos 15 á (sic) 20 cts. de espesor según los sitios y debajo
y arrimada al centro pero únicamente de dicho lado la pequeña poza
con ceniza, tierra y piedrecillas [esta última palabra añadida en
línea superior] quemadas, huesos y armas y útiles que debió tener
unos [esta palabra añadida en línea superior] 10 cts. de profundidad
[añadido en línea superior]. Han sido halladas: un espada o puñal
[palabra rodeada de puntos] grande, roto en dos trozos, otros que
parecen de lanza, una gran fíbula hispánica y debajo de todo unas
pequeñas pinzas. No se nota orizontalidad (sic) en la colocación
de las piezas grandes. Hay una vez más indicios de que colocados
los restos y útiles, en la poza se cubría todo con barro amasado con
paja. Es de notar que sobre el resto de área de la sepultura aparece
solo arena con escasa piedra y que apenas si se dan algunos trozos
de [las últimas tres palabras añadidas en línea superior] tiestos en el
enterramiento. A L de la pared de ese lado han aparecido muchos
tiestos al parecer de una misma pieza (especie de tinaja mediana).
Designamos esta sepultura con el IX”.
Estructura: Estructura de piedras y tierra casi cuadrada, construida sobre loculus, descentrado, cubierto con tierra y paja. En
su interior se depositaron los restos de la cremación y el ajuar.
39
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.30. Arriba: ajuar de la Sepultura VIII. 1: fragmentos de cerámica pintada (MPV 47081); 2: escudilla (MPV 47081); 3: pie destacado
(MPV 47081); 4: regatón (MPV 47053); 5: punta de lanza (MPV 39); 6: fragmento de escudo (MPV 47115); 7: espada (MPV 38); 8: vaina
(MPV 47153). Abajo: ajuar de la Sepultura IX. 1 y 2: fíbulas anulares (MPV 47106 y 29); 3: espada (MPV 26); 4: vaina (MPV 47083 y 47106);
5: escudo (MPV 47106); 6: pinzas (MPV 28); 7: regatón (MPV 47083); 8: punta de lanza con cubo decorado con cobre y plata (MPV 31).
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documentación e intervenciones
Ajuar: Espada, vaina, lanza, escudo, dos fíbulas anulares
(aunque sólo se cita una), pinzas y cerámica (figs. 3.30 y 3.31).
La cerámica no se ha identificado entre los materiales depositados
en el MPV, pero puede ser alguno de los fragmentos inventariados
sin referencia (MPV 47111) (Anexo I, tabla I.53).
Otros: Material de construcción (fig. 3.58, 2).
Restos humanos: Adulto ¿femenino?
Cronología: Por la moharra mediana se puede fechar hacia
mediados del siglo IV a. C.
3.3.2.10. Sepultura X
Se excavó el día 29 de marzo de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “X. Explorando á (sic) L
de IX y tan inmediato a ella que su ángulo E está en contacto
con el O de la nueva construcción, aparece esta consistente
en un pequeño cuadrado que mide sobre 2’40 mts de lado. A
unos 32 cts. y tras una pequeña capa de tierra cocha (unos 8
cts.) [esta cifra aparece sobre un término tachado] aparece un
trozo de cuchillo curvo y casi al mismo nivel una fíbula de
mediano tamaño, otro trozo que parece arco y parte de aro
de otra grande y la aguja de la misma. Luego un fusayolo
bitronco-cónico (sic) pequeño y otro q. (sic) parece una garrucha. Se aislan las cenizas y tierra quemada, que aparecen en
el mismo centro de la sepultura formando una capa sobre el
fondo de unos 12 cts.
Junto con los fusayolos (sic) que fueron saliendo alineados,
como bordeando la poza por las caras paralelas á (sic) los lados
NE y SE, y como amasijados con el barro fueron saliendo trozos
de tiesto como de un plato ibérico y otros que nos parecen campanianos o áticos, si bien no podemos precisarlo por la suciedad
que los cubre.
Se notó claramente que las fíbulas, fusayolos (sic) y tiestos
estaban recubiertos de barro”.
Estructura: Encachado casi cuadrado y loculus centrado, en
cuyo interior estaba depositado parte del ajuar. Las fusayolas se
colocaron rodeando los lados NE y SE del hoyo.
Ajuar: Tres fíbulas y otra posible, un cuchillo, ocho fusayolas y una pieza semejante, un plato ibérico, seis copas de barniz
negro, pasta vítrea, pinzas de bronce, un posible lingote de bronce
y restos de bronce irreconocibles (figs. 3.32 y 4.17).
Otros: Se recogieron cuatro fragmentos de tierra quemada
(fig. 3.58, 3).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: Mediados del siglo IV a. C. por las copas de
barniz negro ático.
3.3.2.11. Sepultura XI
Se excava el mismo día que la anterior (29 de marzo de 2019).
Descripción (según diario nº 67): “Desfondando el terreno en
el ángulo que al N forman las sepulturas IX y X, se descubre una
pequeña sepultura separada sobre 0’50 m. del lado más orientado al N de la citada en último término, y con lados paralelos á
(sic) los de esta (sic). Formaba un pequeño rectángulo de 1’125
x 1’12, siendo los lados mayores los paralelos á (sic) los de la X.
Quitadas unas pocas piedras de mediano tamaño que la cubren y
una delgada capa terrosa que parece serlo de barro, se encuentran
abundantes cenizas y carbones mezclados con tierra quemada y
Figura 3.31. Ajuar de la Sepultura IX: espada, punta de lanza, pinzas,
fíbula, regatón y escudo (Archivo fotográfico SIP).
algunos huesos [esto último añadido en línea superior] y entre
todo ello restos carbonizados de un cinturón (¿) adornado con
rosetas estampadas [esta última palabra añadida en línea superior] de las que aun aparece una completa, una sortija de plata y
una pequeña fíbula.
Tiene esta pequeña sepultura formadas las paredes de una
sola hilada de piedras de mediano tamaño, de las que otra fila
interior de piedras despegadas cubría parte de las cenizas. Reposaban estas sobre el fondo de gravon del suelo natural, y tenían
un fondo de sobre 30 cts. Se la indica con el nº XI”.
Estructura: Encachado rectangular construido sobre los restos
de la pira, entre los que se recuperó el ajuar. La altura conservada
es de unos 20 cm.
Ajuar: Anillo de plata, anillo de bronce, fíbula, placa de
madera de boj y algunos fragmentos cerámicos (fig. 3.33).
Restos humanos: Adulto mayor de 14 años.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.12. Sepultura XII
Excavada el mismo día 29, pero antes que la XI.
Descripción (según diario nº 67): “Limpiando el terreno
al S de XI donde se marca otra pequeña sepultura [la última
palabra añadida en línea superior] y en el espacio comprendido
entre dicha sepultura, la X y el enterramiento VIII, y á (sic)
unos 3’40 metros de la X [añadido en línea superior], aparece
otra cámara cuadrada, ó cuasi (sic) cuadrada, que mide 1’76
m, en dos lados paralelos por 1’86 en los otros dos; siendo los
mayores los orientados aproximadamente de N á (sic) S. Es de
notar que las paredes de esta tumba son, como generalmente
sucede, paralelas á (sic) las restantes. Designamos esta sepultura con el XII.
XII [al margen] Mientras se va desfondando el terreno en el
ángulo que forman las sepulturas IX y X, al N, procedemos á
escavar (sic) la XII. Apenas limpiada su parte superior de una
capa de arena con algunas, escasas piedras, aparece una ligera
mancha de cenizas y la mayor parte de una copa ibérica de las
de pequeño pie, o cazoleta ibérica del tipo tan conocido, con
41
[page-n-43]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.32. Ajuar de la Sepultura X. 1: fusayolas (MPV 47122); 2: plato (MPV 47069); 3-8: copas Lamboglia 22 (MPV 47058); 9: pieza
indeterminada (MPV 47122); 10: clavo (MPV 47122); 11: cuchillo (MPV 47122); 12 y 13: fíbulas anulares (MPV 63 y 47127); 14: anilla (MPV 47127); 15: aguja de fíbula anular (MPV 47127); 16: pinzas (MPV 47127) (fotografía M. Blasco Martín); 17: lingote (MPV
47122); 18: dos fragmentos de pasta vítrea (MPV 47127); 19: fragmentos cerámica ática de barniz negro con impresiones (MPV 47058).
42
[page-n-44]
documentación e intervenciones
unos pocos huesos. Es digno de subrayarse la escasez de cenizas,
apenas perceptibles, y de huesos, así como la carencia de útiles,
armas y joyas. ¿Es que esta sepultura por estar en la parte alta,
afloraron y se perdieron en algún tiempo los objetos depositados
ó (sic) fue saqueada?”
Estructura: Encachado casi cuadrado con apenas cenizas. Una
sola hilada conservada de unos 28 cm.
Ajuar: Cinco copas de barniz negro no citadas por Ballester
Tormo (fig. 3.33). La “copa ibérica” utilizada como urna pudo
ser alguna de éstas o bien los escasos fragmentos cerámicos sin
referencia (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: Siglo IV a. C. por el barniz negro ático.
N de las dos tumbas citadas, se encontró una especie de fosa ó (sic)
pocito mal definido con algunas cenizas y carbones y escasos huesos y tiestos. No se recogió metal alguno. Pudiera ello explicarse
por haberse perdido ya que está la poza al mismo borde del pequeño
desnivel que linda y vierte sobre el camino de Valdeganga. XIII”.
Estructura: Hoyo en cuyo interior se depositaron los restos
de la cremación y alguna cerámica. Posiblemente erosionada
(fig. 3.14).
Ajuar: Algunos fragmentos cerámicos no identificados en el
depósito del Museu de Prehistòria, pero pueden ser algunos de los
inventariados sin referencia (MPV 47111) (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: “Escasos huesos” no depositados en el MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.13. Sepultura XIII
3.3.2.14. Sepultura XIV
Excavada el 29 de marzo, último día de la campaña de 1919.
Descripción (según diario nº 67): “Explorando el terreno al N
de X y XI, donde como ya queda dicho se acusaba una mancha de
cenizas, y á (sic) 1’65 y 2’10 mts respectivamente de los ángulos
Se excavó el 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Quedó ayer bien
demarcada la sepultura XIV que ya en la campaña del año anterior determinamos aún apareciendo solo la pared del lado SE.
Figura 3.33. Arriba: ajuar de la Sepultura XI. 1: placa madera de boj con decoración impresa y grabada (MPV 64) (Archivo fotográfico
SIP); 2: anillo de bronce (MPV 58); 3: anillo de plata (MPV 49) (Archivo fotográfico SIP); 4: fíbula anular (MPV 48). Abajo: ajuar de la
Sepultura XII. 1-4: bolsales (MPV 47101); 5: copa Lamboglia 21 (MPV 47101).
43
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Forma un cuadrado de [en blanco]. Sus paredes están en general
construidas con losetas y como siempre no se las halla la cara
interior”.
En las notas del diario nº 68 se dice lo siguiente:
“Las paredes de esta sepultura en general formadas por losetas sentadas a lo largo de aquellas. Mide la pared NE 3’80, la NO
3’89, la SE 3’80 y la SO 3’82. El corte interior, aun existente al
descubierto, aparece borroso. Se notan gruesas y medianas piedras mezcladas con tierra y barro. No se nota raya de tierra cocha.
Unos 20 cts de tierra humus: sobre 40 de piedra; y unos 32 de
tierra detritus de barro; y bajo el gravón de la loma. Hecha una
cata en la pared NE, da una altura de 44 cts, sentada sobre barro
con puntos rojos y blancos (especie de mortero) formando una
capa de 1’3 cts y debajo el gravón de la loma”.
Estructura: Encachado cuadrangular construido sobre un
suelo de barro cocido.
Ajuar: Una placa de cinturón completa, una fíbula, un puñal
de frontón y su vaina, tres cuchillos, una punta de lanza, un soliferreum, una pátera ática, un plato, dos tinajillas, una tinaja, un
tejuelo, laminitas de bronce (fig. 4.17), una piedra pulida y una
pata de bovino de terracota (fig. 3.34). No hay indicaciones sobre
dónde y cómo apareció el ajuar, pero se ha podido reconstruir
parcialmente al conservarse adheridos el puñal, la punta de lanza
y la placa de cinturón (fig. 7.20).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Por la tinaja de hombro podría ser próxima al
siglo III a. C. ya que el puñal y la moharra tienen una cronología más antigua.
3.3.2.15. Sepultura XV
Se excavó el 26 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Se explora el
terreno al NO de la sepultura VI y de la IX y en el espacio comprendido entre ambas.
Entre dichas sepulturas y a unos 15 cents. del terreno
superficial aparece bien determinada una pequeña sepultura
cuadrangular que mide [en blanco] de lado (ya se precisará en
el croquis la medida exacta de cada uno). Se la designa con el
nº XV”.
“ Se excava la pequeña sepultura descubierta (XV) y muy
superficial, sin apenas alguna piedra mediana encima y el resto
tierra, aparece en el centro de la sepultura una gran masa de
cenizas que revueltas cuidadosamente acusa algún hueso sin que
aparezcan restos algunos cerámicos ni de metal. La pared de esta
sepultura se compone de una sola hilada de piedras encaradas
hacia fuera y de mediano tamaño. Da la sensación de haber sido
explorada.
También al NO de IX se descubre otra pared paralela á (sic) la
de aquella, y á (sic) distancia de 70 cts de la misma. Se explora y
comprueba que se acoda asímismo en ángulo recto cuasi enfrente
mismo del ángulo O de dicha sepultura. Tiene la pared paralela
á (sic) IX la particularidad de que al medir 2’60 mts contados
desde el ángulo descubierto, forma un ángulo saliente hasta el
punto que el callejón de separación queda reducido a 30 cts, o
sea que tiene el ángulo 40.”
En el diario nº 68 escribió: “Es una sepultura pequeña. Mide
en sus lados aproximadamente: el NO 1’64, el NE 1’75; el SE
1’68 y el SO 1’69. La forman piedras de tamaño desigual (la
44
pared NO dos gruesas piedras cuasi la completan); y tiene de
altura la pared últimamente citada 29 cts. Debajo de ella se nota
una capa de barro de alguna profundidad”.
Estructura: Encachado cuadrangular con los restos de la cremación en el centro.
Ajuar: Aunque en el diario Ballester Tormo dice que no
encontró ajuar, en los almacenes del MPV hay seis fíbulas, una
anilla y una base recortada de cerámica ibérica (fig. 3.35). Dos
de las fíbulas y la anilla están recogidas en el primer inventario
del SIP (fig. 3.36).
Restos humanos: Adulto joven.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.16. Sepultura XVI
Se excavó el 26 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Al NO de VI, á (sic)
1’10 mt de la pared de dicho lado y en el punto que precisan
las siguientes medidas tomadas de los ángulos N y O de tal
sepultura respectivamente, 2’69 y 2, y á (sic) unos 40 cts de
profundidad un golpe de azada saca trozos recién rotos de una
pieza cerámica. Limpiado y vaciado á (sic) su alrededor aparece una pieza de forma de perolete que estaba cubierta con
una piedra. Ocupa el centro de una mancha de tierra negra y
cenizas. Al sacarlo de su sitio y por una rotura sale una pequeña
fíbula á (sic) la que le falta parte del aro. Aparece el vaso completamente lleno de tierra y huesos, estos en la mitad inferior
y ningún otro resto de metal. Al limpiar y vaciarlo de tierra se
ha abierto por varios sitios, pero será de fácil reconstrucción.
Se la designa con el nº XVI”.
Estructura: Urna tapada con una piedra, metida en un hoyo
con cenizas alrededor.
Ajuar: La fíbula citada no se ha encontrado, en cambio sí que
hay una pulsera y un anillo, que debieron estar en el interior de
la urna (figs. 3.35 y 3.37). Fletcher Valls y Pla Ballester (1977,
173) citan piezas de armamento que también aparecen en uno
de los inventarios pero que no se han encontrado en el MPV ni
tampoco publicó Ballester Tormo en su día (1930, 36, fig. 17)
por lo que no se han tenido en cuenta.
Restos humanos: Adulto masculino.
Cronología: La orza que hace de urna se data en el siglo IV
a. C. en el área oretana.
3.3.2.17. Sepultura XVII
Se excavó el 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Al NO de XV y de VI
aparece muy bien determinada una pared de sepultura orientada
como todas. Siguiendo su paramento exterior en dirección O, se
acoda en ángulo recto en la orientación dicha de NO y en una
extensión de 3’70 metros, en cuyo punto parece y luego se comprueba, que forma acodándose de igual modo el tercer lado del
rectángulo de la tumba. Para precisar en el croquis la situación
de este nuevo enterramiento tomamos las siguientes distancias
de los dos ángulos, con referencia á (sic) los inmediatos (lado
NO) de la sepultura VI: El ángulo S de esta nueva sepultura, que
designamos con el nº XVII dista del N y O de VI, 1’35 y 2’85
mts respectivamente, y el ángulo O, también respectivamente,
4’55 y 5’10”.
[page-n-46]
documentación e intervenciones
“Limpiando de piedra y tierra la mitad NO de la que hemos
denominado como sepultura XVII, sobre el centro de tal lado
y á (sic) unos 40 cts de profundidad, han aparecido entre la
tierra arenisca y alguna pequeña piedra, primero una hoja muy
afectada por el óxido que nos parece de jabalina, y que se ve
se acababa de desunir de otro trozo, y luego unas como varillas de hierro una, revuelta sobre sí misma como formando
una doble curvatura, que mide 1’23 mts y otro que también
parece curvarse por uno de los extremos que tiene 0’57 de
medida. La curvatura de éste parece coincidir con la del otro
trozo en cuyo caso debió medir tal vástago 1’80 mts, á (sic)
los que sumado los 9 cts que mide la pequeña hoja, dan un
total de 1’89, medida posible de una jabalina soliférrea (sic).
Cuasi debajo del sitio que ocupaba la antedicha, aparecen: una
espada de antenas (bien separadas, esféricas) de mango tubular; trozos de espada entre anillas y remaches (¿de escudo?)
abrazadera de éste, hoja [ilegible] y regatones. Se guarda en
cajas etiquetadas”.
Figura 3.34. Ajuar de la Sepultura XIV. 1: tinaja sin hombro (MPV 47160); 2: tinajilla sin hombro (MPV 47143); 3: asa de tinaja con hombro (MPV 47143); 4: copa Lamboglia 21 (MPV 47143); 5: base indicada, cerámica gris (MPV 47160); 6: pata de bovino (MPV 47143); 7:
piedra trabajada (MPV 47143); 8: tejuelo (MPV 47160); 9: placa de cinturón (MPV 50335 y 50336); 10: punta de lanza adherida a puñal
y restos de placa de cinturón (MPV 32, 34 y 35); 11-13: cuchillos (MPV 47141 y 47143); 14: vaina (MPV 47134 y 47135); 15: fragmento
de soliferreum (MPV 47141).
45
[page-n-47]
la necrópolis ibérica de casa del monte
En el diario nº 68 señala que hay una capa de tierra roja por
toda la extensión, además de describir el tamaño de las piedras
y dar las medidas del encachado.
Estructura: Encachado cuadrangular.
Ajuar: Espada y restos de la vaina, cuchillo, manilla de escudo
y dos regatones. Un soliferreum, bien descrito en el diario, que Fletcher Valls y Pla Ballester recogieron en 1977 (173), del que podría
formar parte la punta, además de fragmentos de hierro informes
(fig. 3.38). Por debajo del soliferreum estaba el resto de la panoplia.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Principios del siglo IV a. C. por la espada de
antenas y el asidero de escudo.
3.3.2.18. Sepultura XVIII
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): “Apenas comenzados los trabajos queda bien determinada y en condiciones de
excavar la sepultura XVIII. Miden sus lados, aproximadamente
2’80, si bien su lado NE parece por ahora ser una pared que la une
Figura 3.35. Arriba: ajuar de la Sepultura XV. 1-6: fíbulas anulares (MPV 55, 56 y 47158); 7: anilla abierta de bronce (MPV 57); 8: base
cerámica recortada como tejuelo (MPV 47110). Abajo: ajuar de la Sepultura XVI. 1: pulsera con decoración incisa (MPV 47164); 2: anillo
con cánido grabado en chatón (MPV 60); 3: orza (MPV 2146).
46
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documentación e intervenciones
Figura 3.36. Página del inventario donde se detallan piezas de la
Sepultura XV (Archivo documental SIP).
Figura 3.37. Orza de la Sepultura XVI (Archivo fotográfico SIP).
á (sic) las construcciones ó (sic) construcción no bien precisadas
existentes entre esta y la IX. Las paredes están formadas por una
hilada de piedras de mediano tamaño, habiéndose procurado que
las caras planas den al exterior; pero aquí como en la mayor parte
de construcciones, se ha ido luego rellenando de piedras, con lo
que, en realidad, no hay propiamente paredes.
Excavada esta sepultura da primero una capa de piedras y
tierra de diverso espesor, luego otra de tierra arenisca y entre
ella aparecen cercanas a las paredes algún trozo de como cascote
de enlucido quemados por una cara. Tras la capa de tierra aparecen, aunque no bien determinadas como distintas, dos grandes
manchas de cenizas, una arrimada al lado NE y otra al SO. En
la primera se encuentran las dos piezas de un agrafe de bronce
de mediano tamaño y unas como laminillas que debieron servir
para mejor anclar aquellas al cuero, y una pieza incompleta de
hierro que tiene como una ranura á (sic) lo largo, y con ella unos
huesos como de articulaciones que no nos parece han sufrido la
acción del fuego y que son todas (¿) como de articulaciones. La
otra mancha de cenizas dio algunos huesos quemados y un trozo
informe de hierro. Se nota en la tierra pegada á (sic) las paredes
diversa coloración como producida por la acción del fuego y
que parecen restos de una capa de tierra cocha con que debieron
cubrirse las cenizas. En la pared SE, en su cara interna y como
á (sic) unos 30 cts. del fondo aparece calcinada una piedra de la
pared. Las cenizas aparecían a unos 70 cts. de profundidad, y la
pared más alta que es la de SE tiene hasta el fondo de la loma
90 cts., las laterales á (sic) esta van en desnivel hasta la del lado
contrario que tiene sobre 50 cts. debido al declive pronunciado
de la loma hacia dicho lado”.
En el diario nº 68 señala que forma parte de un conjunto formado por las XXIII, XXIV y XXXVI (figs. 3.20 y 3.55). Aporta
más medidas e indica que por debajo de las paredes hay una capa
de barro rojizo de unos 17-18 cm de espesor. Todas las paredes
están careadas al exterior menos la NE que carea hacia adentro,
al ser común con la sepultura XXXVI.
Estructura: Encachado cuadrangular.
Ajuar: Un fragmento de soliferreum, otro de vaina y una contera, una placa de cinturón completa y tabas perforadas, siete de
ovicaprino y una de suido (figs. 3.38 y 3.40, 1). El ajuar apareció
repartido en dos manchas: en una, hebilla, laminillas de bronce,
hierro y las tabas; en la otra, huesos quemados y soliferreum.
Restos humanos: Infantil II-Preadulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. y anterior a la XXXVI.
47
[page-n-49]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.38. Arriba: ajuar de la Sepultura XVII. 1: manilla de escudo (MPV 36, 47072 y 47115); 2: cuchillo (MPV 47072); 3: lámina de
hierro (MPV 47072); 4: punta de soliferreum (MPV 47072, 47087 y 47089); 5: varilla de hierro (MPV 47072); 6 y 7: regatones (MPV
47087 y 47072); 8: vaina, algunos fragmentos adheridos a la hoja de la espada (MPV 37); 9: espada y detalle del mango con decoración
incrustada de cobre (MPV 37). Abajo: ajuar de la Sepultura XVIII. 1: placa de cinturón (MPV 9 y 10); 2: laminitas de bronce (MPV 47102);
3: soliferreum (MPV 47128); 4 y 5: dos láminas de hierro (MPV 47128); 6: piezas de una vaina (MPV 11 y 12); 7: ocho astrágalos (MPV
47051) (fotografías M. Blasco Martín).
48
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documentación e intervenciones
3.3.2.19. Sepultura XIX
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Explorando á (sic) P de
XVIII y al NO de la sepultura aún no explorada XVII, y a un
golpe de azadón para sacar una piedra de mediano tamaño que
cuasi afloraba al suelo, aparecen cascos recién rotos de un vaso
y que efectivamente se trata de una urna cineraria. Se trata de
un perol de mediano tamaño al que le falta cuasi todo el cuello,
al parecer de muy antiguo, pues explorado a su alrededor se han
hallado los mismos restos de tal parte del vaso. Separado cuidadosamente, se nota que estaba encajonado entre algunas piedras
y arrimado a una pared que parece orientarse en la misma dirección que todas las de las sepulturas. Ocupaba cuasi el centro (un
poco á [sic] NO) de una mancha de cenizas de como sobre 50 cts
de diámetro y unos 10 de profundidad media, con huesos entre
aquella y todo asentado sobre una capa de tierra cocha. Inmediato
al vaso (á [sic] unos 8 cts) y en dirección aproximada NO á (sic)
SE, aparecen una espada y una pequeña lanza superpuestas, que
se colocaron enteras. Un fragmento parece acusar antenas de la
empuñadura, y otros el asidero de escudo. Está este enterramiento
a 1’08 del ángulo P de XVII y en la prolongación de su lado SO.
Se le denomina XIX”.
“Vaciada la urna del enterramiento XIX, que aparece llena
de tierra, se encuentran entre esta, en la parte superior, restos del
borde del vaso, lo que nos hace rectificar la suposición de que
se colocó roto, y restos también (no sabemos si la completaban)
de una pequeña copa de las de Covalta y Almedinilla, que debió
servir de tapadera, como la del año último. También aparece el
resto de fíbula, de mediano tamaño, que completa el trozo de aro
que se halló entre las cenizas de fuera”.
Estructura: Se trata de una tumba en hoyo (cf), con la urna
falcada con piedras y situada posiblemente sobre la pira. Se cita
la existencia de una pared que pudo servir para delimitar la pira
o un encachado casi desaparecido. Pared que no se dibuja en
los croquis.
Ajuar: Tinajilla que hizo de urna, una espada, una punta
de lanza con incrustaciones de plata, dos fíbulas y restos de un
brazalete de bronce. La “copa tipo Covalta o Almedinilla” que
hizo de tapadera no se ha encontrado entre los materiales depositados en el MPV, pero Fletcher Valls y Pla Ballester (1977,
173) citan “fragmentos de una copa de pie bajo”. La manilla
de escudo puede ser un fragmento no localizado que Ballester
Tormo publicó (1930, 34, fig. 14) además de una anilla adherida
a la punta de lanza. Los trozos de mango de cuchillo que cita en
1930 (p. 34) no se han localizado y tampoco se identifican en la
figura 14 de la misma publicación (figs. 3.39 y 3.40, 2).
El ajuar se colocó cuidadosamente junto a la urna, excepto
las fíbulas que se encontraron repartidas entre la urna y las cenizas de fuera (fig. 7.19).
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: Siglo IV a. C. por la lanza mediana.
cts de profundidad) aparece al descubierto la boca de otra urna.
Designamos este enterramiento con el XX”.
“Se escava (sic) el enterramiento XX, y aparece un bello y
completo vaso de forma de bobina pero al que el pié le dá (sic)
un airoso aspecto de copa.
Vaciado, sólo contiene tierra y huesos, sin ningún resto metálico. Ocupaba el centro de una mancha de cenizas y huesos de sobre
medio metro, que cubrian el vaso por su tercio inferior, y al lado del
mismo, en la orientación NE una “falcata” (la primera que aquí se
dá [sic]) de las de hoja poco ondulada. Está rota por varios sitios.
Revueltas cuidadosamente las cenizas no se halla entre ellas resto
alguno más, chocándonos no encontrarlos de fíbula ni de lanza”.
Estructura: Hoyo con urna tapada con una loseta colocada
en el centro de la pira.
Ajuar: Imitación de crátera de columnas utilizada como urna,
tapada con una loseta y una falcata con restos de la vaina adherida. A pesar de lo dicho en el diario, en el MPV consta, como
parte del ajuar, una fíbula anular (figs. 3.40, 3 y 3.41). Todo el
ajuar estaba al exterior de la urna.
Restos humanos: Adulto mayor de 30 años. ¿Femenino?
Cronología: Siglo IV a. C. por la falcata y la imitación de
la crátera.
3.3.2.21. Sepultura XXI
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Entre XVIII y XXIII, en
la pared que les une como prolongación de sus lados NE, y á
(sic) distancia respectivamente media entre ambas y arrimado
a dicha pared y muy superficiales (apenas 10 cts de profundidad), sin mancha alguna de cenizas, a un golpe de azadón se
rompen dos cacharros (una copa campaniana grande y cuasi
completa y gran parte de otro vaso ibérico de pequeño fondo
y gran vientre que forman un enterramiento seguramente, pues
entre la tierra que en parte rellenaba el vaso campaniano se
percibían restos de huesos quemados. Explorando alrededor
no se halló nada más que precisara la sepultura salvo un fusayolo (sic) bitroncocónico casi esférico [desde “salvo” añadido
en línea superior]. Seguramente sirvió de urna la copa, y se
cubrió con los restos del vaso ibérico. Se designa este enterramiento como XXI”.
Estructura: Sepultura en hoyo, con urna cerámica, sin restos
de la pira.
Ajuar: Dos platos de cerámica ática, el más completo posiblemente hizo de urna. Según el relato del diario estaría tapado
por la base de una imitación de crátera de campana. Además,
hay restos de botellas y una fusayola (figs. 3.42 y 3.44). Todo al
exterior de la urna.
Restos humanos: Aunque en el relato se describe la presencia
de huesos quemados, no se debieron recoger.
Cronología: Siglo IV a. C. por los platos áticos y la imitación
de crátera de campana.
3.3.2.20. Sepultura XX
3.3.2.22. Sepultura XXII
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Cuasi al mismo tiempo á
(sic) 1’80 mts á (sic) L del anterior enterramiento y á (sic) 2’30
del ángulo P de XVII y al quitar una loseta (que estaba a unos 15
Se excava el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Poco después, a 2’50 mts
de la precedente sepultura [XX] y á (sic) lo mismo del ángulo
S de XVIII, y también debajo de una piedra y á (sic) escasa
49
[page-n-51]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.39. Ajuar de la Sepultura XIX. 1: tinajilla (MPV 47059); 2: pulsera (MPV 47131); 3: punta de lanza y detalle de la decoración en
plata y cobre; y 7: anilla de escudo adherida (MPV 27); 4: espada (MPV 30); 5 y 6: fíbulas anulares (MPV 47085 y 50).
profundidad (sobre 15 cts) aparece otra boca de urna. Se denomina a esta sepultura XXII…
Explorando el enterramiento XXII se halla una urna de forma
de perol de mediano tamaño (sobre 16 cts de alto), que también
ocupa el centro de una mancha de cenizas con restos óseos, entre
las cuales no se halla arma, útil ni joya alguna. La urna aparece
rota por varios sitios, pero sin faltarle nada. Vaciada no contiene
nada digno de notarse”.
Estructura: Urna tapada con una piedra, en hoyo sobre restos de la pira.
Ajuar: Urna tapada con una piedra que no se han identificado
en el depósito del MPV.
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.23. Sepultura XXIII
Se excavó el día 28 de marzo de 1920.
Descripción (según diarios núms. 67 y 68): En el diario nº
67 se indica que al ser domingo, sólo él (I. Ballester Tormo) y
Pascual (sic) trabajaron ese día.
50
En el diario nº 68 escribió: “Está careada á (sic) los cuatro
lados, habiendose sido aprovechado el NE para la sepultura XXIV.
La cara SO mide 2’70; la SE hasta la línea de la cara NE 2’67 (el
ángulo de este lado se encuentra dentro de la pared SE de XXIV);
la cara NE debió tener 2’70 (no se puede precisar por estar ambos
extremos empotrados en los de la sepultura dicha) y NO sobre las
mismas si bien no se conoce su extremo N por la misma razón.
La cara SO tiene como un estribo o repié de una sola piedra
mediana de 21 cts ancho, mide de altura 84 cts sentada sobre el
barro que forma una capa de 26 cts; bajo el gravón.”
Estructura: Se trata de un empedrado tumular casi cuadrado.
Ajuar: Kylix ático de figuras rojas, un cuchillo afalcatado,
tres fíbulas, restos de bronce y una fusayola decorada (figs. 3.43
y 3.44). No hay información sobre su disposición en la tumba.
Fletcher Valls y Pla Ballester (1977, 174) también señalan la
presencia de conchas, sin mayor precisión.
Restos humanos: Preadulto.
Cronología: Segunda mitad del siglo V a. C. por el kylix de
figuras rojas. Por materiales sería la más antigua de la necrópolis
y de la agrupación tumular formada con XVIII, XXIV, XXXVI
y la fosa XXI (figs. 3.20 y 3.55).
[page-n-52]
documentación e intervenciones
1
3
2
Figura 3.40. 1: ajuar de la Sepultura XVIII; 2: ajuar de
la Sepultura XIX; 3: falcata y fíbula de la Sepultura XX
(Archivo fotográfico SIP).
3.3.2.24. Sepultura XXIV
Se excavó el mismo día y en las mismas condiciones que la anterior (28 de marzo de 2020).
Descripción (según diario nº 68): En la página 35 se indica
que está aprovechando la pared NE de la Sepultura XXIII, pero
de mayor tamaño. Está incompleta por el camino y está junto a
la Sepultura XXXVI (figs. 3.20 y 3.55). Por el interior del muro
SE se aprecia una “raya” amarillento-rojiza de unos 80 cm.
Estructura: Estructura tumular cuadrada.
Ajuar: Dos regatones, dos pletinas de hierro, una placa de
cinturón completa, una anilla de hierro y una fíbula (fig. 3.45).
Restos humanos: No hay datos.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. Anterior
a XXXVI y posterior a XXIII.
3.3.2.25. Sepultura XXV
Se excavó el día 27 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Ahondando el terreno en
el espacio comprendido entre VI, XVII y lo que creemos ocupa
la construcción XIV, á (sic) 40 cts. de profundidad del suelo natural y á (sic) 4 mts y 2,30 respectivamente de los ángulos SO. y
NO. de XVII aparece una mancha de cenizas. Se ahonda á (sic)
su alrededor y aparece aquella en un hoyo circular que mide
sobre 50 cts de diámetro y 8 de fondo [esto último añadido en
una línea superior]. Explorado aquel aparecen entre las cenizas,
algunos escasos huesos y un pequeño vasito (parece juguete)
[en la línea superior] de forma aproximadamente cónica, el que
vaciado solo resulta contener tierra y algún huesecillo. Parece la
sepultura de un niño. Se la designa con el nº XXV. Se hallaba a
30 cts del suelo”.
Estructura: Fosa en cuyo interior estaba el escaso ajuar y los
restos de la cremación. Las cenizas parece que sólo estaban en
la parte superior.
Ajuar: Botellita en cuyo interior había algunos huesos (fig. 3.46).
Restos humanos: No se debieron recoger.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.26. Sepultura XXVI
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
51
[page-n-53]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.41. Ajuar de la Sepultura XX. 1: crátera de imitación (MPV 69); Archivo fotográfico del SIP); 2: fíbula anular (MPV 47092); 3:
falcata con restos de cachas de hueso y vaina adherida (MPV 20).
Descripción (según diario nº 67): “En un punto que fijan las
distancias 680 del ángulo NO de XVIII y 370 del propio ángulo
de XVII, aparece una mancha de cenizas de sobre 40 cts de diámetro y unos 7 de profundidad. Notase resto de la tierra y barro
quemado que suele aparecer en toda sepultura y comenzaban las
cenizas á (sic) unos 25 cts de profundidad. Explorado el hoyo ha
dado medio fusayolo (sic) esférico, un trocito de tiesto y algún
huesecillo. Se la denomina XXVI”.
Estructura: Hoyo con restos de la cremación alrededor.
Ajuar: Una fusayola y un fragmento de cerámica (fig. 3.46).
Restos humanos: No constan en el depósito del MPV.
Otros: Madera de carrasca o coscoja con lámina de cobre o
bronce adherida, casi fundida (fig. 5.23).
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
52
3.3.2.27. Sepultura XXVII
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Avanzando más la
exploración y aproximándola á (sic) la línea de sepulturas descubiertas aparece otra nueva mancha de hoguera en el punto
a 340 y 650 de los ángulos NO de la sepultura XVII y VI respectivamente. Se halla sobre 30 cts del nivel de la loma, mide
sobre 45 cts de diámetro y tiene una profundidad de sobre 10
cts. Explorada da unos pocos huesos pequeños una como sortija
constituida por una laminilla de cobre ó (sic) bronce en espiral
y algún trozo de tiesto. También alrededor de esta hoguera, y
como cerrando las cenizas se ve algún resto de barro cocido.
Se la designa con el nº XXVII”.
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documentación e intervenciones
Figura 3.42. Ajuar de la Sepultura XXI. 1: crátera de imitación (MPV 47068); 2 y 3: copas Lamboglia 22 (MPV 47051 y 71); 4 y 5: botellas (MPV 47068); 6: fusayola acéfala (MPV 67).
Estructura: Posible ustrinum con el suelo quemado por la
combustión.
Ajuar: Material entre las cenizas y carbones. El anillo en espiral no se ha identificado entre el material depositado en el MPV.
La cerámica puede ser alguno de los fragmentos sin referencia
(47111) (Anexo I, tabla I.53).
Restos humanos: Pocos huesos que no constan en el depósito del MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.28. Sepultura XXVIII
Se excavó el día 30 de marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Un poco más al S de la
anterior y aún más inmediata á (sic) la pared N. de XIV se ve á
(sic) unos 30 cts de profundidad el resto de una hoguera, como
las anteriores formando una mancha circular de unos 50 cts de
diámetro y 8 de profundidad. Está sita á (sic) 490 y 365 cts respectivamente de los ángulos NO de VI y XIV. También se nota
algún ligero resto de barro quemado. Se la designa con el nº
XXVIII”.
Estructura: Posible ustrinum con el suelo quemado por la
combustión.
Ajuar: No consta.
Restos humanos: No constan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.29. Sepultura XXIX
Excavada probablemente en marzo de 1920.
Descripción (según diario nº 67): No existen anotaciones
sobre esta sepultura, pero aparece en el croquis que dibujó al
finalizar la campaña de marzo (fig. 3.47).
Estructura: Empedrado tumular situado al NO de las Sepulturas I y XIV. Uno de los lados mide 4 m.
Ajuar: Falcata con restos de la vaina, cuchillo adherido a la
falcata, dos regatones, soliferreum, pletina, tinajilla, kylix-skyphos
de imitación y fragmentos de cerámica ática de figuras rojas
(figs. 3.48 y 3.49).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Siglo IV a. C. por las figuras rojas y la imitación.
3.3.2.30. Sepultura XXX
No existen anotaciones sobre esta sepultura en el diario nº 67.
Descripción (según diario nº 68): En la página 41 se dice:
“Corte de la pared SO. Una capa de tierra de 47 cts, otra de
piedras medianas (casi una hilada) de 17 cts; una capa de tierra
cocha, roja por arriba, negruzca á (sic) continuación y de barro
bajo de sobre 40 cts, después terraza. En la O. tierra 20 cts, piedra 21, capa cocha y tierra.
La capa cocha sigue la inclinación de la loma.
Revisada ha dado dos trozos hierro, como de chuzos, y dos
muy laminados con [ilegible] de cobre o bronce”.
Estructura: Estaba al NO de la Sepultura XXIX y debió ser
una tumba de hoyo por el dibujo del croquis.
Ajuar: Tejuelo, lámina de hierro con remaches, posible fíbula
y soliferreum (constaba sin referencia) que además de la cita en
el diario también está recogido en uno de los inventarios del
MPV (fig. 3.50).
53
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.43. Ajuar de la Sepultura XXIII. 1: cuchillo con restos de bronce adheridos en zona del mango (MPV 47126); 2: láminas (MPV
47126); 3: fusayola acéfala (MPV 47156 y 47159); 4-6: fíbulas anulares (MPV 47129 y 72); 7: kylix de figuras rojas (MPV 64) (fotografías J. Vives-Ferrándiz Sánchez, MPV).
Restos humanos: No se citan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.31. Sepultura XXXI
Se excava el día 12 de octubre de 1920. Como curiosidad, Ballester Tormo señala que ese día trabajaron siete personas (cuatro de
Valdeganga y tres “valencianos”).
Descripción (según diario nº 67): “La XXXI. Aparecen las
cenizas á (sic) unos 54 cts del nivel del suelo y á (sic) 63 de fondo
el terreno de la loma.
54
Se marca un lado de esta poza que debió ser cuadrada,
hecha de barro amasado con paja y hojas de encina [esto
último añadido en la línea superior]. El lado que queda está
orientado como las sepulturas; es el lado SE y mide lo que
queda 70 cts de largo; debiendo tener de fondo 16 cts aproximadamente. El fondo es un macizo del mismo barro. Excavado
este enterramiento, ha dado entre las cenizas muy escasas, apenas huesos; y tres fracciones de un aro que debió ser pulsera
o brazalete de bronce. Ni vaso, ni restos de él, ni fusayolos
(sic). Entre la tierra que rodea las cenizas se hallan dos piezas
de bronce muy oxidadas. Una parece el arco de una fíbula de
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documentación e intervenciones
Figura 3.44. Cerámicas áticas de las Sepulturas XXI y XXIII (Archivo fotográfico SIP).
Figura 3.45. Ajuar de la Sepultura XXIV. 1: fíbula anular (MPV 47146); 2 y 3: placa de cinturón con detalle de la decoración de la placa
activa (MPV 61 y 62); 4 y 5: regatones (MPV 1 y 2); 6 y 7: pletinas de hierro (MPV 3-5).
55
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.47. Página 85 del diario nº 67 con un croquis donde aparece
la Sepultura XXIX (Archivo documental SIP).
la hace inclasificable [se dibuja el puente de la fíbula]. Como
el otro resto, con el anterior hallado, es parte de un aro, nos
hace suponer que ambas son restos de una fíbula hispánica,
con arco de forma especial”.
Estructura: Fosa cuadrangular, recubierta de una capa de
adobe, con “paja y hojas de encina”.
Ajuar: Cuatro fíbulas anulares (aunque en el diario se sugiere
que una de ellas sea tipo La Tène) y un fragmento de pulsera
(fig. 3.50). Se encontraron entre las cenizas de la fosa y la tierra
exterior.
Otros: Se recogió uno de los fragmentos de tierra cocida,
pero no se aprecian huellas de las especies vegetales citadas (fig.
3.58, 1).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.32. Sepultura XXXII
Figura 3.46. Arriba: ajuar de la Sepultura XXV. Botellita (MPV 2145).
Abajo: ajuar de la Sepultura XXVI. Fusayola acéfala (MPV 47109).
mediano tamaño, que afecta una forma no aproximadamente
semicircular, sino algo serpenteante que parece recordar algún
tipo de la Tenne (sic) pero al tener rota lo que pudiera ser cola
56
Se excava el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La XXXII. Está a [en
blanco] a NE de la anterior.7 Apuntaba la mancha forma de pocito
cuadrado de barro (70 cts); estaba también superficial (sobre 40
cts). Al excavarla se notan restos de cubierta (esto añadido en
línea superior) de barro amasado y quemado; piedrecillas calcinadas, y apenas algún pequeño resto de hueso. Rodean la poza
algunas piedras de mediano tamaño. Amasado con barro no
cocido se encuentra un brazalete a trozos (bronce) y una mediana
fíbula rota”.
En el margen izquierdo hay anotado: “Está en el centro de
una extensa mancha de tierra compactada por el fuego”.
Estructura: Hoyo cuadrado cubierto de tierra amasada y quemada; rodeado de piedras. Ocupa el centro del bustum.
Ajuar: Entre el barro no cocido, dos fíbulas anulares y un
fragmento de brazalete (fig. 3.50).
7 De acuerdo con el diario estas sepulturas se excavaron en orden inverso.
Se refiere a la Sepultura XXXIII.
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documentación e intervenciones
Figura 3.48. Ajuar de la Sepultura XXIX. 1: fragmentos de cerámica ática de figuras rojas (MPV 47149); 2: copa de imitación (MPV 47149);
3: tinajilla (MPV 47055); 4: falcata con restos de vaina y cuchillo adheridos (MPV 21); 5: fragmentos de vaina (MPV 47119); 6: soliferreum
(MPV 47071); 7 y 8: dos regatones (MPV 47118); 9: pletina (MPV 47119); 10: láminas de bronce retorcidas por el fuego (MPV 47119).
57
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.49. Ajuar parcial de la Sepultura XXIX (Archivo fotográfico SIP).
Restos humanos: Se citan escasos restos que no se debieron
recoger.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
Restos humanos: Se citan escasos restos que no se debieron
recoger. En el Cuaderno 68 bis, cita “4 ó 6”.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.33. Sepultura XXXIII
3.3.2.34. Sepultura XXXIV
Se excava el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La XXXIII. Están las cenizas á (sic) 44 cts del suelo; tiene una extensión superficial de
sobre 45 cts. de diámetro y 5 cts de fondo. El fondo de loma está
á (sic) 63 cts. Excavada da solo ligeros restos de funda de espada
(varillas acanaladas) y trozos de barro cocho. Apenas si se notan
huesos. Este escaso fondo á (sic) que se halla, en sitio donde
comienza una zona que se cultivó alguna vez, hace sospechar
que el arado sacó alguna vez el depósito funerario”.
Estructura: Posible ustrinum.
Ajuar: Restos de funda de espada, no identificados en los fondos del MPV, pero que se recogen en alguno de los inventarios
(Cuaderno 68 bis); además, un anillo de bronce con los extremos
superpuestos (fig. 3.51).
Se referencia el día 12 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “Tomando como punto de
referencia los ángulos S y P de II, están respectivamente:……la
XXXIV á (sic) 10’5 y 10’90”.
“La XXXIV. Está á (sic) 10’05 á P de la XXXIII. Aparecen
las cenizas á (sic) unos 23 cts. del suelo. Es de poza cuadrada
de barro cocho amasado con paja y todo recubierto de barro.
Se ven claramente dos lados (NE y NO) del cuadrado (añadido
en línea superior: mide uno sobre 51 cts). Parece notarse que
la poza se escuadró con piezas de barro amasado de sobre [en
blanco] cts. de grueso pues las caras interna é (sic) inferior
están cuasi calcinadas como de haberse asentado sobre fuego.
Los huesos, abundantes, parecen indicar una cremación bastante incompleta. Superficialmente aparecen unos trozos de
58
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documentación e intervenciones
Figura 3.50. Arriba: ajuar de la Sepultura XXX. 1: posible fíbula anular (MPV 47100); 2: lámina de hierro con dos remaches (MPV 47100);
3: soliferreum (MPV 51470); 4: tejuelo (MPV 47100). Centro: ajuar de la Sepultura XXXI. 1-4: fíbulas anulares (MPV 52, 54, 47157 y
53); 5: pulsera con decoración incisa (MPV 47157). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXII. 1: fíbula anular (MPV 51); 2: posible fíbula anular (MPV 47161); 3: pulsera con decoración incisa (MPV 47161).
tiesto, y luego entre huesos y cenizas y alguna pequeña piedra;
y entre ello dos trozos de lámina de hierro que parecen restos
de un cuchillo, un como chuzo de hierro que por el lado del
enmangamiento y en su interior parece revestido de cobre ó
(sic) bronce (en el margen izquierdo se ha escrito: ¿regatón?)
y el extremo de la punta de una lanza ó (sic) jabalina”.
59
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Se dibuja en el croquis de la página 91 del diario nº 67 (fig. 3.54).
Estructura: Tumba en hoyo, cuadrado y enlucido.
Ajuar: Fragmentos cerámicos, cuchillo adherido a una lanza y
regatón, entre las cenizas (fig. 3.51). Algunos de estos elementos
(punta de lanza y regatón) están dibujados en el primer inventario del MPV (fig. 1.5).
Restos humanos: Adulto.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.35. Sepultura XXXV
Excavada el día 13 de octubre de 1920.
Descripción (según diario nº 67): “La sepultura XXXV ha
aparecido al abrir una zanja à (sic) 20’75 y 17’50 respectivamente de los ángulos E y S de II. La mancha de cenizas estaba
como à (sic) unos 20 de profundidad y cota 40 de extensión. No
se notaba barro cocho, ni dio más que ligeros restos de huesos”.
Aparece dibujada en el croquis de la página 91, con la distancia desde la Sepultura II: 20’7 y 17’50 (fig. 3.54); posible
diámetro 40.
Estructura: Posible tumba en hoyo. Bastante alejada del conjunto más numeroso (figs. 3.14 y 3.54).
Ajuar: No consta.
Restos humanos: Escasos no localizados en el MPV.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C.
3.3.2.36. Sepultura XXXVI
Descripción (según diario nº 68): “Se construyó aprovechando la pared N de XXIV y estibando cerca de su extremo P la
pared de cierre por tal lado. De la N queda solo el trozo de arranque, que se apoya en la P ([en blanco]) y de la NE ó (sic) E nada.
El ser mucho más baja la pared central que la [tachón] N de
XXIV, nos hace suponer ó (sic) que esta se prolongue hacia el
camino (del cual dista unos 1,80) y que allí tiene bastante pendiente que se inicia el nivel de la XII y que por todo ello fue
derrumbada o que fue una sepultura rectangular y no cuadrada,
lo que sería excepcional.
La pared P. se inclina al nivel de la loma, á (sic) la que como en
cuasi todos los casos afloraban ligeramente las piedras superiores.
Tal pared sirvió en su mitad N [en blanco] para la sepultura [espacio en blanco], prolongando un poco ([en blanco] cts.) dicha pared.
En tal pared N, que es la única cuyo corte puede estudiarse (la
SE no, por carear sus gruesas piedras hacia tal lado y la N por una
escasa altura, unos 48 y su corta extensión), se nota la misma mezcla
de piedras medianas y de tierra bastante uniforme (tal vez fue barro)
y á (sic) 75 cts de profundidad tomada a la mitad de su extensión,
forman otro estrato uniforme que debió ser en el mismo amasada”.
Estructura: Estructura tumular cuadrada, muy deteriorada
(figs. 3.20, 3.55 y 3.56).
Ajuar: No se cita.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: General de la necrópolis, siglo IV a. C. Posterior
a Sepulturas XXIV y XVIII.
3.3.2.37. Sepultura XXXVII (ant. I bis)
Se descubre cuando amplía el área excavada hacia el O en
busca de nuevos enterramientos el día 10 de octubre de 1920.
60
Figura 3.51. Arriba: ajuar de la Sepultura XXXIII. 1: anillo abierto
(MPV 47116). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXIV. 1: punta de
lanza y cuchillo adheridos (MPV 7 y 8); 2: posible mango de cuchillo (MPV 8); 3: regatón (MPV 6).
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documentación e intervenciones
Descripción (según diario nº 67): “Se explora á (sic) P. de
I desde un poco antes de la altura ó (sic) nivel de su pared N
y en un ancho de [en blanco] metros. Parece que el estrato de
tierra suelta y sobrepuesta va perdiendo fondo a medida que se
aleja de la pared P. En el extremo del tajo abierto, y a unos 15
cts. de profundidad, se encuentra una anilla (esta palabra con
subrayado doble) de bronce de sobre [en blanco] cts. de diámetro y [en blanco] de gruesa. Parece llevar óxido de hierro en un
lado (sic), como de contacto con alguna pieza de ese metal. Se
determina claramente dicha pared P., en la que á (sic) 2’50 del
ángulo SE de la construcción se ve una gruesa piedra estribo
de sobre [en blanco] cts. Cerca del sitio donde el último día de
las excavaciones de Marzo y muy superficiales aparecían abundantes restos de una pieza cerámica (forma perol) de facies (sic)
arcaica, a unos 10 cts. de prof. y aproximadamente al nivel del
aludido estribo, se hallan los restos de una fíbula hispa (sic) de
mediano tamaño (parte de aro y arco) y bronce, y una como
punta de espátula del mismo metal (¿una sepultura?)”. Al margen aparece escrito I bis.
En una anotación hecha en el diario de 1918, bajo el croquis
de las Sepulturas I y II, precisa:
“Véase la aparición casi en el centro de la pared P. y arrimado
a la misma junto al estribo de 30 cts. existente a 250 del ángulo
S., á (sic) 10 cts. de profundidad, de gran parte de una olla de
facies arcaica, una mediana fíbula rota (queda parte del aro y del
arco) y una punta rota como de espátula, que parecían restos de
una sepultura a la q. denominamos I bis.- V. el 10 de octubre de
1920” (fig. 3.21).
Por la descripción, parece que se trata de una sepultura parcialmente destruida al construir el encachado de la I, puesto que
Ballester Tormo no observa hoyo e indica que la urna estaba
fragmentada y el ajuar, en apariencia, disperso.
Estructura: Posiblemente un simple hoyo con la urna y el
ajuar.
Ajuar: Olla tosca que no se encuentra entre los materiales
depositados en el MPV. Tan sólo un fragmento de cerámica de
clase B, sin referencia (Anexo 1, tabla I.53), pudo pertenecer a
la misma; un asa de urna de orejetas (dibujada en el diario), una
fíbula y una lámina apuntada de bronce (figs. 3.52 y 3.53). En
cuanto a la anilla citada debe ser una de las pertenecientes al
escudo de la Sepultura I.
Restos humanos: No se citan.
Cronología: Anterior a la Sepultura I. La urna de orejetas
dataría la sepultura entre finales del siglo V e inicios del IV a. C.
3.3.2.38. Sepultura XXXVIII (ant. VII bis)
En el largo escrito dedicado a la Sepultura VII muestra
muchas dudas sobre si se trata de una o dos tumbas.
Descripción (según diarios nº 67 y 68):
En el diario 68 aparece anotado al margen VII bis a la altura
del párrafo que dice así: “…en la cara que mira á (sic) NE, donde
por bajo de una piedra ya se notaron cenizas que se creían derrumbadas de la hoguera, se ha visto mejor explorado, que formaban
un hoyo, del que han salido unos huesos y restos como de pulsera de bronce”.
En el croquis completo de la necrópolis, sitúa esta tumba
junto a uno de los laterales del encachado. Y una apostilla en el
diario nº 67 indica: “= No: porque lo que se encontró á (sic) nivel
inferior es de sepultura de hembra (hilo de cobre, de pulsera, etc.)
Tal vez la [ilegible] de la copa campaniana y lo último sean de
la misma sepultura”.
Estructura: Tumba en hoyo, posiblemente destrozada por la
construcción de la Sepultura VII.
Ajuar: Pulsera de bronce según diario, que no se ha identificado en el material depositado en el MPV; un fragmento de
cerámica pintada y una copa de barniz negro (fig. 3.52). Repartido entre el hoyo y fuera de él.
Restos humanos: Deben ser parte de los recogidos como
Sepultura VII donde se han identificado dos individuos: Adulto
y Preadulto.
Cronología: Finales siglo V e inicios del IV a. C. por copa de
barniz negro y anterior a Sepultura VII.
3.4. ESTRATIGRAFÍA Y APROXIMACIÓN
CRONOLÓGICA
En este apartado se recogerán, en primer lugar, los datos que
se puedan extraer sobre la estratigrafía vertical y horizontal de
la necrópolis y su cronología.
Ballester Tormo no dibuja corte alguno, apenas detalla el
método que sigue durante las cortas campañas llevadas a cabo
y sólo en algunos casos aporta medidas de las profundidades,
siempre de forma irregular. A pesar de ello, y teniendo a la vista
las escasas fotos realizadas, se puede tener una aproximación de
la secuencia estratigráfica. El método de intervención seguido, de
acuerdo con el croquis de la página 31 del diario nº 67 (fig. 3.7),
consistió en la apertura de zanjas más o menos amplias siguiendo
los restos que se van localizando.
Como puede apreciarse en las fotos (fig. 3.9), y según se relata
en el diario, la parte superior de los túmulos era visible en superficie, como mucho estaban debajo de finas capas de tierra antes
de encontrar los restos de la cremación o de la construcción. Así,
por ejemplo, en la Sepultura X retira unos 8 cm de tierra “cocha”
y en la XIV, unos 20 cm de humus sobre la capa de piedras del
túmulo; pero, generalmente, describe capas alternas de tierra y
piedras con espesores que varían entre los 30-40 cm (Sepulturas
V, VI, IX y XVII), llegando excepcionalmente a los 70 cm en la
Sepultura XVIII.
Tan sólo las Sepulturas XI y XIV tienen los restos de la cremación sobre el suelo virgen, que denomina “gravón” (a 30 cm
y 1 m de la superficie, respectivamente). La base geológica es
del Terciario, formación a base de calizas, calizas margosas y
margas (IGN hoja 766 -2530), siendo el suelo de tipo Cambisol
Cálcico (FAO6470).
Algo más de información se puede entresacar de las descripciones de las tumbas en hoyo. En general, también estaban
bastante superficiales: entre 10 cm (Sepultura XXI) y 54 cm
(Sepultura XXXI), o más de 60 cm (Sepultura XXX) las más
profundas; estando la mayoría entre 20 y 40 cm. Solo la losa que
tapaba la urna de la Sepultura XIX era visible en la superficie.
La necrópolis tiene un desarrollo horizontal, con escasas
superposiciones que ayuden a realizar una aproximación cronológica de los depósitos. Excepcionalmente, hay constancia de
que las Sepulturas I y VII destruyeron parcialmente otras en hoyo
(Sepulturas XXXVII y XXXVIII). Estas últimas pueden datarse
por los materiales entre finales del siglo V e inicios del IV a. C.,
siendo de las fechas más antiguas de la necrópolis. Así mismo hay
61
[page-n-63]
la necrópolis ibérica de casa del monte
un conjunto de cuatro estructuras tumulares (Sepulturas XVIII,
XXIII, XXIV y XXXVI) que se superponen, proporcionado una
cronología relativa de las mismas (figs. 3.20, 3.55 y 3.56).
La Sepultura XXIII es la única que aporta una datación relativa de la segunda mitad del siglo V a. C. por la presencia de un
kylix figuras rojas (fig. 3.43). Sería la primera del conjunto, así
como una de las más antiguas de la necrópolis.
La XXIV reutiliza una pared de la anterior, según se relata
en el diario, aunque en el croquis realizado da la impresión de lo
contrario. La XVIII puede ser de un momento similar.
La Sepultura XXXVI es la más moderna, pues se construyó
aprovechando la pared N de la XXIV y la O de la XVIII.
Y, en el espacio entre ellas, está la Sepultura XXI, en hoyo,
del siglo IV a. C. por las cerámicas áticas e imitación de crátera
(fig. 3.42).
Otras dataciones las proporcionan los materiales depositados.
La Sepultura XVII se fecha a principios del siglo IV a. C. por
la espada de antenas y el asidero de escudo. La Sepultura VII se
puede datar en la primera mitad del siglo IV a. C. por la presencia de una espada de frontón; y, es necesariamente, posterior a
XXXVIII. Las Sepulturas VIII y IX con una lanza mediana se
pueden fechar a mediados del siglo IV a. C. Las cerámicas de las
Sepulturas III, IV, V y XIV alargan la cronología de la necrópolis hasta principios del siglo III a. C. Las cerámicas áticas de las
Sepulturas X, XII, XXI y XXIX (figs. 3.32, 3.33, 3.42 y 3.48)
permiten datarlas en el siglo IV a. C.
Ballester Tormo (1930, 46 y 48) con la información de la
época propuso una cronología de finales del siglo IV a. C. e
incluso del III a. C. ya que consideró la cerámica ática como “italiota decadente” y “campaniana”. En la actualidad, de acuerdo
con los materiales, esta necrópolis pudo estar en uso desde la
segunda mitad del siglo V a. C. por el kylix de figuras rojas de
la Sepultura XXIII (2,5%) (fig. 3.43), hasta inicios del siglo III
a. C. por un lebes edetano, una tinaja con hombro y las botellas
ibéricas de algunas tumbas (10,5%) (figs. 3.25 y 3.34). La fíbula
tipo La Tène encontrada en uno de los recintos del “poblado”
también apunta a esa datación final (figs. 3.63 y 4.12). Cuatro se
datan desde finales del siglo V a inicios del IV a. C. (10,5%) y
otras cinco a mediados del IV (13 %) por las cerámicas ibéricas,
áticas y las armas. De las 24 restantes algunas tienen cerámicas
ibéricas y áticas del siglo IV y a la mayoría se les aplica la cronología genérica del siglo IV a. C. (63%) (fig. 3.57).
3.5. TIPOS DE CONTINENTE
Ballester Tormo clasificó las tumbas en tres tipos (1930, 29-32):
13 en hoyo, que consideró las más pobres; seis en urna, también
pobres, pero no tanto como las primeras; y 17 bajo túmulo. La
clasificación que se propone aquí es una matización de la hecha
por Ballester Tormo, pero sin considerar la riqueza o el género
de la persona cremada, aspectos que se tratarán en el capítulo
Revelando el pasado.
Figura 3.52. Arriba: ajuar de la Sepultura XXXVII (ant. I bis). 1: urna de orejetas (MPV 47143); 2: biapuntado de hierro (MPV 47772); 3:
fíbula anular (MPV 47117); 4: lámina de bronce (MPV 20). Abajo: ajuar de la Sepultura XXXVIII (ant. VII bis). 1: bolsal (MPV 47155);
2: fragmento de cerámica pintada (07.242).
62
[page-n-64]
documentación e intervenciones
Figura 3.53. Urna de orejetas dibujada en el diario nº 67 (Archivo
documental SIP).
Figura 3.54. Croquis en el diario con varias tumbas de hoyo, incluida
la XXXIV (Archivo documental SIP).
Figura 3.55. Vista con drone. A la izquierda se aprecia el conjunto de
Sepulturas XXIV-XVIII-XXIII-XXXVI y a su derecha XVII, VI y II
(fotografía T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
Figura 3.56. Croquis del conjunto de Sepulturas XXIV-XVIII-XXIIIXXXVI en el diario nº 67 (Archivo documental SIP).
63
[page-n-65]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.57. Propuesta de ordenación cronológica de las tumbas.
Los tipos identificados son:
A. Estructura tumular (ET): Son 17 construcciones casi
cuadradas de las que se conservaban una o dos hiladas de piedras, careadas hacia el exterior; en el interior,
piedras y tierra sin orden aparente (casi el 45% de los
enterramientos) (fig. 3.14 y tabla 3.1). Debajo de todo
ello estaba el enterramiento, a veces en el interior de
una pequeña fosa, cuadrada o circular, centrada o descentrada respecto de las paredes. Estas fosas, en algunos
casos, tenían las paredes y la base recubiertas de barro
(“cocho”) y herbáceas (“paja”) e incluso se taparon con
estos materiales. Se recogieron algunos fragmentos de
estos enlucidos y de ellos se puede hacer un análisis
visual: de la Sepultura IX, un fragmento de 36 mm de
grosor con una fina capa blanca de 4 mm, siendo el resto
de color negruzco; en este caso se indica que esta capa
hizo las veces de tapadera de la fosa; en la Sepultura X
el barro quemado recubría las fusayolas y los fragmentos
cerámicos (fig. 3.58, 3). Sólo en la Sepultura XII se recogieron los restos de la cremación en una urna (fig. 3.33).
La planimetría y los restos todavía visibles muestran que
todas las estructuras se construyeron siguiendo la misma orientación: NE-SO (figs. 3.9, 3.14, 3.20, 3.55 y 7.4).
Por las descripciones realizadas la mayor parte de los túmulos
se construyeron en el mismo lugar de la cremación. Teniendo en
cuenta la superficie construida se pueden hacer tres subtipos de
estructuras tumulares (fig. 3.59):
1. Pequeña: Entre 1,5 y 3,5 m2. Son tres sepulturas (8%),
siendo la Sepultura XI la menor.
2. Mediana: Entre 5 y 10 m2. Son siete sepulturas (18,5%).
3. Grande: Entre 15 y 30 m2. Son seis sepulturas (16%), entre
las que destaca la Sepultura I.
64
B. Tumba de hoyo (H): Son 18 tumbas (47%) en las que se
ha incluido el grupo 2 de Ballester Tormo. Esta agrupación se justifica porque entendemos que cualquier urna
estuvo en el interior de un hoyo, aunque éste no se detectara en el proceso de excavación. El hoyo, cuando se
describe, era cuadrado y, en ocasiones, estaba enlucido
y cubierto bien con piedras bien con tierra endurecida
por el fuego. En bastantes casos estaba situado en medio
de una gran mancha de cenizas y carbones por lo que
supuestamente se hicieron en el mismo lugar de la cremación. La mayor parte de los hoyos descritos carecen
de urna (tabla 3.2).
De los cinco loculi enlucidos, se han conservado restos sólo
de la Sepultura XXXI. Se trata de un fragmento de 41 mm de
grosor, en el que se aprecian dos capas, siendo la superficial
de 4 mm (fig. 3.58). En esta sepultura Ballester Tormo indica
que la fosa estaba recubierta de una capa de adobe, con “paja
y hojas de encina” aunque esto no se aprecia en el fragmento
conservado.
C. Mancha de cenizas y carbones: En tres ocasiones (Sepulturas XXVII, XXVIII y XXXII) (8%) se describen
amplias acumulaciones de cenizas y carbones, sin indicar la presencia de hoyo o urna. Esto inclina a considerar
la posibilidad de que se tratara de ustrina, al menos en
XXVII y XXVIII pues apenas se recogieron restos. En
cambio, el ajuar de la Sepultura XXXII podría pertenecer a una tumba en hoyo (fig. 3.50).
La diferente tipología de las tumbas no es óbice para que se
observen pautas comunes en esta necrópolis como son (tablas
3.1 y 3.2):
-Veintiún enterramientos se hicieron sobre la cremación
(55,25%) (siete ET y 14 H).
[page-n-66]
documentación e intervenciones
-Sólo en cuatro se indica explícitamente que no hay carbones ni
cenizas (10,5%) (dos ET y dos H). Del resto no hay datos (18,5%)
(cinco ET y dos H) o el relato no es claro (5,2%) (dos ET).
- Ocho tenían un loculus enlucido y tapado (21%) (cuatro ET
y cuatro H). Otras tres tumbas de hoyo estaban enlucidas, pero
no se indica que tuvieran tapadera (8%).
-Veinte carecían de enlucido (55%) (nueve ET y 11 H). De
cuatro estructuras tumulares no hay datos al respecto (10,5%).
-Siete tenían urna cerámica (18,5%) (una ET y seis H), sólo
dos sin tapadera (5,26%) (una ET y un H). En otras dos tumbas
en hoyo no queda claro si tenían urna o no.
-En 28 sepulturas se cita la presencia de huesos cremados
(73,5%) (11 ET y 17 H), pero solo se recogieron o depositaron
en el MPV 20 conjuntos (50 %) (10 ET y nueve H).
- El tipo de tumba no determina su mayor o menor antigüedad.
3.6. LAS “MANSIONES”
Ballester Tormo intentó conocer la superficie total de la necrópolis e incluso localizar el asentamiento al que pudo pertenecer.
De hecho, en la primera intervención piensa que está excavando
un lugar de hábitat: “…cimientos de paredes de piedra en seco,
q. (sic) nos recordaban la técnica de los despoblados ibéricos
valencianos…. Llegamos con el convencimiento de q. (sic) las
amplísimas edificaciones de la casa de labor se alzaban sobre un
despoblado ibérico” (diario nº 67, 7-8).
El 14 de octubre de 1920 mientras buscaba delimitar la
necrópolis descubre dos paredes, una en dirección N-S y otra
perpendicular, E-O, separadas unos 9 m. Al día siguiente, consigue diferenciar “dos casas independientes o dependencias de
Figura 3.58. Material de construcción (anverso y reverso). 1:
Sepultura XXXI (MPV 47166); 2: Sepultura IX (MPV 47124); 3:
Sepultura X (MPV 47122).
Figura 3.59. Tamaño de las estructuras tumulares.
65
[page-n-67]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 3.1. Estructuras tumulares.
Sepultura
Medidas
Superficie m2 Tamaño
Loculus
Urna
Bustum
I
5,15
26,52 Grande
Cuadrado,
enlucido, tapado,
descentrado
No
Sí
II
4,6
21,16 Grande
Circular,
enlucido, tapado,
descentrado,
No
Sí
V
2,3
VI
4,2
No
No
Sí
No
No
Sí
VII
2,3
5,29 Mediana
3
9 Mediana
No
No
Sí
Circular, enlucido,
tapado, descentrado
No
No
X
2,4
5,76 Mediana
Cuadrado, tapado,
centrado
No
¿Sí?
XI
1,2
1,44 Pequeña
No
No
Sí
XII
1,8
3,24 Pequeña
No
Sí
¿Sí?
XIV
2,85
8,12 Mediana
No
Sin datos
Sin datos
XV
1,64
2,68 Pequeña
No
No
¿Sí?
16 Grande
No
No
No
IX
XVII
5,29 Mediana
17,64 Grande
4
XVIII
2,8
7,84 Mediana
No
No
Sí
XXIII
2,7
7,29 Mediana
Sin datos
Sin datos
Sin datos
XXIV
Inc
Inc Inc
Sin datos
Sin datos
Sin datos
4
16 Grande
Sin datos
Sin datos
Sin datos
4,5
20,25 Grande
Sin datos
Sin datos
Sin datos
XXIX
XXXVI
Tabla 3.2. Tumbas en hoyo.
Sepultura
Forma H Enlucido
Urna
Bustum
Sí
Sí, tapa
Sí
No
No
Sí
Sí
No
Sí
III
IV
VIII
Elipsoidal, tapado
XIII
No
No
Sí
XIX
No
Sí, tapa
Sí
XVI
No
Sí, tapa
Sí
XX
No
Sí, tapa
Sí
XXI
No
Sí, tapa
No
XXII
No
Sí
Sí
No
¿Sí?
Sí
XXVI
Sí
No
Sí
XXX
Sí
No
No
XXV
Circular
XXXI
Cuadrado, tapado
Sí
No
Sí
XXXII
Cuadrado, tapado
Sí
No
Sí
XXXIV
Cuadrado, tapado
XXXV
Sí
No
Sí
No
No
Sí
XXXVII
Sin datos
No
¿Sí?
Sin
datos
XXXVIII
Sin datos
No
No
Sin
datos
66
la misma”. Describe minuciosamente la excavación de la que
denomina Mansión A, incluso su estratigrafía y los escasos
materiales que recupera en su interior, en cambio nada dice de
la Mansión B.
De acuerdo con los croquis conservados (figs. 3.8 y 3.60), se
trata de dos amplias construcciones rectangulares, separadas por
un estrecho pasillo, además de un muro al SE de ellas. La altura
conservada de los muros es irregular y oscila entre 18 y 40 cm. Su
mala conservación la atribuye al uso de la piedra para construir
la antigua Casa del Monte y para alimentar las caleras (figs. 3.8
y 3.61). A pesar del tiempo transcurrido, todavía se aprecian las
alineaciones perimetrales (figs. 3.62 y 3.64).
En la página 99 del diario nº 67 hay un croquis con todas
estas construcciones y sus respectivas medidas mientras que en
la página 43 del diario nº 68 hace otro croquis más simplificado
que el anterior (fig. 3.60). En la planimetría general, las recoge
relacionadas con las tumbas y con los restos de la antigua Casa
del Monte (figs. 3.8 y 3.61).
La construcción A, según el relato de Ballester Tormo, “está
compuesta por cuatro paredes que forman dos rectángulos o tal
vez tres”, aunque en la planimetría conservada (figs. 3.8 y 3.60)
dibuja solo dos espacios: uno de menor tamaño del que se conservan, incompletas, las cuatro paredes (21,78 m2)8; y el segundo con
solo tres paredes conservadas (57 m2). Entre ambos espacios hay
8 Las superficies están extraídas con las medidas proporcionadas en los
croquis.
[page-n-68]
documentación e intervenciones
un acceso de unos 78 cm, con piedras a modo de umbral, situado
en el extremo SE del muro medianero. El grosor de las paredes
perimetrales oscila entre 58 y 60 cm y no hay información sobre
el muro medianero. En esta pared, y aproximadamente, en la
mitad de la misma, Ballester Tormo describe una piedra adosada
de 49 x 50 cm, en cuya superficie “y bordes” (sic) muestra huellas
evidentes de “calcinación o haber estado afectada por el fuego”.
En sus notas señala que el espacio mayor (a Poniente, según
su denominación) pudo estar subdividido porque encuentra algunas piedras alineadas de un muro desaparecido, pero sobre todo
porque “la gran extensión de este departamento P. planteaba la
dificultad de su difícil cubertura (sic) por lo largo de las piezas
necesarias para ello”.
Es evidente que en aquellos tiempos no se planteaba la existencia espacios abiertos o semicubiertos. No obstante, desecha
esa división cuando escribe, más adelante, que las piedras estaban
sobre unos 10 cm de tierra. En el centro de ese espacio indica
que pudo haber un hogar.
Al vaciar el interior de la construcción encontró, sobre todo,
piedras superficiales, tierra, adobes descompuestos y restos de
enlucido. El suelo lo describe como blanco y endurecido por el
fuego (fig. 3.63).
