
Ampliando los registros del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid.
Concepcion Blasco Bosqued
Lorenzo Galindo
Vicente Marcos Sánchez
Patrcia Ríos
Corina Liesau
2016
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Del neolític a l’edat del bronze en el Mediterrani occidental.
Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver.
TV SIP 119, València, 2016, p. 257-267.
Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular:
ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
ConCepCión BlasCo, lorenzo Galindo,
ViCente MarCos sánChez, patriCia ríos y Corina liesau
resumen
El trabajo da a conocer tres ocupaciones neolíticas inéditas en yacimientos localizados en la Cuenca Baja del complejo JaramaHenares, en el sureste de Madrid: Prado de Galápagos, La Serna y Soto del Henares. Todos ellos han sido documentados en
el transcurso de intervenciones en “poblados de hoyos” con ocupaciones en diversos horizontes de la Prehistoria reciente. Las
ocupaciones neolíticas de La Serna y Soto del Henares han sido datadas por TL a mediados del VII y VI milenio BP respectivamente.
Especial interés reviste la asociación de uno de los conjuntos de “hoyos neolíticos” de Soto del Henares a un tramo de foso que
viene a reforzar la evidencia de la temprana apertura de este tipo de estructuras colectivas en el interior de la Península Ibérica, tal
como ya se ha confirmado en otras regiones peninsulares.
palabras clave:
Neolítico, poblados de hoyos, TL, Madrid, Península Ibérica.
abstract
New data from the Neolithic in the Iberian Peninsula center: unprecedented occupations in three sites in the Madrid region. Three
Neolithic sites located on the terraces of the confluence of Jarama-Henares rivers in the south-east of Madrid are presented in this
paper: Prado de los Galápagos, La Serna and Soto de Henares. They have been documented during preventive excavations in large
pit settlements with different occupations in Recent Prehistory. The Neolithic occupations of La Serna and Soto de Henares have
been dated by TL giving the result of the middle of the 7th. millennium for La Serna and 6th. BP for Soto de Henares. Special
interest reveal the association of one of the Neolithic pits to a ditch in Soto de Henares that comes to reinforce the evidence of
the early construction of this type of collective structures in Central Iberia, as it has been confirmed already for sites in others
peninsular regions.
keywords:
Neolithic, pit settlements, enclosures, TL, Madrid, Iberian Peninsula.
Es una satisfacción para nuestro grupo participar en el merecido
Homenaje al Doctor Bernat Martí que tanto ha contribuido al
avance de los estudios del Neolítico peninsular. Por ello queremos unirnos a esta dedicatoria con una aportación sobre nuevos
datos del Neolítico madrileño que permiten ampliar cuantitativa
y cualitativamente el conocimiento sobre algunos aspectos de
esta larga etapa en tierras del interior, cuyo proceso de neolitización muestra claras vinculaciones con los registros conocidos,
desde hace tiempo, en regiones que cuentan con una mayor trayectoria de investigación sobre este horizonte.
La repetida idea de la “escasez de datos existente sobre el
Neolítico madrileño” (Rubio, 2002: 131) es un argumento que
quedó definitivamente desterrado hace una década a partir del
descubrimiento y primera publicación de las minas de Casa
Montero (Consuegra et al., 2004) un yacimiento de más de 4
ha con 4.000 pozos de extracción de sílex que ha proporcionado
hasta una docena de dataciones que avalan su explotación desde
mediados del VI milenio cal BC (Díaz del Río y Consuegra,
2011). La relevancia y magnitud de este yacimiento permiten
presuponer que la ocupación de la cuenca baja del Jarama, particularmente en el entorno de las minas, no debió de ser tan
efímera y puntual como se había supuesto.
Esta evidencia empieza a verse reforzada por la cada vez
más numerosa nómina de yacimientos, especialmente agrupados en el sureste de la Región de Madrid, como consecuencia
del mayor número de intervenciones en extensión realizadas en
las últimas décadas y también por coincidir con la zona de las
vegas bajas de los ríos, bien irrigadas y con un buen rendimiento
agropecuario. Estos condicionantes medioambientales tan favorables quedan reflejadas en la distribución de los yacimientos
neolíticos madrileños conocidos, ya que sólo 8 de los 24 sitios
cartografiados en la última síntesis regional corresponden al
área serrana, coincidente con las cuencas altas (Bueno et al.,
2012: 511), mientras que los 16 restantes se localizan en el entorno de los tramos finales del complejo fluvial Jarama-Henares-Manzanares. A ellos se suman el Colector H5 (Gil y Calleja,
2009) y los tres que damos a conocer en este trabajo por lo que,
a fecha de hoy, el número de sitios neolíticos al aire libre en la
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C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Región sureste de Madrid, alcanza la veintena, aunque muchos
de ellos se conocen sólo por materiales descontextualizados o
por un pequeño conjunto de estructuras localizadas en yacimientos de grandes dimensiones, con ocupaciones posteriores
tanto calcolíticas como de la Edad del Bronce.
Como es habitual, los yacimientos serranos se localizan en
cuevas o abrigos donde generalmente aparecen los materiales
en superficie o en someras estratigrafías. Uno de los sitios de
este tipo, que más información ha aportado, es la Cueva de la
Ventana con dos niveles de ocupación neolítica (Jiménez Guijarro, 2010: 271) y tres dataciones que la testifican entre 6350 y
6010 BP y con un uso tanto de hábitat, como de enterramiento
(Jiménez Guijarro, 2005: 910).
Algo mejor caracterizadas empiezan a estar las aldeas al aire
libre localizadas en el entorno de las vegas de los cursos bajos
de los ríos con las que se inaugura el modelo de poblados de
hoyos que va a perdurar hasta finales del II milenio a.C., para
desaparecer con los primeros grupos del Hierro Antiguo. La mayoría de este tipo de yacimientos carece de estratigrafías, lo que
representa un problema a la hora de secuenciarlos, debido a la
similitud de las estructuras pertenecientes a los diferentes horizontes y a la escasez de materiales que permitan una asignación
cronológica fiable. A ello se suma, en el caso de las ocupaciones
neolíticas, la escasa extensión de su superficie en comparación
con las calcolíticas, por lo que es probable que, en no pocas
ocasiones, hayan pasado totalmente desapercibidas.
1. AMPLIANDO EL REGISTRO
Las recientes intervenciones en extensión realizadas en las dos
últimas décadas en territorio madrileño han ampliado el panorama de la Prehistoria regional de manera exponencial, no sólo
por el aumento del número de yacimientos sino por la calidad de
la información, al contar con intervenciones de gran extensión y
también con estudios analíticos de gran interés. En este sentido,
el horizonte neolítico no es ajeno a la mejora de datos, de ello
es buena prueba las Minas de Casa Montero, con una información excepcional para el conocimiento de las técnicas extractivas
y tecnológicas del momento. Este registro se complementa con
el considerable aumento de la nómina de ocupaciones neolíticas
en yacimientos como el Congosto (Martín Bañón, 2007), la Pista
de Motos (Domínguez y Virseda, 2009), O’Donell II y el colector H5 (Gil y Calleja, 2009); y unos años antes con La Deseada,
todos ellos en la Cuencas Bajas del Jarama-Manzanares aguas
arriba de su confluencia (Díaz del Río y Consuegra, 1999).
Entre estos, el mejor conocido es La Deseada, ubicado en un
enclave privilegiado próximo a la confluencia del Jarama con el
Manzanares él se han documentado un total de 12 subestructuras entre ellas una cabaña de planta circular con un diámetro de
6,20 m y un zócalo perimetral de 0,60 m de profundidad en el
que se insertan los postes de sustentación, cuyas modificaciones
han permitido distinguir hasta 3 fases constructivas de la estructura y una última de amortización y derrumbe (Díaz del Río y
Consuegra, 1999; Díaz del Río, 2001).
Fig. 1. Situación de la región de Madrid
en la Península Ibérica y localización de
los tres asentamientos neolíticos inéditos
(en negro) y otros yacimientos neolíticos
próximos (en rojo) a los que se hace
referencia en el texto:
1. Prado de Galápagos.
2. Soto del Henares.
3. La Serna.
4. Casa Montero.
5. Colector Sur.
6. Cueva de la Ventana.
7. Congosto.
8. Pista de Motos.
9. O’Donell.
10. La Deseada.
11. Las Zanjillas.
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Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
También es importante señalar que puntualmente, en alguno
de estos sitios, se han documentado “hoyos” que acogen enterramientos individuales, es el caso del conocido hace tiempo
del arenero de Valdivia, o inhumaciones dobles como la tumba
de El Congosto cuyos restos humanos han proporcionado una
datación de 6050±50 BP (Martín Bañón, 2007: 201).
Otra asignatura pendiente, en la investigación de este tipo
de asentamientos neolíticos al aire libre, era la escasez de dataciones numéricas, un problema que empieza a paliarse con
las obtenidas en O’Donell II, Pista de Motos, el colector H5 del
Manzanares (Díaz del Río et al., 2011), o la de El Congosto –a la
que nos hemos referido– y las cuatro que se realizaron por TL,
a partir de fragmentos cerámicos de la Colección Bento (Rubio,
2002 y Rubio y Blasco, 2005) de otro procedente del yacimiento
de Las Zanjillas (López et al., eds., 2011). Los valores de todas
estas dataciones se centran entre el tránsito del VII al VI milenio
BP y mediados del V milenio BP (V milenio-mediados del IV
cal AC) (Díaz del Río et al., 2011: 103).
Estos “poblados disgregados” son similares a los conocidos
desde hace tiempo, en otros puntos de la geografía peninsular,
ya que presentan sus mismas características: ubicación preferente en fondos de valle, lugares abiertos sin estructuras de delimitación, asociación de estructuras negativas, algunas utilizadas
como sepulturas, y cabañas realizadas en materiales efímeros de
las que excepcionalmente se conocen sus plantas a partir de los
hoyos de pies de poste (Martí y Bernabeu, 2012: 132).
En esta línea, nuestro estudio amplía el registro con tres
yacimientos más, excavados por la empresa Arqueoestudio S.
Coop., y localizados en las cuencas fluviales del complejo He-
nares-Jarama-Manzanares, donde ya hace tiempo se apuntaba
que era la zona de mayor concentración (Rubio, 1999-2000).
Dos de estos sitios se ubican en la cuenca del Jarama: Prado de
los Galápagos (San Sebastián de los Reyes/Alcobendas) y La
Serna (Arganda del Rey) y el tercero: Soto del Henares (Torrejón de Ardoz), en una terraza del río que le da nombre, en un
punto próximo a su confluencia con el Jarama (fig. 1). Como es
habitual en la mayoría de los poblados de hoyos, en estos tres sitios se han documentado extensiones más o menos amplias con
hoyos sin apenas aparente relación estratigráfica evidente, pero
de los que sólo un número reducido son neolíticos, contrastando
la escasa superficie que ocupan frente a las extensiones que alcanzan las estructuras calcolíticas.
2. PRADO DE GÁLAPAGOS (SAN SEBASTIÁN
DE LOS REYES)
El yacimiento se encuentra ubicado en la primera terraza del río
Jarama, a escasos metros del curso actual, en una explanada atravesada por pequeños arroyos laterales (arroyo de Tierras Viejas
y arroyo de la Vega) (fig. 1). Los trabajos de excavación se desarrollaron durante los años 2002-2003, con ocasión de las obras
de ampliación del Aeropuerto de Barajas con la construcción de
la Pista de Vuelo 18L-36R, sobre una superficie que abarca aproximadamente 44.600 m2. Se identificaron hasta 5 fases (Sánchez
et al., 2006); algunas de ellas con varias ocupaciones. La Fase I
corresponde a la Prehistoria Reciente (fig. 2, a) y se inaugura en
un momento no preciso del Neolítico. La Fase II se identifica con
Fig. 2. Prado de los Galápagos. Planimetría de la ocupación prehistórica con indicación del hoyo neolítico 9353
(a), detalle del hoyo (b) y cerámicas decoradas recuperadas en él (c-e).
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C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
la etapa hispanorromana (altoimperial y bajoimperial); la Fase III
pertenece a época visigoda (con hasta 4 subfases diferentes); la
Fase IV se asocia a la dominación omeya y, finalmente la Fase V
se relaciona con una ocupación cristiano-medieval.
A partir de los materiales recuperados, a la ocupación neolítica
sólo se han podido atribuir con seguridad dos estructuras, a las
que podría sumarse una tercera, aunque carece de materiales con
diagnóstico fiable. Las dos subestructuras de clara asignación neolítica son hoyos de planta circular y base plana; uno de ellos con
perfil cóncavo y el otro de perfil escalonado; tienen 1,30 y 1,60 m
de diámetro y una profundidad de 0,70 y 0,56 m respectivamente.
Estos dos hoyos contenían entre el sedimento, algunos restos
faunísticos. En la estructura 15182 se documentó, en el segundo
nivel, abundante barro cocido informe, y en el hoyo 9353 (fig. 2,
b) destaca un molino barquiforme además de varios fragmentos
cerámicos pertenecientes a tres recipientes que presentan superficies alisadas, tanto interiores como exteriores, y decoración de
apliques (cordones) (Bernabeu et al., 2011: 169-170).
Los fragmentos de uno de estos recipientes han permitido reconstruir su perfil, mide 11 centímetros de diámetro de boca, forma ovoide y base cónica (fig. 2, c); corresponde a la forma V, según los criterios de Jiménez Guijarro (2010: 471) y está decorado
con una guirnalda de cordón liso, el mismo elemento ornamental
que se ha aplicado también a un segundo contenedor, del que sólo
se ha podido reconstruir la parte superior cuyo diámetro de boca
mide 18 centímetros (fig. 2, d). Por último, un tercer recipiente
presenta dos cordones paralelos, el inferior es liso y, el más próximo a la boca, tiene una decoración complementaria de impresiones a ambos lados del cordón creando una espiguilla (fig. 2, e).
La filiación neolítica de estas piezas está fuera de toda duda,
tanto por la forma del recipiente con perfil completo, como por
las ornamentaciones de las tres vasijas. Entre los yacimientos
más próximos encuentra los paralelos más cercanos en La Deseada al que se le ha atribuido una posible cronología en el último tercio del “V milenio a.C., finales del VI cal AC” (Díaz
del Río, 2001: 172). Sin embargo, en otras regiones del Neo-
Fig. 3. La Serna. Planimetría general
del yacimiento sobre la topografía
natural y detalle de la ocupación
neolítica en ladera con indicación de
la estructura 15010.
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Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
lítico peninsular, este tipo de contenedores es particularmente
frecuente en las fases más antiguas (Rojo et al., eds., 2012). Así
mismo la decoración de cordones rectilíneos o curvos, lisos o
con impresiones, son muy frecuentes en buena parte de los yacimientos neolíticos de la cuenca del Tajo (Jiménez Guijarro,
2010) y pueden pertenecer a un lapso temporal amplio.
Además se documentó una tercera estructura (15361),
de 0,96 m de diámetro, planta circular y base cóncava, cuya
asignación al Neolítico puede deducirse por presentar una
colmatación de características similares a la de los dos hoyos
anteriormente descritos; a lo que se suma el haber entregado
otro molino barquiforme realizado sobre granito rosa, la misma materia prima con la que también se ha confeccionado el
molino de la estructura 9353.
3. LA SERNA (ARGANDA DEL REY)
Se localiza en una pequeña altura entre el arroyo del Cacerón y
el arroyo de Vilches, subsidiarios del Jarama (fig. 1). Concretamente la ocupación neolítica se instala en una zona de ladera, a
diferencia del asentamiento calcolítico que está enclavado en la
cota superior con mejor dominio visual; ambos asentamientos
ocupan espacios diferenciados. Los hoyos neolíticos se localizan en una superficie de 1.100 m2 y está subdividida en dos
áreas separadas por un paleocauce del que no sabemos si pudo
estar activo en este momento, ya que, aunque las subestructuras dejan en reserva esa zona, contiene pequeños fragmentos
cerámicos realizados a mano, muy rodados, lo que complica la
adscripción cronológica de su actividad (fig. 3).
Los trabajos de excavación de este yacimiento se iniciaron en
noviembre de 2010 y todavía hoy siguen en curso. Se ha intervenido sobre una extensión que supera ya las 6 ha. Como en Prado
de Galápagos, se han podido documentar diferentes fases, en este
caso, todas ellas correspondientes a la Prehistoria Reciente.
Se han localizado y excavado 14 hoyos neolíticos (fig. 3, b)
que, por sus dimensiones y formas, parecen corresponder con
estructuras de diferentes funciones. Siete de ellas tienen entre
1,1 y 1,60 m de diámetro de boca y una profundidad media de
0,40 a 0,60 m con dos niveles de relleno en los que aparece alguna lasca de sílex con retoques simples, sólo en cuatro de estos
hoyos se han recuperado restos cerámicos y en ninguno de ellos
hay desechos orgánicos.
La estructura 15080 presenta una acumulación de calizas y
cantos de cuarcita de diferentes tamaños, concentrados junto a
un perfil los cuales cubren un nivel de arcillas de color negro,
mezclado con pequeños carboncillos. Todo indica que podría
tratarse de los restos de una estructura de combustión.
Entre el material cerámico recuperado destacamos dos interesantes fragmentos del hoyo 15010 (fig. 4, a) decorados con
técnicas de impresión. Uno de ellos pertenece a un cuenco globular que presenta una doble línea de impresiones discontinuas
en torno a la boca (fig. 4, b). Este tipo de líneas discontinuas de
trazos verticales u horizontales se enmarca en el “grupo temático 9” de I. García y otros, al que se le asigna una cronología
antigua centrada entre la primera mitad del VI milenio y mediados del V milenio cal AC (García et al., 2011: 101 y fig. 5.19).
El segundo fragmento ofrece una decoración más compleja
de líneas horizontales de las que cuelga un triángulo con un
entramado de líneas horizontales, realizado con la combina-
Fig. 4. La Serna. Sección del hoyo 15010 (a); fragmento cerámico
de recipiente globular con decoración de impresiones (b);
fragmento cerámico con decoración incisa e impresa (c); sección
del hoyo 15012 (d); fragmento con decoración de apliques sinuosos
digitados sobre el que se ha realizado la datación por TL (e);
fragmento cerámico con decoración de líneas inciso-impresas
horizontales y paralelas (f).
ción de incisión e impresión, esta última de la modalidad de
sillon d’impressions (fig. 4, c), a la que se le asigna una amplia
cronología similar a la del fragmento que acabamos de describir (Alday y Moral del Hoyo, 2011). Tanto desde el punto de
vista de la técnica como del diseño encuentra su paralelo en
algunas de las piezas recuperadas en la Pista de Motos, un yacimiento cercano situado en la Cuenca Baja del Manzanares,
donde se documentaron dos silos neolíticos, uno de los cuales
ha proporcionado una datación de mediados del VI milenio cal
AC (Domínguez y Vírseda, 2009: 328).