En el hipotético ángulo formado por la pared medianera y la
N, en el lado del posible espacio abierto, se encontró una fíbula
de “La Tenne I” (sic) que Ballester Tormo describe detalladamente: “La cola revertida la forma en su arranque una laminilla
que en su mitad lleva una pieza maciza y gruesa de forma ‘tonelete’, la que en su cara superior parece llevar como adorno unas
rayas formando ángulo; de la parte superior de tal pieza arranca
una pequeña varilla cilíndrica, al parecer estriada en espina ó
(sic) con adornos circulares (no está claro), la que termina en
una pequeña esfera que en su cara superior lleva embutido un
pequeño botón de pasta blanca, tal vez vidriosa hoy descompuesta” (Ballester Tormo 1930, 40 y fig. 19) (fig. 3.63). En el
espacio menor, llamado “a” encontró huesos y cerámicas, entre
ellas una campaniana (sic).
A unos 3 m al S de la Mansión A, hay una pared de 3,06 m, con
una altura conservada de 34 cm. Entre esta pared y la Mansión A
encontró una serie de piedras alineadas transversalmente en el espacio. En el croquis del diario nº 67 está señalado como C (fig. 3.60).
La Mansión B está separada de la A por un estrecho pasillo,
en apariencia mejor conservada, pero de ella tan sólo existen
los datos recogidos en los croquis (fig. 3.60). Se trata de una
construcción rectangular de 8,45 x 4,2 m (35,5 m2 aprox.),
muros con un grosor de 0,45 m. Ballester Tormo no señala
vano alguno, pero junto a la pared S dibuja algo semejante
a dos basas separadas entre sí 0,88 m. ¿Podría ser la puerta?
En la publicación de 1930 (p. 40) indica que se conservaban
restos de empedrado a lo largo de la pared meridional, tanto
por dentro como por fuera.
Llama la atención el escaso interés que muestra Ballester
Tormo por estos restos, una vez ha comprobado que no son enterramientos, a los que apenas les dedicó tres días de trabajo del 14
al 16 de octubre de 1920. Apenas cita los materiales que están
recogidos como tal en el depósito del MPV. Los revisados, que
corresponden a estas edificaciones, se señalan como procedentes
de la Mansión o Construcción D, denominación que no aparece
ni en los croquis ni en los cuadernos o diarios de campo. En la
publicación es algo más explícito: “fíbulas anulares, fusayolos,
Figura 3.60. Croquis con las “mansiones” en los diarios 67 y 68
(Archivo documental SIP).
67
[page-n-69]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 3.61. Restos de la antigua Casa del Monte en 2021.
1
2
3
4
Figura 3.62. Muros de las mansiones en 2021. 1 y 2, Mansión A; 3, Mansión B; 4 Vista con drone de las construcciones (2018) (fotografía
T. Torres González y D. Lucendo Díaz).
68
[page-n-70]
documentación e intervenciones
Figura 3.63. Materiales de las “mansiones”. 1 y 2: fusayolas (MPV 47130); 3: cuchillo (MPV 47130); 4: lámina de bronce (MPV 47123);
5: fíbula anular (MPV 46); 6: base de posible recipiente con perforación (MPV 47123); 7: núcleo de sílex (MPV 47114); 8: fíbula La Tène
(Archivo fotográfico SIP); 9-11: material de construcción, anverso y reverso (MPV 47052 y 47107).
restos de cuchillos y tiestos ibéricos y campanianos…Un bello
ejemplar de fíbula de bronce…” (Ballester Tormo 1930, 40 y
fig. 19) (fig. 3.63).
La interpretación de estos espacios es difícil de realizar (fig.
3.62). Si se trata de parte del hábitat, éste debió ser muy pequeño
o estar muy deteriorado por las construcciones posteriores; además, la escasez de restos materiales y equipamientos en el interior
tampoco arroja mucha luz. La cercanía a la necrópolis pone sobre
la mesa otra posible explicación. El suelo bien conservado, el
hogar y un posible altar en la Mansión A, una zona empedrada,
las pilastras enmarcando la puerta de la Mansión B, el que ambas
construcciones no estén adosadas y la existencia de un amplio
espacio abierto en la Mansión A, parecen apuntar a un lugar de
reunión relacionado con el ritual funerario anterior y/o posterior
al enterramiento y no a espacios domésticos.
En estas estancias se pudieron llevar a cabo las libaciones y
otras ceremonias, cuya vajilla después era enterrada en la tumba
correspondiente. No obstante, hasta la fecha, este tipo de edificios no se ha documentado en las necrópolis conocidas del
Mundo Ibérico.
69
[page-n-71]
[page-n-72]
4
Estudio de los materiales
En este capítulo se aborda el estudio de todos los materiales
depositados en el MPV, pertenecientes a los ajuares, así como
los que constan como procedentes de las “mansiones” y un lote
sin referencia.
Los ajuares mayoritarios en Casa del Monte son las armas
y objetos de bronce de carácter personal; apenas hay cerámica,
sobre todo, importada. Completan el conjunto algunas piezas
singulares de hueso y de madera. El inventario de todos los materiales se puede consultar en el Anexo I.
4.1.1. Cerámica ibérica
4.1. LAS CERÁMICAS
4.1.1.1. Grupo I
El material cerámico recuperado no fue muy abundante, produciendo una falsa impresión sobre el número de tumbas sin
cerámica. Veintitrés de las 38 tumbas tienen cerámicas ibéricas
(60,5%), aunque no siempre se han localizado en el depósito del
MPV; sólo siete tienen cerámicas importadas de origen griego
(18,4%); y ocho carecen de cerámicas (21%).
Un aspecto de interés es que la mayor parte de las cerámicas forma parte del ajuar y apenas siete se utilizaron como urna,
entre ellas una de barniz negro (fig. 3.42, 3), la mayoría en tumbas de hoyo.9
La cerámica es el único ajuar recuperado en siete casos
(incluidas las citadas en el diario, pero no localizadas) (18,5%):
seis son tumbas en hoyo (Sepulturas IV, XIII, XXI, XXII, XXV,
XXVI) y la séptima, una estructura tumular (Sepultura XII).
Aparentemente hay cierta predilección por el tipo de tumba,
pues sólo diez túmulos tienen cerámicas (26%); mientras que 16
tumbas en hoyo tienen cerámica como ajuar o como urna (42%)
(incluidas las citadas en el diario sin localizar).
Tipo 2. Tinaja
El Grupo I corresponde a los recipientes de gran tamaño,
cuya funcionalidad está asociada al transporte y almacenaje.
De los cinco tipos identificados sólo se ha documentado uno,
la tinaja. Las tinajas servían para almacenar productos líquidos
o sólidos y en las necrópolis pudieron ejercer tanto de contenedores de ofrendas como de urnas (Cortell Pérez et al. 1992,
fig. 4, 1).
Los dos ejemplares de Casa del Monte están muy incompletos
y pertenecen a piezas y subtipos diferentes. Ambos se encontraron
en la Sepultura XIV, de la que apenas hay datos en los diarios, lo
que impide conocer el uso de las mismas.
En el primer caso se trata de un fragmento de tinaja con
hombro (A I.2.1.) con asa trigeminada y decoración pintada
(fig. 4.1, 1), variante de asa muy común en este tipo de recipiente. Estas asas compuestas apuntan a una cronología del
siglo III a. C.
El segundo fragmento, de la misma sepultura, es un borde
saliente de tinaja sin hombro de cuello corto (A I.2.2.), con un
labio poco habitual en este subtipo cerámico. Conserva pintura
en la base del cuello (fig. 4.1, 2).
9 Se incluyen las urnas citadas en el diario, aunque no se hayan localizado
en el depósito del MPV.
Se han contabilizado 72 individuos de cerámica ibérica
incluidos los fragmentos. Para su clasificación se ha utilizado
la tipología de Mata Parreño y Bonet Rosado (1992). Todos los
grupos de la clase A están representados, aunque de forma desigual, estando casi ausente la clase B, que sólo cuenta con dos
fragmentos informes (Sepulturas XXXVII y XIV) y una fusayola (Sepultura V).
71
[page-n-73]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.1.1.2. Grupo II
El Grupo II recoge 11 tipos de tamaño mediano con funcionalidades relacionadas con la despensa y otras actividades domésticas.
Sólo se han identificado cuatro tipos, pero es el tercer conjunto
representado. Alguno de los recipientes se utilizó como urna.
Tipo 2. Tinajilla
La tinajilla es equivalente a las tinajas del Grupo I cuya funcionalidad hay que relacionarla con la despensa o, en el caso de
las necrópolis, como contenedor de cenizas o de ofrendas.
En este tipo se clasifican tres recipientes, todos ellos incompletos, del subtipo 2, es decir, sin hombro. Dos de ellos son
prácticamente iguales (fig. 4.1, 4 y 5) con el cuello corto (A
II.2.2.2.). Los labios son ligeramente moldurados; la pieza más
completa tiene la base cóncava indicada y el cuerpo ovoide; la
decoración conservada es geométrica simple, a base de filetes
de distintos grosores en labio, cuello y galbo, llegando hasta el
tercio inferior (fig. 4.1, 5). Todo ello son variables propias de los
siglos V-IV a. C.
La tercera tinajilla está incompleta por la parte superior,
pero posiblemente también debió tener cuello corto, aunque, en
este caso, la clasificación no es segura (A II.2.2.) (fig. 4.1, 3).
También podría tratarse de una botella (A III.1.) por el baquetón en la base del cuello y la tendencia a cerrarse. Ahora bien,
como hizo el papel de urna cineraria nos inclinamos por catalogarla como una tinajilla. La base es cóncava y la decoración
pintada, geométrica a base de filetes, segmentos de círculo y
melenas, cubre parte del tercio inferior, característica propia
de los siglos V-IV a. C.
Tipo 4.1. Tinajilla de orejetas
La tinaja o tinajilla de orejetas es un recipiente que suele asociarse a su papel de urna cineraria en bastantes necrópolis. No
obstante, también es habitual encontrarla en espacios domésticos
(Mata Parreño y Bonet Rosado 1992, 126 y 128).
Se trata de un único fragmento, sin quemar, que conserva la
orejeta y un asa combinada asociada, con el nervio central trenzado; bajo el asa se aprecia una banda pintada (fig. 4.1, 6). Por
el tamaño, también pudo tratarse de un recipiente del Grupo I.
La asociación asa/orejeta no es frecuente; además de los ejemplares de Castellón y Tarragona con asa geminada se conocen
otros en El Castellón (Hellín-Albatana) y Toya (Peal de Becerro),
pero no tenemos constancia de piezas con un asa tan compleja
como ésta de Casa del Monte (López Bravo 2001, figs. 1, 1 y 2;
Maluquer de Motes Nicolau 1984, figs. 4, 6 y 8; Soria Combadiera 1997, fig. 91, 2; Pereira Sieso 1979, fig. 5, 7).
Las urnas de orejetas corresponden a una facies antigua de la
Cultura Ibérica (siglo VI e inicios del IV a. C.), con una dispersión
que abarca ante todo la fachada mediterránea peninsular, mientras
que su número disminuye hacia el interior, como sucede en la
provincia de Albacete donde no es un tipo abundante (Blánquez
Pérez 1990, figs. 45, 92 y 96; Fletcher Valls 1964; López Bravo
2001; Soria Combadiera 1997, 88-91).
En el depósito del MPV estaba catalogada como procedente
de la Sepultura XIV, pero en el diario nº 67 (11 de octubre de
1920) está dibujada cuando se reconoce la Sepultura XXXVII,
ant. I bis (fig. 3.53). Pudo hacer el papel de urna, pero dicha
sepultura fue destruida al construir la I.
72
Tipo 5. Orza pequeña
La orza es un recipiente doméstico similar a la tinajilla pero
de boca abierta. Dos piezas pertenecen a este tipo.
Una es un recipiente entero que actuó como urna cineraria,
clasificada en este tipo por su Indice de Abertura (IA 82). Presenta
un pie indicado y un labio apenas moldurado; la decoración, a
base de bandas y filetes, es polícroma y cubre toda la pieza y el
labio, así como la parte más visible del interior de la boca (fig.
4.1, 7), dejando partes en reserva.
Existen paralelos casi iguales en la zona oriental de la cuenca
del Guadalquivir, datados en el siglo IV a. C. (Pereira Sieso 1979,
fig. 8, 9; 1988, 155, fig. 7, 10; 1989, 154-155), así como en el sur
de la Meseta (Esteban Borrajo 2000, 9, 2). Por calidad y decoración no se parece al resto de cerámicas de la necrópolis, ni otras
conocidas en la zona, por lo que debe considerarse como una
importación del área oretana.
La otra pieza está fragmentada; presenta borde saliente y
engrosado y le falta la base (fig. 4.1, 8); decoración pintada,
geométrica simple. Sus atributos métricos indican que es abierta
(IA 84) y, probablemente, profundo (IP 100 o >), aunque este
último dato es aproximado. Por tanto, puede ser otra orza pequeña
(A II.5.) como las del alto Guadalquivir, fechadas entre mediados del siglo V y finales del IV a. C. (Pereira Sieso 1979, fig. 8,
8; 1988, 150, fig. 5, 8).
Tipo 6. Lebes con pie
El lebes es un recipiente abierto y poco profundo, de tamaños
variados. Pudo utilizarse como recipiente de despensa para líquidos
o sólidos, tanto en contextos domésticos como cultuales.
Sólo hay pieza entera perteneciente al subtipo con pie,
mediana (A II.6.1.2.). La decoración pintada está muy perdida
y apenas se distinguen series de semicírculos o arcos de círculo
concéntricos; el labio es ligeramente moldurado y la boca tiene
una estrecha banda pintada por el interior. Está ligeramente quemado pues hizo el papel de urna cineraria (fig. 4.1, 9).
Tiene cierta semejanza formal con el tipo 18 de Cuadrado
Díaz (1972) representado por un único ejemplar en la tumba 75,
fechada entre el 375-300 a. C. por la presencia de dos fragmentos
de cerámica ática (Cuadrado Díaz 1987, 196-197). En un estudio posterior se acota un poco más la cronología y se propone
el último cuarto del siglo IV a. C. (Cuadrado Díaz y Quesada
Sanz 1989, 55).
En cambio, este subtipo es muy frecuente en territorio edetano
durante el siglo III a. C. Tan sólo algunos rasgos nos hacen dudar
de su casi segura adscripción edetana: las gruesas paredes, el labio
apenas moldurado y la banda pintada por el interior de la boca;
la ausencia de sendos filetes en labio y pie no la consideramos
tan importante porque puede deberse a la mala conservación de
la decoración (Bonet Rosado y Mata Parreño 2002, 132 y 147;
Guérin 2003, 185; Mata Parreño y Bonet Rosado 1992, 129). En
consecuencia, creemos que podría ser una pieza del siglo III a.
C. y no del IV a. C., de procedencia edetana.
4.1.1.3. Grupo III
En el Grupo III se recogen todas las piezas utilizadas en el servicio de mesa, de líquidos y sólidos. Es el segundo grupo mejor
representado con 12 piezas cuya variedad tipológica es escasa
pues tan sólo se han documentado tres de los nueve tipos posibles.
[page-n-74]
estudio de los materiales
Figura 4.1. Formas cerámicas de los Grupos I y II. 1 y 2: Sepultura XIV (MPV 47143 y 47160); 3: Sepultura XIX (MPV 47059); 4: Sepultura XIV (MPV 47143); 5: Sepultura XXIX (47055); 6: Sepultura XXXVII (MPV 47143); 7: Sepultura XVI (MPV 2146); 8: Sepultura IV
(MPV 47159); 9: Sepultura III (MPV 24069).
73
[page-n-75]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tipo 1. Botella
La botella es un recipiente para servir líquidos que se caracteriza por su cuello estrecho y destacado y carecer de asa.
De los cinco ejemplares clasificados en este tipo sólo uno está
completo y pertenece al subtipo 2, es decir, con el tercio inferior
cilíndrico; base ligeramente cóncava (fig. 4.2, 1). Lleva decoración pintada repartida en dos registros, formando metopas; los
motivos son lineales; filete en el interior del borde y en la base
del cuello sobre un baquetón.
Por los atributos descritos, las bocas de botella de las Sepulturas III y V deben tener una forma igual o similar a la descrita
(fig. 4.2, 2 y 3). Una de ellas conserva el baquetón en el cuello
con decoración pintada lineal (fig. 4.2, 2).
Las otras dos bocas de botella carecen de decoración pintada.
Una presenta un baquetón en el cuello y arranque de galbo que
indica un perfil de tendencia globular (fig. 4.2, 5), en consecuencia del subtipo 1 (A III.1.1.); la otra, tiene una pequeña inflexión
en el inicio del cuerpo y el arranque del galbo tiene tendencia
troncocónica (fig. 4.2, 6) (A III.1.2.).
Como ya se señaló en su día (Mata Parreño y Bonet Rosado
1992, 131-132), la botella es un recipiente poco normalizado del
repertorio ibérico de ahí que sea difícil hacer una aproximación
cronológica y geográfica de subtipos y variantes. A pesar de lo
cual, en este caso, es interesante señalar la semejanza técnica y
formal de tres de los ejemplares (fig. 4.2, 1-3).
(Peal de Becerro) también del siglo IV a. C. (Cabré Aguiló
1925, 87, fig. 16 a); en una pátera de Cerro Lucena (Enguera)
(Castellano Castillo 2022, fig. 115, 3); e incluso se han encontrado decoradas con espirales en el pozo votivo de Libisosa
(Lezuza) de los siglos II-I a. C. (Uroz Rodríguez 2022, figs.
132-134). Estos contextos parecen sugerir un significado simbólico al motivo en espiral pintado en el fondo de los platos.
Del subtipo 3, escudilla con perfil en casquete (A III.8.3.1.),
hay dos ejemplares, uno de ellos completo. Esta escudilla tiene
un par de orificios de suspensión cerca del labio, pie anillado y
decoración lineal tanto por el interior como por el exterior (fig.
4.2, 10). Por los datos del diario de excavaciones, parece ser que
actuó de tapadera de la urna, que es un lebes (figs. 3.25 y 3.26)
(ver nota 6); según Ballester Tormo es del tipo Almedinilla (grupo
3, tipo II de Vaquerizo Gil, 1988-1989, 125-126; donde señala
que son comunes a toda el área ibérica) y Covalta (Albaida)
(Raga Rubio 1994).
La otra es un fragmento de borde (fig. 4.2, 11) con decoración
pintada lineal en el labio y por ambas superficies. No se puede
descartar la posibilidad que sea parte del casquete del pie de copa
escalonado (fig. 4.2, 13).
El quinto plato es una base anillada de cerámica gris que no
se puede adscribir a un subtipo concreto (fig. 4.2, 12).
Tipo 2. Jarro
Recipiente profundo de cuello estrecho y asa que lo hace apto
para el servicio de líquidos. La única pieza de este tipo conserva
la parte superior que permite clasificarla dentro del subtipo 1
(boca trilobulada); el asa, de sección cuadrada, sobresale del labio
y se apoya en el tercio superior; lleva un baquetón en el cuello
y decoración pintada a base de semicírculos concéntricos en el
tercio superior, entre bandas; podría tener el cuerpo globular (A
III.2.1.4.) (fig. 4.2, 7). Carece de referencia.
Tipo 1. Botellita
En este grupo se recogen todo tipo de recipientes y piezas de
tamaño inferior a 10 cm. Suelen encontrarse en contextos variados pero algunos tipos son recurrentes en ambientes cultuales
relacionados con ofrendas y rituales. Por eso, llama la atención
que sólo haya un ejemplar de este grupo funcional en Casa del
Monte. En este caso, se trata de una botellita de perfil piriforme,
con cuello indicado (A IV.1.1.2.), sin decoración; presenta las
superficies algo quemadas (fig. 4.3, 1). Según consta en el diario
nº 67 (día 27 de marzo de 1920), pudo hacer de urna o bien haber
contenido una ofrenda cárnica pues en su interior se encontraron
algunos huesecillos.
Tipo 8. Plato
El plato es un recipiente utilizado para el servicio y consumo de comida sólida (subtipo 1) o líquida (subtipos 2 y 3).
En las necrópolis pueden hacer el papel de tapaderas. Este tipo
está representado por cinco ejemplares repartidos entre los tres
subtipos conocidos.
Al subtipo 1 pertenece un plato de grandes dimensiones (A
III.8.1.1.), algo incompleto, con ala corta, dos orificios de suspensión y pie alto. En el fondo interno presenta un pequeño escalón
que da la apariencia de cazoleta poco profunda. La decoración
pintada se conserva mal y apenas se ven algunos trazos verticales
en el ala y concéntricos por el interior (fig. 4.2, 8).
El subtipo 2 está representado por un único ejemplar completo, con pie alto y decoración lineal tanto por el interior como
por el exterior; en el fondo interno, se dibujó una espiral (fig.
4.2, 9). El pie alto apunta a una cronología del siglo III a. C.
La decoración interna en espiral se encuentra en platos del subtipo 1 de la necrópolis del Cerro del Santuario (Baza) (Presedo
Vela 1982, figs. 138 y 139); en una escudilla de la tumba 149
de Tútugi (Galera) datada en el siglo IV a. C., a pesar de que
la escudilla tiene una fecha mucho más amplia del IV a mediados del III a. C. (Pereira Sieso et al. 2004, 155-156, figs. 97-3
y 101); en un plato o escudilla en la cámara sepulcral de Toya
74
4.1.1.4. Grupo IV
4.1.1.5. Grupo V
Se trata de un grupo heterogéneo con ocho tipos relacionados con
actividades artesanales o auxiliares de los grupos anteriores. Es el
grupo con mayor número de piezas, pero en ningún caso se trata
de recipientes por lo que hay que minimizar su valor cuantitativo.
Tipo 6.3. Tejuelo
El tejuelo es una pieza cerámica redondeada hecha de la pared
o base de un recipiente que ha dejado de ser funcional involuntariamente o que se inutiliza voluntariamente.
Los tres tejuelos recogidos carecen de decoración y uno de
ellos es una base indicada, de recipiente abierto, recortada (figs.
4.3, 2-4).
Estas piezas recortadas han sido objeto de dos trabajos
monográficos. El primero de ellos recoge las piezas de algunos
yacimientos ibéricos del NE de Catalunya (Castro Curel 1978).
Además de clasificarlas por medidas y clase cerámica utilizada,
se hizo una aproximación a la técnica de fabricación y se propusieron varias hipótesis de uso (tapones, fichas de juego, sistema
[page-n-76]
estudio de los materiales
Figura 4.2. Formas cerámicas del Grupo III. 1: Sepultura IV (MPV 70) (Archivo fotográfico SIP); 2: Sepultura III (MPV
47056); 3 y 4: Sepultura V (MPV 47120); 5 y 6: Sepultura XXI (MPV 47068); 7: Sin referencia (MPV 47162); 8: Sepultura X (MPV 47069); 9 y 10: Sepultura III (MPV 24070 y 47056); 11: Sepultura VIII (MPV 47081); 12: Sepultura XIV
(MPV 47160); 13: Sepultura VIII (MPV 47081).
75
[page-n-77]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.3. Formas cerámicas de los Grupos IV, V y VI. 1: Sepultura XXV (MPV 2145); 2: Sepultura XIV (MPV 47160); 3: Sepultura XV
(MPV 47110); 4: Sepultura XXX (MPV 47100); 5: Sepultura XX (MPV 69) (Archivo fotográfico SIP); 6: Sepultura XXI (MPV 47068);
7: Sepultura XXIX (MPV 47149).
de cómputo/contabilidad, sistema de votación y pesas de telar),
teniendo en cuenta que algunas están perforadas y otras presentan signos epigráficos esgrafiados.
El más reciente se centra en las piezas discoidales encontradas en un depósito votivo de Iliberri (Granada), además de hacer
un recorrido sobre conjuntos de otras cronologías y lugares de
Europa (Moreno Rodríguez y Adroher Aroux 2019). Todo ello da
pie a diferenciar entre piezas procedentes de paredes y las bases
recortadas, ambos subtipos presentes en Casa del Monte (tabla 4.1).
Se propone una metodología para tratar estas piezas teniendo en
cuenta la clase cerámica utilizada y el sector recortado, la morfometría, incluido el peso, la técnica de recorte, si tienen perforaciones
u otras alteraciones, si llevan algún esgrafiado y decoración. En
cuanto a los usos, recogen los mismos que Castro Curel, añadiendo
también que se trate de material simbólico, de uso higiénico, pesas
para redes de pesca y vajilla de mesa auxiliar.
Lo cierto es que se trata de piezas ampliamente difundidas
desde la aparición de la cerámica, cuyo uso puede ser variado.
Las tres piezas de Casa del Monte son demasiado escasas para
poder apuntar algún posible uso o simbolismo.
Tabla 4.1. Características de los tejuelos.
Localización
XIV.218
XV.042
XXX.035
76
Ø máx.-mín
grosor
5,5-5,3
0,8
6,4
5
0,7
Peso (g)
Clase
Sector
37
A
pared
66,06
A
base i
25,3
A
pared
Otros
círculos incisos
Tumba
Sexo/Edad
ET mediana
No se citan
ET pequeña
Adulto joven
Hoyo
No se citan
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estudio de los materiales
Tipo 6.9.
Recogemos en este Tipo y subtipo una pieza de difícil clasificación encontrada en la Sepultura X junto a un lote de fusayolas
(fig. 4.4). Se trata de una pieza troncocónica cuyo aspecto externo
se parece a una fusayola sin cabeza, pero en este caso es hueca
(fig. 4.4, 19) (peso 12,9 g). En el diámetro menor tiene una perforación precocción y en él se aprecia una muesca como para
llevarla suspendida. El mismo Ballester Tormo en el diario nº
67 (29 de marzo de 1919) ya la describe como “una garrucha”,
diferenciándola del resto.
Tipo 8. Fusayola
Se recogieron un total de 18 fusayolas, dos de las cuales
pertenecen a las “Mansiones”, 14 en seis tumbas y dos sin
referencia. El conjunto más numeroso es el compuesto por
las ocho fusayolas de la Sepultura X (figs. 3.32 y 4.4, 2-3,
7-11 y 15), colocadas intencionadamente alrededor del loculus. El análisis antropológico no concreta el sexo de la persona
adulta enterrada.
La asociación a un tipo determinado de sepultura no es aparentemente significativa, pues hay dos en hoyo (Sepulturas IV y
XXVI), una con urna (Sepultura XXI) y tres encachados (Sepulturas V, X y XXIII); dos de ellas contienen cuchillos (Sepulturas
X y XXIII).
En cuanto a su clasificación más detallada, 15 pertenecen al
subtipo sin cabeza (A V.8.1.), siendo la variante más numerosa
la bitroncocónica con doce piezas (A V.8.1.5.) (fig. 4.4, 1-12); las
hay tanto con ambos troncos iguales como desiguales. A continuación, hay tres discoidales (A V.8.1.2. y B 7.9.1.) (fig. 4.4, 13,
14 y 18) y una troncocónica (A V.8.1.4.) (fig. 4.4, 15).
Aunque incompletas, se han clasificado dentro del subtipo
con cabeza (A V.8.2.) dos fusayolas porque su esbeltez y la rotura
que presentan en la parte inferior hacen pensar en la pérdida de la
misma. Una de ellas es troncocónica (A V.8.2.2.) y la otra bitroncocónica (A V 8.2.3.) (fig. 4.4, 16 y 17).
Cuatro fusayolas merecen destacarse por presentar decoración: incisa (fig. 4.4, 7), impresa (fig. 4.4, 12 y 16) y combinando
ambas técnicas (fig. 4.4, 12). Aunque no es habitual encontrar
semejanzas en las decoraciones de las fusayolas, el motivo estrellado de la fusayola de la Sepultura XXIII (fig. 4.4, 12) también
se encuentra en una del silicernium de la necrópolis de Los
Villares (Hoya Gonzalo) (Blánquez Pérez 1990, 243, fig. 52, 3).
Por otra parte, la fusayola discoidal de la Sepultura V (fig.
4.4, 18) tiene características morfológicas de la cerámica de clase
B o tosca. Aunque en su día no se recogió en la tipología de
cerámica ibérica (Mata Parreño y Bonet Rosado 1992), proponemos su inclusión en el tipo Diversos de la Clase B (7) porque
se han documentado en otros lugares como Kelin (Caudete de
las Fuentes) (Mata Parreño 2019, 119). Se trata, pues, del Tipo
7 (Diversos), Subtipo 9 (fusayola), variante 1 (discoidal) de la
cerámica de clase B.
Otro de los aspectos a comentar sobre las fusayolas es su
peso, pues gracias a la experimentación se ha podido determinar la clase y grosor del hilo con el que se utilizaron (Antón
Peset 2018, 241-244). Es cierto que, en el caso de las fusayolas
depositadas en tumbas puede resultar irrelevante esta constatación ya que han perdido su funcionalidad para convertirse en
objetos simbólicos e, incluso, pueden haberse fabricado a propósito. No obstante, recogemos sus pesos para ir aumentando
la base de datos de los mismos, ya que, en algún momento
de su ciclo, estas fusayolas sirvieron para hilar en manos de
mujeres y niñas.
Antón Peset establece cuatro grupos según el peso, dos de los
cuáles se encuentran entre estos ejemplares. El más bajo –entre
4 y 15 g- sería para hilos finos; y el segundo -entre 15 y 30- para
hilos medios. La misma autora apunta que algunos investigadores consideran difícil hilar con fusayolas de peso inferior a 8 g
(Antón Peset 2018, 141-244 y nota 924).
En Casa del Monte hay cinco fusayolas con peso inferior a
8 g, cuatro de ellas en la Sepultura X; otras cinco están entre 8
y 15 g; y las ocho restantes entre 15 y 25 g (tabla 4.2). Apenas
hay diferencia sobre el tipo de tumba en que se encuentran (tres
en hoyo y tres en empedrado mediano), destacando las ocho
piezas de la Sepultura X cuidadosamente colocadas. Los restos óseos conservados no aportan información específica sobre
género (tabla 4.2).
4.1.1.6. Grupo VI
Este grupo recoge piezas variadas que imitan o copian ejemplares áticos, púnicos e itálicos. Es el cuarto grupo mejor representado, con dos tipos bien documentados relacionados con el
servicio de bebida.
Tipo 2. Kylix-Skyphos
Fragmento de copa que conserva el arranque de un asa horizontal de sección circular; lleva pintadas dos líneas horizontales
en el exterior y cortos trazos verticales y ondulados en el interior del labio (fig. 4.3, 7). Sus rasgos son afines a otras piezas
clasificadas dentro del mismo tipo, especialmente el grupo de
La Bastida de les Alcusses, del que hay que destacar, además,
la proximidad geográfica a esta necrópolis (Page del Pozo 1984,
fig. 10, 7-10).
Tipo 5. Crátera
La crátera de la Sepultura XX no ha conservado las asas y
presenta una decoración pintada a base trazos cortos y arcos de
círculo que en el cuello adoptan una factura muy descuidada (fig.
4.3, 5). A pesar de lo cual pensamos que se trata del subtipo de
columnas por su similitud a otros ejemplares conocidos, subgrupo
A2, es decir, conserva los rasgos áticos, pero se han estilizado
sus proporciones y se ha incluido la decoración pintada (Pereira
Sieso y Sánchez Fernández 1985, 98, fig. 1). Según el diario nº
67 (27 de marzo de 1920), hizo el papel de urna.
Una base con pie destacado y arranque de cuerpo globular,
sin decoración debe pertenecer a otra crátera que, en este caso,
se clasifica como de campana (fig. 4.3, 6), dentro del subgrupo
A1 de Pereira Sieso y Sánchez Fernández (1985, 98, fig. 2); esto
es, imitando fielmente a los tipos áticos. De acuerdo con el diario de excavaciones, esta crátera se enterró incompleta e hizo el
papel de tapadera (27 de marzo de 1920).
4.1.1.7. Indeterminados
En este apartado se recoge una serie de cerámicas que, por su
estado fragmentario, no se pueden clasificar con seguridad, pero
que tienen decoración pintada geométrica o algún elemento formal merecedor de un comentario.
77
[page-n-79]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.4. Fusayolas (Grupo A V y Clase B). 1: Sepultura IV (MPV 47153); 2 y 3: Sepultura X (MPV 47122); 4: Mansión D (MPV 47130);
5: Sepultura XXI (MPV 67); 6: Sepultura XXVI (MPV 47109); 7-11: Sepultura X (MPV 47122); 12: Sepultura XXIII (MPV 47129 y
47156) (Archivo fotográfico SIP); 13 y 14: sin referencia (MPV 47115 y 47163); 15: Sepultura X (MPV 47122); 16: Mansión D (MPV
47130) (Archivo fotográfico SIP); 17: Sepultura IV (MPV 47153); 18: Sepultura V (MPV 68); 19: Sepultura X (MPV 47122).
Los fragmentos con decoración pintada son escasos y muestran motivos similares a los de las piezas enteras, es decir, trazos
lineales y círculos/semicírculos concéntricos (figs. 3.27, 10 y
3.52). Los de la Sepultura V pudieron pertenecer a alguno de los
recipientes incompletos.
Entre las formas, cabe señalar un pie destacado, moldurado y decoración pintada (figs. 3.30 y 4.2, 13) que puede
pertenecer tanto a una copa ibérica (A III.6.) como a una de
imitación (A VI.8.). Aunque sus fragmentos no unen, el borde
de escudilla de la misma tumba (fig. 4.2, 11) pudo ser parte
de la copa. En cualquier caso, se trata de una pieza relacionada con la bebida.
78
A continuación, dos bordes salientes, uno de ellos conservando
restos de pintura en el labio (fig. 3.27, 8 y 9). Sólo uno de ellos, podría
catalogarse como parte de una botella (A III.1.) puesto que se parece a
otras encontradas en la misma tumba y en la Sepultura IV.
En la Sepultura VIII hay varios fragmentos de un mismo
recipiente, posiblemente tronco o bitroncocónico, con base cóncava y decoración pintada con bandas, filetes y arcos de círculo
(fig. 3.30, 1), que no pueden atribuirse a las otras dos piezas del
mismo enterramiento (copa y escudilla).
La cerámica de cocción reductora está poco representada.
Además de la base de plato ya citada (fig. 4.2, 12), hay otros dos
fragmentos informes en las Sepulturas XIV y XXIX (ver Anexo I).
[page-n-80]
estudio de los materiales
Tabla 4.2. Características de las fusayolas.
Localización
Tipo
Peso (g)
Tipo tumba
Sexo/Edad
00.034
A V.8.1.2.
00.247
A V.8.1.2.
7
Completa
X.127
A V.8.1.4.
11,13
Completa
ET mediana
Adulto
IV.206
A V.8.1.5.
8
Incompleta
Hoyo
No había
X.125
A V.8.1.5.
17,67
Completa
ET mediana
Adulto
X.126
A V.8.1.5.
12,13
Completa
ET mediana
Adulto
X.129
A V.8.1.5.
13,96
Incompleta
ET mediana
Adulto
X.130
A V.8.1.5.
5,72
Completa
ET mediana
Adulto
X.131
A V.8.1.5.
5,05
Completa
ET mediana
Adulto
X.132
A V.8.1.5.
5,49
Completa
ET mediana
Adulto
X.133
A V.8.1.5.
3,02
Completa
ET mediana
Adulto
D.154
A V.8.1.5.
21
Completa
XXI.327
A V.8.1.5.
20,67
Completa
Hoyo
No se recogen
XXIII.152
A V.8.1.5.
18
Completa
ET mediana
Preadulto
XXVI.043
A V.8.1.5.
6,35
Media
Hoyo
Escasos
D.155
A V.8.2.2.
15
Incompleta
IV.205
A V.8.2.3.
23
Incompleta
Hoyo
No había
B 7.9.1.
9,95
Completa
ET mediana
Escasos
V.328
16,36
Conservación
Incompleta
La cerámica de cocina apenas está documentada, como es
esperable en una necrópolis. Tan solo hay recogidos dos fragmentos informes y una fusayola de la Sepultura V (fig. 4.4, 18).
Los fragmentos, sin referencia, pudieron pertenecer a la Sepultura XXXVII, puesto que se citan en el diario, pero no están en
el depósito de materiales del MPV.
Finalmente, mencionar un fragmento de la Sepultura XIV
totalmente vitrificado (MPV 47143) por efecto de la combustión.
4.1.2. Cerámica griega
Esta categoría cerámica constituye el 23% de las cerámicas recuperadas en Casa del Monte. Su escasez se hace patente si tenemos
en cuenta que se concentra en tan solo siete tumbas (18,5%), de
las que cinco son empedrados y las otras dos en hoyo. Tres de
las sepulturas tienen más de un ejemplar (10,5%) (Sepulturas
X, XII y XXIX), siendo encachados tumulares las Sepulturas X
y XII. Curiosamente, en la Sepultura XXI la copa ática hizo el
papel de urna (figs. 3.42, 3 y 3.44) a pesar de estar asociada a
cerámica ibérica.
La variedad tipológica es escasa; es más, se observa una
tendencia hacia la repetición del mismo tipo depositado en una
tumba. Ello apunta hacia la llegada simultánea de algunos lotes
importados como las Lamboglia 21 y 22 y el Bolsal.
4.1.2.1. Figuras Rojas
Sólo tres piezas corresponden a esta categoría, siendo dos de ellas
de difícil atribución tipológica debido a su estado fragmentario
(8,7% de las importaciones y 2% de toda la cerámica).
En el Archivo fotográfico del MPV se conserva la fotografía
de un fragmento de figuras rojas, sin referencia, depositada en
1973. Se trata de un rostro femenino, mirando hacia la derecha,
con el cabello cubierto (fig. 4.5, 3).
Kylix tipo B
Es una de las pocas piezas cerámicas publicadas de esta
necrópolis (Trías Rubiés 1967, 431-432), aunque para Ballester
Tormo sólo merece un breve comentario (Ballester Tormo 1930,
40) (figs. 3.43, 7; 3.44 y 4.5, 1). A pesar de que ya fue descrita
por Trías Rubiés, vale la pena volver sobre ella.
Se trata de una copa de pie alto, con dos asas horizontales de las que sólo se conserva una. A pesar de estar algo
incompleta, la secuencia decorativa se puede seguir bien. En
el interior un medallón delimitado por una greca dividida en
cuatro por sendos rectángulos en los que se inscribe un aspa
y cuatro puntos; en el centro, Eros corre (volando según la
autora mencionada) hacia la derecha llevando un manto en
la mano izquierda, mientras que en la mano derecha lleva un
objeto ovoide. En el exterior, bajo el asa conservada, herbácea (“palmeta”) vertical rodeada de volutas y, a ambos lados,
sendas escenas semejantes: joven desnudo corriendo hacia la
derecha, con los brazos extendidos hacia adelante, sujetando
unas halteras, se dirige hacia un hombre vestido con himation
que sujeta un bastón en la mano derecha (el árbitro según
Trías Rubiés). Las dos escenas están algo incompletas, pero
aun así se observa una pequeña diferencia en la carrera del
joven, pues el de la izquierda tiene un gesto más pausado,
como si se estuviera parando, mientras que el de la derecha
está en plena carrera. El pie, por el interior, está en reserva
79
[page-n-81]
la necrópolis ibérica de casa del monte
excepto una banda y dos filetes en la superficie de apoyo;
también aparece en reserva el interior de las asas y un recuadro tras las mismas.
Trías Rubiés la fechó entre los siglos V-IV a. C. (1967, 432);
Rouillard, años más tarde, propuso una fecha más ajustada, entre
400-375 a. C. (1991, inv. Razonado 625-626); y, en la base de
datos Iberia Graeca se acota al 450-400 a. C.10
En 2017, García Cano señalaba que sólo seis yacimientos
ibéricos contaban con copas de este tipo, a saber: Puig de Sant
Andreu (Ullastret), Vinya del Pau (Vilafranca del Penedès),
Puig de la Nau (Benicarló), L’Albufereta (Alacant), Coimbra
del Barranco Ancho (Jumilla) y Casa del Monte (Valdeganga),
proponiendo una fecha para esta última del 380/370 a. C. (García
Cano 2017, 194). A éstas hay que sumar seis copas del depósito de Zacatín (Granada) fechadas entre finales del siglo V e
inicios del IV a. C. (Rouillard y de la Torre Castellano 2014;
Rouillard et al. 2017, 278) y el depósito de un NMI de 13 copas
en la necrópolis de Alarcos III (Poblete, Ciudad Real) fechadas
en el primer cuarto del siglo IV a. C. (Miguel Naranjo et al.
2025). Todos estos autores plantean la llegada de lotes cerámicos que se distribuirían de forma más o menos contemporánea
en áreas próximas. Los hallazgos de Zacatín y Alarcos son los
más numerosos, multiplicando el número de piezas conocidas en
ocho yacimientos ibéricos.
Copa indeterminada
Dos fragmentos con líneas en reserva por el exterior que pueden corresponder a roleos, volutas o herbáceas; parece que llevó
algo de pintura blanca, aunque este último extremo no es seguro
(figs. 3.48, 1 y 4.5, 2).
4.1.2.2. Barniz negro ático
El barniz negro ático está representado por 15 copas repartidas
en tres tipos, concentradas en pocas tumbas.
Figura 4.5. Cerámicas griegas de figuras rojas. 1: kylix tipo B de
la Sepultura XXIII (MPV 64) (Archivo fotográfico SIP); 2: fragmento de la Sepultura XXIX (MPV 47149); 3: fragmento sin contexto (Archivo fotográfico SIP).
80
Bolsal o Lamboglia 42 B
Este tipo está representado por cinco ejemplares repartidos
entre las Sepulturas XXXVIII (1) y la XII (4). Se fabricó entre el
tercer cuarto del siglo V a. C. y todo el siglo IV, pero a lo largo
de ese tiempo no se mantiene inalterable por lo que, a través de
determinados rasgos, se puede ajustar su cronología.
La copa más completa presenta uña en la superficie de apoyo;
conserva en el fondo interno tres pequeñas herbáceas impresas
(“palmetas”) de siete tallos y dos volutas (fig. 4.6, 1). La uña es
propia de los ejemplares del segundo cuarto del siglo IV a. C.;
pero, en cambio, las paredes son muy rectas, las asas no sobrepasan la altura del borde y las impresiones son pequeñas (no llegan
a 1 cm) y están bien ejecutadas, todo lo cual apunta al siglo V
a. C. (García Martín 2003, 67). Podría tratarse de una pieza de
transición entre ambas centurias.
Las otras cuatro copas se encontraron en la Sepultura XII,
están muy fragmentadas y sus pastas y barnices están muy alterados por la acción del fuego. No se han conservado los pies ni
fondos que indiquen la existencia de decoración impresa. Otros
rasgos comunes son: paredes delgadas, ligeramente inclinadas
10 https://iberiagraeca.net/base/ficha.php?ficha=4150, consulta 21/10/2025.
[page-n-82]
estudio de los materiales
Figura 4.6. Cerámicas áticas de barniz negro. 1: Sepultura XXXVIII (MPV 47155); 2-6: Sepultura XII (MPV 47101); 7: Sepultura XIV
(MPV 47143); 8: Sepultura XII (MPV 47101).
hacia el exterior; las asas describen una ligera curva, sobrepasan
la altura del borde y tienen forma de herradura. Todo ello indica
una cronología del siglo IV a. C. (fig. 4.6, 2-5).
Es una forma frecuente en el silicernium de Los Villares,
pero los perfiles y otros atributos son diferentes a los bolsales
de Casa del Monte (Blánquez Pérez 1990, figs. 53-56); los conjuntos de la Illeta del Banyets (El Campello) y El Cigarralejo
(Mula), fechados en la primera mitad del siglo IV, se acercan
más a los bolsales de Casa del Monte (García Martín 2003, 67,
figs. 27-40; García Cano 1982, 140-147, figs. 16-19), por sólo
citar alguno de los lugares próximos en los que esta forma es
abundante.
Pátera o cuenco de borde saliente (outturned rim) o Lamboglia 22
Es la forma más abundante de barniz negro, repartida entre
las Sepulturas X (6) y la XXI (2). De las piezas recogidas sólo
se ha podido completar una (fig. 4.7, 8), estando las otras muy
fragmentadas.
Las bocas presentan alguna variación morfológica en cuanto
a los labios, pues los hay muy apuntados (figs. 4.7, 7 y 8), más
redondeados (fig. 4.7, 1 y 2) y apenas engrosados (figs. 4.7, 3 y
5). Uno de ellos tiene en reserva una pequeña franja bajo el labio
(fig. 4.7, 3). Los diámetros son variados, oscilando entre 21-24
cm, por lo que se trata de piezas de gran tamaño.
81
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.7. Cerámicas áticas de barniz negro. 1-6: Sepultura X (MPV 47058); 7-8: Sepultura XXI (MPV 47050 y 71) (Archivo fotográfico SIP).
82
[page-n-84]
estudio de los materiales
Los pies tienen una factura más homogénea, pues todos llevan
en reserva la superficie de apoyo y la unión exterior entre el pie y
el galbo; las variaciones se dan en dos pies que también llevan una
línea en reserva en el fondo externo (figs. 3.32, 19 y 4.7, 3); tres
tienen uña en la superficie de apoyo que se deja en reserva (figs.
4.7, 5 y 8); y el perfil exterior es, en un caso, muy curvado (fig.
4.7, 8), mientras que en el resto la curvatura es menos pronunciada
(fig. 4.7, 1-6). Por su parte, los diámetros oscilan entre 12 y 13 cm.
La decoración impresa sólo aparece con seguridad en dos
ejemplares (figs. 3.32, 19 y 4.7, 8), aunque también hay fragmentos informes con motivos herbáceos (“palmetas”) impresos
(fig. 3.32, 19).
La copa de la Sepultura XXI tiene una ancha banda de ruedecilla impresa y líneas incisas y en el centro siete motivos
herbáceos (“palmetas”) entrelazados, de cuatro hojas a ambos
lados del tallo central y sendas volutas; todo ello alrededor de
dos círculos incisos. Son las llamadas por Lamboglia “palmette
collegate” (1954, 111-112) (fig. 4.7, 8).
En una de las bases de la Sepultura X se puede ver una herbácea
similar a las anteriores, rodeada de ruedecilla impresa; mientras que
los fragmentos informes de la misma sepultura presentan herbáceas entrelazadas a modo de festón sobre doble línea concéntrica
incisa, rellena de trazos oblicuos. Son las llamadas por Lamboglia
“palmette combinate” (1954, 133-134) (fig. 3.32, 19).
Todas estas características son propias de los ejemplares de
mediados del siglo IV a. C. Es común en yacimientos de Alicante y
Murcia, pero escasean hacia el interior (García Martín 2003, 68-69).
Pátera o cuenco de borde entrante (incurving rim) o Lamboglia 21
De este tipo propio del siglo IV a. C. hay sólo dos ejemplares
de pequeño tamaño.
Uno de ellos, casi completo, tiene en reserva la uña y la unión
entre pie y galbo; decoración de ruedecilla y línea incisa (fig.
4.6, 7). Puede tratarse de una pieza de la primera mitad de siglo
por sus paredes robustas y pie grueso de perfil curvado (García
Martín 2003, 70).
El segundo es un fragmento de borde ligeramente entrante, de
paredes finas y labio apuntado; el barniz es mate, probablemente
por efecto del fuego (fig. 4.6, 8). Por sus rasgos morfológicos,
puede ser una forma más moderna que la anterior (García Martín 2003, 70).
4.2. OBJETOS DE INDUMENTARIA Y
ORNAMENTACIÓN
En esta necrópolis los objetos de indumentaria y ornamentación son
poco variados y, con escasas excepciones, están hechos de bronce.
Veinticuatro tumbas contienen alguno de ellos (63%), siendo la pieza
más abundante y repartida la fíbula, seguida de la placa de cinturón
y, finalmente, pulseras, pinzas, anillos y otros de difícil identificación. Las piezas de indumentaria y ornamentación constituyen el
único ajuar en tres tumbas (Sepulturas XVI, XXXI y XXXII) (8%).
4.2.1. Fíbula
Las fíbulas son piezas metálicas (bronce, hierro o plata) de uso
personal que se utilizaban para sujetar la ropa. Los diferentes
tipos indican procedencia, mientras que los tamaños apuntan a
la edad de los usuarios o a la indumentaria a sujetar. En general,
la cronología de las fíbulas es poco precisa por lo que suelen
ser los contextos de hallazgo los que aporten esta información.
Las fíbulas de Casa del Monte son anulares, excepto una
tipo La Tène procedente de las construcciones anexas (Ballester
Tormo 1930, fig. 19). En la necrópolis se han contabilizado 33
fíbulas repartidas en 16 tumbas;11 a las que hay que añadir dos
de las llamadas mansiones y otra sin referencia. Algunas de ellas
han sido estudiadas con anterioridad, por lo que remitiremos a
estas publicaciones (Cisneros Fraile 1992; Sanz Gamo et al. 1992,
48-50), añadiendo únicamente las modificaciones y comentarios
a que haya lugar.
Dado que la mayoría de las piezas son anulares, nos ha parecido que el criterio más idóneo para su ordenación es el resorte.
De acuerdo con ello, hay tres tipos: muelle, tope osculador y
bisagra (Cuadrado Díaz 1957, 9 y 10; 1962). Después se tendrá
en cuenta el puente, el nº de piezas y el tamaño de las mismas
(Cuadrado Díaz 1957, 6): grande de 100 a 60 mm; mediana de
60 a 40 mm; pequeña de 40 a 30 mm; y miniatura menos de 30
mm (tabla 4.3).
El tamaño puede ser indicativo de su uso o edad del propietario/a. Como en Casa del Monte la mayor parte de los restos óseos
pertenecen a Adultos y Preadultos, el tamaño será indicativo de su
uso. Sólo tres fíbulas son miniaturas: una de ellas de la Sepultura
XV, de un adulto joven, la segunda de la Sepultura XXXI pertenece a un adulto y la tercera de la Sepultura V carece de datos.
De ellas se puede deducir su uso para sujetar telas finas o ropa
interior, ya que en estos ajuares hay otras fíbulas mayores (figs.
3.27, 3.35 y 3.50). Las pequeñas y medianas tienen un número
similar con ligera mayoría de las medianas y no hay de tamaño
grande que se utilizarían para telas gruesas. Otra posibilidad sería
considerar las fíbulas como ofrendas y no como objeto personal.
4.2.1.1. Fíbula anular con resorte de muelle
El resorte de muelle está constituido por un arrollamiento de
alambre sobre el aro, a ambos lados de la cabeza del puente
(Cuadrado Díaz 1957, 9). Sólo dos piezas se pueden clasificar
con seguridad en este tipo (tabla 4.3).
La primera de ellas (fig. 4.8, 1), muy incompleta, conserva parte del puente de navecilla maciza, parte del aro y
del resorte; podría ser de tres piezas y, por el tamaño conservado, se puede considerar tanto miniatura (< 30 mm) como
pequeña (entre 40 y 30 mm); el resorte es filiforme y debió
prolongarse con la aguja.
La segunda (fig. 4.8, 2) ha sido estudiada con anterioridad
(Cisneros Fraile 1992, 206-207, fig. 3,4; Sanz Gamo et al.
1992, 115, 175-176, fig. 5.26, 135). Es una fíbula pequeña
de dos piezas (resorte/aguja y aro/puente); el muelle entra
junto al puente, por la izquierda, da tres vueltas y pasa por
debajo del mismo para llegar a la derecha del puente, dando
otras tres vueltas (tipo III de Cuadrado Díaz 1957); el puente
es de navecilla maciza, achaflanado por los laterales y con
decoración incisa en la parte superior. Por la parte interior
del puente lleva, escrito en rojo, el primer número de inventario asignado.
11 Incluida una de la Sepultura VIII citada en el diario nº 67, pero no
localizada.
83
[page-n-85]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.2.1.2. Fíbula anular con resorte de tope osculador
El tope osculador definido por Cuadrado Díaz (1962, 75) parte
del supuesto de que todas las fíbulas tienen tres piezas: aro y
puente fundidos por la cabeza de éste-aguja- pasador que une la
aguja al puente. Se han podido clasificar tres dentro de este tipo,
dos de las cuáles permanecían inéditas (tabla 4.3).
La fíbula publicada es pequeña con el puente de timbal elipsoidal (fig. 4.8, 3). (Cisneros Fraile 1992, 206, fig. 3, 3; Sanz
Gamo et al. 1992, 106, fig. 5.8, 26). Las otras dos están incompletas por el aro: una, mediana, tiene el puente elipsoidal (fig. 4.8,
4); y la tercera es pequeña con el puente hemisférico (fig. 4.8, 5).
4.2.1.3. Fíbula anular con resorte de bisagra
La bisagra está constituida por dos chapitas perforadas paralelas, situadas a ambos lados del puente, por cuyo orificio pasa
el aro; la aguja suele ser la prolongación de una de las chapitas
(Cuadrado Díaz 1957, 11). Son las más abundantes y se van
a tratar según la forma del puente, pues el tipo de bisagra no
siempre se conserva en condiciones; la bisagra se ha clasificado siguiendo la tipología de Iniesta Sanmartín (1983, lám.
XIII, 5) (tabla 4.3).
Navecilla normal maciza
Dentro de esta variante se catalogan cinco fíbulas de tres piezas, dos de ellas publicadas con anterioridad. Una, pequeña, con
bisagra tipo VIII (Cisneros Fraile 1992, 201, fig.1, 1; Sanz Gamo
et al. 1992, 106, 142-143, fig. 5.14, 59) (fig. 4.9, 1); la segunda,
miniatura, ha sido clasificada por Cisneros Fraile como de “timbal
hemisférico sin cazoleta”, “de sección maciza” (1992, 205-206,
fig. 3, 2) y por Sanz Gamo et al. como de “timbal hemisférico,
de sección cóncavo-convexa”, o elipsoidal (1992, 106 y 129,
fig. 5.9, 27). Una observación directa de la misma nos permite
reclasificarla dentro de esta última variante. La bisagra según
las publicaciones anteriores es de tipo VI, pero nosotras somos
partidarias de incluirla en el tipo IX de Iniesta (fig. 4.9, 2). La
tercera y la cuarta tienen la bisagra tipo IX y ambas están muy
afectadas por el fuego; difieren en que una es mediana (fig. 4.9,
3) y la otra, pequeña (fig. 4.9, 4); la quinta es mediana y tiene la
bisagra muy deteriorada (fig. 4.9, 5).
Navecilla normal hueca
Tres fíbulas de tres piezas. Un ejemplar mediano con bisagra
tipo I y no X ó V como se ha publicado (fig. 4.9, 6) (Cisneros Fraile
1992, 201, fig. 1, 2; Sanz Gamo et al. 1992, 111, 142, fig. 5.14, 58).
El segundo, muy deteriorado, mediano, con mortaja cuadrada muy
robusta y bisagra indeterminable por la corrosión y el fuego (fig.
4.9, 7). La tercera sólo conserva el puente y la bisagra que podría
ser del tipo VI ó IX (fig. 4.9, 8).
Navecilla hueca con terminales foliáceos
Son tres las fíbulas que, con seguridad, se catalogan dentro
de esta variante, todas ellas de tres piezas y con la navecilla
aquillada longitudinalmente.
Una de ellas se ha publicado como procedente de diferentes
tumbas. Así, Cisneros Fraile (1992, 201, fig. 1, 4) la considera de
la Sepultura XXIII, mientras que Sanz Gamo et al. (1992, 112-113
y 166, fig. 5.23, 114) la consideran de la XXII. En los archivos del
84
MPV consta como de la tumba XXIII, además Ballester Tormo
señala explícitamente que XXII carece de ajuar (27 de marzo
de 1920). Se trata de una fíbula mediana con bisagra tipo IX,
con decoración incisa a lo largo de la arista: dos líneas paralelas
rellenas de cortos trazos ligeramente inclinados (fig. 4.10, 3).
A la segunda, también mediana, le falta parte del aro; la mortaja es ancha y cuadrada; la bisagra es del tipo IX (fig. 4.10, 2).
La tercera es pequeña y se encontró en el poblado; la bisagra es
del tipo I (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 2,2; Sanz Gamo et al.
112-113 y 166-167, fig. 5.23, 115) (fig. 4.10, 1).
Navecilla de quilla quebrada
Una fíbula de tres piezas, pequeña que ya ha sido publicada.
Tiene la bisagra del tipo VI y resaltes angulares en los extremos
(Cisneros Fraile 1992, 201, fig. 1, 3; Sanz Gamo et al. 114-115 y
173-174, fig. 5.26, 131) (fig. 4.10, 4). Cisneros Fraile la publica
como procedente de la Sepultura IX, mientras que Sanz Gamo
et al. la catalogan en la Sepultura XI; en el archivo del MPV
consta como de la Sepultura XI. De la lectura del diario se puede
deducir lo mismo (29 de marzo de 1919), ya que Ballester Tormo
hablando de la Sepultura IX señala la aparición de “una gran
fíbula hispánica” y en la XI dice “una pequeña fíbula”.
Navecilla con chaflanes laterales
Fíbula pequeña, de tres piezas, puente hueco y bisagra tipo
IX (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 2,4; Sanz Gamo et al. 1992,
115 y 174-175, fig. 5.26, 133) (fig. 4.10, 5).
Timbal hemisférico
Hay tres fíbulas de tres piezas, dos de ellas de la misma
tumba. Las dos fíbulas de la Sepultura XV se diferencian por
el tamaño y la bisagra. A la mediana le falta la mitad del aro y
la mortaja (fig. 4.11, 1); la bisagra es de tipo IX, aunque se ha
publicado como próxima a X (Cisneros Fraile 1992, 205, fig. 3,1;
Sanz Gamo et al. 1992, 108 y 136, fig. 5.12, 44). La pequeña
tiene una bisagra tipo V y está bastante deteriorada (fig. 4.11, 3).
La tercera es mediana y tiene la peculiaridad de llevar varios
alambres enrollados al aro a modo de decoración (fig. 4.11, 2); está
totalmente chafada lo que ha dificultado su catalogación. Cisneros Fraile la publicó como fíbula de puente de navecilla con arista
transversal y “chaflanada en los extremos del puente” (1992, 201
y 205, fig. 2,1); mientras que para Sanz Gamo et al. el puente es
de sección convexa, con montantes apoyados sobre él (1992, 112113, 173, fig. 5.26, 130). Una observación directa de la misma nos
lleva a catalogar el puente como de timbal hemisférico, de ahí los
montantes citados por Sanz Gamo et al., los extremos chaflanados
del puente y “la oquedad a modo de cazoleta casi hemisférica”
descritos por Cisneros Fraile. En cambio, la bisagra es más difícil de observar y en su clasificación nos inclinamos por el tipo X.
Una decoración similar se puede ver en fíbulas de las
necrópolis de Hoya de Santa Ana y Pozo Moro (Chinchilla de
Montearagón) (Sanz Gamo et al. 1992, fig. 5.18, 83-86, 153-154;
fig. 5.22, 110, 164) con resorte de bisagra y puentes diferentes.
Puente indeterminable
Dos piezas entran en este grupo. Una fíbula pequeña, de tres
piezas, con el aro abierto en el lugar donde se ensartaría el puente
y la mortaja; el puente y la bisagra están totalmente deformados
por la acción del fuego durante la cremación (fig. 4.12, 1). De
[page-n-86]
estudio de los materiales
Tabla 4.3. Características básicas de las fíbulas.
Sepultura
Resorte
Puente
Tamaño
XXXVII
Muelle
Macizo
Miniatura o Pequeña 3
V
Muelle
Macizo achaflanado
Miniatura
I
IX
XXXII
Tope osculador
Tope osculador
Tope osculador
Timbal elipsoidal
Mediana
Timbal hemiesférico Pequeña
Timbal elipsoidal
Pequeña
3
3
3
XIX
XIX
XXIII
XXIV
XXXI
Bisagra VIII
Bisagra VI
Bisagra IX
Bisagra
Bisagra IX
Macizo
Macizo
Macizo
Macizo
Macizo
Pequeña
Mediana
Pequeña
Mediana
Miniatura
3
3
3
3
3
IX
X
XXIII
Bisagra I
Bisagra VI ó IX
Hueco
Hueco
Hueco
Mediana
Mediana
Pequeña
3
3
3
VII
XXIII
Poblado
Bisagra IX
Bisagra IX
Bisagra I
Hueco, foliáceo
Hueco, foliáceo
Hueco, foliáceo
Mediana
Mediana
Pequeña
3
3
3
Deteriorada
Decor. puente
XI
Bisagra VI
Quebrado transversal Pequeña
3
Resaltes angulares
XXXI
Bisagra IX
Chaflanes laterales
Pequeña
3
X
XV
Bisagra X
Bisagra IX
Timbal hemiesférico Mediana
Timbal hemiesférico Mediana
3
3
Aro con alambre enrollado
XV
Bisagra V
Timbal hemiesférico Pequeña
3
Deteriorada
X
XXXI
Bisagra V
Puente Indet
Puente Indet
3
3
Deteriorada
XV
No conservado
Macizo
XV
No conservado
Hueco
Pequeña
3
XX
No conservado
Hueco, foliáceo
Mediana
3
XV
No conservado
Chaflanes laterales
Mediana
3
V
XXX
XXXI
No conservado
No conservado
No conservado
Alambre grueso
Alambre
Alambre grueso
Mediana
Mediana
3
XV
No conservado
Arco de violín
Miniatura
3
SR
No conservada
Lámina
Mediana
Decoración aplicada
Poblado
Tipo La Tène
Mediana
Decoración incisa
Mediana
Pequeña
Piezas Observaciones
2
Decor. puente
Deteriorada
3
Posible
85
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.8. Fíbulas anulares con resorte de muelle y de tope osculador. 1: Sepultura XXXVII (MPV 47117); 2: Sepultura V (MPV 45); 3:
Sepultura XXXII (MPV 51); 4: Sepultura I (MPV 47125); 5: Sepultura IX (MPV 47106).
86
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estudio de los materiales
Figura 4.9. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y navecillas maciza y hueca. 1: Sepultura XIX (MPV 50); 2: Sepultura XXXI (MPV
54); 3: Sepultura XIX (MPV 47085); 4: Sepultura XXIII (MPV 47129); 5: Sepultura XXIV (MPV 47146); 6: Sepultura IX (MPV 29); 7:
Sepultura X (MPV 47127); 8: Sepultura XXIII (MPV 47129).
87
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.10. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y navecilla hueca con terminales foliáceos y navecilla de quilla quebrada. 1: Mansión D (MPV 46); 2: Sepultura VII (MPV 47136); 3: Sepultura XXIII (MPV 72) (Archivo fotográfico SIP); 4: Sepultura XI (MPV 48); 5:
Sepultura XXXI (MPV 53).
88
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estudio de los materiales
Figura 4.11. Fíbulas anulares con resorte de bisagra y timbal hemiesférico. 1: Sepultura XV (MPV 55); 2: Sepultura X (MPV 63); 3: Sepultura XV (MPV 47158).
la segunda solo se conserva una aguja con bisagra tipo V de una
fíbula de tamaño mediano y un fragmento de aro que une las dos
chapas de la bisagra (fig. 4.12, 2).
4.2.1.4. Fíbula anular con resorte no conservado
Navecilla maciza
En la Sepultura XV se recogieron varias fíbulas, una de ellas
sólo conserva parte de puente y la aguja con el inicio del orificio
del resorte, razón por la cual no se puede clasificar con seguridad (fig. 4.12, 4).
Navecilla hueca
También de la Sepultura XV, se conserva parte del aro con el
arranque de la mortaja cuadrada y un fragmento del puente con
orificio para engarzar el aro. Por los restos conservados sería de
tamaño pequeño y de tres piezas (fig. 4.12, 5).
Navecilla hueca con terminales foliáceos
Una fíbula mediana, de tres piezas, a la que le falta la aguja
y el resorte; puente aquillado longitudinalmente (fig. 4.12, 6).
Navecilla con chaflanes laterales (fig. 4.12, 7)
Fíbula mediana, de tres piezas, aunque sólo conserva el
puente y la mortaja; el puente es hueco y en los dos extremos conserva sendos orificios para ensartar el aro (Cisneros Fraile 1992,
205, fig. 2, 3; Sanz Gamo et al. 1992, 115 y 175, fig. 5.26, 134).
Puente de alambre
Fíbulas sencillas en las que puente, aguja y muelle suelen ser
de una sola pieza (Cuadrado Díaz 1957, 17). Las dos fíbulas que,
casi con seguridad, se pueden clasificar en este tipo pertenecerían
a la variante de alambre grueso (5 mm). Una de ellas, mediana,
tan sólo conserva el puente, parte de la aguja y algún fragmento
más (fig. 4.12, 8); la otra pudo ser de tres piezas pues el puente,
ligeramente aquillado, tiene un orificio para el aro en un extremo
y parte de la mortaja (fig. 4.12, 9).
También se podría catalogar en este tipo un conjunto de varillas de la Sepultura XXX (fig. 4.12, 10) donde, según parece,
también se encontró una fíbula.
Puente de “arco de violín” (fig. 4.12, 11)
Fíbula en miniatura de tres piezas, conservando el puente de
sección plano-convexa, muy poco levantado, con orificio en el
pie y arranque de otro en la cabeza para pasar el aro; y aguja con
arranque del resorte.
4.2.1.5. Fíbula tipo La Tène
La única fíbula de esta tipología de todo el yacimiento se encontró en
el “poblado” (Ballester Tormo 1930, 40, fig. 19). Conserva el puente
de arco peraltado con cabeza perforada; el pie, con la mortaja, se
dobla y apoya ligeramente sobre el puente el remate balaustrado con
cuello y remate de cabeza cilíndrica. El puente presenta un nervio
longitudinal; en el balaustre, motivos espigados incisos; el remate
89
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.12. Fíbulas anulares incompletas y Fíbula tipo La Tène. 1: Sepultura XXXI (MPV 52); 2: Sepultura X (MPV 47127); 3: poblado
(Archivo fotográfico SIP); 4 y 5: Sepultura XV (MPV 47158); 6: Sepultura XX (MPV 47092); 7: Sepultura XV (MPV 56); 8: Sepultura V (MPV
47121); 9: Sepultura XXXI (MPV 47157); 10: Sepultura XXX (MPV 47100); 11: Sepultura XV (MPV 47158); 12: sin referencia (MPV 47163).
de la cabeza lleva incisiones radiales; además de pequeños orificios
donde se pudo incrustar algún material de diferente coloración, tal
como señaló Ballester Tormo en el diario nº 67: ”…un pequeño
botón de pasta blanca, tal vez vidriosa hoy descompuesta…” (Sanz
Gamo et al. 1992, 216 y 222, fig. 6.4; Cisneros Fraile 2008, 154, fig.
37, P2). En la actualidad, sólo se tiene constancia de la misma por
la fotografía publicada por Ballester Tormo en 1930 y conservada
en el Archivo fotográfico del SIP (figs. 3.63 y 4.12, 3).
4.2.1.6. Fíbula con decoración incrustada en el puente
Un fragmento de puente, sin referencia, de sección rectangular
con un círculo rehundido con punto central en la parte superior
para colocar algún aplique de ámbar, coral, pasta vítrea, marfil
o hueso; en los montantes, sendos triángulos rehundidos (fig.
4.12, 12). Al faltar el muelle o el aro, no se puede clasificar
con seguridad. Un puente similar se encuentra en una fíbula
anular de la tumba 43 de la necrópolis del Cerro del Santuario,
fechada en el siglo IV a. C. por las cerámicas áticas de figuras
90
rojas de su ajuar (Presedo Vela 1982, 79, fig. 46, 7 y 8) y en
otra de resorte bilateral de la tumba G de Castellones de Céal
(Hinojares) (Chapa Brunet et al. 1998 26, fig. 7, 6), fechada en
este caso en el siglo III a. C.
4.2.2. Placa de cinturón
La placa o broche de cinturón, cuando está completa, se compone
de dos piezas de cobre, bronce o hierro, de tendencia rectangular.
Una activa, a veces con escotaduras laterales cerradas o abiertas,
que puede estar decorada con técnicas diversas; en el talón están
los remaches para su fijación al cinturón y en la cabeza (o cabecera) están los garfios o ganchos para sujetarse a la parte pasiva.
La pieza pasiva también puede estar decorada pero lo que la
caracteriza es la existencia de varias perforaciones rectangulares
para el engarce de la parte activa; en el talón están los remaches
de fijación al cinturón y la cabeza suele ser recta. Gracias a la
escultura en piedra y los exvotos en bronce se sabe que pudieron
ser utilizados tanto por hombres como por mujeres (fig. 4.13).
[page-n-92]
estudio de los materiales
Figura 4.13. A y B: auletris en altorrelieve de Osuna y detalle de la placa de cinturón (fotografías E. Collado Mataix); C y D: torso masculino de l’Alcúdia (Elx) y detalle de la placa de cinturón (fotografías E. Collado Mataix); E: exvoto masculino de bronce del Santuario de
La Luz (Santo Ángel) con placa de cinturón (MAM/CE100117) (Museo Arqueológico de Murcia). Varias escalas.
En Casa del Monte se recuperaron cinco placas de cinturón
completas (figs. 4.14 y 15). Casi todas han sido publicadas y a
esa bibliografía vamos a remitir, a no ser que se haga alguna
precisión (Soria Combadiera y García Martínez 1994 y 1996).
Uno de los broches de cinturón se aproxima a los tipos célticos definidos por Cerdeño Serrano (1978). Se trata de una pieza
activa con escotaduras laterales cerradas y un garfio; el cierre de
las escotaduras presenta tres círculos; está decorada con impresiones a granetti, incisión de puntos y sogueado además de tres
flores, troqueladas y superpuestas, dicotiledóneas de 10 pétalos; los remaches se convierten en el órgano reproductor (Mata
Parreño et al. 2010, 108 y 113, fig. 104-1); son estas flores las
que le confieren personalidad propia. Como ya señalaron Soria
Combadiera y García Martínez (1994, 287-288, fig. 5, 11, lám.
II, 5; 1996, 35-36 y 119, fig. 11, 11), pertenecería al tipo D, pero
sus peculiaridades indujeron a crear una nueva variante, es decir,
D-IV 1 (fig. 4.14, 1, izq.).
En su día se publicó sin procedencia o procedente de la
Sepultura XIV (Soria Combadiera y García Martínez 1996; Cisneros Fraile 2008, 134-135, fig. 13), pero la revisión completa
de los ajuares, así como la atenta lectura de toda la documentación del archivo Ballester Tormo depositada en el SIP ha
permitido ubicarla en la Sepultura II. En el diario de marzo
de 1918 se puede leer: “...y gran parte de un ágrafe de cobre o
bronce, casi completo el elemento activo, que lleva unas rosetas repujadas todo ello cubierto por encima de barro”; además
el mismo Ballester Tormo hace referencia a ella en su publicación sobre la necrópolis como perteneciente a la Sepultura
II (1930, 34 y 42).
Formando parte del mismo ajuar, hay una pieza pasiva con
cuatro remaches y cinco taladros cuadrangulares dispuestos en
forma de “T” (fig. 4.14, 1, der.) (Soria Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 8, 24; 1996, 49 y 56, fig. 14, 24). Aunque de
morfología diferente a la que le correspondería, pudo ser la pareja
de la placa activa de tipo céltico (fig. 4.14, 1, izq.).
Las otras cuatro placas pertenecen a tipos considerados ibéricos. La mejor conservada pertenece a la Sepultura XVIII y se
clasifica dentro de la serie 4ª de Cabré Aguiló y Cabré Herreros
(Ballester Tormo 1930, 42, fig. 18; Soria Combadiera y García
Martínez 1994, 290, fig. 7, 14 y 17; lám. III, 1 y 2; 1996, 45-46
y 120, fig. 12, 14). La parte activa está decorada con puntos
impresos y volutas entrelazadas hechas mediante acanaladuras
remarcadas con doble incisión; en la cabecera lleva dos apéndices
redondeados y en la base conserva los tres remaches. La pieza
pasiva tiene un taladro rectangular situado transversalmente,
decorado con puntos impresos y series de ovas; la base presenta
una suave escotadura y conserva los dos remaches; en la cabecera, hay un pequeño orificio (fig. 4.14, 3).
En la Sepultura I se encontró una placa de hierro con la parte
activa muy deteriorada (figs. 3.22 y 4.15, 2). La pieza pasiva conservaba dos taladros rectangulares y tiene adherido un fragmento
de vaina de bronce; la parte activa, conserva cinco remaches que,
a su vez, sujetan tres discos de bronce a modo de decoración
aplicada; está muy fragmentada pues se encontró adherida a los
restos de una lanza: “...y a su lado la lanza, que llevaba soldada
por el óxido formando un bloque, gran parte de la placa activa
de un ágrafe de hierro y el regatón de aquélla soldado a la lanza
y fragmento de ágrafe...” (diario nº 67, marzo de 1917, p. 9).
91
[page-n-93]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.14. Placas de cinturón. 1: Sepultura II, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 59); 2: Sepultura
XIV, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 50335 y 50336); 3: Sepultura XVIII, activa y pasiva, anverso
y reverso (MPV 9 y 10) (Archivo fotográfico SIP).
En la Sepultura XIV hay otra placa cuya parte activa también es la más deteriorada. La pieza pasiva tiene tres taladros
rectangulares situados en medio de la placa; la base es ondulada
y conserva tres remaches; otros dos orificios aparecen a ambos
lados de uno de los taladros (Soria Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 8, 25, lám. IV, 3; 1996, 49 y 56, fig. 14, 25).
La pieza activa fue publicada como pasiva y sin referencia (Soria
Combadiera y García Martínez 1994, 295, fig. 9, 30, lám. IV, 5;
92
1996, 59, fig. 14, 30), mientras que Cisneros Fraile la ubicó en la
Sepultura XIV (2008, 135, fig. 13, 14.5). La base es ondulada y
tiene cuatro orificios, uno de ellos con el remache; conserva una
decoración hecha con placas circulares recortadas y remachadas
formando dos flores dicotiledóneas de siete pétalos (Mata Parreño
et al. 2010, 108 y 113). Estas flores aplicadas y el remate ondulado son poco habituales; un ejemplar con laterales ondulados se
encontró en Cabezo Lucero (Guardamar del Segura) en el punto
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estudio de los materiales
Figura 4.15. Placas de cinturón. 1: Sepultura XXIV, activa y pasiva, anverso y reverso (MPV 62 y 61); 2: placa activa de hierro y bronce
con regatón y vaina adheridos, anverso y reverso de la Sepultura I (MPV 47097 y 47073).
63 fechado en el siglo IV a. C. (Aranegui Gascó et al. 1993, 131132, 230, fig. 67, 1). La pieza activa se colocó sobre una punta
de lanza y puñal que se encuentran adheridos por efecto del calor
(figs. 3.34, 4.14, 2 y 7.20).
De la Sepultura XXIV procede otra placa sumamente deteriorada en la actualidad, aunque se dibujó en el primer inventario
de Casa del Monte y en el cuaderno 68 bis (figs. 4.15, 1 y 4.16,
61-62). La pieza activa es de cabeza moldurada, hombros redondeados, línea de puntos por los dos laterales y en la base tres
remaches. En este primer inventario se indica que lleva decoración de líneas incisas y que está alabeada y muy rota; la
decoración se aprecia con dificultad en la actualidad y tampoco
se conserva la cabecera. La pieza pasiva conserva dos taladros
rectangulares, perforación rectangular central y dos remaches;
decoración de dos líneas de puntos alrededor de los dos taladros centrales. En el apartado observaciones del inventario citado
figura como extraviada, pero se ha podido identificar entre fragmentos de bronce (fig. 4.16, 61 y 62).
Las cinco tumbas con placas de cinturón contienen armamento y en tres de ellas se enterró a un Preadulto (Sepulturas I, II
y XVIII). En las Sepulturas XIV y XXIV no se citan restos óseos.
Asociadas a las placas de cinturón se deben tener en cuenta
varios conjuntos de laminillas de bronce encontradas en las Sepulturas I, XIV y XVIII. Tienen un ancho entre 1,2 y 2,6 cm y un
grosor de 1 mm (fig. 4.17). El 27 de marzo de 1920 al describir el ajuar de la Sepultura XVIII, Ballester Tormo señaló “…
se encuentran las dos piezas de un agrafe de bronce de mediano
tamaño y unas como laminillas que debieron servir para mejor
anclar aquellas al cuero”; en el interior de la caja donde se conservan las de la Sepultura XIV pone: “Laminillas sujeción cuero
Figura 4.16. Página del primer inventario de Casa del Monte del
SIP donde se recoge la placa de la Sepultura XXIV (Archivo documental SIP).
93
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.17. 1-4: laminillas de bronce de las Sepulturas X (MPV 47070), XVIII (MPV 47102), XXIX (MPV 47119) y I (MPV 47084);
5-7: caja con laminillas de bronce, laminillas y nota manuscrita de Ballester Tormo de la Sepultura XIV (MPV 47082, 47134 y 47135).
Figura 4.18. Pinzas y anillos. 1: Sepultura I (MPV 18); 2: Sepultura IX (MPV 28); 3: Sepultura X (MPV 47127) (fotografía M. Blasco Martín); 4: Sepultura V (MPV 47121), 5 y 6: Sepultura XI (MPV 48 y 49); 7: Sepultura XVI (MPV 60); 8: Sepultura XXXIII (MPV 47116).
94
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estudio de los materiales
cinturón” y en un trozo del diario Las Provincias escribió: ”Estos
informes deben pertenecer á (sic) la cinta del cinturón y tal vez
algunas á (sic) tumba del ágrafe”. En el cuaderno 68 bis señala
que unidas debieron alcanzar unos 40 cm.
Esta misma asociación se ha hecho posteriormente para varias
tumbas y en algunas de ellas las laminillas se conservaban claramente asociadas a la placa (García Cano y Page del Pozo 2001,
96, fig. 2-2; Graells i Fabregat y Lorrio Alvarado 2017, 117124, figs. 70 y 75). En cambio, esta asociación no se da con las
laminillas de las Sepulturas X y XXIX, aunque en ambos casos
pudieron formar parte de recubrimientos de regatones o de las
fundas del cuchillo y la falcata.
4.2.3. Pinzas
Las pinzas son piezas de aseo personal compuestas por una
lámina de bronce o hierro, de ancho variable, doblada por la
mitad sobre sí misma; los extremos distales se curvan ligeramente
hacia el interior para entrar en contacto; la cabeza se convierte
en un resorte curvo en la zona de inflexión que permite su funcionamiento como una tenacilla flexible, siguiendo los principios
de una palanca de tercer grado; puede llevar una anilla de sujeción. Los vástagos pueden estar decorados con diversas técnicas
(Jiménez Ávila y Lorrio Alvarado 2019, 315-318).
En Casa del Monte hay cuatro ejemplares de bronce en sendas tumbas. Las pinzas de la Sepultura IX están completas (fig.
4.18, 2): los brazos rectangulares miden 5,1 cm de largo y 1,2
cm de ancho; se estrechan en la parte superior a modo de muesca
rectangular. Aunque incompleta, la pieza de la Sepultura I (fig.
4.18, 1) parece idéntica.
Menos robustas son las pinzas de la Sepultura V (fig. 4.18,
4), mostrando un estrangulamiento hacia la cabeza de perfil
sinuoso, a diferencia de los casos anteriores. Las de la Sepultura
X están muy deterioradas, pero también se aprecia un estrangulamiento y un lateral con ondulaciones cerca de la cabeza
(fig. 4.18, 3).
Las pinzas se encuentran tanto en necrópolis como en asentamientos y la cronología, hoy por hoy, la aporta el contexto de
hallazgo y no el tipo de las mismas. Ejemplares formalmente
semejantes a estos dos modelos se han documentado en La Bastida de les Alcusses (Fletcher Valls et al. 1969, dep. 59, 31; Bonet
Rosado y Vives-Ferrándiz Sánchez 2011, 175, fig. 45), lo que
permite una datación del siglo IV a. C. Un catálogo bastante
completo de pinzas se puede consultar en el libro sobre las necrópolis de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla) (García Cano
1997, 242-243), al que sólo se podrían añadir algunos ejemplares
publicados con posterioridad pero que no aportan novedades al
respecto (Bonet Rosado y Mata Parreño 2002, 158).
Se trata de un objeto de aseo personal, tanto masculino como
femenino, aunque se haya asociado tradicionalmente a ajuares
de jinetes en necrópolis y asentamientos (Bonet Rosado y Mata
Parreño 2002, 158). Esta asociación no se puede corroborar
en Casa del Monte, pues en esta necrópolis no se han identificado arreos de montar. Y, en cuanto a la asignación de género,
el análisis antropológico señala la presencia de un Preadulto
(Sepultura I), de un posible Adulto femenino (Sepultura IX)
y de un Adulto (Sepultura X); de la Sepultura V no hay restos
recogidos. Sólo las Sepulturas I y IX contienen armamento, y
en todas ellas hay fíbulas.
Figura 4.19. Pulseras. 1: Sepultura V (MPV 47121); 2: Sepultura
XXXI (MPV 47157); 3: Sepultura XIX (MPV 47131); 4: Sepultura
XVI (MPV 47164); 5: Sepultura XXXII (MPV 47161).
4.2.4. Anillo
El anillo o sortija es un objeto de adorno personal utilizado por
hombres y mujeres como se aprecia en la escultura en piedra (fig.
4.20). Están elaborados en bronce o plata; pueden ser simples
aros o llevar un chatón con o sin decoración; la decoración del
chatón puede ser grabada, en relieve o incrustada. Los aros también pueden estar decorados y/o enrollados en espiral.
Los anillos catalogados son cuatro, dos simples y dos con
chatón, más otro no localizado de la Sepultura XXVII que se
describe así en el diario nº 67: “Explorada da unos pocos huesos
pequeños una como sortija constituida por una laminilla de cobre
ó (sic) bronce en espiral”.
Los dos primeros son de bronce de sección plano convexa,
muy finos, de las Sepulturas XI y XXXIII; este último es abierto
con los extremos ligeramente superpuestos (fig. 4.18, 5 y 8).
Uno de los anillos con chatón es de plata y se encontró también en la Sepultura XI. El chatón es ovalado y en él no se aprecia
motivo alguno (fig. 4.18, 6). El otro, de la Sepultura XVI, es de
95
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.20. Izquierda, figura masculina en piedra del Cerro de los
Santos (Montealegre del Castillo) con pulseras en ambas muñecas
y brazos (fotografía MAN nº 7598). Derecha, detalle de la mano
izquierda de la Dama de Baza con anillos y pulseras en la muñeca
(fotografías E. Collado Mataix).
bronce en cuyo chatón ovalado se aprecia un perro grabado con
la cola corta levantada, gran cabeza con fauces abiertas y patas
dobladas (fig. 4.18, 7).
La Sepultura XXXIII fue, probablemente, o bien los restos
de un ustrinum o bien una tumba muy deteriorada en la que se
encontraron escasos restos óseos y ajuar. En las Sepulturas XI y
XVI se enterraron sendos Adultos siendo, en la XVI, un individuo masculino. En este último caso se aporta un ejemplo más a
la asociación hombre/cánido, sea lobo o perro, tan abundante en
la iconografía ibérica (Mata Parreño 2014, 207-209).
4.2.5. Pulsera
La pulsera es un ornamento personal compuesta por un aro de
bronce o plata, generalmente de sección plana o planoconvexa,
que puede ser cerrado, abierto o enrollado y llevar decoración
geométrica o zoomorfa. Hombres y mujeres los lucen en el brazo
y/o en el antebrazo (figs. 4.20 y 4.21).
Tan sólo se han reconocido cinco pulseras de bronce en las
Sepulturas V, XVI, XIX, XXXI y XXXII, en tres de las cuales
se aprecia una decoración grabada por el exterior formando espigas (fig. 4.19).
La Sepultura XVI se diferencia de las otras cuatro por ser
el único empedrado, tener armas en su ajuar y pertenecer a un
individuo adulto masculino; las otras cuatro se encontraron en
tumbas de hoyo, tres sin armamento (V, XXXI y XXXII), siendo
de un Adulto la Sepultura XXXI y de un Preadulto la XIX, en la
que sí se depositaron armas.
Solo tres pulseras tienen diámetros medibles: 5,1 (XVI),
6,1 (XXXII) y 7,5 cm (V). El diámetro de 5,1 cm parece muy
pequeño para ser un objeto personal del individuo adulto enterrado en la Sepultura XVI; un comentario similar puede hacerse
para la pulsera de la Sepultura XXXII, aunque aquí se desconoce la edad del difunto. Esta problemática de los diámetros
nos plantea algunas propuestas. Los diámetros pueden ayudar a
96
Figura 4.21. Mujer joven del Corral de Saus (Moixent) con pulseras en la muñeca izquierda y anillas en las trenzas (fotografía E.
Collado Mataix).
discriminar por rangos de edad cuando el análisis osteológico no
aporta información. Así, los inferiores a 7 cm podrían pertenecer
a Infantiles o Preadultos.
En el caso de que haya una contradicción en los datos aportados, como en la Sepultura XVI o lo contrario - es decir, individuo
Infantil o Preadulto enterrado y pulsera de Adulto, las pulseras
podrían interpretarse bien como ofrendas depositadas por los
allegados en el momento de la cremación bien como ornamentos
de la indumentaria o del cabello en el caso de diámetros pequeños. Estos últimos están documentados en exvotos y esculturas
de mujeres jóvenes, cuyo ejemplo más paradigmático son las
llamadas “damitas” del Corral de Saus (Moixent) (fig. 4.21),
así como depositados en cuevas rituales (Machause López et al.
2024, fig. 7, tabla 2).
4.3. LAS ARMAS
El armamento ibérico se conoce fundamentalmente por su
abundante documentación arqueológica en necrópolis, donde se
encuentran importantes conjuntos de armas en distinto número y
proporción; también en contextos cultuales -santuarios- y poblados, si bien en un número significativamente menor. Otra fuente
documental para su estudio es la iconografía en diferentes soportes: piedra, cerámica y numismática con sus, en ocasiones, discutibles interpretaciones a la hora de identificar elementos de la
panoplia ibera.
Tras las primeras sistematizaciones de Sandars y Schüle (Sandars 1913; Schüle 1969) y algunos trabajos parciales como el de
Cuadrado Díaz (1989), será Quesada Sanz (1997; 2016, 166-168,
176) quien realice las aportaciones más sistemáticas y novedosas.
En Casa del Monte, las armas identificadas tras la revisión de
los ajuares y la lectura de los diarios son un total de 64 ítems en 18
de las 38 tumbas excavadas (47,3%) (tabla 4.4). También se conoce
un cuchillo procedente de los espacios que Ballester Tormo denominó “Mansiones”, situadas a escasos metros al E de las sepulturas.
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estudio de los materiales
Todas las armas han sufrido los efectos del fuego tras su paso
por la pira, circunstancia que queda plasmada en su estado de
conservación, en los restos de madera que todavía pueden apreciarse y en varios conjuntos de armas, o sus fragmentos, adheridas
unas a otras (fig. 7.15).
4.3.1. Falcata
La falcata es una espada de hierro, en forma de sable, de hoja
ancha, curva y asimétrica; casi siempre con doble filo en la punta.
De perfil arqueado tenía una doble utilidad: como arma punzante
y cortante para realizar tajaduras, de ahí su filo cortante por ambas
caras. Se trata de un arma especialmente concebida para el combate cuerpo a cuerpo.
La empuñadura de hierro, vuelta sobre sí misma para proteger
la mano de golpes cortantes, adoptaba la mayoría de las veces la
forma de una cabeza de caballo o de ave, denominación utilizada
por vez primera por Cabré Herreros (1934, 214-2159) y empleada
posteriormente por otros autores (Cuadrado Díaz 1987, 84-85).
La empuñadura es uno de los elementos fundamentales para la
clasificación de estas armas, con cuatro tipos: A, Cabeza de Ave;
1
B, Cabeza de Caballo; C, Rota e Indeterminada; y E, Rectangular.
Estos tipos no implican variaciones a nivel cronológico y geográfico (Quesada Sanz 1997, vol. I, 100-103). Esta empuñadura se
recubría con cachas de material orgánico (hueso, asta, marfil o
madera) fijadas al alma mediante remaches, cachas que rara vez
se conservan.
La hoja presenta unas profundas acanaladuras longitudinales,
acanaladuras que tienen una funcionalidad debatida y así se han
propuesto tres hipótesis (Quesada Sanz 1997, vol. I, 98): una
considera que tendrían un papel estético y, además, otro práctico al aligerar el peso de la hoja e incrementar su flexibilidad;
otra, que las acanaladuras tienen una función meramente ornamental; y, por último, se ha propuesto que fueron diseñadas con
la intención de agravar las heridas cuando el arma penetra en el
cuerpo del enemigo.
En ocasiones, las falcatas se decoraban con incrustaciones en
hilo de plata o hierro formando motivos vegetales, geométricos,
zoomorfos, representaciones de cabezas humanas o inscripciones
en lengua ibérica, que dotan a estas armas de un carácter simbólico y de prestigio (Quesada Sanz 1997, vol. I, 114). En general,
se fechan desde finales del siglo V a. C., si bien no es hasta las
2
3
Figura 4.22. 1: falcata de la Sepultura XXIX (anverso y reverso) con hoja de cuchillo y parte de la vaina adheridos (MPV 21); 2: falcata de
la Sepultura XX (anverso y reverso) con vaina adherida y restos de las cachas de hueso o marfil (MPV 20); 3: espada de antenas de la Sepultura XVII (anverso y reverso) con decoración incrustada de cobre y restos de la vaina adheridos (MPV 37) (fotografías J. Vives-Ferrándiz).
97
[page-n-99]
la necrópolis ibérica de casa del monte
primeras décadas del siglo IV a. C. cuando se generalizan en
los ajuares funerarios, aunque siguen estando presentes hasta
inicios del I a. C, como en la necrópolis de Alarcos II (Ciudad
Real) (García Huerta et al. 2018, 154-159). La mayoría de los
hallazgos procede del sur y sureste peninsulares (Quesada Sanz
1997, vol. I, 61, 76-79).
A pesar de ser uno de los elementos más característico de la
panoplia ibérica, en esta necrópolis es minoritario con solo dos
en las Sepulturas XX y XXIX. La acción del fuego de la pira y
su elevado grado de oxidación no permiten el reconocimiento de
todos los aspectos señalados (fig. 4.22, 1 y 2).
La longitud media de las falcatas es de 60,2 cm y la de las
hojas 48,9 cm (Quesada Sanz 1997, vol. I, 85-86). En Casa el
Monte, las longitudes son parecidas a la media, aunque las hojas
son algo más pequeñas.
La falcata de la Sepultura XX tiene empuñadura del tipo A
o de Cabeza de Ave y conserva restos de las cachas de hueso o
marfíl (ver apartado Artesanías óseas). Estaba partida en tres
fragmentos, probablemente para poder introducirla en el hoyo,
y presenta corrosión prácticamente por toda la superficie por lo
que no puede apreciarse si llevaba decoración incrustada. Conserva elementos de la vaina en la empuñadura y restos de una
guarnición en un lateral. En la hoja se aprecian las acanaladuras
que, arrancando desde la base de la empuñadura, forman un
conjunto y corresponden al Tipo II de Quesada Sanz (1997,
vol. I, 94, fig. 37).
La empuñadura de la falcata de la XXIX es del tipo B o de
Cabeza de Caballo. Está prácticamente completa y conserva dos
cantoneras horizontales de la vaina adheridas a la hoja, una en la
parte superior próxima a la empuñadura y la otra, en el extremo
inferior cerca de la punta. En la hoja se aprecian las acanaladuras que, desde la empuñadura, se dirigen a la punta, pero no se
puede determinar su tipo debido a la corrosión que presenta.
Junto a la empuñadura tiene adherida la hoja de un cuchillo, lo
que corrobora la asociación falcata/cuchillo en la panoplia (fig.
4.22, 1; tabla 4.6).
El hecho de que ambas conserven elementos de la vaina adheridos revela que fueron depositadas envainadas en la pira.
4.3.2. Espada
La espada es otro de los tipos de arma empleada para el combate
cuerpo a cuerpo. Tradicionalmente se ha considerado que en el
mundo ibérico los diversos tipos de espada y puñales se encuentran en menor proporción que las falcatas (Quesada Sanz 1999
a, 120); sin embargo, como se ha señalado, en Casa del Monte
4
2
3
1
Figura 4.23. Espadas de frontón. 1: Sepultura XIX (anverso y reverso) (MPV 30) (Archivo fotográfico SIP); 2: Sepultura VII (anverso y
reverso) con fragmento de cuchillo adherido (MPV 13); 3: Sepultura IX (anverso y reverso) (MPV 26); 4: Sepultura VIII (anverso y reverso)
(MPV 38) (fotografías J. Vives-Ferrándiz).
98
[page-n-100]
estudio de los materiales
ocurre justamente lo contrario, pues se han registrado cinco espadas, cuatro de frontón exento y una de antenas, frente a solo dos
falcatas (tabla 4.4; figs. 4.22 y 4.23).
El hallazgo de estos dos tipos de espadas debió suscitar el
interés de Ballester Tormo por investigar sobre ellas, pues en
un cuaderno de notas sobre su visita al Museo Arqueológico
Nacional el 15 de septiembre de 1929, describe y dibuja ambos
tipos (fig. 4.24).
4.3.2.1. Espada de frontón
Se trata de una espada de hoja recta o pistiliforme de sección
lenticular, ancha, con la empuñadura de tipo lengüeta plana,
de forma romboidal, que es prolongación de la hoja, rematada
por un pomo semicircular generalmente de bronce. A ambos
lados de la lengüeta se remachaban las cachas de material
orgánico (hueso, asta, marfil o madera), que se han conservado en ocasiones. Lo más característico es el extremo de su
empuñadura constituido por una triple lengüeta metálica de
hierro, en la que la pletina central está unida a la hoja y las
dos laterales son piezas independientes. Éstas desarrollan en
su extremo distal sendas chapas rectangulares para constituir
la guarda del puñal.
En el mundo ibérico aparecen representadas, por primera vez,
en el monumento de Cerrillo Blanco (Porcuna) de inicios del siglo
V a. C. y pueden perdurar hasta el siglo III a. C. (Quesada Sanz
2010, 71-72) (fig. 4.29). Ejemplares cercanos a Casa del Monte
se han documentado, entre otros, en El Tesorico (Agramón-Hellín), datada en el 400-350 a. C. (Broncano Rodríguez et al. 1985,
84-89); en Pozo Moro, en una tumba fechada en el siglo III a. C.
(Alcalá-Zamora Díaz-Berrio y Bueno Sequera 2000, 23); y en el
Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo) (Fernández
Avilés 1953, 205, lám. VII.6; Quesada Sanz 1997, vol. II, 852)
y Hoya de Santa Ana (Quesada Sanz 1997, vol. I, 185) espadas
que carecen de cronología precisa.
Ninguna de las cuatro espadas de frontón de Casa del Monte
(Sepulturas VII, VIII, IX y XIX) conserva las cachas (fig. 4.23).
Dos (Sepulturas VII y XIX) pertenecen al Tipo I serie 1 de Quesada Sanz (1997, vol. I, 185-186), tipo que se caracteriza por los
pomos, que forman parte de las cachas, y por la variante de lengüeta sobre el que se montan. En el extremo opuesto a la guarda,
el cuerpo principal de la lengüeta se bifurca en dos láminas divergentes con los extremos redondeados donde se coloca el frontón.
El tipo se fecha entre mediados del siglo V a. C. y mediados del
IV a. C. (Quesada Sanz 1997, vol. I, 177-178). Las otras dos
(Sepulturas VIII y IX), posiblemente, corresponden al mismo
Tipo y serie, aunque están fracturadas por la lengüeta (fig. 4.23,
3 y 4). Las medidas de estas piezas se recogen en la figura 4.25.
Las espadas más completas son las de las Sepultura VII y
XIX (fig. 4.23, 2 y 1). La primera, de hoja triangular alargada,
mantiene casi todo el frontón que lleva inserto en el hueco de las
pletinas una fina lámina de bronce y la guarda basal; tiene adherida la hoja de un cuchillo. A la segunda, de hoja pistiliforme,
sólo le falta el frontón exento. La guarda tiene en su parte central un remate decorativo alargado que no parece una herbácea12
12 “Palmeta” según la denominación tradicional.
estilizada que se encuentra en el puñal de la Sepultura II, así
como en algunas espadas y puñales de frontón de Andalucía
oriental (Quesada Sanz 1999b, 85-88).
Las espadas de la Sepulturas IX y VIII tienen la hoja triangular alargada. La primera conserva la guarda completa, pero
la corrosión no permite observar con claridad el remate central
que podría asemejarse al de la Sepultura XIX (fig. 4.23, 3 y 4).
4.3.2.2. Espada de antenas
Se trata de una espada de hoja recta o triangular alargada, cuya
empuñadura termina en dos antenas con sendos remates esferoidales, característica de la península Ibérica en los siglos V a II
a. C. A partir del siglo IV a. C. presentan hilos de plata o cobre
embutidos en la empuñadura y/o las antenas. El guerrero vencido del Cerrillo Blanco lleva al cinto una espada de antenas; y,
así mismo, aparece grabada en la estela de Altea la Vella (Altea)
(Morote Barberá 1981, 421-422, fig. 2) (fig. 4.29).
En Casa del Monte hay un único ejemplar en la Sepultura
XVII. Corresponde al Tipo III de Quesada Sanz caracterizado por
empuñadura de espiga cubierta por dos tubos cilíndricos unidos en
el centro mediante anillo de resalte que facilitan el agarre, guarda
recta y remates esferoidales en el pomo. Se fecha entre principios
del siglo V y la primera mitad del IV a. C., aunque podrían llegar
a finales de esa centuria (Quesada Sanz 1997, vol. I, 207-212). La
hoja es recta, tiene estrías longitudinales en el centro que no se
aprecian en su totalidad por efecto de la corrosión y conserva en
uno de los filos restos de la vaina y de una guarnición.
El pomo, de sección circular, es recto con un ligero engrosamiento en el centro y lleva decoración incrustada de hilos de
cobre, al igual que en las antenas, formando 11 líneas paralelas
(Ver Análisis PXRF de algunas piezas de Casa del Monte) (figs.
4.22, 3 y tabla 4.11).
Este tipo de espada es el más usual en las necrópolis celtibéricas, especialmente en El Altillo (Aguilar de Anguita) y en otras
necrópolis del Alto Tajo-Alto Jalón, pero no suelen llevar ornamentación o no la han conservado (Cabré Herreros 1990, 207,
figs. 1-4). Además de éstas, desde finales de los 90, se admite la
existencia de un foco de producción en Andalucía (Cabré Herreros y Baquedano Beltrán 1997, 251-252; Quesada Sanz 1997, vol.
I, 2012) (fig. 4.29). Sin embargo, la espada más parecida a la de
Casa del Monte, por su decoración con incrustaciones de cobre,
es una de la necrópolis del Altillo (Fernández-Galiano Ruiz 1979,
13, lám. V, 2, a partir de Aguilera y Gamboa 1911, Tomo III, lám.
CXVII) (fig. 4.24).
4.3.3. Puñal de frontón
El puñal de frontón es morfológicamente similar a la espada de
frontón y se distingue de ésta por su menor tamaño (fig. 4.25). La
forma de la hoja puede ser triangular alargada de filos rectos o pistiliforme (Quesada Sanz 1997, vol. I, 275-276). La empuñadura
es de lengüeta losángica y el frontón exento. Estas armas están
distribuidas por Andalucía (Castellones de Céal y Los Patos-Cástulo), Alicante (Cabezo Lucero, El Molar y La Serreta) y Albacete
(Los Villares) (Quesada Sanz 1999b, 71-73).
En Casa del Monte se documentan tres puñales en sendas
sepulturas (I, II y XIV) (fig. 4.26). Aunque incompletos por la
empuñadura, se trata de puñales de frontón exento del Tipo I,
99
[page-n-101]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.24. Anotaciones y dibujos de Isidro Ballester Tormo sobre las espadas recogidas en el cuaderno de visita al
Museo Arqueológico Nacional en 1929 (Archivo documental del SIP).
100
[page-n-102]
estudio de los materiales
Figura 4.25. Comparación de las dimensiones (en cm) de las espadas y puñales de frontón. En las Sepulturas I, VIII, IX y XIV se recogen
las medidas conservadas.
Figura 4.26. Puñales. 1: Sepultura I, con punta de cuchillo adherida en el lado opuesto (MPV 19); 2: Sepultura XIV, adherido a punta de
lanza y placa de cinturón (MPV 35); 3: Sepultura II, anverso, reverso y detalles de la decoración (MPV 23).
101
[page-n-103]
la necrópolis ibérica de casa del monte
subtipo IB de Quesada Sanz (1997, vol. I, 278-279, fig. 165;
1999b, 73, figs. 2 y 5) caracterizado por la presencia de estrías
y acanaladuras y, especialmente, por la empuñadura con lengüeta bifurcada para ajustar el frontón; se fecha en los siglos V
y IV a. C.
El puñal de la Sepultura I conserva dos grandes fragmentos
de la hoja con estrías longitudinales en el centro; lleva soldado
un fragmento de cuchillo lo que evidencia, aunque no sea su
ubicación original, que estaría encajado en la vaina formando
parte de la panoplia. Quesada Sanz (1997, vol. II, 849) lo clasificó inicialmente como espada de antenas, pero dos años más
tarde lo catalogó como puñal de frontón (Quesada Sanz 1999b,
figs. 2 y 3), tipo de arma que nos parece el correcto dadas sus
dimensiones.
La pieza de la Sepultura II tiene hoja triangular alargada y,
en el centro de la guarda basal, presenta un remate decorativo
en forma de apéndice alargado muy similar al de la espada de la
Sepultura XIX (fig. 4.23, 1). El motivo más parecido se encuentra
en dos puñales de La Carada (Espeluy) (Quesada Sanz 1999b,
figs. 15 y 19) y en la espada de la Sepultura XIX.
El puñal de la Sepultura XIV es de hoja triangular alargada
(fig. 7.20). La guarda presenta dos remaches en su unión con la
lengüeta losángica de sección plana y está adherido a una punta
de lanza grande.
4.3.4. Vaina
Las falcatas, espadas y puñales se guardaban en una vaina de
cuero reforzada con un armazón de hierro que colgaba de un
tahalí. La vaina se compone de embocadura, pieza de chapa
fina doblada sobre sí misma, que se introducía por el exterior
en la funda de cuero reforzando la boca, uniéndose a la funda
mediante finos remaches; dos o tres abrazaderas de suspensión,
que envolvían a la vaina, con una o dos anillas cada una que servían para suspender el arma al tahalí y, en ocasiones, cantoneras metálicas. Las abrazaderas o guarniciones podían utilizarse
también para transportar un cuchillo. Así mismo forman parte
de la funda unos botones metálicos, a veces de bronce, para la
suspensión del tahalí (Cuadrado Díaz 1989, 24-29; Vaquerizo
Gil 1989, 248; Quesada Sanz 1997, vol. I, 106), y por último, la
contera, pieza metálica en el extremo inferior de la vaina para
resguardar la punta del arma.
En Casa del Monte se han documentado restos correspondientes a 11 vainas en sendas sepulturas (tabla 4.4 y fig. 4.27),
en diferente estado de conservación. Las dos falcatas, los tres
puñales y cuatro de las espadas se enterraron con su funda que,
en algunos casos, se conserva adherida a la hoja (figs. 4.22, 4.23
y 4.27, 4). No ocurre lo mismo con la espada de frontón de la
Sepultura XIX que se depositó sin la funda, mientras que en las
XVIII y XXXIII sólo se colocó la vaina.
Las más completas están en las Sepulturas I, VIII y XVII.
Se trata de restos de la armadura metálica correspondientes a un
puñal de antenas, a una espada de frontón y a otra de antenas,
respectivamente. La de la Sepultura I conserva, además, anillas
de suspensión, una abrazadera y el extremo de la contera (fig.
4.27, 1). Las cantoneras de la Sepultura VIII (fig. 3.30, 8) tienen
restos de una guarnición, una anilla y un pequeño remache y la
vaina de la XVII, un fragmento de la primera guarnición con
anilla (fig. 4.27, 4).
Las más incompletas están en la Sepultura II con una anilla de suspensión asociada a un puñal de frontón (fig. 3.23); la
VII, correspondiente a una espada de frontón conserva una anilla
Figura 4.27. Vainas. 1: Sepultura I, anverso y reverso (MPV 47151 y 17); 2: Sepultura XVIII (MPV 11 y 12); 3: Sepultura XXIX, anverso
y reverso (MPV 47119); 4: Sepultura XVII, detalle de la vaina adherida (MPV 37).
102
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estudio de los materiales
entrelazada a lo que sería una primera o segunda guarnición (fig.
3.29); la IX, con una abrazadera con anilla de suspensión, otra
anilla suelta y dos remaches pertenecientes a la embocadura, asociada a una espada de frontón (fig. 3.30); la XIV, con dos anillas
de guarnición, un remache de la embocadura y un remache del
tahalí (fig. 3.34); y la XVIII con una contera y guarnición. La
contera es de forma troncocónica y lleva decoración con incisiones paralelas en la parte superior; se encuentra fragmentada
y le falta el remate, elemento que sobresale respecto a su propio
cuerpo y el de la vaina y que siempre, sin excepción, rodea la
punta para protegerla (fig. 4.27, 2).
En la Sepultura XXXIII se depositaron los “restos de funda
de espada (varillas acanaladas)” que Ballester Tormo describe en
el diario nº 67 y en el cuaderno 68 bis. No se han localizado en el
MPV, aunque se ha tenido en cuenta por la detallada descripción
recogida en ambos textos.
Las vainas de las Sepulturas XX y XXIX se asocian a las
dos únicas falcatas de Casa del Monte (fig. 4.22). En la de la
Sepultura XX, se conservan próximos a la guarda basal los restos de una abrazadera rectangular en forma de “L” adherida a
la falcata. La vaina de la Sepultura XXIX conserva restos de la
cantonera metálica y la falcata lleva soldada dos abrazaderas
también de sección rectangular en el tercio superior e inferior
de la hoja.
En las Sepulturas XVIII y XXXIII solo se depositó la funda,
lo que indica una acción intencionada de ofrendar la pars pro toto
(fig. 4.27). En la Sepultura XVIII se enterró un Infantil II-Preadulto, mientras que de la XXXIII no se recogieron los restos.
El modelo de vaina descrito, armadura metálica a lo largo
de la longitud de la funda de cuero, no parece ser el usual en
el armamento ibérico aun así se han documentado en algunas
tumbas del Cigarralejo, Tútugi (Galera), Cerro del Santuario,
Cerro de la Cruz (Almedinilla) (Quesada Sanz, 1997, Vol. I,
106), el Puntal (Salinas) y con mayor presencia en la necrópolis de Castillejo de los Baños (Fortuna) (García Cano y Page
del Pozo 2001, 69).
4.3.5. Cuchillo
El cuchillo es instrumento para cortar formado por una hoja de
metal de un solo filo y con mango. Se fabricaron a partir de una
lámina de hierro en cuya parte proximal se sujetaban, mediante
remaches metálicos, las cachas o mangos de materia orgánica
(hueso, asta, madera o marfil) que se ha conservado en ocasiones
puntuales. Se clasifican por la forma de la hoja: dorso afalcatado,
curvo o recto. Estos instrumentos son habituales en todo tipo de
contextos de la Edad del Hierro. En las necrópolis ibéricas se
encuentran, solos o acompañados de otras armas, desde finales
del siglo VI hasta inicios del siglo I a. C. (García Huerta et al.
2018, 168-169, 230).
Persiste cierto debate sobre su inclusión dentro de la panoplia
ibérica, y por tanto su adscripción a la categoría de armas, como
ya señalaron Kurtz Schaefer (1986-1987, 456) o Lorrio Alvarado
(1993, 312). La interpretación generalizada es que fueron útiles
multifuncionales, dependiendo del contexto, y no sólo de uso
doméstico (Quesada Sanz 1992, 219; Oliver Foix y Gusi Jener
1995, 245). Graells i Fabregat (2010, 124) sintetizó su uso incluyendo propuestas no excluyentes entre sí: armamento, elemento
litúrgico, distintivo social e instrumento cotidiano.
Nosotras consideramos que el contexto es fundamental para
identificar su uso. Así de los 11 cuchillos de la necrópolis, sólo
seis se van a contemplar como parte del armamento por su asociación a espada, falcata o puñal. Asociación que se aprecia tanto en
contextos funerarios como en la escena del guerrero alanceando
a su oponente caído de Cerrillo Blanco (Quesada Sanz 1997, vol.
I, 105-106) y en la estela antropomorfa de Altea la Vella (Morote
Barberá 1981, 419-422) (fig. 4.29).
En Casa del Monte se han identificado un total de 12 cuchillos
de hierro, 11 en nueve sepulturas y uno más en la denominada
“Construcción D” (fig. 4.28). Excepto en la Sepultura XIV, donde
se depositaron tres ejemplares, en el resto de las tumbas hay
solo uno.
Los cuchillos son mayoritariamente afalcatados. Mateos Leal
y Sánchez Nicolás (2014, 138-139) establecen que sus rasgos
diferenciales son una hoja con el dorso acodado y un filo por
lo general de forma convexa en su tercio distal, más o menos
marcada en función de los ejemplares; la anchura de la hoja se
reduce en la zona central y se engrosa de nuevo cerca del mango.
El más completo y el de mayores dimensiones es el de la
Sepultura XXIII (fig. 4.28, 2), que conserva parte del mango y
la hoja completa. Los de las Sepulturas I, XVII y XXIX y de la
“Construcción D” sólo han conservado la hoja.
Los de las Sepulturas II, X, XIV y XXXIV han preservado
el mango con remaches y parte de la hoja; dos de los cuchillos
de la XIV conservan la virola (fig. 4.28, 4 y 6).
El de la Sepultura VII está fragmentado, uno de cuyos fragmentos está adherido al frontón de su espada en una posición
similar a la que tendría originalmente; y otro corresponde al inicio del mango entre cuyos remaches se han preservado restos de
madera de madroño (fig. 5.10) (ver Pasto de las llamas).
Los cuchillos de las Sepulturas I y XXIX están adheridos por
efecto de la combustión al puñal y falcata de las respectivas tumbas. El de la XXIX, junto a la empuñadura como en la Sepultura
VII, mientras que el de la I está adherido a la punta desplazado,
en esta ocasión, de su posición original (figs. 4.22, 4.23 y 4.29).
En Casa del Monte se hace evidente la asociación espada/
falcata-cuchillo (Sepulturas VII, XVII y XXIX) y cuchillo-puñal
(I, II, XIV). En la XIV, con tres cuchillos, sólo uno formaría parte
de la panoplia; en las Sepulturas X y XXIII solo hay cuchillos
sin relación con armamento alguno. En las tres sepulturas parece
sugerente asociar el uso del cuchillo al ritual de comensalía, pues
están asociados a otros elementos destinados al consumo del vino
como en la Sepultura X, con varias copas áticas y un gran plato,
en la XXIII con un kylix y en la XIV con un plato ático y otro
ibérico (figs. 3.32, 3.43 y 3.34).
4.3.6. Soliferreum
Es un tipo de arma compuesta por una sola pieza de hierro forjado
de aquí su nombre latino. Era empleada como arma arrojadiza
pesada, pudiendo alcanzar en torno a los dos metros de longitud,
siendo la longitud media de 192 cm; la punta es, por lo general,
muy corta siendo su longitud media de 8,4 cm (Quesada Sanz
1993b, 160-161 y 164). Es durante la primera mitad del siglo IV
a. C. cuando se hacen frecuentes en las necrópolis ibéricas del
sur y sureste peninsular, formando parte de los ajuares funerarios hasta el último tercio del siglo I a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. I, 314-315).
103
[page-n-105]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.28. Cuchillos. 1: Sepultura XXIX adherido a falcata (MPV 21); 2: Sepultura XXIII (MPV 47126); 3: construcción D (MPV
47130); 4: Sepultura XIV (MPV 47141); 5: Sepultura I adherido a un puñal (MPV 47151); 6: Sepultura XIV (MPV 47143); 7: Sepultura
X (MPV 47122); 8: Sepultura XIV (MPV 47141); 9: Sepultura XXXIV adherido a punta de lanza (MPV 8); 10: Sepultura II (MPV 25).
Los soliferrea aparecen doblados sistemáticamente, lo que se
ha interpretado bien por motivos rituales (Quesada Sanz 1993b,
180) o bien prácticos, para que cupiera en la tumba (Fernández
Gómez 1986, 797; Broncano Rodríguez et al. 1985, 102).
La empuñadura del astil y la morfología de la punta son las
partes que han servido para hacer una tipología de estas piezas
(Quesada Sanz 1993b, 167-168). El grado de oxidación y fragmentación que presentan los ejemplares de Casa del Monte no
permite incluirlos en ningún tipo. La sección del astil es circular
en todos ellos, oscilando entre 1,5 y 2,4 cm de diámetro, siendo
la media habitual 1,5 cm.
Se han encontrado ocho ejemplares en sendas sepulturas de
los que no se conocen las medidas completas, casi siempre doblados sobre sí mismos (Sepulturas I, II, VII, XIV, XVII, XVIII,
XXIX y XXX) (tabla 4.4 y fig. 4.30).
En la Sepultura I se recuperaron varios fragmentos del astil.
En la Sepultura II también se encontró el astil doblado y la punta
en peor estado; la longitud conservada se acerca al metro. En la
Sepultura VII, el soliferreum también doblado, tiene punta con
nervio y mide cerca de 1,30 m.
104
En la Sepultura XVII se documenta la moharra relativamente
entera a excepción de los últimos centímetros de la base (fig. 3.38).
Podría ser del tipo 2A de Quesada, de base redondeada, y gran
dispersión en la península ibérica (Quesada Sanz 1993b, fig. 2,
164-167); el astil asociado se describe en el diario nº 67, doblado
y enrollado, cuya longitud conservada era de 1,89 m. De la XXIX
se conserva el extremo de la moharra y la parte final del astil, que
se adelgaza y remata en punta, no muy aguda. Se encontró totalmente enrollado sobre sí mismo. En el cuaderno 68 bis Ballester
Tormo describe el soliferreum de la Sepultura XIV, indicando que
pudo estar completo y alcanzar 2 m de longitud; uno de los fragmentos del astil estaba engrosado. Por último, en las tumbas XVIII
y XXX solo se han conservado pequeños fragmentos del astil (figs.
3.38 y 3.50).
4.3.7. Lanza
La lanza ha sido un arma poco valorada por la investigación en
comparación con la falcata a pesar de que debió ser, en muchas
ocasiones, el arma primordial (Quesada Sanz 2010, 253). Es
el arma arrojadiza por antonomasia y sirvió asimismo para el
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estudio de los materiales
Figura 4.29. A: grupo escultórico de Cerrillo
Blanco (Porcuna) con guerrero alanceando a
su adversario (fotografía E. Collado Mataix);
a la derecha, detalles del armamento: arriba
espada de frontón y cuchillo (fotografía F.
Quesada Sanz) y debajo, espada de antenas
(fotografía E. Collado Mataix). B: estela funeraria antropomorfa de Altea la Vella (Altea)
con una espada de antenas en un lateral y en la
parte frontal un cuchillo afalcatado (fotografía
Archivo Técnico del MARQ).
combate cuerpo a cuerpo y para la caza. Está integrada por un
astil de madera largo, que puede alcanzar los 1,70-1,90 m, con
una punta de hierro en un extremo y, en el opuesto un regatón
también de hierro (Quesada Sanz 1997, vol. I, 347, 427-431). La
punta o moharra, con gran variedad de formas y tamaños, está
compuesta por un cubo troncocónico provisto de un anillo para
su sujeción al astil.
La clasificación de las lanzas es compleja porque su elemento
principal, el astil, es de madera cuya longitud está en proporción
a la punta. Para una correcta clasificación sería necesario conocer
la longitud, el grosor y el tipo de madera, atributos que determinan su posible utilización (Quesada Sanz 2010, 107), todos ellos
de difícil preservación.
En Casa del Monte se han podido recuperar fragmentos de
madera carbonizada en el interior del cubo de dos regatones (ver
Pasto de las llamas) y, siempre, que ha sido posible se han medido
los diámetros interiores de cubos y regatones como aproximación
al grosor del astil. Los diámetros obtenidos oscilan entre los 2
cm y 1 cm, cifras que deben considerarse como orientativas dado
el elevado deterioro de las piezas por el fuego y la oxidación.
Se han documentado siete lanzas en sendas sepulturas (I,
III, VIII, IX, XIV, XIX y XXXIV), cuatro de ellas (I, VIII, IX y
XXXIV) con su correspondiente regatón (fig. 4.31).
Destacan, por su mayor tamaño, las lanzas de las Sepulturas I, III y XIV, esta última con parte de una placa de cinturón
adherida. Se trata de grandes moharras de hoja estrecha con
grueso nervio, con longitudes entre los 41 (XIV) y los 37 cm
(III). Pertenecen al Tipo 2a (XIV) y 2c (I y III) de Quesada
Sanz (1997, vol. I, 399, 401), fechados desde el VI a. C. hasta
fines del IV a. C. La de Sepultura III conserva el anillo de
fijación al astil; un fragmento de carbón de fresno con restos
de óxido de cobre pudo ser parte del mismo (ver Pasto de las
llamas) (fig. 5.8).
El resto de las lanzas tienen unas dimensiones que oscilan
entre 30,3 cm (XIX) y 28 cm (IX) que corresponden a lanzas
medianas del Tipo 6a y son, especialmente, frecuentes en el
siglo IV a. C. (Quesada Sanz 1997, vol. I, 399, fig. 245). Son
lanzas con moharra de nervio marcado y anchura máxima en
el tercio inferior de la hoja. Aunque incompleta, en este tipo
también podría incluirse la punta de la Sepultura VIII. La de la
Sepultura XIX conserva el anillo de fijación para la sujeción
del astil, así como adherida al cubo una anilla del asidero de
un escudo.
Entre las lanzas más ligeras se registra la de la Sepultura
XXXIV, cuyo cubo tiene una lámina de bronce o cobre por el
interior, al igual que se ha observado en algunos regatones.
105
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.30. Soliferrea. 1: Sepultura XXIX (MPV 47071) (Archivo fotográfico SIP, J. Vives-Ferrándiz); 2: Sepultura VII, punta y restos
del astil (MPV 14 y 47086); 3: Sepultura II (MPV 24); 4: Sepultura XIV, dos vistas (MPV 47141); 5: Sepultura I, restos del astil (MPV
47073 y 47098).
En ocasiones, las puntas de lanza se ornamentaron con incrustaciones de plata en la zona del cubo y el arranque del nervio
de la moharra, formando motivos simples o complejos lo que
quizá evidencia un carácter simbólico (Quesada Sanz 1997, vol.
I, 422). Es el caso de las procedentes de las Sepulturas IX y XIX,
con tres o cuatro hilos embutidos enmarcando sendas anillas de
cobre (figs. 4.31, 4 y 5 y 4.53; tablas 4.9 y 4.10) (ver Análisis por
PXRF de algunas piezas de Casa del Monte).
4.3.8. Regatón
Son piezas de hierro batido y forma cónica que se colocan
en el talón del astil de las lanzas, al que se pueden sujetar
mediante pequeños clavos. Sirven para evitar que el astil se
astille, para clavar la lanza en el suelo y, si es necesario, utilizarlo como arma.
Se clasifican a partir de sus dimensiones, en largos o muy
largos (>25 cm) con la punta afilada o relativamente redondeada;
106
de tamaño medio (en torno a 15 cm) y muy cortos (con apenas
5 o 6 cm). Aunque todos los tipos conviven, durante el Ibérico
antiguo y hasta finales del siglo V a. C. predominan los regatones
largos y a partir del siglo IV a. C. va disminuyendo su longitud
(Quesada Sanz 1997, vol. I, 429).
En Casa del Monte se han documentado 10 regatones en ocho
sepulturas (I, VIII, IX, XVII, XXIV, XXIX y XXXIV), tres de
ellas (XVII, XXIV y XXIX) con dos ejemplares (tabla 4.4; figs.
4.31 y 4.32).
El único regatón grande se depositó en la Sepultura XXIV
junto a otro mediano, lo que estima su amortización en el siglo IV
a. C. (figs. 3.57 y 4.32); seis son medianos (I, VIII, XVII, XXIV
y XXIX) y tres pequeños (IX, XXIX y XXXIV).
Las embocaduras oscilan entre los 2 y 1 cm de diámetro
interior (y entre 3 y 1,7 cm diámetro exterior); próximos a aquellas presentan uno o dos pequeños agujeros enfrentados con un
pasador de metal para la sujeción de astil como se aprecian en la
punta de la Sepultura XXXIV (fig. 4.31, 7).
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estudio de los materiales
Tabla 4.4. Tipos de armas identificadas.
Tipos
Cantidad
Sepulturas
Observaciones
Falcata
2
XX, XXIX
Espada de frontón
4
VII, VIII, IX y XIX
Espada de antenas
1
XVII
Puñal
3
I, II, XIV
Vaina
11
I, II, VII, VIII, IX, XIV, XVII, XVIII, XX, XXIX, XXXIII*
*Según diario
Cuchillo
12
I, II, VII, X, XIV (3), XVII, XXIII, XXIX, XXXIV
Uno en Mansión D
Soliferreum
8
I, II, VII, XIV, XVII, XVIII, XXIX, XXX
Lanza
7
I, III, VIII, IX, XIV, XIX, XXXIV
Regatón
10
Escudo
6
I, VIII, IX, XVII (2), XXIV (2), XXIX (2), XXXIV
I, VII, VIII, IX, XVII, XIX
Los regatones de las Sepulturas IX y XXIX y XXXIV están
recubiertos por el interior con una lámina de bronce o cobre interpretada como un elemento para facilitar el enmangue al astil de
madera (García Cano y Page del Pozo 2001, 79-80).
Como se ha señalado en líneas anteriores, en cuatro sepulturas
(I, VIII, IX y XXXIV) el regatón está asociado a una moharra y en
otras tres sólo hay un par de regatones (XVII, XXIV y XXIX). Es
sugerente que en las tumbas donde no aparecen lanzas se hayan
documentado dos regatones, aunque no es infrecuente que aparezcan regatones y no lanzas, o más moharras que regatones lo que
se puede interpretar como una deposición de la parte por el todo.
En el interior de los regatones de las Sepulturas I y IX se han
identificado carbón y madera de roble respectivamente (figs. 5.6
y 5.19) (ver Pasto de las llamas).
Figura 4.31. Puntas de lanza. 1: Sepultura I con fragmentos de placa de cinturón adheridos (MPV 47771); 2: Sepultura XIV, adherida a puñal
y placa de cinturón (MPV 34); 3: Sepultura III (MPV 40); 4: Sepultura IX (MPV 31); 5: Sepultura XIX con anilla de escudo adherida (MPV
27); 6: Sepultura VIII y regatón (MPV 39 y 47053); 7: Sepultura XXXIV y regatón (MPV 7 y 6).
107
[page-n-109]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.32. Regatones sin asociar a una punta. 1 y 2: Sepultura
XXIV (MPV 1 y 2); 3 y 4: Sepultura XXIX (MPV 47118).
4.3.9. Caetra o escudo circular
La única arma defensiva que se documenta en Casa del Monte es
el escudo. El escudo ibero por excelencia es la caetra o escudo
circular, realizado con madera forrada de cuero. La sujeción se
hace mediante una manilla de hierro formada por el asidero, un
sistema de suspensión por correa o telamón y el umbo metálico.
El asidero está elaborado con una delgada chapa de hierro en
forma de U cuyos extremos se aplanan en forma de aletas que
portan anillas de suspensión para la correa de cuero o telamón y
remaches circulares (Quesada Sanz, 1997, vol. II, 489). La longitud de la manilla permite acercarse al tamaño del escudo, que
puede oscilar entre los 50-60 cm y los menores de 40 cm, entre
25-30 cm (Quesada Sanz 1997, vol. II, 520-521, 529). Parece
existir una evolución cronológica de los tamaños de las manillas.
En las necrópolis del siglo IV a.C. las manillas son de dimensiones más reducidas, mientras que las de mayor tamaño aparecen
en cronologías más tardías (Quesada Sanz 1997, vol. II, 506).
La revisión de los materiales de la necrópolis, de los diarios
de campo de Ballester Tormo (núms. 67 y 68) y de la documentación fotográfica de la época nos ha permitido documentar los
restos de cinco manillas de hierro en las Sepulturas I, VIII, IX,
XVII y XIX y un umbo de escudo, también de hierro, en la VII
(fig. 4.33).
La manilla de la Sepultura XVII es la más completa y tiene
una longitud conservada de 18,6 cm y un grosor de 0,9 cm.
Se trata de una manilla, sin aletas o con aletas embrionarias
de extremos redondeados y una anilla de suspensión en cada
extremo para el telamón. Quesada Sanz señala que es de “tipo
antiguo” y lo incluye en el grupo I de su clasificación. Sin
embargo, nosotras consideramos que, por su morfología, correspondería al tipo IIA1 de la clasificación de dicho autor, fechado
en las primeras décadas del siglo IV a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. II, 502, fig. 290). Manillas similares se han encontrado en
El Cigarralejo y en El Tesorico (Quesada Sanz 1997, vol. II,
502, fig. 290).
El asidero de escudo de la Sepultura VIII es un pequeño
fragmento de sección en U similar al de la Sepultura XIX publicado por Ballester Tormo (1930, fig. 14), también mencionado
en el diario nº 67 como “trozo de empuñadura sin aletas” (figs.
3.30 y 3.40). En la Sepultura IX se conserva parte de asidero y
dos anillas del telamón; en cambio del escudo de la Sepultura
I sólo se conservan dos anillas.
Los umbos metálicos son poco usuales en el registro arqueológico del mundo ibérico. Es una pieza circular situada en el
centro del escudo que sobresale de la caetra y es precisamente
Figura 4.33. Escudos. 1: Sepultura IX, anverso y reverso (MPV 47106); 2: restos de umbo de la Sepultura VII, anverso y reverso (MPV
47137); 3: anillas de escudo de la Sepultura I (MPV 15 y 16); 4: manilla de la Sepultura XVII, anverso y reverso (MPV 36).
108
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estudio de los materiales
esta concavidad la que permite la introducción de los dedos entre
la manilla y el cuerpo. El modelo comenzó a ser utilizado en el
siglo V a. C. y siguió a lo largo del IV a. C. (Quesada Sanz 1997,
vol. II, 512).
El umbo de la Sepultura VII es un fragmento convexo que
conserva tres de los apéndices unidos a él, de sección laminar y
forma rectangular con extremos curvos, un cuarto separado por
efecto de la fractura de la pieza, una pieza de anclaje de la correa
y una anilla de la abrazadera del escudo (Ballester Torno 1930,
43-44). Corresponde al Grupo II de Quesada Sanz (1997, vol. II,
511-512, fig. 296) o umbo con prolongaciones o apéndices radiales. Aunque son habituales en necrópolis de la Meseta oriental
como El Altillo, Tesoro de Carabias, Gormaz, Alpasenque, Mercadera y Olmeda, entre otros, también aparecen en algunas de
Albacete, como Hoya de Santa Ana y Llano de la Consolación
(Quesada Sanz 1997, vol. II, 512; Valenciano Prieto 2000, 239).
La cronología general del tipo es de mediados del siglo V a. C.
hasta finales del IV a. C.
Figura 4.34. Porcentaje de armas en Casa del Monte.
4.3.10. La panoplia de Casa del Monte
El armamento ibérico no permaneció inmutable a lo largo de
los siglos, habiéndose establecido, a nivel general, tres etapas
(Quesada Sanz 2009, 115-122; 2010a, 49-59). Hacia el siglo
V a. C. se reconoce una panoplia aristocrática compuesta por
equipamiento defensivo (casco, escudo, grebas y disco coraza)
y ofensivo (falcata, espada de frontón, cuchillo, soliferreum y
armas de astil). En la centuria siguiente, dentro del armamento
ofensivo la falcata se convierte casi en el único tipo de espada,
acompañada de lanza, soliferreum y cuchillo, mientras que el
escudo circular y el casco son las armas defensivas. Entre finales del siglo III y el I a. C., se constata una panoplia con los
mismos elementos que en el periodo anterior a los que se suman
los escudos ovales, cascos metálicos y espadas de hoja recta.
Estas panoplias tipo sufren matizaciones según las necrópolis
y regiones.
A nivel funcional, las armas se clasifican en ofensivas y
defensivas. A su vez, las primeras se dividen en dos grupos:
las armas de lucha cuerpo a cuerpo -la falcata, el puñal, el
cuchillo y la espada- y las arrojadizas -el soliferreum y arma
de astil. Las defensivas son el escudo, el casco, las grebas y
los discos-coraza.
En Casa del Monte se ha recuperado un importante conjunto
compuesto por 45 armas, en 16 (42%) de las 38 sepulturas excavadas. Para la elaboración de la panoplia se han eliminado del
cómputo total citado en el apartado Armas, los cuchillos no asociados a espada, falcata o puñal (Sepulturas X, XXIII y XXXIV),
además de dos de la Sepultura XIV.
Los tipos de tumbas con armas son siete en hoyo y nueve
empedrados tumulares. En ellas hay un predominio absoluto del
armamento ofensivo (87%), frente al defensivo (13%) y aun así,
del último se registran seis escudos, arma poco frecuente en el
registro arqueológico (fig. 4.34 y tabla 4.5).
No se han constatado cascos, grebas, discos coraza ni piezas relacionadas con la monta del caballo, tales como bocados,
espuelas o atalajes. No obstante, la escasez de bocados de caballo en las necrópolis y poblados del mundo ibérico es un hecho
constatado (Quesada Sanz 1998, 174-175), a diferencia de las
espuelas y atalajes más recurrentes en el registro.
Dentro del armamento ofensivo se engloban, como ya se ha
señalado, las armas de lucha cuerpo a cuerpo -falcatas, espadas,
puñales y cuchillos- y las arrojadizas -soliferrea y lanzas- (tabla
4.5).
Las primeras constituyen, con 19 ejemplares,13 el 41% de las
armas documentadas. Estas armas de lucha cuerpo a cuerpo están
en siete de las sepulturas. A diferencia de lo que sucede en otras
necrópolis ibéricas, en Casa del Monte las espadas de frontón y
de antenas (4 y 1) y los puñales (3) son más frecuentes que las
falcatas (2). Falcatas, espadas y puñales no se han encontrado
juntos en ninguna tumba (tabla 4.6).
La mayoría de las armas principales, falcatas y espadas, están,
sobre todo, en tumbas de Adultos (4) -uno de ellos posiblemente
femenino- y un solo Preadulto.14 En cambio, dos de los tres puñales están en enterramientos de Infantil II-Preadulto y Preadulto,
cuyo menor tamaño podría ser más apropiado para estos individuos jóvenes.
En el conjunto de la panoplia, hay seis cuchillos en sendas
tumbas asociados a falcata (Sepultura XXIX), espadas (Sepulturas VII y XVII) y puñales (Sepulturas I, II y XIV). Como se
ha comentado en líneas anteriores, en estos casos el cuchillo se
considera parte de la panoplia por su vinculación a las armas de
combate cuerpo a cuerpo indicadas (fig. 4.29).
Por otro lado, las armas arrojadizas -soliferrea, lanzas y regatones no asociados a su correspondiente moharra-, son 21 piezas
(46%), lo que supone una proporción de armas de combate y
arrojadizas equilibrada.
13 Se han contabilizado las dos vainas depositadas pars pro toto.
14 En el estudio antropológico se detectó la presencia de dos individuos, uno
adulto y otro preadulto, en la Sepultura VII. Teniendo en cuenta que la Sepultura VII está construida sobre la XXXVIII (ant. VII bis) y que no existe otro
enterramiento doble en la necrópolis, vamos a considerar que la Sepultura VII
corresponde a un Adulto por el depósito de una espada con su vaina y restos
de un escudo. Armamento que, como veremos, se asocia mayoritariamente
a individuos adultos. Y, el Preadulto a la XXXVIII.
109
[page-n-111]
la necrópolis ibérica de casa del monte
El soliferreum es el tipo más numeroso con ocho ejemplares en ocho tumbas, de las que siete son empedrados tumulares
y una en hoyo. Es la única arma depositada en la Sepultura
XXX; en la Sepultura XVIII se acompaña de una vaina y en el
resto siempre va con un arma de combate cuerpo a cuerpo. La
mitad de las sepulturas tienen identificados los restos óseos,
que corresponden a un Adulto (VII), a un Preadulto (I), y a
un Infantil II-Preadulto (II y XVIII). Es interesante señalar
que tres individuos no adultos tengan esta arma pesada en su
ajuar teniendo en cuenta, además, la longitud que podía llegar
a alcanzar, circunstancia que también se ha constatado en tres
enterramientos individuales de personas de entre 8 y 14 años
(Antón Espí 2024, fig. 2).
Las lanzas, con siete piezas, son habituales en las necrópolis
ibéricas. Las mayores servían, sobre todo, como arma arrojadiza
a distancia y, las medianas y pequeñas, para la lucha cuerpo a
cuerpo que son las más frecuentes en Casa del Monte. La lanza
aparece asociada a su regatón en cuatro sepulturas (I, VIII, IX
y XXXIV) con un ejemplar por tumba; en las Sepulturas III,
XIV y XIX se enterró sin regatón (fig. 4.31). Este tipo de armas
arrojadiza está asociado a Adultos mayoritariamente (4), de
Tabla 4.5. Armas ofensivas y defensivas en Casa del Monte.
Ofensivas (39)
Lucha cuerpo
a cuerpo (18)
Defensivas (6)
Arrojadizas (21)
Falcatas
2
Soliferrea
8
Espadas
5
Lanzas (con y
sin regatón)
7
Puñales
3
Regatones
(sueltos)
6
Cuchillos**
6
Vainas*
2
Escudos
6
* Sin asociar a su arma.
** Solo los asociados a armas cuerpo a cuerpo.
Tabla 4.6. Asociaciones de armas en las sepulturas de Casa del Monte. El asterisco indica rango de edad a partir de la asociación de armas.
Sepultura
Tipo
Individuo Espada Falcata Puñal Vaina Cuchillo Soliferreum Lanza Regatón
III
Hoyo Ad. joven, fem.
XX
Hoyo
XXX
XXXIII
XXXIV
Hoyo
Mancha
ceniza
Hoyo
XVIII
ET grande
XXIV
ET grande
II
ET grande
Escudo
1
Ad. >30, fem.?
1
1
1
1
1
1
1
1
Adulto
1
Infantil
II-pread.
Total
1
1
1
1
2
2
2
Hoyo
Infantil
II-pread.
Adulto masc.
1
1
1
1
1
3
ET mediana
Adulto fem.?
1
1
1
1
1
3
Hoyo
Preadulto
1
1
3
VII
ET mediana
Adulto
1
1
4
XIV
ET mediana
Infantil
II-Pread.*
I
XXIX
ET grande
ET grande
Preadulto
Adulto*
XVII
ET grande
Adulto*
VIII
IX
XIX
110
1
1
1
3
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
4
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
5
5
1
1
1
2
1
6
[page-n-112]
estudio de los materiales
los que dos son femeninos (uno posible), uno masculino y uno
alofiso, frente a dos Preadultos. Los tipos de tumba no parecen
ser un condicionante preferente para estas armas: cuatro son en
hoyo (III, VIII, XIX y XXXIV) y tres son estructuras tumulares (I, IX y XIV).
Los regatones se han contabilizado como armamento cuando
no están vinculados a una moharra, pues entre sus usos, se consideran como segunda punta si se rompe el astil de madera y,
con el fragmento que queda poder invertir el arma y rematar a
los enemigos caídos (Quesada Sanz 1989, 307-308; 1997, vol.
I, 429-431). No obstante, tampoco debe desestimarse la posibilidad de un depósito parcial. Y es que no todas las armas de
astil se asocian a regatones, ni todos los regatones se asocian
a armas de astil. En esta necrópolis los regatones no asociados
a una moharra son seis y se registran por pares en tres enterramientos (XVII, XXIV y XXIX), siendo en uno de ellos (XXIV)
la única arma, mientras que la pauta de deposición de las lanzas
(con o sin regatón) es de un ejemplar. Los tres enterramientos
indicados son empedrados tumulares en los que no se cita la
existencia de restos óseos.
Las armas defensivas están infrarrepresentadas en número
y tipos pues la única documentada es el escudo circular o
caetra con seis piezas. Los rasgos formales de las manillas
de escudo, elaboradas con una fina chapa de hierro de perfil
irregular hacen de ellas un elemento muy frágil, y de difícil conservación, por lo que en ocasiones lo único que se ha
conservado son unos centímetros de asidero, las anillas del
telamón o algunos de los apéndices radiales, que aparecen
fragmentados, del umbo.
Los escudos están vinculados a tres Adultos (Sepulturas VII,
VIII, IX), uno de los cuales es un posible femenino (Sepultura
IX), y a dos Preadultos (Sepulturas I y XIX). El tipo de tumba
donde se depositaron es ante todo el empedrado tumular (Sepulturas I, VII, IX y XVII) y todas contienen la panoplia básica de
esta necrópolis.
Las asociaciones de armas nos permiten realizar una propuesta de panoplia de Casa del Monte, teniendo en cuenta,
además, los restos óseos y el tipo de sepulturas en las que se
incluyen. En función de todo ello, hemos establecido varios conjuntos (tabla 4.6):
- En cinco tumbas se ha depositado una sola arma (31,25%).
Los tipos documentados son la falcata, la lanza y el soliferreum,
es decir, siempre se trata de armas ofensivas, en una ocasión
para la lucha cuerpo a cuerpo, en tres son armas arrojadizas y en
una sólo se depositó una vaina. De las cinco, cuatro son tumbas
en hoyo; en tres de ellas se enterraron Adultos, un alofiso, uno
femenino y otro posible.
- Con dos armas hay dos empedrados tumulares (12,5%)
(Sepulturas XVIII y XXIV). En la XVIII se enterró un Infantil II-Preadulto con una vaina y un soliferreum. La vaina hace
referencia a la pars pro toto, y podría simbolizar un puñal, pues
dos de los tres puñales se vinculan con este rango de edad. También interesa destacar la presencia de un soliferreum asociado a
un Infantil II-Preadulto. En la Sepultura XXIV sólo hay un par
de regatones.
- La asociación de armas más frecuente (25%) es una panoplia compuesta por tres armas (fig. 4.35, derecha): espada,
lanza o soliferreum y escudo, es decir, un arma de lucha cuerpo
a cuerpo, una arrojadiza y una defensiva en tres de los cuatro
casos (Sepulturas VIII, IX y XIX). En la Sepultura II, donde se
enterró un Infantil II-Preadulto, la espada ha sido sustituida por
un puñal y el escudo por un cuchillo; en el resto se trata de un
Adulto masculino (VIII), un Adulto posible femenino (IX) y un
Preadulto (XIX). Los tipos de tumba son empedrados tumulares
y hoyos a partes iguales.
- Dos sepulturas (VII y XIV) tienen cuatro armas (12,5%):
como arma principal para el combate cuerpo a cuerpo espada
o puñal con su vaina, un cuchillo, un soliferreum y una lanza
con su regatón o escudo. Ambos son empedrados tumulares
medianos con un Adulto enterrado en la Sepultura VII. En la
XIV no se cita la presencia de restos óseos, pero la asociación puñal-soliferreum se da en dos ocasiones con un Infantil
II-Preadulto (II) y un Preadulto (I). Ello nos hace proponer
que la Sepultura XIV perteneciera a un individuo de estos
rangos de edad.
- Con cinco armas también hay dos sepulturas (I y XXIX)
(12,5%). Ambas son empedrados grandes. En la I se enterró
un Preadulto con puñal y vaina, cuchillo, soliferreum, lanza
con regatón y escudo. En la XXIX no hay restos, pero abogamos por que sea un Adulto ya que tiene una falcata con
vaina, además de cuchillo, soliferreum y dos regatones (fig.
4.35, arriba, izq.).
- Una sola sepultura tiene seis armas (6,25%) (XVII) que,
como las anteriores, es un empedrado grande. En este caso, también debe tratarse de un Adulto, pues se enterró con espada y
vaina, cuchillo, soliferreum, dos regatones y un escudo (fig. 4.35,
abajo izq.).
Las agrupaciones realizadas corresponderían a la denominada
«panoplia generalizada» datada desde principios del siglo IV a.
C. hasta el último tercio del siglo III a. C., aunque con elementos
propios de la «panoplia aristocrática» del siglo V a. C. (Quesada
Sanz 2009, 115-122; 2010, 49-59), como las espadas de frontón
y de antenas de las Sepulturas VII, VIII, IX, XVII y XIX y el
umbo con apéndices radiales de la VII.
La panoplia básica de tres armas se puede ver representada en las cerámicas de Edeta/Tossal de Sant Miquel (Llíria)
y Puntal dels Llops (Olocau) que sirven inspiración para las
recreaciones que se llevan a cabo en yacimientos ibéricos (fig.
4.36).
¿Es la presencia del escudo lo que define como completa a
una panoplia? Sin duda. El escudo solo está presente en panoplias
con tres o más armas en las que existe como armamento ofensivo
una espada -y no una falcata-, y una o dos armas arrojadizas,
una lanza o un soliferreum, o ambas. En las sepulturas con tres
armas, la lanza se asocia a escudo en tres ocasiones, mientras
que el soliferreum en una. En una de las dos tumbas con cinco
armas (Sepultura I) son dos las armas arrojadizas asociadas a un
escudo. Los escudos se vinculan a Adultos (3) de los que uno es
masculino y otro un posible femenino (VII, VIII y IX) y a Preadultos (2) (I y XIX).
Gracias a algunas asociaciones podemos deducir el rango
de edad del individuo enterrado en aquellas tumbas en las que
no hay datos. Así, en la Sepultura XIV con un puñal, un soliferreum y una placa de cinturón proponemos que se enterró un
menor (Infantil II-Preadulto o Preadulto); en la XVII (espada,
cuchillo, soliferreum, dos regatones y escudo) y XXIX (falcata,
cuchillo, soliferreum y dos regatones) debió haber un Adulto
respectivamente.
111
[page-n-113]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.35. Arriba izquierda: panoplia de cinco armas de la Sepultura XXIX. 1 y 2: falcata con vaina y cuchillo adheridos; 3: soliferreum; 4 y 5: dos regatones. Arriba derecha: panoplia de tres armas de la Sepultura II. 6: cuchillo; 7: vaina; 8: puñal; 9: soliferreum. Abajo
izquierda: panoplia de seis armas de la Sepultura XVII. 10: escudo; 11: cuchillo; 12: soliferreum; 13 y 14: regatones; 15: vaina; 16: espada
de antenas con restos de vaina adheridos. Abajo derecha: panoplia de tres armas de la Sepultura IX. 17: espada de frontón; 18: vaina; 19:
escudo; 20 y 21: punta de lanza y su regatón.
112
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estudio de los materiales
Figura 4.36. A: detalle de la tinajilla del departamento 41 de Edeta/
Tossal de Sant Miquel (Llíria) (Bonet Rosado 1995, fig. 82). B: detalle del jarro del departamento 2 del Puntal dels Llops (Olocau). C:
guerrero en las XIX Jornadas de Puertas Abiertas de Kelin (2023)
(Caudete de las Fuentes) (P. Aparisi Galán).
4.4. OTROS MATERIALES
En este apartado se recogen piezas minoritarias, a veces de difícil
identificación, que formaron parte de los ajuares, de las habitaciones o constan sin contexto.
En la iconografía griega se pueden ver piezas semejantes en
algunas placas votivas de Penteskouphia (Corinto) de figuras
negras datadas en el segundo cuarto del siglo VI a. C. En tres de
ellas, se trata de alfareros reavivando el fuego (fig. 4.39).
En la actualidad, las hemos documentado en un taller de forja
artesana y se pueden adquirir en red como herramienta para la
chimenea (fig. 4.40). Ambos ejemplares tienen el vástago torsionado y las medidas son similares a las piezas de Casa del Monte,
es decir entre 45 y 75 cm.
También sin referencia hay un par de asadores (fig. 4.37),
cuyo extremo proximal se curva sobre sí mismo dejando un ojo
del que cuelga una anilla, mientras que el distal es apuntado.
A diferencia de los atizadores, el vástago no está torsionado
lo que facilitaría la colocación de la carne. Este objeto fue tratado por primera vez por Almagro Gorbea (1974) recogiendo
asadores hechos de bronce y estableciendo una primera tipología que, con los ejemplares publicados posteriormente, ha
quedado obsoleta. Armada Pita publicó en 2005 un estado de
la cuestión sobre estas piezas, agrupándolas en varios tipos
y zonas. En su esbozo de tipología, estos asadores entrarían
en su apartado d, es decir, varillas simples de bronce o hierro
de amplia dispersión geográfica y cronológica (Armada Pita
2005, 1252).
Atizadores y asadores son objetos indudablemente asociados al fuego y en el caso de los asadores al consumo de carne.
Desafortunadamente en Casa del Monte no se identificaron restos de fauna y ambas piezas carecen de contexto. No obstante,
pudieron utilizarse en los rituales funerarios: el atizador para
4.4.1. Objetos metálicos
No se van a tratar una gran cantidad de fragmentos indeterminados de hierro y bronce pues con toda seguridad formaron parte
de otras piezas de los ajuares (Sepulturas IX, XIV, XVII, XVIII
y XXIX).
4.4.1.1. Hierro
Las piezas más interesantes carecen de referencia. Son dos atizadores o rascadores y dos posibles asadores (fig. 4.37).
Los atizadores son dos largos vástagos torsionados parcialmente, con el extremo proximal doblado sobre sí mismo dejando
un ojo del que cuelga una anilla cerrada; el extremo distal se dobla
en codo formando una pequeña pala ovoide.
En contextos ibéricos sólo los hemos identificado en Covalta
(1 ó 2) (Raga Rubio 1994, vol. 2, 240, fig. 42) y otros dos en La
Bastida de les Alcusses (fig. 4.38).15 Un atizador sin el vástago
torsionado se encontró en el depósito votivo de Libisosa (Lezuza),
datado en el siglo I a. C. (Uroz Rodríguez 2022, figs. 166 f y 167
f). Una forma similar, clasificada como atizador, se encontró en
la Sepultura II del túmulo C de La Osera (Chamartín de la Sierra), conocida como “tumba del sacerdote” (Baquedano Beltrán
y Martín Escorza 1996, fig. 8, 192). A diferencia de los ejemplos
anteriores, su extremo distal acabado en pala no está doblado en
codo y el vástago no está torneado.
15 Agradecemos la información a Jaime Vives-Ferrándiz Sánchez.
Figura 4.37. Atizadores y asadores sin referencia. 1 y 2: posibles
asadores (MPV 74 y 76); 3 y 4: atizadores (MPV 75 y 77).
113
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.38. Atizadores: 1: La Bastida de les Alcusses (Moixent)
del Dep. 183 (Dibujo G. Tortajada Comeche); 2: Covalta (Albaida)
(Dibujo M. Raga Rubio).