En el hoyo 15012 se localizaron varios fragmentos decorados (fig. 4, d). Uno de ellos presenta un cordón digitado sinuoso (fig. 4, e). Otro presenta líneas inciso-impresas (sillon
d’impressions) paralelas y horizontales (fig. 4, f) y un tercero
presenta aplique de cordón digitado rectilíneo, una decoración
similar al de un pequeño fragmento recuperado en esta misma
estructura que ha sido datado por TL en 6321±446 BP. Una
cronología que entra dentro del marco temporal de las distintas modalidades de ornamentaciones impresas al que acabamos
de referirnos (Alday, ed., 2009). Por otra parte, varios de los
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C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Fig. 5. Soto del Henares. Plano general con calles de urbanización de la zona y topografía natural (a); detalle de las áreas con
estructuras neolíticas e indicación de los hoyos datados por TL (b).
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Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
fragmentos decorados y algunos de los lisos presentan restos de
acabados a la almagra, aplicada indistintamente en la superficie
externa y/o en la interna.
Entre estas estructuras se dispusieron otras de menor tamaño, son hoyos circulares, cuyos diámetros oscilan entre
los 0,50 y 0,70 m con una profundidad de entre los 0,10 y
0,12 m. Presentan rellenos geológicos unitarios pero ninguno
contiene materiales.
4. SOTO DEL HENARES (TORREJÓN DE ARDOZ)
Es el yacimiento mejor conocido de los tres que presentamos,
gracias a la mayor extensión afectada por las dos campañas de
intervención. Se encuentra en la orilla izquierda del Jarama,
próximo a su confluencia con el arroyo Torote, en un paraje
de alto rendimiento agropecuario (fig. 1). Se trata de una zona
con una cierta densidad de yacimientos prehistóricos, tanto
neolíticos como calcolíticos y de la Edad del Bronce. Dista
unos 6 km de Camino de las Yeseras, un sitio, también de prolongada ocupación, con un importante conjunto de recintos de
fosos en uso durante una buena parte del III milenio a.C. (Liesau et al., 2008; Ríos, 2011) y a 9,2 km de las minas de Casa
Montero ubicadas en la orilla derecha del Jarama (Díaz del Río
y Consuegra, 1999).
El yacimiento se localizó en 2005 durante los trabajos de
peritación de una zona que estaba ya en fase de urbanización de
un Plan Parcial, circunstancia que propició su excavación, llevada a cabo en dos campañas desarrolladas entre los años 2006
y 2007 y que afectaron a una extensión algo superior a 4 ha.
La superficie es importante aunque la excavación ha tenido que
limitarse a las parcelas resultantes de la urbanización, ya que no
se permitió intervenir en los viales ya trazados (fig. 5, a). Se ha
calculado que el yacimiento pudo llegar a tener una extensión
total de 10 ha, sumando el espacio de las diferentes ocupaciones
de la Prehistoria Reciente.
El volumen de información obtenido es ingente debido a
su dimensión y a la calidad del registro por lo que todavía se
encuentra en fase de estudio. No obstante, una primera revisión de los materiales permitió avanzar una nota preliminar
en las Cuartas Jornadas de Patrimonio Arqueológico de la Comunidad, que fue publicada en las correspondientes Actas; en
dicho trabajo ya se adelantaba que el sitio debió de ocuparse
inicialmente en el Neolítico, si bien la mayor intensidad y extensión del yacimiento se alcanza en el III y II milenios a.C.
Por último, hay también una pequeña ocupación de la Primera
Edad del Hierro (Galindo et al., 2009). Como es habitual en
estos yacimientos, su secuenciación no resulta fácil, a lo que
se suma la imposibilidad de discernir si estamos ante ocupaciones continuas o si existen fases de abandono, así como la
duración de los diferentes asentamientos.
La ocupación neolítica se ha localizado en dos zonas diferentes, la situada más al norte abarca un espacio de unos 7.000
m² y la que está más al sur se extiende por unos 2.600 m²,
quedando entre ambas un área sin evidencias arqueológicas
de unos 6.500 m² (fig. 5, b). De momento, no es posible determinar si las estructuras de estas zonas pertenecen a una misma ocupación o corresponden a asentamientos diacrónicos, lo
cierto es que en ambos espacios los hoyos son similares, no
sólo en su morfología sino también por las características de
sus rellenos y por su capacidad, con predominio de los que
tienen un diámetro de boca de alrededor de 1,50 m y con una
profundidad media de 1 m.
En el área norte destaca la presencia de un tramo de foso de
cierta entidad que, por las limitaciones impuestas por la actuación urbanística, no ha sido posible determinar si delimita, o no,
un recinto cerrado, en caso de que así fuera, se ha calculado que
dicho recinto podría haber alcanzado unos 1.000 m2 (Galindo
et al., 2009: 268). La longitud de zanja excavada es de 42 m, en
este recorrido se observa un trazado rectilíneo en su zona central
y curvo en los extremos. Tiene una anchura media de 1,45 m,
una profundidad variable que oscila en torno a los 0,50 m con
sección en “U” (fig. 6, a).
Desde el punto de vista sedimentológico presenta un relleno geológico, no alterado por desechos de la actividad antrópica, es decir, sin material orgánico, ni artefactos. La mayoría de los hoyos y otras estructuras localizadas en torno a
esta zanja, tampoco contienen restos industriales ni material
orgánico a excepción de algunas pocas lascas de sílex muy
rodadas. Sin embargo, la excepción la constituye un vaso
ovoide con cuello cilíndrico y base ligeramente apuntada, sin
ningún tipo de decoración, recuperado en el hoyo 8620; este
contenedor ha permitido obtener una datación por TL que ha
proporcionado un resultado de 5732±333 BP (fig. 8, b). Teniendo en cuenta la similitud de los rellenos de éste y del
Fig. 6. Soto del Henares. Planta y secciones del tramo de foso
neolítico (a); fotografía aérea de la zona norte de la ocupación
neolítica en la que se observa la intersección del foso neolítico bajo
el foso calcolítico (b).
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C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Fig. 7. Soto del Henares. Fotografía aérea de la zona sur con la
concentración de hoyos de la ocupación neolítica (a); fragmento del
recipiente ornamentado con incisiones e incrustación de almagra
y reintegración y dibujo del mismo con indicación de los lugares
donde aparecieron los restos de este ejemplar (b y c).
resto de los hoyos, así como el del foso, consideramos que el
valor aportado por la TL puede aplicarse a todo el conjunto.
Por otra parte la relación estratigráfica indica que este tramo
de foso corresponde a una ocupación anterior a la de otro foso
calcolítico que lo corta1 (fig. 6, b).
No menos interesante es el área sur donde se observa un
posible suelo de ocupación de 220 m2 (fig. 7, a) en el que se
concentran numerosos hoyos cuyo relleno geológico es similar al de los del área norte y apenas contiene restos industriales. Algunas de estas estructuras se encuentran infrapuestas
al mencionado suelo, mientras que otras están claramente
superpuestas.
Entre el poco material entregado por los hoyos neolíticos
destacan los restos de un contenedor de forma ovoide con el
arranque de un asa y una decoración de bandas rellenas de entramado de líneas horizontales realizada con incisiones resaltadas
por la incrustación de un pigmento rojo. Y otro fragmento de
un recipiente liso cuyas paredes conservan también restos de
almagra procedente del hoyo 5770, cercano a la zona de mayor concentración de silos, la datación obtenida por TL es de
5555±371 BP (fig. 8, a).
1
El tramo que corta al recinto neolítico corresponde a un foso que
pudo abarcar un amplísimo recinto de unas 10 ha. Está amortizado
con relleno con materiales calcolíticos, entre ellos, algunos fragmentos de cerámica campaniforme.
264
Fig. 8. Soto del Henares. Sección del hoyo 5770 y recipientes
recuperados en su interior, el inferior ha sido datado por TL (a);
sección del hoyo 8620 y recipiente cerámico en forma de botella
que ha sido datado por TL (b).
5. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Aunque el Neolítico no ha sido el horizonte más beneficiado
por la actividad urbanística y constructora de las últimas décadas en el entorno de la ciudad de Madrid, es cierto que su
visibilidad ha aumentado de manera importante no sólo por la
localización y estudio de las minas de Casa Montero, sino también por el número de sitios localizados, por su extensión y por
la aportación de dataciones que cubren la práctica totalidad de
las fases de este horizonte.
Con estos tres nuevos sitios que presentamos se enriquece
nuestro conocimiento sobre los sitios al aire libres ubicados
en las cuencas medias y bajas del complejo Jarama-HenaresManzanares a partir, al menos, del V milenio a.C., manteniéndose como una zona de ocupación preferente lo largo de toda la
Prehistoria Reciente, incluso exactamente en los mismos puntos
que fueron elegidos inicialmente por los grupos neolíticos para
sus pequeños asentamientos produciéndose ocupaciones reiteradas, como evidencian los tres yacimientos que damos a conocer, lo que avala la idoneidad de su elección.