Figura 4.40. A: atizador, actualmente en uso, en el taller de forja
artesano de Mar Blasco en la huerta de Alboraia (2022-12) (València); B: atizadores que se pueden adquirir en red (long. 50 cm)
https://www.etsy.com/ie/listing/1567720865/blacksmith-made-fire-poker-and-rake-set?dd_referrer=https%3A%2F%2Flens.google.
com%2F (consulta 2023-10-3).
114
Figura 4.39. Placas votivas de figuras negras de Penteskouphia
(Corinto, Grecia) datadas en 575-550 a. C. A: alfarero delante del
horno con herramientas en forma de T y gancho (Antikensammlung
Berlin/Altes Museum 250); B: alfarero delante del horno, Cara B
(Museo del Louvre MNB 2858); C: hombre subiendo a un horno
asiendo una herramienta en forma de gancho (Antikensammlung
Berlin/ Altes Museum 251).
[page-n-116]
estudio de los materiales
Figura 4.41. Materiales varios sin referencia. 1 y 2: lámina y pletina de hierro (MPV 51470); 3: puente de fíbula de bronce (MPV 47163);
4: hierro (MPV 47470); 5, 7-10, 12 y 13: varillas de hierro (MPV 47075 y 51470); 6: clavo de hierro (MPV 51469); 11: incisivo de Sus
sp sin referencia (MPV 47103).
remover y avivar el fuego de la pira, así como para recuperar los
restos de la cremación; el asador para consumo de carne antes,
durante o después de la cremación; aunque también pudieron
servir para avivar el fuego.
En la Sepultura XXXVII se encontró una varilla biapuntada
de sección cuadrada, ligeramente doblada, que debió ser un instrumento para ser enmangado que no hemos identificado (fig.
4.42, 1).
Una pletina es una pieza compuesta de dos láminas iguales
situadas en paralelo que mediante una serie de remaches sirve
para reforzar o sujetar un elemento de madera; la separación
entre láminas indica el grosor de la misma. En consecuencia,
se trata de piezas que pertenecen a objetos compuestos que,
generalmente, no se han conservado. En Casa del Monte, son
de hierro y se han identificado tres completas y una incompleta
en dos tumbas (XXIV y XXIX) y una sin referencia (figs. 4.41,
2 y 4.42, 3-5). Todas las láminas tienen una anchura entre 1,5 y
2 cm; la longitud de las completas está alrededor de los 5 cm.
El par de pletinas de la Sepultura XXIV tiene una separación
de unos 2 cm; mientras que la de la Sepultura XXIX es más
estrecha, con una separación de 0,5 cm, tres remaches y está
cerrada por uno de los extremos.
Otros elementos elaborados en hierro son un remache y
un posible clavo de la Sepultura X, 20 varillas, 18 de ellas
sin referencia y dos de las Sepulturas XIV y XVII (figs. 3.32,
10, 4.41 y 3.38, 5). Las secciones son cuadradas o circulares, algunas están apuntadas y dos dobladas en ángulo recto;
sólo estas últimas podrían identificarse con alcayatas (fig.
4.41, 7 y 8).
Las láminas de hierro son menos habituales siendo la
mayoría parte de otras piezas que no siempre se pueden identificar. Hay nueve piezas y sólo una carece de contexto; las
demás se encontraron en las Sepulturas V, VII, VIII, XVII,
XVIII, XXIV y XXIX (Anexo I). Las láminas de las Sepulturas VII, VIII, XVII (fig. 3.38, 3) y XVIII (fig. 3.38, 4 y 5) de
formas variadas debieron formar parte de las armas incompletas recuperadas en los respectivos ajuares; en cambio en
las Sepulturas V, XXIV y XXIX, las láminas u hojas no se
115
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la necrópolis ibérica de casa del monte
láminas: una lámina apuntada de la Sepultura XXXVII (fig. 3.52,
4); fragmentos de formas variadas de la Sepultura XXIII (fig.
3.43, 2); otras retorcidas por la acción del fuego de la Sepultura
XXIX (fig. 3.48, 10) y una de forma rectangular enrollada de las
“mansiones” (fig. 3.63, 4). De este mismo espacio procede una
plancha retorcida por los efectos del fuego en la que se aprecia
algún orificio (fig. 3.63, 6).
4.4.2. Terracota
Figura 4.42. Materiales varios. 1: útil biapuntado de la Sepultura
XXXVII (MPV 47772); 2: botón o remache de bronce, sin referencia (MPV 41); 3 y 4: pletinas de la Sepultura XXIV (MPV 3,
4 y 5); 5: pletina de la Sepultura XXIX (MPV 47119); 6: gancho
de bronce, sin referencia (MPV 43); 7: anilla de bronce, sin referencia (MPV 42).
pueden asociar a otros objetos del ajuar (fig. 3.27, 5). La pieza
sin referencia tiene una perforación central y pudo ser parte
de una pletina (fig. 4.41, 1).
4.4.1.2. Bronce
En bronce también se han recuperado piezas completas o
incompletas, tanto formando parte de los ajuares como sin
referencia.
Entre las primeras, un botón de correaje, cuya cabeza debió
llevar pasta vítrea o materia orgánica incrustada que no se ha
conservado (fig. 4.42, 2); un gancho con el extremo proximal
incompleto (fig. 4.42, 6); tres anillas, una de ellas muy fragmentada podría pertenecer a una fíbula (fig. 3.32, 14); una anilla
abierta de la Sepultura XV que no se puede relacionar con otro
elemento del ajuar (fig. 3.35, 7) y otra cerrada, sin referencia que
conserva algo de hierro (fig. 4.42, 7); y un posible lingote de la
Sepultura X (fig. 3.32, 17) con dos pequeños huecos en una de sus
caras y un peso de 17,28 g. Entre los objetos incompletos están las
116
En la Sepultura XIV se encontró la pata de un bovino de terracota. Originalmente debió estar adherida a una figura completa
o recipiente. La pata, modelada a mano, está erecta y la pezuña
presenta la característica hendidura de los bóvidos; en la base de
la pezuña y en la parte superior de la pata tiene sendos orificios
de pequeño tamaño (fig. 4.43, 1). No presenta signos de cremación. Desafortunadamente Ballester Tormo no aporta información
alguna sobre el ajuar de esta tumba ni sobre restos óseos, aunque
por las armas asociadas hemos propuesto que pudo tratarse de
un Infantil II-Preadulto o Preadulto (ver apartado La Panoplia
de Casa del Monte) (tabla 4.6).
En la tumba 294 de la Hoya de Santa Ana hay cuatro ejemplares similares, también sin evidencias de quemado, aunque en la
imagen publicada no se aprecia bien la pezuña ni la superficie de
adhesión al recipiente o figura (Blánquez Pérez 1990, 333, fig. 99,
3662-3665). Esta tumba pertenece a la última fase de utilización
de la necrópolis en el siglo II a. C. o inicios del I por la decoración vegetal del recipiente cerámico similar a la conocida como
crátera del Tolmo de Minateda (Hellín). En esta misma necrópolis hay dos toros enteros en sendas tumbas datadas entre los
siglos VI-IV a. C. (Martínez Picazo 2016, 147-148, 174 y 181).
Estas terracotas no son abundantes ni en poblados (5) ni en
necrópolis (4), de las que casi siempre se conserva (o se publica)
la cabeza.16 Por proximidad a Casa del Monte, citaremos también
los pequeños fragmentos de bovinos recuperados en el santuario de La Carraposa (Rotglà i Corbera-Llanera de Ranes), entre
los que también hay patas con la hendidura característica (Pérez
Ballester et al. 2004).
4.4.3. Piedra
En la Sepultura XIV se encontró un fragmento casi cilíndrico de
piedra caliza, trabajada, sin signos de haber estado quemada, que
pudo formar parte de alguna figura (fig. 4.43, 3). Como ya se ha
señalado, apenas hay datos sobre este enterramiento.
Al espacio A del posible hábitat pertenece un núcleo de sílex
unipolar del que se extrajeron láminas o laminitas; el sílex es de
grano fino y color rojizo (fig. 4.43, 2).17 No existen en todo el
material revisado más piezas de sílex que permitan suponer la
existencia de un yacimiento prehistórico en Casa del Monte, por
lo que probablemente es una “curiosidad” transportada hasta este
lugar desde otro punto.
16 Ver www.florayfaunaiberica.org:
Fauna>toro/vaca/buey>exvotos>terracota
17 Agradecemos la información a Lluís Molina Balaguer, Laboratorio de
Arqueología Mila Gil-Mascarell Boscà de la Universitat de València.
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estudio de los materiales
Figura 4.43. 1: varias vistas de una pata de bovino, de terracota de la Sepultura XIV (MPV 47143); 2: núcleo de sílex de la Mansión A
(MPV 47114); 3: fragmento de piedra trabajada de la Sepultura XIV (MPV 47143).
Figura 4.44. Fragmentos de objetos apuntados de hueso, probablemente de alfileres, sin referencia (MPV 47103) (fotografías M. Blasco
Martín).
4.4.5. Pasta vítrea
4.5. LAS ARTESANÍAS ÓSEAS
Tan sólo hay dos fragmentos totalmente fundidos de la Sepultura
X. Son traslúcidos de tono blanquecino (fig. 3.32, 18). En esta
estructura tumular se enterró un Adulto con un ajuar variado y
abundante, pero sin armamento.
En Casa del Monte contamos con 21 artefactos manufacturados en materias óseas para cuya clasificación se ha utilizado la
tipología publicada recientemente (Blasco Martín 2022). Estos
Marta Blasco Martín
117
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la necrópolis ibérica de casa del monte
se corresponden con diez alfileres (III.1.2), una placa decorativa
rectangular (III.9.1.1), un par de cachas (III.4.2) de una falcata18
y un lote de ocho astrágalos (VI.1). Se presentan a continuación
sus principales características y se ponen en relación con hallazgos similares de contextos ibéricos y mediterráneos. Asimismo,
incorporamos el estudio de cinco cuentas cilíndricas de compleja
identificación en cuanto a su materia prima.
4.5.1. Alfileres
Se ha identificado un conjunto de 15 fragmentos pertenecientes
a un mínimo de diez alfileres de hueso (fig. 4.44). Se desconoce
su lugar de hallazgo. Ninguno de ellos presenta decoración, ni
moldurada ni incisa, si bien tampoco contamos con ejemplares
completos. Seis de los fragmentos tienen una tonalidad marrón
oscura/negra producida por el contacto con el fuego, por lo que
pudieron proceder de alguna tumba.
Los alfileres son útiles alargados cuyo grosor desciende desde
la cabeza a la punta y que se definen también por tener el extremo
distal, de sección circular, apuntado. La sección del fuste o cuerpo
puede ser circular, ovalada, cuadrada o rectangular. El extremo
proximal presenta distintos remates y decoraciones que, en el
caso del conjunto analizado, no se han conservado. Son piezas
vinculadas mayoritariamente con el ornamento y sujeción del
cabello (Blasco Martín 2022, 18). Los fragmentos estudiados
tienen secciones variadas con grosores entre 0,33 y 0,5 cm.
Este tipo de piezas está presente de forma habitual en las
necrópolis ibéricas del sureste peninsular como El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz 1987) o Coimbra del Barranco Ancho (García
Cano et al. 2008). Asimismo, en los poblados, su presencia mayoritaria se da en La Bastida de les Alcusses, Covalta y La Serreta
(Alcoi-Cocentaina-Penàguila) en cronologías que abarcan fundamentalmente del siglo IV a inicios del siglo II a. C. (Blasco
Martín 2022, 231 y fig. 6.11). Si atendemos, además, a otras
regiones mediterráneas, como Etruria o el mundo romano, parece
que fueron empleados de forma preferente por mujeres (Rallo
1989; Rascón Marqués et al. 1995, 296).
4.5.2. Placa ornamental
Por otra parte, los dos fragmentos de mayor tamaño tienen
manchas de bronce provocadas por procesos postdeposicionales,
en concreto, por el contacto con unas pinzas de dicho metal que formaban parte del ajuar y que, a su vez, presentan también adheridos
restos de material óseo proveniente de esta placa. Ambos objetos
fueron alterados en el proceso de cremación. De hecho, los fragmentos de la placa presentan una tonalidad totalmente blanquecina
que indicaría su exposición a temperaturas superiores a 650–700ºC
(Nicholson 1993, 414; Etxebarria Gabilondo 1994, tabla 2).
Este tipo de piezas actuaría como ornamentación de cajas
o de pequeños muebles de madera. En su cara dorsal se distinguen, al menos en los dos fragmentos mayores, finas líneas
incisas diagonales y paralelas entre sí que servirían para fijar
mejor la placa a la superficie que cubriese, mediante el aplique
de alguna sustancia adhesiva no conservada. Resulta llamativo
que no existan otras placas o apliques dentro del ajuar, ya que
es habitual que varios de estos ítems sean hallados de forma
conjunta como parte de la pieza que adornarían. Bien es cierto
que los fragmentos conservados se encuentran calcinados, por
lo que no se puede descartar que otros apliques fueran destruidos por la acción del fuego.
Esta placa fue hallada en el ajuar junto a otros objetos como
las pinzas ya mencionadas, una placa de cinturón y una fíbula.
Asimismo, sobre los restos de la cremación fue colocada una
panoplia. El análisis antropológico ha determinado que se trataba
de un individuo preadulto.
En la actual provincia de Albacete contamos con otras necrópolis, cercanas a Casa del Monte, donde se han recuperado diversas
placas óseas. Así, paralelos idénticos los documentamos en Los
Villares. En el silicernium denominado inicialmente como “sepultura 25”, formando parte del abundante y rico ajuar relacionado
con esta ceremonia funeraria, se identificaron más de 90 fragmentos de placas óseas y, al menos, 27 fragmentos de “punzones” de
hueso que, a pesar de su denominación, por su descripción y dibujo
podemos considerar alfileres. En el caso de las placas algunas no
presentan decoración, otras cuentan con motivos incisos de líneas
paralelas horizontales en los lados de mayor tamaño, idénticas al
ejemplar de Casa del Monte (aunque no se hace referencia alguna a
que presenten restos de pigmentación), motivos geométricos como
Como parte del ajuar de la Sepultura I se recuperaron siete fragmentos de una placa rectangular de hueso ornamentada con dos
líneas horizontales paralelas incisas (fig. 4.45). La anchura es de
1,2 cm y el grosor de 0,15 cm; la longitud no puede precisarse
al estar incompleta. En las líneas incisas se aprecian evidencias
de una coloración marrón/rojiza que ha sido analizada mediante
Fluorescencia de Rayos X (XRF por sus siglas en inglés). Los
resultados obtenidos permiten sugerir que las incisiones de la
placa estarían destacadas con pigmento de óxido de hierro (ver
Análisis PXRF de algunas piezas de Casa del Monte). Resulta
interesante señalar que Ballester Tormo en el momento del
hallazgo escribió lo siguiente: “huesos ornados con líneas que
debieron llevar embutidos hilos de hierro”.
18 Su revisión se enmarca en el proyecto “Asir y decorar: empuñaduras de espadas en época ibérica” (CIGE/2023/76). Subvención GE 2024 de
la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo. Generalitat
Valenciana.
118
Figura 4.45. Placa de hueso ornamental de la Sepultura I (MPV
47779) (fotografía M. Blasco Martín).
[page-n-120]
estudio de los materiales
grecas o zigzags y un fragmento en el que se aprecian los cuartos
traseros de dos animales recostados, interpretados como posibles
esfinges o felinos (Blánquez Pérez 1990, 246-247 y figs. 63-66;
Roldán Gómez 1995-1996, 19; Blasco Martín et al. 2024a). Dicho
fragmento, al igual que varias placas ebúrneas con decoración de
seres fantásticos y ánades recuperadas en el silicernium nº 20, se
han vinculado con el mundo artesanal etrusco (Roldán Gómez
1995-1996). Todos los materiales descritos de Los Villares remiten
a cronologías en torno al siglo V a. C.
Por otra parte, en la Hoya de Santa Ana, dentro de las 324
tumbas excavadas entre 1941-1946 por el equipo de J. Sánchez Jiménez (de las que no se publicaron todas las sepulturas
y materiales) (Blánquez Pérez 1990, 246), en la tumba 95,
se recuperaron diversos fragmentos de placas rectangulares
de sección plano convexa (seis completas y fragmentos de
otras tres), decoradas con motivos fitomorfos esquematizados,
meandros y esvásticas. Dicha sepultura se data en el último
cuarto del siglo V a. C. (Blánquez Pérez 1986-1987 y 1990,
324 y fig. 94).19
En el sur peninsular hallamos otros ejemplares que es necesario
poner en relación con la placa de Casa del Monte. Concretamente,
en la necrópolis de La Carada (Espeluy), integrada en el Fondo
Arqueológico Ricardo Marsal Monzón y del que se carece de
información contextual clara, se hallaron diversas placas de hueso
completas y fragmentadas que, junto con cuatro garras talladas
en hueso actuarían como pies o patas y formarían parte de una
pequeña caja/tocador. A pesar de que han sido publicadas como
de marfil (Rísquez Cuenca y Molinos Molinos 2014) cabe considerar que, por las marcas distinguibles del tejido óseo, estarían
elaboradas sobre hueso de mamíferos de talla media/grande. Aunque el foco de atención se suele centrar en las placas con motivos
zoomorfos (que conservan, además, restos cromáticos dorados
que remarcarían los bordes), dicho recipiente está integrado por
un número mayor de placas de hueso con motivos ornamentales,
algunas de ellas con las medidas, forma y decoración prácticamente
idénticas a las de Casa del Monte. En otros fragmentos, se distinguen círculos dobles incisos con punto central (Rísquez Cuenca
y Molinos Molinos 2014, fig. 1). Cabe pensar en un “alma” de
madera de dicha caja que estaría cubierta con estos elementos de
hueso. Esta caja, o al menos parte de ella, como son las placas con
motivos zoomorfos de liebres y bovinos de cuerpo alargado y las
patas en forma de garra, por su estilismo remiten de nuevo a paralelos etruscos (Huls 1957, pls. XXXVIII, XLIII, XLIV, XLV). No
obstante, cabría considerar que las placas con decoración geométrica pudieran ser un añadido o reparación, realizadas siguiendo
el gusto indígena.
El estudio de las placas ornamentales aporta información
clave sobre los bienes de prestigio y los contactos e influencias
intra y extrapeninsulares. Son, por ende, objetos que permiten
plasmar realidades e ideas interrelacionadas con otras culturas
mediterráneas y orientales en el trabajo del hueso y del marfil y
que, de forma clara, se concentran de forma preferente en ámbitos
funerarios (Blasco Martín 2022, 239), embelleciendo las ofrendas al más allá.
19 En el Museo de Albacete hay almacenados fragmentos de placas de hueso
muy similares en forma y motivos a estas de la sepultura 137 de la misma
necrópolis.
4.5.3. Cachas
En la Sepultura XX, cuyos restos antropológicos indican que
podría tratarse de una mujer mayor de 30 años (ver Estudio antropológico), se halló una falcata de 54,8 cm de longitud. Su empuñadura es del tipo cabeza de ave (Quesada Sanz 1997, 100),
conservando en ambos lados de la empuñadura restos fragmentados y muy alterados de las cachas elaboradas en materias duras
animales (fig. 4.46). Desafortunadamente, su estado de conservación y posterior restauración hacen realmente complejo asegurar
si dichas cachas estaban realizadas sobre marfil de elefante o
sobre hueso de macromamífero. En la figura 4.46 se señala con
flechas rojas la extensión de la conservación de las cachas desde
la guarda basal de la falcata. Por una de las caras el fragmento
preservado apenas alcanza los 5,1 cm de longitud y los 2,2 cm
de anchura máximos (fig. 4.46, izq.) y, en la otra, se extiende a
6 cm de longitud y 3,6 cm de anchura (fig. 4.46, der.). En ambos
casos el grosor es de 0,5 cm. Por supuesto, cabe considerar que
ambas cachas serían idénticas para que resultase más cómodo el
agarre de la empuñadura. Desde el punto de vista decorativo las
dos cuentan con hilos metálicos de hierro embutidos como ornamentación, sin que puedan precisarse los motivos con exactitud
debido a su alteración (ver Análisis por PXRF de algunas piezas
de Casa del Monte). En el cuaderno 68 bis Ballester Tormo ya se
fijó en estas cachas y en su ornamentación metálica describiéndola como “hilos tejidos” (fig. 4.47).
Paralelos de cachas conservadas en hueso o en marfil han sido
documentadas en otras empuñaduras de espadas rectas y falcatas
tanto en necrópolis como en poblados.
Así, en la sepultura 7 de la necrópolis de Castillejo de los
Baños (Fortuna), datada entre la segunda mitad del siglo V e
inicios del siglo IV a. C., en la espiga de la única espada de frontón documentada se conservan restos de las cachas de hueso.
Estas presentan decoración muy perdida, posiblemente de roleos
y motivos vegetales estilizados (García Cano y Page del Pozo
2001, 97 y fig. 5). En la necrópolis de El Cigarralejo, encontramos
también al menos una falcata que conserva restos de las cachas
Figura 4.46. Falcata de la Sepultura XX (MPV 20) y detalles de su
empuñadura por ambas caras donde se aprecian restos de las cachas
óseas (fotografía M. Blasco Martín).
119
[page-n-121]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 4.47. Página del cuaderno 68
bis con dibujo y descripción de la
cacha de la falcata de la Sepultura
XX (Archivo documental SIP).
de hueso o marfil en la sepultura 212, fechada en el primer cuarto
del siglo V a. C. (Cuadrado Díaz 1987, 393 y fig. 166). Asimismo,
en la sepultura 15 de Las Peñas (Zarra), del siglo V a. C., se
halló una espada recta de empuñadura con pomo bilobulado que
conserva en uno de los lados restos de una de las cachas de marfil, decorada con hilos metálicos incrustados formando diversos
motivos semicirculares y de espirales (Martínez García 1989, 27
y fig. 31; Quesada Sanz 2010, 76).
Por su parte, en espacios de hábitat, podemos destacar que en
el departamento 48 de la Bastida de les Alcusses se recuperó una
cacha de materia ósea de una espada de frontón, de finales del
siglo V – inicios del siglo IV a. C. con hilos metálicos embutidos
formando roleos. Conserva en el pomo semicircular remaches
de hierro que la sujetarían a la empuñadura (Fletcher Valls et al.
1965, 234-235; Quesada Sanz 2011, 202; Blasco Martín 2022,
fig. 5.174, nº 0161).
En Casa del Monte se hallaron dos falcatas, cinco espadas
rectas y tres puñales y, solo en una de las falcatas se han detectado evidencias de cachas realizadas sobre hueso o marfil, lo
que supone el 10% de estas armas. Cabe pensar que, en las otras
nueve, las cachas podrían haberse elaborado en materias perecederas, más aún cuando se sometieran al contacto con el fuego
(proceso de pérdida incrementado a su vez, lógicamente, por el
paso del tiempo) como son el cuerno y la madera. En este último
caso, cabe señalar la identificación de madera de madroño para
elaborar el mango de un cuchillo de la Sepultura VII (fig. 5.10)
(ver Pasto de las llamas).
tanto de forma natural como trabajados (Gilmour 1997; Affani
2008; Sidéra y Vornicu 2016; entre otros). En el mundo ibérico,
juegan un papel destacado y sugerente y su presencia es habitual tanto en espacios de hábitat como funerarios (Blasco Martín 2022, 217-219; Blasco Martín et al. 2024b; García Romero
2019 y 2021). Dentro del conjunto de Casa del Monte, siete de
los mismos pertenecen a ovicaprinos (Ovis aries o Capra hircus):
cinco son izquierdos (fig. 4.49, 1, 2, 4, 5 y 6) y dos derechos (fig.
4.49, 3 y 7). Asimismo, hay una taba izquierda de Sus sp. (fig.
4.49, 8). Salvo el ejemplar 7, un astrágalo derecho de ovicaprino
natural sin modificaciones intencionales, todos los demás presentan marcas de trabajo. Con el fin de presentar los datos de forma
uniforme e identificar posibles patrones, seguimos la tipología
planteada en trabajos previos para los astrágalos trabajados en
función de las caras modificadas y las acciones tecnológicas realizadas (Blasco Martín et al. 2024b).
4.5.4. Astrágalos
En la Sepultura XVIII, perteneciente a un individuo infantil
II-preadulto (ver Estudio Antropológico), se recuperó un conjunto de ocho astrágalos. Los astrágalos o tabas son huesos cortos que forman parte del tarso de plantígrados y ungulados (fig.
4.48). En contextos mediterráneos, centroeuropeos y orientales,
al menos desde el Calcolítico, son huesos seleccionados por sus
características físicas (tamaño reducido, forma con cuatro caras
bien definidas y distinguibles, facilidad de asir y de lanzar, etc.),
120
Figura 4.48. Esqueleto de Ovis aries con indicación del astrágalo
(Créditos del esqueleto: https://www.archeozoo.org/archeozootheque/. Michel Coutureau y Vianney Forest, INRAP, 1996. Revisión:
Jérémie Chombart Direction de l’Archéologie, Conseil départemental
Pas-de-Calais, 2023).
[page-n-122]
estudio de los materiales
El ejemplar 1 tiene las caras lateral y medial rebajadas de
forma recta por abrasión, así como una perforación central (tipo
6.1.C2). La taba 3, fragmentada en dos, está perforada y presenta
la cara lateral abrasionada (6.1.A2). Por otra parte, los astrágalos
2, 4, 5 y 6 no cuentan con modificaciones más allá de su perforación (6.1.G1). La perforación de los astrágalos no es una pauta
preferente en el registro ibérico, pero tampoco resulta atípica
(Blasco Martín 2022, 219). Lo que sí resulta atípico es el modo
en el que están efectuadas las perforaciones en este conjunto. Así,
aunque en las piezas 1, 2 y 3 la perforación atraviesa las caras
plantar y dorsal, como es lo más habitual y cómodo de realizar
por las depresiones naturales del hueso; las tabas 4, 5 y 6 fueron horadadas en sentido diagonal, esto es, de la cara plantar a
la lateral en el primer caso y de las caras plantar a la medial en
las dos últimas. Así pues, si estas tabas fueron colgadas o atadas
estarían colocadas en posiciones dispares. En la taba de suido
(8) la cara lateral parece estar sutilmente abrasionada así como
en la parte central de la cara plantar se distingue un ligero hundimiento intencional que no llega a atravesar el hueso (6.1.A1).
Resulta llamativo que ninguna de estas piezas esté quemada,
por lo que cabría pensar que fueron depositadas como ofrenda
después del proceso de cremación, esto es, no acompañaron al
cuerpo del difunto o difunta en el fuego. Circunstancia esta que
también anotó Ballester Tormo en el diario: “unos huesos como
de articulaciones que no nos parece han sufrido la acción del
fuego”.
Podemos también señalar que el número mínimo de individuos que revelan estos huesos es de, al menos, seis animales:
cinco ovicaprinos y un cerdo o jabalí. Las tabas en Casa del
Monte tan solo se han documentado en esta tumba, lo que supone
que su presencia es singular y se reduce al 2,63 % de los enterramientos de la necrópolis.
En otros espacios funerarios como en Alarcos II, las cremaciones que cuentan con astrágalos en sus ajuares suponen el 25
% del total. Están presentes en seis tumbas, aunque su número es
disímil. Encontramos, por ejemplo, una taba en las tumbas 2 y 10,
frente al destacado lote de 453 astrágalos (todos de ovicaprinos
de acuerdo con sus descubridores), de la sepultura 4 que, según
los estudios antropológicos, pertenece a un varón de unos 20-30
años (García Huerta et al. 2018, 178 y cuadro 3.21).
En El Cigarralejo, los astrágalos están en 45 tumbas (Cuadrado Díaz 1987; de Prada Junquera y Cuadrado Díaz 2019) en
números que abarcan desde un único astrágalo, en ocasiones trabajado como en la tumba 353, al lote más numeroso con 150 en
la sepultura 209 (Cuadrado Díaz 1987, 567 y 389). El número
total de sepulturas de la necrópolis es de 529, por lo que podemos calcular que los astrágalos se encuentran en el 8,51% de
los ajuares documentados, siendo mayoritarios en las tumbas
con cronologías del siglo IV a. C. (Gallardo Carrillo 2014, 55).
Para la necrópolis de El Poblado de Coimbra del Barranco
Ancho se ha señalado que las concentraciones mayoritarias se
dan también en cronologías del siglo IV a. C. formando parte,
de manera similar, de tumbas tanto de mujeres como de hombres
(Gallardo Carrillo 2014; Thomas et al. 2022). Las concentraciones estudiadas aportan un total de 549 tabas pertenecientes a 27
de los 158 enterramientos analizados; lo cual implica que están
en el 17,08 % de los ajuares tratados (Thomas et al. 2022, 160).
En Pozo Moro tan solo se recuperaron 11 astrágalos en tres
tumbas (ocho de ellos en la misma sepultura) lo que supone un
3,4% de las sepulturas de la necrópolis, con cronologías que
abarcan del siglo V al siglo II a. C. (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio
2003, 121). De las cercanas necrópolis de Los Villares o de la
Hoya de Santa Ana al no estar publicados todos sus ajuares no
podemos aportar una estimación de esta presencia, si bien no se
Figura 4.49. Astrágalos de la Sepultura XVIII (MPV 47051). En el ejemplar 1, un astrágalo izquierdo de ovicaprino, se especifican los
nombres de las caras del hueso (fotografías M. Blasco Martín).
121
[page-n-123]
la necrópolis ibérica de casa del monte
hace alusión a concentraciones tan numerosas como en Alarcos
II, El Cigarralejo o Coimbra del Barranco Ancho y, por ello, se
asemejarían más a los contextos de Casa del Monte.
En relación con las tabas perforadas valga remarcar de nuevo
que no son especialmente habituales ni en las concentraciones
mencionadas ni en las recogidas en espacios de hábitat (Blasco
Martín 2022, 219). Por ejemplo, en Alarcos II, de las 542 tabas
recuperadas en toda la necrópolis tan solo 15 (cinco de la sepultura 4 y diez de la sepultura 6) están perforadas (García Huerta
et al. 2018, cuadro 3.21), es decir, se trata de una evidencia tecnológica/funcional presente únicamente en el 2,76% del total.
O, en Coimbra del Barranco Ancho donde, de todas las marcas
tecnológicas presentes en las tabas, las perforaciones apenas se
detectan en diez de estos huesos cortos (Thomas et al. 2022, tabla
4). Del Cigarralejo no podemos aportar información precisa ya
que no siempre se señala el número exacto y el tipo de trabajo
que presentan, pero en cualquier caso parece también una pauta
de modificación menor.
Por todo ello cabe destacar aún más las particularidades de las
perforaciones de Casa del Monte con seis ejemplares perforados.
Perforaciones que, además, están realizadas desde diferentes caras
de los astrágalos y que, por ende, no son uniformes (fig. 4.49).
Cabría plantearse si todas o algunas de ellas fueron atravesadas
y atadas con un hilo vegetal o animal como forma de guardarlas
de forma agrupada o si pudieron actuar como ornamentos tipo
colgantes, tal como se identifica en ejemplares engarzados del
mundo púnico (Gómez Bellard 1984, 138-139).
4.5.5. Cuentas de collar
En la Sepultura V se recuperaron cinco cuentas de pequeño
tamaño. Todas estuvieron en contacto con la pira, tal como reflejan sus tonalidades grises, blancas y/o negras (fig. 4.50). Ballester
Tormo las describió como “perlas” de cornalina o coral.
En concreto se trata de cinco piezas cilíndricas de sección
circular u ovalada. Sus medidas son (de izquierda a derecha, fig.
4.50): 21 x 4,6 x 4,2 mm; 15 x 4,2 x 4,2 mm; 12,5 x 3,6 x 3,6
mm; 11,5 x 4,2 x 3,6 mm; 9 x 3,4 x 3,4 mm. Todas presentan
una perforación longitudinal recta, sobre la que no se identifican
marcas tecnológicas, probablemente debido a su estado de conservación. No obstante, cabe pensar que fueron elaboradas con un
fino instrumento punzante metálico, desde uno de los lados de la
cuenta y, después, regularizadas. El diámetro de las perforaciones
es de 1,4 mm lo cual remarca la precisión requerida en los gestos
y en la herramienta empleada. De hecho, por su similitud formal
y de dimensiones cabe pensar que todas fueron elaboradas por la
misma persona y con los mismos útiles.
La identificación de la materia prima sobre la que han sido
elaboradas ha resultado compleja. La revisión de estas piezas
macro y microscópicamente nos hizo descartar que se tratase de
cuentas de hueso, como en un inicio se había considerado. No
hay evidencias de tejido esponjoso o trabéculas óseas ni en la
parte externa ni en la interna de ninguna de ellas. Asimismo, la
textura, y la ausencia de líneas de crecimiento o líneas de Schreger, propias del marfil de proboscídeos, nos hizo descartar que
fuesen piezas ebúrneas (Espinoza y Mann 1992). Se realizó también una comparación microscópica con elementos malacológicos
como los dentalium, un tipo de moluscos escafópodos que comparte la misma forma cilíndrica que las cuentas. No obstante, las
122
Figura 4.50. Cuentas cilíndricas recuperadas en la Sepultura V (MPV
47120, 65 y 66).
paredes de este tipo de moluscos son más finas. Consideramos
que podría tratarse de un elemento mineral como el coral, con
el que comparte morfología, pudiendo tratarse de ramas de esta
materia prima aserradas y perforadas. En la figura 4.51 se observa
el detalle de la cuenta de mayor longitud y un fragmento de coral
blanco recolectado en la actualidad en playas del Mediterráneo
de la península ibérica. Las similitudes entre las líneas paralelas distinguibles y las ligeras capas de crecimiento del coral nos
sugieren que pudiera tratarse de esta materia prima. En cualquier
caso, el alto grado de modificación de estos elementos de adorno,
su reducido tamaño y su estado de conservación, afectado por la
acción del fuego y por procesos postdeposicionales, hace imposible afirmar de forma taxativa sobre qué tipo de materia prima
están elaboradas.
Con la intención de dilucidar esta duda las piezas fueron
sometidas a análisis de pXRF (ver Análisis por pXRF de algunas
piezas). Los resultados obtenidos indican una composición mayoritaria de calcio y componentes menores como silicio, aluminio o
estroncio, entre otros, compatibles con diversas materias primas
óseas, malacológicas y minerales. Otras pruebas más precisas
en la determinación de componentes orgánicos e inorgánicos
podrían ayudar a determinar su naturaleza. No obstante, valga
apuntar que los estudios de caracterización química del coral y
de las conchas aportan resultados similares de compleja individualización (Campbell Pedersen 2004, 210).
Piezas ornamentales similares, cuentas cilíndricas perforadas longitudinalmente de tamaños casi idénticos, se han
identificado en otros espacios funerarios ibéricos como el
Maset del Pedralbino (Llíria), el Cabezo Lucero, Castillejo de
los Baños o la Hoya de Santa Ana. En el caso de Maset del
Pedralbino se recuperaron nueve cuentas cilíndricas y cuatro
circulares como parte del ajuar de una sepultura que en la actualidad se encuentra en proceso de estudio para su publicación. En
Cabezo Lucero, en dos tumbas destruidas (denominadas punto
7B y punto 67) datadas por el material cerámico entre el 400 375 a. C. y el 450 - 375 a. C., respectivamente, se recuperaron
cinco cuentas cilíndricas y otra bitroncocónica en el primero
[page-n-124]
estudio de los materiales
Figura 4.51. Izquierda: detalle (11 X) de una de las cuentas de Casa del Monte. Derecha: detalle de un
fragmento de coral blanco actual del Mediterráneo.
de los casos y, en el segundo, otras siete cilíndricas depositadas junto a adornos de concha y pasta vítrea (Aranegui Gascó
et al. 1993, 163, 234 y fig. 12.19). Por su parte, en la tumba 4
de Castillejo de los Baños, fechada entre el 425 - 350 a. C., se
identificaron tres cuentas cilíndricas (García Cano y Page del
Pozo 2001, 97 y fig. 4). Y, en la sepultura 137 de Hoya de Santa
Ana se recuperó un conjunto de más de 200 cuentas cilíndricas,
de tamaño y tonalidad similar a las aquí recogidas (Nº 15392 de
inventario del Museo de Albacete). Consideramos que la revisión microscópica detallada de estos materiales podría servir
para descartar que, como en el caso de Casa del Monte, estas
cuentas cilíndricas no estén elaboradas sobre hueso, como se
plantea en las publicaciones, sino sobre otras materias primas
como diferentes tipos de materiales pétreos, coral o concha.
Valga apuntar que el empleo del coral como adorno, aunque
pueda haberse pasado por alto por la dificultad de su identificación y su invisibilización en las preguntas planteadas por la
investigación, se documenta en diversos materiales de la Edad
del Hierro en territorio peninsular y en el Mediterráneo Occidental (Morel et al. 2000).
En cualquier caso, la persona enterrada en la Sepultura V, en
el momento de cremación portaba, posiblemente sobre su cuello,
un collar compuesto por estas cuentas (fig. 4.52). O, si no, una
persona querida se lo ofrendaría como despedida antes de que se
prendiera la pira, ya que todas las cuentas estuvieron en contacto
con el fuego. Además, como se ha señalado, cuando se documentan este tipo de cuentas cilíndricas en contextos de la Segunda
Edad del Hierro, se hallan en espacios funerarios, vinculados con
el ajuar o con los adornos personales de la persona fallecida, una
pauta seguida en el caso de Casa del Monte.
indicaciones del lugar de hallazgo de los fragmentos de alfileres,
los datos nos permiten señalar que las artesanías óseas están presentes en tres de las 38 sepulturas identificadas en esta necrópolis: la placa ornamental en la Sepultura I, los nueve astrágalos en
la XVIII y la falcata con cachas óseas de la Sepultura XX. Ello
supone que su presencia se limita al 7,89% de los enterramientos.
Asimismo, teniendo en cuenta que la clasificación como hueso
o marfil de las cachas resulta compleja por su actual estado de
conservación, en referencia al tipo de materias primas trabajadas podemos señalar que, si efectivamente se tratase de material
ebúrneo, supondría que la muestra está integrada por un 9,52% de
objetos manufacturados en dicha materia prima exótica y alóctona
al territorio peninsular y un 91,48% de piezas elaboradas sobre
huesos de macro y mesomamíferos. Estos huesos se obtendrían de
animales propios de las actividades ganaderas del mundo ibérico
(como refleja la presencia mayoritaria de astrágalos de ovejas y
cabras) o incluso de la caza (huesos de animales salvajes), que
como los animales domésticos pueden ser aprovechados para
confeccionar objetos apuntados o placas ornamentales. Además,
las cinco cuentas recuperadas en la Sepultura V, posiblemente
4.5.6. Valoración global
A la hora de valorar este conjunto material debemos tener cuenta
que, aunque se trate de una presencia en número modesta, nos ha
permitido relacionarlo, como hemos visto, con sugerentes paralelos y actividades. Como, desafortunadamente, no contamos con
Figura 4.52. Posible disposición de las cuentas de la Sepultura V
como collar.
123
[page-n-125]
la necrópolis ibérica de casa del monte
de coral o de material pétreo, reflejan una diversidad mayor de
materias primas trabajadas y de elementos de adorno presentes
en las sepulturas de esta necrópolis.
El conjunto presentado está en consonancia con lo documentado en otras necrópolis cercanas como serían, en especial, Los
Villares y Hoya de Santa Ana con las que, al fin y al cabo, dista
en línea recta apenas 19,25 km y 44 km, respectivamente (esto
es, están conectadas por una o dos jornadas de viaje). Entre ellas
detectamos prácticas culturales semejantes en las creencias y en
lo material que, por supuesto, van más allá de las piezas elaboradas sobre materias óseas, pero bien podríamos decir que, aunque
no los tengamos de hueso o de marfil, “para muestra un botón”.
4.6. ANÁLISIS POR PXRF DE ALGUNAS PIEZAS
Gianni Gallello
4.6.1. Introducción
El estudio de los objetos arqueológicos empleando análisis químicos para la caracterización de materiales con el objetivo de
identificar procedencia y/o procesos de manufacturación está
avanzando constantemente. Especialmente, el desarrollo de
equipos portátiles de fluorescencia de rayos X (pXRF) está permitiendo realizar análisis, no invasivos, rápidos, de bajo coste
y directos, siendo perfectamente compatible con el análisis de
restos arqueológicos incluyendo por ejemplo objetos de época
Ibérica como son los mangos de cuchillo de marfil (Blasco-Martín et al. 2019; Mata Parreño et al. 2020) y láminas de plomo
(Ferrer i Jané et al. 2021). En concreto en los mangos de época
ibérica analizados (Blasco-Martín et al. 2019; Mata Parreño et al.
2020), el uso de técnicas no destructivas como la fluorescencia de
rayos X portátil (pXRF) ha permitido identificar materias primas
(ámbar, estaño y plata) utilizadas para decorarlos. Gracias a la
identificación de materiales “exóticos” en las zonas decoradas,
estos objetos de marfil constituyen unos hallazgos excepcionales
en la arqueología ibérica permitiendo una mejor comprensión de
los procesos de fabricación, áreas de producción y accesibilidad
a materiales exóticos por parte de las poblaciones iberas.
Siguiendo las líneas marcadas por estos primeros trabajos el
objetivo principal de nuestro estudio en los ajuares de la Casa del
Monte ha sido llevar a cabo un análisis arqueométrico no destructivo para la identificación del perfil elemental y caracterizar la
composición de ciertos materiales cuya composición empleando
una evaluación visual era dudosa. Las piezas objeto de estudio
han sido siete en total: cinco metálicas (un anillo, dos puntas de
lanza, una falcata y una espada), una de hueso que presentaba
residuos metálicos y unas cuentas de un material sin identificar.
Tabla 4.7. Resultados de los puntos medidos por pXRF en el anillo
con chatón de la Sepultura XI (MPV 49).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Hg
Pb
ANILLO_49.1
%
0.4
0.06
88
5
0.01
ANILLO_49.2
%
0.4
0.06
88
5
0.01
124
La caracterización química de estos objetos cruzada con
datos arqueológicos, puede aportar así una información relevante
para aclarar cuestiones relativas a los procesos de fabricación, la
calidad y la cronología de los mismos. La precisión y exactitud
de las mediciones se obtienen desarrollando un método analítico
adecuado, evitando como se ha mencionado cualquier posible
daño a las piezas.
4.6.2. Metodología
Se procede a la descripción de los puntos de medida de las siete
piezas analizadas metálicas y no metálicas, ya que éstas han sido
descritas y estudiadas en páginas anteriores.
4.6.2.1. El material analizado
Los objetos metálicos analizados fueron cinco. La primera pieza
es un anillo (MPV 49) de la Sepultura XI sobre el cual interesaba
confirmar el material del que está fabricado analizándose la parte
exterior del chatón (fig. 4.53 y tabla 4.7).
La segunda pieza es una punta de lanza de hierro con una
anilla de otro elemento adherida en un lateral (MPV 27) de la
Sepultura XIX. El cubo está decorado con un material diferente
del que interesaba confirmar su naturaleza. Se tomaron seis medidas en el cubo y cuatro en la hoja por ambos lados. Las medidas
2 y 6 se tomaron cerca del extremo del cubo para alejarse de la
posible decoración (fig. 4.53 y tabla 4.8).
La tercera es otra punta de lanza también con decoración en
el cubo (MPV 31) de la Sepultura IX. Se tomaron cuatro medidas
en el cubo y otras cuatro en la hoja, por ambas caras de la pieza.
Los puntos 1, 3, 5 y 6 se tomaron sobre la zona color verde, los
puntos 2 y 6 más alejados de la decoración y los puntos 3, 4, 7 y
8 sobre la hoja (fig. 4.53 y tabla 4.9).
La cuarta pieza es una falcata de la Sepultura XX (MPV 20),
en cuyo mango parecen apreciarse hilos de posible decoración
entre los restos orgánicos de las cachas. Cisneros Fraile (2008,
143) señaló que eran de madera, pero la inspección visual indica
que eran hueso o marfil (ver apartado Artesanías óseas), por lo
Tabla 4.8. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la punta
de lanza con anilla adherida de la Sepultura XIX (MPV 27).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Sn
PUNTA_27_1
%
78
7
4
0.01
PUNTA_27_2
%
79
4
PUNTA_27_3
%
71
14
7
0.2
PUNTA_27_4
%
93
0.2
PUNTA_27_5
%
89
7
0.4
0.04
PUNTA_27_6
%
85
9
PUNTA_27_7
%
89
7
0.6
0.1
PUNTA_27_8
%
99
0.2
PUNTA_27_9
%
99
0.2
PUNTA_27_10
%
94
0.2
[page-n-126]
estudio de los materiales
Figura 4.53. Puntos de medida analizados por pXRF. 1: punta de lanza de la Sepultura IX (MPV 31); 2: punta de lanza de la Sepultura XIX
con anilla adherida (MPV 27); 3: falcata de la Sepultura XX (MPV 20); 4: anillo de la Sepultura XI (MPV 49); 5: espada de la Sepultura
XVII (MPV 37); 6: placa de hueso de la Sepultura I (MPV 47779) (fotografía M. Blasco Martín); 7: cuentas cilíndricas de la Sepultura V,
de izquierda a derecha MPV 47120a, 47120b, 47120c, 65d, 66e.
Tabla 4.9. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la punta
de lanza de la Sepultura IX (MPV 31).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Pb
PUNTA_31_1
%
72
8
13
PUNTA_31_2
%
78
7
10
PUNTA_31_3
%
93
0.1
PUNTA_31_4
%
93
0.1
0.03
PUNTA_31_5
%
78
4
11
PUNTA_31_6
%
80
2
11
PUNTA_31_7
%
92
0.1
0.04
PUNTA_31_8
%
91
0.2
0.04
que el análisis se hizo para caracterizar la materia de los hilos
de la decoración. Se tomaron diez medidas en el mango y en la
hoja (fig. 4.53 y tabla 4.10).
La quinta es una espada recta de la Sepultura XVII (MPV
37) cuyo mango presenta decoración incrustada cuya naturaleza
interesaba caracterizar. Se tomaron seis medidas por lado en el
remate de la empuñadura, en el puño y en la hoja para determinar
su composición (fig. 4.53 y tabla 4.11).
Entre los materiales no metálicos se analizaron dos tipos de
objeto. En primer lugar, una placa de hueso (MPV 47779) de
la Sepultura I, en uno de cuyos lados presenta dos incisiones
paralelas de tono rojizo y el resto con tonalidades verdes; otros
fragmentos están totalmente blancos. Se analizaron cuatro puntos por lado intentando aproximarse a las líneas rojizas. No se ha
podido alcanzar precisión sobre las incisiones debido a la anchura
del haz de disparo del equipo (fig. 4.53 y tabla 4.12).
125
[page-n-127]
la necrópolis ibérica de casa del monte
En segundo lugar, cinco cuentas de material indeterminado de
la Sepultura V (MPV 47120, 65 y 66), que Ballester Tormo consideró como de coral o cornalina. Se tomaron dos medidas en cada
una de ellas que denominamos a, b, c, d y e (fig. 4.53 y tabla 4.13).
4.6.2.2. El equipo PXRF
Los análisis fueron realizados mediante un equipo portátil de
Espectroscopia de Fluorescencia de Rayos-X (pXRF) que permite, sin toma de muestras, la identificación de los elementos
químicos que constituyen los materiales analizados. Para ello se
ha empleado un espectrómetro portátil pXRF de la serie Vanta
C que incluye un tubo de rodio (Rh) de 40 kV, un detector de
silicio SDD (Silicon Drift Detector) con una resolución en energía de 135 eV (FWHM @ 5.9 keV) y un analizador multicanal integrado. El haz colimado irradia una superficie de unos 3
mm de diámetro registrando la señal de fluorescencia durante
un intervalo de 60 s.
Los resultados publicados corresponden a la información
espectral obtenida con un potencial de tubo de 40 kV y una
intensidad de haz de 57 µA, parámetros que son adecuados para
registrar elementos con número atómico Z entre 11 y 98.
Tabla 4.11. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la espada
de la Sepultura XVII (MPV 37).
Tabla 4.10. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la falcata
de la Sepultura XX (MPV 20).
Medida
Unidad
Fe
Cu
Ag
Sn
Pb
ESPADA_37_1
%
64
30
2
0.03
ESPADA_37_2
%
66
27
1
0.03
ESPADA_37_3
%
87
0.2
ESPADA_37_4
%
91
2
ESPADA_37_5
%
86
0.2
0.2
ESPADA_37_6
%
92
0.05
1
ESPADA_37_7
%
48
46
Unidad
Fe
Cu
Sn
Pb
FALCATA_20_1
%
89
0.17
0.03
FALCATA_20_2
%
89
0.16
0.04
FALCATA_20_3
%
89
0.05
0.04
FALCATA_20_4
%
89
0.06
0.03
FALCATA_20_5
%
92
FALCATA_20_6
%
93
ESPADA_37_8
%
58
37
FALCATA_21_7
%
96
0.04
0.01
ESPADA_37_9
%
95
0.1
FALCATA_21_8
%
96
0.05
0.01
ESPADA_37_10
%
95
0.1
FALCATA_21_9
%
90
0.04
0.03
ESPADA_37_11
%
89
0.04
FALCATA_21_10
%
92
0.04
0.03
ESPADA_37_12
%
91
0.03
2
0.1
0.02
Tabla 4.12. Resultados de los puntos medidos por pXRF en la placa de hueso de la Sepultura I (MPV 47779).
Medida
Unidad
Al Si
P
S
Ca
Ti
Cr
Mn
Fe
Ni
Cu
As
Sr
Ag
Sn
Pb
PLACA_
HU_47779.1
%
0.4
1
12
0.1
36
0.05
0.2
4 0.005
0.1
PLACA_
HU_47779.2
%
0.4
1
12
0.03
36
0.07
0.007
0.01
0.2
0.003
4 0.005
0.1
0.005 0.006
PLACA_
HU_47779.3
%
0.5
2
12
0.04
30
0.009
0.01
0.1
0.003
6 0.002
0.1
0.005 0.005
PLACA_
HU_47779.4
%
0.4
2
12
0.05
31
0.05
0.008
0.01
0.1
0.006
7 0.002
0.1
PLACA_
HU_47779.5
%
0.4
2
10
0.5
24
0.04
0.01
0.02
0.2
0.009
11 0.005
0.1
0.007 0.003
PLACA_
HU_47779.6
%
0.3
1
12
0.2
34
0.009
0.01
0.2
0.003
6 0.007
0.1
0.005 0.007
PLACA_
HU_47779.7
%
0.2
1
13
39
0.06
0.008
0.01
0.1
1 0.002
0.1
PLACA_
HU_47779.8
%
0.4
1
13
32
0.05
0.009
0.1
6 0.003
0.1
126
0.04
0.002
0.005 0.002
[page-n-128]
estudio de los materiales
Tabla 4.13. Resultados de los puntos medidos por pXRF en las cinco cuentas a, b, c, d y e de la Sepultura V (MPV 47120, 65 y 66).
Medida
Unidad
Al
Si
P
S
K
Ca
Ti
Fe
Cu
Zn
Sr
Ag
Sn
Pb
Cuenta_47120. a1
%
1
3
0.2
0.2
0.2
45
0.1
0.2
0.02
0.005
0.2
0.003
0.02
Cuenta_47120.a2
%
1
2
0.1
0.3
0.2
45
0.1
0.1
0.01
0.004
0.2
0.004
0.01
Cuenta_47120. b.3
%
2
4
0.2
0.3
0.4
44
0.2
0.02
0.002
0.2
0.01
0.002
Cuenta_47120. b.4
%
2
4
0.2
0.2
0.3
43
0.1
0.2
0.02
0.003
0.2
0.01
0.002
Cuenta_47120. c.5
%
1
3
0.2
0.4
0.2
41
0.2
0.02
0.004
0.2
0.01
0.01
0.5
Cuenta_47120. c.6
%
1
3
0.2
0.4
0.1
41
0.1
0.2
0.02
0.004
0.2
0.01
0.01
0.5
Cuenta_65. d.7
%
2
4
0.2
1
0.5
42
0.1
0.2
0.04
0.007
0.2
0.02
0.05
Cuenta_65. d.8
%
2
4
0.2
1
0.4
42
0.1
0.2
0.03
0.008
0.2
0.02
0.05
Cuenta_66. e.9
%
1
2
0.1
1.2
0.2
42
0.1
0.1
0.2
0.005
0.2
0.01
0.01
0.1
Cuenta_66. e.10
%
1
2
0.1
1.2
0.2
43
0.1
0.1
0.2
0.005
0.2
0.01
0.01
0.1
Se realizó un análisis cuantitativo de la composición elemental de los materiales metálicos a partir de la calibración Metal
Alloys Plus 2-beam METHOD-G2-VCR y la calibración Geochem Plus 2-beam METHOD-G2-VCR para los otros materiales.
4.6.3. Resultados y discusión
4.6.3.1. Anillo con chatón (MPV 49). Sepultura XI
El anillo (tabla 4.7) presenta niveles elementales muy similares
en los puntos medidos (puntos 1 y 2), siendo el elemento mayoritario la plata (88%). El mercurio se encuentra alrededor del 5%,
y otros elementos son minoritarios como el hierro (0.4 %), el
cobre (0.06%) y el plomo (0.01%). La presencia de mercurio en
objetos de época ibérica ya había sido identificada pues durante el
proceso de manufacturación se emplea una amalgama dorada que
contiene elevadas concentraciones de mercurio, probablemente
para dotar de un aspecto dorado al objeto trabajado (GiumliaMair 2020, cap. 3.3; Perea Caveda et al. 2008).
4.6.3.2. Punta de lanza con anilla adherida (MPV 27).
Sepultura XIX
La punta de lanza (tabla 4.8) de hierro (Fe) presenta niveles de
plata (Ag) en la parte con incrustaciones del cubo (puntos 1, 3, 5
y 7). En los puntos 1 y 3 se alcanzan niveles más elevados (4% y
7%) de plata y en estos mismos se aprecia la presencia del estaño
(Sn). El cobre está presente entre en los puntos relacionados con
la plata (puntos 1, 3, 5 y 7) con valores que van desde el 7% al
14%. En la hoja y el extremo del cubo no se documenta la plata.
Por los datos obtenidos se puede deducir que los hilos son de
plata y la lámina entre ellos es de bronce o cobre.20
20 Los límites metodológicos propios de la técnica no permiten profundizar
más en esta atribución.
4.6.3.3. Punta de lanza (MPV 31). Sepultura IX
La punta de lanza de hierro (tabla 4.9) presenta niveles de Ag
en la parte con incrustaciones (puntos 1, 2, 5 y 6) del cubo que
alcanza niveles entre el 10% y el 13%; en los mismos puntos de
medida se asocia a niveles de cobre entre el 2% y 8%, igual que
en la punta de lanza anterior (MPV 27), correspondiendo a la
lámina de cobre colocada entre hilos de plata.21 En los puntos 3,
4, 7 y 8 el elemento dominante es el hierro.
4.6.3.4. Falcata (MPV 20). Sepultura XX
La falcata de hierro (tabla 4.10) presenta niveles Cu y Pb inferiores al 0.1% y en algunos puntos por debajo del límite de detección
(
relacionados.
4.6.3.5. Espada (MPV 37). Sepultura XVII
La espada de hierro (tabla 4.11) presenta niveles elevados de Cu
(entre el 27% y el 46%) en los puntos 1, 2, 7 y 8 correspondientes a la decoración de la empuñadura. También en los mismos
puntos se detecta la presencia de entre 1% y 2% de estaño (Sn).
En los remates de las antenas (puntos 3, 4, 9 y 10) predomina
la presencia del hierro y en el punto 4 los niveles de cobre (Cu)
alcanzan el 2%, una concentración superior comparada con los
porcentajes de los puntos 3, 9 y 10 (entre 0.1% y 02%). Los puntos medidos correspondientes a la hoja (5, 6, 11 y 12) dan hierro.
No se aprecia, en este caso la presencia de la plata como en las
puntas de lanza MPV 27 y MPV 31.
21 A diferencia de la anterior, aquí no se detecta el estaño.
127
[page-n-129]
la necrópolis ibérica de casa del monte
4.6.3.6. Placa de hueso (MPV 47779). Sepultura I
La placa contiene niveles elevados de Ca (entre 24% y 39%)
y P (10% y 13%) coherente con la matriz ósea (tabla 4.12). En
la superficie del fragmento mayor hay una pátina con tonalidades verdes. En siete de los puntos medidos (1, 2, 3, 4, 5, 6 y 8)
aumentan considerablemente los niveles de Cu (entre 4% y 11%)
mientras el punto 7 presenta valores más bajos (1%). En la cara
donde se encuentran las dos incisiones paralelas de tono rojizo
los puntos medidos (1, 2, 5 y 6) presentan los niveles de Fe más
elevados (2%) en comparación con las otras medidas (3, 4, 7 y 8)
que se encuentran en la cara opuesta a las incisiones (Fe 1%). El
resto de elementos presentes no mantienen un patrón bien definido y se relacionan probablemente con impurezas o procesos
postdeposicionales. Los niveles de cobre se deben al contacto
de la pieza con otros elementos del ajuar en bronce. Y en cuanto
al Fe en las incisiones pudo ser una intención decorativa como
señaló ya Ballester Tormo en el diario “y huesos ornados con
líneas que debieron llevar embutidos hilo de hierro”.
4.6.3.7. Cinco cuentas de collar (MPV 47120). Sepultura V
Las cuentas denominadas a, b, c, d y e (tabla 4.13) presentan elevados niveles de Ca (entre 41% y 45%), niveles de Si entre el 2%
y 4% y niveles de P entre el 0.1% y el 0.2%. Los niveles de Sr,
Fe y Ti presentes en menores cantidades podrían ser compatibles
con un perfil propio de esta matriz. Este perfil elemental podría
ser compatible con una matriz similar a las conchas de caracoles
(Owoyemi y Owoyemi 2020), sin que se puedan descartar otras
posibilidades con la utilización de técnicas diferentes. La presencia de Cu, Ag, Sn y Pb podría indicar que estuvieron en contacto
con elementos del ajuar o bañadas en algún metal, tal vez bronce.
4.6.4. Conclusiones
Los resultados obtenidos mediante pXRF podrían ayudar a la
caracterización y posible interpretación de los procesos de manufacturación de los objetos analizados de Casa del Monte.
128
Los objetos de plata debido al proceso de extracción del
metal contienen mercurio como impureza, aunque su elevada
concentración en el anillo analizado se podría relacionar con el
proceso de manufacturación con amalgama dorada para darle
un aspecto dorado. Las dos puntas de lanza (MPV 27 y 31) de
hierro presentan en la zona del cubo elevadas concentraciones
de plata correspondientes a nielado observado, en ambos casos
carentes de mercurio. Los hilos de plata, además, están enmarcando pequeñas láminas de cobre. A diferencia de las puntas, la
espada de antenas (MPV 37) presenta niveles elevados de Cu
en la empuñadura. Se amplia así el catálogo de armas con decoración, que destacaría sobre el tono oscuro de la hoja de hierro
(Quesada Sanz 2010, 132-134).
En cambio, en la falcata (MPV 20) sólo se ha determinado
con claridad la presencia de Fe. La oxidación y las intervenciones de consolidación podrían haber enmascarado el uso de
otros metales en decoración de las cachas como sucede en otros
ejemplos.
La placa de hueso (MPV 47779) presenta una pátina de Cu
que, probablemente, se debe al contacto con otros elementos del
ajuar en bronce como una placa de cinturón o las fíbulas (fig.
3.22); en el lado donde se encuentran dos incisiones paralelas de
tono rojizo con niveles de Fe más elevados se podrían interpretar
como una intención decorativa siendo esta hipótesis compatible
con la interpretación de Ballester Tormo.
Finalmente, las cinco cuentas de collar (MPV 65, 66 y 47120)
presentan un perfil elemental químico compatible con las conchas, pero debería contrastarse con otro tipo de análisis ya que su
precisión no es claramente discriminatoria (ver Artesanías óseas).
La presencia de Cu, Ag, Sn y Pb podría indicar que estuvieron
en contacto con elementos del ajuar o bañadas en algún metal,
tal vez bronce (fig. 3.27).
Evidentemente los datos de los análisis químicos presentados
pueden aportar información útil, pero es necesario cruzarlos con
otros tipos de investigaciones del registro arqueológico, como el
estudio de la tecnología empleada y aspectos socio-culturales del
contexto histórico para poder obtener una visión más completa
y poder contextualizar adecuadamente los objetos estudiados.
[page-n-130]
5
Pasto de las llamas
Ernestina Badal García
…pues sí, dentro de una rama de férula robé la
fuente secreta del fuego, que maestra se ha mostrado de toda arte para los mortales y gran recurso.
Y así pago mi castigo por estas faltas, clavado con estas
cadenas y a la intemperie.
Esquilo. Prometeo encadenado (traducción J. R. Montañés)
5.1. EL FUEGO
El fuego es una de las fuerzas potentes de la naturaleza y ha
influido decisivamente en la evolución de los seres vivos, especialmente en la humana. Los humanos somos los únicos seres de la
Tierra capaces de producir fuego, de controlarlo y usarlo en nuestro único beneficio. Desde el momento que los homínidos usaron
el fuego, se rompieron las relaciones de igualdad con el resto de
los seres vivos del planeta. El fuego ha tenido un rol importante
en la evolución humana y esto ha sido un proceso largo, una relación de aprehensión, control y desarrollo de todo su potencial, que
todavía continua en la actualidad. En cada etapa de la evolución
humana, como Prometeo predice, los humanos han diversificado
los usos del fuego, han ganado en poder destructivo y han conseguido generar mayor energía por ser un recurso esencial (fig. 5.1).
El fuego tiene características propias, destruye todo, consume todo y es irreversible, por donde pasa deja huella. Como
dice Plinio el Viejo, en el siglo I d. C. “no hay nada que no
llegue al estadio final por medio del fuego” (HN 13, 64-65).
Estas cualidades inspiran temor y no lo hacen muy atractivo.
Sin embargo, produce una gran fascinación por su luz, su color,
su calor y probablemente por su poder. Prueba de esa atracción
humana hacia el fuego y la dependencia que tenemos de él, son
los mitos, refranes y narraciones que han generado distintos
grupos humanos en todo el Planeta para explicar el origen del
fuego. Mitos y leyendas que acumulan saber humano y que
han llegado hasta nosotros por medio de la historia oral (Frazer
1930) o por los autores clásicos como Hesíodo o Esquilo, entre
otros. Los escritores clásicos de Grecia y Roma hacen referencia al origen y uso del fuego mostrando la diversificación
de las aplicaciones del fuego. De todos es sabido, que Prometeo roba el fuego a los dioses para ofrecer ese recurso a los
humanos y las artes que conlleva, incluida la guerra (Pyne
2001). Si pasamos de los mitos a la realidad arqueológica, el
fuego se documenta por sus productos directos como el carbón,
la ceniza, el hollín, etc. De forma indirecta tenemos algunas
acciones como la cremación de los difuntos y todos los objetos que se realizan con las artes del fuego: pan, cerámica, cal,
objetos metálicos y un largo etc. El fuego como fuerza destructora se encuentra en muchos yacimientos arqueológicos donde
hay niveles de incendio que son heraldos negros del poder del
fuego que, en muchos casos, coincide con el abandono total
del sitio. A partir de la Edad del Bronce, los incendios son muy
frecuentes en los poblados o aldeas, aunque no siempre es fácil
de distinguir la causa del fuego, si accidental o intencionado
como arma de violencia.
5.2. EL FUEGO EN EL MUNDO IBÉRICO
En el mundo ibérico, el fuego está presente en todos los ámbitos de la vida y de él se aprovechan todas sus cualidades, aunque no siempre nos queden testigos directos de estas acciones.
Los productos del fuego son la luz, el calor, el carbón, la
ceniza, el humo, la tierra quemada, etc. De ellos, alguno se
puede encontrar en los yacimientos arqueológicos y deben ser
considerados como documentos históricos porque nos informan, entre otras muchas cosas, de la pirotecnología genuinamente humana.
129
[page-n-131]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.1. Flor de férula. Acuarela de H. Bonet Rosado.
Los incendios naturales o provocados por los humanos no tienen límite, se expanden en el espacio hasta que alguno de los tres
elementos del triángulo del fuego (combustible, oxígeno y chispa)
se agota y entonces se apaga el fuego. Que el fuego se propaga
por los territorios ibéricos queda constancia en la alteración de los
ecosistemas y la antropización de los territorios productivos desde
el neolítico hasta la actualidad (Carrión García 2022). La cultura
Ibérica, del primer milenio a. C. no escapa a esta intervención
humana que provoca la reducción de los bosques naturales por
un paisaje abierto con zonas dedicadas a la producción agraria. El
incremento de microcarbones en los sedimentos es buena prueba
de la reiteración de los incendios en las fases productivas de la
Edad del Hierro (Carrión García 2022).
En contraposición a los incendios, el fuego humano, por su
peligrosidad, siempre se cerca en el espacio, se encierra en los
hogares, en los hornos, en las forjas, en las piras, en las lámparas, etc., siempre está controlado y limitado, el fuego no se
puede escapar, es demasiado peligroso. Estos conocimientos
en la cultura Ibérica se demuestran por las estructuras de combustión situadas en el interior de las casas. Como indica Pons i
Brun (1994, 15-16): “la casa ibèrica serà de planta rectangular
amb el basament de pedra, poc compartimentada, tindrà d’entre
una a tres sales. La llar estarà sempre representada almenys en
alguna de les sales, se la troba en posició centrada si es tracta
d’un espai important o bé a la perifèria recolzada en algun mur,
si es tracta d’un habitatge compartimentat”. Efectivamente, los
hogares son circulares, cuadrados, esquinados o de otros tipos
130
y se convierten en el centro de actividad y descanso. Alrededor
del fuego se realizan las labores de mantenimiento y transformación, pero además prolonga la luz durante la noche, lo que los
convierte en centros de reunión y de transferencia de experiencias, conocimientos, juegos, etc. Ejemplos de estas estructuras
de combustión se encuentran en las casas de la cultura Ibérica,
desde el sur de Francia hasta Andalucía. Con diferentes tipologías, pero siempre la acción del fuego está limitada en un espacio
concreto, el fogón o chimenea es la estructura más genuina del
hábitat humano (Abad Casal y Sala Sellés 1993; Bonet Rosado
et al. 1994; Bonet Rosado y Mata Parreño 2002; Bonet Rosado
y Vives-Ferrándiz, 2011; Mata Parreño 2019; Pons i Brun 1994;
Pons i Brun et al. 1994).
Cuando el fuego sale del hogar y se expande libremente se
producen los incendios que pueden arrasar las viviendas y los
poblados, ejemplos de estos fuegos no faltan en el territorio ibérico, es difícil de identificar las causas, que sean accidentales o
voluntarios para sembrar el terror, pero en todo caso, el efecto
devastador del fuego es evidente, como en el Puntal del Llops
(Olocau), que, por las granadas carbonizadas que se encontraron en la calle del poblado, el incendio debió de ocurrir en un
día de otoño de un año del primer cuarto del siglo II a. C. (Mata
Parreño et al. 2010, 58).
En los rituales ibéricos, el fuego está muy presente, especialmente queda constancia en los banquetes, en los lugares de culto
y en los ritos funerarios, ya que practicaban la cremación, así
que tanto los cuerpos como los ajuares y ofrendas eran pasto de
las llamas; los residuos de esa combustión eran sepultados definitivamente en las tumbas. El fuego como purificador se utilizó
desde la antigüedad remota y la cremación tendría una finalidad
ritual e higiénica, sin descartar el significado regenerador de la
acción del fuego.
5.3. LA NECRÓPOLIS DE CASA DEL MONTE
La necrópolis ibérica de Casa del Monte funcionó desde finales del siglo V a principios del III a. C. Como era habitual en el
mundo ibérico, se practicaba la cremación del difunto, de sus
ajuares y de las ofrendas que se le entregaban. Por tanto, el uso
del fuego era esencial durante el ritual para realizar la transformación del difunto y todos los complementos.
La necrópolis de Casa del Monte se excavó bajo la dirección de Isidro Ballester Tormo entre 1918 y 1920, hace más de
un siglo, con los métodos y técnicas propios de la época. En
aquel entonces, los restos del fuego no se consideraban parte
de la cultura material y por ello, no merecían una recogida
sistemática de los mismos. Carbones y cenizas eran frecuentes
en todos los yacimientos, con más motivo en una necrópolis
ibérica, aunque en otros países ya se analizaban en el siglo
XIX o principios del XX para conocer las plantas que prendían en los hogares, el clima y otros aspectos, en España no
era el caso y solo en determinados contextos se recogieron
porque conservaban la forma y podrían ser parte de los objetos (Breuil 1903; Capitain et al. 1908). Este es el caso de la
recogida selectiva de los carbones en algunas sepulturas de
Casa del Monte, pero que no fueron analizadas hasta principios del siglo XXI (Badal García 2007-2008), así que ha
tenido que pasar un siglo para que sepamos qué plantas utilizaron los íberos para hacer objetos, para realizar la cremación
[page-n-132]
pasto de las llamas
de los difuntos, para comer, en definitiva, para acercarnos al
conocimiento botánico que tenían los habitantes de Casa del
Monte (Mata Parreño et al. 2010).
De las treinta y ocho sepulturas excavadas, solamente se
recogieron restos vegetales en cuatro, probablemente, por las
dimensiones y formas de los carbones. En definitiva, se realizó
una selección subjetiva de los restos en las Sepulturas III, VII,
XI y XXVI. Los materiales se guardaron en cajas de cartón de
productos comerciales de principios del siglo XX (fig. 5.2) y han
sido custodiados, desde entonces, por el MPV etiquetados con
sus correspondientes números de inventario.
En el conjunto del material hay vegetales y piezas de metal.
De la sepultura VII había dos cajas (MPV 47105 y 47108), que
además de los carbones, contenían fragmentos de madera y de
objetos metálicos de hierro.
Durante el estudio de los objetos metálicos de las sepulturas, para realizar esta publicación, se observó que algunas piezas
(puñales, regatones, etc.) tenían fragmentos vegetales adheridos,
por lo que se realizó un muestreo en dichos objetos. Los objetos
muestreados proceden de las Sepulturas I, II, IX, XIV y XVIII.
Así del total de las 38 tumbas excavadas, disponemos de restos vegetales de nueve de ellas (I, II, III, VII, IX, XI, XIV, XVIII
y XXVI). En total hemos identificado 46 restos vegetales que a
continuación detallaremos.
5.3.1. Método de análisis
Para la identificación botánica, cada fragmento se analizó en el
laboratorio de Arqueología de la Universitat de València. Primero
se procedió a la observación, en lupa binocular (Leica M165C),
para comprobar la morfología, el estado de conservación, si era
carbón o madera, si había huellas del trabajo de la madera y el
grado de alteración. Posteriormente, se analizaron en el microscopio metalográfico (Leica DM6000 M) para su identificación
botánica. Las fotografías se han tomado en el microscopio electrónico de barrido (Hitachi S-4800) con el sistema de adquisición
de imagen Quantax 200 y el software Esprit 1.9 de Bruker. Este
microscopio fue configurado con 10 KV y una distancia de trabajo
de 15 mm. También se ha utilizado el microscopio electrónico de
barrido de emisión de campo con haz de iones enfocado SCIOS 2.
Para la observación en el microscopio electrónico, las pequeñas partículas vegetales fueron fijadas en una cinta adhesiva de
carbono y metalizadas con oro-paladio para facilitar su conductividad. En algunos fragmentos claramente mineralizados se hizo
un análisis elemental para comprobar el tipo de metal que contenía la madera.
Para saber de qué plantas procede la madera o el carbón, en
cada fragmento se han observado los tres cortes anatómicos de
la madera, el transversal y los dos longitudinales, el tangencial
y el radial, para llegar a la identificación botánica de género,
especie o familia.
Los vegetales, una vez depositados en las sepulturas, sufrieron una serie de alteraciones y ataques de organismos vivos que
los fueron degradando. La secuencia de alteraciones observada
en algunos carbones, probablemente, fue la siguiente: raíces,
insectos xilófagos, bacterias, hifas de los hongos y otros microorganismos, además, en algunos casos la oxidación de los metales
que estaban en directa conexión con los carbones o con la madera.
Las actividades biológicas facilitaron la destrucción y desintegración de los carbones y maderas, mientras que la oxidación
de los metales facilitó la conservación de algunos mangos de
madera, como veremos más adelante.
5.3.2. Tafonomía
El material analizado consta de madera carbonizada o no, de
hojas, de frutos y un trozo de pan. Todo el material vegetal analizado procede de la acción voluntaria de la comunidad ibérica de
Casa del Monte al depositarlo en las sepulturas de la necrópolis.
Esto lo podemos deducir por varias razones: a) la morfología del
material claramente manufacturado, b) la necesidad de combustible para la cremación y c) la asociación con los otros restos de
la cultura material de los difuntos.
En el conjunto de las nueve tumbas se han identificado 46
restos vegetales (tabla 5.1). De los cuales 12 son madera sin carbonizar y 34 están carbonizados en mayor o menor intensidad.
Además, hay cuatro frutos y un trozo de pan. También se identificaron dos fragmentos de hueso amorfos carbonizados, uno de
la Sepultura VII y el otro de la IX.
La morfología y el estado de los restos nos indican cómo
se han preservado y cómo les afectó la combustión durante los
rituales funerarios y su posterior entierro. Para la combustión se
necesitan los tres elementos del triángulo del fuego: combustible, oxígeno (comburente) y la chispa o detonante. Las fases de
la combustión son:
Primera fase: Deshidratación (Temperatura de 0 a 170ºC). En
la primera fase se produce el incremento de la temperatura que
provoca la evaporación y eliminación del agua que contiene la
madera o los objetos. Si el proceso de combustión se detiene aquí,
pueden quedar madera o semillas secas y sin carbonizar, lo que
facilita su conservación. Los tres fragmentos de madera de enebro
sin carbonizar de la Sepultura VII puede que solo sufrieran esta
Figura 5.2. Cajas con el contenido de las Sepulturas VII y XXVI.
131
[page-n-133]
la necrópolis ibérica de casa del monte
fase de la combustión por estar en la periferia de la pira funeraria,
al igual que las bellotas (fig. 5.3). Todos tienen un color rojizo o
marrón oscuro y lo mismo ocurrió con las bellotas.
Segunda fase: Torrefacción (T: 170-280ºC). En esta fase,
el aumento de la temperatura produce la descomposición de la
madera hasta llegar al punto de ignición, en torno a los 280ºC.
Las moléculas grandes, como la celulosa, hemicelulosa, etc., se
rompen y generan otras más pequeñas, son los gases combustibles. Si la combustión se detiene en esta fase, los vegetales
pueden conservar la forma.
En el caso de Casa del Monte, las Sepulturas VII, XI y
XXVI tienen objetos de madera carbonizados que conservan
la forma porque la combustión se detuvo en la fase de torrefacción, sin llegar al punto de ignición (figs. 5.4 y 5.20). Como
narra Isidro Ballester Tormo en los diarios de las excavaciones, por ejemplo, en la Sepultura II “hasta aparecer la mancha
de cenizas y junto al lado NO el pocito ó (sic) balsita de barro
amasado con paja pero casi del todo borrosa ó (sic) destruida
conteniendo muy arregladito y en sentido plano sobre cenizas
y huesos un puñal espada de enmangadura plana y hoja nervada. …..”. Si sobre la capa de cenizas y carbones, todavía
ardiente, se pusieron encima objetos del ajuar, es muy probable
que todavía tuvieran la capacidad de deshidratar y torrefactar
los objetos, pero no de llegar a la fase de ignición y por eso se
conservó con forma la madera (fig. 5.4).
Tercera fase: Pirólisis (T: 280-400ºC). En esta fase se produce
la ignición por la gasificación de la madera y se va consumiendo
en forma de llama. Si la combustión se detiene en esta fase tendremos muchos carbones con formas amorfas o algo rectangulares
porque fracturan en sentido longitudinal de la madera. Este es el
caso de la mayoría de los fragmentos carbonizados que hemos
identificado en Casa del Monte (fig. 5.5).
Cuarta fase: Cumburación (T < 500ºC). Si la combustión es
completa se producen las cenizas que es la materia mineral de las
plantas. Según los diarios de las excavaciones de Casa del Monte,
las cenizas son muy abundantes en todas las sepulturas porque
el fuego llegó a la reducción prácticamente total de la biomasa
tanto vegetal, como de los propios difuntos.
5.3.3. Resultados
La recogida del material fue escasa, pero en todo caso es de gran
valor porque nos acerca a los usos de los vegetales por parte de la
comunidad ibérica de Casa del Monte. A continuación, se presentan los resultados taxonómicos de cada una de las estructuras y las
particularidades del material analizado (tabla 5.1). Cabe destacar
que la Sepultura VII es de la que más material se recogió y esto
se nota en la diversidad de plantas identificadas, ya que hay un
mínimo de 11 plantas identificadas y que van asociadas a diversos usos, como veremos más adelante. El resto de las sepulturas
son interesantes a pesar del poco material analizado.
5.3.3.1. Sepultura I (MPV 47073)
En el diario nº 67, la Sepultura I se describe así “la balsita unos
17 cts. de fondo. Toda ella estaba llena de carbones y cenizas y
algunos restos de huesos humanos casi calcinados, y algún trozo
de hierro”, pero los restos vegetales no merecieron ser recogidos
para su estudio. El diario indica que encima de la balsita había
muchos objetos de hierro, muy alterados por la acción del fuego.
Entre ellos, una espada y trozos de la vaina, una lanza, un regatón y un “ágrafe” entre otros objetos. En el interior del hueco del
regatón de hierro, justamente, se hallaba un carbón que hemos
identificado como madera procedente de alguna especie de roble
(Quercus sp. caducifolio).
Figura 5.3. Objetos de madera manufacturada y negativo de bellota.
132
Figura 5.4. Madera torrefactada conservando dos caras externas formando un ángulo recto de la Sepultura VII (MPV 47105-1).
[page-n-134]
pasto de las llamas
La madera se insertó en el hueco del hierro siguiendo el sentido longitudinal de la madera, quedando el corte transversal
perpendicular a la pieza de hierro (fig. 5.6). La parte del carbón
que estaba en contacto con el metal tenía partículas de óxido
como consecuencia de la oxidación del hierro. La posición y
conexión de este carbón con el regatón indica que es su astil y la
parte exterior desapareció durante la combustión y sólo quedó
carbonizada la insertada dentro del metal.
5.3.3.2. Sepultura II (MPV 23)
Se trata de un puñal de hierro en cuya superficie se encontraban fusionados carbones de diferentes tamaños, pero en general pequeños, pues apenas superaban el 1 cm de largo (fig. 5.7).
Los carbones estaban adheridos al hierro en todas direcciones.
El estado de combustión alcanzó la fase de pirólisis, es decir,
superó los 280ºC y entró en ignición, porque no conserva la parte
externa y la fragmentación es la típica de una combustión avanzada. Del conjunto de carbones se extrajeron dos para su identificación botánica, los que tenían más opciones de estar menos
contaminados por los productos químicos que se aplicaron en la
restauración de la pieza.
En ambos casos se trataba de carbón de Quercus, en uno se
pudo distinguir que pertenecía al grupo de los perennifolios, es
decir, puede ser madera de carrasca o de coscoja, ya que no se
distinguen por la anatomía vegetal. El otro estaba demasiado
alterado por las sustancias químicas que se aplicaron en la restauración. Es probable que ambos carbones procedan de la leña
que alimentó la pira y que quedaron fusionados con el metal
al comenzar a fundirse la parte externa del puñal por la alta
temperatura.
5.3.3.3. Sepultura III (MPV 47140)
La tipología y método de excavación de esta sepultura es similar
a las precedentes, se describe la abundancia de los carbones de
la cremación en la estructura, pero solamente se recogieron dos
fragmentos de carbón. Un carbón procede de la quema de madera
de pino carrasco (Pinus halepensis). No conserva forma alguna
y esto nos sugiere que es parte del combustible que se utilizó en
la incineración de la persona y sus ajuares.
El otro carbón tiene una morfología externa redondeada y
una estructura anatómica coincidente con la madera de fresno
(Fraxinus sp.) (fig. 5.8). Está perfectamente conservado y la parte
externa presentaba un color verdeazulado porque estuvo en contacto con un objeto metálico.
Para conocer la naturaleza del metal, hicimos fotografías y
un análisis elemental en el microscopio electrónico de barrido.
El resultado del microanálisis señala altos índices de Cu, lo
que indica que este carbón de fresno estuvo en contacto con
un objeto de bronce o cobre y debido a la oxidación del metal,
los cristales penetraron en las células vegetales, lo que produjo
su mineralización en la parte exterior y su conservación en la
parte interior al quedar aislados los tejidos vegetales por la capa
exterior de cristales de cobre. En el diario nº 67 se describe la
presencia de “un hierro de lanza del que resta solo el cubo y el
nervio de la hoja de la que solo queda un poco”. Algunas lanzas y regatones tienen, en el interior del cubo, una fina lámina
de cobre, por lo que nos inclinamos a pensar que este carbón
de fresno procede del astil de la lanza de la persona incinerada
en esta sepultura.
5.3.3.4. Sepultura VII (MPV 47105 y 47108)
En la Sepultura VII, según el diario nº 67, la hoguera era muy
evidente y tenía una capa de tierra quemada, cubierta por otra
de carbones y cenizas, es decir, la típica estratigrafía del fuego
Figura 5.5. Fragmentos de carbón en contacto directo con metal de
la Sepultura XXVI (MPV 47070).
Figura 5.6. Esquema del carbón de roble que sería el mango del
regatón de hierro de la Sepultura I (MPV 47073).
Figura 5.7. Puñal de la Sepultura II con partículas de carbón adherido
extraídas para analizar (MPV 23).
133
[page-n-135]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.8. Arriba: carbón de fresno con incrustaciones de cristales de cobre. Abajo: cristales de cobre vistos a 300 aumentos y su espectro
elemental con alto contenido en cobre. Sepultura III (MPV 47140).
funerario. El arqueólogo sugiere que la tumba se habría levantado sobre la propia hoguera. Los restos carbonizados de esta
tumba debieron llamarle bastante la atención porque es de la que
más material se recogió en dos cajitas de munición de caza que
corresponden con los números de inventario MPV 47105 y MPV
47108 (fig. 5.2). El material es heterogéneo ya que había trozos
de madera, carbón, comida y fragmentos de metal.
Se han analizado 26 fragmentos vegetales, de los cuales 11
están sin carbonizar y 15 quemados. Además, había un fragmento
calcinado de hueso amorfo.
En la muestra con el número de inventario MPV 47105, los
restos vegetales son los siguientes, según el inventario de identificación botánica:
47105-1. Fragmento de madera carbonizada y manufacturada,
aunque no se han conservado estigmas del trabajo de carpintero.
La identificación botánica de la madera corresponde con carrasca o
coscoja (Quercus sp. perennifolio) (fig. 5.4, 47105-1). El trozo posiblemente tiene forma rectangular o de cubo, aunque solo conserva un
ángulo recto longitudinal y en un extremo un poco del plano recto. El
resto ha desaparecido por la combustión. Las dimensiones mínimas
conservadas son: largo de 3,1 cm, ancho de 2,6 cm y alto de 3,8 cm.
No se aprecia curvatura en los anillos de crecimiento, esto probablemente es debido a que procede de un tronco muy grande. Además,
134
los anillos son muy largos, esto indica un crecimiento óptimo. Por
la morfología se observa que está escuadrado de forma artificial, por
lo que debe responder a parte de algún objeto como, por ejemplo,
del escudo que se halló en esta sepultura.
47105- 2. Cilindro de madera deshidratada de enebro (Juniperus sp.) que conserva 17 mm de diámetro por 26 mm de largo
(tabla 5.1, fig. 5.3, 47105-2). La médula de la rama está un poco
ladeada. Se han conservado 27 anillos de crecimiento, lo que le
confiere una edad mínima de 27 años. El crecimiento del individuo es muy homogéneo y regular en todos los anillos, es decir, no
se detectan años con estrés de crecimiento. Lo que puede indicar
que procede de una zona con condiciones climáticas, de suelo y
disponibilidad de agua muy estables.
La perfecta forma redondeada podría indicar que procede de
algún mango o utensilio de los objetos ofrendados no identificado en el ajuar. En cuanto a alteraciones de la madera se han
observado hifas fúngicas y raíces de plantas que crecieron sobre
la tumba.
47105-3. Fragmento de hierro recubierto de tierra quemada
con fragmentos de carbón adherido (fig. 5.9). Hay varios fragmentos pequeños de carbón en todas direcciones que parecen
proceder de la leña quemada en la pira. Se identifican los siguientes taxones:
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pasto de las llamas
47105-3-1: Carbón adherido a fragmento de hierro que procede de madera de pino carrasco (Pinus halepensis) (fig. 5.9).
Tiene partículas rojas que son cristales de Fe que por oxidación
han penetrado en el carbón.
47105-3a y 3e: Dos fragmentos de carbón de fabácea leñosa,
puede ser algún tipo de aulaga, genista o retama como las que
crecen actualmente en la zona y que sirviera de leña en la pira
funeraria.
47105-3b: Carbón de enebro o sabina (Juniperus sp.).
47105-3c y d: Dos fragmentos de carbón muy mal conservados y alterados, así que se ha identificado como madera de
angiosperma.
47105-4. Fragmento sin carbonizar que corresponde a
madera de enebro (Juniperus sp.). El objeto tiene una forma
rectangular realizada voluntariamente (fig. 5.3, 47105-4),
aunque no hemos podido identificar huellas del trabajo de
carpintero. Una de las caras tiene una pátina negra, puede ser
carbonizada o una capa de alguna sustancia no identificada.
Las dimensiones conservadas son de largo 5,3 cm, de ancho
2,9 cm y de grosor 1 cm. Se han conservado 25 anillos de
crecimiento, todos muy rectos lo que indica que es un tronco
de buen diámetro. El crecimiento es muy regular y con células grandes en la madera inicial del anillo que disminuyen
poco a poco hacia el final del anillo. No se detecta estrés de
crecimiento en ninguno de los 25 años, lo que puede indicar
unas condiciones ecológicas estables durante esos años de
vida del individuo.
Como alteraciones presenta galerías de xilófagos tanto verticales como horizontales en la parte externa. Además de raíces de
plantas que crecieron sobre la tumba y penetraron en la madera
de enebro.
47105-5. Madera de enebro (Juniperus sp.) sin carbonizar con
una forma ligeramente curva que parece proceder de un nudo de
la rama. Las dimensiones conservadas son 6,7 cm de largo, 2,6
cm de ancho en un extremo y 0,8 cm en el otro.
Parece manufacturada porque uno de sus extremos está aguzado-redondeado y parece tener huellas de sierra, el otro extremo
es más rectangular (fig. 5.3, 47105-5). Como en los otros ejemplares de la madera de enebro, el crecimiento es muy regular y
no se detecta estrés de crecimiento en ninguno de los 35 anillos
de crecimiento conservados, que además son rectos y uniformes,
lo que indica que proceden de un tronco maduro.
47105-6. Pequeño fragmento de hueso amorfo y completamente calcinado.
47105-7. Fragmento de lámina de hierro recubierta de tierra y
huesos (fig. 5.10) seguramente es parte de un cuchillo. La lámina
en un extremo tiene dos remaches, donde queda madera sin carbonizar del mango. Bajo lupa binocular, con ayuda de un bisturí,
se extrajeron micropartículas de la madera en ambos lados de la
lámina. Está muy alterada por diversos procesos postdeposicionales
y se desintegra fácilmente dificultando su análisis anatómico. No
obstante, en el microscopio electrónico de barrido, por sus tejidos,
se ha podido identificar como madera de madroño (Arbutus unedo).
47105-8. Fragmento de hierro con una perforación circular
en el centro, donde quedan minúsculas partículas de madera sin
carbonizar de enebro (Juniperus sp.) que puede proceder de un
mango. En la parte exterior del hierro hay improntas como de la
atadura con cuerda de esparto (Stipa tenacissima) sin carbonizar
(fig. 5.11, 57105-8).
47105-9. Es un fragmento de hierro con madera de Fabaceae
conservada en dos de sus caras (fig. 5.11, 47105-9). No podemos
distinguir si es de algún objeto de madera, mango del hierro o
simplemente leña sin quemar de la pira.
47105-10. Fragmento de hierro amorfo con madera sin carbonizar en una de sus caras. También es madera de fabácea leñosa
y podría ser leña sin quemar procedente de la pira (fig. 5.11,
47105-10).
47105-11. Lámina de hierro con algunas microfibras vegetales adheridas, pero en estado muy avanzado de descomposición
de los tejidos que hace imposible identificar con precisión (fig.
5.11, 47105-11).
47105-12. Fragmento de hierro con amalgama de fibras vegetales, huesos y una bellota. Todo está sin carbonizar. De las fibras
vegetales se observa un tallo circular entero, con incrustaciones
de hierro que impide hacer una identificación botánica.
La bellota se deshace, pero conserva ciertos elementos como el
pericarpo y el mesocarpo (fig. 5.12). Se observan bien los tejidos de
todas las partes, pero están muy rojos por impregnación del hierro.
Figura 5.9. Fragmento de hierro y carbón de pino carrasco de la Sepultura VII (MPV 47105-3-1).
135
[page-n-137]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.10. Lámina de hierro con remache y partículas de madera probablemente del mango de un cuchillo de la Sepultura VII (MPV
47105-7); plano longitudinal de la madera de madroño al microscopio.
Figura 5.11. Fragmentos de metal con restos vegetales de la Sepultura VII.
47105-13. Fragmento de hierro amorfo con tierra pegada
donde hay un negativo de bellota de la que se ven los tejidos de
la epidermis desde el interior.
Las bellotas parecen haber sido deshidratadas por acción del
calor de la pira, los cotiledones han desaparecido seguramente
por acciones microbianas y sólo se conserva el negativo y parte
de la epidermis de las semillas.
La muestra con el número de inventario MPV 47108 también
corresponde al material recuperado en la excavación de la Sepultura VII (tabla 5.1). Todo estaba carbonizado y algunas piezas
conservaban la forma.
Por el orden del inventario de la identificación botánica se
han hallado las siguientes plantas:
136
47108-1. Se trata de un fragmento de carbón de enebro
(Juniperus sp.) con los anillos rectos y muy largos debido a un
crecimiento regular a lo largo del año.
47108-2. Carbón de madera de roble (Quercus sp. perennifolio) con anillos de crecimiento rectos, puede proceder de un
tronco grande. Estaba muy alterado por insectos y hongos (fig.
5.13). Tal vez, podría ser parte del escudo que se encontraba en
esta sepultura.
47108-3. Cilindro de madera carbonizada de pino carrasco
(Pinus halepensis) (fig. 5.14) porque los canales secretores
de la resina están distribuidos por la madera inicial del anillo
anual de crecimiento, además en el plano longitudinal radial
se observan las punteaduras típicas de este pino. El diámetro
[page-n-138]
pasto de las llamas
Figura 5.12. Bellota de la Sepultura VII (MPV 47105-12).
conservado es de 27 mm y un largo de 2,5 cm. Su morfología
externa es circular y no conserva corteza ni trazas de carpintería, pero parece un posible mango. Sí que presenta alteraciones
por hongos y galerías verticales y horizontales de xilófagos
y de raíces de plantas.
47108-4. Fragmento de carbón amorfo, la estructura anatómica está muy bien conservada y corresponde con madera de
acebuche y/o olivo (Olea europaea) (fig. 5.15). La parte externa
estaba alterada por la actividad fúngica.
47108-5. Trozo amorfo de pan carbonizado donde se observan los alveolos producidos por las burbujas de los gases que se
generan en el proceso de la fermentación (fig. 5.16).
En la observación con microscopio electrónico de barrido se
ha podido distinguir los almidones y las levaduras (fig. 5.17 A
y C). Además, contenía gran cantidad de salvado grueso y fragmentos de tallo de cereal (fig. 5.17 B y D).
La presencia de tallos sugiere una trilla con poco aventado,
mientras que el alto contenido en salvado o cascarilla, procede de
la molienda de los granos al triturar todas las capas que cubren el
Figura 5.13. A: Carbón de roble de la Sepultura VII (MPV 47108-2); B, C y D: Xilófago en el interior del carbón de roble.
137
[page-n-139]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.14. Cilindro de madera de pino carrasco de la Sepultura VII (MPV 47108-3) y plano longitudinal
radial de su madera.
cotiledón. Se debió realizar una molienda gruesa y en todo caso,
probablemente, no se cernía la harina para separar las partes sutiles de las gruesas, o se cernía muy poco.
47108-6 y 7. Se han identificado dos higos completos. Los
dos higos (Ficus carica) estaban carbonizados, uno conserva
bastante bien su forma y su pedúnculo corto (fig. 5.18 A), la
superficie estaba un poco alterada por la carbonización. El otro
está más alterado por el fuego y perdió algo de la parte externa,
pero conserva en su interior las semillas, el azúcar y los tejidos
florales (fig. 5.18 B y C).
5.3.3.5. Sepultura IX (MPV 47083)
Dentro de un regatón de hierro se encontraba un fragmento de
madera que se desintegraba célula a célula al perder su resistencia como consecuencia de la acción de microorganismos y de la
oxidación del metal.
Los elementos anatómicos de los tejidos vegetales permiten identificar esta muestra como madera de algún tipo de roble
(Quercus sp. caducifolio) (fig. 5.19 A). La muestra estaba atacada por hifas y otros microorganismos calcáreos (fig. 5.19 B)
que producen la desintegración de la madera.
En el microscopio electrónico se apreciaban los cristales de
hierro incrustados en las células anatómicas de la madera; el
análisis elemental confirmó su alto contenido en Fe (fig. 5.19
C y D).
Es muy probable que el astil del regatón se realizara con
madera de roble de la que quedan estas partículas. En la misma
muestra, y también con cristales de hierro, identificamos un fragmento amorfo de hueso calcinado.
5.3.3.6. Sepultura XI (MPV 64)
La Sepultura XI, según el diario de excavaciones, se describe como rectangular de poco más de un metro cuadrado.
En su interior había abundantes cenizas, carbones, huesos y
objetos metálicos de adorno. Todo ello parece haber estado
sellado por una capa de barro, a la que se superponen las
piedras de cierre.
138
De esta tumba procede una placa de madera carbonizada,
rectangular, con unas dimensiones conservadas de 42 mm de
largo por 26 mm de ancho y un espesor de 2 mm que, en el diario
de excavaciones, se menciona como “restos carbonizados de un
cinturón (¿) adornado con rosetas estampadas”. Está trabajada en
sentido longitudinal tangencial de la madera. Una de las caras está
finamente grabada o troquelada con dos pares de líneas paralelas
y, entre ellas, se observan trazos discontinuos; además, una flor de
12 pétalos, cuyo centro, así como un círculo a su alrededor, están
rebajados, como si hubiesen albergado una incrustación o remache de otro material. Así mismo en una fotografía del archivo del
SIP se aprecia que la decoración grabada pudo llevar un relleno
más claro con el fin de resaltar la decoración (fig. 5.20).
El análisis anatómico ha mostrado que fue realizado con
madera de boj (Buxus sempervirens), se encontró en perfecto
estado y sin alteraciones de microorganismos. Desde nuestro
punto de vista, la capa de barro que sella la sepultura ahogó el
fuego y paró la combustión en la fase de torrefacción, por eso
se conserva la forma y grabado de la placa, la falta de oxígeno
impidió alcanzar la fase de ignición. Es muy probable que gracias a este gesto de cerrar la sepultura con barro, hoy podemos
gozar de una placa de madera de boj finamente trabajada hace
unos 2.400 años.
5.3.3.7. Sepultura XIV (MPV 35)
De la Sepultura XIV se encontró un puñal que presenta muchos
fragmentos de carbón adherido por todo el cuerpo de la pieza
y sin un orden aparente, lo que induce a pensar que son restos
de la leña de la pira que quedaron pegados al metal por la alta
temperatura del fuego. Algunos son de buen tamaño y visibles
al ojo desnudo. A pesar de estar consolidado con productos
químicos, se decidió extraer cuatro fragmentos de carbón por
ver si podíamos identificar los tipos de madera quemada en el
ritual funerario.
Los cuatro carbones estaban muy alterados por la penetración
de las sustancias químicas aplicadas en el proceso de restauración.
En dos, no se pudieron distinguir los tejidos vegetales. Solamente
con el microscopio electrónico de barrido se identificaron los
[page-n-140]
pasto de las llamas
Figura 5.15. Carbón de olivo de la Sepultura VII (MPV 47108-4). A: Plano transversal; B: Plano longitudinal tangencial de la madera.
Figura 5.16. Alveolos del pan de la Sepultura VII (MPV 47108-5).
139
[page-n-141]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.17. Componentes del pan de la Sepultura VII (MPV 47108-5). A: levaduras; B: tallo de cereal; C: almidones; D: salvado entre
los alveolos.
otros dos. Uno es madera de angiosperma y el otro de enebro
(Juniperus sp.), ambos estaban colonizados por hifas y microorganismos calcáreos, es decir, que antes de la restauración ya
estaban bastante deteriorados (fig. 5.21).
5.3.3.8. Sepultura XVIII (MPV 12)
En la Sepultura XVIII hay una contera que conservaba carbón en
su interior. Se extrajo la muestra para su identificación botánica.
El carbón está muy afectado por la oxidación del metal, además
tiene muchos microorganismos como hifas, bacterias, etc. No
obstante, se ha podido identificar como madera de alguna especie
de roble (Quercus sp. caducifolio) que conservaba dos anillos de
crecimiento (fig. 5.22).
5.3.3.9. Sepultura XXVI (MPV 47070)
En la Sepultura XXVI se recuperaron varios fragmentos de carbón todos ellos con claro signo de haber estado en contacto con
objetos metálicos. Aunque no hemos hecho análisis elemental,
140
podrían haber estado en contacto con objetos de cobre o bronce
por el color verde de las adherencias que se produjeron por la
oxidación y alteración del metal (fig. 5.23 B).
En total se han analizado 10 fragmentos de carbón de los
cuales uno corresponde a madera de conífera. Su estado de
alteración impide saber si se trata de un pino o un enebro. Los
otros nueve fragmentos corresponden a madera de carrasca
o coscoja (Quercus sp. perennifolio). De ellos destacan dos
en particular; uno tiene forma de medio círculo de 25 mm de
diámetro, por 21 de alto y todo recubierto de partículas verdes. La forma y su contorno recubierto de metal, nos induce a
pensar que se trata de un mango hecho con madera de carrasca
o coscoja, ya que con la anatomía de la madera no podemos
distinguir entre las dos, en todo caso ambas son óptimas para
hacer utensilios y apliques.
El otro fragmento de carbón procedía de una ramita de 3 mm
de diámetro, con una edad de 5 años. Conservaba la corteza y
por el estado de crecimiento de anillo anual, se puede deducir
que fue cortada el último año de su vida hacia finales de verano
o principios de otoño (fig. 5.23 C y D). Además, en la propia
[page-n-142]
pasto de las llamas
Figura 5.18. Higos de la Sepultura VII. A: higo completo (MPV 47108-6), fotografía D. Sabato; B: semilla dentro del higo (MPV 471087); C: cristales de azúcar con hifa (MPV 47108-7).
corteza tiene marcas como si hubiera estado atada con cuerdas
que dejaron sus improntas. También tiene partículas verdes. Igual
que la pieza anterior, nos inclinamos a pensar que se trata de un
mango u utensilio realizado con una ramita de carrasca o coscoja.
Desafortunadamente de esta tumba sólo consta como ajuar una
fusayola y fragmentos de cerámica.
5.4. LAS PLANTAS EN LA SOCIEDAD IBÉRICA
Los recursos vegetales son de capital importancia para todas
las sociedades, la intensidad y la variedad en su uso se pueden correlacionar con la complejidad de éstas. El análisis de
los pocos restos recuperados durante las excavaciones de la
necrópolis de Casa del Monte ofrece una valiosa información
sobre las plantas locales seleccionadas para diferentes usos y
como llegan nuevas de otras regiones. Es indudable que los
grupos ibéricos conocen su entorno vegetal y, por ello, hacen
una selección de las distintas partes de los vegetales en función
del uso. De la madera extraen su energía al utilizarla como
leña para el fuego y como materia prima para fabricar utensilios y objetos varios. Las frutas y semillas para la nutrición
humana y fibras para confección de cuerdas y tejidos, etc.
En todo caso la flora actual del municipio de Valdeganga va
a servir de referente para comparar con la flora utilizada por
los iberos de este momento.
El municipio de Valdeganga está a 669 m snm (coordenadas
geográficas: 39.13523, -1.677004). Al N, el río Júcar forma un
cerrado meandro y genera un profundo valle de 80 m de desnivel con relación al pueblo. La vegetación de ribera es densa y
diversa con fresnos, chopos, sauces, álamos, juncos, carrizos y
cañas. A lo largo del río hay huertas y viejos cultivos arbóreos
como el nogal, la higuera y otros frutales.
En el término municipal, la vegetación natural está muy alterada porque la mayor parte del suelo está dedicada a las labores
agrícolas. No obstante, hay rodales de encina (Quercus rotundifolia) y coscoja (Quercus coccifera) con arbustos de boj (Buxus
sempervirens), romero (Rosmarinus officinalis), aulaga (Genista
scorpius), retama (Retama monosperma), espino negro (Rhamnus
lyoides), ajedrea (Satureja sp.), tomillo (Thymus vulgaris), candelera (Phlomis lychnitis), etc. (fig. 2.2). La aridez del terreno se
nota por los espartales (Stipa tenacissima) que cubren las zonas
más secas y de suelos más pobres.
Los pinares parecen relativamente recientes porque en el término se observan algunas plantaciones de pino carrasco (Pinus
halepensis) y rodales de pino piñonero (Pinus pinea). Esto también lo observa Madoz (1849) que dice “comprende unos trozos
de pinar sin utilidad, por ser aun nuevos”.
Las plantas leñosas identificadas (tabla 5.1) en la necrópolis
ibérica son: roble (Quercus sp. caducifolio), carrasca y/o coscoja (Quercus sp. perennifolio), fresno (Fraxinus sp.), boj (Buxus
141
[page-n-143]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.19. Sepultura IX (MPV 47083). Arriba: plano longitudinal radial de roble (A) y microorganismo con estructura calcárea (B).
Abajo: cristales de hierro vistos a 13.000 aumentos (C) y su espectro elemental con alto contenido en Fe (D).
B
E
Figura 5.20. Sepultura XI (MPV 64). A: placa de madera de boj carbonizada; B: foto de la misma pieza antes de su limpieza (Archivo
fotográfico SIP); C: plano longitudinal tangencial; D: plano radial; E: plano transversal de la madera.
142
[page-n-144]
pasto de las llamas
Figura 5.21. Sepultura XIV (MPV 35). Toma de muestras y dos
microfotografías. Una de madera de angiosperma y en la otra
un microorganismo calcáreo.
Figura 5.22. Microorganismos en el
carbón de roble de la Sepultura XVIII
(MPV 12). A: aumentado x5000; B:
aumentado x4000.
Figura 5.23. Sepultura XXVI (MPV 47070). A y
B: caja y contenido; C y D: dos fotografías de
carrasca o coscoja.
143
[page-n-145]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 5.1. Resultados de la identificación botánica.
MPV
47073
23
47140
47105-47108 47083
64
35
12
47070
Sepultura
I
II
III
VII
IX
XI
XIV
XVIII
XXVI
Total
Quercus sp. perennifolio
Quercus sp. caducifolio
0
1
1
0
0
0
1
1
0
1
0
0
0
0
0
1
9
0
11
4
Quercus sp.
0
1
Quercus sp. Bellota
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
2
0
0
0
0
0
2
Fraxinus sp.
0
Buxus sempervirens
0
0
1
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
1
0
0
0
1
Olea europaea
Juniperus sp.
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
0
0
0
6
0
0
1
0
0
7
Pinus halepensis
0
0
1
2
0
0
0
0
0
3
Conífera
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
Higo
0
0
0
2
0
0
0
0
0
2
Pan
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Arbutus unedo
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Fabácea
0
0
0
4
0
0
0
0
0
4
Stipa tenacissima
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Monocotiledónea
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Angiosperma
0
0
0
2
0
0
1
0
0
3
Fibras vegetales
0
0
0
1
0
0
0
0
0
1
Total
1
2
2
26
1
1
2
1
10
46
sempervirens), olivo (Olea europaea), enebro (Juniperus sp.),
pino carrasco (Pinus halepensis), madroño (Arbutus unedo) y
algunos fragmentos de Fabácea leñosa cuyo género no se ha
podido identificar, pero bien pueden corresponder con las especies
que actualmente crecen en el término de Valdeganga. Algunos
fragmentos vegetales, como hemos visto, estaban muy mal
conservados y solo se pudieron identificar como angiosperma,
conífera o fibras vegetales. En un caso, se identificó esparto (Stipa
tenacissima), dos restos quedaron identificados como monocotiledónea sin poder hacer mayor precisión botánica.
5.4.1. La flora
Lo primero a destacar es que todas las plantas identificadas en la
necrópolis siguen en la flora local de Valdeganga, por lo tanto,
podemos deducir que:
A. Las condiciones ambientales y de disponibilidad de los
recursos vegetales silvestres en esencia eran similares a los actuales, o incluso mayores porque el impacto agrícola sería mucho
menor que en la actualidad, por tanto, las formaciones forestales
ocuparían mayor extensión.
B. De las nueve sepulturas analizadas, el Quercus sp. perennifolio (carrasca, coscoja) está en tres y los caducifolios en cuatro
de ellas. Es decir, son los más ubicuos y esto debe responder al
uso frecuente de las formaciones boscosas de quercíneas (encinares y robledales). Además, queda constancia que se utiliza como
leña en las piras y como materia prima para realizar mangos u
144
otros objetos de difícil identificación. En otras necrópolis ibéricas
también son utilizadas como leña para las incineraciones (Pérez
Milián et al. 2007; Rodríguez Ariza 2014).
C. Los recursos locales eran suficientes para satisfacer las
necesidades básicas que hemos podido observar: leña para el
fuego y madera para realizar objetos, utensilios y fibras para
hacer cordeles.
D. Cabe destacar la presencia de un fragmento amorfo de
madera carbonizada de olivo que, con la anatomía de la madera,
no se puede distinguir entre acebuche silvestre u olivo cultivado.
Desde inicios del Holoceno, la zona originaria del acebuche (Olea
europaea var. sylvestris) está en las áreas más cálidas del litoral
de la península Ibérica (Badal García 2009; Carrión Marco et al.
2010). El cultivo del olivo (Olea europaea var. sativa) también
empieza en las zonas más cálidas del sur y este peninsular entre
los siglos IX y VIII a. C. (Pérez-Jordà et al. 2017). El hecho de
encontrar un carbón de Olea en Casa del Monte puede tener
varias explicaciones:
a: es un objeto realizado con madera de olivo silvestre o cultivado que procede de la zona litoral del mundo Ibérico, donde se han
documentado varios objetos manufacturados con esta madera en
Tossal de les Basses (Alacant) (Carrión Marco y Rosser Limiñana
2010). Si este es el caso, el objeto perdió su forma en el proceso de
cremación y en última instancia lo encontramos como un carbón.
b: que se esté extendiendo el cultivo del olivo por los territorios de la meseta, porque en el I milenio los cultivos de frutales se
están extendiendo por Iberia, aunque la zona central lleva cierto
[page-n-146]
pasto de las llamas
retraso y además necesita más estudios de materiales (Pérez‑Jordà
et al. 2017 y 2021).
5.4.2. Los usos de la madera
La madera tiene unas cualidades físicas y mecánicas que la convierten en una materia prima de indudable valor para muchos
usos. Es un recurso renovable, versátil, ligero a la par que resistente, fácil de trabajar, higroscópica, abundante en los territorios
ibéricos, etc. Por tanto, debió ser un componente importante en la
cultura material de los iberos como lo demuestran los materiales
recuperados en muchos yacimientos y su uso en la construcción
de los propios sepulcros funerarios (Chapa Brunet et al. 1991;
Mata Parreño et al. 2010; Rodríguez Ariza 2014).
En la necrópolis de Casa del Monte la madera identificada se
puede correlacionar con diversos usos dentro del contexto funerario, en esencia, se usó como leña para el fuego, para confeccionar
mangos de los objetos ofrendados, madera manufacturada que
no siempre se puede saber a qué corresponde, una cuerda y en
algunos fragmentos cuyo uso ha quedado como indeterminado.
Como se puede ver en las tablas 5.2 y 5.3, la Sepultura VII es la
tiene más restos y mayor diversidad de usos.
5.4.2.1. Biocombustible para las piras
Los ritos funerarios de cremación requieren de biocombustibles
para la pira funeraria donde depositarían a los difuntos que, por
medio de la acción del fuego, transmuta al convertirse en gases
combustibles y cenizas. En este contexto, la madera o leña se usó
para extraer su energía por medio del fuego. Este uso lo observamos en cinco de las sepulturas (II, III, VII, XIV y XXVI) de Casa
del Monte, aunque es evidente que se usó en toda la necrópolis
por la propia tradición cultural de la cremación, pero no se recogieron los materiales adecuadamente. Las plantas identificadas
como leñas son de enebro, pino carrasco, conífera, carrasca o
coscoja, roble, y fabáceas leñosas (tablas 5.2 y 5.3). La sepultura
que más diversidad presenta es la VII porque como mínimo hay
cuatro plantas leñosas que se utilizaron como combustible para la
cremación, es evidente que hay una correlación entre cantidad de
carbón recogido y diversidad de plantas y usos. Las otras tienen
una o dos plantas, pero esto está relacionado con la recogida del
carbón durante la excavación y lo que disponemos es muy parcial.
En otras necrópolis ibéricas las piras están alimentadas con
varios tipos de leña, pero siempre una o dos plantas son las que
aportan la mayor cantidad de biocombustible y suele ser la que
forma los bosques aledaños. En la necrópolis de Sant Joaquim (Forcall) son las quercíneas y los pinos de montaña el combustible más
utilizado (Pérez Milián et al. 2007). En La Vital (Gandía) también
hay carrasca o coscoja (Pérez-Jordà y Carrión Marco 2011). En la
sepultura 21 de la necrópolis de Tútugi se utilizó leña de carrasca-coscoja, aunque también había de pino carrasco y un carbón de
pino de montaña (Pinus nigra-sylvestris) (Rodríguez Ariza 2014).
En el caso de Casa del Monte hay constancia del uso de las
quercíneas en tres cremaciones, mientras que los enebros y el pino
carrasco se utilizaron en dos sepulturas (tablas 5.2 y 5.3). Todas
ellas, como ya comentamos anteriormente, vendrían de las formaciones boscosas locales y que todavía hoy crecen en las cercanías
de la necrópolis. Además, los carbones de los pinos carrascos indican su presencia en la zona en el primer milenio a. C.
Las fabáceas también se utilizaron en la cremación y pueden
ser muy adecuadas para facilitar la combustión de los troncos
de gran calibre porque estas matas, tipo aulagas, retamas, etc.,
suelen ser arbustos de porte pequeño o mediano y proporcionan
leña de pequeño calibre que arde con facilidad y facilita el avivado del fuego.
5.4.2.2. Madera como materia prima
La madera manufacturada, carbonizada o no, se ha identificado en
14 restos de la necrópolis, aunque en muchos casos no se puede
saber de qué objeto proceden porque sólo se conservan trozos
incompletos. No obstante, diez de ellos se han catalogado como
posibles mangos de armas u otros utensilios por estar directamente extraídos de la zona de enmangue de las piezas metálicas,
o por estar recubiertos de cristales de metales en su contorno
redondeado como, por ejemplo, el fragmento de fresno de la
Sepultura III (fig. 5.8) o los cilindros de pino carrasco y de enebro de la Sepultura VII (figs. 5.3, 47105-2 y 5.14).
Para los mangos se elige madera de enebro en dos piezas,
de pino carrasco en una pieza, de roble son tres, de madera de
carrasca o/y coscoja hay dos piezas, de madroño una pieza y de
fresno otra. Todas estas maderas son óptimas para carpintería y
ebanistería. De ellas se pueden obtener fustes redondeados muy
adecuados para los astiles de las lanzas, de los regatones, etc.,
como hemos visto anteriormente, pero también otros muchos
tipos de piezas de carpintería, ebanistería y utensilios (Carrión
Marco y Rosser Limiñana 2010).
La madera de enebro emana un agradable aroma a conífera
y, tal vez por sus componentes orgánicos, es altamente resistente
a los ataques fúngicos y a la podredumbre, quizá por eso se ha
conservado en muy buen estado sin carbonizar en tres ejemplares
(fig. 5.3, 47105-2; 47105-4, 47105-5).
Llama la atención la lámina de hierro 47105-7 porque conservaba, retenida por la oxidación del remache, parte del mango
hecho con madera de madroño (fig. 5.10). El madroño es un
arbusto que puede alcanzar hasta los 10 m de altura, su madera
es fuerte y resistente, así que no extraña que utilizara para fabricar este mango.
Cuatro piezas están claramente manufacturadas, aunque solo
una se puede identificar como una placa de madera de boj, que
por su fineza y estética bien podría pertenecer a algún objeto con
valor estético-simbólico perteneciente al difunto de la Sepultura
XI. El boj tiene una madera de gran densidad y es muy homogénea esto la hace muy adecuada para ebanistería. La ejecución
de esta pieza demuestra una gran maestría y conocimiento del
manejo de la madera. La plancha se cortó en sentido longitudinal
tangencial de la madera y la delgadez de la pieza (2 mm carbonizada) demuestra una técnica depurada para sacar la plancha
sin fracturas y perfectamente escuadrada (fig. 5.20). No sabemos qué método de corte pudieron usar si rajado, serrado u otro
tipo porque el pulido posterior ha borrado las huellas de corte.
El boj ha sido muy utilizado en la Prehistoria por sus cualidades
físicas y mecánicas para realizar desde arcos hasta pequeños objetos, cajas, etc. (Carrión Marco y Rosser Limiñana, 2010; Mata
Parreño et al. 2010).
Las otras piezas manufacturadas (figs. 5.3, 47105-4, 47105-5
y fig. 5.4, 47105-1) no sabemos a qué tipo de objeto corresponden. La pieza 47105-5 hecha con madera de enebro y con un
145
[page-n-147]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 5.2. Usos documentados o probables de los vegetales en cada tumba.
Uso
Sepulturas
Leña
Mango
Manufacturado
Cuerda
Comida
Indeterminado
Total
I
0
1
0
0
0
0
1
II
2
0
0
0
0
0
2
III
1
1
0
0
0
0
2
VII
8
4
3
1
5
5
26
IX XI
0
0
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
1
1
XIV XVIII XXVI
2
0
8
0
1
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
1
10
Total
21
10
4
1
5
5
46
Tabla 5.3. Tipos de uso de las plantas distribuidos en las sepulturas.
Usos
Sepultura
Juniperus sp.
Pinus halepensis
Conífera
Quercus sp.
caducifolio
Quercus sp.
perennifolio
Quercus sp.
Angiosperma
Arbutus unedo
Fabácea
Olea europaea
Fraxinus sp.
Buxus
sempervirens
Stipa tenacissima
Fibras vegetales
Monocotiledónea
Pan
Higo
Quercus sp.
Bellota
Total Sepultura
Total uso
Comida
Manufacturado
Mango
VII
VII
XI
I III VII IX XVIII
0
0
0
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
1
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
1
2
0
0
0
0
0
2
0
5
5
3
4
Leña
Indet.
XXVI
VII
II
III VII XIV XXVI
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
2
1
0
1
0
0
0
0
1
0
0
0
1
1
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
2
0
1
0
0
0
7
0
0
0
0
0
0
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
0
2
1
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
2
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
0
1
1
1
4
1
1
2
1
1
2
1
9
2
8
4
4
10
Total
extremo aguzado, podría ser algún útil que se ofrendó al difunto.
Mientras que la pieza 47105-4 podría ser alguna tabla o tablón
de la estructura funeraria, nada dice al respecto Ballester Tormo,
pero no podemos descartar que fueran parte de la cubierta o
revestido de la cámara funeraria, como se ha documentado en la
sepultura 11/145 de la necrópolis ibérica de los Castellones de
Céal (Hinojares) o en las sepulturas 11 y 20 de Tútugi en las que
146
Cuerda
22
VII
46
también se utilizaron tablones de pino salgareño para la construcción de los techos y paredes de las cámaras (Chapa Brunet
et al. 1991; Rodríguez Ariza 2014).
Finalmente, el fragmento de madera carbonizada y manufacturada de carrasca o coscoja (Quercus sp. perennifolio) (fig. 5.4,
47105-1) debe responder a parte de algún objeto o como en el caso
anterior que proceda de vigas o tablón de la construcción del loculus.
[page-n-148]
pasto de las llamas
Las maderas seleccionadas para manufacturar objetos son
de procedencia local, todas crecen hoy en zona cercana al
yacimiento.
5.4.3. Los alimentos
La Sepultura VII es la única de la que se recogieron ofrendas
de alimentos para los difuntos. Como dijimos más arriba, esta
ofrenda consta de dos higos, un trozo de pan y dos bellotas.
Los dos higos reflejan la introducción de la arboricultura en
la agricultura ibérica que, como señalan recientes estudios, se
incrementa a principios del primer milenio a. C. por los contactos
con los comerciantes del Mediterráneo oriental (Pérez-Jordà et al.
2017 y 2021). Dentro de estos cultivos destacan los árboles con
frutas de alto contenido en azúcar, hidratos de carbono, proteínas
y grasas, como la higuera, el nogal, el almendro, vid, el olivo, etc.
La cuestión que plantean los higos de Casa del Monte es si ya
se cultiva la higuera en la Manchuela en los siglos V-IV a. C. y,
por tanto, corresponde a una producción local o, por el contrario,
son traídos por intercambios comerciales con los territorios ibéricos del sur o del este, donde está asentado el cultivo de frutales
mediterráneos desde el siglo V a. C. La higuera en estado silvestre es autóctona de la península Ibérica, su madera carbonizada
se encuentra tanto en yacimientos paleolíticos como neolíticos
(Badal García 2009; Zilhão et al. 2020), pero su cultivo está
claramente conectado con los contactos fenicios (Pérez-Jordà et
al. 2017 y 2021).
La hipótesis de su cultivo local tendría más fuerza si hubiéramos encontrado también su madera en la necrópolis. En este
sentido es destacable, el uso de la higuera para hacer objetos
como posibles mangos en el Tossal de les Basses (Carrión Marco
y Rosser Limiñana 2010); o los abundantes restos de sus semillas
en Huelva (Pérez-Jordà et al. 2017).
Las variedades de higueras que dan la cosecha entre finales
de verano y principios de otoño tienen unos frutos muy ricos
en azúcares por lo que facilitan su conservación en seco y su
consumo a largo plazo. De los dos higos conservados en Casa
del Monte no podemos deducir la variedad, pero sí vemos los
cristales de azúcar en su interior (fig. 5.18 C), es evidente, que
serían muy nutritivos y de sabor agradable. Ofrendas de higos
se han identificado en otras necrópolis ibéricas de Murcia como
El Cigarralejo o Cabecico del Tío Pío (Archena) (Rivera Núñez
y Obón de Castro 2005).
En la cultura Ibérica, los cereales debieron ser la base
nutricional a tenor de los hallazgos de granos en contextos de
habitación, en zonas de almacenamiento y en ofrendas funerarias.
El consumo de los cereales requiere su preparación culinaria, se
pueden consumir hirviendo directamente los granos en caldos o
sopas, o lo que es más habitual, transformados en harinas para
hacer pan, sopas, gachas, papillas, etc. Encontrar restos de este
procesado es excepcional y dentro del mundo ibérico el trozo de
pan de Casa del Monte es una ofrenda interesante y excepcional,
porque nos ilustra de los hábitos nutricionales y del procesado
de los cereales. Recientes investigaciones han identificado trozos de pan en la necrópolis fenicia del Puig des Molins (Eivissa)
en once sepulturas del primer milenio a. C. Uno estaba en una
sepultura de incineración y 10 en tumbas de inhumación (Carrión
Marco et al. 2024). La composición y contenido de estos panes
es similar al trozo documentado en Casa del Monte. En ambos
yacimientos, los panes tienen bastante contenido en harina, tallos
y cascarilla o salvado de cereal. Con estos tejidos vegetales no
tenemos criterios anatómicos para identificar la o las especies de
cereal utilizados, es muy probable que se trate de pan con harina
gruesa de varios cereales (trigo – cebada), donde el cernido no fue
muy fino. La estructura interior con los alveolos grandes se debe
a la fermentación de las levaduras después del amasado, que se
conservan en la posterior cocción del pan en hornos domésticos
donde se alcanzaría una temperatura de unos 200-240ºC hasta
alcanzar una cocción correcta. En el ritual de Sepultura VII de
Casa del Monte, el trozo de pan se coció primero por esto conservó su estructura interna, pero durante la cremación funeraria
se carbonizó destruyendo la morfología externa.
La importancia del pan como ofrenda también se puede observar en la representación iconográfica de los exvotos de Collado
de los Jardines (Santa Elena) (fig. 5.24), que en actitud oferente
portan panes en sus manos (Mata Parreño et al. 2010). Un interesante trabajo sobre el mundo fenicio-púnico durante el primer
milenio a. C. destaca la importancia del pan de duelo para la
comunidad doliente y su representación iconográfica en todo el
Mediterráneo. Además, destacan “los moldes o sellos del pan”
de los que se recuperaron 22 en contextos funerarios de Eivissa.
Estos objetos de terracota tienen motivos decorativos en negativo
para imprimirlos a modo de sello en los panes o tortas rituales.
Los motivos son variados y según las autoras del estudio están
estrechamente asociados con la protección y el bienestar de las
personas, entre los motivos destacan las herbáceas, flores cenitales22 y flores de loto (Ferrer Martín y López-Bertrán 2020 y 2023).
Queremos destacar que la placa de la madera de boj encontrada
en la Sepultura XI tiene una flor grabada y pudo tener un significado protector para la persona sepultada en este lugar.
En cuanto a las dos bellotas documentadas hay que proponer dos alternativas de uso: a) que procedan de ramas que fueran
quemadas en los fuegos de cremación y todavía conservaran los
frutos y se conservaron porque no llegaron a la fase de ignición.
O la opción b) que fueran ofrendas de comida para la eternidad de
los difuntos de la Sepultura VII. Las bellotas de Quercus balota
son dulces, pero además mejoran sus propiedades nutritivas por
medio del tostado o la cocción, porque se reduce su astringencia
y su toxicidad.
Los frutos de la carrasca han sido un alimento habitual de las
poblaciones humanas de la península Ibérica desde la Prehistoria
(Aura Tortosa et al. 2005). En la necrópolis ibérica del Cigarralejo se ofrendaron dos bellotas carbonizadas en la tumba 200 y,
en otras tumbas, se encontraron dos colgantes en forma de bellotas uno de plata y otro de bronce. Lo que sugiere la importancia
nutricional de este fruto para los iberos y su valor simbólico por
la rica iconografía de este fruto tanto en esculturas, como en orfebrería y otros materiales a lo largo del territorio ibérico (Mata
Parreño et al. 2010, 79-87).
5.5. CONCLUSIÓN
Los datos expuestos a lo largo de estas páginas incitan a una
reflexión final. Con solo 46 restos vegetales recogidos a principios del siglo XX (1918-1920) y analizados a principios del
XXI, hemos podido conocer la flora local utilizada por los iberos
22 En terminología tradicional “palmetas y rosetas”.
147
[page-n-149]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 5.24. Exvotos de bronce con ofrendas de cereal panificado de Collado de los Jardines (Santa Elena) (Archivo MAN).
para hacer enseres con maderas locales y resolver necesidades
de la vida terrenal y del más allá. Además, las ofrendas de alimentos que se llevaron a la ultratumba informan de la llegada
de nuevos cultivos a Iberia durante en el primer milenio a. C.
que pronto llegaron a La Manchuela, bien como cultivo o bien
como productos apreciados como la madera de olivo o los frutos de la higuera. La pregunta es ¿cuánta información se ha
148
perdido a lo largo del siglo XX con las excavaciones ibéricas
donde no se ha recogido ningún tipo de restos vegetales? Y, es
más, ya ha pasado un cuarto del siglo XXI y sigue siendo frecuente que se realicen excavaciones sin recogidas sistemáticas
de los restos vegetales. Sin duda, hemos perdido y seguimos
perdiendo patrimonio cultural, biológico y documentos históricos de primera magnitud.
[page-n-150]
6
Estudio antropológico
Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard (†)
El presente informe es el resultado del estudio de laboratorio de
los restos antropológicos pertenecientes a la intervención arqueológica realizada en el lugar conocido como Casa del Monte (Valdeganga) a cargo de D. Isidro Ballester Tormo a principios del
siglo XX.
La intervención fue motivada por la observación de D. Isidro Ballester Tormo de varias cerámicas de tipo ibérico en unas
dependencias de la casa de labor de la finca Casa del Monte. Por
esta razón, se decidió la exploración de la zona circundante en
busca de los restos a los que podían pertenecer los hallazgos.
Dichos trabajos de campo se realizaron durante algunos días de
los meses de marzo (1917, 1918, 1919 y 1920) y del 10 al 16 de
octubre de 1920.
Los restos antropológicos fueron entregados embalados en
una caja de cartón precintada. En el interior se hallaban las
bolsas numeradas exteriormente, un inventario de los restos
y una copia de la transcripción de los diarios de campo del
excavador. Se ha respetado en todo momento esta clasificación inicial.
El estudio de laboratorio se efectuó durante los meses de
diciembre de 2003 y enero de 2004, finalizándose con la preparación de los materiales para su almacenaje definitivo y la
elaboración del Informe Antropológico.
La estructuración del Informe recoge en primer lugar, los
aspectos metodológicos empleados en la fase de laboratorio,
explicitando las técnicas y estrategias utilizadas para una mejor
conservación, clasificación y estudio de los materiales.
Posteriormente se hace referencia a los aspectos rituales que
han podido desprenderse del estudio macroscópico de los restos,
así como los índices de conservación y aspectos tafonómicos,
parámetros empleados en antropología para evaluar el estado de
los materiales en el momento de su exhumación, así como para
documentar los procesos postdeposicionales que han afectado
al registro óseo.
El análisis demográfico recoge los métodos de diagnósticos
empleados, la evaluación y clasificación de todos los individuos
extraídos y su agrupación por sectores de edad.
En el capítulo de rasgos morfológicos y paleopatológicos se
reflejan los rasgos no métricos, alteraciones funcionales, aspectos
de tipo racial o de afecciones patológicas que pudieron afectar a
los individuos en vida.
Cierra el Informe un capítulo de conclusiones realizadas a
partir de la elaboración de los apartados anteriores, y un anexo
donde se detallan todas las bolsas estudiadas con sus características más representativas (Anexo II).
6.1. METODOLOGÍA DE LABORATORIO
6.1.1. Labores de limpieza, clasificación y restauración
Una vez que el material llegó al laboratorio, el primer paso fue
la observación directa del estado de conservación del material
en relación a su resistencia, para evaluar el procedimiento más
apropiado para su limpieza.
La eliminación del sedimento que recubre los huesos es fundamental para observar correctamente la superficie del hueso y
valorar aspectos demográficos, rituales (como la coloración de
los restos incinerados), morfológicos y paleopatológicos (como
los procesos infecciosos).
Para esta fase, se han empleado medios mecánicos de pincel y
cepillo de cerdas suaves, junto con agua. En los fragmentos más frágiles se sustituyó el agua por una impregnación en acetona, de más
fácil evaporación. No se ha eliminado la mayor parte de las concreciones minerales, debido a la fragilidad del material en primer lugar,
y en segundo, porque no impedía la observación general de la pieza.
A medida que se iban eliminando los sedimentos adheridos,
los restos eran clasificados por partes anatómicas para facilitar
su posterior estudio, dejándolos secar a la sombra. Este hecho
149
[page-n-151]
la necrópolis ibérica de casa del monte
es importante, ya que los restos al volver a humedecerse suelen
tender a disgregarse o a debilitarse, por lo que su manipulación
puede hacer peligrar su integridad. Por esta razón, es conveniente
no manejarlos hasta haber eliminado todo resto de humedad.
La restauración de los materiales se ha limitado a aquellas
piezas que podían aportar algún valor diagnóstico de cualquier
tipo. Se ha empleado pegamento incoloro de fácil eliminación
con acetona, evitando con esto procesos irreversibles.
6.1.2. Estudio de los materiales
Para el análisis directo de los restos óseos, se utilizó una ficha
diseñada expresamente para los mismos, donde se detallaron
todos los aspectos evaluados en el estudio (Anexo II):
Identificación de los restos: En este apartado se especifica la
procedencia de los huesos, el número de sepultura al que pertenecen y las numeraciones adicionales que se han observado en
los diversos envoltorios que presentaban.
Referencias de la transcripción de los diarios de campo de
D. Isidro Ballester Tormo: Hemos creído conveniente incluir en
cada una de las fichas la referencias que aparecen en los diarios
de campo del excavador; con el fin de poner en relación algunos
aspectos que pudiesen aclarar ciertas alteraciones que aparecen
en los restos (como las pigmentaciones metálicas).
Elementos que acompañan los restos: Teniendo en cuenta
el valor etnográfico e histórico que pueden tener algunos de
los envoltorios utilizados para contener los huesos (como los
fragmentos de periódico), se ha empleado esta sección para inventariarlos (fig. 6.1).
Observaciones: Se especifican aquellas cuestiones derivadas
de los dos anteriores apartados que puedan influir en el estudio
de los restos óseos; principalmente el tipo de tumba y los ajuares
asociados a ellas.
Foto o croquis: Foto digital representativa de la bolsa estudiada. En la mayor parte de los casos se ha optado por un registro
gráfico de todo el conjunto (huesos y elementos que los acompañan) antes de proceder a su limpieza. En las ocasiones en las
que dichos elementos no estaban presentes, se ha realizado una
toma de los restos ya lavados y agrupados por partes anatómicas;
excepto en el caso de la Sepultura III (47060) donde el volumen
de restos conservados lo impedía, optando por incluir los fragmentos identificables más significativos.
Figura 6.1. Envoltorios de los restos óseos.
150
Bolsas de restos óseos: Número de bolsas y contenido en las
que se han clasificado los restos.
Análisis de los restos identificados: Se presenta como una
tabla en la que se especifican: por un lado, los sectores anatómicos estudiados:
Cráneo (esplacnocráneo y neurocráneo)
Huesos largos
Huesos cortos / planos
Esqueleto costovertebral
Restos no identificables
Conclusiones generales
y por otro los distintos aspectos tratados:
Identificación: peso e identificación de las partes más representativas de la muestra
Ritual: estado de hueso en el momento de la cremación
(fresco o seco, según la existencia de tejidos blandos o no), color
que presentan los restos y temperatura del fuego reflejada en los
mismos. Para la asignación de estos aspectos se han consultado
las publicaciones de las experimentaciones realizadas por varios
autores (Fernández Jalbo y Perales Piquer 1990; Etxeberría Gabilondo 1992 y 1994).
Demografía: número de individuos identificados, edad y sexo
de los mismos y rasgos no métricos detectados.
Morfología
Patología
A continuación, vienen una serie de parámetros observables
a nivel general de los restos, que constituyen importantes rasgos
a nivel antropológico y de ritual:
Efectos del fuego: A través de un código alfabético se marcan los patrones de fragmentación que se han podido observar
en los restos óseos y que constituyen un factor clave para la
identificación del estado del cuerpo en el momento de la cremación. Se ha seguido el sistema que propone Reverte Comas
(1991) (Tabla 6.1).
Calidad de la recogida: En principio este apartado se referiría al esmero empleado por el responsable de la pira funeraria
en recoger o agrupar los restos antropológicos dentro de un contexto cerrado o inalterado (como una urna), para lo que se han
seguido los parámetros publicados: más de un 60% de representación anatómica constituiría una recogida cuidadosa y menos
del 40%, superficial (Gómez Bellard 1996). Sin embargo, en
esta ocasión hemos de tener en cuenta dos aspectos fundamentales. En primer lugar, las urnas rescatadas fueron vaciadas en
campo (con la consiguiente pérdida que esto pudiese acarrear);
y en segundo lugar, los restos fueron recuperados según la apreciación macroscópica del excavador. Por esta razón, aunque este
aspecto ha sido tenido en cuenta, no creemos que sea relevante
para conclusiones de tipo ritual.
Calidad de la combustión: Nos referimos con ello a la temperatura media alcanzada por la pira funeraria y que estaría
representada en la adoptada por la mayor parte de los restos
óseos (Gómez Bellard et al. 1992). En ella, especificamos un
juicio valorativo general, la temperatura máxima alcanzada y el
porcentaje de hueso carbonizado e incinerado.
Observaciones: En este apartado se han anotado todas aquellas indicaciones de tipo tafonómico o cualquier otro, derivadas
del estudio antropológico de los restos.
Registro gráfico: Archivos fotográficos referidos a los restos
estudiados y su contexto.
[page-n-152]
estudio antropológico
Tabla 6.1. Efectos del fuego sobre el hueso, siguiendo el sistema propuesto por Reverte Comas (1991).
Efecto del fuego
Proporción de la muestra detectada
Roturas longitudinales de las diáfisis de los huesos largos (“L”).
19,58%
Fragmentación en forma de uña (“U”).
13,40%
Grietas irregulares con recorrido de diferente espesor y grosor (“G”)
12,37%
Torsión (“T”)
11,34%
Inversión de los bordes fragmentados (“I”)
10,30%
Combustión diferencial en el interior del mismo fragmento. Efecto “sándwich” (“S”)
10,30%
Separación de las tablas del cráneo (“LD”)
10,30%
Fragmentación oval (“O”).
6,18%
Agrietamientos poligonales (“LD”)
6,18%
6.1.3. Depósito y almacenaje definitivo
6.2.1. Tratamiento del cuerpo y ritual de enterramiento
Una vez que los restos fueron analizados, se depositaron en
bolsas de plástico clasificadas anatómicamente, dentro de
otra general de restos óseos. Asimismo, se consideró oportuno la separación de todos los elementos que acompañaban
a los restos óseos para su mejor conservación. Tanto los restos óseos como los diversos elementos que los acompañaban,
fueron introducidos en una bolsa de mayor tamaño para evitar la pérdida de unidad original con que dichos restos fueron
entregados.
En todas las bolsas se especificó la procedencia de los materiales y el número de sepultura a la que pertenecían; por ejemplo:
6.2.1.1. Temperatura de combustión y estado del cuerpo
CASA DEL MONTE
-VALDEGANGASEP. X, Nº 172
47.139
Posteriormente las bolsas fueron introducidas en la misma
caja de cartón en la que fueron entregadas.
6.2. RESULTADOS
Aunque el estudio de los restos óseos se ha realizado manteniendo
la separación original del material, hemos creído conveniente para
el siguiente capítulo, presentar los resultados globales por sepulturas. Esta identificación se ha hecho en función del inventario
adjunto (por ejemplo, en el caso de la Sepultura XVI, los huesos
se encontraban separados en varias bolsas con una numeración
distinta) (Anexo II), confirmada tras el análisis antropológico,
ya que el diagnóstico por separado de las bolsas ofrecía resultados similares o compatibles, pudiendo corresponder al mismo
individuo.
Teniendo en cuenta los datos disponibles, exponemos a continuación la temperatura de combustión alcanzada por el cuerpo
durante la cremación y el estado del mismo en ese momento;
es decir, si el cuerpo se encontraba aún en estado fresco o, por
el contrario, se encontraba descarnado y liberado de tejidos
blandos.
Respecto a la temperatura de combustión, diremos que más
del 90% de los restos observados presentaban una coloración
gris-azulada-blanca, que según los autores puede corresponder
a una temperatura de 650ºC o más (Etxeberría Gabilondo 1992 y
1994; Campillo Valero 1994), algunos autores la elevan a 800ºC
(Shipman et al. 1984). Aunque la coloración blanquecina es más
o menos uniforme en los restos, no se aprecia el sonido metálico por la pérdida de componentes orgánicos ni fenómenos de
cristalización; por lo que nos inclinamos más por las primeras
estimaciones (en torno a los 700ºC).
Un mínimo porcentaje mostraba coloración negra, unos 300350ºC, más debido a nuestro entender a una disposición más
resguardada del calor, que a una temperatura general de la combustión; de hecho, son sólo algunos fragmentos de todos aquellos
recogidos en cada incineración (fig. 6.2).
En aspectos cualitativos, podríamos decir que el 89,47% de
las sepulturas han soportado una calidad de combustión intensa,
frente a un 10,52%, donde se ha valorado como grado medio. En
todos los casos (excepto en la Sepultura XI), el grado de incineración se ha llegado en el 70 ó 100% de los restos conservados
y la temperatura máxima alcanzada ha llegado y sobrepasado,
en muchos casos, los 650ºC.
El logro de tan altas temperaturas puede deberse tanto al
empleo de una gran cantidad de combustible como a una exposición prolongada al fuego, lo que sin duda nos está remitiendo
importantes aspectos rituales. Existen otros factores a tener en
cuenta también como es la presencia de grasa en el cuerpo, cuya
combustión eleva la temperatura (Mays 1998).
151
[page-n-153]
la necrópolis ibérica de casa del monte
120
100
% Muestra
80
60
40
20
0
<200ºC
200-250ºC
250-300ºC
300-350ºC
550-600ºC
>650ºC
Temperatura
II
III
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XV
XVI
XVIII
XIX
XX
XXII
XXIII
XXXI
XXXIV
XXXV
47.104
47.111
Figura 6.2. Temperatura alcanzada en la pira funeraria.
Al entrar en contacto con el fuego, las partes blandas del
interior de los huesos ejercen una presión que se traduce en una
serie de roturas en las zonas de menor resistencia del hueso. El
patrón de dichas roturas no es el mismo con el hueso en estado
fresco o seco (Reverte Comas 1991). El tipo de fragmentación
de los huesos estudiados por nosotros: fracturas transversales y
onduladas, fisuraciones longitudinales irregulares, deformaciones y torsiones, nos está hablando de la combustión del cuerpo
cuando aún mantenía tejidos blandos (fig. 6.3). Los efectos del
fuego sobre el hueso detectados se muestran en la Tabla 6.1.
Este tipo de fracturas y deformaciones se deben por tanto a una
cremación lenta en la que intervienen primeramente la piel y el pelo,
para pasar posteriormente a la contracción de músculos y tendones
por la pérdida de agua, y a la expulsión de gases contenidos en el
abdomen. Tras la destrucción de los tejidos blandos, el hueso queda
expuesto y comienza a sufrir una serie de cambios en su estructura y
composición, perviviendo la parte mineral que lo compone y soportando diversos procesos de contracción y deformación (Mays 1998).
6.2.1.2. Disposición de las cenizas
Por lo que respecta a la disposición de las cenizas, las conclusiones se han realizado a partir de las anotaciones hechas en
campo (Tabla 6.2).
En este sentido, es de destacar que en la mayoría de las ocasiones se explicita la existencia de una mancha de cenizas bajo
las urnas, aunque no hemos podido averiguar si el excavador
decidió recoger sólo las del interior del recipiente, ya que sí se
menciona el vaciado de algunas urnas en campo, o también las
procedentes del depósito sobre el que la urna se asentaba. Este
aspecto puede ser de gran importancia en el estudio antropológico
de laboratorio, puesto que es la única oportunidad de comprobar
que, tras la cremación del cadáver, sus cenizas fueron recogidas
en un vaso cinerario, a través de la identificación del mismo
individuo y ritual de cremación. En nuestra experiencia propia,
en todas las ocasiones estudiadas este hecho se ha confirmado,
por lo que suponemos que en este caso, el ritual fue el mismo.
En los diarios de campo, el excavador realiza una interpretación del ritual funerario llevado a cabo en torno a las “pozas”: “Es
de notar según los datos que estas sepulturas arrojan: que todas las
sepulturas de poza estaban encuadradas de barro amasado, que tal
encuadramiento debió ser contra lo que es...posterior a la cremación
del cadáver, e inmediato a ella, porque la cara interna e inferior de
barro aparece ennegrecida por la …. que debajo de alguna aparece barro también así como por encima” (12 de octubre de 1920).
Es de suponer, por tanto, que una vez el cadáver fue incinerado, pero aún con las brasas ardiendo, las cenizas fueron
agrupadas (y/o alojadas en una urna) y construida una estructura
rectangular a su alrededor a la que el autor de los diarios suele
llamar “poza” o “pocita”, en definitiva, una estructura cuadrada.
A continuación, se colocaría el ajuar sobre las cenizas.
La calidad en la recogida de las cenizas se ha establecido en
función de los restos conservados, que realmente son bastante
escasos, y su variabilidad anatómica. En el 68,42% de los casos
la recogida ha sido superficial frente a un 31,57% en el que se ha
establecido como media. Sin embargo, como ya hemos aclarado
anteriormente no creemos que este aspecto sea relevante teniendo
en cuenta los impedimentos especificados.
Tabla 6.2. Tipos de enterramiento.
Seps.
152
Urna
Mancha cenizas
III, XII (ET), XVI, XIX, XX, XXII
XXXIII
“Poza”
Estructura tumular
II (ET), VIII, IX (ET), X (ET), XXXI, XXXIV VII, XI, XV, XVIII, XXIII.
[page-n-154]
estudio antropológico
Figura 6.3. Patrón de fractura y coloración diferencial en los restos
de la Sepultura XII.
Figura 6.4. Pigmentación y concreción verde por proximidad con
elemento metálico de bronce. Sepultura II.
6.2.1.3. Colocación del cuerpo en la pira funeraria
mostradas por los efectos de la cremación. Estas alteraciones
son agrietamientos longitudinales, estriamientos, porosidades,
cuarteamientos y textura pulverulenta; aspectos que pueden
estar en relación con una exposición a la intemperie de los
restos durante algún tiempo después de la cremación (Botella
López et al. 2000).
Otras alteraciones aportadas por el entorno sedimentario del
enterramiento son las concreciones minerales, que se han hallado
tanto en las caras externas de los huesos (más frecuentemente),
como en las internas (Sepulturas III, IX, XII, XVI, XIX, XXII,
XXXV).
Por último, se ha documentado una serie de pigmentaciones y
concreciones metálicas adheridas al hueso, fruto de la combustión
conjunta o de la permanencia del objeto durante un largo período
de tiempo junto al hueso:
Sepultura II: Presenta alteraciones por pigmentación y concreciones metálicas, en especial pigmentación por algún elemento
de hierro en fragmentos diafisiarios y concreción por elemento
de bronce en una falange de la mano (fig. 6.4). Recordemos que
en los diarios de campo se menciona el ajuar que acompañaba
al individuo (puñal, anilla, ágrafe de bronce, fíbula, cuchillo y
cerámica) y que puede estar en relación directa con estas alteraciones descritas (fig. 3.23).
Sepultura VII: Presenta pigmentaciones metálicas por oxidaciones de hierro en el exocráneo y en la zona proximal de un
fragmento de húmero. El ajuar metálico de esta tumba se compone de una espada, un cuchillo, un soliferreum, un umbo y una
fíbula (fig. 3.29).
Sepultura VIII: Pigmentación metálica por hierro en fragmentos craneales, posiblemente procedentes del ajuar metálico
(lanza, espada y escudo) (fig. 3.30).
Sepultura IX: Pigmentación metálica por hierro en el exocráneo. En los diarios de campo se detalla el ajuar hallado en esta
tumba: espada, lanza, fíbula y pinzas (fig. 3.30).
Sepultura XVIII: Pigmentaciones metálicas por bronce en un
fragmento de mandíbula. En el ajuar de esta sepultura se encontró
una placa de cinturón (fig. 3.38).
La disposición del cuerpo en la pira funeraria suele establecerse
en función del patrón de combustión que presentan los huesos y
la localización de los focos del mismo. En este caso, la fragmentación de los huesos, su escaso tamaño y la posibilidad de existir
una recogida diferencial en cada una de las tumbas en la fase de
campo, nos impiden valorar este aspecto.
Por otro lado, hemos de tener en cuenta que en muchos casos
la combustión no es similar, dependiendo tanto de la constitución
física del individuo, de los elementos que pudiera portar (ajuar
y sudario, por ejemplo) como la misma ventilación de la pira.
Por lo tanto, y valorando los factores expuestos no tenemos
datos suficientes como para restablecer la posición original de
los individuos.
6.2.2. Índice de conservación, tafonomía y peso de los
restos
6.2.2.1. Estado de conservación de los restos y tafonomía
Las características físicas de los sedimentos adheridos al hueso
se agrupan en dos tipos:
- Fina capa de limo-arcilla seca, de color pardo muy claro,
escasa consistencia y fácil eliminación por cepillado mecánico. Los huesos que presentaban este tipo de sedimento se
encontraban en buen estado de conservación, compactos y
resistentes.
- Ceniza de color negro oscuro, muy arcillosa y más compacta que la anterior. Se encontraba muy adherida al hueso.
Parece haber conferido un mayor grado de humedad a los restos, mostrando una mayor degradación del tejido óseo y textura
yesosa de fácil desprendimiento (Sepulturas XVI, XXII, XXIII,
47111).
Se han detectado varios casos (Sepulturas XI, XVI, XXXIII,
47111) en los que la superficie del hueso presentaba alteraciones postdeposicionales diferentes morfológicamente a las
153
[page-n-155]
la necrópolis ibérica de casa del monte
6.2.2.2. Índice de conservación (peso de los restos recuperados)
Teniendo en cuenta las salvedades ya mencionadas, exponemos
a continuación el peso total en gramos que han aportado las diferentes sepulturas (fig. 6.5).
En ninguno de los casos se ha llegado a los 500 g (casi una
tercera parte de lo que se esperaría de la cremación de un cadáver adulto), y la mayoría de las sepulturas quedan por debajo de
los 100. El índice de conservación, por tanto, es bastante bajo,
perjudicando directamente los diagnósticos establecidos a partir de ellos.
En lo que respecta a la conservación por grupos anatómicos,
observamos una mayor proporción de los fragmentos craneales
y huesos largos, quedando los otros grupos infrarrepresentados
(fig. 6.6). Esto puede indicar una selección de los huesos más
representativos para su conservación en la urna o tumba en un
momento contemporáneo al enterramiento; o bien una recogida
selectiva por parte del arqueólogo.
6.2.3. Edad y sexo de la muestra estudiada
6.2.3.1. Fundamentos de diagnóstico
Los fundamentos de diagnóstico empleados están en directa relación con el índice de conservación de los restos, que como hemos
podido comprobar, tiene sus mayores valores en los fragmentos
craneales y huesos largos.