No obstante, el todavía escaso número de dataciones, la
complejidad estratigráfica de los yacimientos y el problema
de la ausencia de restos orgánicos en algunos de ellos debi-
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Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
do, en parte, a la escasa superficie excavada, hacen todavía
difícil secuenciar los asentamientos neolíticos de este área
geográfica.
Por ello, dada la importancia de la ocupación neolítica de
Soto del Henares por la novedad de su foso con una alta cronología, y al no contar con materia orgánica sobre la que obtener
una datación por AMS, hemos optado por realizar dos dataciones por TL en dicho yacimiento y otra más en La Serna, donde
tampoco había muestra orgánica.
El resultado nos permitía, al menos, compararlas con otras
dataciones, también por TL procedentes de diversos yacimientos madrileños y del Espino, localizado en el segoviano Valle
del Duratón. Como puede comprobarse por la tabla 1, las dos
dataciones obtenidas sobre materiales procedentes de cada
una de las dos concentraciones de hoyos neolíticas de Soto del
Henares han proporcionado valores próximos, mientras que la
muestra de La Serna es algo más antigua.
De este resultado se extraen las siguientes conclusiones:
1. La diferencia entre las dos dataciones de Soto del Henares:
5732±333 BP y 5555±371 BP, no es lo suficiente amplia como
para asegurar que corresponden a dos asentamientos diacrónicos, pero tampoco permite deducir que sean sincrónicos.
2. La mayor antigüedad de la datación de La Serna con respecto
a Soto del Henares es coherente con las características de las
cerámicas de los dos asentamientos y por el mayor porcentaje
de contenedores decorados en el lote de La Serna.
3. Las dataciones de TL de este conjunto de yacimientos del
interior peninsular sitúan la ocupación neolítica de este ámbito
entre la segunda mitad del V milenio AC y la primera mitad del
IV milenio AC.
4. Comparando las dataciones de TL con las obtenidas por AMS
en otros yacimientos neolíticos madrileños, son totalmente
coincidentes si tenemos en cuenta los valores en BP de los análisis por AMS (Díaz del Río et al., 2011: 103), la desviación se
produce en la calibración ya que las dataciones por TL no se
calibran, un aspecto sobre el que ya antes nos pronunciamos
(Rubio y Blasco, 2005: 923).
5. Es necesario, por tanto, investigar para intentar alcanzar la
equivalencia entre ambas técnicas, sobre todo teniendo en cuenta las buenas perspectivas para afinar la desviación de los resultados por TL. Para ello es preciso la realización de análisis
ciegos por ambos métodos sobre muestras de un mismo yacimiento y contexto.
En todo caso, los tres yacimientos que damos a conocer justifican la idea de que a partir del V milenio a.C., el Neolítico
alcanza una mayor visibilidad a través de las aldeas instaladas
en las riberas fluviales, en zonas de buena capacidad para la
práctica agropecuaria, de cuyo rendimiento es prueba la reiterada ocupación de esos mismos puntos por parte de los grupos que
habitan la zona en los dos milenios siguientes.
Así mismo, se vuelve a poner de manifiesto la preferencia
por la ubicación en el fondo de los valles o en las terrazas próximas al río, generalmente a menos de 500 metros de un cauce,
aunque no se descarta tampoco el aprovechamiento de aguas
intermitentes como puede ser el caso de La Serna.
No hay duda de que con el Neolítico se inaugura un modelo
de asentamiento que busca mejores tierras donde la fertilidad
esté asegurada con una buena irrigación, especialmente durante
el estío, unas condiciones óptimas que ofrecen, con cierta garantía, las confluencias de los cursos más importantes.
La enorme densidad de yacimientos y la escasa entidad de
las evidencias de ocupación hacen pensar que se trata de asentamientos de una duración limitada, aunque no es posible calcular el tiempo de las estancias ni el ritmo de reocupación de un
mismo lugar.
En el caso concreto del Neolítico, todo parece indicar que
se trata de grupos de tamaño reducido, de apenas unas pocas
cabañas, que no debían de superar la media hectárea de extensión. Un buen ejemplo de ello puede ser Soto del Henares, el asentamiento neolítico de mayor superficie excavada
en la región de Madrid, donde se confirma que la ocupación
de este horizonte tiene unos 3.000 m2, incluyendo las dos
áreas localizadas, una extensión que se reduciría a la mitad
si se confirma que son consecuencia de dos asentamientos
diacrónicos.
Tabla 1. Dataciones por termoluminiscencia (TL) asignadas al Neolítico de la región de Madrid y alrededores.
Yacimiento
Ref. laboratorio
Datación
Bibliografía
O'Donnell
Valdivia W
Valdivia W
Vascos
Las Zanjillas
El Espino
El Espino
El Espino
El Espino
El Espino
La Serna
Soto del Henares
Soto del Henares
MAD 4310
MAD 2598
MAD 2594
MAD 2603
MAD 5535BIN
MAD 1049
MAD 1048
MAD 1052
MAD 1051
MAD 1050
MADN-6426BIN
MADN-6421BIN
MADN-6424BIN
5041±414 BP
6327±486 BP
5741±479 BP
6430±435 BP
5171±323 BP
6486±577 BP
6409±563 BP
6323±738 BP
6128±598 BP
6089±592 BP
6321±446 BP
5732±333 BP
5555±371 BP
Díaz del Río et al., 2011
Rubio, 1999-2000
Rubio, 1999-2000
Rubio, 1999-2000
López et al. (eds.), 2011
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Inédita
Inédita
Inédita
265
[page-n-10]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Desgraciadamente ninguno de los tres yacimientos que presentamos ha aportado restos faunísticos que permitan completar
la pobre muestra de fauna procedente de otros tantos poblados
neolíticos al aire libre en el interior peninsular (Liesau y Morales, 2012: 109). Tal vez habría que plantearse si en estos asentamientos neolíticos existe un modo de tratamiento de los residuos
domésticos diferente al conocido a partir del Calcolítico, quizás
por una posible práctica de acumularlos en puntos más alejados
de las áreas ocupacionales domésticas y de uso productivo.
Pero sin duda el aspecto más destacable que aporta el yacimiento de Soto del Henares es la presencia de un tramo de
foso perteneciente a la ocupación Neolítica, una adscripción
cronocultural que se sustenta en dos datos importantes: por
una parte, su colmatación con un relleno de las mismas características que los hoyos de su entorno con materiales neolíticos, el cual contrasta con los que amortizan los fosos y los
hoyos calcolíticos y, en segundo lugar, porque en un determinado punto el foso neolítico está cortado por un tramo de
foso de clara filiación calcolítica (véase fig. 7) (Galindo et al.,
2009: 279-271).
La existencia de este foso no viene sino a confirmar que,
también en el interior peninsular los recintos de fosos se inician
con el Neolítico aunque, de momento, la trayectoria de la longitud excavada (42 m), de tendencia circular, no nos permite
confirmar si se trata de un foso que delimita completamente un
recinto cerrado ni la dimensión del posible recinto.
La novedad está en que, hasta ahora, las dataciones más antiguas para los fosos del interior peninsular procedían de las aportadas por el material de relleno del tercer anillo del recinto 2 de Las
Pozas, uno de los muchos conjuntos conocidos del Valle del Duero, con un valor de 4425±30 BP (Delibes et al., 2014: 87 y García,
2013: 182), un valor numérico muy próximo al que ha proporcionado el material procedente del tercer foso del yacimiento de
Camino de las Yeseras, cercano a Soto del Henares, el cual ha
aportado una cronología de 4210±40 BP (Ríos et al., 2014).
Con esta nueva datación de 5555±371 BP, en un contexto
claramente neolítico, se confirma que se acorta la distancia temporal entre las primeras obras de carácter colectivo en el interior,
con respecto a lo que ocurre en otras áreas peninsulares de las
que ya se tenían noticias de fechas muy antiguas, como es el caso
del suroeste portugués (Valera, 2013; Valera et al., 2013); o del
Levante, donde el yacimiento de Mas d’Is ha sacado a la luz unos
fosos de dimensiones monumentales que han proporcionado dataciones antiguas obtenidas sobre carbón “a partir de los rellenos
inferiores que indican una cronología probable de construcción
de c. 5450 / 5400 cal. AC para el Foso 5, y c. 5150 / 5100 cal. AC
para el foso 4” (Bernabeu et al., 2003: 45).
Con los datos obtenidos, no sólo se confirma la intensidad
de la neolitización de la cuenca del Jarama, sino también el inicio de una cierta cohesión social entre sus pobladores, lo que les
permitió la ejecución de las primeras obras de carácter comunitario asociadas a algunas aldeas neolíticas de la región. Estos
fosos pueden ser, por tanto, el indicio de que en un momento,
posiblemente avanzado del Neolítico, la población empieza a
domesticar el territorio como consecuencia de haber alcanzado un cierto control de este espacio facilitándole también una
mayor estabilidad y por tanto dando viabilidad al inicio de la
ejecución de obras destacadas y de carácter colectivo en unos
paisajes todavía escasamente antropizados.
266
NOTA
Trabajo financiado por el proyecto I+D+i HAR2011-28731: “Las
sociedades calcolíticas y su marco temporal en la región de Madrid.
Una revisión a la luz de nuevos datos”. Ministerio de Economía y
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267
[page-n-12]
Del neolític a l’edat del bronze en el Mediterrani occidental.
Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver.
TV SIP 119, València, 2016, p. 257-267.
Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular:
ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
ConCepCión BlasCo, lorenzo Galindo,
ViCente MarCos sánChez, patriCia ríos y Corina liesau
resumen
El trabajo da a conocer tres ocupaciones neolíticas inéditas en yacimientos localizados en la Cuenca Baja del complejo JaramaHenares, en el sureste de Madrid: Prado de Galápagos, La Serna y Soto del Henares. Todos ellos han sido documentados en
el transcurso de intervenciones en “poblados de hoyos” con ocupaciones en diversos horizontes de la Prehistoria reciente. Las
ocupaciones neolíticas de La Serna y Soto del Henares han sido datadas por TL a mediados del VII y VI milenio BP respectivamente.
Especial interés reviste la asociación de uno de los conjuntos de “hoyos neolíticos” de Soto del Henares a un tramo de foso que
viene a reforzar la evidencia de la temprana apertura de este tipo de estructuras colectivas en el interior de la Península Ibérica, tal
como ya se ha confirmado en otras regiones peninsulares.
palabras clave:
Neolítico, poblados de hoyos, TL, Madrid, Península Ibérica.
abstract
New data from the Neolithic in the Iberian Peninsula center: unprecedented occupations in three sites in the Madrid region. Three
Neolithic sites located on the terraces of the confluence of Jarama-Henares rivers in the south-east of Madrid are presented in this
paper: Prado de los Galápagos, La Serna and Soto de Henares. They have been documented during preventive excavations in large
pit settlements with different occupations in Recent Prehistory. The Neolithic occupations of La Serna and Soto de Henares have
been dated by TL giving the result of the middle of the 7th. millennium for La Serna and 6th. BP for Soto de Henares. Special
interest reveal the association of one of the Neolithic pits to a ditch in Soto de Henares that comes to reinforce the evidence of
the early construction of this type of collective structures in Central Iberia, as it has been confirmed already for sites in others
peninsular regions.
keywords:
Neolithic, pit settlements, enclosures, TL, Madrid, Iberian Peninsula.
Es una satisfacción para nuestro grupo participar en el merecido
Homenaje al Doctor Bernat Martí que tanto ha contribuido al
avance de los estudios del Neolítico peninsular. Por ello queremos unirnos a esta dedicatoria con una aportación sobre nuevos
datos del Neolítico madrileño que permiten ampliar cuantitativa
y cualitativamente el conocimiento sobre algunos aspectos de
esta larga etapa en tierras del interior, cuyo proceso de neolitización muestra claras vinculaciones con los registros conocidos,
desde hace tiempo, en regiones que cuentan con una mayor trayectoria de investigación sobre este horizonte.
La repetida idea de la “escasez de datos existente sobre el
Neolítico madrileño” (Rubio, 2002: 131) es un argumento que
quedó definitivamente desterrado hace una década a partir del
descubrimiento y primera publicación de las minas de Casa
Montero (Consuegra et al., 2004) un yacimiento de más de 4
ha con 4.000 pozos de extracción de sílex que ha proporcionado
hasta una docena de dataciones que avalan su explotación desde
mediados del VI milenio cal BC (Díaz del Río y Consuegra,
2011). La relevancia y magnitud de este yacimiento permiten
presuponer que la ocupación de la cuenca baja del Jarama, particularmente en el entorno de las minas, no debió de ser tan
efímera y puntual como se había supuesto.
Esta evidencia empieza a verse reforzada por la cada vez
más numerosa nómina de yacimientos, especialmente agrupados en el sureste de la Región de Madrid, como consecuencia
del mayor número de intervenciones en extensión realizadas en
las últimas décadas y también por coincidir con la zona de las
vegas bajas de los ríos, bien irrigadas y con un buen rendimiento
agropecuario. Estos condicionantes medioambientales tan favorables quedan reflejadas en la distribución de los yacimientos
neolíticos madrileños conocidos, ya que sólo 8 de los 24 sitios
cartografiados en la última síntesis regional corresponden al
área serrana, coincidente con las cuencas altas (Bueno et al.,
2012: 511), mientras que los 16 restantes se localizan en el entorno de los tramos finales del complejo fluvial Jarama-Henares-Manzanares. A ellos se suman el Colector H5 (Gil y Calleja,
2009) y los tres que damos a conocer en este trabajo por lo que,
a fecha de hoy, el número de sitios neolíticos al aire libre en la
257
[page-n-2]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Región sureste de Madrid, alcanza la veintena, aunque muchos
de ellos se conocen sólo por materiales descontextualizados o
por un pequeño conjunto de estructuras localizadas en yacimientos de grandes dimensiones, con ocupaciones posteriores
tanto calcolíticas como de la Edad del Bronce.
Como es habitual, los yacimientos serranos se localizan en
cuevas o abrigos donde generalmente aparecen los materiales
en superficie o en someras estratigrafías. Uno de los sitios de
este tipo, que más información ha aportado, es la Cueva de la
Ventana con dos niveles de ocupación neolítica (Jiménez Guijarro, 2010: 271) y tres dataciones que la testifican entre 6350 y
6010 BP y con un uso tanto de hábitat, como de enterramiento
(Jiménez Guijarro, 2005: 910).
Algo mejor caracterizadas empiezan a estar las aldeas al aire
libre localizadas en el entorno de las vegas de los cursos bajos
de los ríos con las que se inaugura el modelo de poblados de
hoyos que va a perdurar hasta finales del II milenio a.C., para
desaparecer con los primeros grupos del Hierro Antiguo. La mayoría de este tipo de yacimientos carece de estratigrafías, lo que
representa un problema a la hora de secuenciarlos, debido a la
similitud de las estructuras pertenecientes a los diferentes horizontes y a la escasez de materiales que permitan una asignación
cronológica fiable. A ello se suma, en el caso de las ocupaciones
neolíticas, la escasa extensión de su superficie en comparación
con las calcolíticas, por lo que es probable que, en no pocas
ocasiones, hayan pasado totalmente desapercibidas.
1. AMPLIANDO EL REGISTRO
Las recientes intervenciones en extensión realizadas en las dos
últimas décadas en territorio madrileño han ampliado el panorama de la Prehistoria regional de manera exponencial, no sólo
por el aumento del número de yacimientos sino por la calidad de
la información, al contar con intervenciones de gran extensión y
también con estudios analíticos de gran interés. En este sentido,
el horizonte neolítico no es ajeno a la mejora de datos, de ello
es buena prueba las Minas de Casa Montero, con una información excepcional para el conocimiento de las técnicas extractivas
y tecnológicas del momento. Este registro se complementa con
el considerable aumento de la nómina de ocupaciones neolíticas
en yacimientos como el Congosto (Martín Bañón, 2007), la Pista
de Motos (Domínguez y Virseda, 2009), O’Donell II y el colector H5 (Gil y Calleja, 2009); y unos años antes con La Deseada,
todos ellos en la Cuencas Bajas del Jarama-Manzanares aguas
arriba de su confluencia (Díaz del Río y Consuegra, 1999).
Entre estos, el mejor conocido es La Deseada, ubicado en un
enclave privilegiado próximo a la confluencia del Jarama con el
Manzanares él se han documentado un total de 12 subestructuras entre ellas una cabaña de planta circular con un diámetro de
6,20 m y un zócalo perimetral de 0,60 m de profundidad en el
que se insertan los postes de sustentación, cuyas modificaciones
han permitido distinguir hasta 3 fases constructivas de la estructura y una última de amortización y derrumbe (Díaz del Río y
Consuegra, 1999; Díaz del Río, 2001).
Fig. 1. Situación de la región de Madrid
en la Península Ibérica y localización de
los tres asentamientos neolíticos inéditos
(en negro) y otros yacimientos neolíticos
próximos (en rojo) a los que se hace
referencia en el texto:
1. Prado de Galápagos.
2. Soto del Henares.
3. La Serna.
4. Casa Montero.
5. Colector Sur.
6. Cueva de la Ventana.
7. Congosto.
8. Pista de Motos.
9. O’Donell.
10. La Deseada.
11. Las Zanjillas.
258
[page-n-3]
Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
También es importante señalar que puntualmente, en alguno
de estos sitios, se han documentado “hoyos” que acogen enterramientos individuales, es el caso del conocido hace tiempo
del arenero de Valdivia, o inhumaciones dobles como la tumba
de El Congosto cuyos restos humanos han proporcionado una
datación de 6050±50 BP (Martín Bañón, 2007: 201).
Otra asignatura pendiente, en la investigación de este tipo
de asentamientos neolíticos al aire libre, era la escasez de dataciones numéricas, un problema que empieza a paliarse con
las obtenidas en O’Donell II, Pista de Motos, el colector H5 del
Manzanares (Díaz del Río et al., 2011), o la de El Congosto –a la
que nos hemos referido– y las cuatro que se realizaron por TL,
a partir de fragmentos cerámicos de la Colección Bento (Rubio,
2002 y Rubio y Blasco, 2005) de otro procedente del yacimiento
de Las Zanjillas (López et al., eds., 2011). Los valores de todas
estas dataciones se centran entre el tránsito del VII al VI milenio
BP y mediados del V milenio BP (V milenio-mediados del IV
cal AC) (Díaz del Río et al., 2011: 103).