Respecto a los fundamentos para estimar la edad, la observación directa de la morfología y conformación del tejido
óseo ha sido fundamental para distinguir a grandes rasgos
entre adultos e infantiles o preadultos, como la presencia de
estrías de crecimiento o porosidades típicas de los individuos
infantiles, morfología de los agujeros nutricios de los huesos
largos, etc.
Dada la mayor conservación de piezas craneales, los fragmentos de suturas conservados han sido utilizados en sus distintos
grados de cierre para intentar depurar algunos de los diagnósticos
600
500
400
300
200
100
0
Figura 6.5. Peso de los restos óseos por sepulturas, en gramos.
154
(Meindl y Lovejoy 1985). Otros aspectos tenidos en cuenta para
la estimación de la edad han sido la presencia o ausencia de rasgos degenerativos (como los rebordes o labiaciones artrósicas),
caso de las Sepulturas XVI y III, y, en el caso de la bolsa 47104
(en la que sólo se ha hallado una pieza dental), el grado de desgaste dental (Brothwell 1987).
Por lo que respecta a los diagnósticos de sexo, éstos se han
establecido principalmente en función de la morfología craneal
(bordes supraorbitarios, arco zigomático, partes petrosas, etc.)
(Cornwall 1974; Brothwell 1987; Ubelaker 1989), morfología de
robustez/gracilidad del esqueleto poscraneal (partiendo siempre
de la comparación con otras piezas de la misma necrópolis), y
alguna métrica que ha sido posible realizar de huesos largos y
cavidades (Krogman e Iscan 1986).
6.2.3.2. Resultados
Se ha detectado un total de 20 individuos. En ningún caso se ha
registrado más de un individuo por sepultura. La distribución por
grupos de edad se puede ver en la fig. 6.7.
El grupo mayoritario corresponde a los adultos no específicos, aquéllos en los que no ha sido posible un diagnóstico
más preciso, diagnóstico directamente relacionado tanto con
el índice de conservación (en calidad y en cantidad) como el
ritual de combustión.
En segundo lugar, encontramos el grupo de preadultos - infantiles, diagnóstico de cierta imprecisión, teniendo en cuenta que
hemos tenido que servirnos de la morfología general que presentaba el hueso y los estudios comparativos con otras series,
ya que no se han conservado piezas dentales ni epifisiarias que
ayudarían a un diagnóstico más depurado.
En último lugar, con un porcentaje menor se encuentran los
adultos masculinos y los femeninos, en alguno de los cuales
se ha podido precisar el rango de edad (como en el caso de la
Sepultura III: adulto femenino joven), debido principalmente
a la mayor conservación ósea (caso de las Sepulturas III, VIII,
XVI y XX).
[page-n-156]
estudio antropológico
400
350
300
250
200
150
100
50
0
Cráneo
II
III
VII
VIII
Huesos largos
IX
X
XI
XII
XV
XVI
Huesos cortos/planos
XVIII
XIX
XX
XXII
Costovertebral
XXIII
XXXI
XXXIV
No identificados
XXXV
47104
47111
Figura 6.6. Peso (g) por grupos anatómicos.
Figura 6.8. Lesiones proliferativas en fragmento mandibular. Sepultura XVIII.
Figura 6.7. Grupos de edad detectados.
6.2.4. Aspectos morfológicos y paleopatológicos
detectados
Los rasgos morfológicos y paleopatológicos detectados se reducen a algunas piezas que describimos a continuación:
Sepultura II: Marcado flexor común de los dedos y porosidad
de la tabla externa craneal (posible relación con desarrollo óseo,
puesto que el individuo es Preadulto).
Sepultura III: Individuo adulto femenino. Porosidad externa
de la calota craneal.
Sepultura XVI: Individuo adulto masculino. Reborde osteofítico artrósico en el contorno de las apófisis articulares posteriores
e inferiores de fragmentos vertebrales lumbares.
Sepultura XVIII: Individuo Preadulto. Porosidad y proceso
proliferativo de la cortical externa en un fragmento mandibular
(¿infecciosa?) (fig. 6.8).
Restos sin contexto (MPV 47104): Individuo adulto. Caries
cervical y desgaste oclusal del grado 5 de Perizonius.
6.3. CONCLUSIONES
Se exponen en el presente Informe Antropológico los resultados
de los materiales recepcionados procedentes de la necrópolis de
Casa del Monte, Valdeganga, Albacete.
En relación a los aspectos rituales, todos los individuos
excepto uno (47104, que parece corresponder más a un resto
descontextualizado y aislado), fueron cremados en una pira
155
[page-n-157]
la necrópolis ibérica de casa del monte
funeraria cuya temperatura máxima alcanzaría los 700 u 800ºC
(combustión intensa) y cuando aún se encontraban provistos de
tejidos blandos. Posteriormente los restos se agruparían (en algunos casos dentro de urnas cinerarias) junto con el ajuar (algunos
de cuyos elementos que nos han llegado a laboratorio presentan signos de fuego también), y se construiría a su alrededor
una estructura cuadrangular a base de arcilla y paja. La recogida
de los restos fue superficial en la mayoría de los casos, aunque
desconocemos si ésta se debe a momentos contemporáneos al
enterramiento o no.
No ha sido posible reconstruir la posición de los individuos
sobre la pira funeraria debido principalmente a la escasa conservación de los restos.
Los aspectos postdeposicionales registrados provienen principalmente de la pigmentación del hueso por proximidad de
elementos metálicos, tanto de bronce como de hierro. Otras
alteraciones documentadas hablan de la exposición a la intemperie durante algún tiempo de los restos y de la adhesión de
156
concreciones minerales procedentes del mismo sedimento que
los recubría.
El índice de conservación de los restos es bastante bajo, quedando la mayoría de las sepulturas por debajo de los 100 g. Los
grupos anatómicos más representados han sido los fragmentos
craneales y los procedentes de huesos largos.
Se han estudiado un total de 20 individuos: ocho adultos no
específicos, siete preadultos, tres adultos femeninos y dos masculinos. Todos parecen corresponder a sepulturas individuales,
puesto que en ningún caso el número de individuos por sepultura
ha superado el número de uno.
Las alteraciones de tipo morfológico y paleopatológico han
sido muy escasas, reduciéndose a alteraciones de tipo osteolítico
principalmente a nivel del exocráneo (porosidades) y otras proliferativas (como rebordes artrósicos lumbares), pero en general
de escasa entidad. Ha sido imposible reconstruir la estatura de
alguno de los individuos debido a la cantidad y al tamaño de las
muestras estudiadas.
[page-n-158]
7
Revelando el pasado
El nacimiento y la muerte son dos momentos por los que pasa
todo ser humano. Momentos celebrados mediante algún tipo de
ceremonia por casi todos los grupos humanos. Según la Antropología estas celebraciones forman parte de los ritos de paso y
la Arqueología se ha afanado en detectar las acciones y prácticas desarrolladas alrededor de ambos eventos, especialmente de
la muerte.
La Arqueología de la Muerte o Arqueología Funeraria
se incorporó al análisis arqueológico de la mano de la Nueva
Arqueología en los años 60 del siglo XX. No es aquí el lugar
para hacer una historia de la disciplina puesto que son varios
los trabajos en castellano que la recogen y a ellos remitimos a
las personas interesadas: desde uno de los pioneros de Lull Santiago y Picazo Gurina (1989) hasta otros más recientes de Chapa
Brunet (2006) y González Ruibal y Ayán Vila (2018, 385-396).
Más allá de la evolución sufrida por esta especialización y
las críticas recibidas, lo cierto es que gracias a las diferentes
perspectivas desarrolladas por la Arqueología Funeraria se ha
reflexionado sobre las prácticas funerarias más allá de la mera
descripción de tumbas y ajuares, incorporando, siempre que
los datos lo permiten, análisis antropológicos, paleobiológicos,
paleoambientales, sociales y simbólicos (Mata Parreño 1996).
La Arqueología Funeraria, como parte de la Arqueología
Social, permite un acercamiento al individuo y al grupo en el
que estaba integrado. No obstante, se debe tener en cuenta que
las prácticas funerarias las llevan a cabo los vivos que pueden
interpretar, a su modo, cómo respetar la voluntad de sus muertos.
En este sentido, sigue siendo una asignatura pendiente contrastar
la información proporcionada por las necrópolis y los lugares
de hábitat, pues raramente se contemplan conjuntamente en los
proyectos de investigación. Así pues, la Arqueología Funeraria
puede abordar dos grandes esferas de la sociedad en estudio: la
organización social (rango, estatus y género), a pesar de las carencias demográficas inherentes al ritual de cremación practicado
y a la escasa contrastación con el hábitat correspondiente (Mata
Parreño 1996, 168), y la práctica ritual como manifestación de
las creencias y vehículo de cohesión social.
Ambas esferas no son excluyentes sino complementarias
constituyendo lo que Daróczi (2012, 202) considera como paisaje
funerario: “The funerary landscape is a specific type of archaeological landscape that focuses on the phenomenological relation
between death, disposal of the body in the environment and the
social memory of the group participating in the remembrance
of the burial. The means of researching and presenting it should
be eclectic, in order to transmit as much information as possible
about the experienced human space associated with the burial and
afferent activities. The goal of such a funerary landscape is to
attempt to represent the most likely ways in which humans might
have experienced the funerary aspect of their space”.
7.1. ANTECEDENTES METODOLÓGICOS
El desarrollo de la Arqueología Funeraria ha generado diversos
procedimientos para reconstruir la estructura social plasmada en
las necrópolis. Los más utilizados recurren a la valoración del
continente y del contenido utilizando criterios cuantitativos y
cualitativos que, no por discutidos y discutibles, aportan información objetivable y comparable con otras necrópolis. Los procedimientos más utilizados son dos (Quesada Sanz 1993a, 450-453):
1. Recuento simple de objetos del ajuar: Las diferencias
observadas entre las distintas propuestas se refieren a no contabilizar como parte del ajuar bien las urnas (Chapa Brunet et al.
1998, 158) bien las tabas y otros restos de fauna (García Huerta
et al. 2018, 220). A pesar de ello se obtienen resultados fácilmente comparables.
2. Recuento ponderado del ajuar: Teniendo en cuenta la
procedencia (local o importada), el metal utilizado (oro, plata,
bronce, cobre, hierro), la complejidad del armamento, los objetos
157
[page-n-159]
la necrópolis ibérica de casa del monte
personales y el tipo de tumba. A cada elemento se le otorga una
puntuación y es ahí donde se producen las mayores dificultades para la comparación pues, aunque los valores no difieren
demasiado entre las diferentes propuestas, no existe un criterio
unánime.
Otros dos procedimientos han tenido menor impacto en la
bibliografía:
1. En uno de ellos se hizo una cuantificación simple de los
componentes del ajuar de las necrópolis de la alta Andalucía. A
los datos obtenidos se aplicó un Análisis Cluster de promedios
no ponderados para marcar niveles de complejidad; y después un
Análisis Factorial cuyos resultados marcan tendencias entre las
diversas necrópolis (Ruiz Rodríguez et al. 1992, 402).
2. El segundo, algo más complejo, propone calcular la
inversión de trabajo (horas/jornadas) necesaria para elaborar los
ajuares y construir las estructuras. Para ello se hicieron entrevistas a artesanos con la finalidad de conocer las horas de trabajo
requeridas para la construcción de tumbas y la elaboración de
los objetos. Se ha aplicado en la necrópolis de Pozo Moro (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio 2003, caps. 6 y 7).
Casa del Monte es una necrópolis excavada hace más de 100
años y, a pesar de eso, la documentación escrita y la materialidad
recuperada han aportado una valiosa información con la que se
puede realizar una reconstrucción social y de la ritualidad con
vacíos inherentes a la época de la excavación, a los años transcurridos y a una importante laguna, pues sigue sin conocerse el
lugar de hábitat al que pertenecería, ya que las llamadas “mansiones” carecen de entidad suficiente para considerarlas como
parte del mismo.
La necrópolis no es muy extensa para el apenas siglo y medio
que debió estar en uso y, es evidente la ausencia deliberada en la
misma de segmentos de la población como los individuos infantiles y seniles (figs. 6.7 y 7.11), incluso teniendo en cuenta la
destrucción parcial de la necrópolis de la que se hizo eco Ballester
Tormo (1930, 28). Por ello, la reconstrucción social y la ritualidad propuestas no dejan de ser una fotografía incompleta que ha
perdido nitidez (fig. 7.1).
La Casa del Monte es una necrópolis rural, cuyos misterios
se mantienen parcialmente velados. A diferencia de otras, donde
la conexión entre espacios de vida y espacios de muerte se da
con mayor claridad, Casa del Monte se presenta como un desafío
arqueológico, suscitando preguntas sobre la vida, las creencias
y las prácticas de quienes eligieron este lugar como su última
morada.
Para ir desvelando algunos de estos misterios debemos ser
eclécticos (Daróczi 2012, 202) aportando toda la información
extraída a través de los diferentes tipos de análisis realizados.
Contabilizar el número de ítems de un ajuar es la primera
y más básica aproximación para caracterizar la valoración del
mismo. Las implicaciones sociales son limitadas al no contemplarse el valor intrínseco y extrínseco de cada objeto; no obstante,
sirve para establecer comparaciones con otras necrópolis.
En Casa del Monte, a la hora de contabilizar ítems se ha priorizado la pieza completa, es decir: una placa de cinturón que
conserve las dos partes contará como una; una lanza y su regatón, una espada y su vaina; fragmentos indeterminados de metal
o cerámica no se tienen en cuenta si pudieron formar parte de
piezas presentes en la sepultura, a no ser que estas materias estén
ausentes; se contabilizan también determinados ítems que no se
158
han encontrado en el depósito del MPV pero aparecen citados en
los diarios o inventarios posteriores a la excavación; si de algún
elemento no se indica la cantidad, se contabiliza como un único
ítem. Las urnas y sus tapaderas se han considerado parte del ajuar
(Anexo III).
Una simple ojeada a la figura 7.2 hace patentes las escasas
diferencias en cuanto a volumen de los ajuares, excepto en los
valores más elevados. No obstante, proponemos cinco categorías,
identificadas con letras minúsculas (a, b, c, d, e), aunque somos
conscientes de que otras agrupaciones son posibles:
Categoría a: Se incluyen dos sepulturas (5,25%). La Sepultura X destaca claramente con sus 26 ítems, seguida de la XIV
con 17. Ambas son estructuras tumulares medianas que tienen
un ajuar variado con algunas diferencias. En la X se enterró un
Adulto cuyo ajuar contenía copas áticas de barniz negro, fusayolas, fíbulas, pinzas, pasta vítrea y un cuchillo (fig. 3.32). En
cambio, en la Sepultura XIV sus 17 objetos se reparten entre
cerámicas ibéricas y una ática, armamento y objetos personales
(fig. 3.34). Aunque no se cita la presencia de restos humanos, la
existencia de un puñal nos sirve para proponer que pudo tratarse
de un Infantil II-Preadulto o Preadulto (ver supra La Panoplia
de Casa del Monte) (tabla 4.6).
Categoría b: Se compone de dos tumbas con 11 ítems (5,25%).
La Sepultura V contenía ante todo objetos personales y cerámicas ibéricas (fig. 3.27); los restos humanos fueron escasos y no
se recogieron. En la Sepultura XVIII se enterró un individuo
preadulto con los elementos repartidos entre armamento, objetos personales y el único lote de astrágalos de toda la necrópolis
(fig. 3.38). Las dos tumbas corresponden a túmulos medianos.
Categoría c: En esta categoría se agrupan 12 cremaciones
con un ajuar compuesto por entre nueve y seis objetos (Sepulturas I, XXIII, XXIX, XV, XIX, VII, VIII, IX, XII, XVII, XXI
y XXIV) (31,5%). La pauta más común es la presencia de armas
en nueve de ellas (I, XXIII, XXIX, XIX, VII, VIII, IX, XVII
y XXIV), entre las que interesa destacar la Sepultura IX por
corresponder a un Adulto posiblemente femenino (fig. 3.30).
Figura 7.1. Fotografía de la excavación de las “mansiones” de Casa
del Monte (fotografía Archivo SIP).
[page-n-160]
revelando el pasado
Cuatro de los ajuares contienen cerámicas áticas (Sepulturas
XII, XXI, XXIII y XXIX). De las 12, sólo tres son en hoyo
(VIII, XIX y XXI).
Categoría d: Esta categoría es una continuidad natural de la
anterior, pues no existe una ruptura entre ambas, con un número
de piezas entre cinco y una. Es la más numerosa con 18 sepulturas (III, XI, XXXI, XX, II, IV, XVI, XXX, XXXII, XXXIV,
XXII, XXVI, XXVII, XXXIII, XIII, XXV XXXVII y XXXVIII)
(47,5%), de las que sólo seis contienen armas (Sepulturas II, III,
XX, XXX, XXXIV y XXXIII). Como en el caso anterior, una
de estas sepulturas con armas está identificada como femenina
(Sepultura III) (fig. 3.25), además de otra probable (Sepultura
XX) (fig. 3.41). Menos las Sepulturas II y XI, todas las demás
son en hoyo.
Categoría e: Se recogen aquí las sepulturas que carecen de
ajuar. En otros estudios no siempre se tienen en cuenta, pero
nos parece importante su inclusión para detectar la mayor parte
de las capas sociales o grupos de edad/género. Tan solo cuatro
pertenecen a esta categoría (Sepulturas VI, XXVIII, XXXV
y XXXVI) (10,5%), y todas ellas merecen un comentario.
La Sepultura VI era un empedrado grande, bien conservado,
con cenizas y tierra quemada en la base que Ballester Tormo
interpretó como un cenotafio por carecer de ajuar y restos
óseos. La Sepultura XXXVI forma parte de un conjunto con
las XXIV, XVIII y XXIII y pudo estar expoliada o erosionada.
La XXVIII se describe como una mancha de tierra quemada
por lo que pudo ser un ustrinum o tumba totalmente erosionada
o expoliada; mientras que la XXXV no tiene dato alguno en
los diarios y sólo aparece dibujada en los planos como tumba
en hoyo (fig. 3.14).
De todos estos datos se aprecian las siguientes pautas:
- Las tres primeras categorías contienen armas y suelen ser
empedrados.
- Las dos inferiores tienen, sobre todo, cerámicas y objetos
personales además de ser, mayoritariamente, tumbas en hoyo.
Estos datos cuantitativos de Casa del Monte se pueden
contrastar con otras cinco necrópolis de las que existe una información similar.
En la necrópolis de Alarcos II (García Huerta et al. 2018,
220-222), se han diferenciado tres grupos: 40% con uno o dos
objetos; 27% entre cuatro y 10; 27% con más de 10. En este
último conjunto hay grandes diferencias con una de las tumbas
destacada del resto. En este trabajo, no se han tenido en cuenta
ni los astrágalos ni las posibles ofrendas cárnicas, circunstancia
que modificaría los porcentajes calculados ya que la presencia
de ambos elementos tiene connotaciones sociales, económicas
y rituales que no pueden obviarse.
Las 45 tumbas publicadas de La Senda (Jumilla) (García Cano
1997, 93-94) se escalonan entre 16 y 0 objetos sin apenas discontinuidad. Por su menor número de ítems se comporta de forma
diferente a Alarcos II y Casa del Monte en la parte alta.
De la necrópolis del Poblado se han publicado 72 tumbas
(García Cano 1997, 94-95) con mayor amplitud cronológica
que las anteriores (siglos IV-II a. C.). En este caso, la categoría superior contiene muchos más ítems que las tres anteriores,
destacando una de las tumbas con 94 y tres, con una treintena de
objetos. En una publicación más reciente se aportan datos cuantitativos de 84 tumbas más, que no hemos recogido aquí ya que
los mismos autores señalan que, más allá del aumento de tumbas,
apenas hay diferencias respecto a los datos publicados en 1997
(García Cano y Gualda Bernal 2019, 15).
Figura 7.2. Número de ítems en las sepulturas de Casa del Monte
159
[page-n-161]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Llano de la Consolación, con 57 tumbas, tiene una distribución similar a Casa del Monte y Alarcos II, excepto en la parte
baja, pues no se indica que haya tumbas sin ajuar (Valenciano
Prieto 2000, 279 y ss.).
En Pozo Moro (Alcalá-Zamora Díaz-Berrio 2003, cap. 7),
se dividen los ajuares en cinco grupos (cerámica ibérica, barniz
rojo e importación, armas, adornos y otros- fusayolas, pondera,
pinzas, cuchillos, tijeras, astrágalos-). De acuerdo con el número
de ítems, se consideran pobres o muy pobres, de riqueza media
y muy ricas.
La necrópolis de Castellones de Céal se ha descartado de la
comparación por sus peculiaridades y la propuesta realizada que
no permiten una comparación sencilla (Chapa Brunet et al. 1998,
cap. IV.3). Por ejemplo, existen tumbas con varios individuos y
en la contabilidad del ajuar no se han tenido en cuenta las urnas.
Con el fin de obtener una visión conjunta de estas cinco necrópolis, sus datos publicados se han agrupado según las categorías
establecidas para Casa del Monte (fig. 7.3). Si se exceptúa la categoría e -sin ajuar-, claramente minoritaria en todas ellas, la distribución
cuantitativa de los ajuares tiene una estructura piramidal propia de
sociedades jerarquizadas como es esperable para el mundo ibérico.
Los matices entre necrópolis deberían de analizarse en cada caso
teniendo en cuenta su larga o corta secuencia cronológica, un mayor
número de tumbas y el tipo de hábitat al que corresponden.
7.2. MATEMÁTICAS DE LA MEMORIA:
ANALIZANDO LA ESTRUCTURA SOCIAL DE LA
NECRÓPOLIS
Joaquín Jiménez Puerto y Blanca Pérez Aguilar
Como se ha señalado anteriormente, el recuento ponderado de los
ajuares es uno de los procedimientos utilizados en el estudio de
las necrópolis ibéricas. Frente a ello, en este caso, hemos querido
explorar nuevos métodos.
El Análisis de Componentes Principales (PCA, por sus siglas
en inglés) es una técnica estadística que permite reducir la complejidad de los datos. En términos simples, el PCA toma un
conjunto de datos con muchas variables y las transforma en
un conjunto reducido de variables nuevas, llamadas componentes principales. Estos componentes principales capturan la
mayor variabilidad presente en los datos originales, pero en
menos dimensiones. En el contexto de las necrópolis ibéricas,
el PCA nos permite identificar patrones y relaciones entre diferentes tipos de objetos encontrados en los ajuares, ayudando a
simplificar y visualizar cómo se distribuye la riqueza entre las
sepulturas.
El agrupamiento (clustering) es otro método analítico que
organiza datos en grupos o clusters de acuerdo con su similitud.
Es como si tomáramos una colección de puntos de datos y los
dividiéramos en grupos donde los puntos dentro de cada grupo
son más similares entre sí que a los de otros grupos. En este caso,
el agrupamiento puede ser utilizado para agrupar las sepulturas
basándose en las características de sus ajuares. Ello permite identificar posibles esquemas en la disposición de los enterramientos
y las diferencias en la inversión de trabajo necesaria para producir
los ajuares de los individuos sepultados.
160
En conjunto, ambas técnicas de análisis de datos nos permiten ir más allá del recuento simple y ponderado de los ajuares,
ofreciendo una perspectiva más rica y matizada sobre la distribución de la riqueza y la estructura social de las comunidades
que utilizaron esta necrópolis. A través del PCA y el agrupamiento, podemos revelar y visualizar patrones ocultos en los
datos arqueológicos, proporcionando así una comprensión más
profunda de las dinámicas sociales y culturales de las antiguas
comunidades ibéricas.
Este estudio combina la valiosa información histórica proporcionada por las primeras investigaciones en Casa del Monte
con metodologías analíticas avanzadas. La integración de estos
datos ha permitido realizar un análisis detallado sobre la disposición y la riqueza de las sepulturas, utilizando un enfoque
multidisciplinario que combina técnicas de análisis estadístico,
aprendizaje automático y visualización de datos. Este enfoque se
centró en dos líneas principales de investigación: el clustering de
las sepulturas basado en su localización dentro de la necrópolis
y el análisis de la riqueza contenida en los ajuares.
En primer lugar, se realizó la interpretación de los datos
geográficos de la excavación original. Este proceso fue laborioso debido a las dificultades que entraña la extracción de datos
topográficos que no acaban de cuadrar. Se ha trabajado simultáneamente con la planimetría original de Ballester Tormo del
año 1920, con ortofotos del yacimiento arqueológico (ver Documentación e Intervenciones), con la planimetría derivada de las
ortoimágenes anteriores que incluye caminos rurales y, finalmente, con el plano catastral de la zona.
La planimetría original a pesar de contener múltiples mediciones, adolece de las triangulaciones necesarias para reproducir la
ubicación de las estructuras. En esta planimetría inicial aparecen
datos tales como la localización y numeración de estructuras, de
cremaciones con y sin urna. Se ha empleado la misma numeración para identificar los elementos de la nueva planimetría para
su localización en el plano final.
Para realizar el dibujo base de las estructuras, se han importado a QCad (RibbonSoft 2024) las ortofotos realizadas el 20 de
abril de 2017 (ver Vuelos fotográficos). Además, se han tenido en
cuenta las construcciones y los caminos adyacentes que aparecen
en las imágenes. También se han descargado de la web del catastro (Dirección General del Catastro 2024) el plano en dwg de la
zona rural en la que se encuentra localizado el yacimiento y ortofotos de la zona obtenidas de google earth (Google LLC 2023).
Para situar las estructuras en el plano general se ha procedido como sigue. En primer lugar, se ha superpuesto el plano de
catastro y la ortofoto de google earth, y se han dibujado algunos
de los caminos que no están incluidos en el catastro. A continuación, se ha hecho coincidir la ortoimagen con el plano del catastro
que incluye el nuevo camino obtenido de la ortofoto de google
earth. Por último, se ha situado la planimetría de las estructuras
empleando como referencia los caminos que aparecen tanto en
la ortoimagen como en la planimetría. En la planimetría final
se han localizado los empedrados, urnas y fosas, empleando las
mediciones del dibujo de Ballester Tormo, y se ha numerado
cada una de las estructuras coincidiendo con el original (fig. 7.4).
A continuación, se procesaron los datos de los ajuares funerarios, que pueden encontrarse en el repositorio ZENODO
(Jiménez-Puerto y Pérez-Aguilar 2024), junto a los algoritmos
empleados para los cálculos implementados en lenguaje Python
[page-n-162]
revelando el pasado
Figura 7.3. Categorías según el porcentaje de ítems en los ajuares de seis necrópolis.
(Van Rossum y Drake 2009). En estos procesos se ha asignado
a cada objeto de los ajuares un peso específico, reflejando su
valor cultural y material percibido, utilizando cifras semejantes
a las publicadas para la necrópolis de Alarcos II (García Huerta
et al. 2018), adaptándolas a la especificidad de Casa del Monte
(Jiménez-Puerto y Pérez-Aguilar 2024). La ponderación de estos
objetos permitió calcular un índice de riqueza para cada sepultura, considerando tanto la presencia como la cantidad de cada
tipo de objeto, siguiendo la siguiente fórmula:
Índice Riqueza Ajustado = ∑ (Cantidad objeto × Peso objeto)
×1 + Factor ajuste × Tamaño Tumba)
Además, se introdujo un ajuste en este índice basado en el
tamaño de la tumba, bajo la premisa de que sepulturas más grandes podrían indicar individuos de mayor estatus social. Este ajuste
se realizó aplicando un factor de aumento al índice de riqueza
inicial en proporción al tamaño de la tumba. La tabla 7.1 contiene
los pesos asignados a cada elemento del ajuar.
Con los índices calculados, se procedió a determinar el
coeficiente de Gini (1912) para evaluar la desigualdad en la
distribución de la riqueza entre las sepulturas. El cálculo del
coeficiente de Gini implicó ordenar las tumbas por su índice
de riqueza y aplicar una fórmula que considera la suma acumulada de estos índices en relación con una distribución equitativa
ideal. El resultado proporcionó una medida cuantitativa de la
desigualdad, donde un valor cercano a cero indica una distribución equitativa, mientras que los valores más altos señalan una
mayor disparidad.
Para complementar el análisis de los ajuares, se realizó un
estudio de la disposición espacial de las sepulturas mediante técnicas de clustering. Utilizando las coordenadas geográficas de
cada sepultura, se aplicó el algoritmo K-means (MacQueen 1967)
para agruparlas en función de su proximidad espacial. La determinación del número óptimo de clusters se basó en el método
del codo (Thorndike 1953), analizando la variación intra-cluster
medida por la suma de cuadrados dentro de los clusters (WCSS)
para diferentes números de clusters. Este análisis permitió identificar un punto de inflexión que sugiere el número de agrupaciones
que mejor captura la estructura inherente de los datos sin introducir complejidad excesiva.
Posteriormente, se aplicó un Análisis de Componentes Principales (PCA) (Hastie et al. 2009) para reducir la dimensionalidad
de los datos y facilitar su visualización. Este paso transformó las
161
[page-n-163]
la necrópolis ibérica de casa del monte
características originales de los datos en componentes principales
que capturan la mayor varianza posible con el menor número de
dimensiones, permitiendo una representación gráfica clara de los
clusters identificados.
Las visualizaciones generadas, incluyendo gráficos de barras
para el índice de riqueza y diagramas de dispersión para los
clusters, proporcionan una interpretación visual intuitiva de los
resultados analíticos. Estas representaciones gráficas no sólo ilustran la distribución de la riqueza y la disposición espacial de las
sepulturas, sino que también destacan patrones y anomalías que
podrían indicar prácticas funerarias específicas o diferenciaciones
sociales dentro de la comunidad estudiada.
7.2.1. Resultados
La triangulación de datos geográficos ha sido un componente
esencial en nuestro esfuerzo por mapear con precisión la ubicación de las sepulturas en Casa del Monte. Utilizando una combinación de datos históricos, tecnología moderna de mapeo y
análisis espacial avanzado, hemos conseguido no solo localizar
sepulturas conservadas sino también inferir la posición de aquellas que han desaparecido con el tiempo (fig. 7.4). Este proceso
ha revelado patrones significativos en la disposición espacial de
las sepulturas.
Esta metodología de integración de datos espaciales ha permitido una reconstrucción detallada de la disposición de las
sepulturas en Casa del Monte, arrojando luz sobre aspectos previamente desconocidos de este yacimiento. Este conjunto de
resultados representa un avance significativo en nuestro conocimiento sobre el yacimiento de Casa del Monte, proporcionando
un fundamento firme para la interpretación de sus aspectos
socioeconómicos y cultuales, así como para la planificación de
futuras excavaciones y conservación del yacimiento.
Los datos iniciales permitieron realizar análisis espaciales
más profundos. La aplicación del algoritmo K-means reveló
patrones interesantes en la disposición espacial de las sepulturas, identificando agrupamientos que sugieren esquemas de
enterramiento y posibles diferencias en estatus social, prácticas
funerarias o afiliaciones familiares dentro de la población ibérica.
Los resultados del clustering se han visualizado, mostrando la
distribución y características de los grupos identificados, con un
número óptimo entre tres y cuatro (figs. 7.5 y 7.6). Aunque los
métodos cuantitativos sugieren entre tres y cuatro agrupaciones,
optamos por cuatro grupos en el plano de la necrópolis para una
interpretación arqueológica más detallada. Esta decisión se basa
en la presencia de cuatro sepulturas consideradas más antiguas,
cada una articulando un grupo distinto. La figura 7.7 muestra
cómo la Sepultura XXXV, alejada del conjunto, altera ligeramente
Figura 7.4. Plano de las estructuras existentes y
restituidas tras el proceso de triangulación (B.
Pérez Aguilar).
162
[page-n-164]
revelando el pasado
Tabla 7.1. Pesos asignados a cada elemento del ajuar (basados en
García Huerta et al. 2018).
Objeto
Falcata
Espada
Vaina
Puñal
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Decoración Ag o Cu
Varios Fe
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica Ibérica
Tejuelo
Cerámica Importada
Indeterminado
Fusayola
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto de madera
Tabas
Objeto de Hueso
Concha
Urna-Tapa
Peso
5
5
5
5
3
5
5
2
5
5
1
3
3
3
3
3
2
2
2
4
1
5
1
1
3
1
2
2
1
3
2
2
2
3
1
1
4
la percepción de los grupos. Cada cluster contiene una de las
sepulturas más antiguas (II, XVII, XXIII y XXXVII), reforzando
nuestra elección de cuatro agrupaciones.
El análisis de la riqueza de los ajuares funerarios proporcionó
una visión cuantitativa de las disparidades socioeconómicas. Calculamos la riqueza de cada sepultura basándonos en la cantidad y
tipo de objetos, permitiéndonos evaluar la variabilidad económica
e inferir aspectos de la estructura social y jerarquías. La distribución de la riqueza en Casa del Monte, visualizada mediante
un histograma y el coeficiente de Gini, indica una concentración
de bienes en pocas sepulturas, contrastando con la mayoría de
ajuares más modestos (figs. 7.8 y Anexo III, Jiménez-Puerto y
Pérez-Aguilar 2024). Esta disparidad señala claras diferencias
de estatus en una sociedad aparentemente unida por identidades
culturales, pero fuertemente jerarquizada.
Los resultados del PCA confirman estos hallazgos, revelando
cuatro grupos diferenciados según la riqueza de los ajuares y
el tamaño de las sepulturas (fig. 7.9). Este patrón, junto con
el coeficiente de Gini, corrobora la presencia de tres o cuatro grupos sociales distintos, subrayando la complejidad de la
organización social de esta comunidad ibérica. En conjunto, el
análisis de riqueza abre nuevas perspectivas sobre la estructura
social y las dinámicas económicas de la necrópolis de Casa del
Monte, ofreciendo un marco cuantitativo para entender cómo
las prácticas funerarias reflejaban y reforzaban las jerarquías y
relaciones sociales en esta sociedad ibérica. Estos resultados no
solo enriquecen nuestra comprensión del yacimiento en sí, sino
que también contribuyen al estudio más amplio de las culturas
antiguas y su manejo de la riqueza y la desigualdad.
7.3. APROXIMACIÓN A LA ORGANIZACIÓN
SOCIAL DE LA NECRÓPOLIS
Los análisis anteriores nos aproximan a unas propuestas de organización que adquieren sentido al tener en cuenta la distribución
de las tumbas, la cronología, el tipo de tumba, los ajuares y las
personas enterradas.
7.3.1. La organización del espacio funerario
La organización interna de las necrópolis ibéricas sigue siendo
un tema poco tratado por la investigación a pesar de que, ya
en 1978, Almagro Gorbea consideraba que debía estudiarse en
profundidad para tener un mejor conocimiento de la sociedad
ibérica. Es cierto que se ha avanzado (y mucho) en la tipificación de las tumbas, pero apenas en su organización. Más
allá de señalar superposiciones, agrupaciones y destrucciones
solo se conoce la propuesta de organización concéntrica para
la necrópolis del Cerro del Santuario (Ruiz Rodríguez et al.
1992) y algún ustrinum (Chapa Brunet et al. 1998, 117-132).
Pero, quedan preguntas por responder ¿cómo se circulaba entre
las tumbas?; se conocen depósitos relacionados con banquetes
funerarios (Monraval Sapiña y López Piñol 1984; Blánquez
Pérez 1990, 222-266), pero ¿dónde se llevaban a cabo? ¿existieron espacios donde celebrar ceremonias funerarias antes o
después del enterramiento?
La necrópolis de Casa del Monte fue escasamente monumental a diferencia de otras de su entorno como Pozo Moro y
Los Villares (fig. 2.1). Se combinaron desde el principio hoyos
y empedrados (II, XVII, XXIII y XXXVII), con pocas destrucciones por superposición (XXXVII y XXXVIII), es decir, su
desarrollo temporal es horizontal.
Las estructuras tumulares formarían montículos de escasa
altura, diseminadas en la ladera NO de la suave loma donde se
asientan; son casi cuadradas y mantienen una orientación NE-SO,
que se respeta incluso en algunos loculi y en depósitos de armas
(figs. 3.14, 3.19, 3.20 y 7.4). Los hoyos se sitúan tanto en la periferia
como entre túmulos, lo que en apariencia dificultaría la circulación
interna a medida que se ocupaban los espacios intertumulares. Por
163
[page-n-165]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.5. Clusters de centroides con k-means.
Figura 7.6. Resultado de aplicación del WCSS para estimar el número de clusters óptimo.
164
[page-n-166]
revelando el pasado
Figura 7.7. Distribución espacial de los clusters sobre el plano. Rojo: cluster 1; amarillo,
cluster 2; azul, cluster 3; verde, cluster 4.
las descripciones recogidas estaban a poca profundidad y no se
han identificado marcadores de ubicación. Sólo la Sepultura XIX
estaba tapada con una losa visible en superficie.
La aplicación del análisis K-means conforma una organización funeraria con cuatro agrupaciones (figs. 7.4 y 7.5-7.7).
Agrupaciones que a simple vista no son evidentes excepto en las
dos superposiciones (I-XXXVII y VII-XXXVIII) y en el conjunto formado por las Sepulturas XVIII, XXIII, XXIV y XXXVI.
El Cluster 1, a priori el más evidente, comprende los cuatro
empedrados tumulares adosados o superpuestos (Sepulturas XVIII,
XXIII, XXIV y XXXVI) a los que se les asocia espacialmente la
tumba en hoyo XXI. Al S de éstas, la Sepultura IX con dos túmulos
pequeños al O y, al E, hay otros dos y un enterramiento en hoyo.
En total 11 sepulturas, de las que sólo dos son en hoyo. Esta agrupación incluye una de las tumbas más antiguas de la necrópolis
(XXIII) y uno de los enterramientos femeninos (IX).
El Cluster 2 está compuesto por siete enterramientos de los
que sólo uno es un túmulo (Sepultura I) cuya construcción se
hizo sobre una tumba en hoyo (XXXVII). Otras cuatro tumbas en hoyo se ubicaron al S del túmulo (Sepulturas XXXI,
XXXII, XXXIII y XXXIV). La Sepultura XXXV constituye
una distorsión al ser la más alejada de toda la necrópolis. La
Sepultura XXXVII de finales del V y principios del IV a. C. es
la más antigua del conjunto.
El Cluster 3 se compone de 11 enterramientos y un posible
cenotafio (VI). Se reparten al 50% entre túmulos y hoyos. La
Sepultura VII se construyó sobre la XXXVIII y la VIII es la más
alejada del conjunto. La más antigua es la II, datada entre finales
del V y principios del IV a. C. Las de cronología más moderna
están este grupo (III, IV, V y XIV) entre las que se incluye una
femenina (III).
El Cluster 4 está formado por ocho tumbas (XVI, XVII, XIX,
XX, XXII, XXV, XXVI y XXVII) y sólo una de ellas (XVII) es
un túmulo además de ser la más antigua del conjunto (principios
del siglo IV a. C.). Todas las tumbas en hoyo menos la XVI se
sitúan al N del túmulo. En la Sepultura XX hay enterrado un
Adulto posiblemente femenino.
La organización del espacio funerario de Casa del Monte
parece determinada por la existencia de una sepultura de
mayor antigüedad alrededor de la cual se construyen las demás
y por el tipo de tumba.
165
[page-n-167]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.8. Índice de riqueza (Gini) para cada sepultura.
En cuanto al tipo de tumba, en el Cluster 1 los empedrados
tumulares son mayoritarios, mientras que en los clusters 2 y 4
son las tumbas en hoyo. Las tumbas que inician los clusters 1, 3
y 4 son túmulos también.
La localización de las tres sepulturas femeninas en tres de los
clusters también deber ser un elemento a tener en cuenta, aunque la escasez de restos con sexo determinado no permite hacer
muchas valoraciones.
El túmulo VI, grande, pero sin restos óseos ni ajuar también
pudo constituir un elemento central de la necrópolis, asociado
al Cluster 3. Parece ocupar una posición central, pero al carecer de elementos para su datación, no permite una valoración
adecuada.
Estos datos ponen de manifiesto relaciones de parentesco
entre los individuos enterrados, siendo el subconjunto formado
por los túmulos XXIII, XVIII, XXIV, XXXVI y el hoyo XXI
el más evidente. La valoración del ajuar y la distribución de los
rangos de edad que se analizará a continuación parece corroborar
esta primera impresión (tabla 7.2).
166
7.3.2. Valoración del ajuar
En principio, nos resistimos a hablar de tumbas ricas y pobres
porque según se van analizando los datos se pueden hacer múltiples matizaciones. En consecuencia, y siguiendo la terminología utilizada por Ruiz Rodríguez et al. (1992, 402), hablaremos
de niveles de complejidad de los ajuares más que de riqueza y
pobreza.
Ballester Tormo ya en 1930 señaló algunas tumbas que consideró pobres frente a las ricas; e incluso les atribuyó género; por
ejemplo, las de hoyo eran las más pobres, las de urna ni las más
ricas ni las más pobres y los túmulos las más ricas (1930, 29, 30 y
32). Curiosamente, sin dar su número, estimó que la Sepultura X
es la “más rica, de mujer” de las tumbas (1930, 31). Ciertamente,
algunas de sus apreciaciones se acercan a nuestras propuestas
excepto por la atribución de género y riqueza.
La visión que ofrecen los análisis de Gini y PCA es de
un grupo muy jerarquizado donde destacan la Sepulturas X y
XIV, aunque por diversos motivos. Las otras tres agrupaciones
[page-n-168]
revelando el pasado
Figura 7.9. Resultados del Análisis de Componentes Principales.
muestran diferencias menores, pero en el extremo opuesto se
sitúa el mayor número de tumbas (22) (fig. 7.9). Ahora bien, una
observación más detallada permite ver ciertas particularidades.
En la parte alta, destacan dos tumbas -X y XIV- por su abundante ajuar, siendo ambas estructuras tumulares medianas. La
Sepultura X carece de armas, pero tiene un alto número de cerámica importada, fusayolas, fíbulas y pasta vítrea (fig. 3.32); en
cambio, la XIV tiene una panoplia bastante completa además
de cerámicas y objetos personales (3.34). En la Sepultura X se
enterró a una persona adulta del cluster 1 y en la XIV hemos propuesto que sea un Infantil II-Preadulto o Preadulto del cluster 3,
por la asociación de armas (ver La Panoplia de Casa del Monte)
(tablas 4.6 y 7.2).
El segundo Nivel está formado por cinco sepulturas (I, II,
XVII, XVIII y XXIX). Todas son empedrados grandes excepto
la XVIII que es mediano. Otros aspectos en común son tener
un importante conjunto de armas, además de objetos personales, cerámicas u otros ítems poco comunes en Casa del Monte
(placa de hueso, tabas), a excepción de la Sepultura XVII que
sólo contiene la panoplia más completa de toda la necrópolis.
Los tres individuos identificados son dos Infantil II-Preadulto y
un Preadulto; mediante la asociación de armas, proponemos que
las sepulturas XVII y XXIX contuvieron sendos Adultos (ver La
Panoplia de Casa del Monte) (tabla 4.6). Las cinco tumbas están
repartidas entre los cuatro clusters (tabla 7.2).
El tercer Nivel tiene nueve tumbas (V, VII, VIII, IX, XV,
XXIII, XXIV, XXX y XXXIV). Seis son empedrados, cinco
medianos y uno pequeño; las otras tres son tumbas en hoyo. El
ajuar común a todas son los objetos personales y la presencia de
armamento y cerámica es mayoritaria. Los individuos enterrados son cinco Adultos, uno de ellos posiblemente femenino, y
un solo Preadulto. A diferencia de lo que sucede en el conjunto
anterior, tres de los Adultos (VII, VIII y IX) tienen panoplias
bastante completas. Están repartidas entre los clusters 1 (4), 2
(1) y 3 (4) (tabla 7.2).
El cuarto Nivel es el más numeroso (22) como se puede
esperar de una sociedad jerarquizada. En este conjunto solo cuatro tumbas son empedrados, dos grandes (VI y XXXVI) y dos
167
[page-n-169]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla 7.2. Síntesis de clusters, rangos de edad y niveles de complejidad.
Sepultura
Tipo tumba
Nivel complejidad
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
IX
X
XI
XII
XIII
XV
XVIII
XXI
XXIII
XXIV
XXXVI
E+/E+/EEH
EH
H
E+/E inc
E+
3
1
4
4
4
3
2
4
3
3
4
Adulto Femenino
Adulto
Adulto joven > 14 años
Adulto
2
2
2
2
2
2
2
I
XXXVI
XXXI
XXXII
XXXIII
XXXIV
XXXV
E+
H
H
H
H
H
H
2
4
4
4
3
3
4
Preadulto
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
II
III
IV
V
VI
VII
XXXVIII
VIII
XIV
XXVIII
XXIX
XXX
E+
H
H
E+/E+
E+/H
H
E+/H
E+
H
2
4
4
3
4
3
4
3
1
4
2
3
Infantil II-Pread
Adulto joven fem
fin V - inicio IV a. C.
inicio III a. C.
inicio III a. C.
inicio III a. C.
Adulto
Preadulto
Adulto Masculino
Preadulto
primera mitad IV a.C.
fin V - inicio IV a. C.
IV a. C.
inicio siglo III a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
4
4
4
4
4
4
4
4
XVII
XIX
XX
XXII
XXV
XXVI
XXVIII
XVI
E+
H
H
H
H
E+
H
H
2
4
4
4
4
4
4
4
Adulto
Preadulto
Adulto >30 años fem
Preadulto
Cluster
pequeños (XI y XII). En cuanto a los ajuares, destaca la escasa
presencia de armas en solo cuatro tumbas (III, XIX, XX y XXXI).
Los objetos personales están presentes en el 40% de las sepulturas y el 77% tiene cerámicas. Sólo tres carecen de ajuar (VI,
XXVIII y XXXV). Los individuos enterrados son seis Adultos
y tres Preadultos. La distribución entre los clusters es homogénea con cinco en los tres primeros y siete en el cuarto (tabla 7.2).
168
Rango edad /sexo
Adulto joven
Infantil II-Pread
Preadulto
Adulto
Adulto
Adulto
Adulto Masculino
Cronología
mediados IV a. C.
mediados IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
segunda mitad V a. C.
IV a. C.
IV a. C.
inicio IV a. C.
fin-inicio IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
inicio IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
IV a. C.
Merece una explicación la Sepultura VI. Se trata de un túmulo
grande, situado aparentemente en el centro de la necrópolis, en el
que no se encontró ajuar, aunque sí había restos de mancha negra
con cenizas junto a la pared O. ¿Pudo ser un cenotafio como ya
apuntó Ballester Tormo? Un cenotafio es un monumento erigido
por familiares o la comunidad en memoria de una persona fallecida
lejos de su lugar de origen o cuyo cadáver no pudo ser recuperado,
[page-n-170]
revelando el pasado
A
B
Figura 7.10. Imágenes con guerreros caídos en combate. A: Castellar (Oliva) (fotografías Arxiu Museu Arqueològic de Catalunya; dibujo
P. Mas Hurtuna). B: Libisosa (Lezuza) (fotografía y dibujo H. Uroz Rodríguez).
implicando que éstos siguen perteneciendo a la comunidad. En
efecto, estos monumentos cenotáficos se encuentran en necrópolis
excavadas y publicadas con posterioridad, como en El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz, 1987), Estacar de Robarinas (Linares) (Blázquez
Martínez y García-Gelabert 1987, 187) y, tal vez, en Cabezo Lucero
(Guardamar del Segura) (Aranegui Gascó et al. 1993, 30), entre
otras. Además, guerreros caídos en combate se muestran en sendas
cerámicas de Castellar de Oliva y Libisosa (fig. 7.10), y pudieron
ser recordados en sendos cenatofios.
Las diferencias observadas en los niveles de complejidad
de los ajuares podrían explicarse por razones de edad, género
y/o estatus social. Sobre edad y género, los datos aportados
por la antropología física no son concluyentes ya que la mayor
parte de los enterramientos pertenecen a Adultos o Preadultos
alofisos. Y en cuanto al estatus, resulta tentador relacionar los tres
primeros niveles con gente de armas frente a otras actividades,
sin determinar, que estarían recogidas en el cuarto nivel más
numeroso. No obstante, tampoco los datos son concluyentes y
169
[page-n-171]
la necrópolis ibérica de casa del monte
no debe olvidarse que esta necrópolis tiene un sesgo de edad
muy definido que, en nuestra opinión, condiciona cualquier
interpretación.
La distribución de los niveles de complejidad en los clusters
1, 2 y 3 es similar, en cambio el cluster 4 tiene el mayor número
de tumbas del nivel inferior (fig. 7.12).
7.3.3. Algunos apuntes sobre género y condición
social
Lecturas más atentas y críticas permiten explicar los datos anteriores desde otras perspectivas como el género y la condición
social de los individuos, sin perder de vista que, más allá de la
voluntad del difunto/a, el enterramiento lo llevan a cabo los vivos
que van a decidir sobre el desarrollo del proceso ritual.
La Arqueología de la Identidad se dedica esencialmente “a
averiguar el modo en que los grupos del pasado se concebían a
sí mismos y a su posición en el mundo, es decir, a comprender su
orden de racionalidad” (Hernando Gonzalo 2002, 45). La identidad no es algo natural, sino que se establece por asociación de
uno mismo a algo o alguien a quien parecerse y a través de ello
diferenciarse de los demás. La primera identificación de todo ser
humano se hace con los que le rodean de forma inmediata, es
decir, progenitores y grupo social. En consecuencia, la identidad
es ante todo social y/o cultural ya que se construye interactuando
con otras personas y bajo determinadas condiciones materiales
de vida. Los seres humanos a lo largo de nuestra vida desarrollamos distintas identidades (Hernando Gonzalo 2002, 50-51).
Identidades que pueden tener su reflejo en la cultura material de
los espacios habitados y funerarios.
Esta necrópolis no permite un análisis profundo sobre identidad de sexo/género ya que los datos antropológicos, como
se ha señalado en repetidas ocasiones, son poco concluyentes
(ver Estudio Antropológico). Teniendo en cuenta, además, que
todavía no se han detectado pautas de comportamiento en el
ritual funerario ibérico, no debería hacerse esta clase de atribuciones sin contar con una amplia información antropológica
e iconográfica. Sin embargo, por ser la primera aproximación
a este tema, es interesante recoger las asociaciones tumba/
sexo hechas por Ballester Tormo hace casi un siglo (1930,
31, 34-37).
Ya se ha señalado que la Sepultura X la consideró femenina,
pese a ser la más rica, por carecer de armamento y tener fusayolas, fíbulas y cuentas de pasta vítrea. La presencia de fusayolas,
y otros objetos vinculados a la actividad textil, suele utilizarse
para catalogar un ajuar como femenino tipo, algo que no se puede
afirmar categóricamente como ha demostrado un reciente trabajo
sobre necrópolis del sureste peninsular (Antón Espí et al. 2022).
A los ejemplos recogidos por estas autoras, hay que sumar Casa
del Monte donde las fusayolas se encuentran en seis sepulturas y
ninguna de ellas tiene el sexo determinado, aunque sí el rango de
edad en dos casos: la Sepulturas X (8) y XXIII (1) con un Adulto
y un Preadulto respectivamente.
Para Ballester Torno, las tumbas masculinas tipo siempre
tienen armamento más o menos abundante, alguna fíbula, placa
de cinturón y pinzas, citando como ejemplos las Sepulturas II,
XIX y XXIX. De acuerdo con el análisis antropológico, las dos
primeras pertenecen a individuos Infantil II-Preadulto, mientras que la XXIX carece de restos conservados. Las femeninas
170
tienen ante todo ornamentos, fusayolas y algún cuchillo, poniendo
como ejemplo, además de la X, las Sepulturas XVI y XVIII. Sin
embargo, en la XVI se ha identificado un individuo masculino
adulto y la XVIII contenía un Infantil II-Preadulto.
Antes de iniciar cualquier explicación, conviene recordar
que sólo se han conservado restos humanos de 19 sepulturas,
es decir, el 50% de las excavadas. De las cuales son de Adulto
el 52,5%, de Adulto joven el 2,5%, de Preadulto el 26,5% y de
Infantil II-Preadulto el 10,5 %. Con sexo asignado tan sólo hay
cinco individuos (26,3%): dos masculinos adultos (Sepulturas
VIII y XVI), un femenino Adulto-joven y dos probables femeninos adultos (Sepulturas III, IX y XX). Como la mayoría carece
de sexo determinado resulta difícil una interpretación en base a
ello. Dicho esto ¿qué nos aporta, en la actualidad, la asociación
antropología/registro material?
La Sepultura XVI, como se acaba de comentar, no corresponde al “ideal” de tumba masculina al carecer de armas,
mientras que la VIII tiene armas, cerámicas u objetos personales. Ambas son masculinas, en hoyo, con urna y sin urna
respectivamente.
La Sepultura III de una Adulta joven, en hoyo y con urna,
tiene un ajuar escaso en el que se incluye una punta de lanza;
la IX, de posible femenina Adulta, es un empedrado con armamento, fíbulas, pinzas y cerámica; y la XX, en hoyo con urna,
contenía una falcata y una fíbula, pertenece a una posible mujer
Adulta mayor de 30 años. Todas ellas, pues, con algún arma y,
por tanto, también alejadas del “ideal” femenino.
En definitiva, los cinco casos determinados no siempre se
corresponden con el “ideal” de enterramientos masculino (con
armas) o femenino (ornamentos y fusayolas), siendo un argumento más para dejar de hacer estas atribuciones subjetivas y
actualistas ya que la presencia o ausencia de determinados ítems
en los ajuares puede estar determinada por otras circunstancias
como la condición social y la edad.
La amortización de ajuares supone una pérdida de “riqueza
económica” para el grupo al que pertenece el individuo y, en consecuencia, pueden ser la condición social y edad las motivaciones
que llevan a depositar un determinado ajuar. Es decir, siguiendo
a Tarlow (en Arnold 2006, 137) porque los objetos del ajuar son
los que se han considerado apropiados para la transición de los
individuos de la vida a la muerte.
La condición social o estatus hace referencia al prestigio
social del individuo, prestigio que puede quedar reflejado en
los ajuares funerarios al formar parte de una pauta institucionalizada que no necesariamente implica riqueza. Según la
sociología, el estatus puede ser adscrito o heredado, es decir,
inherente a la posición social por nacimiento; o bien adquirido, es decir, obtenido por méritos propios. Los criterios
adscriptivos evalúan y clasifican a los individuos en función
de atributos que son independientes de su voluntad, como el
sexo, la edad o el grupo social de nacimiento; sólo cambian
a lo largo del ciclo vital biológico. En cambio, los criterios
adquisitivos evalúan y clasifican a los individuos por lo que
hacen, no por lo que son, en consecuencia, necesitan acción.
Generalmente, la atribución de estatus combina ambas evaluaciones, siendo dominante la adscripción en las sociedades
tradicionales (Giner San Julián et al. 2006, 14, 15 y 306; Parsons 1976, 92-96 y 116-117).
[page-n-172]
revelando el pasado
Figura 7.11. Pirámide de mortalidad.
A pesar de la ausencia de ancianos e infantiles, cuyo destino final desconocemos, utilizaremos la dicotomía adscripción/
adquisición como variable analítica para justificar la presencia de
determinados objetos en el ajuar teniendo en cuenta los grupos
de edad identificados en Casa del Monte. Así mismo, gracias a
asociaciones significativas del armamento, hemos propuesto la
asignación a un grupo de edad a alguna tumba sin restos óseos
de acuerdo con lo planteado en líneas anteriores.
La pirámide de mortalidad es coherente con un ciclo demográfico normal. Es decir, una vez superados los años difíciles de
la infancia, la mortalidad disminuye hasta la edad adulta (fig.
7.11). Aunque no existe certeza, una parte de los Preadultos y
Jóvenes pudieron ser femeninos y haber fallecido como consecuencia de problemas derivados de los embarazos y partos, pero
sólo la Sepultura III corresponde, con seguridad, a una mujer
adulta joven.
Los Adultos están repartidos de forma similar entre los cuatro
clusters así como entre los Niveles de complejidad (fig. 7.12 y
tabla 7.2). La mayoría de ellos se engloban en los Niveles 3 y 4
incluidos dos femeninos y los dos masculinos. Algunos elementos significativos de los ajuares como son las armas y las copas
áticas deben considerarse propios de su condición de adultos, que
pudieron ser adquiridos a lo largo de su vida y, en consecuencia,
apropiados para acompañarlos al más allá.
Los Adultos jóvenes son tres y están incluidos en los clusters
1 (2) y 3 (1). Se reparten entre los Niveles 3 y 4 de complejidad
(uno y dos respectivamente) (fig. 7.12 y tabla 7.2). Todos ellos
tienen ajuares propios de un estatus adscrito y de su condición
de personas al inicio de su vida adulta.
Los seis Preadultos se distribuyen entre los cuatro Niveles
de complejidad 1 (1), 2 (1) 3 (1) y 4 (3), como la mayoría de
los Adultos, y también se encuentran repartidos entre los cuatro
clusters (fig. 7.12 y tabla 7.2).
Los individuos de las Sepulturas I, XIV, XIX, XXIII y
XXXVIII se enterraron con ajuar de Adulto por las armas y la
cerámica ática. Para las Sepulturas I y XIX, ambas con una panoplia bastante completa, se plantean, al menos, dos hipótesis: o
bien, las armas las adquirieron tras su participación en un rito de
paso hacia la edad adulta (fig. 7.13); o bien, fallecieron antes de
participar en el mismo y por razón de herencia fueron enterrados
con ellas. En cambio, las copas áticas de las Sepulturas XXXVIII
y XXIII deben corresponder a un estatus adscrito, lo mismo que
la urna y tapadera de la Sepultura XXII. Tres de ellas son túmulos (I, XIV y XXIII).
En este grupo de edad, se aprecian mayores diferencias de
trato que entre los adultos, lo que puede atribuirse a la condición
social del grupo al que pertenecía el individuo enterrado.
Los dos Infantiles II-preadultos están dentro del Nivel 2 (II
y XVIII) y en los clusters 1 y 3 (fig. 7.12 y tabla 7.2). Tienen en
común el tipo de tumba -túmulo grande-, presencia de soliferreum
y placa de cinturón. El individuo de la Sepultura II tiene además
un puñal y un cuchillo, y el de la XVIII sólo tiene una vaina y
las únicas tabas encontradas en la necrópolis.
Si bien las tabas pudieron ser piezas personales del individuo
enterrado además de las consideraciones hechas anteriormente,
los otros ítems deben considerarse como objetos de un estatus
adscrito ya que, por edad, no pudieron adquirir esas piezas de
armamento (puñal, vaina, soliferreum y cuchillo).
Algo similar se puede decir de las placas de cinturón, algunas
de gran tamaño (figs. 4.13-4.15). Tres de ellas están en tumbas
de Preadultos o Infantiles II-preadultos (I, II y XVIII) asociadas
a panoplias bastante completas (tabla 4.6); y otras dos sin restos
humanos recogidos: la XIV con armas y la XXIV con sólo dos
regatones. Sobre la Sepultura XIV ya hemos señalado que puede
pertenecer a un Preadulto por la presencia de un puñal, soliferreum y placa de cinturón.
Otras armas que probablemente sean un indicador de grupo de
edad y, en consecuencia, de condición social, es la espada/falcata
y el soliferreum. Del total de falcatas y espadas (7), cuatro están
en tumbas de Adultos y una de un Preadulto; nuestra propuesta
es que las Sepulturas XVII y XXIX, que carecen de restos óseos
conservados, pertenezcan a Adultos por incluir en su panoplia
espada y falcata, respectivamente (tabla 4.6).
De los ocho soliferrea catalogados, tres están en tumbas de
individuos Infantil II-Preadulto o Preadulto (I, II y XVIII) y sólo en
una de Adulto (VII). Cuatro carecen de restos óseos recogidos, pero
a los Infantil-II-preadulto y Preadulto se puede añadir la Sepultura
XIV por las razones esgrimidas anteriormente (tablas 4.6 y 7.2).
Sin poder descartar otras posibilidades ¿podría el soliferreum ser un
arma especialmente adecuada para estos individuos más jóvenes o
inexpertos? Aunque pueda parecer extraña esta atribución, hay que
considerar la existencia de paralelos antropológicos de armas de
gran envergadura utilizadas eficazmente por personas con menos
fuerza física. Un ejemplo notable es la naginata japonesa, un arma
de asta larga empleada históricamente por mujeres samuráis y monjes guerreros, aunque en este caso no es arrojadiza (Amdur 2023)23.
En el caso del soliferreum, a pesar de su considerable longitud, su
naturaleza de arma arrojadiza ofrece ventajas significativas para
un combatiente novato. Con un entrenamiento básico, puede lanzarse para desorganizar formaciones enemigas, permitiendo al
usuario mantenerse a una distancia segura del peligro inmediato.
Esta característica contrasta marcadamente con armas como la
espada o la falcata, que requieren un combate cuerpo a cuerpo y
demandan un alto nivel de destreza y experiencia para su manejo
efectivo. Así, el soliferreum podría representar una opción táctica
valiosa para integrar a guerreros jóvenes o menos experimentados
23 Agradecemos la información al Dr. Joaquín Jiménez Puerto.
171
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.12. Grupos de edad por clusters y niveles de complejidad.
172
[page-n-174]
revelando el pasado
En conclusión, los Niveles de complejidad del ajuar y rangos de edad se distribuyen equilibradamente entre los diferentes
clusters (fig. 7.12 y tabla 7.2), lo que avala la hipótesis de que
se trata de agrupaciones de carácter familiar.
7.4. LAS PRÁCTICAS RITUALES
Figura 7.13. Lebes de Edeta/Tossal de Sant Miquel (Llíria), con dos
jóvenes enfrentados en un rito de paso (Archivo fotográfico SIP).
en el campo de batalla, proporcionándoles un medio para contribuir
significativamente al combate mientras minimizaban su exposición
al riesgo directo.
Y, por último, señalar que las tres sepulturas femeninas contienen armamento dentro de los dos niveles más bajos: la adulta
joven de la Sepultura III solo tiene una lanza (Nivel 4); la adulta
> de 30 años de la Sepultura XX tiene una falcata con su vaina
(Nivel 4) y la adulta de la Sepultura IX tiene una panoplia casi
completa (Nivel 3). Cada vez hay más ejemplos de sepulturas
femeninas con armamento, tras el ya aceptado caso de la Dama
de Baza, pero no se ha hecho un análisis exhaustivo de todos
ellos (Chapa Brunet e Izquierdo Peraile 2010; Antón Espí et al.
2022, 82-85). En Casa del Monte, las tres mujeres son adultas
y sólo la IX tiene una panoplia de tres armas, por tanto, se pueden considerar ajuares tanto adscritos como adquiridos que, en
virtud de alguna cualidad o circunstancia desconocida, tuvieron
derecho a enterrarse con ellas.
El ceremonial funerario consta de una serie de acciones sucesivas
o simultáneas que se resumen en siete (Bartel 1982, 52-53, fig.
1). En cada una de ellas se desarrollan prácticas diversas que se
observan a través del registro arqueológico mediante restos materiales e iconografía (tabla 7.3) o son inferidas. Todo el proceso
puede ir acompañado de música y lamentaciones de familiares,
allegados o plañideras, como queda patente a través de la iconografía (fig. 7.14). Es la reiteración de determinadas prácticas
rituales lo que permite su identificación.
En Casa del Monte los únicos documentos disponibles para
describir algunas acciones llevadas a cabo son los restos recuperados y la lectura atenta de los dos diarios de excavación
conservados. Como ya se ha recogido en los capítulos precedentes, unas veces la descripción es minuciosa; otras, es descuidada
e incompleta; y, en pocos casos, no hay información alguna.
Las acciones y prácticas identificadas e inferidas en Casa del
Monte son: preparación de la tumba, preparación del difunto,
traslado a la pira, cremación y enterramiento, depósito de ajuar
y ofrendas, libaciones y cierre de la tumba (tabla 7.3):
1. La preparación de la tumba es una acción indispensable
tanto si es una gran tumba como un simple hoyo. Su construcción puede ser previa, simultánea o posterior a otras acciones.
En esta acción hay que tener en cuenta la elección y preparación
del lugar, así como la selección del tipo, tamaño y materiales de
la tumba que pueden variar según la edad, género y estatus, entre
otras circunstancias, del individuo enterrado y sus familiares. Así
mismo, al tratarse de un ritual de cremación también debe tenerse
en cuenta la recogida y selección previa de la madera tanto por la
información ambiental como ritual que puede aportar.
Tabla 7.3. Etapas del ceremonial funerario (adaptado de B. Bartel 1982).
Acción
Práctica
Muerte
Comunicación
No
Preparación tumba
Construcción
Sí
Preparación cuerpo
Mortaja; Vestido; Otros
Sí
Velatorio
Banquete; Música
Entierro extramuros
Traslado
Sí
Cremación
Sí
Enterramiento
Sí
Ofrendas
Sí
Ceremonia cierre
Banquete; Música; Otros
Duelo
Visitas a la tumba
Restos materiales
Sí, No
Sí, No
No
173
[page-n-175]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.14. 1: Detalle de exposición del difunto y lamentos sobre cerámica del periodo geométrico (Museo Arqueológico Nacional, Atenas); 2: Crátera ibérica pintada con desfile de guerreros y músicos (nº inv. 5448. MICG/DA250001, Archivo fotográfico del Museo de Arte
Ibérico El Cigarralejo). Siglos III-II a. C.
En Casa del Monte la piedra utilizada para construir los túmulos es local y, por las fotos y descripciones conservadas, sólo se
careaba por el exterior (fig. 3.9). Las escasas muestras de carbón
recogidas también indican un uso local de la madera (tabla 5.3)
(ver Pasto de las llamas).
El enterramiento se produce mayoritariamente en el mismo
lugar de la cremación (66 %); del 16% se señala explícitamente
que no se encontraron tierra quemada, carbones o cenizas, siendo
a partes iguales hoyos o estructuras tumulares. Los demás son
enterramientos de los que apenas hay datos o están parcialmente
destruidos (18%) (tablas 3.1 y 3.2).
La orientación de los empedrados, como se puede ver por
los restos conservados, es NE-SO (figs. 3.8, 3.14, 3.19, 3.20 y
7.4), orientación que se mantiene incluso en alguna pira (Sepultura VII), la construcción de algunos loculi (Sepulturas XXXI y
XXXIV) y la colocación del ajuar (Sepultura XX). La orientación
del ajuar de la Sepultura XIX es la opuesta (NO-SE) (fig. 7.19),
según las anotaciones del diario de excavaciones.
Tanto los túmulos como los loculi debieron construirse después de la cremación ya que, en numerosas ocasiones, Ballester
Tormo indica que las piedras perimetrales y de los rellenos están
manchadas de ceniza y quemadas por debajo. En algún caso,
también anota que las cenizas sobresalen de la construcción tumular (Sepulturas V y VII); en otros, señala la presencia de tierra
“cocha” cubriendo el suelo natural (Sepulturas III, XIV y XXXII)
y casi siempre recubriendo las paredes de los loculi (Sepulturas
VIII y XXXIV), como tapadera de los mismos (Sepulturas I,
II, IX y X) y cubriendo el ajuar (Sepulturas X, XVIII, XXX y
XXXII).
Todo ello indica una cuidadosa preparación del espacio funerario y la existencia de normas, algunas de las cuáles pueden pasar
desapercibidas como el hecho de que el enterramiento debe aislarse del suelo natural, de ahí las cenizas, tierra “cocha”, loculi
enlucidos o el uso de urnas (Mata Parreño 1993, 437-438).
2. Previa o simultáneamente a la acción anterior se prepara
al difunto/a. La mayoría de estas prácticas quedarán destruidas
durante la cremación, pero sí se puede afirmar que los/as difuntos/
174
as se colocaron en la pira vestidos o amortajados con objetos personales. Indicios de ello son el armamento y algunas piezas de
indumentaria quemados, así como los restos óseos con pigmentación de hierro y bronce (fig. 6.4) (ver Estudio antropológico). Por
el contrario, casi ningún ítem cerámico fue sometido a un fuego
intenso, excepto en la Sepultura XI, un fragmento cerámico; en
la XII, un bolsal; y en la XXVI, una fusayola.
Las zonas quemadas que muestran otras piezas se deben más
al contacto con los huesos, carbones y cenizas todavía calientes
que a una exposición directa al fuego.
Todas las armas estuvieron en la pira con cierto grado de
intensidad. Así, por ejemplo, sólo se han detectado restos de las
cachas en un falcata (Sepultura XX) (ver Artesanías óseas) (fig.
4.46); fragmentos de la vaina suelen aparecer sueltos y/o adheridos a la hoja (figs. 4.22, 4.23, 4.26 y 4.27); las puntas de lanza
casi siempre van acompañadas del regatón, pero el astil debió
quitarse o quemarse (tablas 5.2 y 5.3); y armas adheridas entre sí
(fig. 7.15). También es frecuente encontrar laminillas de bronce
adheridas a armas de hierro (fig. 7.15); y en bastantes armas se
han conservado restos de madera quemada como en los puñales de la Sepultura II y XIV (figs. 5.5, 5.7 y 7.15) (ver Pasto de
las llamas).
En cuanto a los objetos relacionados con la indumentaria o
el ornamento, la pauta es diferente. Sólo tres de las cinco placas
de cinturón se colocaron en la pira (Sepulturas I, XIV y XXIV)
a pesar de que las cinco se encuentran en tumbas con armamento
(figs. 4.14, 4.15 y 7.16).
Las fíbulas también tuvieron un tratamiento diferencial pues
sólo algunas se depositaron en la pira (Sepulturas I, VII, X, XV,
XXIII, XXIV, XXX, XXXI y XXXII); sólo tres de estas tumbas
carecen de armamento (Sepulturas XV, XXXI y XXXII) y cuando
hay varias fíbulas no todas se han quemado (fig. 7.16). Alguna
de las pulseras también pudo pasar por la pira (Sepulturas XIX
y XXXI); en cambio, ni los anillos ni las pinzas se introdujeron
en el fuego (figs. 4.18 y 4.19).
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revelando el pasado
1
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3
Figura 7.15. 1: punta y cuchillo adheridos de la Sepultura XXXIV (MPV 7 y 8); 2: detalle de punta de lanza con laminillas de bronce adheridas de la Sepultura I (MPV 47771); 3: restos de madera en puñal de la Sepultura XIV (MPV 35) (fotografía archivo SIP).
Otros ítems, únicos en la necrópolis, fueron quemados
con el cuerpo, como la pasta vítrea de la Sepultura X (fig.
3.32), la pequeña placa de hueso calcinada de la Sepultura
I (fig. 4.45), la placa de boj (Sepultura XI), los higos, las
bellotas y el pan carbonizados de la Sepultura VII (figs. 5.12,
5.16-18 y 5.20).
3. Tras la preparación y velatorio, se produce el traslado hasta
el lugar de enterramiento seleccionado, desde el hábitat o espacio cultual. Traslado que podría hacerse a hombros o sobre un
carro como se ilustra sobre cerámicas del periodo geométrico en
Grecia; y, en el mundo ibérico, se puede inferir a través de las
ruedas de carro depositadas en algunas necrópolis como Toya
(Peal de Becerro) y Mirador de Rolando (Granada) (Cabré Aguiló
1925, 90-91, figs. 21 y 22; Arribas Palau 1967, 74, figs. 7 y 8) y
un exvoto de carro en relieve de la tumba 107 de El Cigarralejo
(Cuadrado Díaz 1987, 243 y 585, lám. XIX, 1) (fig. 7.17). La
música que pudo acompañar estas procesiones y estar presente
en las ceremonias celebradas a lo largo de todo el proceso tiene
un testimonio indirecto en la decoración de un recipiente de El
Cigarralejo (fig. 7.14, 2).
4. El espacio para la cremación debería estar acondicionado
a la llegada del cortejo funerario ya que el enterramiento se produce en el mismo lugar. La cremación como se deduce de los
restos óseos recuperados fue intensa (temperatura en torno a 700º
C) y con el cuerpo fresco debido al tipo de fragmentación de los
huesos (fracturas transversales y onduladas, fisuraciones longitudinales irregulares, deformaciones y torsiones) (ver Estudio
antropológico y Anexo II).
Algunos huesos presentan alteraciones indicativas de
haber estado al aire libre tras la cremación. Esta exposición
pudo ser necesaria para enfriar los restos óseos antes de su
recogida y depósito definitivo en loculi y urnas o por estar
dispersos entre cenizas y carbones. Su cantidad es inferior a lo
esperado, lo que puede deberse tanto a la intensa cremación,
como a una selección tras la cremación, durante la excavación o varias de estas circunstancias a la vez (ver Estudio
antropológico y Anexo II).
5. Los loculi estaban enlucidos y, tras colocar los restos de
la cremación y ajuar, se tapaban con tierra endurecida por contacto con el calor (“cocha”) (fig. 3.58); también las urnas suelen
estar tapadas por tapaderas cerámicas o de piedra. Ballester
Tormo no siempre relata la disposición del ajuar, pero en algunos casos detalla el depósito cuidado con superposición de las
armas (Sepulturas I, II y XVII); en otros, anota que el ajuar está
disperso entre las cenizas (Sepulturas III, V, VII, X, XI, XII y
XVIII), en el interior del loculus o urna (Sepulturas IV, XIII,
XVI y XXXVIII) o bien repartido entre las cenizas y el loculus
o urna (Sepultura IX).
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la necrópolis ibérica de casa del monte
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2
Figura 7.16. 1: placa activa de sepultura XXIV (MPV 62); 2: dos
fíbulas de la Sepultura XXIII, una deteriorada por el fuego y otra
incólume (MPV 47129 y 72) (Archivo SIP).
En este sentido es curioso el comentario que Ballester Tormo
(1930, 31) hace sobre la disposición del ajuar en las tumbas: “…
mostrábanse también las armas u objetos de adorno; viéndose
dispuestas, generalmente con cuidado, las piezas que, por ser de
buen tamaño, fueron fácilmente perceptibles entre los restos de
la hoguera; hallándose las más pequeñas revueltas y mezcladas
con los fragmentos de huesos, entre las cenizas; notándose en
algún caso un manifiesto desorden, revelador de poco cuidado,
tal vez de falta de amor en los encargados de disponer restos y
ofrendas en el hoyo”.
176
En esta necrópolis apenas se ha detectado la inutilización
ritual de las armas como sucede en otros casos (Quesada Sanz
2010, 253-254). Más bien parecen acciones necesarias para introducirlas en la sepultura.
Las dos falcatas, las espadas y los puñales se conservaban
completos, incluso con partes de la funda adheridas (figs. 4.22,
4.23 y 4.26). En la Sepultura IX se indica que la espada estaba
partida en dos; se introdujo dentro de un loculus de 10 cm de
profundidad, y sólo así se pudo meter dentro.
Las lanzas pudieron quemarse en la pira, pero del astil apenas quedan algunos carbones en el interior del regatón (fig. 5.6;
tablas 5.2 y 5.3). A la hora de recoger el ajuar, solo se recuperaba la punta y/o el regatón pues suelen aparecer asociados (tabla
4.6). La punta de lanza de la Sepultura VIII se encontró rota en
el interior del loculus de 60 cm de profundidad.
Los soliferrea pasaron necesariamente por una inutilización
ya que por su longitud no hubieran cabido en las sepulturas. En
Casa del Monte se encuentran muy fragmentados y doblados
sobre sí mismos (figs. 3.22-3.24, 3.28 y 3.29). En algún caso,
como se conserva en la Sepultura XXIX (fig. 4.30) o se describe
en la Sepultura XVII, se enrollaron algo más: “primero una hoja
muy afectada por el óxido que nos parece de jabalina, y que se
ve se acababa de desunir de otro trozo, y luego unas como varillas de hierro una, revuelta sobre sí misma como formando una
doble curvatura, que mide 1’23 mts y otro que también parece
curvarse por uno de los extremos que tiene 0’57 de medida. La
curvatura de éste parece coincidir con la del otro trozo en cuyo
caso debió medir tal vástago 1’80 mts, á los que sumado los 9 cts
que mide la pequeña hoja, dan un total de 1’89, medida posible
de una jabalina soliférrea”. Es evidente que para doblar e inutilizar las armas se tuvo que hacer en caliente y con la ayuda de
herramientas de herrero. Tarea que pudo hacerse durante la cremación, antes o después, acción ritual que apenas se contempla
(Oltean 2021, 104).
Algunas descripciones han permitido aproximarse a la gestualidad de los depósitos. En la Sepultura I, el ajuar, que estuvo en
contacto con el fuego, se colocó horizontalmente sobre el loculus
tapado, lleno de cenizas y huesos: en primer lugar, las pinzas, la
placa de hueso y el soliferreum; a continuación, en paralelo, la
espada con su vaina, punta de lanza y regatón y la placa de cinturón. La fíbula, el cuchillo y las anillas del escudo no aparecen
en la descripción (fig. 7.18).
En la Sepultura II, el ajuar totalmente metálico se depositó en
el interior del loculus, en horizontal sobre las cenizas y huesos,
en orden inverso al de la Sepultura I (fig. 7.18): puñal, soliferreum, cuchillo, anilla y placa de cinturón. Después se cubrió
todo con tierra “cocha”. El loculus estaba en el lado NO de la
tumba. Como en el caso anterior todos los elementos estuvieron
en contacto con el fuego.
La Sepultura IX tenía el loculus en el lado SO lleno de cenizas
y huesos sobre los que se depositó el ajuar metálico, sin horizontalidad, estando rota la espada. Todo se tapó con tierra “cocha” y
al exterior se encontraron fragmentos de cerámica.
En la Sepultura X el ajuar apareció disperso y alrededor del
loculus, siendo lo más reseñable que las fusayolas estaban colocadas alineadas en los lados NE-SE del mismo y tapadas, al igual
que la fosa, con tierra rojiza.
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revelando el pasado
Figura 7.17. Relieve en bloque de piedra arenisca de un carro tirado por dos caballos de la tumba 107 de El Cigarralejo (Mula) (fotografía
E. Collado Mataix).
Figura 7.18. Depósito del ajuar en las sepulturas I y II (D. Lucendo Díaz).
La Sepultura XVII, con ajuar exclusivamente metálico, tenía
en la base una capa de tierra rojiza sobre la que se depositó la
panoplia, cerca del lado NO, en este orden: cuchillo, escudo,
espada y, por encima de todo ello, el soliferreum doblado sobre
sí mismo (1,89 m, según diario) (ver supra).
A pesar de carecer de descripción del depósito, se ha podido
ver que en la Sepultura XIV el puñal se colocó primero, encima
la moharra y sobre el cubo se apoyó la placa activa de cinturón
(fig. 7.20), igual que en la Sepultura I.
Las tumbas de hoyo también presentan sus peculiaridades y
algunas semejanzas con las anteriores.
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la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura 7.19. Depósito del ajuar en las sepulturas VIII y XIX (D. Lucendo Díaz).
La Sepultura III tiene la urna colocada en medio de la mancha
de cenizas y carbones, y entre ellos una punta de lanza y cerámicas. Debajo de las cenizas y carbones, la tierra está endurecida
por el fuego y como enlucida.
La Sepultura VIII tenía el ajuar en el interior del loculus que
se tapó con tierra cocida y piedras. La espada y la lanza rotas se
colocaron en la parte superior (fig. 7.19).
En la Sepultura XIX la urna estaba sujeta por unas piedras,
situada casi en el centro de una mancha de cenizas y carbones,
bajo la cual hay una capa de tierra cocida. Cerca de la urna, y en
dirección aproximada NO-SE, se colocaron enteras una espada y
una pequeña lanza superpuestas. Una fíbula rota estaba repartida
entre el interior y el exterior de la urna (fig. 7.19). En cambio, en
la Sepultura XX la falcata se colocó en dirección NE, también
junto a la urna.
En el interior de los loculi estaban también los ajuares de las
Sepulturas XXV, XXVI, XXXII y XXXIV, este último, cuadrado,
con dos lados bien conservados orientados NE-NO.
El loculus de la Sepultura XXXI tenía la misma orientación
que las estructuras tumulares, con el ajuar distribuido entre el
interior y el exterior del mismo. En este caso Ballester Tormo
señala que la poza “estaba hecha de barro amasado con paja y
hojas de encina”. El fragmento recogido no muestra improntas
de esas características (fig. 3.58).
178
6. Unas prácticas que pueden desarrollarse en cualquier
momento del proceso es la celebración de banquetes, libaciones
y colocación de las ofrendas. En Casa del Monte ante la casi total
ausencia de restos orgánicos serán los recipientes cerámicos los
que ilustren alguna de estas prácticas.
Los tipos cerámicos recuperados, aparte de las urnas y sus
tapaderas, son copas, botellas y algún plato, esto es vajilla que se
pudo utilizar en ceremonias de libación y/o comensalía (figs. 4.2
y 4.5-4.7). Tras la ceremonia la mayor parte de las copas, botellas
y platos se introdujeron rotas en las tumbas.
En tres enterramientos se practicó una ceremonia relacionada
con la bebida pues solo hay copas áticas en las Sepulturas X (6) y
XII (5) y en la XXI hay dos copas de barniz negro y dos botellas
ibéricas (figs. 3.32, 3.33 y 3.42). En cambio, para las Sepulturas
XXIII y XXXVIII con una sola copa no se puede afirmar con
tanta rotundidad (figs. 3.43 y 3.52).
Las botellas de las Sepulturas IV y V más el lote botella-plato
de la Sepultura III apuntan hacia un ritual de libación, en el que
jarros o botellas tenían un papel fundamental (figs. 3.25, 3.27 y
7.21). Los cuchillos no asociados a falcata, espada o puñal también pudieron utilizarse en actos de comensalía.
Diferenciar entre ofrendas y elementos del ajuar o restos de
un banquete no siempre es tarea fácil y requiere un análisis minucioso de todos los ítems recuperados.
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revelando el pasado
Figura 7.20. Puñal, lanza y placa de cinturón adheridos de la sepultura XIV (Archivo Fotográfico SIP).
Figura 7.21. Detalle de ánfora de figuras rojas, atribuida al Pintor de Berlin Painter (525 – 475 BC) (Ashmolean Museum, University of Oxford).
Así, por ejemplo, los restos de pan, las bellotas y los higos
recogidos en la Sepultura VII, por su escasez, los consideramos
ofrendas que se quemaron en la pira (figs. 5.12 y 5.16-18). Así
mismo, la pequeña pulsera de la Sepultura XVI la consideramos
una ofrenda al estar depositada en la tumba de un Adulto (ver
Apartado Pulsera) (fig. 3.35).
La pata de bovino de la Sepultura XIV también se interpreta
como una ofrenda al representar la parte por el todo e, incluso,
sustitutoria de un posible sacrificio y/o consumo cárnico, se depositó antes de cerrar la tumba pues no muestra marcas de fuego
(fig. 4.43). Las fusayolas, pulseras, placas de cinturón y fíbulas
sin quemar también pueden considerarse ofrendas que se colocaron en el momento del depósito.
Los astrágalos perforados de la Sepultura XVIII tampoco
están quemados, con lo que también se depositaron antes de cerrar
la tumba (fig. 4.49). Más allá de lo comentado en el apartado
correspondiente (ver Apartado Artesanías óseas) y de las múltiples incógnitas que plantea el hallazgo de estos huesos en tumbas,
y también en asentamientos y depósitos rituales (Blasco Martín
2022; Blasco Martín et al. 2024b), expondremos algunas de las
preguntas que nos hacemos sobre ellos.
¿Pudieron ser los restos de un banquete funerario o son piezas que el difunto utilizó/guardó en vida y se depositaron en la
tumba? ¿Simbolizan riqueza?
Es obvio que la obtención de estos huesos supone la muerte
y consumo de los animales en algún momento, en el caso de
Casa del Monte, un NMI de cinco ovicaprinos y un suido. De
los ocho astrágalos, sólo uno de ellos carece de modificaciones
antrópicas, tres presentan abrasión lateral y perforación y cuatro
sólo con perforaciones. La presencia de abrasiones (3) indica un
uso más o menos intenso de la pieza previo a su depósito; y lo
mismo se podría pensar de las perforadas (4). No obstante, en
este último aspecto hay que considerar que su realización no fue
muy cuidadosa ni homogénea en tres de ellas ¿Por la necesidad
de enterrarlas? ¿Estas tres últimas además de la que carece de
modificaciones (NMI 3) pudieron formar parte del banquete y
depositarse junto a los astrágalos personales del difunto/a?
De aceptar esta última posibilidad, sería el único indicio
directo de haber hecho un sacrificio y/o consumo cárnico.
Responder a la pregunta de si simbolizan o no riqueza resulta
más complejo, ya que es la única tumba que contiene astrágalos a
diferencia de lo que sucede en otras necrópolis (García Romero
2019; Blasco Martín en este mismo volumen), lo que impide una
comparación. El ajuar por número de ítems pertenece a la Categoría b y por Nivel de complejidad al Nivel 2, así mismo resulta
evocador que pertenezca a un Infantil II-Preadulto.
7. La penúltima fase es el cierre de la tumba. Las estructuras tumulares, con la piedra recogida del entorno inmediato, se
construyeron encima de los restos de la cremación. La altura
conservada es de apenas una o dos hiladas; el interior del cuadrado se rellenaba con piedras y tierra, no siempre con un orden
aparente.
En cuanto a los hoyos, se desconoce si tuvieron algún montículo o piedras indicando su posición. En algún caso, Ballester
Tormo señala que casi en superficie era visible una piedra debajo
de la cual estaba el enterramiento (Sepultura XIX).
8. Finalmente o de forma simultánea se podía realizar alguna
ceremonia, pero de ello sólo hay datos indirectos recogidos en
las líneas anteriores. Lo mismo sucede con la etapa del duelo y
posteriores visitas a las tumbas. Queda para la incógnita el posible uso ritual de las llamadas “mansiones”.
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8
Síntesis y reflexiones finales
En 2020 se cumplieron 100 años de la última campaña de excavación en Casa del Monte, siendo una de las primeras excavaciones de las que se conserva una documentación rigurosa para
los estándares de la época.
Las campañas fueron cortas y sufragadas de sua pecunia por
Isidro Ballester Tormo cuando visitaba Valdeganga para cazar.
Como era habitual, los materiales y la documentación estuvieron en su colección particular hasta el ingreso definitivo en el
Museu de Prehistòria de València casi 30 años después de la
última campaña.
En el único artículo que publica sobre Casa del Monte, en
1930, Ballester Tormo recoge muchas de las impresiones que
se pueden leer en sus diarios y anotaciones, pero también otras
que todavía sorprenden por la época en la que se emiten. Así,
habla de tumbas ricas y pobres, masculinas y femeninas, se
fija en los restos vegetales adheridos a los enlucidos y a algunas armas, apunta que algunos objetos se introdujeron rotos,
así como comentarios sobre el cuidado o no con que se depositaron las ofrendas en las tumbas y plantea que la Sepultura
VI fuera un cenotafio. Algo que en algún momento le pareció
una locura y que todavía, en general, cuesta aceptar. En solo
20 páginas hace una síntesis de los aspectos más relevantes
de la necrópolis.
Este libro es el resultado de la revisión de toda la documentación existente -planimetrías, fotos, diarios de excavación y,
especialmente, la variedad de materiales recogidos durante el
trabajo de campo-. La custodia de toda esta documentación en
el Museu de Prehistòria de València ha permitido su revisión
desde una perspectiva interdisciplinar y con métodos de análisis actuales.
Un aspecto a destacar del trabajo de campo de Ballester
Tormo es la recogida, aunque muy selectiva, de restos biológicos
como carbones, huesos de animales y humanos en un momento
en que no era lo habitual. En sus anotaciones en el diario siempre
se preocupa en señalar la presencia de cenizas y carbones en
cada sepultura, llamándole la atención cuando estos no aparecen.
Incluso se atreve a identificar paja y hojas de encina.
Así, gracias a los restos botánicos recogidos, hemos podido
saber cómo era el paisaje que rodeaba la necrópolis; las especies
vegetales empleadas como leña para la pira y elaborar objetos
como una excepcional placa de madera de boj finamente decorada cuya factura evidencia su fabricación por un/a artesano/a de
gran maestría; fibras para hacer cordeles; y ofrendas de alimentos como pan, bellotas e higos secos. El descubrimiento de pan
es excepcional en el mundo ibérico, aunque empieza a identificarse en más lugares; y, en cuanto a los higos, con más registros
conocidos, podrían considerarse como un cultivo ajeno a Casa
del Monte ya que no se han identificado carbones y la presencia
de azúcares indica que se depositaron secos.
También se han detectado aspectos que pueden parecer anecdóticos, como la aproximación a la edad en que fueron cortados
los árboles o a la estación en que se realizó uno de los enterramientos. Así, una ramita de carrasca o coscoja de 3 mm de
diámetro y 5 años de edad, conservando la corteza y por el estado
de crecimiento del anillo anual, se puede deducir que fue cortada el último año de su vida hacia finales de verano o principios
de otoño y se utilizó como combustible para la cremación de la
Sepultura XXVI.
En cuanto a los restos óseos de origen animal sólo constan un
pequeño conjunto de astrágalos, una placa, las cachas de una falcata y unos alfileres sin contexto. De todo ello, sólo los astrágalos
se han podido identificar taxonómica y tafonómicamente, dada la
transformación sufrida por los otros. A pesar de ello, sabemos que
estas tabas se consiguieron de especies domésticas y que algunas
de ellas tuvieron un uso previo a su introducción en la tumba.
Por su parte, el análisis antropológico de todas las cremaciones recogidas (19 de 38) ha aportado valiosa información sobre
todo de rangos de edad, temperatura de combustión de la pira
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la necrópolis ibérica de casa del monte
y recogida selectiva de los huesos, bien por los propios iberos
bien por el mismo Ballester Tormo. En cambio, la adscripción de
sexo ha sido escasa (5 de 19), como sucede en todas las necrópolis de cremación.
En suma, se trata de matizaciones de gran interés para completar la biografía de los objetos y sus contextos. Por ello, nos
sigue pareciendo necesario reivindicar la importancia de recoger
todos los restos biológicos, como parte del patrimonio histórico, y
hacer un estudio detallado de los mismos, con los que se puede ir
más allá del simple aspecto simbólico de su depósito en la tumba.
Los espacios funerarios son uno de los mejores indicadores
que ofrece el registro arqueológico para investigar las sociedades
pasadas complementándolo con el contexto doméstico correspondiente, del que carecemos en Casa del Monte.
El estudio de las tumbas y ajuares se ha centrado en los tipos
de continente, su organización espacial y los objetos depositados. Las cerámicas, el armamento y piezas de adorno personal
han aportado información sobre cronología y procedencia local,
regional o extrapeninsular. Así mismo, determinadas asociaciones de armas nos han servido para proponer un rango de edad en
tumbas que carecen de restos conservados, como los puñales para
individuos preadultos y las espadas o falcatas para los adultos.
El análisis comparativo de los enterramientos, su espacialidad y sus materialidades, ratifica la existencia de distintas
realidades sociales. Para ello, se han utilizado mayoritariamente
la cuantificación de ítems de cada tumba y su ponderación
teniendo en cuenta, también, el valor del continente. En nuestra aproximación a la estructura social de las personas enterradas
en Casa del Monte, hemos querido explorar otros métodos. Por
un lado, el clustering (algoritmo K-means) para visualizar la
organización de la necrópolis para lo que ha sido necesario utilizar las ortoimágenes obtenidas por drone, imágenes de Google
Earth, datos catastrales y el plano dibujado por Ballester Tormo.
Para determinar la desigualdad de los individuos enterrados
se aplicó el coeficiente de Gini y un Análisis de Componentes
Principales.
Como quiera que en Casa del Monte los datos no permiten
hacer una aproximación en clave de género, decidimos explorar
la vía de la condición social en relación con el rango de edad de
los individuos enterrados. Así observamos que las cuatro agrupaciones espaciales pueden explicarse por la existencia de lazos
de parentesco entre los enterrados: en cada cluster hay una tumba
más antigua; los Adultos y Preadultos están distribuidos de forma
más o menos equitativa; así como los niveles de complejidad; las
tres mujeres y los dos hombres identificados están distribuidos en
diferentes agrupaciones. El contenido de estas cinco tumbas no
avalan la existencia de un objeto o ajuar que determine el género:
las tres femeninas y solo una de las masculinas tienen armas; y
en ninguna hay fusayolas.
Por otro lado, la relación rango de edad y complejidad del
ajuar permite reconocer entre ajuares adscritos o heredados y los
adquiridos a lo largo de la vida. Como ejemplos de los primeros
dos empedrados con sendos preadultos: la Sepultura I contiene
una panoplia de cinco armas además de objetos de indumentaria;
y la Sepultura XXIII con un excepcional kylix de figuras rojas,
además de cerámica ibérica, un cuchillo y una fusayola.
En el segundo caso se incluirían las sepulturas tumulares
XVII y XXIX. La primera la hemos vinculado a un Adulto por
tener la panoplia más completa de la necrópolis, entre la que se
182
incluye una espada. La segunda corresponde a un Adulto, cuyo
ajuar contiene una panoplia de cinco armas, además de cerámica
ática e importada.
Finalmente se han identificado las etapas del proceso de
ritualidad desde la preparación del cadáver hasta el cierre de la
sepultura, último gesto con el que el difunto se incorpora a la
memoria colectiva del grupo.
La selección del lugar de cremación y posterior enterramiento, la orientación y construcción de la tumba, la búsqueda
de leña y el depósito del ajuar, entre otros se deducen del estudio de la documentación y los materiales. Otros aspectos como
libaciones, sacrificios y banquetes son más complejos de inferir si no se cuenta con datos suficientes. En Casa del Monte las
evidencias vinculadas a estos aspectos son escasas. No por ello
hemos dejado de hacer alguna propuesta. Los cuchillos que no
forman parte de la panoplia pudieron utilizarse en algún sacrificio o rito de comensalía, cuando están acompañados de copas y
platos cerámicos, importados y locales (Sepulturas X y XXIII).
Mucho más evidentes son las libaciones en las Sepulturas X y
XII con seis y cinco copas áticas respectivamente.
Los caracteres expuestos son el reflejo de códigos sociales
reglados que establecen pautas de representación y en los que
median aspectos sociales, estatus, género y/o edad. Sin embargo,
no existen modos unívocos de representarlos. El ajuar funerario es
poliédrico en cuanto a sus lecturas y las pautas funerarias no son
generalizables a las distintas necrópolis, ni en el mismo territorio
ni en los diversos territorios que conforman la cultura ibérica.
Los patrones de ritualidad, protagonizados por los miembros de
la comunidad, son propios en cada necrópolis y es la lectura de
rasgos locales lo que hace posible aproximarse a la caracterización social de los distintos grupos íberos.
Casa del Monte es una necrópolis pequeña para sus casi 150
años de uso, desde la cremación más antigua hasta las más recientes, aunque el grueso de las sepulturas es del siglo IV a. C. La
revisión actual de todos los materiales y documentos depositados
en el MPV ha permitido corroborar algunas de las afirmaciones
hechas por Isidro Ballester Tormo y, con los nuevos medios a
nuestro alcance, aportar nuevas perspectivas.
Su localización, alejada de un núcleo de hábitat grande o
mediano, permite catalogarla como una necrópolis de carácter rural. Todo ello explica que ninguno de sus enterramientos
pueda calificarse de principesco o aristocrático como sucede
en otras como Pozo Moro, Coimbra del Barranco Ancho, El
Cigarralejo o Cerro del Santuario. Las diferencias entre las tumbas no son radicales tanto por número de objetos como por su
valoración, aun así, se perfila un grupo jerarquizado con individuos cuya posición se entiende por estatus social y rango de
edad más que por riqueza. Algo que también debe tenerse en
cuenta es el segmento de población enterrado en el que están
ausentes ancianos e infantiles, lo que debió condicionar las
prácticas seleccionadas.
Pero no todo está desvelado, siguen algunos interrogantes ¿Dónde está el hábitat donde vivieron estos difuntos? No
nos parece que las dos habitaciones descubiertas en la cercanía tengan la entidad suficiente como para ser parte del mismo.
¿Mediante qué mecanismos accedieron a las cerámicas áticas, la
orza oretana, el lebes edetano y la espada de antenas sin olvidar
los modestos higos ¿Dónde se enterraron las personas que faltan?
La historia continua…
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Anexo I
Inventarios
En este Anexo se recogen los datos básicos de catalogación de
las piezas depositadas en el Museu de Prehistòria de València.
Para facilitar su lectura, a continuación se explicitan las abreviaturas utilizadas. Las columnas sin datos se han eliminado.
DATOS GENERALES
Inventario: Inv.
Medidas en milímetros
Conservado: cons.
Incompleto: inc.
Longitud: L.
Altura: alt.
Fragmentos: Frgs.
Confirmar: cf
Orificios: orifs.
Quemado: quem.
CERÁMICA (C)
Tipo
Para cerámica ibérica: Ver Mata Parreño y Bonet Rosado 1992
Para cerámica griega: Ver Lamboglia 1952 y Sparkes y Talcot 1970
Atributos morfológicos
Borde/ labio/ boca
a: ala
s: saliente
e: entrante
m: moldurado
t: triangular
sd: sin diferenciar
en: engrosado
b: biselado
tr: trilobulada
Base/ pie
c: cóncava
i: indicado
a: anillado
al: alto
d: destacado
Asa
Posición:
v: vertical
h: horizontal
Sección/ Forma: Secc.
c: circular
tg: trigeminada
o: ovalada
co: combinada
or: orejetas
Color de pastas, superficies y desgrasantes
nj: naranja
anj: anaranjado
m: marrón
bg: beige, marrón claro
n: negro, negruzco
g: gris, grisáceo
gcl: gris claro
183
[page-n-185]
la necrópolis ibérica de casa del monte
r: rojizo, rojo
rs: rosáceo
cr: crema
Cocción
C. homog.: Cocción homogénea
C. altern.: Cocción alternante
Desgrasante: desgras.
F: fino
Pq: pequeño
G: gueso
Abund.: abundante
Superficie: Sup.
Decoración
Dec. ext.: decoración exterior
Dec. int.: decoración interior
METAL: MT
Material
Fe: hierro
Br: bronce
Pb: plomo
Cu: cobre
Ag: plata
Decoración
i: incisa
im: impresa
r: relieve
n: nielada
pa: plástica o aplicada
Sección
p: pintura
pb: bícroma, polícroma
im: impresión
i: incisión
if: incisión gruesa
fr: figuras rojas
a: acanalada
eng: engobe
c: circular
cd: cuadrada
r: rectangular
o: ovalada
t: triangular
cr: cruz
u: en “U”
Tratamiento de la superficie
HUESO TRABAJADO: HU
Trat. sup. ext.:Tratamiento de la superficie exterior
Trat. sup. int.:Tratamiento de la superficie exterior interior
PASTA VÍTREA: PV
al: alisado
bn: barniz negro
t: tosca
pul: pulido
deter: deteriorado
MATERIAL DE CONSTRUCCIÓN: MC
184
MATERIAL LÍTICO: ML
TERRACOTA: T
MALACOFAUNA: MF
CARBÓN: CA
[page-n-186]
anexo i: inventarios
Tabla I.1. Sepultura I. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
Ancho
138
369
310
369
287
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular cf
Br Pinzas
Br Láminas
Fe Puñal
35
cons. 270
313
MT
Fe Punta de lanza
304
224
243, 244, 311
245
226, 227
38
225
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Escudo
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Soliferreum
Fe Placa cinturón
Fe, Br Placa cinturón
144
HU
Placa
171
MC
Enlucido
ø; grosor
Secc. Dec. ext.
604
2
15
15
t
392
cons. 14; 2
cr
146
52
77
60
10
18
22
89
112
cons. 17
3
4
5
5
5
12
2
210
50
Observaciones
2
MPV 47125
5
MPV 47084
1
MPV 18. Letras rojas
Varios
MPV 47084
2
MPV 19 y 47151
MPV 47771. Letras
6
rojas: CM I 15
2
MPV 15 y 16
2
MPV 47073 y 47097
15
MPV 47151 y 17
2
MPV 47151
19
MPV 47073 y 47098
8
MPV 47073. Pasiva
1
MPV 47097. Activa
MPV 47779. Óxido
7
Fe en incisión
1
MPV 47138
c
c
r
t
c
r
Frgs.
i
28
Tabla I.2. Sepultura II. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ancho
ø; grosor secc.
382
552
284
20
290
MT
MT
MT
MT
MT
Br Placa
Br Placa
Fe Puñal
Fe Vaina
Fe Cuchillo
120
110
32,5
100
105
5,6
144
2620
406
35
r
o
c
t
019, 319
MT
Fe Soliferreum
1090
34
24
c
392, 381, 175
MT
Fe Indet.
2
dec. ext.
Frgs.
Observaciones
i, r
4
1
1
1
1
MPV 59. Activa
MPV 59. Pasiva
MPV 23. Actualmente punta rota
MPV 47054
MPV 25. Letras rojas: CM27
MPV 47054 y 24. Letras rojas:
CM26
MPV 47133, 47095, 47140
15
Varios
Tabla I.3. Sepultura III. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
100
A
II.6.1.2.
163
1
A III.1.
122
Ø Base/
Labio/
C.
C.
Sup. Sup. Dec. Dec. Dec.
Alt.
Base
Desgras.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
homog. altern.
int. ext. int. ext. Labio
12
136
m
bg/m/
bg
s
A
101
III.8.2.1.
182
65
67
e
al
A
III.8.3.1.
164
55
44
sd
a
2
F,
escaso
al
bg
anj
anj
anj
cr
p
p
p
1
MPV 24069,
Quem. Dec.
perdida
p
p
13
MPV 47056
nj
nj
p
p
p
1
anj
anj
p
p
p
7
MPV 24070,
47060. Concreciones. Int.
desgastado
MPV 47056.
Orifs.
suspensión
Tabla I.4. Sepultura III. Otros materiales.
Inv.
3.312
Materia
Tipo
L.
ø; grosor
Frgs.
Observaciones
MT
Fe Punta de lanza
37
20, 4
1
MPV 40. Letras en rojo: CM42
185
[page-n-187]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.5. Sepultura IV. Cerámica.
Ø Boca
Ø Base/
Labio/
Coc.
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Alt.
Base
Desgras.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
Homog.
Int. int. ext. sup. ext. ext. Labio
Inv.
Tipo
214
215
212213
331
A
A
A II.5.
120
A III.1.2.
97
115
177
206
A V.8.1.5.
10
8
20
205
A V.8.2.3.
15
8
2
MPV 47159
MPV 47159
MPV 47159.
12
Quem.
19 MPV 70
MPV 47153.
1
Quem. 8 g
MPV 47153.
1
23 g
p
s-en
anj
s
i
F, escaso
anj
anj
p
p
anj
anj
p
p
m
Pq, escaso m
m
g
nj
g-anj
pul
nj
pul
Tabla I.6. Sepultura V. Cerámica.
Inv.
Tipo
114
A
112
113
111
115
328
A II.2.
A.III.1.
A III.1. cf
A III.8.
B 7.9.1.
Ø Boca Alt.
Labio/ Cocc.
Boca homog.
160
120
160
20
s
s
s
9
Cocc.
altern.
gcl/ m/
gcl/ anj
nj
nj
Sup. Sup.
int. ext.
Desgr.
anj
anj
cr deter
m
m
nj/cr
cr
cr
bg/gcl/bg
bl
anj
Pq, abund. m-n m-n
bg-n
Dec. Dec.
int. ext.
Dec.
Frgs.Observaciones
Labio
p
Pq, escaso
Pq, escaso
p
p
11
1
3
1
5
1
p
p
MPV 47120 Quem.
Del mismo
MPV 47120
MPV 47120. Quem.
MPV 47120
Dec. lineal
MPV 68. 9,95 g
Tabla I.7. Sepultura V. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
118
367
118
118
116
117, 335, 336
MT
MT
MT
MT
MT
MF cf.
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Br Pulsera
Fe Lámina
Cuentas
ancho
14
45
12; 9; 11
ø; grosor
28
2
75,3
1,5
4; 3,5; 4,5
20
secc. Frgs.
c
5
1
1
27
2
5
r
c
r
Observaciones
MPV 47121
MPV 45. Letras rojas debajo puente
MPV 47121
MPV 47121
MPV 47120
MPV 47120, 65 y 66
Tabla I.8. Sepultura VII. Otros materiales.
Inv.
169
350
170, 171, 172
173
32, 158, 223, 249, 320,
324, 384, 386
7
7
186
Materia
Tipo
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Frgs. Observaciones
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Fe, Br Espada
Fe Escudo
Fe Vaina
Fe Cuchillo
21
486
MT
Fe Soliferreum
128,6
CA
CA
Higo
Pan
62
46; 4,5
15
3
t
r
15
c
1
4
6
2
1
MPV 47136
MPV 13 (vitrina 89)
MPV 47137
MPV 47091
MPV 47105. Restos mango madera
MPV 14, 47076, 47079, 47086, 47093-94,
58
47132. Letras rojas en punta
2 MPV 6438
1 MPV 47108
[page-n-188]
anexo i: inventarios
Tabla I.9. Sepultura VIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
66
A
62-66
A
61
60
Ø Base
Labio/
Base
Boca
Cocc.
Homog.
Desgras.
Sup.
int.
Sup.
ext.
Dec.
int.
Dec.
ext.
Dec.
Frgs. Observs.
labio
7
A III.6. ó VI.
A III.8.3.1.
65
sd
c
g
d
g
gcl
Pq, escaso
p
9
MPV 47081. Algunos
quem.
MPV 47081. Algunos
quem.
MPV 47081. P roja
MPV 47081
bg-g
bg-g
g
bl
m
bl
p
p, a
p
Frgs.
Observaciones
1
4
1
1
2
14
30
1
En diario “gran fíbula hispánica”
MPV 38. Letras rojas: CM40
MPV 39. Letras rojas: CM 41
MPV 47115
MPV 47053
MPV 47053
Formas variadas, algunas curvadas
MPV 47081. Quem.
p
1
1
Tabla I.10. Sepultura VIII. Otros materiales.
Inv.
114
338
342
033
9, 13
10-12,14-16
18
67
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MC
Br Fíbula anular
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Láminas
Enlucido
L.
Ancho
ø; grosor
Secc.
cons. 346
160
64
32
10
22
t
cons. 13
331
11
20
2
24
Tabla I.11. Sepultura IX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
Fe Regatón
MT
Fe Vaina
MT
MC
Fe VI.11. Indet.
Enlucido
49
360
307
339
353
046
41
39,
40, 47
y 48
50
151
Long.; alt. Ancho ø; grosor
21
33
51
cons. 411
28
80
cons. 55
12
50
332,2
52
2
20
20; 2,2
3
20
5
2
Secc.
Dec. ext. Frgs. Observaciones
o
t
c/h
Ag, Cu
r
36
1
1
1
2
2
5
1
MPV 47106
MPV 29. Letras rojas en mortaja
MPV 28. Letras rojas
MPV 26. Letras rojas: CM 28
MPV 31
MPV 47106
MPV 47083. Alma de bronce en cubo
1
MPV 47083 y 47106
5
1
MPV 47068-47117
MPV 47124. Capa f. bl 4 mm; resto n
Tabla I.12. Sepultura X. Otros materiales.
Inv.
142a
363
142b
143
142c
123
373
120, 122
119
135
124
Materia
Tipo
L.; alt.
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
PV
MC
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pinzas
Br Anilla
Br Lingote cf
Br Láminas
Fe Cuchillo
Fe V.1. Clavo
Cuenta cf.
Enlucido
42
Ancho
30
115
55
15
20
18
10
ø; grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
4
58
c
2
12
1
5
5
r
r
2
2
6
4
6
1
30
2
2
2
4
MPV 47127
MPV 63
MPV 47127
MPV 47127
MPV 47127. Posible fíbula
MPV 47122. 17,28 g
MPV 47070
MPV 47122
MPV 47122
MPV 47127
MPV 47122
t
cd
187
[page-n-189]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.13. Sepultura X. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
Ø Base/Pomo
Alt.
Labio/Boca
Base
Cocc. Homog.
27
A III.8.1.1.
260
62
94
a
al
m
128
127
125
126
129
130
131
132
133
134a
134b
229, 238
230, 234
231, 235
232, 236
233, 239
237, 240
236, 238
A V.6.9.
A V.8.1.4.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
A V.8.1.5.
Ática
Ática
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
Lamb 22
25
8
15
15
21
19
19
12
15
15
15
15
12
11
12
12
13
16
12
15
14
22
8
9
9
8
210
220
220
220,5
110
120
120
120
al
al
al
al
al
al
al
bg
m
m-g
anj
anj
anj
g
anj
anj
bg-g
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
bg-gcl
g
g
bg
en
en
en
en
en
en
130
Desgr.
Sup. int.
Trat. int.
Pq, escaso cr
Pq, escaso
Pq, escaso
Escaso
Escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
Pq, escaso
g
g
g
g
g
g
g
g
g
bg-g
bg-gcl
bg
bg-gcl
bg
bg
g
g
bg
al
al
bn
bn
bn-m
bn
bn-m
bn-m
bn
bn
bm
Tabla I.13. Continuación.
Inv.
Sup. ext.
27
128
127
125
126
129
130
131
132
133
134a
134b
229, 238
230, 234
231, 235
232, 236
233, 239
237, 240
236, 238
Trat. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio
cr
g
g
g
g
g
g
g
g
g
bg-g
bg-gcl
bg
bg-gcl
bg
bg
g
g
bg
p
p
al
al
bn
bn
bn-m
bn
bn-m
bn-m
bn
bn
bn
p
ig
im, i
im
Frgs. Observaciones
74
1
1
1
1
1
1
1
1
1
54
144
15
18
10
8
1
1
34
MPV 47069. Orifs. susp.
MPV 47122. 12,9 g
MPV 47122. 11,13 g
MPV 47122. 17,67 g
MPV 47122. 12,13 g
MPV 47122. 13,96 g
MPV 47122. 5,72 g
MPV 47122. 5,05 g
MPV 47122. 5,49 g
MPV 47122. 3,02 g
MPV 47058
MPV 47058
MPV 47058. B mate, deter. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter, mate. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058. B deter, mate. Reserva unión pie/galbo
MPV 47058
MPV 47058
MPV 47058. Fondo ext. con bandas BN y reserva alternas
Tabla I.14. Sepultura XI. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
298
364
309
333
MT
MT
MT
MC
Ag Anillo
Br Fíbula anular
Br Anillo
Placa madera
188
L.
cons. 42
Ancho
ø; grosor
Secc.
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
c
a
27
202
34
201
2
r
r
im, i
2
1
1
1
MPV 49
MPV 48
MPV 58
MPV 64 . Boj
[page-n-190]
anexo i: inventarios
Tabla I.15. Sepultura XI. Cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
192
C
A
4
Observaciones
MPV 47144. Quem.
Tabla I.16. Sepultura XII. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
51
Bolsal
104
53,
55-57
Bolsal
54, 55
Bolsal
Bolsal
Lamb 21
A III.8.3.
cf
58
52
59
Labio/ Pren. Pos/
Trat. Sup. Trat.
C. homog. C. altern. Desgras. Sup. int.
Frgs. Observaciones
Boca
Sec.
sup. int. ext. sup. ext.
sd
h/ o
g
sd
h/ o
120
sd
h/ o
bg-g
130
sd
e
h/ o
gcl
bg-g
Pq
g/anj/g
Pq
g
bn-m
g
bn-m
3
g
bn-m
g
bn-m
8
bg-g
bn
bg-g
bn
4
gcl
bg-g
bn
bn-m
gcl
bg-g
deter
bn-m
2
1
3
MPV 47101. B mate,
rugoso; quem.
MPV 47101. B mate,
rugoso, deter.
MPV 47101. B mate,
deter.
MPV 47101
MPV 47101. B mate
MPV 47101. Según
diario
Tabla I.17. Sepultura XIII.
Materia
C
Tipo
Frgs.
Observaciones
A
Varios
Según diario “Escasos tiestos”
Tabla I.18. Sepultura XIV. Cerámica.
Inv.
Tipo
183
216
181
217
218
220
185
220
A I.2.1.
A I.2.2.
A II.2.2.2.
A III.8.
A V.6.3.
A
A
A
B
Lamb 21
180
Ø Boca
230
150
55
Ø Base/Pomo
Alt.
Labio/Boca
s
m
55
53
Base
Pren. Pos/Sec.
C. homog.
v/ tg
nj
nj
gcl
nj
i
8
C. altern.
nj/ g/ nj
g
110
69
36
en
g
anj
al
Tabla I.18. Continuación.
Inv.
Desgras.
183
216
181
217
218
220
185
220
F, abundante
F, escaso
F, abundante
Pq, abundante
Pq, escaso
180
Sup. int. Trat. int. Sup. ext. Trat. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio
cr
cr
cr
g
nj
cr
cr
cr
g
nj
g
nj
g
bn
g
p
p
p
al
p
bn
i, im
p
Frgs. Observaciones
1
8
1
1
1
5
1
2
1
1
MPV 47143
MPV 47160. Quem.
MPV 47143
MPV 47160. Gris
MPV 47160. 37 g
MPV 47143
MPV 47143
Gris
MPV 47160
MPV 47143
189
[page-n-191]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.19. Sepultura XIV. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
Ancho ø; grosor
334
30
165, 168
178
286
MT
MT
MT
MT
MT
Br Placa
Br Placa
Br Lámina
Br Lámina
Fe Puñal
121
111
cons. 290
26
45
69, 315
85, 161-164, 167
176
188
189
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Punta lanza
Br, Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Cuchillo
Fe Cuchillo
177
MT
Fe Soliferreum
190
86, 70
166
187
184
MT
MT
MT
ML
T
Fe Varilla
Fe Indet.
Fe, Br Indet.
Indet.
Figura
410
273
96,82
120,1
19
19
23
19
82
Secc.
Dec. ext. Frgs.
2
r
1
1
r
r
t
20; 4
4
8
t
cyu
t
t
7
14
2
3
1
16
c
7
r
1
15
9
1
1
2620
20
o
c
1
1
80
50
1
pa
Observaciones
MPV 50336. Pasiva
MPV 50335. Activa
MPV 47082, 47134, 47135
MPV 47077
MPV 35. Letras rojas: CM
37. Restos madera
MPV 34. Letras rojas: CM 36
MPV 47090, 47134, 47135
MPV 47141
MPV 47141. Lam. br adher.
MPV 47143
MPV 47141. Laminilla br
adherida
MPV 47143
MPV 47080, 47090
MPV 47134
MPV 47143
MPV 47143
Tabla I.20. Sepultura XV. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Base
Base
C. homog.
Desgras.
Sup. int.
Trat. int.
Sup. ext.
Frgs.
42
A V.6.3.
64
i
anj
F, escaso
bg
pul
bg
1
Observaciones
MPV 47110. 66,06 g
Tabla I.21. Sepultura XV. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ø; grosor
359
366
277
278
279
550
308
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Anilla
24
4320
2610
28
45
secc.
Frgs.
Observaciones
c
4
1
2
3
2
2
1
MPV 55
MPV 56
MPV 47158
MPV 47158
MPV 47158
MPV 47158
MPV 57. Abierta
40
22; 2
Tabla I.22. Sepultura XVI. Cerámica.
Inv.
Tipo Ø Boca Ø Base Alt. Labio/Boca Base Color sup. int. Sup. ext. Dec. int. Dec. ext. Dec. Labio Frgs. Observaciones
345 A II.5.
138
80
163
en
i
bg
bg
p
pb, eng bl
Tabla I.23. Sepultura XVI. Otros materiales.
Inv.
255, 405
299
190
Materia
Tipo
ø
secc.
Dec.
Frgs.
Observaciones
MT
MT
ML
Br Pulsera
Br Anillo
Tapadera
512
171
cd
c
i
i, figurada
7
1
1
MPV 47164
MPV 60
Según diario
p
1
MPV 2146
[page-n-192]
anexo i: inventarios
Tabla I.24. Sepultura XVII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
MT
Fe Espada
490
58
16
MT
Fe Escudo
185
21
5
u
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Fe Soliferreum
Fe Regatón
Fe Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Lámina
Fe Varilla
6
15
1,5
c
c/h
2
7
t
c
351
33, 80-82,
297
30, 84, 374
31
79
351a
76
78
77
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc.
90
122
115
98
140
25
20
8
Dec. ext.
n Cu
Frgs.
Observaciones
Restaurada MPV 37
MPV 36, 47072 y 47115. Letras
5
rojas: CM 38
67
MPV 47072, 47087, 47089
2
MPV 47087
2
MPV 47072
Restaurada MPV 37
2
MPV 47072
1
MPV 47072
1
MPV 47072
Tabla I.25. Sepultura XVIII. Cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
149
C
A
1
MPV 47102
Tabla I.26. Sepultura XVIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
17
14
147
295, 302
145, 148
146
147
150
22
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
HU
Tipo
L.
Br Placa
64
Br Placa
57
Br Lámina
Fe, Br Vaina
47
Fe Soliferreum cons. 85
Fe Lámina
60
Fe Lámina
Fe Indet.
Astrágalo
Ancho ø; grosor Secc. Dec. ext. Frgs. Observaciones
57
56
12
26
22
21
2
3
1
4
15
1
r
r
c
r
im, r
im
1
1
11
2
3
1
1
2
8
MPV 9 (vitrina 90). Activa. Letras rojas
MPV 10 (vitrina 90).Pasiva. Letras rojas
MPV 47102
MPV 11. Lámina br. interior y contera
MPV 47128
MPV 47128
MPV 47128
Mineralizado
MPV 47051
Tabla I.27. Sepultura XIX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Base
Base
C. homog.
Sup. int.
Sup. ext.
Dec. ext.
Frgs.
102
A II.2.2.
A III.8.3.
75
c
nj
nj
nj
p, pa
15
1
Observaciones
MPV 47059
Según diario
Tabla I.28. Sepultura XIX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.;alt.
418
361
157
352
354
354
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
Fe Espada
Fe Punta de lanza
Fe Escudo
30
13
515
280
Ancho
3
68
ø; grosor
50
343
1
1
20; 2
Secc.
r
o
Dec.
n Ag, pa Cu
Frgs.
Observaciones
1
1
2
1
3
2
MPV 47085
MPV 50
MPV 47131
MPV 30
MPV 27
MPV 27 y diario
191
[page-n-193]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.29. Sepultura XX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt.
330 A VI.5.
150
86
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base C. homog. Desgras.
Frgs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. ext. Labio
260
m
d
rs
F, escaso anj
anj
p, pa
p
MPV 69. Asas
restituidas
1
Tabla I.30. Sepultura XX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Long.; alt.
ø; grosor
Frgs.
Observaciones
283
349
349
20
MT
MT
MT
ML
Br Fíbula anular
Fe Falcata
Fe Vaina
Tapadera
21
542; hoja 40
42; 3
1
1
1
1
MPV 47092
MPV 20. Cachas HU. Letras rojas CM 22
MPV 20. Letras rojas: CM 22
Según diario
Tabla I.31. Sepultura XXI. Cerámica.
Inv.
Tipo
24 A III.1.1.
25 A III.1.2.
327 A V.8.1.5.
26
Trat.
Tratm
Labio/
Sup.
Sup.
Dec. Dec.
Base C. homog. Desgras.
sup.
sup.
Frgs. Observaciones
Boca
int.
ext.
int. ext.
int.
ext.
Ø Boca Ø Base Alt.
47
46
8
A VI.5.
9
s
s
20
gcl
gcl
100
332 Lamb. 22
250
4-7 Lamb. 22
8
Ática
210
126
76
en
anj
bg
g
d
cr
Pq,
anj
abundante
al
anj
anj
en
bg
bg-gcl
al
anj
bg
g
pa
al
anj
bn
pa
anj
bn
bg bn
bg
bg-gcl bn bg-gcl
im, i
bn
bn
1
1
1
MPV 47068
MPV 47068
MPV 67. 20,67g
MPV 47068.
12
Concreciones
MPV 71.
8
Restaurada
6 MPV 47051
20 MPV 47050
Tabla I.32. Sepultura XXII. Cerámica y otros materiales.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
C
ML
A II.2.
Tapadera
1
1
Según diario
Según diario
Tabla I.33. Sepultura XXIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
208
A
Ø Boca Ø Base Alt.
3
152 A V.8.1.5.
347
192
Kylix B
Pren.
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base Pos/ C. homog. Desgras.
Fr1gs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. int. ext.
Sec.
170
18
19
68
65
nj
sd
d
h/ c
bg
F,
bg
abundante
bg
bg-g bn bg-g bn
fr
im, i
2
fr
1
MPV 47156.
Con cenizas
MPV 47129,
47156. 18 g
MPV 64.
Restaurada
[page-n-194]
anexo i: inventarios
Tabla I.34. Sepultura XXIII. Otros materiales.
Inv.
153 a
153 b
153 c
139-140
141
210
Materia
Tipo
L.; alt.
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MF
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Lámina
Fe Cuchillo
Fe Indet.
Concha
Ancho
23,98
240
ø; grosor
Secc.
38; 4
46,9; 14
c
1
4
r
r
23
Frgs.
Observaciones
5
1
1
18
4
1
varias
MPV 47129
MPV 72 (vitrina 90)
MPV 47129
MPV 47126
MPV 47126. Br adherido en extremo
MPV 47156
Según Fletcher y Pla 1977
Tabla I.35. Sepultura XXIV. Otros materiales.
Inv. Materia
194
389
343
285
317
289
293
Tipo
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Dec. ext. Frgs. Observaciones
MT Br Fíbula anular 24
MT
Br Placa
MT
Br Placa
86
MT
Fe Regatón
282
MT
Fe Regatón
125
MT
Fe Pletina
52
MT
Fe Pletina
48
42,4
2
65
18,5
52,1
2
3
24
19
20
8
18
4
1
3
1
1
im, i
c
c
r
r
MPV 47146
MPV 61. Pasiva
MPV 62
MPV 1. Letras rojas: CM XXIV
MPV 2
MPV 4 y 5
MPV 3. Letras rojas: CM S XXIV. Separación láminas 20
Tabla I.36. Sepultura XXV. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt. Labio/Boca Base C. homog.
329 A IV.1.1.2.
40
32
47
en
a
nj
Desgras.
Sup. int. Sup. ext. Frgs. Observaciones
F y escaso
bg-g
bg-g
1 MPV 2145. Quem.
Tabla I.37. Sepultura XXVI. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt. C. homog. Sup. int. Trat. int. Sup. ext. Trat. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
43
A V.8.1.5.
44
A
20
20
199
r
g
al
g
al
1
p
1
MPV 47109. Media
6,35 g. Quem.
MPV 47109
Tabla I.38. Sepultura XXVII. Cerámica y otros materiales.
Materia
C
MT
Tipo
L.
Grosor
Frgs.
A
Br Anillo
85
2
x
1
Observaciones
Según diario “algún tiesto”
Según diario “en espiral”
Tabla I.39. Sepultura XXIX. Otros materiales.
Inv.
104-105
110
201
346
103
103
106-107
318
221-222
108
Materia
Tipo
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Lámina
Br Lámina
Br Lámina
Fe Falcata
Fe, Br Regatón
Fe, Br Regatón
Fe Vaina
Fe Cuchillo
Fe Soliferreum
Fe Hoja
Fe Pletina
L.; alt.
Ancho ø; grosor
Secc. Frgs.
17
2
r
595; hoja 436
90
cons. 57
160
15
10
21; 5
4
t
c
c
u
561
18
16
c
48
15
5
r
4
6
28
2
2
2
7
1
14
1
1
Observaciones
MPV 47119. Retorcidas por el fuego
MPV 47119
MPV 47150
MPV 21. Vaina y cuchillo adherido
MPV 47118
MPV 47118
MPV 47119
MPV 21. Adherido a la falcata
MPV 47071
MPV 22. Letras en rojo CM 24
MPV 47119
193
[page-n-195]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.40. Sepultura XXIX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Pren.
Labio/
Sup. Trat. Sup. Trat. Dec. Dec.
Base Pos/ C. homog. Desgras.
Frgs. Observaciones
Boca
int. int. ext. ext. ext. Labio
Sec.
Ø Boca Ø Base Alt.
29.003 A II.2.2.2.
197
A VI.2.
202
A
200
A
120
112
65
169
m
s
i
h/ c
anj
cr
F, escaso anj
Pq, escaso cr
anj
cr
nj
F, escaso
nj
bg
g
g
203
A
m
198
Copa
cr-anj
p
p
pul
9
1
1
1
MPV 47055
MPV 47149
MPV 47150
MPV 47149
MPV 47150.
1
Gris
MPV 47149.
3
Posible p bl ext
p
pul
bn
bn
fr
Tabla I.41. Sepultura XXX. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø
Grosor
C. homog.
Desgras.
Sup. int.
Sup. ext.
Frgs.
Observaciones
35
A V.6.3.
50
7
nj
Pq, abundante
nj
bg
1
MPV 47100. 25,3 g
Tabla I.42. Sepultura XXX. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
37
276
36
MT
MT
MT
Br Fíbula cf
Fe Soliferreum
Fe Lámina
23
16
c
cd
r
12
1
3
MPV 47100
MPV 51470
MPV 47100. Dos remaches Br
Tabla I.43. Sepultura XXXI. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L..; alt.
ø; grosor
Secc.
254
300
358
365
253
402
MT
MT
MT
MT
MT
MC
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
Enlucido
48; 20
5
32; 4
22; 4
33
3
41
c
c
16
18
Dec. ext.
cd
Frgs.
3
4
1
1
3
1
i
Observaciones
MPV 47157
MPV 52. Deformada por fuego
MPV 54
MPV 53
MPV 47157
MPV 47166
Tabla I.44. Sepultura XXXII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
L.; alt.
ø; grosor
404
357
250
MT
MT
MT
Br Fibula anular
Br Fíbula anular
Br Pulsera
17
17
303
31
612
Tabla I.45. Sepultura XXXIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
ø; grosor
secc.
74
MT
MT
Br Anillo
Fe Vaina
17; 1
r
u
194
Frgs. Observaciones
2
1
MPV 47116
Según diario
Secc.
cd
Decor. ext.
Frgs.
i
1
1
4
Observaciones
MPV 47161
MPV 51
MPV 47161
[page-n-196]
anexo i: inventarios
Tabla I.46. Sepultura XXXIV. Otros materiales y cerámica.
Inv.
Materia
Tipo
MT
MT
MT
C
Fe, Br Punta de lanza
Fe Regatón
Fe Cuchillo
A
288
316
288 a, 314
L.; alt. Ancho ø; grosor Secc. Frgs. Observaciones
150
60
18; 2
2
23
c/h
2
1
2
x
MPV 7. Letras rojas. Adherida a cuchillo
MPV 6. Letras en rojo. Un orificio
MPV 8. Adherido a punta. Letras rojas
Según diario “trozos de tiesto”
Tabla I.47. Sepultura XXXVII. Cerámica.
Inv.
Labio/ Pren. Pos/ Cocc. Cocc.
Boca
Sec.
homog. altern.
Tipo
182 A I. ó II.4.1.
b
v/ co
Desgras.
bg/cr
B
n
Sup. int. Sup. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
F, escaso
nj
cr
Gr, abundante
nj
n
p
1
1
MPV 47143
Según diario “perol
arcaizante”
Tabla I.48. Sepultura XXXVII. Otros materiales.
Inv.
Materia
75 bis
303 bis
296 bis
Br Fíbula anular
Br Lámina
Fe Biapuntado
L.
MT
MT
MT
Ancho
Grosor
Secc.
Frgs.
Observaciones
9
2
2
9
o
cd
2
2
1
MPV 47117
MPV 20. Apuntada. Letras rojas
MPV 47772
235
Tabla I.49. Sepultura XXXVIII. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
Ø Base/
Labio/
Pren. Pos/
Sup. Tratm. Sup. Tratm. Dec. Dec.
Alt.
Base
C. homog.
Frgs. Observaciones
Pomo
Boca
Sec.
int. int. ext. ext. int. ext.
242 bis A
p
241 bis Bolsal 130
80
65 sd
al
h/ o
bg-gcl
g
bn
g
bn
im
1
27
MPV 47155. Barniz con zonas m-r
Tabla I.50. Sepultura XXXVIII. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
Frgs.
Observaciones
159
MT
Br Lámina
1
MPV 47132
Tabla I.51. Mansiones. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca
D 154
D 155
A V.8.1.5. 15
A V.8.2.2.
Ø Base Alt. C. homog. Col. sup. int. Col. sup. ext. Trat. sup. ext. Dec. ext. Frgs. Observaciones
14
23
cr
g
cr
nj
L.; alt.
Ancho
cr
nj
pul
im
1
1
MPV 47130. 21 g
MPV 47130. 15 g
Tabla I.52. Mansiones. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
A 23
A 380
A 228
A 47
MC
MC
ML
MT
Suelo
Suelo
Núcleo sílex
Fíbula
D 362
D 136
D 137
D 156
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula
Br Lámina
Br Lámina
Fe Cuchillo
ø; grosor
Secc.
41
3,2
17
25
17
88
17
32
15
2
4
t
Frgs.
Observaciones
7
2
1
1
MPV 47052. Escrito a lápiz A a’
MPV 47107. Grosor enlucido 2 mm
MPV 47114
Ballester Tormo 1930
1
1
2
1
MPV 46
MPV 47123
MPV 47123. Perforación
MPV 47130
195
[page-n-197]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla I.53. Sin referencia. Cerámica.
Inv.
Tipo
Ø Boca Ø Base Alt.
281
A III.2.1.
247
A V.8.1.2.
15
15
034
A V.8.1.2.
32
12
390,
414,
420
A
Labio/ Pren. Pos/
Sup. Sup. Tratm. Dec.
C. Homog. Desgras.
Frags. Observaciones
Boca
Sec.
int. ext. ext. ext.
tr
v/ c
bg-g
12
F, escaso
B
n
G, escaso
g
anj
cr
cr
nj
nj
n
pul
p, pa
1
im
1
1
n
MPV 47162.
Quem.
MPV 47163. 7 g
MPV 47115.
11,36 g
8
MPV 47111
1
MPV 47111
Tabla I.54. Sin referencia. Otros materiales.
Inv.
Materia
Tipo
248
301
305
306
344
356
337
355
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
Br Fíbula
Br Botón
Br Anilla
Br Gancho
Fe Asador
Fe Asador
Fe Atizador
Fe Atizador
272
275
262
28
29
256
257
258
259
260
261
263
264
265
266
267
268
269
271
271b
270
273
90
87
88
89
91
92
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
MT
HU
HU
HU
HU
HU
HU
Fe Pletina
Fe Remache
Fe Lámina
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Variila
Fe Indet.
Fe Indet.
Incisivo
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
196
L.; alt.
Ancho
13
323
535
470
748
8
9
8
pala 30
cons. 35
80
cons. 47
95
cons. 147
cons. 135
137
112
116
104
117
76
117
65
63
56
60
56
59
cons. 30
22
cons. 35
16
9
22
6
cons. 100
6
5
6
5
6
5
7
6
7
6
5
7
5
3
5
13
ø; grosor
32
30; 4
4
8
8
1
Secc.
c
c
cd
cd, c
r
cd
2
6
3
6
9
9
6
5
4
4
4
4
3
6
5
5
4
5
3
3
2
8
r
cd
r
cd
cd
cd
cd
cd
cd
cd
c
r
c
cd
cd
cd
cd
cd
cd
r
cd, r
3
4
3
3
4
4
c
c
c
c
c
c
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
pa
r
1
1
1
1
1
1
1
1
MPV 47163
MPV 41. Letras rojas
MPV 42. Restos de Fe
MPV 43
MPV 74. Anilla ø ext 32, grosor 6
MPV 76. Anilla ø ext 35; grosor 3
MPV 77. Vástago torsionado
MPV 75. Anilla ø ext 32; ancho 4
Vástago torsionado
MPV 51470
MPV 51469
MPV 51470. Una perforación
MPV 51469. Doblado
MPV 47075
MPV 47075
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469. Apuntado
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469
MPV 51469. Apuntado
MPV 51469
MPV 51470
MPV 47103. Sus sp.
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
3
1
1
1
1
3
1
1
2
2
[page-n-198]
anexo i: inventarios
Tabla I.54. Continuación.
Inv.
Materia
Tipo
94
95
96
97
98
99
HU
HU
HU
HU
HU
HU
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
Alfiler
L.; alt.
Ancho
ø; grosor
Secc.
6
5
5
5
3
4
c
c
c
c
c
c
Dec. ext.
Frgs.
Observaciones
2
1
1
1
1
3
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47107
MPV 47103
MPV 47103
MPV 47103
197
[page-n-199]
[page-n-200]
Anexo II
Fichas de estudio de los restos óseos
Inmaculada López Flores y Francisco Gómez Bellard (†)
SEPULTURA I (41112)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Iª 1ª Cata. Debajo de la primera capa consistente en el umus (sic)
de la loma, apareció otra de piedras medianas, luego otra de tierra
o barro seco, debajo otra capa de piedra, más abajo un estrato de
barro rojo en la parte superior que se ennegreció debajo, inmediatamente otro estrato de gruesas piedras algunas de las cuales
aparecía ennegrecida por la cara en que se hallaban sentadas, por
carbones y cenizas de una mancha extensa que parecía extenderse
en todas direcciones; y en una lado de la cata aparecía otra ligera
capa de barro que cubrió una pocita o balsita cuadrada, que inadvertidamente destruimos en parte pero de la que aparecía un lado
de unos 42 cts, con los arranques de los otros dos lados, todos
ellos hechos con barro amasado con paja.
Debió tener la balsita unos 17 cts de fondo. Toda ella estaba
llena de carbones y cenizas y algunos restos de huesos humanos casi calcinados y algún trozo de hierro. Encima de todo, la
espada, afectadísima por el fuego y hecha añicos y trozos de
armadura o funda y a su lado la lanza, que llevaba soldada por
el óxido formando un bloque, gran parte de la placa activa de
un ágrafe de hierro y el regatón de aquélla también soldado a la
lanza y fragmento de ágrafe y también la parte final de el largo
útil o..........que parece largo chuzo; todo colocado paralela y
horizontalmente y debajo lo demás encontrado, fragmento de
armadura de la funda de espada, anillas de bronce articuladas
a unas varillas de hierro que se cierran anillándose para abrirse
luego los extremos y remacharse pareciendo todo pertenecer a
los escudos y haber servido para sujetar la correa de los mismos; fragmentos del chuzo dicho, la parte superior de una pinza
y tiestos ornados con líneas que debieron llevar embutidos hilos
de hierro” (Marzo de 1918).
“Entre la arenisca y a diversas profundidades se han encontrado restos de gruesos atobones (sobre 75/15 ¿? cts de término
medio) de barro amasado con paja, y entre tales restos algunos que formaban esquinas bien cuadradas. Una gruesa piedra
que tenía una cara desigual estaba como rellenada o igualada
con pasta parecida. En el interior de I (cara de la pared NE)
se nota limpiamente la estratificación de la sepultura. Tiene
una cara superior de piedra de mediano tamaño, de sobre 34
cts; luego otra de tierra de unos 9; luego nueva capa de piedra de sobre 40; debajo de ésta la capa de barro cocho (rojo
en su parte superior hasta ennegrecer por debajo) de sobre
12 cts aunque su ancho aumenta hacia el centro; y debajo de
ésta una capa de piedras gruesas sobre la mancha de cenizas
y carbones de sobre 10 cts y en el centro de ésta una poza que
debió ser cuadrada (solo quedaba intacto un lado de 40 cts y
los arranques de los laterales) de unos 15 cts de barro cocido
y calcinado en sus caras interiores y sobre tal pero arregladas
unas al lado de otras las armas” (11/12/1920).
“La sepultura XXXV ha aparecido al abrir una zanja a 20,75
y 17,50 respectivamente de los ángulos E y S de II. La mancha de
ceniza estaba como a unos 20 cts de profundidad y 40 de extensión. No se notaba barro cocho, ni dio más que ligeros restos de
huesos” (13/12/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico: Envolvía los huesos. Se
encontraba en el interior de la caja de cartón.
fragmento de tarjeta de identidad: Lleva escrito a lápiz azul:
“XXXV”. Por el reverso se lee parte de la leyenda de la tarjeta:
“R....TORMO”. Dentro de la caja.
trozo de algodón que protegía los huesos: Dentro de la
caja de cartón.
199
[page-n-201]
la necrópolis ibérica de casa del monte
caja de cartón (76x58x20 mm): Caja rectangular de cartón con
etiqueta de fábrica en la parte superior: “Antisepsie de la gorge
&des voies respiratoires, Pastilles d’eupnol, Balsamiques, Microbicides, Sédatives, Souveraines contre les Maux de Gorge, les
Enrouements, la Bronchite, la Toux, la Gripe, etc, etc.... Dose.Prendre six à huit Pastilles par jour et les laisser fondre dans la
bouche, Dètail: Pharmacie F. Gard..., L. Echeman, Successeur,
26, Rue des Moines, Paris, Se trouvent également dans toutes les
Pharmacies. % cts. Farmacia”. En el lateral anterior: “Pastillas
Eupnol, Ptas 3” y en el lateral posterior: A. Gamir, Farmacéutico,
San Fernando, 34 – Valencia, Agente exclusivo para España”.
Escrito con tinta negra (parece pluma): “Casa del Monte, Sep.
I, Sepultura I”. Contenía los huesos y los elementos anteriores.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.112. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47112. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color amarillo. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES1
En la tarjeta de identidad pone sepultura XXXV y sin embargo
en la caja, I. En el archivo SIP se ha puesto como XXXV. Incluimos aquí las referencias de la transcripción a ambas sepulturas.
Sepultura I: Enterramiento en “poza” revestida de barro interiormente de unos 17 cts de fondo; como ajuar: espada, armadura
o funda, lanza, ágrafe de hierro, anillas de bronce articuladas a
unas varillas de hierro, “chuzo”, una pinza y cerámica. Las armas
estaban colocadas.
Sepultura XXXV: Mancha de cenizas. No aparece ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
Figura II.1. Sepultura I.
1 Teniendo en cuenta las descripciones de ambas sepulturas parece más convincente la adscripción a la Sepultura I (nota de las autoras CMP y LSC).
200
Figura II.2. Restos óseos de la Sepultura I.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.1.
SEPULTURA II (47140)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“IIª A P (poniente) de la construcción anterior, parecía notarse
otra semejante. Hicimos una cata a continuación de la pendiente?
precedente? Sucediéndose la misma capa hasta aparecer la mancha de cenizas y junto al lado NO la pocita o balsita de barro
amasado con paja, pero casi del todo borrado o destruido conteniendo muy arregladitos y en sentido plano sobre cenizas y
huesos un puñal espada de enmangadura plana y hoja nervada,
diversos trozos de hierro .............................................................
............................................ una anilla y gran parte de un ágrafe
de cobre o bronce, casi completo el elemento activo, que lleva
unas rosetas repujadas todo ello cubierto por encima de barro.
Sobre las dimensiones y relaciones de las dos sepulturas..........
tomamos del croquis hecho al final de las excavaciones.
Véase la aparición en el centro de la pared P (poniente) y
arrimado a la esquina junto al estribo de 30 cts existentes a 290?
209? Del ángulo S, a 10 cts de profundidad, de gran parte de una
olla de facies.........., una mediana fíbula rota (queda gran parte
del aro y ...........) y una punta rota como........ que parecen restos
de una ........... a la que denominamos I bis (ver el 10 de octubre
de 1920) (sic)” (marzo de 1918).
“(...) Se explora a P (poniente) de I desde un poco antes de la
altura o nivel de su pared N y en un ancho de (en blanco) metros.
Parece que el estrato de tierra suelta y como sobrepuesta va perdiendo fondo a medida que se aleja de la pared P. En el extremo
del tajo abierto, y a unos 15 cts de profundidad, se encuentra una
anilla de bronce de sobre (en blanco) cts de diámetro y (en blanco)
de gruesa. Parece llevar óxido de hierro en un lado, como de contacto con alguna pieza de este metal. Se determina claramente
dicha pared P en la que a 2,50 de ángulo SE de la construcción
[page-n-202]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.1. Sepultura I (41112).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
5g
Frg. diafisiario húmero
(15,34x12,63 mm ap y tr de la
diáfisis, 45 mm de perímetro)
-
-
-
5g
Frg. extrem. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
-
-
-
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
600->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
-
-
-
1
Preadulto
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
1
Preadulto (porosidad de las
corticales y morfología general
del hueso) (?). Presenta la sección
longitudinal del ag. nutricio
de morfología típica en los
preadultos.
-
-
-
-
Infecciosa (?)
Efectos del fuego: L | U | S | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Existen concreciones en la cortical externa del hueso.
se ve una gruesa piedra estribo de sobre (en blanco) cts. Cerca
del sitio donde el último día de las excavaciones de marzo y muy
superficiales aparecían abundantes restos de una pieza cerámica
(forma perol) de facies arcaica, a unos 10 cts de profundidad y
aproximadamente al nivel del aludido estribo, se hallan restos
de una fíbula hispánica de mediano tamaño (parte de aro y arco)
y bronce, y una como punta de espátula del mismo metal (¿una
sepultura? sic) I bis” (10/10/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
caja de cartón (109x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. Taller a cargo de cartuchos C. 12. La sociedad ruega a los
consumidores se sirvan exigir, les sean entregados los paquetes
con el precinto intacto. Las reclamaciones diríjanse a Villanueva,
11, Madrid.”
En un lateral aparece un sello con texto: “Arriendo de fabricación y venta explosivas de las pólvoras y ......terías explosivas”.
Alrededor de la caja se adhiere un papel decorado con dibujos del
sello de fabricación en color beige: “Cartuchos Schultze. Pólvora
Schultze s/h. Carga Moderada.
Perdigón 6.” “822 8-“. “10 Cartuchos”
Escrito a lápiz: “Loarte (¿)”, “Casa del Monte, Tumba nº 2”.
tres etiquetas de cartón:
1. “Casa del Monte (Valdeganga). Nº 173. Sep. II”. Dentro de
la caja de cartón.
2. Casa del Monte – Valdeganga -. Escrito en bolígrafo azul.
3. 47.140
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Menciones varias al ajuar hallado (puñal, anilla, ágrafe de bronce,
fíbula, punta de espátula y cerámica), pero no las circunstancias
de aparición de los restos óseos.
Existen dudas sobre la adscripción de este texto a esta
sepultura, puesto que en éste se la denomina como “I bis”, no
encontrándose referencias a la sepultura II.
Aparece otra bolsa con el mismo número de sepultura, pero
con la numeración 47.095.
Enterramiento en “poza” (¿).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, restos no
identificables.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.2.
201
[page-n-203]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.2. Sepultura II (47140).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
2g
Frgs. calota
11 g
Frgs. extrems. inferiores
(¿fémur distal?)**
y superiores
Falange proximal mano***
-
-
>1 g
Frgs. huesos
largos y
minúsculos de
calota (?)
13 g
Frgs. craneales
y extremidades
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
50 % B
50 % N
Fresco
95 % B
5%N
-
-
Fresco
95 % B
5%N
Fresco
80 % B
20 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
-
1
Infantil II*
-
1
Infantil II-preadulto
Flexor común dedos
-
-
?
-
PATOL.
-
Porosidad irregular
tabla externa
-
-
-
-
1
Infantil II-preadulto
Flexor común
dedos
Porosidad irregular
tabla externa
Efectos del fuego: L | T | I | O
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones:
*Morfología general del hueso: porosidad y grosor cortical.
**Coloración pigmentación metálica roja: hierro.
***Coloración pigmentación metálica verde: bronce.
Figura II.3. Sepultura II.
Figura II.4. Porosidad tabla externa del cráneo. Sepultura II.
SEPULTURA III (47060)
resta solo el cubo y el nervio de la hoja de la que solo queda un
poco (mide espacio en blanco cts). A la distancia de 1,80 mts
contada desde el ángulo N de la repetida sepultura y a 0,92 de
dicho punto y 0,45 de profundidad aparece un cuenco orientado
normalmente y cubierto con una copa gfrande sin pie, tipo Almedinilla y Covalta. Alrededor del sitio del hallazgo nótase una gran
mancha de cenizas, carbones y tierra quemada con algo de tierra
que parece resto de enlucido. (Se enlució el fondo del suelo para
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“A lo largo del paramento del lado L (levante) de dicha sepultura
y al limpiar dicho lado para encuadrar aquella y cerca del mismo
ángulo y como a unos 30 cts aparece un hierro de lanza del que
202
[page-n-204]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
la cremación? (sic). Alrededor y debajo aparecen otros trozos de
tiesto; entre ellos una boca en forma de trompeta y varios trozos
del propio vaso =III” (26/03/1919).
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47060” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
OBSERVACIONES
fragmento de papel de periódico enrollado: Envolvía los
restos óseos.
dos etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo negro.
2. 47.060. Escrito a máquina.
una tarjeta de papel Por una cara: “Isidro Ballester Tormo,
Diputado Provincial, Albaida, Mayor; Valencia, Garrigues, 4, 1º.
Por el reverso: “CASA DEL MONTE - Sepultª III”
Enterramiento en urna sobre cenizas. Aparece cerámica y restos
de una lanza de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. Costovertebral,
frag. coxal, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.3.
Tabla II.3. Sepultura III (47060).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
185 g
Frgs. calota y
suturas
Frg. órbita
izq. y borde
supraorbitario der.
Partes petrosas de
ambos temporales
Cresta occipital
endocraneal
223 g
Frgs. diafisiarios huesos
largos extrems. sup. e inf.
Frg. platillo tibial
Frgs. diáf. prox. fémur der. e
izq. (E6)
Frgs. cabeza fémur y
húmero, cóndilos fémur
Epífisis distal radio izq.
(25,7x17,4 mm)
Frg. mtc.
Frg. epitróclea der.
(18,4 mm ap.)
Frg. diáf. radio
(10x9 mm).
Frg. diáf. peroné
(11,5x8,2 mm)
5g
Frg. coxal
38 g
Frgs. costillas
Frg. atlas
Frg. cervical
Frg. ala sacro
33 g
Tejido
esponjoso
Frg. hueso
largo no
especificado
484 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems. sup.
e inf.
Frgs. costovert.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
90 % B
10 % N-A
Fresco
80 % B
20 % N-A
Fresco
B, G, A
Fresco
50 % B
50 % N-A
Fresco
50 % B
50 % N-A
Fresco
67,5 % B
32,5 % N-A
350->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto joven
(suturas en proceso
de sinostosarse)
fém.
Porosidad calota
1
Adulto femenino
1
Adulto
1
Adulto joven
(no existen rasgos
degenerativos)
Adulto
1
Adulto joven
femenino
-
-
-
-
Infecciosa (?)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Media
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 30 % | Incineración: 70 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
203
[page-n-205]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.5. Fragmentos identificados de huesos largos. Sepultura III.