Estos “poblados disgregados” son similares a los conocidos
desde hace tiempo, en otros puntos de la geografía peninsular,
ya que presentan sus mismas características: ubicación preferente en fondos de valle, lugares abiertos sin estructuras de delimitación, asociación de estructuras negativas, algunas utilizadas
como sepulturas, y cabañas realizadas en materiales efímeros de
las que excepcionalmente se conocen sus plantas a partir de los
hoyos de pies de poste (Martí y Bernabeu, 2012: 132).
En esta línea, nuestro estudio amplía el registro con tres
yacimientos más, excavados por la empresa Arqueoestudio S.
Coop., y localizados en las cuencas fluviales del complejo He-
nares-Jarama-Manzanares, donde ya hace tiempo se apuntaba
que era la zona de mayor concentración (Rubio, 1999-2000).
Dos de estos sitios se ubican en la cuenca del Jarama: Prado de
los Galápagos (San Sebastián de los Reyes/Alcobendas) y La
Serna (Arganda del Rey) y el tercero: Soto del Henares (Torrejón de Ardoz), en una terraza del río que le da nombre, en un
punto próximo a su confluencia con el Jarama (fig. 1). Como es
habitual en la mayoría de los poblados de hoyos, en estos tres sitios se han documentado extensiones más o menos amplias con
hoyos sin apenas aparente relación estratigráfica evidente, pero
de los que sólo un número reducido son neolíticos, contrastando
la escasa superficie que ocupan frente a las extensiones que alcanzan las estructuras calcolíticas.
2. PRADO DE GÁLAPAGOS (SAN SEBASTIÁN
DE LOS REYES)
El yacimiento se encuentra ubicado en la primera terraza del río
Jarama, a escasos metros del curso actual, en una explanada atravesada por pequeños arroyos laterales (arroyo de Tierras Viejas
y arroyo de la Vega) (fig. 1). Los trabajos de excavación se desarrollaron durante los años 2002-2003, con ocasión de las obras
de ampliación del Aeropuerto de Barajas con la construcción de
la Pista de Vuelo 18L-36R, sobre una superficie que abarca aproximadamente 44.600 m2. Se identificaron hasta 5 fases (Sánchez
et al., 2006); algunas de ellas con varias ocupaciones. La Fase I
corresponde a la Prehistoria Reciente (fig. 2, a) y se inaugura en
un momento no preciso del Neolítico. La Fase II se identifica con
Fig. 2. Prado de los Galápagos. Planimetría de la ocupación prehistórica con indicación del hoyo neolítico 9353
(a), detalle del hoyo (b) y cerámicas decoradas recuperadas en él (c-e).
259
[page-n-4]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
la etapa hispanorromana (altoimperial y bajoimperial); la Fase III
pertenece a época visigoda (con hasta 4 subfases diferentes); la
Fase IV se asocia a la dominación omeya y, finalmente la Fase V
se relaciona con una ocupación cristiano-medieval.
A partir de los materiales recuperados, a la ocupación neolítica
sólo se han podido atribuir con seguridad dos estructuras, a las
que podría sumarse una tercera, aunque carece de materiales con
diagnóstico fiable. Las dos subestructuras de clara asignación neolítica son hoyos de planta circular y base plana; uno de ellos con
perfil cóncavo y el otro de perfil escalonado; tienen 1,30 y 1,60 m
de diámetro y una profundidad de 0,70 y 0,56 m respectivamente.
Estos dos hoyos contenían entre el sedimento, algunos restos
faunísticos. En la estructura 15182 se documentó, en el segundo
nivel, abundante barro cocido informe, y en el hoyo 9353 (fig. 2,
b) destaca un molino barquiforme además de varios fragmentos
cerámicos pertenecientes a tres recipientes que presentan superficies alisadas, tanto interiores como exteriores, y decoración de
apliques (cordones) (Bernabeu et al., 2011: 169-170).
Los fragmentos de uno de estos recipientes han permitido reconstruir su perfil, mide 11 centímetros de diámetro de boca, forma ovoide y base cónica (fig. 2, c); corresponde a la forma V, según los criterios de Jiménez Guijarro (2010: 471) y está decorado
con una guirnalda de cordón liso, el mismo elemento ornamental
que se ha aplicado también a un segundo contenedor, del que sólo
se ha podido reconstruir la parte superior cuyo diámetro de boca
mide 18 centímetros (fig. 2, d). Por último, un tercer recipiente
presenta dos cordones paralelos, el inferior es liso y, el más próximo a la boca, tiene una decoración complementaria de impresiones a ambos lados del cordón creando una espiguilla (fig. 2, e).
La filiación neolítica de estas piezas está fuera de toda duda,
tanto por la forma del recipiente con perfil completo, como por
las ornamentaciones de las tres vasijas. Entre los yacimientos
más próximos encuentra los paralelos más cercanos en La Deseada al que se le ha atribuido una posible cronología en el último tercio del “V milenio a.C., finales del VI cal AC” (Díaz
del Río, 2001: 172). Sin embargo, en otras regiones del Neo-
Fig. 3. La Serna. Planimetría general
del yacimiento sobre la topografía
natural y detalle de la ocupación
neolítica en ladera con indicación de
la estructura 15010.
260
[page-n-5]
Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
lítico peninsular, este tipo de contenedores es particularmente
frecuente en las fases más antiguas (Rojo et al., eds., 2012). Así
mismo la decoración de cordones rectilíneos o curvos, lisos o
con impresiones, son muy frecuentes en buena parte de los yacimientos neolíticos de la cuenca del Tajo (Jiménez Guijarro,
2010) y pueden pertenecer a un lapso temporal amplio.
Además se documentó una tercera estructura (15361),
de 0,96 m de diámetro, planta circular y base cóncava, cuya
asignación al Neolítico puede deducirse por presentar una
colmatación de características similares a la de los dos hoyos
anteriormente descritos; a lo que se suma el haber entregado
otro molino barquiforme realizado sobre granito rosa, la misma materia prima con la que también se ha confeccionado el
molino de la estructura 9353.
3. LA SERNA (ARGANDA DEL REY)
Se localiza en una pequeña altura entre el arroyo del Cacerón y
el arroyo de Vilches, subsidiarios del Jarama (fig. 1). Concretamente la ocupación neolítica se instala en una zona de ladera, a
diferencia del asentamiento calcolítico que está enclavado en la
cota superior con mejor dominio visual; ambos asentamientos
ocupan espacios diferenciados. Los hoyos neolíticos se localizan en una superficie de 1.100 m2 y está subdividida en dos
áreas separadas por un paleocauce del que no sabemos si pudo
estar activo en este momento, ya que, aunque las subestructuras dejan en reserva esa zona, contiene pequeños fragmentos
cerámicos realizados a mano, muy rodados, lo que complica la
adscripción cronológica de su actividad (fig. 3).
Los trabajos de excavación de este yacimiento se iniciaron en
noviembre de 2010 y todavía hoy siguen en curso. Se ha intervenido sobre una extensión que supera ya las 6 ha. Como en Prado
de Galápagos, se han podido documentar diferentes fases, en este
caso, todas ellas correspondientes a la Prehistoria Reciente.
Se han localizado y excavado 14 hoyos neolíticos (fig. 3, b)
que, por sus dimensiones y formas, parecen corresponder con
estructuras de diferentes funciones. Siete de ellas tienen entre
1,1 y 1,60 m de diámetro de boca y una profundidad media de
0,40 a 0,60 m con dos niveles de relleno en los que aparece alguna lasca de sílex con retoques simples, sólo en cuatro de estos
hoyos se han recuperado restos cerámicos y en ninguno de ellos
hay desechos orgánicos.
La estructura 15080 presenta una acumulación de calizas y
cantos de cuarcita de diferentes tamaños, concentrados junto a
un perfil los cuales cubren un nivel de arcillas de color negro,
mezclado con pequeños carboncillos. Todo indica que podría
tratarse de los restos de una estructura de combustión.
Entre el material cerámico recuperado destacamos dos interesantes fragmentos del hoyo 15010 (fig. 4, a) decorados con
técnicas de impresión. Uno de ellos pertenece a un cuenco globular que presenta una doble línea de impresiones discontinuas
en torno a la boca (fig. 4, b). Este tipo de líneas discontinuas de
trazos verticales u horizontales se enmarca en el “grupo temático 9” de I. García y otros, al que se le asigna una cronología
antigua centrada entre la primera mitad del VI milenio y mediados del V milenio cal AC (García et al., 2011: 101 y fig. 5.19).
El segundo fragmento ofrece una decoración más compleja
de líneas horizontales de las que cuelga un triángulo con un
entramado de líneas horizontales, realizado con la combina-
Fig. 4. La Serna. Sección del hoyo 15010 (a); fragmento cerámico
de recipiente globular con decoración de impresiones (b);
fragmento cerámico con decoración incisa e impresa (c); sección
del hoyo 15012 (d); fragmento con decoración de apliques sinuosos
digitados sobre el que se ha realizado la datación por TL (e);
fragmento cerámico con decoración de líneas inciso-impresas
horizontales y paralelas (f).
ción de incisión e impresión, esta última de la modalidad de
sillon d’impressions (fig. 4, c), a la que se le asigna una amplia
cronología similar a la del fragmento que acabamos de describir (Alday y Moral del Hoyo, 2011). Tanto desde el punto de
vista de la técnica como del diseño encuentra su paralelo en
algunas de las piezas recuperadas en la Pista de Motos, un yacimiento cercano situado en la Cuenca Baja del Manzanares,
donde se documentaron dos silos neolíticos, uno de los cuales
ha proporcionado una datación de mediados del VI milenio cal
AC (Domínguez y Vírseda, 2009: 328).