Figura II.6. Fragmentos identificados de cráneo. Sepultura III.
SEPULTURA VII (47088)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se descubre la tumba VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de
2,30 aproximadamente de lado y de la altura de una sola hilada
de piedras que viene a dar un promedio de 0,25 a 0,35. Apenas
quitada la primera capa de piedras de la superficie aparece aquellas sucias de cenizas por sus caras inferiores, y sin apenas capa
de arcilla que las separe de los restos de la hoguera se muestra
ésta enseguida, y en especial amontonadas en el ángulo NE de la
tumba y hasta la mitad de la extensión de cada pared que forma
el ángulo.
Entre la tierra quemada se encuentran: un gran puñal (o
espada corta) solo en dos trozos, una hoja de lanza mediana y
trozos del útil de aplicación desconocida que tanto se da en esta
necrópolis, y un poco más al centro una fíbula ibérica grande.
También enredados con los hierros y la tierra aparecen muchos
tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las que se diesen en Covalta en las excavaciones
últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos restos
óseos que no sabemos si son humanos y restos de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en resto del área de
la tumba apenas si hay tierra negra, que no se ha encontrado
restos de pocito y que en nivel inferior al gravan sobre que se
asentaban las cenizas, y por debajo de las piedras que forman
la pared E se ven evidentes restos de hoguera(s), así como si
la tumba se hubiera levantado sobre una de ellas, o si como la
que debió hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera
rebasado por tal lado el área de aquélla. Hacemos un corte en
esta, para dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse una especie de terraza cuadrada, excavando el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas a nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez
sobre tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos
rebasaron los bordes y rodaron a nivel más bajo por el lado que
antes se indica. =NO: porque lo que se encontró a nivel inferior
es de sepultura de................ (hilo de cobre, de pulsera etc.) Tal
vez la ...........y lo último sean de la misma sepultura, que se ..........
en parte” (27/03/1919).
204
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel: En el interior de la caja de cartón y en el que
está escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sep. VII”.
caja de cartón (69x51x25 mm): En su cara superior lleva etiqueta de fábrica: “AGFA-Extrarapid-Platten, ACTIEN-GESELLS
CHAFT FUR ANILIN- FABRIKATION-PHOTOGRAPHISCHE
ABTEILUNG-BERLIN S-O-36, NUR BET ROTEM LICTH OFFNEN! N’OUVRIR QU’A LA LUMIERE ROUGE!, NO ABRIR
SINO A LA LUZ ROJA!, OPEN ONLY IN RUBY LIGTH!, 4,5/6,
A 1214”. Contenía los restos óseos y el papel anterior.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.088. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble, 47.088. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Del texto de la transcripción se desprende que la cremación se
realizó sobre una pequeña plataforma cuadrada. Como ajuar:
fragmentos de un puñal o espada corta y una fíbula ibérica.
Existe otra bolsa con el mismo número de sepultura (VII)
pero con el número 47.1322.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos, frags. de costillas
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.4
2 Uno de los dos restos debe corresponder a la Sepultura VII bis (ahora
Sepultura XXXVIII). Las autoras (CMP y LSC) consideran que la 47132
debe corresponder a la XXXVIII por el contenido del ajuar y porque, en caso
contrario, sería el único enterramiento doble de toda la necrópolis.
[page-n-206]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.4. Sepultura VII (47088).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ. COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
24 g
Frgs. diafisiarios húmero y frg. de cúbito
1g
Frg. costilla
-
25 g
Frgs. extrem. sup.
Frg. costal
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
95 % B
5%N
-
Fresco
B
-
Fresco
95 % B
5%N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
1
Adulto no especificado
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | U | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 5 % | Incineración: 95 %
Observaciones: Existen concreciones de tipo metálico (oxidaciones rojas) en la cortical externa de un fragmento diafisiario proximal de húmero (?).
las que se hallan una lanza de mediano tamaño, trozos al parecer
de una falcata (espada de antenas), un asidero de escudo (incompleto), una gran fíbula hispánica, restos de una vaina de espada
y algunos hierros informes con escasos tiestos. Mide la mancha
de ceniza en su promedio que oferta forma elipsoidal, unos 35
o 40 cts por 55 o 60, y el fondo se halla a unos 50 cts del nivel
del suelo. Aparecen alrededor de la poza algunos trozos de obra
o barro cocho y bastante calcinados que nos hacen sospechar si
el pequeño hoyo se enlucía antes de..........
Es de notar que aparte algunos trozos de hierro en la poza apareció primero la lanza a trozos, luego la espada (falcata) incompleta
en su mayor parte debajo de la lanza y un trozo a su nivel, y después
los restantes objetos. Se denomina VIII” (28/03/1919).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Figura II.7. Restos óseos de la Sepultura VII.
SEPULTURA VIII (47145)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“VIII. Limpiando el terreno a L (levante) de VII a 3 y 3,15
mts respectivamente de los ángulos N y E de tal construcción y
2,80 de L de VI, aparece en el suelo a unos 20 cts de profundidad,
una mancha de tierra quemada y carbones encima de la que se
encuentran algunas piedras de mediano tamaño. Explorada resulta
una pequeña poza con cenizas, carbones y huesos humanos entre
caja de cartón (108x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. C. 12. Cartuchos para escopeta central”. Alrededor de la caja
se adhiere un papel decorado con dibujos del sello de fabricación en
color beige: “Pesetas 2...”, “ ..turchos cargados para escopeta central
calibre 12”, “Cartuchos, Pólvora, Carga moderada, Perdigón”. Sello
de fábrica con el texto: “Arriendo de la ......xclusivas ....osivas”. En la
parte inferior de la caja: “UNIÓN ESPAÑOLA DE EXPLOSIVOS.
AVISO IMPORTANTE. La Sociedad ruega a los consumidores se
sirvan exigir, les sean entregados los paquetes con el precinto intacto.
Todo paquete que tenga el precinto deteriorado deberá ser rechazado. Así podrán tener la seguridad de que los cartuchos han sido
cargados en el Taller de la Sociedad, la cual garantiza que las cargas
son hechas con las clases indicadas en los precintos y con los pesos
siguientes: Pólvora: grs. 2,05, Perdigón, grs. 30, Tacos engrasados”.
205
[page-n-207]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Sobre la caja, escrito a lápiz: “Como estaba....(¿)”, “A 1,91, P nº
1, 2, 4 (¿)” tachado, “Puesto” tachado, “Casa del ...blante (¿)”,
“Sepultura VIII (y IX?)”, “(Huesos)”. Incluía los restos óseos.
un papel: “Casa del Monte. Sep. VIII (y IX?). Huesos”. Dentro
de la caja de cartón.
tres etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.145. Escrito a máquina.
3. “CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 193, SEP. VIII
(IX?)”. Escrito con bolígrafo negro.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47145” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
OBSERVACIONES
Tumba tipo “poza” según el excavador, que podría tener las
paredes enlucidas de arcilla y con unos 50 cm de profundidad.
Como ajuar: una falcata, asidero de escudo, fíbula hispánica,
restos de la vaina de espada y fragmentos de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. costovertebral, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.5.
SEPULTURA IX (47096)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al explorar al NE de VI y a 5,30 mt aproximadamente de dicha
sepultura apareció ayer a última hora la pared de otra sepultura,
paralela a la antedicha. Hoy se ha seguido descubriendo, apareciendo un cuadro de unos 2,98 mts de lado, si bien la pared o
lado NE parece borrosa. Descubierta cuidadosamente se halla:
primero una capa de piedras de mediano tamaño y tierra y a
Tabla II.5. Sepultura VIII (47145).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
23 g
Frgs. cráneo y
suturas*
151 g
Frgs. diafisiarios extrems.
sup. e inf.
Frg. diáfisiario prox. cúbito
izq. (16,4 diám. tr. diáf.x13,9
diám. ap. diáf. mm).
Frg. diáf. distal cúbito der. (?)
Frg. diáf. prox. radio (15,4
mm mínimo de diám.)
2g
Frgs. costilla
Frg. disco
vertebral
2g
?
178 g
Frgs. craneo
Frgs. extrems. sup.
e inf.
Frgs. costovert.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
40 % N
30 % B
30 % M
Fresco
70 % B
30 % N
-
Fresco
70 % G
20 % B
10 % A
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
52,5 % B
20 % N
17,5 % G
7,5 % M
2,5 % A
500->650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto masculino
(robustez ext. sup.)
-
-
1
Adulto no
especificado
-
Adulto
1
Adulto masculino
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
T.ª máxima >650 ºC | Carbonización: 27,5 % | Incineración: 72,5 %
Observaciones: *Coloración de pigmentación metálica roja: hierro.
206
-
[page-n-208]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Figura II.8. Sepultura VIII.
Figura II.9. Restos óseos de la Sepultura VIII.
unos 30 o 40 cts de profundidad se da especialmente en el lado
SO y como hasta el centro una capa de tierra cocida amasada
con paja, de unos 15 o 20 cts de espesor según los sitios y
debajo y arrimada al centro.... de dicho lado la pequeña poza
con ceniza, tierra y piedrecillas quemadas, huesos y armas y
útiles, que debió tener unos 10 cts de profundidad. Han sido
halladas una espada (o puñal) grande roto en dos trozos, otros
que parecen de lanza, una gran fíbula hispánica y debajo de todo
unas pequeñas pinzas. No se nota horizontalidad a la colocación
de las piezas grandes.
Hay una vez más indicios de que colocados los restos y útiles en la poza se cubría todo con barro amasado con paja. Es
de notar que sobre el resto del área de la sepultura aparece sólo
arena con escasas piedras y que apenas sí se dan (solo unos trozos) tiestos en el enterramiento. A L (levante) de la pared de ese
lado, han aparecido muchos tiestos al parecer de la misma pieza
(especie de tinaja mediana). Designamos esta sepultura como
IX” (29/03/1919).
OBSERVACIONES
Tumba de “poza” de unos 10 cts. de profundidad, posiblemente
cubierta con barro. Como ajuar: una espada, una lanza, una fíbula
hispánica y unas pinzas. Junto con los restos óseos aparecen restos de oxidaciones rojizas.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, restos costales.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.6.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
tres etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.096. Escrito a máquina.
3. Lleva escrito con bolígrafo negro “NO DIBUJABLE”.
trozo de papel:
“Casa Monte, Sep. IX”.
Los tres se encontraban en el interior de una caja de cartón.
caja de cartón (101x71x23 mm):
Lleva inscrito en la cara superior: “100 TARJETAS VISITA”
y las siglas “P P” dentro del dibujo de un murciélago con
las alas abiertas. Contenía los elementos anteriores y los restos óseos.
bolsa de plástico transparente:
Incluye todos los elementos. Posee escrito en el exterior con
indeleble: “47096” y muestra etiqueta adhesiva con el mismo
número escrito a máquina.
alambre plastificado:
Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa de plástico.
Figura II.10. Sepultura IX.
Figura II.11. Restos óseos de la Sepultura IX.
207
[page-n-209]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.6. Sepultura IX (47096).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
5g
Frg. calota
15 g
Frgs. diafisiarios brazo
y antebrazo
Frag. diaf. distal húmero
-
1g
Frgs. costales
-
21 g
Frg. calota craneal
Frgs. extrem. sup.
Frgs. costales
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % B
25 % N
5 % R*
Fresco
70 % B
20 % N
10 % M
-
Fresco
75 % B
25 % A
-
Fresco
71,66 % B
15 % N
8,3 % A
3,33 % M
1,66 % R
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto
femenino (?)
(escaso grosor
cortical)
-
1
Adulto femenino (?)
(gracilidad general)
-
1
Adulto
-
1
Adulto
femenino (?)
-
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | U | S | LD | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones: *Presenta oxidaciones rojas en el exocráneo (F). Concreciones minerales en caras externas.
SEPULTURA X (47139)
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
dos trozos de papel:
1. Envolvía los huesos y presenta algo escrito a lápiz no relacionado con la excavación.
2. Lleva escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sep. X, Huesos”.
Ambos se encontraban en el interior de la caja junto con los
huesos.
caja de latón (56x50x32 mm): Caja de latón ovalada de color
rojo y albero: en la cara superior: “Pastillas Bonald, Cloroborosódicas con cocaína y mentol, Laboratorio químico farmacéutico,
Madrid”. Aparecen algunos sellos: “Alfonso XIII rey de España”,
“Sociedad Científica Europea, Exposición”, “Marca Depositada”,
“Exposition International”, “Bruxelles”. En el lateral de la caja:
“Reg. En la D ón G al de S dad con el Nº 3624”. En la cara inferior: “Cada pastilla contiene: Cloro-borato sódico.... 5 centig s,
cloro-borato potásico...15 “, clorhidrato de cocaina.... 3 milig s,
Mentol.....4 “, Excipiente goma y azúcar”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.139. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 172, SEP. X.
“X. Explorando a L de IX y . inmediato a ella que su ángulo
E está en contacto con el O de la nueva construcción, aparece ésta consistente en un pequeño cuadrado que mide sobre
2,40 m de lado. A unos 32 cts y tras una pequeña capa de tierra cocha (8 cts) aparece un trozo de cuchillo curvo y casi al
mismo nivel una fíbula de mediano tamaño, otro trozo que
parece arco y parte de aro de otra grande, y la aguja de la
misma. Luego un fusayolo bitroncocónico pequeño y otro que
parece una........... Se aíslan las cenizas y tierra quemada, que
aparecen en el mismo centro de la sepultura formando una
capa sobre el fondo de unos 12 cts.
Junto con los fusayolos que fueron saliendo alineados, como
bordeando la poza por las caras paralelas a los lados EN y SE y
como amasijadas con el barro fueron saliendo trozos de tiesto
como de un plato ibérico y otros que nos parecen campanianos
o áticos, si bien no podemos precisarlo por la suciedad que los
cubre. Se notó claramente que las fíbulas , fusayolos y tiestos
estaban recubiertos de barro” (29/03/1919).
208
[page-n-210]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.139. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color azul. Cerraba la bolsa anterior.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
OBSERVACIONES
Tabla II.7.
Enterramiento en “poza”. Como ajuar: cuchillo curvo, fíbula,
fragmentos de otras dos, un fusayolo (¿?), fragmentos de cerámica
ibérica.
Figura II.13. Restos óseos de la Sepultura X.
Figura II.12. Sepultura X.
Tabla II.7. Sepultura X (47139).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
13 g
Frgs. diafisiarios
Frg. diafisiario falange mano
(?)
-
-
-
13 g
Frgs. huesos largos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
90 % B
10 % A
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % A
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
209
[page-n-211]
la necrópolis ibérica de casa del monte
casa, F.A. Sarg`s Sohn & C º, Viena, Austria, Calidad: Doble
refinada, TD 830, Registered, M.F.K, Schutzmarke, Marca
Depositada”. Escrito a lápiz: “Casa del Monte, XI, Sepultura nº
11 (Huesos)”.
SEPULTURA XI (47144)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Desfondando el terreno en el ángulo que al N forman las sepulturas IX y X, se descubre una pequeña sepultura separada sobre 0,50
mt del lado más orientado al N de la citada en anterior término, y
con lados paralelos a los de éstas. Formaba un pequeño rectángulo
de 1,25 por 1,12, siendo los lados mayores los paralelos a los de X.
Quitadas unas pocas piedras de mediano tamaño que la cubren y
una delgada capa terrosa que parece resto de barro, se encuentran
abundantes cenizas y carbones mezclados con tierra quemada y
algunos huesos, y entre todo ello restos carbonizados de un cinturón (¿) (sic) adornado con rosetas estampadas, de las que aparece
una completa, una sortija de plata y una pequeña fíbula.
Tiene esta pequeña sepultura formadas las paredes de una
sola hilada de piedras de mediano tamaño de las que otra fila
interior de piedras despegadas cubría parte de las cenizas. Reposaban éstas sobre el fondo de gravón del suelo natural, y tenían
un fondo de sobre 30 cts. Se la indica con el nº XI” (29/03/1919).
etiqueta de cartón: Lleva escrito con bolígrafo negro: “CASA
DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 191, SEP. XI”. Por el
reverso y a lápiz: “47.144”.
bolsa de plástico transparente: Incluía los elementos
anteriores.
alambre plastificado: Color verde y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Enterramiento en estructura rectangular cubierta por una capa
de piedras y otra de barro. Como ajuar: cinturón adornado con
rosetas, sortija de plata y fíbula.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Restos craneales, huesos largos.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
caja de cartón (83X95X37 mm): Contenía los huesos y
lleva etiqueta de fábrica en cara superior: “ Carecinas de la
Tabla II.8.
Tabla II.8. Sepultura XI (47144).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
4 raíces
premolar
NEUROC.
3g
Frg. calota
Fresco
60 % B
40 % N
1
Adulto no especficado
(>14 años por raíz terminada)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
19 g
Frgs. diafisiarios no
especificados*
-
-
-
22 g
Frgs. dentales
Frg. calota
Frgs. huesos largos no
especificados
Fresco
60 % B
40 % N
-
-
-
Fresco
60 % B
40 % N
350->650 ºC
1
Adulto no especificado
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
Infecciosa (?)
Efectos del fuego: L | I | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Media
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 40 % | Incineración: 60 %
Observaciones: *Presentan alteraciones de la cortical externa de exposición a la intemperie: cuarteamiento, porosidad y agrietamientos longitudinales
diferentes morfológicamente a los procedentes del proceso de cremación.
210
[page-n-212]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Figura II.14. Sepultura XI.
Figura II.15. Restos óseos de la Sepultura XI.
SEPULTURA XII (47147)
13 de marzo e 1931”. En la cara inferior: “22 90 43 Garantizada la
legitimidad de este preparado por el Farmacéutico M.L. Heredero
Igarza”. Escrito a lápiz: “Casa del Monte, S. nº XII”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.147. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 195, SEP. XII.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.147. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color verde. Cerraba la bolsa anterior.
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Limpiando el terreno al S de IX donde se marca otra pequeña
sepultura, y en el espacio comprendido entre dicha sepultura,
la X y el enterramiento VIII, y a unos 3, ½ mt de la X, aparece otra cámara cuadrada, o cuasi cuadrada, que mide 1,76
mts en dos lados paralelos por 1,86 en los otros dos; siendo
los mayores los orientados aproximadamente de N a S. Es de
notar que las paredes de esta tumba son, como generalmente
suele, paralelas a las de las restantes. Designamos a esta sepultura con el nº XII.
Mientras se va desfondando el terreno, en el ángulo que forman las sepulturas IX y X, al N, procedemos a excavar la XII.
Apenas limpiando su parte superior de una capa de arena con
algunas, escasas, piedras, aparece una ligera mancha de cenizas y la mayor parte de una copa ibérica de las de pequeño pie
o cazoleta ibérica del tipo tan conocido, con unos pocos huesos.
Es digno de subrayar la escasez de cenizas, apenas perceptibles,
y de huesos, así como la ausencia de útiles, armas y joyas. ¿Es
que esta sepultura por estar en la parte alta, aflorasen y se perdiesen en algún tiempo los objetos depositados, o fue saqueada?
(sic)” (29/03/1919).
OBSERVACIONES
Tumba de estructura casi cuadrada que contiene cenizas y restos
de una copa ibérica con huesos. Carece de ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.9.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel: Lleva escrito a lápiz: “Casa Monte, XII”. Se
encontraba junto a los restos óseos en el interior de la caja.
caja de cartón (58x58x25 mm): Caja de cartón cuadrada. Decorada con papel rojo adhesivo en el que se lee: “Muestra gratis
prohibida su venta, EUDROMYL, 3 ampollas, Fórmula: cada
ampolla contiene 2 cc de extracto pancreático, valorado a 20 unidades clínicas por ampolla, correspondiente a 12 gr de páncreas,
LABORATORIO DE PROXYTASES, 97, Rue de Vaugirard, París,
Garantizada la legitimidad de este preparado por el farmacéutico
D. José Manuel Mazón”. En los laterales: “EL EUDROMYL,
no puede expenderse sin receta médica”, “Eudromyl: en Francia
Angioxyl, Registrado en la Dirección de Sanidad con el nº 286, el
Figura II.16. Sepultura XII.
211
[page-n-213]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.9. Sepultura XII (47147).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
24 g
Frgs. diafisiarios
-
-
-
24 g
Frgs. huesos largos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % N
-
-
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
Porosidad en el interior de
los huesos (¿tafonómico?)
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S | G
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Concreciones minerales en el exterior.
SEPULTURA XV (47165)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se explora el terreno al NO de la sepultura VI y de la IX y en
el espacio comprendido entre ambas. Entre dichas sepulturas y a
unos 15 cts del terreno superficial aparece bien determinada una
pequeña sepultura cuadrangular que mide (en blanco) de lado
(ya se precisará en el croquis la medida exacta de cada uno). Se
la designa con el nº XV (...)”.
“Se excava la pequeña sepultura descubierta (XV) y muy
superficial, sin apenas alguna piedra mediana, y el resto tierra,
aparece en el centro de la sepultura una gran masa de cenizas que
revueltas cuidadosamente acusa algún hierro sin que aparezcan
restos algunos cerámicos ni de metal. La pared de esta sepultura
se compone de una sola hilada de piedras encaradas hacia fuera
y de mediano tamaño. Da la sensación de haber.......... explorado”
(26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel de periódico: Envolvía los restos óseos en el
interior de la caja de cartón.
caja de cartón (40x55x27 mm): Caja de cartón forrada de papel
rojo. Lleva escrito a lápiz: “Casa del Monte, Sept. XV”.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.165. Escrito a máquina.
212
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.165. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: color marrón. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
Sepultura cuadrangular. Ajuar: algún fragmento de hierro.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.10.
SEPULTURA XVI (47061)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al NO de VI, a 1,10 mt de la pared de dicho lado y en el punto
que precisan las siguientes medidas tomadas de los ángulos N y
O de tal sepultura respectivamente, 2, 69 y 2; y a unos 40 cts de
profundidad un golpe de arado saca trozos recién rotos de una
pieza cerámica. Limpiado y vaciado a su alrededor aparece una
pieza de forma de perolete que estaba cubierta con una piedra.
Ocupa el centro de una mancha de tierra negra y cenizas. Al
[page-n-214]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.10. Sepultura XV (47165).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
2g
Frgs. calota con
sutura
2g
Frgs. diafisiarios extrems.
superiores (?)
-
-
-
4g
Frgs. craneales
Frgs. extremidades
superiores
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
B
A
Fresco
50 % B
50 % A
-
-
-
Fresco
50 % B
50 % A
600-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto joven
(sutura abierta)
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
1
Adulto joven
-
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | U | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
Figura II.18. Restos óseos de la Sepultura XV.
Figura II.17. Sepultura XV.
sacarlo de sus sitio y por una rotura sale una pequeña fibula a la
que le falta parte del aro. Aparece el vaso completamente lleno
de tierra y huesos, estos en la mitad inferior y ningún otro resto
de metal. Al limpiar y vaciarlo de tierra se ha abierto por varios
sitios, pero es de fácil reconstrucción. Se la designa con el nº
XVI” (26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
un papel alargado: Escrito con bolígrafo rojo: “CASA DEL
MONTE, Sep. XVI”.
213
[page-n-215]
la necrópolis ibérica de casa del monte
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.061. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.061. También etiqueta adherida con el mismo
número. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color verde y azul. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
Urna cineraria vaciada en campo. Como ajuar, presenta una
fíbula.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.11.
Figura II.19. Restos óseos de la Sepultura XVI.
Figura II.20. Surco endocraneal. Sepultura XVI.
Tabla II.11. Sepultura XVI (47061).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
7g
Surcos endocraneales
occipital
Borde supraorbitario
100 g
Frg. fémur izq. próx. post.
Frg. diáf. fémur
Frag. diáf. ext. sup. antebrazo
-
<1 g
Frgs. costillas
(?)
107 g
Frgs. craneales
Extrem. sup.
Extrem. inf.
Esq. costal
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
80 % B
10 % N
10 % A
-
-
Fresco
70 % B
30 % N
Fresco
83 % B
13,3 % N
3,6 % A
600 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino (?)
-
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | O | S | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 15 % | Incineración: 85 %
Observaciones: Concreciones minerales en zonas externas.
214
[page-n-216]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
SEPULTURA XVI (47063)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico: Envolvía los restos óseos.
dos etiquetas de cartón:
1. “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA –“. Escrito con
bolígrafo azul.
2. 47.063. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47063” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color blanco y rojo. Cerraba la bolsa
de plástico.
Figura II.21. Restos óseos de la Sepultura XVI (47063).
OBSERVACIONES
SEPULTURA XVI (47064)
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
RESTOS ÓSEOS
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
trozo de papel de periódico: Envolvía los huesos.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.
Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.064. Escrito a máquina.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.12.
Tabla II.12. Sepultura XVI (47063).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
7g
Frgs diafisiarios
-
-
-
7g
Frgs. huesos largos no
especificados
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
60 % B
30 % N
10 % A
-
-
-
Fresco
60 % B
30 % N
10 % A
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | U | S | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Media
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 30 % | Incineración: 70 %
215
[page-n-217]
la necrópolis ibérica de casa del monte
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.064. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color negro. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS.
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.13.
Figura II.22. Restos óseos de la Sepultura XVI (47064).
Tabla II.13. Sepultura XVI (47064).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
8g
Frg. calota
Frg. suturas
42 g
Frgs diafisiarios extrems. inf. y sup.
-
-
50 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems. sup. e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % B
20 % A
10 % M
Fresco
40 % B
30 % A
30 % N
-
-
-
Fresco
55 % B
25 % A
15 % N
5%M
500-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
1
Adulto masculino (?).
Robustez en relación al resto
de las cremaciones
-
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
-
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
Efectos del fuego: L | S | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
Observaciones: Concreciones minerales en la cortical externa de los huesos.
SEPULTURA XVI (47065)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
trozo de papel de periódico: Envolvía los huesos.
216
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.
Escrito con bolígrafo negro.
2. 47.064. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.064. También etiqueta adherida con el mismo
número escrita a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color negro. Cerraba la bolsa anterior.
[page-n-218]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Figura II.24. Restos óseos de la Sepultura XVI (47065).
Tabla II.14.
Figura II.23. Cavidad cotiloidea. Sepultura XVI (47065).
Figura II.25. Cavidad glenoidea y arranque arco zigomático.
Sepultura XVI (47065).
Tabla II.14. Sepultura XVI (47065).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
RESTOS NO
COSTOVERT.
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
12 g
Frgs. suturas
Frg. cav. glenoidea
y arranque arco
zigomático izq.
71 g
Frgs. diafisiarios fémur,
tibia y húmero
Frg. no especificado
antebrazo
Frag. diaf. prox. fémur
ant.
Frag. mett (V?)
12 g
Frag. cavidad
cotilociática
e isquion (49
mm diám. máx.
conservado)
-
-
95 g
Frgs. craneales
Extrems. sup. e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
80 % B
20 % A-N
Fresco
70 % B
30 % N
Fresco
90 % G
10 % B
-
-
Fresco
53,33 % B
30 % G
16,66 % N
550-600 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino (?)
-
1
Adulto masculino
-
-
-
1
Adulto masculino (?)
-
Efectos del fuego: L | U | O | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 15 % | Incineración: 85 %
Observaciones: Concreciones minerales.
217
[page-n-219]
la necrópolis ibérica de casa del monte
SEPULTURA XVI (47066)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47066”
2. Escrito con bolígrafo azul: “CASA DEL MONTE
– VALDEGANGA-“
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47066” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color blanco. Cerraba la bolsa de plástico.
Figura II.26. Restos óseos de la Sepultura XVI (47066).
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, frag. coxal.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.15.
SEPULTURA XVI (47067)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47067”.
2. Escrito con bolígrafo negro: “CASA DEL MONTE, VALDEGANGA, ALBACETE.”
Tabla II.15. Sepultura XVI (47066).
ESPLAC.
NEUROC.
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
ESQ.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
COSTOVERT.
IDENTIF.
IDENT.
Peso
Restos
-
13 g
Frgs. calota y
suturas
59 g
Frgs. diafisiarios fémur, tibia
y peroné
Frgs. diafisiarios huesos
largos extrems. sup.
Frg. clavícula der.
-
-
-
3g
75 g
Frgs. costales Frgs. cráneo
y diafisiarios Frgs. extrems.
sup. e inf.
Frgs. costillas
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
90 % B
10 % N
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
90 % B
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto
no especificado
-
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto no
especificado
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | T | I | O | S | G
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
218
[page-n-220]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47067” y muestra
etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color azul. Cerraba la bolsa de plástico.
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, esq. costovertebral,
no identificados.
OBSERVACIONES
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario entregado, se asigna a la Sepultura XVI.
Tabla II.16.
RESTOS ÓSEOS.
SEPULTURA XVIII (47102)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Al NO de ésta última construcción (¿) se comienza a determinar otra cuadrada que mide aproximadamente 2,80 de lado y que
NE parece adosado a otra pared que le une a las anteriores construcciones. La denominamos XVIIII y mañana se explorará y se
tomarán las medidas para fijarlas en el croquis” (26/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel: Lleva escrito a lápiz: “47102, Sep. XVIII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Figura II.27. Restos óseos de la Sepultura XVI (47067).
Tabla II.16. Sepultura XVI (47067).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
ESQ.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
COSTOVERT.
IDENTIF.
1g
Frg. maxilar
sup.
19 g
Frgs. calota y
suturas
61 g
Frgs. diafisiarios fémur,
tibia, húmero y antebrazo
-
4g
Frgs. apófisis
articulares
vertebrales
lumbares
2g
Frgs. huesos
largos (?)
87 g
Cráneo
Extrems. sup.
e inf.
Esq.
costovertebral
Fresco
B
Fresco
80 % B
10 % N
10 % M
Fresco
80 % B
10 % N
10 % M
-
Fresco
80 % B
20 % N
Fresco
80 % B
20 % N
Fresco
77,5 % B
16,25 % N
6,25 % M
600 ºC
1
Adulto no
especificado
-
1
Adulto
no especificado
-
-
1
Adulto maduro Adulto no
especificado
Leve reborde
artrósico
1
Adulto no
especificado
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
1
Adulto maduro
Articular
Efectos del fuego: L | I | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 20 % | Incineración: 80 %
219
[page-n-221]
la necrópolis ibérica de casa del monte
SEPULTURA XIX (47148)
OBSERVACIONES
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
No existen descripciones de la tumba ni de los restos contenidos
por ésta; quizá debido a una pérdida del manuscrito.
Estructura cuadrada.
“Explorando a P (poniente) del XVIII y al NO de la sepultura........... explorada XVII, y a un golpe de arado (azada?). Para
sacar una piedra de mediano tamaño que cuasi afloraba al suelo
aparecen cascos recién rotos de un vaso y que efectivamente se
trata de una urna cineraria.
Se trata de un perol de mediano tamaño al que le falta cuasi
todo el cuello, al parecer de muy antiguo, pues explorado a su
alrededor se han hallado los nuevos restos de tal parte del vaso.
Separado cuidadosamente, se nota que estaba encajonado entre
algunas piedras y arrimado a una pared que parece orientarse en
la misma dirección que todas las de las sepulturas.
Ocupaba cuasi el centro (un poco al NO) de una mancha de
cenizas de cómo sobre 50 cts de diámetro y unos 10 de profundidad
media, con huesos entre aquella y todo asentado sobre una capa
de tierra cocha. Inmediato al vaso ( a unos 8 cts) y en dirección
aproximada NO a SE, aparecen una espada y una pequeña lanza
superpuestas, que se colocaron enteras. Un fragmento parece acusar antenas de la empuñadura, y otros el asidero de escudo. Está
este enterramiento a 1,08 del ángulo P (poniente) de XVII y en la
prolongación de su lado SO. Se le denomina XIX (...)”.
“Vaciada la urna del enterramiento XIX, que aparece llena
de tierra, se encuentran entre ésta, en la parte superior, restos del
borde del vaso, lo que nos hace rectificar la suposición de que
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.17.
Figura II.28. Restos óseos de la Sepultura XVIII.
Tabla II.17. Sepultura XVIII (47102).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
H. LARGOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
<1 g
<1g
Frg. mandíbula* Frg. calota
-
-
-
<1 g
?
1-2 g
Frgs. craneales
Fresco
50 % B
50 % G-A
-
-
-
Fresco
B
Fresco
50 % B
50 % G-A
550-650 ºC
-
-
-
1
?
1
Infantil II-preadulto (?)
-
-
-
-
Infecciosa / anémica
1
Infantil II-preadulto
(escasa consistencia cortical y
porosidad típica)
No métrico MORFO.
PATOL.
Porosidad y proceso proliferativo de la
cortical externa (¿infeccioso?)
Efectos del fuego: DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: *Coloración pigmentación metálica verde: bronce.
220
H. CORTOS /
PLANOS
[page-n-222]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
se coloca roto, y restos también (no sabemos si la completaban)
de una pequeña copa de las de Covalta y Almedinilla, que debió
servir de tapadera, como la del año último.
También aparece el resto de una fíbula de mediano tamaño
que completa el trozo de aro que se halló entre las cenizas de
fuera” (27/03/1920).
OBSERVACIONES
Enterramiento en urna con copa por tapadera, calzada y próxima
a una pared orientada; sobre mancha de cenizas. Como ajuar:
espada, lanza, fíbula. Urna vaciada en campo.
RESTOS ÓSEOS
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, costillas.
caja de cartón (60x60x25 mm): Caja de cartón cuadrada forrada
en papel verde y etiquetas adheridas. La superior: “Unión Española de Explosivos, 100 cartuchos para Flobert, Calibre 6 M/M,
con perdigón” Incluye un sello: “Arriendo de la Fabricación y
Venta Exclusivas de las Pólvoras y Materias Explosivas”. En un
lateral sello con la misma inscripción y en otro: “para Flobert,
ca....”.
En la parte superior se encuentra escrito a lápiz: “Casa del Monte,
Sep. XIX, Huesos”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.148. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 196, SEP. XIX.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.148. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color rojo y blanco. Cerraba la bolsa
anterior.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.18.
SEPULTURA XX (47062)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Cuasi al mismo tiempo á 1’80 mts á L del anterior enterramiento y á 2’30 del ángulo P de XVII y al quitar una loseta
(que estaba a unos 15 cts de profundidad) aparece al descubierto la boca de otra urna. Designamos este enterramiento
con el XX”.
“Se escava el enterramiento XX, y aparece un bello y completo vaso de forma de bobina pero al que el pié le dá un airoso
aspecto de copa.
Tabla II.18. Sepultura XIX (47148).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
Frg. cortical
interna alveolos
mandíbula
NEUROC.
3g
Frg. calota
Frg. sutura
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
10 g
Frgs. diafisiarios
huesos largos
-
2g
Dos frgs. costillas
-
15 g
Frgs. craneales
Frgs. huesos largos
Frgs. costillas
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
Fresco
100 % B
Fresco
100 % B
-
Fresco
100 % B
-
Fresco
100 % B
650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
1
Adulto joven (suturas abiertas)
1
Preadulto (escasa
consistencia
cortical)
-
-
1
Preadulto
(morfología
general)
-
-
1
Preadulto
-
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Se aprecian concreciones minerales adheridas a la superficie del hueso.
221
[page-n-223]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.29. Sepultura XIX.
Figura II.30. Restos óseos de la Sepultura XIX.
Vaciado, sólo contiene tierra y huesos, sin ningún resto metálico. Ocupaba el centro de una mancha de cenizas y huesos de sobre
medio metro, que cubrian el vaso por su tercio inferior, y al lado del
mismo, en la orientación NE una “falcata” (la primera que aquí se dá)
de las de hoja poco ondulada. Está rota por varios sitios. Revueltas
cuidadosamente las cenizas no se halla entre ellas resto alguno más,
chocándonos no encontrarlos de fíbula ni de lanza”.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos trozos de papel de periódico: Uno de ellos, “Las Provincias”
del 31 de mayo de 1920. Éste lleva escrito con tinta negra (parece de
pluma): “Casa del Monte, Entr to XX”. Envolvían los restos óseos.
papel fino de color beige: Lleva escrito: “Casa del Monte,
Huesos, Enterramiento XX”. Dentro del paquete de papel de
periódico.
fragmento de cuerda: Ataba el paquete de papel de periódico.
dos etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.062. Escrito a máquina.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.062. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color blanco. Cerraba la bolsa anterior.
Figura II.31. Restos óseos de la Sepultura XX.
OBSERVACIONES
Enterramiento en urna sobre mancha de cenizas. Vaciada en
campo. No lleva ajuar.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, huesos cortos/planos,
esq. costovertebral, no identificados.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.19.
222
Figura II.32. Huesos largos identificados. Sepultura XX.
[page-n-224]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.19. Sepultura XX (47062).
ESPLAC.
IDENT.
Peso
Restos
Frg. malar izq.
Frg. rama
mandíbula der
(?)
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
NEUROC.
55 g
Frg. sagital
frontal (F)
Fresco
90 % B
10 % A
1
Ad. femenino (?)
(>30 años por sutura sagital)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
H. CORTOS /
PLANOS
H. LARGOS
RESTOS
NO
IDENTIF.
ESQ.
COSTOVERT.
CONCLUSIONES
223 g
Frgs. diafisiarios
extrems. sup. e inf.
Frg. diafisiario radio
izq. (14,64x11,00 mm
y 40 mm de perímetro
en punto más bajo)
Frg. diafisiarios fémur
(24,16 mm diám.
aprox.)
Frg. diaf. tibia (22,37
mm diám. aprox.)
Frg. diáf. prox. peroné
3g
Frg. ext. post. cav.
cotiloidea
Frgs. articulares
tarso (F)
1g
Frg. costilla
Frg. cara art. post.
inf. vert. dorsal (F)
1g
Frg. cortical
externa
282 g
Frgs. craneales
Frgs. extrems sup.
e inf.
Frgs.
costovertebrales
Fresco
90 % B
10 % A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
99 % B
1%A
Fresco
95,4 % B
4,6 % A
>650 ºC
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general
extrms. inf.)
-
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general)
1
Ad. femenino (?)
(gracilidad general)
1
Ad. no
Ad. femenino (?)
especificado- (>30 años)
-
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I | U | S | LD | G | DI
Calidad de la recogida: Media
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
SEPULTURA XXII (47154)
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
caja de cartón (97x85x46 mm): “Cerecinas de la casa F.A.
SARG´SOHN & Cº. Viena, Austria. Calida IFRINIA. Registered
M.K.F. Schutzmarke. Marca depositada.”
Escrito a lápiz: “Casa del Monte (Albacete). Enterramiento XXII
X . (...) sortija de bronce y cascos de la (mina?) (?)”. Contenía
los huesos.
tres etiquetas de cartón:
1. Casa del Monte – Valdeganga -. Escrito con bolígrafo azul.
2. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 207, SEP. XXII.
Escrito con bolígrafo azul.
3. 47.154.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.154. Incluía todos los elementos.
“Cuasi al mismo tiempo a 1,80 mts a L del anterior enterramiento
y a 2,30 del ángulo P de XVII, y también debajo de una piedra
y a escasa profundidad (sobre 15 cts) aparece otra boca de urna.
Se denomina esta sepultura XXII”.
“Explorando el enterramiento XXII se halla una urna de
forma de perol de mediano tamaño (sobre 16 cts de alto), que
también ocupa el centro de una mancha de cenizas con restos
óseos, entre las cuales no se halla arma, útil ni joya alguna. La
urna aparece rota por varios sitios, pero sin faltarle nada. Vaciada
no contiene nada digno de notarse.” (27/03/1920).
223
[page-n-225]
la necrópolis ibérica de casa del monte
alambre plastificado: Color naranja. Cerraba la bolsa anterior.
OBSERVACIONES
Urna vaciada en campo. No existe seguridad de que los restos
procedan del interior de la urna o de la mancha de cenizas que
existía bajo ésta.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, restos no identificables.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Figura II.33. Sepultura XXII.
Tabla II.20.
SEPULTURA XXIII (47156)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Limpiando las construcciones.........existentes entre XVIII y IX
se determina una cuadrangular que tiene como base la pared paralela e inmediata IX, que se había determinado antes. Mide sobre
2,60 mts de lado, se halla separada 70 cts de IX, y los ángulos
N y O distan de los mismos de aquella respectivamente 4,25 y
5,10 el N y 4,20 y 3,20 el del O. Se designa esta construcción
con el nº XXIII.
Figura II.34. Estrías de crecimiento. Sepultura XXII.
Tabla II.20. Sepultura XXII (47154).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
26 g
Surcos int. occipital
Temporal
Parietal
-
-
-
-
1g
Frg. mtc. (?)
27 g
Neurocráneo
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
70 % A
20 % B
10 % N
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
Fresco
55 % B
35 % A
10 % N
550-650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
1
Preadulto*
-
-
-
-
-
1
Preadulto
-
Efectos del fuego: L | U | O (F) | S | LD |
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 600 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Concreciones minerales tanto en caras externas como en las internas. Superficie del hueso pulverulenta.
*Perviven ciertas estrías de crecimiento, conviviendo con suturas y morfología completamente desarrolladas.
224
[page-n-226]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Partiendo de estos dos últimos puntos precisados se fija en
el croquis la construcción XXIII, según las siguientes medidas:
el ángulo L también respectivamente de aquellos 1,90 y 3,10; el
N 4,50 y 5,20; y el ángulo P (poniente), 5 y 4,70” (27/03/1920).
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
etiqueta de cartón: Lleva escrito por una cara a lápiz: “47156”,
y por la otra, con bolígrafo negro: “CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 211, SEP. XXIII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
OBSERVACIONES
No se hacen referencias a los restos óseos ni a los elementos de
ajuar que pudiese contener la tumba.
Estructura cuadrangular.
Figura II.35. Restos óseos de la Sepultura XXIII.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.21.
SEPULTURA XXXI (47157)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“La XXXI. Aparecen las cenizas a unos 54 cts del nivel del suelo
y a 63 de fondo el terreno de la loma. Se marca un lado de esta
poza que debió ser cuadrada, hecha de barro amasado con paja
y hojas de encina. El lado que queda está orientado como las
sepulturas; es el lado SE y mide lo que queda 70 cts de largo;
debiendo tener de fondo 16 cts aproximadamente. El fondo es
un macizo/macico?? Del mismo barro. Excavado este enterramiento, ha dado entre las cenizas muy escasas, apenas huesos
y tres fracciones de un aro que debió ser pulsera o brazalete de
bronce (sic). Ni vaso ni restos de él, ni fusayolas. Entre la tierra
que rodea las cenizas se hallan dos pinzas de bronce muy oxidadas. Una parece el arco de una fíbula de mediano tamaño (sic)
que oferta una forma no aproximadamente semicircular, sino algo
serpenteante que parece recordara algún tipo de la Tênne pero el
tener rota lo que pudiera ser cola la hace inclasificable. Como el
otro resto, con el anterior hallado, es parte de un aro, nos hace
suponer que ambas son restos de una fíbula hispánica, con arco
de forma especial” (12/10/1920).
Tabla II.21. Sepultura XXIII (47156).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
ESQ.
PLANOS
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
12 g
Frgs. diafisiarios de brazo y antebrazo
-
-
-
12 g
Frgs. extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
B
-
-
-
Fresco
B
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
-
-
-
-
1
Preadulto (?)
No métrico MORFO.
PATOL.
-
-
1
Preadulto (?). Escaso grosor y
consistencia en general de la cortical
-
-
-
-
-
Efectos del fuego: L | T | I
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Alteraciones tafonómicas tipo estriamientos longitudinales, porosidades, concreciones minerales y textura yesosa externa: exposición a la
intemperie.
225
[page-n-227]
la necrópolis ibérica de casa del monte
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
RESTOS ÓSEOS
trozo de papel fino marrón:Envolvía los huesos.
trozo de papel blanco: Escrito a lápiz: “47157, Sep. XXXI”.
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos
y los restos óseos.
Contenido: Huesos largos.
OBSERVACIONES
Enterramiento en “poza” (revestida de barro-arcilla y paja) de
unos 16 cts. de profundidad. Como ajuar: fragmentos de una
pulsera o brazalete y dos pinzas o fragmentos de una misma
fíbula hispánica.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.22.
SEPULTURA XXXIV (47142)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“La XXXIV. Está a 10,09 a P de XXXIII. Aparecen las cenizas a unos 23 cts del suelo. Es de poza cuadrada de barro
cocho amasado con paja y todo semicubierto de barro. Se
ven claramente dos lados (NE y NO) del cuadrado mediano
sobre 51 cts de grueso pues las caras interna e inferior están
cuasi calcinadas como de haberse asentado sobre fuego. Los
huesos, abundantes parecen indicar una cremación bastante
incompleta. Superficialmente aparecen trozos de tiesto y luego
entre huesos y cenizas pequeña piedra; y entre ello dos trozos de lámina de hierro que parecen restos de un cuchillo; un
como chuzo de hierro que por el lado del enmangamiento y en
su interior parece revestido de cobre o bronce; y el extremo
de la punta de una lanza o jabalina. No puede estimarse esta
sepultura sino como distinta de la XXXIII, por haber solución extensa/exterior? De continuidad entre ambas manchas
de cenizas y por la distancia y la duplicidad de pocitos. No se
ha notado más restos, ni indicios de hierro de bronce. De las
cenizas al fondo, 23” (12/03/1920).
Figura II.36. Restos óseos de la Sepultura XXXI.
Tabla II.22. Sepultura XXXI (47157).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
2g
Frgs. diafisiarios de brazo
y antebrazo (?)
-
-
-
12 g
Frgs. extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
100 % B
-
-
-
Fresco
100 % B
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
Efectos del fuego: L | T | I | U
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
226
[page-n-228]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
OBSERVACIONES
fragmento de papel de periódico: Envolvía los huesos. Se
encontraba en el interior de la caja de cartón.
caja de cartón (109x67x42 mm): “Unión Española de Explosivos. Taller a cargo de cartuchos C. 12. La Sociedad ruega
a los consumidores se sirvan exigir, les sean entregados los
paquetes con el precinto intacto. Las reclamaciones diríjanse
a Villanueva, 11, Madrid.”. En un lateral aparece un sello con
texto: “Arriendo de fabricación y venta explosivas de las pólvoras y .....aterías explosivas”. Alrededor de la caja se adhiere
un papel decorado con dibujos del sello de fabricación en color
beige: “Cartuchos Eley Diamond, Pólvora Diamond S/H. Carga
Moderada. Perdigón 5.” “262 ..-“. “10 Cartuchos, Pesetas 2,
-, Cartuchos cargados para escopeta central, calibre 12”. En la
cara inferior sello: “Recargo de PTAS. 0,15 correspondiente
al impuesto”.
Escrito con lápiz violeta: “XXXIV, Huesos (¿)”. Otras cifras a
lápiz tachadas. “XXIV ..........” y “XXI=fusayolo”.
tres etiquetas de cartón:
1. CASA DEL MONTE -VALDEGANGA-. Escrito con bolígrafo azul.
2. 47.142. Escrito a máquina.
3. CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 179, SEP. XXXIV.
bolsa de plástico transparente: En el exterior, escrito con
indeleble: 47.142. También etiqueta adherida con el mismo
número escrito a máquina. Incluía todos los elementos.
alambre plastificado: Color azul y marrón. Cerraba la bolsa
anterior.
Sepultura de “poza” cuadrada realizada en arcilla (“barro cocho”
amasado con paja) de unos 23 cts. de fondo. Junto a los huesos:
cerámica, un cuchillo, un “chuzo” de hierro y punta de lanza.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frags. craneales, huesos largos, frag. escápula.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.23.
SEPULTURA XXXVIII (47132)3
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
“Se descubre la tumba VII. Forma ésta un pequeño cuadrado de
2,30 aproximadamente de lado y de la altura de una sola hilada
de piedras que viene a dar un promedio de 0,25 a 0,35. Apenas
quitada la primera capa de piedras de la superficie aparece aquellas sucias de cenizas por sus caras inferiores, y sin apenas capa
de arcilla que las separe de los restos de la hoguera se muestra
3 Ver nota 2.
Tabla II.23. Sepultura XXXIV (47142).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
CONCLUSIONES
IDENTIF.
IDENT.
Peso
Restos
-
5g
Frgs. suturas
Frgs. crestas occip.
endocran. (?)
35 g
Frgs. diafisiarios tibia
Frgs. diafisiarios húmero
Frgs. diafisiarios no
especificados
1g
Frg. escápula
(?)
-
-
41 g
Frgs. cráneo
Frgs. extrems. sup.
e inf.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
Fresco
100 % B
Fresco
60 % B
30 % A
10 % N
Fresco
B, A, N
-
-
Fresco
80 % B
15 % A
5%N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
-
1
Adulto no especificado
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
-
-
1
Adulto no
especificado
-
No métrico MORFO.
PATOL.
-
Efectos del fuego: L | U | O | S | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 5 % | Incineración: 95 %
227
[page-n-229]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura II.37. Sepultura XXXIV.
Figura II.38. Restos óseos de la Sepultura XXXIV.
ésta enseguida, y en especial amontonadas en el ángulo NE de la
tumba y hasta la mitad de la extensión de cada pared que forma
el ángulo.
Entre la tierra quemada se encuentran: un gran puñal (o
espada corta) solo en dos trozos, una hoja de lanza mediana y
trozos del útil de aplicación desconocida que tanto se da en esta
necrópolis, y un poco más al centro una fíbula ibérica grande.
También enredados con los hierros y la tierra aparecen muchos
tiestos pertenecientes a la misma pieza, que parece una gran taza
campaniana de las que se diesen en Covalta en las excavaciones
últimas. Solo han aparecido en la tierra negra algunos restos
óseos que no sabemos si son humanos y restos de la empuñadura de la espada o puñal. Es de notar que en resto del área de
la tumba apenas si hay tierra negra, que no se ha encontrado
restos de pocito y que en nivel inferior al gravan sobre que se
asentaban las cenizas, y por debajo de las piedras que forman
la pared E se ven evidentes restos de hoguera(s), así como si
la tumba se hubiera levantado sobre una de ellas, o si como la
que debió hacerse en el emplazamiento de esta tumba hubiera
rebasado por tal lado el área de aquélla. Hacemos un corte en
esta, para dilucidar este punto.
De lo que antecede parece conjeturarse que debió construirse una especie de terraza cuadrada, excavando el terreno y
rebajándose alrededor (así se explican las manchas de cenizas
encontradas a nivel inferior del fondo de la tumba), y tal vez sobre
tal terracilla se elevara la hoguera funeraria, cuyos restos rebasaron los bordes y rodaron a nivel más bajo por el lado que antes
se indica. =No: porque lo que se encontró á (sic) nivel inferior es
de sepultura de hembra (hilo de cobre, de pulsera, etc.) Tal vez
la [ilegible] de la copa campaniana y lo último sean de la misma
sepultura” (27/03/1919).
OBSERVACIONES
Del texto de la transcripción se desprende que la cremación se
realizó sobre una pequeña plataforma cuadrada (Enterramiento
en “poza” arrasado?). Como ajuar: fragmentos de un puñal o
espada corta y una fíbula ibérica.
Existe otra bolsa con el mismo número de sepultura (VII)
pero con el número 47.088 (Ver nota 2).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Frag. craneal, huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.24.
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
etiqueta de cartón: Lleva escrito por una cara a lápiz: “47132”,
y por la otra, con bolígrafo negro: “ CASA DEL MONTE (VALDEGANGA), Nº 160, SEP. VII”.
bolsa de plástico transparente: Incluye los restos óseos y
las etiquetas.
228
Figura II.39. Restos óseos de la Sepultura XXXVIII.
[page-n-230]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.24. Sepultura XXXVIII (47132).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
-
<1 g
<1 g
-
-
-
<1 g
Restos
-
Frg. calota
Frgs. huesos largos
extrem. sup (?)
-
-
-
Frg. cráneo
Frg. extrem. sup. (?)
Hueso
-
Fresco
Fresco
-
-
-
Fresco
Color/T.ª
-
B
B
-
-
-
B
>650 ºC
Nº indiv.
-
1
1
-
-
-
1
Edad/Sexo
-
Preadulto (?): escaso
grosor tabla craneana y
suturas
Preadulto (?): escaso
grosor cortical
-
-
-
Preadulto (?)
No métrico -
-
-
-
-
-
-
MORFO.
-
-
-
-
-
-
-
PATOL.
-
-
-
-
-
-
-
RITUAL
DEMO.
Efectos del fuego: L | G | DI
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima 650 ºC | Carbonización: 0 % | Incineración: 100 %
Observaciones: Concreción mineral de color rojo en la tabla exocraneal.
Las siguientes fichas de estudio no tienen sepultura asignada,
pero se recogen aquí porque aportan datos sobre las pautas de
las cremaciones identificadas.
SIN REFERENCIA (47104)
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
dos etiquetas de cartón:
1. Escrito a máquina: “47104”.
2. Escrito con bolígrafo azul: “CASA DEL MONTE – VALDEGANGA “.
bolsa de plástico transparente: Incluye todos los elementos.
Posee escrito en el exterior con indeleble: “47104” y muestra etiqueta adhesiva con el mismo número escrito a máquina.
alambre plastificado: Color negro y marrón. Cerraba la bolsa
de plástico.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso, por exclusión. En
el inventario aportado tampoco aparece ninguna identificación.
RESTOS ÓSEOS
Contenido: l 1 sup. izq.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.25.
SIN REFERENCIA (47111)4
REFERENCIAS DE LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS
DIARIOS DE CAMPO DE D. ISIDRO BALLESTER TORMO
ELEMENTOS QUE ACOMPAÑAN LOS RESTOS ÓSEOS
fragmento de papel de periódico el 11 de noviembre de 1919:
Envolvía los huesos.
un trozo de papel: Escrito a lápiz: “47111”.
bolsa de plástico transparente: Incluía todos los elementos.
4 Teniendo en cuenta las fechas del periódico que envolvía los restos, se
puede inferir que éstos podrían corresponder a las sepulturas excavadas en
ese mismo año. Son cuatro las cremaciones sin restos óseos identificados: IV,
V, VI y XIII. De las Sepulturas IV y VI Ballester Tormo especifica que no se
encontraron restos óseos, lo que reduce las posibilidades a V y XIII. En ambas
se señala la existencia de escasos huesos. Nota de las autoras (CMP y LSC).
229
[page-n-231]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla II.25. Sin referencia (47104).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
<1 g
I 1 sup. izq.
-
-
-
-
-
-
<1 g
I 1 sup. izq.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
No quemado
-
-
-
-
-
No quemado
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
1
Adulto (>30 años)
-
-
-
-
-
1
Adulto (>30 años)
No métrico MORFO.
PATOL.
Caries cervical interdental medial
Desgaste oclusal grado 5
(Perizonius)
-
-
-
-
Dental
-
-
Figura II.40. Caries cervical (47104).
Figura II.41. Desgaste oclusal (47104).
alambre plastificado: Color blanco y negro. Cerraba la bolsa
anterior.
OBSERVACIONES
No se registra el número de sepultura a la que pertenecen los
restos óseos. La asignación será en todo caso por exclusión (ver
nota 4).
RESTOS ÓSEOS
Contenido: Huesos largos.
ANÁLISIS DE LOS RESTOS IDENTIFICADOS
Tabla II.26.
230
Figura II.42. Restos óseos sin referencia (47111).
[page-n-232]
anexo ii: fichas de estudio de los restos óseos
Tabla II.26. Sin referencia (47111).
ESPLAC.
NEUROC.
H. LARGOS
H. CORTOS /
PLANOS
ESQ.
COSTOVERT.
RESTOS NO
IDENTIF.
CONCLUSIONES
IDENT.
Peso
Restos
-
-
13 g
Frgs. extrems. sup
-
-
-
13 g
Extrems. sup.
RITUAL
Hueso
Color/T.ª
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
-
-
-
Fresco
90 % B
10 % N
>650 ºC
DEMO.
Nº indiv.
Edad/Sexo
No métrico
MORFO.
PATOL.
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
-
-
1
Adulto no especificado
-
-
Efectos del fuego: L | T
Calidad de la recogida: Superficial
Calidad de la combustión: Intensa
Temperatura: máxima >650 ºC | Carbonización: 10 % | Incineración: 90 %
Observaciones: Alteraciones tafonómicas tipo estriamientos longitudinales, porosidades y textura yesosa externa: exposición a la intemperie.
231
[page-n-233]
[page-n-234]
Anexo III
Tablas de resumen de los ajuares
y características básicas de las sepulturas
233
[page-n-235]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.1. Ajuares y características básicas de las sepulturas I-VI.
Núm.
I
II
III
IV
V
VI
Tumba
Empedr. grande
+ loc. cuadr + bustum
Empedr. grande
+ loc. circ + bustum
Hoyo
+ bustum
Empedr. mediano
+ bustum
Empedr. grande
+ bustum
Pread.
Inf. II-preadulto
Hoyo enlucido
+ bustum
Lebes + tapa C
Adulto joven fem.
No había
Escasos (diario)
No había
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
234
2
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
5
2
1
2
4
2
1
[page-n-236]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.2. Ajuares y características básicas de las sepulturas VII-XII.
Núm.
Tumba
VII
VIII
IX
Empedr. mediano Hoyo elips. enluc. Empedr. mediano
+ bustum
+ bustum
+ loc. circ.
Urna
Restos humanos Adulto o preadulto Adulto masculino
Armamento
Falcata
Espada
1
1
Puñal
Vaina
1
1
Cuchillo
1
1
Soliferreum
Lanza
1
Regatón
1
Escudo
1
1
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
1
1
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
1
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
3
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
3
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
Adulto fem.?
X
XI
XII
Empedr.mediano
+ loc. cuadr.
Empedr.pequeño
+ bustum
Empedr. pequeño
Adulto
Adulto >14
Escudilla (diario)
Adulto
1
1
1
1
1
1
2
3
1
1
1
2
1
2
1
1
1
6
1
8
5
1
1
1
1
235
[page-n-237]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.3. Ajuares y características básicas de las sepulturas XIII-XVIII.
Núm.
XIII
XIV
XV
XVI
XVII
XVIII
Tumba
Hoyo
Empedr.
mediano
Empedr. pequeño
Hoyo
Empedr. grande
Empedr. mediano
No se citan
Adulto joven
Orza + tapa ML
Adulto masculino
No se citan
Inf. II, preadulto
Urna
Restos humanos Escasos (diario)
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
1
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
236
1
1
1
3
1
1
1
1
1
2
1
2
1
1
6
1
1
6
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
1
8
[page-n-238]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.4. Ajuares y características básicas de las sepulturas XIX-XXIV.
Núm.
XIX
XX
XXI
XXII
XXIII
XXIV
Tumba
Hoyo + bustum
Tinajilla + tapa C
(diario)
Preadulto
Hoyo + bustum
Cratera imit + tapa
ML
Adulto >30 ¿fem.?
Hoyo
Ática + Tapa
crátera imit.
Escasos (diario)
Hoyo + bustum
Urna + tapa ML
(diario)
Preadulto
Empedr. mediano
Empedr. inc.
Preadulto
No se citan
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
1
1
1
1
1
2
1
2
1
1
3
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
2
1
237
[page-n-239]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Tabla III.5. Ajuares y características básicas de las sepulturas XXV-XXXI.
Núm.
XXV
XXVI
Tumba
Urna
Hoyo circ.
Hoyo
Escasos
huesos
Algún huesecillo (diario)
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
238
XXVII
XXVIII
XXIX
Mancha ¿ustrinum? Mancha ¿ustrinum? Empedr. grande
Pocos huesos
(diario)
No se citan
No se citan
XXX
XXXI
¿Hoyo?
Hoyo cuad. enluc.
No se citan
Adulto
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
1
1
1
2
1
1
1
4
1
[page-n-240]
anexo iii: ajuares y características básicas de las sepulturas
Tabla III.6. Ajuares y características básicas de las sepulturas XXXII-XXXVIII.
Núm.
XXXII
XXXIII
XXXIV
XXXV
XXXVI
XXXVII
XXXVIII
Tumba
Hoyo cuadr. enluc.
+ bustum
Mancha
Hoyo cuadr.
enluc. + bustum
Hoyo
Empedr. grande
Hoyo
Hoyo
Restos pequeños
Apenas huesos
Adulto
Escasos
No se citan
No se citan
Adulto o
preadulto
Urna
Restos humanos
Armamento
Falcata
Espada
Puñal
Vaina
Cuchillo
Soliferreum
Lanza
Regatón
Escudo
Varios Fe
Indumentaria/
Ornamento
Fíbula
Placa
Pinzas
Anillo
Pulsera
Bronce
Pasta vítrea
Cuenta collar
Cerámica
C. Ibérica
Tejuelo
C. Importada
Indeterminado
Fusayola
Otros
Figura T
Piedra
Anilla Br
Lingote cf Br
Clavo Fe
Biapuntado Fe
Pletina Fe
Vegetal CA
Objeto madera
Tabas
Objeto de HU
Concha
1
1
1
1
2
1
1
1
1
1
2
1
1
1
1
239
[page-n-241]
[page-n-242]
Anexo IV
Notas biográficas
La intención de este Anexo es reconocer la labor de las personas
que participaron e hicieron posible la excavación de Casa del
Monte y, más de 100 años después, su publicación completa.
Desafortunadamente no hay constancia del nombre de todas ellas,
pero aportaremos los datos conocidos a modo de homenaje a
todas ellas.
Isidro Ballester Tormo es sin duda el protagonista de esta
mirada al pasado. Y es la persona de la que más información se
conserva recogida en diversas notas biográficas de donde se ha
extraído la siguiente información (Cerdá Reig 1952; Pericot García 1952; Martí Oliver 2006; de Pedro Michó 2006).
Nació en Nerpio (Albacete) el 12 de agosto de 1876 donde su
padre, originario de la comarca valenciana de la Vall d’Albaida,
ejercía como notario. Más tarde se trasladó a la Pobla del Duc,
y el joven Isidro cursó el primer año de bachillerato en Xàtiva
y los restantes en los Padres Escolapios de Gandia, donde entró
en contacto con el P. Leandro Calvo, quien le inculcó la afición
por la arqueología.
Estudió Derecho en la Universitat de València, licenciándose en 1901 y ejerció como abogado en Albaida y en València.
Fue diputado del Partido Conservador por el distrito de Xàtiva-Albaida entre 1915 y 1924, coincidiendo parcialmente con
las excavaciones en Casa del Monte. Fue vicepresidente de la
Diputación de València entre 1930 y 1931. Estuvo casado dos
veces y de su primer matrimonio tuvo un hijo que falleció a
edad temprana. Una enfermedad de su segunda esposa la dejó
ciega cuando él también estaba perdiendo vista. Murió el 13
de agosto de 1950.
Francisco Cerdá Reig, quién conoció a Ballester Tormo y
compartió con él la actividad política, escribió en 1952: “…en
aras a su gran vocación científica, sacrificó su carrera y su bufete,
sus aspiraciones políticas, su patrimonio económico y hasta la
comodidad de su propia vida familiar…”.
Inició sus trabajos arqueológicos en Covalta (Albaida-Agres)
hacia 1906, donde estuvo excavando entre 1917 y 1919, al mismo
tiempo que empezó las intervenciones en Casa del Monte (19181920); a las que siguieron otras muchas.
En 1927, fundó el Servicio de Investigación Prehistórica y
su Museo dependiente de la Diputación de València del que fue
su director hasta 1933, aunque fue nombrado director honorario
en 1935. Tras los avatares de la guerra civil, en 1942 accedió de
nuevo a la dirección del Servicio de Investigación Prehistórica
con un sueldo anual, que antes no había recibido, hasta su fallecimiento en 1950.
En 1928, se publicó el primer volumen del Archivo de
Prehistoria Levantina, que todavía se publica, y en 1937 la
serie Treballs Solts, actualmente publicada con el nombre Trabajos varios.
Matilde Alafont Sanz, su segunda esposa, le acompaña en
algunos de sus desplazamientos como Ballester Tormo refiere en
el diario nº 67, con una escueta nota el día 10 de octubre de 1920:
“Llegamos por la mañana Matilde y yo” (fig. IV.1).
Feliciano Colomer y Ramírez de Arellano, por entonces
propietario de la finca, era miembro de la Sociedad Española de
Excursiones entre 1893 y 1918. Actualmente, el propietario de
Casa del Monte es el empresario Modesto Abad Aledón.
El único peón del que cita su nombre es Pascual José Martínez García, vecino de Valdeganga. En marzo de 1920 participó
como peón y, según escribió Ballester Tormo en los gastos de las
campañas, estaba haciendo el servicio militar en Alcoi, indicando
el batallón y el nombre de su padre, José Martínez (fig. 3.10).
Buscando información en la red, se ha encontrado su nombre en
un listado de reclutas de 1917 publicado por la Diputación de
Albacete (Tabla IV.1). También aparece su nombre, explicitando
que era un labrador de Valdeganga, en un censo de represaliados (fig. IV.2).
241
[page-n-243]
la necrópolis ibérica de casa del monte
Figura IV.1. Tarjeta de visita de Isidro Ballester Tormo y Matilde
Alafont Sanz encontrada entre los materiales de Casa del Monte.
Censo de Represaliados de la UGT
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Albacete
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Labrador
Profesión
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Organizaciones de militancia
PCE
UGT
CNT
Nº causa/s
Causa nº 1123 (Albacete)
Imputación delito
Auxilio a la rebelión
Sentencia
Doce años y un día de reclusión menor
Cárcel/cárceles
Albacete
Ver todo fichas con este valor
Fuentes documentales del
proceso
Archivo General e Histórico de Defensa, Caja 14610/1
Portal de víctimas de la dictadura en Castilla-La Mancha
franquista
Según la sentencia acusado de: "hacer guardias como miliciano armado,
intervenir en la destrucción de la Iglesia y estar presente en la detención del
Cabo de la Guardia Civil, sin llegar a cooperar en ella"
Observaciones
Presidente de la CNT
Resultando hechos probados
según la sentencia del tribunal
Portal de víctimas de la dictadura en Castilla-La Mancha
Conjuntos de fichas
Figura IV.2. Ficha de Pascual Martínez García en el Censo de Represaliados de la UGT. Fundación Francisco Largo Caballero.
242
El proyecto
Fuentes
Razones y objetivos
documentales
Apoya y colabora en la financiación
El equipo
Colaboradores
Cómo buscar
Filtros A-Z
Proyecto Censo de Represaliados de la
[page-n-244]
anexo iv: notas biográficas
Tabla IV.1. Reclutas de Valdeganga.
AÑO
EXPEDIENTE PERSONAL DE
LEGAJO
AÑO
EXPEDIENTE PERSONAL DE
LEGAJO
1917
Rodenas Gil, Antonio
14418 - 1
1917
Segovia González, Pascual
14419 - 3
1917
Landete Landete, Francisco
14418 - 2
1917
Landete Sánchez, Francisco
14419 - 4
1917
García Gil, Blas
14418 - 3
1917
Cutillas Calero, Juan
14419 - 5
1917
Calderón Calderón, Álvaro
14418 - 4
1917
Gómez Cutillas, Pascual
14419 - 6
1917
Pérez Martínez, José
14418 - 5
1917
Emiliano, Sotos, Dionisio
14419 - 7
1917
Landete Sánchez, José
14418 - 6
1917
Calero, Pedro
14419 - 8
1917
Martínez Hervás, Alonso
14418 - 7
1918
Cuesta Segovia, Demetrio
14419 - 11
1917
Herreros Gil, Andrés
14418 - 8
1918
Romero Íñiguez, Santiago
14419 - 12
1917
Sáez Sánchez, Juan
14418 - 9
1918
Segovia Martínez, Juan José
14419 - 13
1917
Sánchez López, José
14418 - 10
1918
González González, Juan
14419 - 14
1917
Díaz Gil, Pedro
14418 - 11
1918
Heras Martín, Alfredo
14419 - 15
1917
Martínez Gil, Agustín
14418 - 12
1918
Gualda Calderón, Juan Ginés
14419 - 16
1917
Landete García, Juan
14418 - 13
1918
Gómez Landete, José Juan
14419 - 17
1917
Martínez García, Pascual
14418 - 14
1918
Martínez Martínez, José Ramón
14419 - 18
1917
Tébar Cuesta, Francisco
14418 - 15
1918
Landete Sarrión, Juan
14419 - 19
1917
Landete Sánchez, José
14418 - 46
1918
Sarrión Segovia, Pascual
14419 - 20
1917
Fernández Valera, Juan
14419 - 1
1918
Calero Corredor, Juan
14419 - 22
1917
Gómez Gil, Leoncio
14419 - 2
1918
Romero Férnández, Pascual
14419 - 23
Con estos datos nos pusimos en contacto con el Ayuntamiento
de Valdeganga para indagar la existencia de información sobre
Pascual. Ana Mª Jiménez Murcia, Secretaria del Ayuntamiento de
Valdeganga y la admistrativa Irene Escañuela Armero buscaron
la información en los archivos y nos enviaron los documentos
escaneados de su nacimiento, matrimonio y defunción, así como
el acta de matrimonio de sus padres y del nacimiento de sus hermanos y hermanas.
Sus padres José Martínez García y Francisca García Navarro
contrajeron matrimonio en marzo de 1892. Tuvieron seis hijos
varones y tres mujeres, siendo Pascual el segundo nacido en
julio de 1896.
Pascual se casó con Josefa Tolosa Muñoz en abril de 1924,
pocos años después de participar en las excavaciones de Casa
del Monte. No tuvieron descendencia y Pascual falleció en abril
de 1975, con 79 años.
Gracias a la información aportada por Manuel Ortiz Heras1,
coordinador del Seminario de Estudios de Franquismo y Transición, hemos podido confirmar que Pascual era labrador sin
afiliación política hasta el 18 de julio de 1936 en que se afilió a
la U.G.T., al Partido Comunista y más tarde a la C.N.T.
Cuando en abril de 1939 le detuvieron por haber participado
o presenciado la destrucción y “quema de los santos” de la iglesia
de Valdeganga declaró haber sido presidente de la C.N.T. durante
dos meses. En 1940, en un Consejo de Guerra Sumarísimo, se
1 Catedrático de Historia de Contemporánea del Dpto. Historia de la
Universidad de Castilla-La Mancha correo: Manuel.Ortiz@uclm.es
Figura IV.3. Firma de Pascual Martínez García en el documento de
notificación de su indulto.
le acusó de auxilio a la rebelión y fue condenado a 12 años y un
día de reclusión menor, delito por el que se le indultó en agosto
de 1946, cuando ya gozaba de libertad condicional (fig. IV.3).
En uno de los documentos del Consejo de Guerra fechado en
Casas Ibáñez el 3 de septiembre de 1940 se indica que Pascual
mide 1.645 y tiene el “iris pardo, cara alargada, pelo negro y
barba del mismo color, nariz grande, piel oscura, boca grande”.
De los otros peones o braceros que participaron en las campañas no se recogen sus nombres. En las cuentas de gastos de 1919
consta que pagó entre tres y cuatro jornales cada día; en marzo
de 1920 fueron entre cinco y ocho; y en octubre del mismo año
trabajaron cuatro de Valdeganga y tres valencianos. Estos últimos
pudieron ser colaboradores de Ballester Tormo en las excavaciones de Covalta. En total un mínimo de 19 peones, teniendo en
cuenta que no hay datos de 1918.
En las fotos conservadas en el Archivo Fotográfico del SIP
se ven imágenes parciales de cuatro hombres, así como de una
mujer y un niño (fig. 3.9), de identidad desconocida.
243
[page-n-245]
[page-n-246]
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Filiación de autoría
Ernestina Badal García
PREMEDOC-GIUV2015-213. Departament de Prehistòria,
Arqueologia i Història Antiga. Universitat de València
ernestina.badal@uv.es
https://orcid.org/0000-0002-8296-1870.
Marta Blasco Martín
Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga. Universitat de València. Marta.blasco@uv.es
https://orcid.org/0000-0002-5360-8701
Francisco Cebrián Abellán
Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio. Facultad de Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La
Mancha.
Francisco.Cebrian@uclm.es
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Inmaculada López Flores
Arqueóloga y antropóloga autónoma.
ilf.antropologa@gmail.com
Diego Lucendo Díaz
Baraka Arqueólogos
diegolucendo@barakaarqueologos.es
Consuelo Mata Parreño
Grup de Rercerca en Arqueologia de la Mediterrania (GRAM).
Universitat de València. consuelo.mata@uv.es
https://orcid.org/0000-0002-4260-4748
Blanca Pérez Aguilar
Servicio de Biblioteca y Documentación Científica. Universitat
Politècnica de València
bperez.arq@gmail.com
Gianni Gallello
Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga.
Universitat de València. Gianni.Gallello@uv.es https://orcid.
org/0000-0003-3641-8815
https://orcid.org/0000-0003-3641-881
Lucía Soria Combadiera
Departamento de Historia, Área de Prehistoria. Facultad de
Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La Mancha.
lucia.soria@uclm.es
https://orcid.org/0000-0003-3158-6377
Francisco Gómez Bellard (†)
Escuela de Medicina Legal. Universidad Complutense de Madrid.
Tomás Torres González
Baraka Arqueólogos
tomastorres@barakaarqueologos.es
Joaquín Jiménez Puerto
PREMEDOC-GIUV2015-213. Departamento de Prehistoria,
Arqueología e Historia Antigua. Universitat de València.
joaquin.jimenez@uv.es
https://orcid.org/0000-0001-9760-9602
253
[page-n-255]
[page-n-256]
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