En el hoyo 15012 se localizaron varios fragmentos decorados (fig. 4, d). Uno de ellos presenta un cordón digitado sinuoso (fig. 4, e). Otro presenta líneas inciso-impresas (sillon
d’impressions) paralelas y horizontales (fig. 4, f) y un tercero
presenta aplique de cordón digitado rectilíneo, una decoración
similar al de un pequeño fragmento recuperado en esta misma
estructura que ha sido datado por TL en 6321±446 BP. Una
cronología que entra dentro del marco temporal de las distintas modalidades de ornamentaciones impresas al que acabamos
de referirnos (Alday, ed., 2009). Por otra parte, varios de los
261
[page-n-6]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Fig. 5. Soto del Henares. Plano general con calles de urbanización de la zona y topografía natural (a); detalle de las áreas con
estructuras neolíticas e indicación de los hoyos datados por TL (b).
262
[page-n-7]
Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
fragmentos decorados y algunos de los lisos presentan restos de
acabados a la almagra, aplicada indistintamente en la superficie
externa y/o en la interna.
Entre estas estructuras se dispusieron otras de menor tamaño, son hoyos circulares, cuyos diámetros oscilan entre
los 0,50 y 0,70 m con una profundidad de entre los 0,10 y
0,12 m. Presentan rellenos geológicos unitarios pero ninguno
contiene materiales.
4. SOTO DEL HENARES (TORREJÓN DE ARDOZ)
Es el yacimiento mejor conocido de los tres que presentamos,
gracias a la mayor extensión afectada por las dos campañas de
intervención. Se encuentra en la orilla izquierda del Jarama,
próximo a su confluencia con el arroyo Torote, en un paraje
de alto rendimiento agropecuario (fig. 1). Se trata de una zona
con una cierta densidad de yacimientos prehistóricos, tanto
neolíticos como calcolíticos y de la Edad del Bronce. Dista
unos 6 km de Camino de las Yeseras, un sitio, también de prolongada ocupación, con un importante conjunto de recintos de
fosos en uso durante una buena parte del III milenio a.C. (Liesau et al., 2008; Ríos, 2011) y a 9,2 km de las minas de Casa
Montero ubicadas en la orilla derecha del Jarama (Díaz del Río
y Consuegra, 1999).
El yacimiento se localizó en 2005 durante los trabajos de
peritación de una zona que estaba ya en fase de urbanización de
un Plan Parcial, circunstancia que propició su excavación, llevada a cabo en dos campañas desarrolladas entre los años 2006
y 2007 y que afectaron a una extensión algo superior a 4 ha.
La superficie es importante aunque la excavación ha tenido que
limitarse a las parcelas resultantes de la urbanización, ya que no
se permitió intervenir en los viales ya trazados (fig. 5, a). Se ha
calculado que el yacimiento pudo llegar a tener una extensión
total de 10 ha, sumando el espacio de las diferentes ocupaciones
de la Prehistoria Reciente.
El volumen de información obtenido es ingente debido a
su dimensión y a la calidad del registro por lo que todavía se
encuentra en fase de estudio. No obstante, una primera revisión de los materiales permitió avanzar una nota preliminar
en las Cuartas Jornadas de Patrimonio Arqueológico de la Comunidad, que fue publicada en las correspondientes Actas; en
dicho trabajo ya se adelantaba que el sitio debió de ocuparse
inicialmente en el Neolítico, si bien la mayor intensidad y extensión del yacimiento se alcanza en el III y II milenios a.C.
Por último, hay también una pequeña ocupación de la Primera
Edad del Hierro (Galindo et al., 2009). Como es habitual en
estos yacimientos, su secuenciación no resulta fácil, a lo que
se suma la imposibilidad de discernir si estamos ante ocupaciones continuas o si existen fases de abandono, así como la
duración de los diferentes asentamientos.
La ocupación neolítica se ha localizado en dos zonas diferentes, la situada más al norte abarca un espacio de unos 7.000
m² y la que está más al sur se extiende por unos 2.600 m²,
quedando entre ambas un área sin evidencias arqueológicas
de unos 6.500 m² (fig. 5, b). De momento, no es posible determinar si las estructuras de estas zonas pertenecen a una misma ocupación o corresponden a asentamientos diacrónicos, lo
cierto es que en ambos espacios los hoyos son similares, no
sólo en su morfología sino también por las características de
sus rellenos y por su capacidad, con predominio de los que
tienen un diámetro de boca de alrededor de 1,50 m y con una
profundidad media de 1 m.
En el área norte destaca la presencia de un tramo de foso de
cierta entidad que, por las limitaciones impuestas por la actuación urbanística, no ha sido posible determinar si delimita, o no,
un recinto cerrado, en caso de que así fuera, se ha calculado que
dicho recinto podría haber alcanzado unos 1.000 m2 (Galindo
et al., 2009: 268). La longitud de zanja excavada es de 42 m, en
este recorrido se observa un trazado rectilíneo en su zona central
y curvo en los extremos. Tiene una anchura media de 1,45 m,
una profundidad variable que oscila en torno a los 0,50 m con
sección en “U” (fig. 6, a).
Desde el punto de vista sedimentológico presenta un relleno geológico, no alterado por desechos de la actividad antrópica, es decir, sin material orgánico, ni artefactos. La mayoría de los hoyos y otras estructuras localizadas en torno a
esta zanja, tampoco contienen restos industriales ni material
orgánico a excepción de algunas pocas lascas de sílex muy
rodadas. Sin embargo, la excepción la constituye un vaso
ovoide con cuello cilíndrico y base ligeramente apuntada, sin
ningún tipo de decoración, recuperado en el hoyo 8620; este
contenedor ha permitido obtener una datación por TL que ha
proporcionado un resultado de 5732±333 BP (fig. 8, b). Teniendo en cuenta la similitud de los rellenos de éste y del
Fig. 6. Soto del Henares. Planta y secciones del tramo de foso
neolítico (a); fotografía aérea de la zona norte de la ocupación
neolítica en la que se observa la intersección del foso neolítico bajo
el foso calcolítico (b).
263
[page-n-8]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Fig. 7. Soto del Henares. Fotografía aérea de la zona sur con la
concentración de hoyos de la ocupación neolítica (a); fragmento del
recipiente ornamentado con incisiones e incrustación de almagra
y reintegración y dibujo del mismo con indicación de los lugares
donde aparecieron los restos de este ejemplar (b y c).
resto de los hoyos, así como el del foso, consideramos que el
valor aportado por la TL puede aplicarse a todo el conjunto.
Por otra parte la relación estratigráfica indica que este tramo
de foso corresponde a una ocupación anterior a la de otro foso
calcolítico que lo corta1 (fig. 6, b).
No menos interesante es el área sur donde se observa un
posible suelo de ocupación de 220 m2 (fig. 7, a) en el que se
concentran numerosos hoyos cuyo relleno geológico es similar al de los del área norte y apenas contiene restos industriales. Algunas de estas estructuras se encuentran infrapuestas
al mencionado suelo, mientras que otras están claramente
superpuestas.
Entre el poco material entregado por los hoyos neolíticos
destacan los restos de un contenedor de forma ovoide con el
arranque de un asa y una decoración de bandas rellenas de entramado de líneas horizontales realizada con incisiones resaltadas
por la incrustación de un pigmento rojo. Y otro fragmento de
un recipiente liso cuyas paredes conservan también restos de
almagra procedente del hoyo 5770, cercano a la zona de mayor concentración de silos, la datación obtenida por TL es de
5555±371 BP (fig. 8, a).
1
El tramo que corta al recinto neolítico corresponde a un foso que
pudo abarcar un amplísimo recinto de unas 10 ha. Está amortizado
con relleno con materiales calcolíticos, entre ellos, algunos fragmentos de cerámica campaniforme.
264
Fig. 8. Soto del Henares. Sección del hoyo 5770 y recipientes
recuperados en su interior, el inferior ha sido datado por TL (a);
sección del hoyo 8620 y recipiente cerámico en forma de botella
que ha sido datado por TL (b).
5. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Aunque el Neolítico no ha sido el horizonte más beneficiado
por la actividad urbanística y constructora de las últimas décadas en el entorno de la ciudad de Madrid, es cierto que su
visibilidad ha aumentado de manera importante no sólo por la
localización y estudio de las minas de Casa Montero, sino también por el número de sitios localizados, por su extensión y por
la aportación de dataciones que cubren la práctica totalidad de
las fases de este horizonte.
Con estos tres nuevos sitios que presentamos se enriquece
nuestro conocimiento sobre los sitios al aire libres ubicados
en las cuencas medias y bajas del complejo Jarama-HenaresManzanares a partir, al menos, del V milenio a.C., manteniéndose como una zona de ocupación preferente lo largo de toda la
Prehistoria Reciente, incluso exactamente en los mismos puntos
que fueron elegidos inicialmente por los grupos neolíticos para
sus pequeños asentamientos produciéndose ocupaciones reiteradas, como evidencian los tres yacimientos que damos a conocer, lo que avala la idoneidad de su elección.
No obstante, el todavía escaso número de dataciones, la
complejidad estratigráfica de los yacimientos y el problema
de la ausencia de restos orgánicos en algunos de ellos debi-
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Ampliando el registro del Neolítico en el interior peninsular: ocupaciones inéditas en tres yacimientos de la región de Madrid
do, en parte, a la escasa superficie excavada, hacen todavía
difícil secuenciar los asentamientos neolíticos de este área
geográfica.
Por ello, dada la importancia de la ocupación neolítica de
Soto del Henares por la novedad de su foso con una alta cronología, y al no contar con materia orgánica sobre la que obtener
una datación por AMS, hemos optado por realizar dos dataciones por TL en dicho yacimiento y otra más en La Serna, donde
tampoco había muestra orgánica.
El resultado nos permitía, al menos, compararlas con otras
dataciones, también por TL procedentes de diversos yacimientos madrileños y del Espino, localizado en el segoviano Valle
del Duratón. Como puede comprobarse por la tabla 1, las dos
dataciones obtenidas sobre materiales procedentes de cada
una de las dos concentraciones de hoyos neolíticas de Soto del
Henares han proporcionado valores próximos, mientras que la
muestra de La Serna es algo más antigua.
De este resultado se extraen las siguientes conclusiones:
1. La diferencia entre las dos dataciones de Soto del Henares:
5732±333 BP y 5555±371 BP, no es lo suficiente amplia como
para asegurar que corresponden a dos asentamientos diacrónicos, pero tampoco permite deducir que sean sincrónicos.
2. La mayor antigüedad de la datación de La Serna con respecto
a Soto del Henares es coherente con las características de las
cerámicas de los dos asentamientos y por el mayor porcentaje
de contenedores decorados en el lote de La Serna.
3. Las dataciones de TL de este conjunto de yacimientos del
interior peninsular sitúan la ocupación neolítica de este ámbito
entre la segunda mitad del V milenio AC y la primera mitad del
IV milenio AC.
4. Comparando las dataciones de TL con las obtenidas por AMS
en otros yacimientos neolíticos madrileños, son totalmente
coincidentes si tenemos en cuenta los valores en BP de los análisis por AMS (Díaz del Río et al., 2011: 103), la desviación se
produce en la calibración ya que las dataciones por TL no se
calibran, un aspecto sobre el que ya antes nos pronunciamos
(Rubio y Blasco, 2005: 923).
5. Es necesario, por tanto, investigar para intentar alcanzar la
equivalencia entre ambas técnicas, sobre todo teniendo en cuenta las buenas perspectivas para afinar la desviación de los resultados por TL. Para ello es preciso la realización de análisis
ciegos por ambos métodos sobre muestras de un mismo yacimiento y contexto.
En todo caso, los tres yacimientos que damos a conocer justifican la idea de que a partir del V milenio a.C., el Neolítico
alcanza una mayor visibilidad a través de las aldeas instaladas
en las riberas fluviales, en zonas de buena capacidad para la
práctica agropecuaria, de cuyo rendimiento es prueba la reiterada ocupación de esos mismos puntos por parte de los grupos que
habitan la zona en los dos milenios siguientes.
Así mismo, se vuelve a poner de manifiesto la preferencia
por la ubicación en el fondo de los valles o en las terrazas próximas al río, generalmente a menos de 500 metros de un cauce,
aunque no se descarta tampoco el aprovechamiento de aguas
intermitentes como puede ser el caso de La Serna.
No hay duda de que con el Neolítico se inaugura un modelo
de asentamiento que busca mejores tierras donde la fertilidad
esté asegurada con una buena irrigación, especialmente durante
el estío, unas condiciones óptimas que ofrecen, con cierta garantía, las confluencias de los cursos más importantes.
La enorme densidad de yacimientos y la escasa entidad de
las evidencias de ocupación hacen pensar que se trata de asentamientos de una duración limitada, aunque no es posible calcular el tiempo de las estancias ni el ritmo de reocupación de un
mismo lugar.
En el caso concreto del Neolítico, todo parece indicar que
se trata de grupos de tamaño reducido, de apenas unas pocas
cabañas, que no debían de superar la media hectárea de extensión. Un buen ejemplo de ello puede ser Soto del Henares, el asentamiento neolítico de mayor superficie excavada
en la región de Madrid, donde se confirma que la ocupación
de este horizonte tiene unos 3.000 m2, incluyendo las dos
áreas localizadas, una extensión que se reduciría a la mitad
si se confirma que son consecuencia de dos asentamientos
diacrónicos.
Tabla 1. Dataciones por termoluminiscencia (TL) asignadas al Neolítico de la región de Madrid y alrededores.
Yacimiento
Ref. laboratorio
Datación
Bibliografía
O'Donnell
Valdivia W
Valdivia W
Vascos
Las Zanjillas
El Espino
El Espino
El Espino
El Espino
El Espino
La Serna
Soto del Henares
Soto del Henares
MAD 4310
MAD 2598
MAD 2594
MAD 2603
MAD 5535BIN
MAD 1049
MAD 1048
MAD 1052
MAD 1051
MAD 1050
MADN-6426BIN
MADN-6421BIN
MADN-6424BIN
5041±414 BP
6327±486 BP
5741±479 BP
6430±435 BP
5171±323 BP
6486±577 BP
6409±563 BP
6323±738 BP
6128±598 BP
6089±592 BP
6321±446 BP
5732±333 BP
5555±371 BP
Díaz del Río et al., 2011
Rubio, 1999-2000
Rubio, 1999-2000
Rubio, 1999-2000
López et al. (eds.), 2011
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Lucas et al., 2001
Inédita
Inédita
Inédita
265
[page-n-10]
C. Blasco, L. Galindo, V. M. Sánchez, P. Ríos y C. Liesau
Desgraciadamente ninguno de los tres yacimientos que presentamos ha aportado restos faunísticos que permitan completar
la pobre muestra de fauna procedente de otros tantos poblados
neolíticos al aire libre en el interior peninsular (Liesau y Morales, 2012: 109). Tal vez habría que plantearse si en estos asentamientos neolíticos existe un modo de tratamiento de los residuos
domésticos diferente al conocido a partir del Calcolítico, quizás
por una posible práctica de acumularlos en puntos más alejados
de las áreas ocupacionales domésticas y de uso productivo.
Pero sin duda el aspecto más destacable que aporta el yacimiento de Soto del Henares es la presencia de un tramo de
foso perteneciente a la ocupación Neolítica, una adscripción
cronocultural que se sustenta en dos datos importantes: por
una parte, su colmatación con un relleno de las mismas características que los hoyos de su entorno con materiales neolíticos, el cual contrasta con los que amortizan los fosos y los
hoyos calcolíticos y, en segundo lugar, porque en un determinado punto el foso neolítico está cortado por un tramo de
foso de clara filiación calcolítica (véase fig. 7) (Galindo et al.,
2009: 279-271).
La existencia de este foso no viene sino a confirmar que,
también en el interior peninsular los recintos de fosos se inician
con el Neolítico aunque, de momento, la trayectoria de la longitud excavada (42 m), de tendencia circular, no nos permite
confirmar si se trata de un foso que delimita completamente un
recinto cerrado ni la dimensión del posible recinto.
La novedad está en que, hasta ahora, las dataciones más antiguas para los fosos del interior peninsular procedían de las aportadas por el material de relleno del tercer anillo del recinto 2 de Las
Pozas, uno de los muchos conjuntos conocidos del Valle del Duero, con un valor de 4425±30 BP (Delibes et al., 2014: 87 y García,
2013: 182), un valor numérico muy próximo al que ha proporcionado el material procedente del tercer foso del yacimiento de
Camino de las Yeseras, cercano a Soto del Henares, el cual ha
aportado una cronología de 4210±40 BP (Ríos et al., 2014).
Con esta nueva datación de 5555±371 BP, en un contexto
claramente neolítico, se confirma que se acorta la distancia temporal entre las primeras obras de carácter colectivo en el interior,
con respecto a lo que ocurre en otras áreas peninsulares de las
que ya se tenían noticias de fechas muy antiguas, como es el caso
del suroeste portugués (Valera, 2013; Valera et al., 2013); o del
Levante, donde el yacimiento de Mas d’Is ha sacado a la luz unos
fosos de dimensiones monumentales que han proporcionado dataciones antiguas obtenidas sobre carbón “a partir de los rellenos
inferiores que indican una cronología probable de construcción
de c. 5450 / 5400 cal. AC para el Foso 5, y c. 5150 / 5100 cal. AC
para el foso 4” (Bernabeu et al., 2003: 45).
Con los datos obtenidos, no sólo se confirma la intensidad
de la neolitización de la cuenca del Jarama, sino también el inicio de una cierta cohesión social entre sus pobladores, lo que les
permitió la ejecución de las primeras obras de carácter comunitario asociadas a algunas aldeas neolíticas de la región. Estos
fosos pueden ser, por tanto, el indicio de que en un momento,
posiblemente avanzado del Neolítico, la población empieza a
domesticar el territorio como consecuencia de haber alcanzado un cierto control de este espacio facilitándole también una
mayor estabilidad y por tanto dando viabilidad al inicio de la
ejecución de obras destacadas y de carácter colectivo en unos
paisajes todavía escasamente antropizados.
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NOTA
Trabajo financiado por el proyecto I+D+i HAR2011-28731: “Las
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Una revisión a la luz de nuevos datos”. Ministerio de Economía y
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